12 febrero 2019

CONCIERTOS: YO LA TENGO

Madrid. La Riviera. 11 de febrero de 2019.

 
¿Qué se puede escribir de una banda a la que has seguido durante años, a la que has disfrutado en vivo una docena de veces? ¿Qué se puede opinar de Yo La Tengo a estas alturas, en medio de su cuarta década de vida? Ya está todo dicho y verificado. Ya no es posible medir, examinar, sacar la lupa para aumentar y analizar. Aunque se aferren a formatos académicos o se enroquen en ensayos técnicos, Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew siguen siendo un paradigma de frescura e imperfección. Absolutamente imprevisibles en sus elecciones de repertorio, generosos con sus múltiples periodos creativos, defensores de sus diversas caras y velocidades. Extremadamente medido el tempo del concierto en esta ocasión, dividiendo el show en dos partes diferenciadas, con un interludio que, quizá necesario para ellos, resultó mortífero para la audiencia. Primera parte mimosa para unos, narcótica para otros, Yo La Tengo trémulos y experimentales, introspectivos y parcos en revoluciones. De eso trata sin duda “There´s a Riot Going On” (2018). De eso tratan temas como “Forever” o “Ashes”, que se alían con reliquias insospechadas como “One PM Again”, o con las versiones ingrávidas de “Tom Courtenay” y “Big Day Coming”, despojadas de toda su fiereza hasta convertirse en gatitos recién nacidos. Exquisitos para unos, aburridos para otros, ¿quién sabe? En la variedad está el gusto.

La segunda parte comenzaba igualmente serena al son de “Polynesia #1”, pero bastaron los primeros compases de “False Alarm” para arrancar, calentar y, al fin, resucitar. Estos son los Yo La Tengo que amamos, que recordamos cuando hay que hacer memoria. Este es el Ira loco y frenético, que destripa teclados y guitarras. Miran hacia atrás y rescatan una visión vigorizada de “Barnaby, Hardly Working”, amén de unas imperativas y agradecidas “Deeper Into Movies” y “Double Dare”. Y también, una vez más, se acuerdan de “Autumn Sweater” y su magistral bastidor rítmico. “The Weakest Part” y “Shades Of Blue” retornan a la mansedumbre, y “I Heard You Looking”, como en algunas otras ocasiones, pone un colofón de sangre, esquizofrenia y ruido sin fin.
 
Los bises postreros brindaron las versiones que de ellos siempre se esperan, más obvias y reconocibles que otras veces: el “Somebody´s Baby” de Jackson Browne y el “What Can I Say” de NRBQ, separadas por la calidez fuera de juego de “Our Way To Fall”. Casi tres horas con Yo La Tengo. Un regalo inusitado para sus incondicionales, que siguen siendo muchos y selectos.

15 enero 2019

DISCOS


La música que sonó en 2018 (3ª y última parte)

COURTNEY BARNETT “Tell Me How You Really Feel”
Después del álbum despachado a medias con Kurt Vile, Courtney vuelve con su segundo largo, con el apoyo de las hermanas Kim y Kelly Deal y manejando los mismos estándares que en anteriores entregas: rock alternativo, country y música americana. Muy clásica en “Need a Little Time” o “Walkin´on Eggshells”, hipercorrecta en “City Looks Pretty” o “Charity”, pícara en “Help Your Self” o comedida en “Hopefulessness” y “Sunday Roast”. Pero quizá su mejor cara sea la más insolente, la más ruidosa, la más grunge; por eso las poderosas “Nameless, Faceless” y “I´m Not Your Mother, I´m Not Your Bitch” lucen como lo más impactante de un trabajo sin peros que valgan.

DR. DOG “Critical Equation”
A estas alturas de la película, Dr. Dog son capaces de dominar todos los palos. Y para muestra, un botón. Empiezan con un reggae (“Listening In”), siguen con un poco de música disco (“Go Out Fighting”), continúan con pop melosito (“Buzzing in The Light”) para después caer en las redes del sonido Motown (“Virginia Please”). Seguidamente una balada psicodélica (“Critical Equation”), y luego algo de rock and roll clásico (“True Love”) empalmando con una dosis de rock setentero (“Heart Killer”). Para postre todavía queda una pieza onírica a lo Mercury Rev (“Night”), un flash de blues-rock (“Under The Wheels”) y, por último, otra cuota de ritmos jamaicanos (“Coming Out of The Darkness”). Un disco la mar de entretenido.

