06 abril 2012

DISCOS

PLANTS AND ANIMALS. The End of That.

Entre dos tierras.

A los canadienses Plants and Animals es imposible etiquetarlos. Se mueven entre dos tierras, entre lo clásico y lo modernísimo, entre las raíces y el rock indie. Y si quieres una prueba evidente, ahí va “The End of That” (2012). “Before”, sutil joya de folk clásico, abre su tercer álbum con cantos preciosistas de sirena. Después no hay nada parecido, pues las guitarras eléctricas toman el mando, guitarras recias y poderosas que presiden la mayoría de las canciones haciendo que pesen a veces más de la cuenta. “The End of That” sigue con la vista puesta en un sonido muy roots, con saludos a Springsteen y The Band entre otros, mientras “No Idea” se dedica a lanzar besos a Dylan. También hay coqueteos con el legendario hard rock de los 70, lo que hace que “2010” y “Runaways” huelan un poquito a Led Zeppelin. La explosiva “Crisis!” vota por el glam, especialmente en sus minutos finales. Y luego están esas cosas que vienen del universo indie, modernamente aburridas y ocasionalmente intrascendentes, canciones que o bien se quedan a mitad de camino (como “Song for Love”, un quiero y no puedo ser Wilco, a la que hay que agradecer su agradable riff final) o bien ni siquiera logran arrancar (como “Why & Why” o la infumable “Control Me”). En fin, un batiburrillo libertino, intemporal y extravagante que, por lo menos, resulta entretenido.

05 abril 2012

DESCUBRIENDO A...

FINK

Fink es el nombre artístico de un tipo nacido en Cornwall, criado en Bristol y afincado en Brighton llamado Fin Greenall. Músico, DJ y productor para nada nuevo, entrenado en los campos del trip-hop y el techno allá por finales de los 90 y abonado al sello Ninja Tune, que ahora traza un nuevo camino mucho más sosegado e intimista, con parada en el motel folk. Su primer álbum “Fresh Produce” (2000) solo es un espejismo, una obra a camino entre el trip-hop, el dub y el ambient, tras la que se dibuja un punto y aparte evidente. A partir de “Biscuits for Breakfast” (2006) la cosa cambia y fructifica. Varios álbumes nada triviales en los que prima la acústica de cantautor sensible, dejando algún pequeño hueco para que se cuele ese loop o base electrónica cuya misión es aportar volumen a la composición.

Pues bien, con su último trabajo “Perfect Darkness” (2011) Fink parece haber llegado a la cúspide de su carrera. Un sensacional disco en el que las canciones cobran una dimensión especial. Desde el comienzo triphopero de “Perfect Darkness” a los desenlaces épicos de “Honesty” o la maravillosa “Who Says”, pasando por ese pacto diabólico con el delta blues en las abrasadoras “Wheels” o “Warm Shadow”. Un álbum que muestra en todo su esplendor la aptitud creativa de este hombre, el valor de su prodigiosa voz y su habilidad innata para el fingerpicking. Muy recomendable.

02 abril 2012

CONCIERTOS

LOW + RAUELSSON. Toledo. Círculo del Arte. 31-3-2012.

Por fin, hombre, ya era hora de ver a Low en condiciones. Siempre al raso y en festivales, con la magia escapándose hacia el cielo abierto, con el bocazas de turno rompiendo el buen karma. Mucho mejor así, en la intimidad. La intimidad de un aforo triste pero agradecidamente escaso. La intimidad de un marco incomparable, lleno de bóvedas, arcos y huellas sacras, hecho a su medida. La intimidad de tenerlos al lado mismo de casa. Aunque suene a tópico cansino, sentir a Low es lo más parecido a una experiencia religiosa. Al menos dentro de un mundillo este, el musical, en el que las emociones se venden cada vez más caras.

La noche comenzaba con la música de Rauelsson, pseudónimo bajo el que se parapeta el castellonense Raúl Pastor. Un tipo con la suerte de haberse echado un gran amigo: un amigo que se llama nada más y nada menos que Peter Broderick. Interesante mano a mano, un dúo perfecto creando atmósfera y confusión. Un proyecto que refleja un mundo interior complejo (esas letras tan particulares), en el que Raúl pone voz (a ratos algo escasa) y guitarra acústica, y Broderick piano, violín, sierra arqueada y coros. En efecto, para que esto funcione hace falta mucho, muchísimo silencio; el que no encontraron en Madrid (qué poco me extraña, Raúl) y el que les cayó como agua bendita en Toledo.

