05 julio 2009

DISCOS

GRIZZLY BEAR. Veckatimest.

Pisando fuerte.

No diga extraño, diga Grizzly Bear. “Yellow House” (2006) fue una conmoción conceptual, un deleite para los sentidos. “Veckatimest” (2009) confirma su nudo de posibilidades, si bien no es como aquel, tan preñado de misticismo y ruiditos raros. Digamos que éste es el álbum de una banda adulta, que ha dejado de juguetear y se plantea hacer de su vida una vida de provecho. Más doctoral, más liviano, aunque lleno también de sugerentes curvas para recorrer en cada escucha. Sobre su imaginativo charco de ideas planea la sombra de The Incredible String Band, Brian Eno y Tears for Fears. En “Dory” y “Hold Still” asoman los movimientos campestres erráticos de Heron y Williamson, mientras “Two Weeks” y “Cheerleader” parecen recreaciones de Orzabal y Smith, y de paso muestran un lado más radioformulista y cómodo. Pero Grizzly Bear se han colgado el cartel de empollones del nuevo folk por méritos propios, y nuevamente se entregan al suspense y al paisajismo, sumergiéndose en la complejidad y la inquietud estructural, elaborando enormes piezas globalizadoras de una sutileza gigantesca y un talento innato. “Southern Point”, “Fine for Now”, “Ready, Able” o “I Live With You” responden a ese concepto de anti-canción, de composición fácil de seguir pero imposible de aprender, con diversas fases serpenteantes que las hacen realmente grandiosas. Aunque si quieren ceñirse a un parámetro fijo tampoco les sale mal, como ocurre en las selectas y concisas “About Face” y “Foreground”. Sin duda alguna, el oso sigue pisando fuerte.

www.grizzly-bear.net

04 julio 2009

DISCOS

SONIC YOUTH. The Eternal.

Electricidad en vena.

Intocables e inagotables. Cada nuevo disco que sacan es otra vomitona de elogios y la enésima comprobación de la teoría. “The Eternal” (2009) no es menos. Otro trabajo megalítico, hecho desde las entrañas y (al menos es lo que parece) casi sin esfuerzo. ¿Hay algún mal disco de Sonic Youth?. Hagamos memoria, hmmmm: no. Puede haberlos más o menos densos, más o menos duros, pero malo, lo que se dice malo… Ésa es una palabra que borraron hace años del diccionario. Y sin necesidad de hacer nada extravagante o novedoso vuelven a ponerse la corona. Y a dejar en ridículo a los demás. Asombroso derroche de abundancia. Muchas voces se empeñan en decir que ahora son más accesibles, más directos, más pop. Mentira, todo mentira. Declarar a Sonic Youth de interés general es un sacrilegio. Ellos siempre han sido el reverso de la moneda del rock, y ya es tarde para dar la vuelta a la tortilla. Sí es verdad que este álbum, como los anteriores “Sonic Nurse” (2004) y “Rather Ripped” (2006), ahorra retorcimientos innecesarios, pero las orgías de ruido y los riffs fugitivos siguen siendo la base de una estructura indemne y sin fisuras. ¿Y esa presunta nueva afición a las melodías?. Carajo, siempre las hubo. ¿O es que teníais los oídos llenos de cerumen?.

The Eternal” son 54 intensos minutos de electricidad intravenosa y los comienzos vaporosos de “Malibu Gas Station” y “Massage the History” son solo espejismos de una calma chicha inexistente. Aquí hay bofetadas y fuego a discreción, bolas de energía lanzadas cuesta abajo, arpegios suicidas y en general, un banquete guitarril tela de goloso, con el protagonismo vocal compartido y rotatorio, como de costumbre. Kim 7, Thurston 6, Lee 2. La proporción se mantiene. Para no variar Lee se queda la mejor, la setentera “Walkin Blue”, que se pone a la cabeza en el ranking de canción del año junto a “Black Hearted Love” de Harvey & Parish. La perfección supera a la perfección, luego la perfección en su caso no existe. “Antenna”, “Poison Arrow”, “Malibu Gas Station”, “No Way” y “Massage the History” también alcanzan niveles estratosféricos, construidas sin artificios, echando mano de archivo en una superposición de viejos efectos y sonidos natos. Así, “The Eternal” es el presente de los neoyorquinos, pero encaja en su pasado como el pie en un zapato de su talla. ¿Y el futuro?. Uff, aventurar su futuro produce mareos.

www.sonicyouth.com

11 junio 2009

REPORTAJES

YO LA TENGO LO TIENEN TODO.

Homenaje a la banda definitiva del rock.