KURT VILE “Bottle It In”
Prolífico hasta el tuétano, el de Filadelfia no descansa. Tras su ya mentada colaboración con Courtney el año pasado, en este ha llegado una nueva entrega en solitario. Superando el nivel de sus predecesores, “Bottle It In” vuelve a las exhibiciones guitarrísticas, el fraseo perezoso y los aires de rock sempiterno. Pero ¿por qué no ir siempre al grano? Cuando lo hace es capaz de brindar canciones fascinantes (“Loading Zones”, “Yeah Bones”, “One Trick Ponies”, “Come Again”, la exótica “Cold Was The Wind”). Su empeño recurrente en estirar algunos temas como chicles (“Bassackawards”, “Check Baby”, “Bottle It In”) hace que un buen tema se transforme en cantinela agotadora. La sorpresa de este disco la aporta la maravillosa versión “Rolling With The Flow”, que alumbra al Kurt Vile más melódico que jamás hayamos conocido.

JEFF TWEEDY “Warm”
Tras su intentona como Tweedy a secas y las versiones acústicas de Wilco en  Together At Last” (2017), podría decirse que este es el primer trabajo oficial de Jeff Tweedy en solitario. Fabricado desde la libertad que te da ser dueño de tu propio estudio y sello discográfico, también es un producto familiar, con la compañía de sus hijos Spencer y Sammy, y de buenos amigos y compañeros como Glenn Kotche. Un disco de country-folk minimalista, donde únicamente “From Far Away” y “The Red Brick” se ven envueltas en densos ambientes más allá de los elementos instrumentales básicos. Especialmente gustosas resultan “Don´t Forget”, “Let´s Go Rain”, “I Know What It´s Like”, y sobre todo, “Some Birds”, una canción especial digna de los mejores Wilco.

LAURA VEIRS “The Lookout”
Cinco años ha tardado Laura Veirs en entregar nuevo material, y tras la primera escucha solo cabe una palabra: aleluya. Su décimo álbum es una exquisitez de folk con preciosos arreglos perpetrados al alimón con Tucker Martine, productor y consorte. Alguien dijo que ella es el alter ego femenino de Damien Jurado; pues bien, por textura y riqueza conceptual, este disco es una gran oportunidad comparativa entre ambos. Sensibilidad e inspiración se dan la mano para alumbrar canciones tan, tan cautivadoras como “Seven Falls”, “Mountains of The Moon”, “Heavy Petals”, “The Meadow”, “The Canyon” o “When It Grows”. Eso por citar algunas, pues todos y cada uno de los cortes merecen un firme aplauso. Normal que Sufjan Stevens y Jim James no quieran perdérselo, apuntándose a la celebración de “Watch Fire”.

M. WARD “What a Wonderful Industry”
Si hay un clásico contemporáneo entre los clásicos, ese es Matt Ward. A clásico suena todo lo que toca, y este nuevo disco de irónico título no podía ser menos. Y qué disco, señoras y señores. Maestro del sonido arcaico, aquí de nuevo vuelven a retumbar los ecos legendarios del mejor blues, folk y rock de la Historia, incluidos pequeños guiños a The Rolling Stones (“Miracle Man”), Neil Young (“El Rancho”, “War & Peace”), Electric Prunes (“Sit Around The House”) o The Shadows (“Return To Neptune´s Net”). Pero no es apología todo lo que reluce, pues el de Portland también es capaz de dar algún que otro pasito hacia la modernidad, como ocurre con la sofisticada “Shark”. Qué callado se lo tenía; nadie esperaba este disco (surgió de la noche a la mañana sin previa anunciación) y nadie debería sentirse insatisfecho.