Sobre Low estaría bien decir algo nuevo, algo que no se haya dicho nunca, buscar la palabra perdida, ésa que fuimos incapaces de encontrar para expresar tantas sensaciones, sumergidos hasta la cabeza en su hechizante slow tempo. La palabra que no hallábamos mientras sonaban “From Your Place on Sunset”, “Monkey”, “Silver Rider”, “Sunflower”, “Amazing Grace”, “Shame”, “Little Argument of Myself”, “Murderer”, la cada vez más absoluta “Pissing”, la inconmensurable y mántrica “Nothing But Heart”. Espléndidos como es habitual, el sábado tuvieron un detalle a su favor: el magnífico sonido, el mejor escuchado nunca en esta sala y el mejor quizá jamás escuchado. Un sonido límpido que permitió saborear cada nota de esa guitarra imprevisible, la de Alan, con sus altibajos prodigiosos, con sus dulces susurros y sus nudos esquizoides; que permitió tocar el delicioso jugo de sus increíbles voces, recogerlo entre las manos y guardarlo para siempre; y que permitió sentir el bajo de Steve Garrington trazando espirales en el estómago. Por cierto, hablando de Steve, es un hecho consumado: Mimi y Alan por fin han encontrado al bajista de su vida. Si añadimos la presencia de Peter Broderick al violín, el cuadro se convierte en una fabulosa obra de arte, y “Especially Me” y “Sunflower” logran valor añadido pasando de grandes a grandiosas.

En el Círculo del Arte los de Duluth volvieron a dar una lección, esa que deberíamos grabarnos a sangre y fuego: no es mejor el que más tiene sino el que menos necesita. Y ellos necesitan bien poco. El simple poder de sus voces, esas exquisitas y sobrenaturales voces hermanas, basta para bendecir su característico y solemne mondo sonoro y para hacernos llegar su humano, bellísimo y reconfortante mensaje. Amén.

28 marzo 2012

RETROSPECTIVAS

THE CHOCOLATE WATCHBAND. The Inner Mystique.

Joyas de los 60.

De vuelta a la prolífica década de los 60, toca hablar de una de las bandas inquilinas del llamado “sonido San Francisco”. The Chocolate Watchband obtuvieron su reconocimiento gracias a este disco, el segundo en su carrera tras un inacabable carrusel de cambios en su formación, pasando por dos o tres line up distintos antes de grabar su primer largo, añadiendo más variantes antes y durante el alumbramiento de este “The Inner Mystique” (68). Sin embargo, este es un disco de gestación difícil y arbitraria. Siendo puristas, quizá ni siquiera sea un disco de The Chocolate Watchband. Ed Cobb, su manager por aquel entonces, gozaba de una perspectiva radicalmente opuesta a la de los propios músicos, con licencia para manipular. Así que en “The Inner Mystique” no está del todo claro qué es realidad o ficción, hasta donde llega el talento de la banda, la aportación de mercenarios o la interferencia del corta-pega. De hecho, hay un misterioso escalón entre la tercera y la cuarta canción, la definición de dos bloques separados por una fina línea de diferencias, estructura y ejecución de estilos.

Primera parte. “Voyager of The Trieste” es una obertura de psicodelia extrema con saxos y sitares. A ella le sigue “In The Past”, auténtica joya exponente del mejor rock psicodélico de la época. En tercer lugar, el instrumental “Inner Mystique” abre una brecha hipnótica y relajante, con esa flauta travesera que teletransporta a otra dimensión. A partir de aquí el atisbo experimental se diluye, y el trabajo de los músicos de relleno también.

Segunda parte. Aunque en ningún momento dejan de sonar las campanas psicodélicas, los cortes (rescatados de sesiones y grabaciones ya de la propia banda) se mueven a partir de aquí hacia el rock clásico (“Medication”, “Misty Lane” o esa excelente “I´m Not Like Everybody Else” pedida a préstamo a Ray Davies), influencias del blues (“Let´s Go, Let´s Go, Let´s Go”, “Sweet Young Thing”) y del country (“She Weaves a Tender Trap”) o melodías impolutas y milenarias con sabor a soul como “It´s All Over Now, Baby Blue”, esta préstamo de Bob Dylan.

¿Fueron las alas de The Chocolate Watchband cortadas a traición o alguien tuvo que meterlos en cintura?. El tema queda en incógnita, teoría o leyenda. Pese a todo, estamos ante un álbum excelente, embriagador en sus momentos más brumosos, lapidario en sus cortes más rockeros y enternecedor en sus melodías más simples.

25 marzo 2012

DISCOS

DAMIEN JURADO. Maraqopa.

Broche para una trilogía perfecta.

Imposible empezar a hablar de este disco sin una previa disculpa: si no estuve allí el pasado lunes fue porque las horas no tienen suficientes minutos, ni los días suficientes horas, ni los meses suficientes días. Y cada vez que escucho una nota de estas canciones, hermosísimas y salvadoras, lloro por las oportunidades perdidas, que ya van siendo muchas.

