06 noviembre 2023

CONCIERTOS

CALEXICO. Berlín. Theatre des Westens. 28-10-2023. 

Nuestro reciente volar por el mundo en busca de música y experiencias nos lleva a rememorar uno de los grandes hitos de los 2000; un disco impactante que nos encariñó con esta banda para convertirla en costumbre y placer. “Feast of Wire” (2003), quinto álbum de nuestros amigos de Tucson, mostraba su eclecticismo sin barreras. Una mezcla de folk, pop, jazz, avant garde, cumbia y ranchera que nos dejaba perplejos hace veinte años. Un álbum que, en efecto, se merecía una celebración en forma de gira aniversario por los rincones de ese mundo que Joey y John, Burns y Convertino, han recorrido tantas veces con implacable oficio y enorme generosidad. Y es que los conciertos de Calexico nunca empiezan con ellos, sino con sus artistas invitados. En este caso eligieron a Bryan López, su nuevo guitarrista en plantilla, que posee una andadura en solitario igual de ambigua que la de sus padrinos. Empezaba por algunas bellas piezas folk, seguía con una versión de “The Killing Moon” de Echo & The Bunnymen y terminaba con una celebración criolla, con algunos de los titulares de cartel apoyando al bajo y percusión. Porque a Joey Burns y compañía no les importa ceder su ingenio a los demás; ni siquiera les importa tener que afinarse sus instrumentos ni sacar la cinta adhesiva para pegar al suelo la chuleta. Así son ellos o así es lo que nos dejan ver. 

Estaba claro que el disco homenajeado iba a sonar enterito, como así fue. Pero entre medias se colaron versiones a veces sorprendentes, a veces ya perennes. Encadenaron “Not Even Stevie Nicks” al “Love Will Tear Us Apart” de Joy Division, haciendo un todo de dos canciones tan antagónicas. Deslumbraron con su revisión del clásico “Hit The Road Jack”. Volvieron a Love y su “Alone Again Or”, que se han apropiado justamente poniéndole su propia vitola. Pero las canciones de “Feast of Wire” brillaron con una rutilancia inusitada, en especial aquellas que nunca antes les vimos tocar. Fue una delicia asistir a las armonías viajeras de “Pepita”, al vals melancólico de “Woven Birds”, al contraste experimental de “Attack El Robot! Attack!” o a esa lección magistral de jazz que es “Crumble”. Y siempre es de enorme agrado verles actuar (sobre todo si es en segunda fila), siendo como son una máquina fluida y compenetrada. Ya sabíamos que Martin Wrenk (percusiones, trompeta, acordeón, guitarra, slide, voces) y Jacob Valenzuela (percusiones, trompeta, voces) valen para todo, pero ahora hemos comprobado que Sergio Mendoza también (teclados, bajo, acordeón, voces). Aunque el que siempre nos enamoró y lo seguirá haciendo eternamente es el gran John Convertino, un baterista atípico, afincado en los cánones jazzísticos, elegante, cósmico, danzante y magno marcando los tempos de la fiesta. Porque cualquier show de estos tipos siempre termina en fiesta. Ellos saben las teclas que hay que pulsar en postrimerías y bises, y al final emerge el folclore, la salsa, el mejicanismo, el cante hispano, para poner en pie a un auditorio de público muy alemán, pero nada frío. Al contrario: el “Güero Canelo”, las “Minas de Cobre”, “Cumbia de Donde” y “Flores y Tamales” animan hasta el éxtasis a un respetable que muestra un entusiasmo paradójico, el sincero amor hacia una banda que siempre, sin excepción, se hace querer. Definitivamente, no hay fronteras.