PARQUET COURTS “Wide Awake!”
Magnífico el álbum que se han sacado de la manga estos tipos en 2018, una muestra impepinable de madurez y solera. Ya no hay que esperar solo episodios de punk fustigador, sino todo un crisol de sonidos con sorprendentes (y muy logrados) acercamientos al rap, al funk o al pop. Siguen siendo enormes en su lado alborotador (categóricas suenan “Total Football”, “Almost Had to Start a Fight/In and Out of Patience”, “Normalization” o “NYC Observation”), pero ahora también son capaces de ralentizar el ritmo para entregar cosas tan brillantes como “Mardi Gras Beads”, “Freebird 2”, “Back to Earth” o “Death Will Bring Change”. Y al loro con el tema titular, esa vírica “Wide Awake!”, un jubileo funky al que Sly Stone daría sin duda su visto bueno. Disco de cinco estrellas.

THE DODOS “Certainty Waves”
Se puede decir que a estas alturas The Dodos saben llevar como nadie al extremo la concepción de eso que algunos llaman math rock. Es cierto que a veces su música suena a pura matemática. Sus temerarios ritmos y cambios de velocidad hacen de sus canciones un juego de malabares. Malabarística al cien por cien es “SW5”, por poner un ejemplo ilustrativo. Han ganado coraje y potencia (cada vez más electricidad) y ello se hace patente en cortes como la titánica “Forum”. Son mejores y más simpáticos cuando siguen, o al menos intentan seguir un hilo melódico (“Coughing”, “Center of”), pero insondables cuando se enredan en excéntricas cacofonías (“If”, “Ono Fashion”).

VILLAGERS “The Art of Pretending to Swim”
Becoming a Jackal” (2010), no nos cansaremos de decirlo, fue una maravilla de disco. A partir de entonces los trabajos de Connor O´Brien se han caracterizado por la intermitencia, canciones de tránsito entre las que siempre era posible encontrar dos o tres joyas superlativas. Lo mismo ocurre en esta entrega, en la que queda claro que el dublinés tiende a decantarse más por el nuevo soul que por el folk de sus inicios. Las joyas en este caso son “Again”, una apertura apoteósica con comedidos arreglos electrónicos; “Long Time Waiting”, brillante gracias a su aire acid jazz, su esqueleto pianístico y su acompañamiento de metales; y “Ada”, seis largos e intensos minutos de atmósfera cinematográfica y espacial.

28 diciembre 2018

DISCOS

 La música que sonó en 2018 (2ª parte)

ANNA CALVI “Hunter”
Anna Calvi está aquí para quedarse, para marcar tendencia, para asumir el mando. Su personalidad y su fortaleza son ya dos certezas incuestionables. Con “Hunter” vuelve a demostrar que es una mujer con ideas fijas pero muy, muy claras. Y ser mujer en el mundo del rock no es fácil. Ella se ha ganado a pulso un ilustre respeto, que se ve ensanchado a la sazón mediante acentos bien puestos en sus más patentes cualidades. Soberbia como guitarrista, poderosísima vocalmente e inquietante en las palabras, sus dotes se vuelcan en este álbum, tan impetuoso a ratos como místico en ocasiones. Su vigor sísmico despunta en temas como “As A Man”, “Indies or Paradise” y “Chain”; su extraordinario poder lírico queda al desnudo en las sublimes “Swimming Pool” y “Eden”. Todo ello perfumado nuevamente por célebres y precisos aires new wave.

DAMIEN JURADO “The Horizon Just Laughed”
A algunos les gusta el Damien Jurado escueto e intimista. A otros, el que hizo sociedad con Richard Swift. Éste nos dejó hace unos meses, pero ya se había ido un poco antes. Aunque una ligera estela aún queda presente, porque Damien, ahora en plenas funciones productoras, aprendió de un gran maestro. Así que este álbum es un poco de esto y de aquello. Es austeridad, como la que desprenden “Over Rainbows and Rainier” y “Lou-Jean”; es exuberancia, la de “Marvin Kaplan” y “Florence-Jean”; es melancolía con sutiles arreglos de cuerda en “Allocate”, “Dear Thomas Wolfe” o “Percy Faith”. Es poesía, ingrávida y honesta, y también crónica de sociedad, de una sociedad de las artes donde las almas de actores, escritores, músicos o dibujantes se empecinan en robar un minúsculo instante más de vida. Es un álbum fino y deslumbrante. Es un álbum de Damien Jurado, y eso es garantía de calidad.