Primero fue “Caught In The Trees” (2008). Luego “Saint Barlett” (2010). Y ahora llega “Maraqopa” (2012). Maraqopa es un lugar misterioso, inventado, ficticio, al que todos estamos invitados (“all are welcome in”) y al que quiero ir sin duda cuando muera. Cada uno de los últimos discos de Damien ha llegado sin hacer ruido, para acabar anidado en el corazón como una obsesiva golondrina. En el primer disco de la trilogía el de Seattle ya empezaba a salir de la cueva, tímidamente, como un oso recién repuesto de su hibernación. Luego se echó un amigo llamado Richard Swift y juntos cogieron la oscuridad profusa y la hicieron agradable, adornándola con farolillos. “Maraqopa” podría ser el tercer escalón hacia la liberación, y no es casualidad que la palabra “libre” (free) aparezca no una ni dos veces, sino más, como parte de versos capaces de descalabrar al más intocable y emocionar al más frígido. Versos, melodías y paisajes primorosos, que se suceden corte tras corte para dar a este disco un valor integral. Pues “Maraqopa” es un disco conmovedor y verdadero de principio a fin. Al tiempo que los doctos lo bautizan como “padrino del folk”, Damien se rasga las vestiduras de leñador y se convierte en un rockero pudiente, un hado del pop, un trovador magnífico y legendario. Basta escuchar el apabullante primer tema, esa “Nothing Is The News” recién recolectada de un árbol de la costa oeste, heredera de los amados sesenta, rotunda y espectral. El lobo saca los colmillos pero vuelve a esconderlos, convirtiéndose en cordero en la bellísima “Life Away From The Garden”, donde infantes voces secundan a nuestro héroe, que se resiste a vender su inspiración derramándola a chorro en “Maraqopa”, otra venia introspectiva llena de silencio y de las sombras de Crosby, de Stills y de Nash. Y este es el tremendo y sublime comienzo de la última gran obra de un hombre que camina cuesta arriba. Tras esto hay que agarrarse el alma para que no salga despedida, y tomarse el resto con más calma, aunque “This Time Next Year”, “Everyone A Star”, “So On, Nevada” o “Mountains Still Asleep” también constituyan amenazas serias. Este disco tiene magia, parte quizá inducida por las circunstancias de la primera escucha: recorriendo las largas interestatales americanas, con sus moteles, sus containers y sus petrol stations, atravesando estados como churros (Maryland, Delaware, New Jersey), un punto sobre ruedas en la inmensidad del tráfico de la mítica Turnpike. Con este, Damien Jurado ha logrado la trilogía perfecta. Tres discos, tres, que desde ya pasan a ocupar un lugar de privilegio en nuestra historia.

www.damienjurado.com

24 marzo 2012

CONCIERTOS

TINDERSTICKS. Madrid. Teatro Lara. 22-3-2012.

¿Cómo puede un blog llamado Curtains faltar a esta cita?. Ya es un hecho: Tindersticks son una banda queridísima en nuestro país. Por eso llenan hasta la bandera el Teatro Lara durante dos noches consecutivas. Por eso promueven tanto silencio, respeto y consideración. Por eso es imposible escuchar sobre ellos en el pre y el post una sola palabra que no sea bonita. Porque la belleza llama a la belleza, la bondad desata la bondad, y el buen gusto se convierte en la tela que protege cada espalda, en el foco que ilumina cada cara, todas esas radiantes y familiares caras que el jueves esbozaban su mejor y más franca sonrisa, las caras de los amantes de lo eterno, de los románticos sin tregua, de los perennemente jóvenes, en definitiva, esas caras que pudieron (pudimos) asistir a otro concierto memorable de los británicos. 

Y Stuart y cía siguen erre que erre, haciendo el honor al disco que toca, y esta vez tocaba un gran disco, sí señor. Tindersticks performing “The Something Rain”. Y algo más, desde luego. Pero no vengas a sus conciertos a tararear las que te sabes. No, ni hablar, hay que tratar a todos los hijos por igual y Stuart de hijos sabe un rato. Ellos prefieren buscar y rebuscar, airear lo oculto y semiolvidado, convertir una canción secundaria en un pasaje emocionante y colosal. Anoche lo hicieron con “Blood”, “Dicks Slow Song” y “I Know That Loving”, y con “4.48 Psychosis” y “Cherry Blossoms” en el primer bis. También con “If You´re Looking for a Way Out”, aunque esta ya figuró en la gira de “The Hungry Saw”.

Entretanto, la estrategia del sándwich sigue funcionando: colocar la carne fresca (nuevos temas) entre esponjosas lonchas de pan blanco (los viejos). Y también sigue primando el orden extremo, la marcial disciplina de seguir punto por punto el guión de su nuevo disco, saltándose “Medicine” en un quiebro inesperado (luego llegaría en el segundo bis) para echar el lazo a la titánica y sublime “Frozen”, momento inmortal grabado en tímpanos y retina, exhibición técnica monumental, motores a cien por hora. Tampoco se antoja fácil olvidar el agridulce recital de “Chocolate”, ese hermosísimo viaje que empieza en éter y acaba en fuego, con un David Boulter sumamente exquisito (él siempre ha sido exquisito, un gentleman con mayúsculas).

Aunque Boulter no es el único que rezuma elegancia, todos lo hacen, y es un auténtico placer verlos tocar. No hay dos canciones en que la única guitarra de Neil Frazer suene igual, el trabajo de Dan McKinna y Earl Harvin como sección de ritmo y acompañamiento vocal es superior, y la aportación de lujo del todoterreno Terry Edwards (el virtual sexto miembro, el de los metales y las teclas, el de los arreglos y los efectos mágicos) es la guinda de una tarta de mil sabores: sabor a pop épico, jazz, soul, rock y psicodelia. De lo bien que canta el señor Staples no hace falta decir nada, aunque bailar no se le de tan bien. Total que, tras varios años danzando, esta nueva formación tiene el rodaje ya superado. La veteranía es un grado y la perfección es posible, aunque en esta ocasión dejaran por un instante de ser máquinas para convertirse en humanos, capeando de la manera más torera posible los acoples en “Show Me Everything”, la cagada en “A Night To Still” o los desajustes rítmicos en “Slippin´Shoes”. Como curiosidad añadida decir que la noche fue inaugurada por el antiguo batería de la banda, Thomas Belhom, enfrascado ahora en un  interesante proyecto en solitario: improvisación y construcción progresiva de melodías enigmáticas e intimistas a base de guitarra, samplers, percusión y otros artefactos. Todo queda en casa.