Señoras y señores, con ustedes YO LA TENGO. Sí, maldita sea, ya era hora de colgarles un homenaje al margen de actualidades pseudo periodísticas, de pasearlos a hombros. Su enésima exhibición en Barcelona ha sido el detonante para saldar esta deuda histórica, un post con fuegos artificiales en este blog. Digámoslo bien alto: Yo la Tengo son los emisarios del rock´n´roll universal y la banda definitiva del rock americano. Lo tienen todo: originalidad, incorruptibilidad, amplitud de horizontes y una vastísima cultura musical. Virtuosismo e improvisación, alma y sentido del humor, nobles compromisos y una profesionalidad que se confunde con el puro hobbie. Así, Yo la Tengo son únicos pero podrían ser cualquier cosa: Creedence Clearwater Revival, The Byrds, la Magic Band de Captain Beefheart, MC5, The Velvet Underground, los Ramones, The Miles Davis Trio o la orquesta de las fiestas del barrio San Antón. Tiene guasa decir todo esto cuando están a punto de cumplir 25 añitos de nada. Sí, bodas de plata artísticas de las que hemos vivido en presente simple algo más de la mitad, el resto en pretérito imperfecto. Yo la Tengo son la actualidad (en forma, omnipresentes, en estado de gracia perpetuo) pero a la vez la historia. Esa historia que han ido sembrando disco a disco desde su primera referencia en 1986 con “Ride the Tiger”, creando y recreando, rebuscando en los gigantescos baúles de la música de todos los tiempos y sacando a la luz las mejores reliquias, desempolvadas y lustradas. Porque ellos son a la vez prestamistas y prestatarios: un nexo de unión entre el ayer y el hoy, y un anzuelo implacable para pescar con éxito en las aguas del futuro.

Los Yo la Tengo prestatarios irrumpían desde muy temprano, en discos como el seminal “Ride the Tiger” (86), “Fakebook” (90) o “Genius+Love=Yo la Tengo” (96), plagados de brillantes versiones que eran como catálogos de “lo que hay que escuchar porque sí” o “los mejores clásicos del rock”. Quien no haya abrazado en su vida gracias de ellos a Wire (“Too Late”), Daniel Johnston (“Speeding Motorcycle”), Love (“A House Is Not a Motel”), The Kinks (“Oklahoma, U.S.A.”), The Flamin´ Groovies (“You Tore Me Down”), John Cale y Lou Reed (“Andalucia”, “I´m Set Free”), Cat Stevens (“Here Comes My Baby”), Jackson Browne (“Somebody´s Baby”), The Beach Boys (“Little Honda”) o Sun Ra (“Nuclear War”), que tire la primera piedra. Ese buen gusto por las covers se mantiene como un rito, saliendo a puñados de las altruistas maratones para la emisora americana WFMU y empaquetadas en tesoros ocultos como “Yo la Tengo Is Murdering the Classics” (2006). Los Yo la Tengo prestamistas son una central nuclear de melodías perfectas, subyugantes desarrollos, distorsiones y ritmos cuaternarios. Tan capaces de taladrar una idea en holocaustos sonoros de muchos minutos como de ir al grano en preciosas pastorales folk-rock. Tan capaces de ponerle al plato principal una guarnición de bossa-nova, jazz o ritmos tropicales como de dejar correr toda la sangre punk que llevan en las venas. De su amplio inventario sería pecado no citar la trilogía mágica de los noventa, con el gran (grande, grande en todos los sentidos) James McNew asentado ya como tercer vértice del triángulo equilátero: “Painful” (93), “Electr-O-Pura” (95) y “I Can Hear the Heart Beating As One” (97). Muchos de sus himnos de leyenda están contenidos en esos discos: “Big Day Coming”, “From a Motel 6”, “Decora”, “Tom Courtenay”, “Stockholm Syndrome”, “Autumn Sweater” o “Sugarcube”, amén de las monofásicas y monumentales “I Heard You Looking” y “Blue Line Swinger”. Todas son añosas pero forman parte del ahora: han sonado cien, tres mil o un millón de veces (en sus conciertos son santo y seña) pero siguen sabiendo como un bollito recién hecho.





Sin embargo, y aunque sus clásicos seguirán siendo los mismos por los siglos de los siglos, ninguno de sus centenares de temas tiene desperdicio. Rebusquemos un poco y veamos qué más cosas son capaces de hacer: tejer tupidas nebulosas, escupir moles de krautrock, pintar relajantes bandas sonoras. ¿Quién dijo límites?. Y lo más curioso de todo es que todo es diferente pero todo es Yo la Tengo. He aquí un muestrario de gemas semi-escondidas, rozando la perfección: “Barnaby, Hardly Working”, “The Summer”, “Sudden Organ”, “Flying Lesson (Hot Chicken #1)”, “Fog Over Frisco”, “Walking Away from You”, “Evanescent Psychic Pez Drop”, “Moby Octopad”, “Deeper Into Movies”, “Saturday”, “Tiny Birds”, “Shaker”, “Daphnia”, “The Room Got Heavy”, “The Race Is On Again”. Ahí queda éso.

Dejemos a un lado el sota, caballo y rey. Hablemos de aspectos extraordinarios, lo que los convierte en definitivos. A Yo la Tengo se les ha visto hacer de todo en sus discos, pero también sobre los escenarios. En España son el clásico entre clásicos, reverenciados y superqueridos. Y no solo por su nombre, primera bromita en los albores, anunciación de su ingenio y simpatía. A propósito del nombre, hay muchas anécdotas privadas que contar. Transcribamos algunas.

Anécdota 1: Repetición hasta el aburrimiento.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
EL OTRO: “Esos son españoles, ¿no?”.