JACCO GARDNER “Somnium”
Cabinet of Curiosities” (2013) e “Hypnophobia” (2015) eran tan, tan terriblemente buenos que los ecos de la publicación de este nuevo disco sonaron a salva celestial. Pero he aquí la sorpresa: Jacco se ha quedado mudo. En lugar de su voz, ahora las melodías son dibujadas por guitarras y, sobre todo, por sintetizadores. Es decir, que tenemos un disco íntegramente instrumental, una opereta galáctica y psicodélica,  con pasajes de amigable lucidez, pero con algunos traspiés de bostezo incontrolable. Con títulos tan oníricos como “Volva”, “Levania”, “Utopos”, “Descent” o “Somnium”, el holandés consigue mantener el tipo y esparcir las más coloridas virutas de su imaginación. Sin embargo, echamos de menos esa voz que nos cantaba “Clear The Air”, “Puppets Dangling” o “Another You”. La echamos de menos y mucho.

JONATHAN WILSON “Rare Birds”
El señor Wilson (ilustre apellido, nada que ver con la prole surfera) está muy crecido; basta con echar un vistazo a la augusta portada de este disco. No nos engañemos, no es un disco de chill-out ni músicas del mundo, tampoco un disco de folk-rock en la línea de sus primeros trabajos. Más bien se trata de una autoafirmación faraónica, megaproducida y ostentosa hasta la médula. “Fanfare” (2013) ya susurraba hacia dónde irían los tiros. Encontramos momentos luminosos, como la rapsodia “Trafalgar Square”, la vibrante “There´s a Light” o la epopeya beatleliana “Miriam Montague”. Encontramos alguna balada de corte refinado, como “Sunset Bvrd”. Pero también encontramos peliagudos acoplamientos a la execrable radiofórmula, como “Over The Midnight” o “Loving You”. Creíamos que sería hippie toda la vida, pero no. Un potencial reflejo de su amigo Josh Tillman. 

ROLLING BLACKOUTS COASTAL FEVER “Hope Downs”
Tras los dos magníficos EPs “Talk Tight” (2016) y “The French Press” (2017), al fin ha visto la luz el primer largo de esta banda. Y aunque no aporte la frescura de las primeras entregas (inolvidables son “Wide Eyes”, “Wither With You”, “Sick Bug” o “Fountain of Good Fortune”) algo deben de tener para que su música active los circuitos y enganche de la manera que lo hace. Esa mezcla de surf, power pop y post-punk, esa retroacción hacia el sol californiano (o más bien australiano), esa catenaria de guitarras titilantes y vertiginosas que convierten temas como “Talking Straight” o “Mainland” en zarpazos directos a la yugular. Lo dicho, “Hope Downs” aporta pocas sorpresas pero cuenta con dignas canciones y el beneplácito de la crítica. Veremos hasta donde son capaces de llegar los vientos de augurio y promesa.

SPIRITUALIZED “And Nothing Hurt”
El hombre del espacio ha vuelto en toda su esencia, y así lo atestigua la portada de este disco. Ese J Spaceman que vuelve a vestirse de Neil Armstrong y a navegar por la Luna. Y nunca se sale de su órbita. Jamás. “And Nothing Hurt” vuelve a insistir en las invocaciones de tono soul y góspel, que abundan en número y se repiten en forma. Canciones como “A Perfect Miracle” (que ya conocíamos como avance), “I´m Your Man”, “Here It Comes (The Road) Let´s Go” o “The Prize” nos devuelven a estructuras y melodías infinitamente bregadas en el tiempo. Lo mismo que  Damaged”, prístina y mortal de intensidad, o “Let´s Dance”, con su aire de villancico tan adecuado para estas fechas. “On The Sunshine” y, sobre todo, la desmesurada “The Morning After” escarban un poco más en ese lado estrepitoso y psicotrópico, llevado hasta el extremo del delirio y la duración. Un disco que no defrauda, pero que no deja de ser la misma bendita redundancia, extendida hasta el infinito una y otra vez.