22 marzo 2012

DESCUBRIENDO A...

THE STEPKIDS

The Stepkids es un curioso grupo novel norteamericano de Bridgeport (Connecticut), formado por Jeff Gitelman, Dan Edinberg y Tim Walsh. Tres jovencitos que han estudiado en una escuela de negros, cursando asignaturas como el soul, el funk y la música disco de los setenta bajo la tutela imaginaria de maestros como Sly Stone, Stevie Wonder o Marvin Gaye. El resultado es “The Stepkids” (2011), un disco retro y divertido en el que se dejan notar todas las influencias afro mencionadas (y alguna más de blancos blanquísimos como The Bee Gees). Y todo ello envuelto en un aura psicodélica de lo más exuberante. Su sonido busca ritmos y texturas, está lleno de sorpresas, recovecos y falsetes, creando un mundo propio de canciones filigrana, breves pero intensas. Mucho más de lo inferido para una típica formación guitarra-bajo-batería. Notable alto general para su ópera prima, sobresaliente incuestionable para canciones como “Brain Ninja”, “Suburban Dream”, “Santos and Ken” y “La La”, y los mejores deseos de un prometedor y luminoso futuro para estos bizarros orfebres.


18 marzo 2012

REPORTAJES

SONATAS A LA GRAN MANZANA

Nueva York es otra cosa. Es lo que has visto en las películas, lo que has leído en los libros, lo que has escuchado en las canciones y mucho más. Es un micromundo dentro del mundo. Una ciudad que no deja indiferente. Puedes sentirte del todo miserable si te comparas con sus enormes y ostentosas obras arquitectónicas o su nivel medio de vida. Pero también puedes sentirte parte de su cultura, totalmente integrado en esta urbe inmensa y viva, que te abre los brazos como una madre dispuesta a acoger en su seno a todo ser humano, no importa el color, lengua o credo.

Y en una de esas noches de emocionante sueño neoyorquino, descubro que alguien dejó en mi habitación de hotel el número 850 de la revista Time Out NY, con una esplendorosa Joni Mitchell en la portada. El artículo principal del magazine se titula “100 Best NYC Songs”. Esto solo puede ser obra de los dioses. Desde tiempos inmemoriales los músicos han tenido en su punto de mira a la Gran Manzana, bien seducidos por su encanto, belleza y posibilidades, bien devorados por su lado oscuro. Canciones sobre la ciudad las hay a millones. En esta lista están muchas de las que no podían faltar. Las hay que le declaran su amor, las hay que narran sus contrastes y las que le piden cuentas. Las hay dedicadas a barrios emblemáticos, a sus calles, plazas y hoteles, a sus iconos monumentales o a sus medios de transporte (ese famoso subway en el que juro no haber visto ni una sola rata). También las hay dedicadas a lugares entrañables y escondidos, como el Tom´s Restaurant al que fuimos a parar por pura casualidad. Las hay de neoyorquinos ilustres, de los que acudieron a sus calles para hallar un poco de suerte o ganarse las habichuelas y de otros que solo pasaban por allí. Nueva York ha sido una fuente de inspiración inagotable para la música durante décadas. Y he aquí un puñado de ejemplos seleccionados de esa lista en cuestión.

En los años 40-50:

Glenn Miller & His Orchestra “Pennsylvania 6-5000” (1940)
Duke Ellington Orchestra “Take The A Train” (1941)
James Cagney “Give My Regards to Broadway” (1942)
Billie Holiday “Autumn in New York” (1952)
Ella Fitzgerald “Manhattan” (1957)
Nat King Cole “Harlem Blues” (1958)

En los años 60:

The Crystals “Uptown” (1962)
Bob Dylan “Talkin´New York” (1962)
Bob & Earl “Harlem Shuffle” (1963)
Fred Neil “Bleecker & MacDougal” (1965)
Simon & Garfunkel “The 59th Street Bridge Song (Feelin´Groovy)” (1966)
Phil Ochs “Outside of a Small Circle of Friends” (1967)
Nancy Sinatra & Lee Hazlewood “Greenwich Village Folk Song Salesman” (1968)
Laura Nyro “New York Tendaberry” (1969)
Joni Mitchell “Chelsea Morning” (1969)

En los años 70:

Simon & Garfunkel “The Only Living Boy in New York” (1970)
Al Kooper “New York City (You´re a Woman)” (1971)
Bill Withers “Harlem” (1971)
Lou Reed “Walk on the Wild Side” (1972)
Boby Womack “Across 110th Street” (1972)
The New York Dolls “Subway Train” (1973)
Alice Cooper “Big Apple Dreamin´(Hippo)” (1973)
Bruce Springsteen “New York City Serenade” (1973)
Bobby Short “I Happen To Like New York” (1973)
Leonard Cohen “Chelsea Hotel Nº 2” (1974)
Barry Manilow “New York City Rhythm” (1975)
Steely Dan “Daddy Don´t Live That New York City No More” (1975)
Billy Joel “New York State of Mind” (1976)
Ramones “53rd & 3rd” (1976)
Ramones “Rockaway Beach” (1977)
Odyssey “Native New Yorker” (1977)
George Benson “On Broadway” (1978)
XTC “Statue of Liberty” (1978)

En los años 80:

Frank Sinatra “New York, New York” (1980)
Tom Browne “Funkin´for Jamaica (N.Y.)” (1980)
Fear “New York´s All Right If You Like Saxophones” (1982)
Tom Waits “Union Square” (1985)
Tom Waits “Downtown train” (1985)
Beastie Boys “No Sleep Till Brooklyn” (1986)
Suzanne Vega “Tom´s Diner” (1987)
Sting “Englishman in New York” (1987)
The Pogues “Fairytale of New York” (1987)
U2 “Angel of Harlem” (1988)

En los años 90:

The Magnetic Fields “The Luckiest Guy on The Lower East Side” (1999)

En los 2000 y hasta hoy:

Death Cab for Cutie “Coney Island” (2001)
The Strokes “New York City Cops” (2001)
Bruce Springsteen “The Rising” (2002)
Interpol “NYC” (2002)
Ryan Adams “My Blue Manhattan” (2004)
The National “Daughters of the Soho Riots” (2005)
Jeffrey Lewis “Williamsburg Will Oldham Horror” (2005)
LCD Soundsystem “New York, I Love You But You´re Bringing Me Down” (2007)
Gil Scott-Heron “New York Is Killing Me” (2010)

Añado unas cuantas más. Estas no están en las 100 de Time Out, pero alguna quizá debería.

Ben E. King “Spanish Harlem” (1960)
Neil Diamond “Brooklyn Roads” (1968)
Joni Mitchell “Big Yellow Taxi” (1970)
Steely Dan “Brooklyn (Owes The Charmer Under Me)” (1972)
Lou Reed “Coney Island Baby” (1975)
Marianne Faithfull “Times Square” (1983)
Mercury Rev “Empire State” (1995)
Jeff Buckley “Back in N.Y.C.” (1998)
Pet Shop Boys “New York City Boy” (1999)
Richard Ashcroft “New York” (2000)
The Innocence Mission “Into Brooklyn, Early In the Morning” (2007)
Justin Townes Earl “One More Night in Brooklyn” (2010)




Nueva York, te mereces este homenaje. Gracias por esa gran acogida, por unos días tan inolvidables.

28 febrero 2012

DISCOS

TINDERSTICKS. The Something Rain.

La eterna bienvenida.

El Melómano Volador no lo pudo expresar mejor: Tindersticks son como un viejo amigo que vuelve a hacerte una visita cuando estabas a punto de olvidarlo. Ese amigo que llegó a significarlo todo, que te endulzó la vida en un instante, salvándote de la estulticia y la chabacanería. Ese amigo al que, a fuerza de deberle cosas, eres incapaz de decir no. Así que cada álbum de estos tipos es recibido con los brazos abiertos y una aquiescencia anticipada. Que entren por la puerta y se quiten los abrigos, que se pongan cómodos e inicien su perorata: somos todo oídos. Y da igual que vengan contando las mismas cosas de siempre; más vale lo bueno conocido.

Pues bien, raro se hace que empiece la historia y no sea la voz de Stuart Staples la que hable. Los primeros acordes de “Chocolate”, exquisita creación narrativa de David Boulter, enamoran con su calidez por sí solos avanzando un desarrollo interesante. Y en efecto, “The Something Rain” (2012) es de lo más interesante que los de Nothingham han firmado en años, una pequeña obra de ingeniería con canciones extensas y bien trabajadas, un cóctel donde el pop, el soul y el jazz vuelven a fundirse en un compacto todo. De nuevo queda patente que ahora prefieren los metales a las cuerdas, aunque de estas aún queda un bello vestigio en “Medicine”. Las sobresalientes “Show Me Everything”, “This Fire of Autumn” o “Slippin´ Shoes” devuelven a unos Tindersticks en estado de honda inspiración. Una inspiración que se torna divina gracia en “Frozen”, un bombazo entre funk y free jazz que deja sin aliento, un toque de oscuridad y doblez siniestra al estilo “Bathtime”. Y aunque en “A Night To Still” o “Come Inside” se condensen los vapores de esas pequeñas viejas cosas de siempre, también es justo y necesario conservar un milímetro de identidad. Hablar de identidad es hablar de esa personalidad suya tan única, marcada y genuina: cuando suenan son ellos, solo ellos y nadie más. Un clásico del romanticismo contemporáneo. Una apuesta segura. Un aplastante sí o sí.


26 febrero 2012

CANCIONERO

THE SUNDAYS. Joy.