THE CORAL “Moving Through The Dawn”
La banda de los hermanos Skelly (y cía.) no falla. Fieles a sus añejos idearios y fetiches sonoros, cada álbum es otro pasito más en una carrera de una solidez envidiable. Aquí vuelven a dar en la diana de la melodía con inclinación de clásico inmediato (“Eyes Like Pearls”, “Reaching Out for a Friend”, “She´s a Runaway”, “Eyes of the Moon”), verifican su efectividad marcando músculo (“Sweet Release”, “Stormbreaker”) y se erigen nuevamente en mensajeros accidentales de The Byrds, Love o The Kinks. Circunstancias desafortunadas nos privaron de su directo el pasado noviembre en Madrid, pero los corresponsales nos confirman que estas canciones están hechas para brillar en vivo, con un lugar de honor reservado entre los pliegues de su magnífica discografía. Hace quince años pensábamos que serían otra moda retro pasajera, pero asombra hasta dónde han llegado. Y lo que les queda.

THE SHEEPDOGS “Changing Colors”
Cuando empiezas a escuchar este disco (“Nobody”, “I´ve Got a Hole Where My Heart Should Be”, “Saturday Night”) no puedes evitar rememorar a Lynyrd Skynyrd y a The Band. Cuando terminas de oirlo has añadido a la lista a Crosby, Stills & Nash, Allman Brothers Band, Cream, Buffalo Springfield, The Mamas & The Papas, Eagles o Gram Parsons. En resumen, la superbanda canadiense nos trae un lustroso y completísimo compendio de géneros utilitarios que oscila por los caminos del rock clásico con rotunda sobriedad, sin escatimar en fragmentos ni minutos (hoy en día un álbum con 17 cortes es pura fantasía). Desde los metaclásicos americanos del principio hasta la deliciosamente hogareña “Run Baby Run” hay un poco de todo: armonías vocales, sesiones de guitar hero, retales psicodélicos, efectivos enlaces instrumentales y un sinfín de giros que confluyen en un argumento irresistible para nostálgicos del pretérito perfecto.

15 diciembre 2018

DISCOS

La música que sonó en 2018 (1ª parte)
 
AMEN DUNES “Freedom” 

El sugerente “Love” (2014), con aquellas preciosas “Lonely Richard”, “Splits Are Parted”, “Sixteen”, “Lilac in Hand” y “I Know Myself”, ya nos puso sobre aviso: he aquí un prometedor escritor y hacedor de canciones. La cosa se ha visto confirmada con este brillantísimo “Freedom”. Afín a su título, el chico detrás del misterioso nombre (Damon McMahon) se libera de ataduras, de dudas, de sus recuerdos y torturas, de sí mismo, regalando un emotivo álbum de recortes tan autobiográfico como cada cual quiera entender. Las ventanas se abren, las grietas se cierran, el sonido se depura, y la maravillosa voz de su protagonista luce mostrando lo mejor de sí misma. Largo y accidentado proceso de creación para un disco que mezcla claroscuros y agridulces con magistral habilidad. Temas como “Blue Rose”, “Time”, “Miki Dora”, “Believe” o “L.A.” son una deslumbrante muestra de lo lejos que este gran tipo puede (y debería) llegar. El disco favorito del año.
 
BEN MILLER BAND “Choke Cherry Tree”
  
Al combo de Ben Miller hay que verlo en directo. Ahí es donde se despliega toda una explosión de recursos altamente impresionante. En sus discos basculan entre la fanfarria y la castidad. En este toca lo segundo, una selección de country, blues y música folk tradicional que esconde su histrionismo y los muestra como chicos serios y aplicados. Ejemplos de country de primaria: “Nothing Gets Me Down”, “Lighthouse” y “My Own Good Time”. Ejemplos de blues en su variante más rockera: “Akira Kurosawa”, “One More Time” y “Big Boy”. Ejemplos de música folk de libro: “Trapeze” y “Sketchbook”. “Mississipi Cure” lanza la moneda de su versión más country-pop, creciendo para dar un más que digno cierre a un álbum de incómoda monotonía creativa. Para puristas vale, para aventureros no. 

BLACK REBEL MOTORCYCLE CLUB “Wrong Creatures”

Tras unos años alejados de su música, BRMC vuelven a nuestros oídos sin sorprender ni incomodar. Mejor cuanto más viscerales, los grandes momentos de este álbum se concentran en “Spook”, “King of Bones” o “Little Thin Gone Wild”, pletóricos zarpazos de rock en estado puro. Las letanías psicodélicas y los medios tiempos ya son otro cantar. “Ninth Configuration” se salva por una intuitiva herencia de Pink Floyd, y “Call Them All Away” porque los hace hermanos de sangre de Spacemen 3. También destaca con enorme holgura “Question of Faith”, que puede llegar a convertirse en una muletilla de blues imposible de olvidar. Un disco que, sin ser regular ni perentorio, muestra la madurez a la que suelen llegar muchas bandas en la segunda década de su carrera. 
 
CALEXICO “The Thread That Keeps Us” 

Ya es un hecho que Calexico son una fábrica de producir música a piñón. Creación periódica y casi siempre buena. Su nueva entrega no es solo buena: es sublime. Quizá porque la pachanga escasea (solo “Flores y Tamales” y pequeños antojos en “Voices in The Field” y “Under The Wheels”) y mucho folk-rock. Sí, folk deslumbrante en piezas como “The Town & Miss Lorraine” o “Girl in The Forest”; rock a la americana en “Bridge To Nowhere”, “Eyes Wide Awake” o la espectacular “Dead in The Water”; interludios que retrotraen a los Calexico de finales de los 90 (“Spinball”, “Unconditional Waltz”, “Shortboard”); ese sofisticado aire de jazz con los ritmos de Convertino en primer plano, presente esta vez en la hipnótica “Thrown to The Wild”. Y como siempre hay un lugar para el descubrimiento, también nos lanzan algo inédito: una “Another Space” que los postula a un universo dance. Simple y pura celebración de los mejores Calexico de todos los tiempos. 

DJANGO DJANGO “Marble Skies”

 
Fiesta es la palabra; la palabra que define la original y excitante música de estos escoceses. Su tercer disco vuelve a ofrecer un pastiche de ritmos frenéticos, estribillos contagiosos, efectos galácticos y mensajes hedonistas. La homónima “Marble Skies” abre el álbum anunciando lo que ya se sabía: que estos tipos pueden sacarse un estribillo memorable de la manga en un tris. Como memorable resulta el cuarteto “Champagne”, “Tic Tac Toe”, “Further” y “Sundials”, que enganchan de corrido augurando la promesa de un álbum redondo. Pero no, no es así. La cosa frena, se diluye, se emborrona, hasta un final discotequero, repetitivo, trillado y menos ingenioso. Aun así, lo bueno es tan requetebueno que anima a múltiples escuchas. Y a todo volumen, a ser posible.

 
EELS “The Deconstruction”
 
Una docena de álbumes tiene ya nuestro amigo Mark Oliver Everett, sin contar los firmados como E, sus múltiples directos y alguna que otra rareza. Normal que a estas alturas haya autoplagios, tics y repeticiones. Y sin embargo, ¿podríamos acaso vivir sin él? Mr. E es ya patrimonio del rock, un fondo de museo imposible de desechar. En este disco no hay nada que no hayamos escuchado antes, pero lo cierto es que hay realmente de todo. Plegarias religiosas (“Premonition”, “The Epiphany”, “In Our Cathedral”), nanas adorables (“Sweet Scorched Earth”, “Be Hurt”), radiantes misivas pop (“Rusty Pipes”, “Today Is The Day”) y espasmos de rhythm & blues (“Bone Dry”, “You Are The Shining Light”). Como si E hubiera querido lanzar todas las cartas de la baraja sobre la mesa, cartas que vuelve a reunir tras dificultades vitales y un largo periodo en off side. A punto estuvimos de perderlo pero solo los mejores resurgen de sus cenizas. Una suerte para todos.