Cuando hablo a la gente de The Sundays, todos creen que les estoy hablando de los Drivers. Jesús, qué paciencia hay que tener. Pues entérense todos, The Sundays fueron una banda delicada, exquisita y también efímera, admirada entre otras cosas por la encantadora voz de Harriet Wheeler. Publicaban su primer largo allá por el 90, permaneciendo activos apenas siete años. Después hubo dos discos más. Nos dejaron pocas canciones, pero qué canciones. “Joy” es una de ellas, una triste delicia, un amargo café con un terrón de azúcar y un chorreón de melancolía. Se hacía de rogar en su primer trabajo, aquel esperanzador “Reading, Writing & Arithmetics” (90), disco premiado con casi 5 estrellas por la All Music Guide. Ocupaba el último lugar en ese álbum, ni siquiera fue promocionada como single, pero puede considerarse como una de las mejores canciones de los londinenses. The Sundays supieron agarrar las últimas cenizas del post-punk y guardarlas en una urna con ternura. Breves pero inolvidables.

JOY

The Lone Ranger sold his wardrobe
The Lone Ranger sold his bad dog
Well you saw him and you could hardly know
´Cause times change, I know

On some days he´s more than humble
Yet on some days he´s cold and mad, mad as hell
Well you saw him and you could hardly know
It´s so strange and well I, I know

Those lakes of golden water
Those lakes of gold are all running out
Well you saw him and you could hardly know
It´s so strange and well I, I know

Joy, joy, joy
Work, work, work harder
Sure as the hours
Joy, joy, joy
Work, work, work harder
You say


21 febrero 2012

RETROSPECTIVAS

MIDNIGHT OIL. Diesel and Dust.


Joyas de los 80.


¿Por qué son tan buenos los grupos australianos?. Ahora mismo no se me ocurre ninguno que no lo sea, aunque los habrá como en todas partes. ¿Qué tendrán las Antípodas, ese paraiso al que todos querríamos ir al menos una vez en la vida, para algunos el destino idílico para una placentera jubilación?. Pero Australia también tiene sus crisis, sus problemas sociales, su lado oscuro. Y si no que se lo pregunten a Peter Garrett. De músico activista a político con cartera. El ex lider de Midnight Oil colgó el micro por la corbata, y ahora forma parte de la clase más estafadora y sospechosa del planeta. Si lo hace bien o mal no lo sabemos. Así que hablemos de su pasado, de aquella estupenda banda en la que militó, y cómo no, de una de sus obras más impactantes: “Diesel and Dust” (87).

Precedido por algunos álbumes muy notables, este disco supuso el cénit en la carrera de la banda de Sydney. ¿Quién no conoce “Beds Are Burning”?. ¿Quién no la ha tareado o bailado alguna vez?. Su segundo introductorio de trompetas ya es un clásico de nuestros días y nuestros bares. Esta canción es solo una muestra del poder que desplegaron Garrett, Jim Moginie y Robert Hirst en este trabajo, cazando melodías inmensas y gestionándolas a la perfección. Un disco en el que la banda se mueve entre lo heavy y lo ligero. La garganta de Garrett aportaba ese granito de arena rebelde y guerrillero, efecto difuminado al sumergirse entre acordes pop y acompañamientos. Sus estribillos interpretados a dos, tres o más voces se han convertido en una reliquia interina del mejor rock contemporáneo. Y un buen puñado de sus mejores temas se concentra en esta joya absoluta del 87, cuarenta y seis minutos sin un solo instante de morralla. Habría un grupo de cabeza, el de las grandiosas, copado por la mencionada “Beds Are Burning”, “Dreamworld” y “The Dead Heart”, tres de los singles apropiadamente extraidos del álbum. Luego encontraríamos un segundo y nutrido grupo para las fabulosas “Put Down That Weapon”, “Warakurna”, “Bullroarer”, “Sell My Soul” y “Sometimes”. En otra sección entrarían “Arctic World” y “Whoah”, los momentos tranquilos de un álbum donde no solo cabe la acción-reacción. Y por último queda “Gunbarrel Highway”, la canción maldita, eliminada de la edición americana por contener versos “netamente ofensivos” para el comedido y decoroso yanki medio (sí, ese que anda por ahí con una pistola en el bolsillo).

Pero “Diesel and Dust” no solo merece una retro por su calidad musical, también por su significado social. Como todos los álbumes de los Oils, no le falta su por qué, no ya el meramente artístico-creativo sino el reivindicativo. El disco aboga por muchas causas nobles, como la defensa del medio ambiente y los derechos de propiedad de la comunidad aborígen australiana. Ya sabemos que hoy por hoy corren tiempos de recorte inmisericorde, privación de derechos, descontento y miedo general, así que esta podría ser una buena banda sonora para la lucha. Si es que a alguien le apetece luchar, claro.


16 febrero 2012

DISCOS

MARK LANEGAN. Blues Funeral.

Experiencias aplicadas.