EZRA FURMAN “Transangelic Exodus”

 
A song is a dream that keeps going on when it´s over”, dice “The Great Unknown”, una de las mejores canciones de este álbum. Bonita sentencia y gran verdad. Y de excelsos mensajes (algunos no tan románticos sino mucho más ácidos y trágicos) está repleto el séptimo trabajo de Ezra Furman (ya sea con The Harpoons, The Boyfriends o en solitario). Viviendo a la sombra de otros cantautores mucho más mediáticos, él puede permitirse el lujo de campar a sus anchas en un mundo creativo exento de mandatos. Quizá por eso este álbum resulta tan difícil de escuchar, pese a la belleza orquestal que ornamenta muchas de sus piezas. Nada es fácil (y la vida menos), y ese es el aviso urgente que se desprende de cada canción. Algunas raspan y duelen, sí; especialmente “Suck The Blood from My Wound”, “Driving Down to L.A.” y “No Place”. Hay otras que lo hacen menos, resultando hasta balsámicas, como “Love You So Bad”, “Psalm 151” o la citada “The Great Unknown”. Todo ello sin olvidar esa magnífica “I Lost My Innocence”, un abrazo al mágico universo de Brian Wilson y el broche de oro para un disco genuino hasta decir basta. 

JACK WHITE “Boarding House Reach”

Para comprender este disco hay que conocer muy bien a su autor, tener plena conciencia de su espíritu libérrimo y su independencia profesional. Su lado más experimental y la producción más extraterrestre gobiernan un álbum que ha defraudado a muchos seguidores, pero basta prestar una generosa atención para capturar momentos apreciables. Como esas monumentales “Connected by Love” y “Over and Over and Over”. O como “What´s Done Is Done” y “Humoresque” (reverencia al compositor checo Antonin Dvórak, casi nada), dos pequeños tesoros que solo podrás saborear si eres de los valientes y llegas hasta el final. Haciendo un esfuerzo visual global, incluso puede extraerse sustancia aprovechable en temas tan bizarros como “Hypermisophoniac”, “Everything You´ve Ever Learned” o “Respect Commander”. Total, es Jack White, y dentro de su cabeza cabe todo. Hasta la más extravagante de las ofertas.
 
MANIC STREET PREACHERS “Resistance Is Futile”

Qué grandes han sido y qué grandes son. Cuando ya no esperas nada más de ellos se levantan de nuevo, se desperezan, se visten con el mono de faena y vuelven a alumbrar un disco de lujo. Sin novedades ni osadías, siempre el mismo juego, la misma fórmula que tan bien saben exprimir, y siempre con mensaje de reivindicación y querella, of course. ¿Y qué si la historia se repite? Nos lo fueron dosificando con adelantos en forma de single desde finales de 2017, aunque no siempre bien escogidos. Intachable la elección de “People Give In”, “International  Blue” y “Distant Colours”, que conforman el fulgurante arranque del álbum. Más reprochables “Dylan & Caitlin” y “Liverpool Revisited”, quizá sus dos momentos más lacios. Mejor haber optado por la pegadiza “Vivian”, la incólume “A Song for The Sadness” o por esas fuerzas vivas que son “Sequels of Forgotten Wars” y “Broken Algorithms”, canciones que retrotraen a aquellos musculosos “Generation Terrorists” (92) y “The Holy Bible” (94). Y hablando de “The Holy Bible”, casualidad o no, en este caso se decantan por otra portada de referencias legendarias orientales. En efecto, a veces la resistencia es inútil. Como inútil es resistirse a ellos. 

THE MONOCHROME SET “Maisieworld”

La segunda resurrección de The Monochrome Set (esta desde 2008) transcurre viento en popa. Este es su quinto trabajo en el actual periplo, y en él renuevan la fidelidad a su estilo iniciático, aunque tanto haya llovido desde entonces (1978, nada menos) y ya solo queden en el barco Bid y Andy Warren. Sin salirse del guión más de lo necesario, “Maisieworld” va de más a menos, impecable en sus primeros dos tercios, más inconsistente al final. Todo ello sin perder ese aire tan años 80, pero traído al presente con la mayor naturalidad, y sin dejar de lado las referencia a la opereta y el cabaret marca de la casa. Lo mejor: el arranque con “Give Me Your Youth” y su asombrosa línea de bajo, y la exótica “Mrs. Robot”, con un refrescante halo de pop arty, como si David Byrne hubiera venido a darles los buenos días.
 