Cómo pasa el tiempo. Ya hace más de siete años desde “Bubblegum” (2004), última referencia propia de Mark Lanegan. En todo este tiempo, el hombre con la voz más tremebunda del rock alternativo ha pasado por muchos estadios. Ha jugado a actor secundario, a colaborador usual, se ha enfrascado en múltiples y variopintas experiencias (al lado de Greg Dulli, Isobel Campbell y Soulsavers, básicamente) con las cuales parece haber logrado una expiación necesaria y un valioso aprendizaje. Al fin volvemos a tener canciones suyas, ¿y quién puede resistirse a un título como “Blues Funeral”?. Yo desde luego no. No es que el blues haya muerto; las flores de la portada no son flores de óbito sino de renacer, porque el blues ahora suena diferente, alcanzando unas texturas acorde con los tiempos que corren. Porque si algo ha aprendido Lanegan en su estimulante viaje es que toca mutar, adaptarse, reinventar un sonido moderno y vanguardista sin perder las semillas de orígen.

Así que muchos de los cortes de “Blues Funeral” (2012) suenan como lo harían, por ejemplo, los discos de TV on The Radio. Para algunos manejar cajas de ritmo y elementos electrónicos resulta una aventura fatal, pero asombrosamente en este caso el acierto es evidente. El gospel y el blues del siglo XXI se consagran gloriosamente en “Bleeding Muddy Water”, “St. Louis Elegy”, “Leviathan” o “Deep Black Vanishing Train”, conviviendo con latigazos de rock pantanoso (“Riot In My House”, “Quiver Syndrome”), pequeñas joyas de electro-pop (“Gray Goes Black”, “Harborview Hospital”) e incluso un grandioso y cautivador momento llenapistas (“Ode To Sad Disco”). No nos equivoquemos, el ex Screaming Trees no ha mudado del todo su piel negativa, triste y áspera. Pero al menos ahora suena como si, al menos, existiera una recóndita y minúscula esperanza.


13 febrero 2012

DISCOS

FIRST AID KIT. The Lion´s Roar.

Suecia saluda a América.

Terminaba la anterior entrada hablando de Youtube, esa bendita e infinita herramienta que Dios nos puso en la red, a la que todos echan mano para solventar sus dudas, deleitarse con una imagen deseada, mostrar las fechorías de fin de semana o vengarse del enemigo más odiado. Y mucho han de agradecer a Youtube estas criaturas escandinavas, pues gracias a una de esas versiones que se cuelgan para hacer el tonto o mostrar buenas dotes (“Tiger Mountain Pleasant Song” de Fleet Foxes) han llegado a donde están. Tras enamorar con aquel “The Big Black and The Blue” (2010) retornan con otra colección de canciones folk que miran cara a cara la más pura tradición americana. Quizá estemos acostumbrados a encontrar en Suecia grandes bandas de pop con el punto de mira orientado a las vecinas islas británicas; no es tan común hallar nombres que enfoquen su telescopio todavía más allá. Johanna y Klara Söderberg saben que quieren llegar más lejos, a las tierras un millón de veces exploradas pero no del todo descubiertas. Y lo que más sorprende es casar su sonido con sus fechas de nacimiento; la mayor apenas superar la veintena. Juventud, divino tesoro.

“The Lion´s Roar” (2012) cuenta con la aportación del productor de moda de Saddle Creek, Mike Mogis, amén de colaboraciones que van en serio, como la del culillo de mal asiento Conor Oberst, que pone ingenio y voz en la tabernera “King of The World”. La economía de recursos se transforma en acompañamientos cuidadosos, en pianos, secciones de cuerda, percusiones y vientos que adornan las canciones y las hacen dignas de ser tomadas en serio. Y muy en serio hay que tomarse maravillas como “In the Hearts of Men”, “To a Poet” o “Dance to Another Tune”, por no hablar de la enorme tonada country “Emmylou”, que en su estribillo dice lo siguiente: “I´ll be your Emmylou and I´ll be your June if you´ll be my Gram and my Johnny too”. Nada más que añadir. Solo por invocar tales nombres estas chicas merecen su oportunidad.


12 febrero 2012

DESCUBRIENDO A...

WYE OAK

Bajo este extraño nombre de árbol autóctono descansa otro dúo, esta vez chico-chica. Es el formado en Baltimore por Andy Stack y Jenn Wasner. Se les compara recurrentemente con otra pareja de su generación capaz de hacer canciones de ensueño: Beach House. Sin embargo, la música de Wye Oak es más real, de carne y hueso, aunque a nadie amarga el sabor de una buena atmósfera a tiempo. A la chita callando van ya por su tercer largo, el notable “Civilian” (2011), con el que se confirman como firme promesa, si no ya como realidad tangible. Antes de este y sin mucho eco vieron la luz “If Children” (2008), “The Knot” (2009) y el EP “My Neighbor/My Creator” (2010).

Desde el rock y su hijo antisocial el post-rock, el shoegaze y el dream pop, su música está cosida con aguja de oro y las mejores telas: el resultado es altamente gratificante, y buena culpa de ello tiene la sobria y personalísima voz de Jenn Wasner. En “The Knot” había más ruido, sangre y misterio (espectaculares “Take It In”, “Talking About Money”, “Mary Is Mary” y “I Want for Nothing”). “Civilian” muestra un sonido más luminoso gracias a la magia de impactantes melodías; deliciosamente atractivas resultan “Two Small Deaths”, “The Altar”, “Civilian” y “Hot As Day”. Y como no puedo resistirme a la leyenda sobre la heterodoxa técnica de Andy Stack, me voy a Youtube a descubrirlo: en efecto, baqueta con una mano y teclas con la otra (a saber qué hará con los pies). Portentoso.