YO LA TENGO “There´s a Riot Going On” 
 
En 1971, Sly & The Family Stone ya publicaron un álbum con este mismo título. Aquello sí que era una revuelta en toda regla. Esta no se le parece en nada; es algo más refinado, como la revolución de terciopelo checoslovaca o la revolución cantada báltica, todo delicadeza, amor y buenas formas. Desde la sutileza acústica casi psicodélica de “She May, She Might”, “Dream Dream Away” y “Here You Are” hasta las melodías astrales cantadas por Georgia (“Shades of Blue”, “Ashes”, “Polynesia #1”), pasando por magnéticos instrumentales (“You Are Here”) o casi instrumentales (“Above The Sound”). Incluso el tema más acelerado desprende una laxitud altamente sedante (“For You Too”). Canciones que hacen que den ganas de abrazarlos como a un osito de peluche y dejarse vencer por el más profundo de los sueños.

23 octubre 2018

CONCIERTOS: DAMIEN JURADO

Madrid. Teatro Calderón. 22 de octubre de 2018.
 

Existen dos vertientes muy diferentes de Damien Jurado. Una adornada y arropada por banda. La otra temperada, despojada y sutil. El escenario imponente de anoche sugería una puesta en escena profusa, aunque “The Horizon Just Laughed” (2018), su reciente trabajo, aventurara lo contrario. Y así fue, justo lo contrario. Lo contrario a lo que vimos hace dos años en la capital. Ha vuelto el hombre sentado, envuelto en sombras, con su natural y humana inseguridad. Es lo que toca ahora, actuar a dúo de guitarras, con la compañía de Josh Gordon. Y aunque se eche un poquito de menos la exuberancia de la trilogía de Maraqopa, no hay que olvidar que Damien empezó por este camino, es decir, por el del más delicado minimalismo. Y es igualmente efectivo en ambos formatos, aunque mucho más cercano y solemne en este último. En su nuevo disco no ensalza tanto lugares como personajes (actores, escritores, músicos), y de esas cartas dedicadas a presuntos héroes nacen algunas de sus mejores canciones. Como “Dear Thomas Wolfe”, “Percy Faith” o “Marvin Kaplan”, que anoche devenían en tres de los momentos más dulces de sus nuevos horizontes. Y si de héroes hay que hablar, era imprescindible el sincero homenaje al fallecido Richard Swift, alter ego de Damien en su crecimiento artístico, gran amigo y confesor, honrado con una intensa versión de “The Novelist” que llevó al músico hasta las lágrimas. Sí, es cierto, Damien es de carne y hueso, y llora. Un momento así merece la ovación más amplia y sentida de la velada.
 
La parquedad del proscenio era ideal anoche para servir en bandeja rescates de aquel pasado de introspección folk, de ahí que surgieran recuerdos muy bienvenidos, como “Ohio”, “Saturday”, “Rachel & Cali” o la valoradísima “Sheets”. Pero tampoco estuvieron de más canciones recientes que quedaron al raso mostrando su cara más reflexiva; tal es el caso de “Cloudy Shoes”, “A.M. AM”, “Exit 353” o “Museum of Flight”, que vistas desde este otro prisma resultan igual de hermosas. Y en este apartado habría que mencionar la deconstrucción escarchada de “Silver Donna” y aportar una reflexión: si eres capaz de capturar de esa manera la atención con un silbido y una palmada en la rodilla es que tienes algo, eres alguien. Escondido tras sus gafas y sus dudas y sus tormentos, Damien Jurado es un alguien enorme.

Para abarcar todos los instantes imborrables del show habría que mentar más cosas: la presentación de novedades como “Birds Tricked Into The Trees”, el repaso inesperado a la maravillosa “Wallingford”, las concesiones a la audiencia interpretando “Working Titles” con enternecedora vacilación, o el epílogo a pelo, en pie, sin micrófono con la celebrada “Kola”. Siempre, siempre, siempre con la guitarra en el punto de afinación perfecto. Sin prisas, sin urgencias, sin desmesuras. Un hombre que no necesita acercarse al micro para que su mensaje se escuche y llegue muy, muy lejos.