06 febrero 2012

CONCIERTOS

dEUS. Madrid. Joy Eslava. 5-2-2012.

No es la primera (ni quizá la última) vez que dEUS llaman a la puerta con machacona insistencia. Los belgas son una apuesta segura en directo, y pese a augurar una repetición de sensaciones, un más de lo mismo vivido en anteriores ocasiones, tienen tanta fuerza que vencen la resistencia del más estoico. Y efectivamente, esta superbanda nunca defrauda. Ni siquiera cuando piensas que el ayer se ha quedado en casa, cuando temes que no haya hueco para las de siempre. Sí, es justo entonces cuando alguien agita la varita y aparecen los revolucionarios “Worst Case Scenario” (94), “In A Bar Under The Sea” (96) y “The Ideal Crash” (99), discos que todavía viajan a años luz de los siguientes y recientes.

Si de algo pueden presumir dEUS es de una efectividad colosal sobre el escenario. Sus shows están llenos de entrega, gozan de una solidez envidiable y de una contundencia sin resquicios, alcanzando una temperatura que ni siquiera desciende cuando interpretan cosas suaves y melancólicas del tipo “Magdalena” o “Sister Dew”. La sección rítmica es irresistible, Mauro Paulovski cabalga entre la distinción chic y el arrebato demoniaco, Klaas Janzoons vuelve a ser el eficiente y hacendoso chico para todo (violín, percusiones, teclados, samplers) y Tom Barman sigue dejándose la piel como el primer día. Es difícil aportar nuevos argumentos respecto a crónicas pretéritas, sobre todo cuando las variantes son mínimas respecto a la última vez (hasta las camisas y trajes parecen ser los mismos). Intentemos, pues, componer una reflexión ecuánime. Hay dEUS para rato, pero los dEUS que más hacen vibrar son los de antaño, los viscosos y retorcidos, los autores (aunque solo quedan dos de ellos, Barman y Janzoons) de aquellas canciones desquiciantes y bohemias hechas a la medida del joven y rarito intelectual centroeuropeo. No hay más que comprobar el remonte anímico inducido por “Instant Street”, “Little Arithmetics”, “For The Roses”, “Theme from Turnpike”, “Morticiachair” o “Suds & Soda”. El resto muestran una fiereza devastadora (“Oh Your God”, “If You Don´t Get What You Want”), impolutas exhibiciones ejecutivas (“The Final Blast”, “Easy”, “Keep You Close”, “The End of Romance”), incursiones en la fiebre del sábado noche (“The Arquitect”, “Constant Now”), pero cualquier tiempo pasado fue notablemente mejor. Y mientras no pierdan la acertada costumbre de incluir las imprescindibles en el repertorio (metamos también en este saco la grandiosa “Bad Timing”), poco o nada importará que sigan pariendo álbumes cojos o intrascendentes.


01 febrero 2012

DESCUBRIENDO A...

PETER WOLF CRIER

Algo pasa con Peter Wolf Crier. Tienen hechuras serias de candidato a nuevo e insoportable grupo de moda, un sutil tufillo a Animal Collective en posición del loto, y algunos listos ya se han dado cuenta. Sin embargo hay algo en ellos, algo extraño, algo diferente, algo que entra fácil, que enamora aunque no a la primera. “Inter-Be” (2010) fue su primer trabajo, un disco automáticamente llevado por las bocas al terreno del nuevo folk o el folk rarito, pero ahí no se detiene la moto: detrás de sus composiciones sencillas pero bien pintadas soplan otros vientos. Y esto, que solo se adivinaba en su primer álbum, se hace absolutamente patente en el segundo “Garden of Arms” (2011), redonda y rotunda colección de canciones breves, directas y al grano recuperadas del rebufo de 2011. El folk forma filas con el pop casi psicodélico, el soul, el rock duro y un poco de música de baile, y cuando las filas se rompen y todo se mezcla es una auténtica delicia. Al final tienes que dar el visto bueno, quieras o no, hechizado por la magia oculta de “Beach”, “Settling It Off” o las explosivas y autoritarias “Krishnamurti” y “Hard Heart”. Que a “Inter-Be” tampoco le faltaban momentos mágicos, y a las especialísimas “Down Down Down”, “For Now” y “Demo 01” me remito.
 
Y todo esto lo firman dos tipos, solo dos, desde una tierra en la que hace tanto frío que no hay nada mejor que encerrarse en un sótano a grabar canciones: Minneapolis. Uno se llama Peter Pisano, y es el que compone, canta y toca la guitarra; otro se llama Brian Moen y es el que arregla, acompaña y pone el ritmo. No son nuevos, pues sus locas aventuras empiezan en otras bandas (The Wars of 1812, Amateur Love) a las que este proyecto en vías de éxito les costará seguramente caro.