Anécdota 2: Encuentro con un listo.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
EL LISTO: “No hace falta que lo traduzcas; los demás no somos indies pero también sabemos inglés”.

Anécdota 3: Tópico toledano.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
JORGE: “Bueno, aquí en Toledo se llamarían Yo Le Tengo”.

Y así unas cuantas. Lo de “me voy a ver a Yo la Tengo” es ya común (mi querido hermano respondería estupefacto: ¿otra veeeeez?). Pues sí, otra vez, y otra, y las que hagan falta. Porque en sus conciertos uno no sabe lo que se va a encontrar y en directo es justamente donde afloran sus más encantadoras virguerías. Por ejemplo, son de las pocas bandas que a día de hoy se atreven a tocar más de dos horas y marcarse bises, trises y cuatrises. También son de las pocas bandas que pueden sostener un tema en escena durante veinte minutos sin aburrir ni incomodar. También se les ha visto solicitar peticiones a la audiencia y atenderlas sin pestañear; recuérdese lo que hicieron con “You Can Have It All” en su última visita a La Riviera madrileña. Y a propósito de esta canción (otra versión, cómo no), con ella han protagonizado en vivo algunos de sus momentos más desternillantes, y si no compruébese en el siguiente enlace, actuación estelar en el Fuji Rock Festival de 2000. Para partirse el culo.

http://www.youtube.com/watch?v=aWr6Ep8N3OU

Y si de echar unas risas y perder la vergüenza se trata, véanse sus dos videos más estupendos (“Tom Courtenay” y “Sugarcube”) con sus tremendas andanzas como grupo invitado de los Beatles y alumnos de la escuela del rock.


http://www.youtube.com/watch?v=ZtBDlNEME48


http://www.youtube.com/watch?v=zDgpQBaziy0


Y es que Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew, aparte de ser insultantemente intocables como músicos, representan el karma del rock, el anti-esnobismo y la accesibilidad. Totalmente despreocupados por adaptarse a las estúpidas modas, han conseguido ser ellos mismos la moda. Y así, cada encuentro es como una instantánea tomada en la penúltima reunión. Los miras y piensas: “han pasado otros tres años y siempre igual”, “esa camiseta ya se la vi a Ira hace tiempo”, “Georgia no ha cambiado de corte de pelo”, “James lleva las mismas gafas”, “pero qué ricos son”. Y la sensación es de que el tiempo no pasa, de que se detuvo y no arrancó, y empiezas a creer en el jodido mito de la eterna juventud. Eso ocurrió en el pasado Primavera Sound: aparecen en escena y es como el reencuentro con un pariente al que hace tiempo que no ves pero al que nunca olvidas.

Y es que la admiración va algo más allá de la música y la parcialidad es inevitable. Porque otra de las cosas que se les ve hacer en sus giras es la de acercarse a la gente de a pie, autogestionarse, intercambiar opiniones y dejar regalos en forma de rúbrica, foto o sonrisa amable. Por eso son tan entrañables: porque de repente bajan del pedestal y te los encuentras codo con codo, y te inmortalizas junto a ellos en una foto de familia (a la que hace tiempo que no ves pero nunca olvidas). Incluso mientras echa una firma, el gran, grandísimo James te mira a la cara y te dice: “Oye, me gustan tus gafas”. Y yo me hincho como un globo, porque el tío de gafas debe entender un rato.

En fin, el próximo 8 de septiembre es el gran día, fecha anunciada de publicación para “Popular Songs”, su esperadísimo nuevo álbum. “Periodically Double or Triple”, avance que ya se puede oir en su web y que también se pudo saborear en Barcelona, anuncia otra colección de chuparse los dedos. Y aunque finalmente no lo sea, cosa dudosísima, ninguna criatura viva está en su derecho de toserles. Con un poco de suerte volverán pronto a nuestro país y allí acamparemos, contra viento y marea. OTRA VEZ. El que no pueda esperar que vuele a Nueva York en julio; allí actuarán como teloneros (sí, no estoy borracha, ¡¡teloneros!!) de Wilco.

www.yolatengo.com

04 junio 2009

CONCIERTOS


PRIMAVERA SOUND 2009.

Rock and roll can never die.

Que se acabe un festival siempre es una lástima. Que se acabara el Primavera Sound 2009 fue una tragedia. Casi con lagrimitas en los ojos dijimos adiós a posiblemente la edición más nivelada de su historia. O todo fue superior o es que elegimos bien. Siempre quedan cosas en el aire, pero este año predomina la satisfacción por la presencia sobre el arrepentimiento por la ausencia. Aunque el oído viajó atento por acá y por allá en los sufridos tránsitos entre escenarios, y captó que seguramente los conciertos de The Jesus Lizard, Extraperlo, The Magnolia Electric Co., Art Brut, Crystal Antlers, The Mae Shi y Plants & Animals (de folk nada, monada) fueron espectaculares. Pero estuvimos donde había que estar y esto hay que contarlo. Este año no hablaremos sobre organización, con sus pequeñas mejoras, nefastos inventos y defectos repetitivos. Este año hablaremos solo de música. Porque a los enfermos musicales este festival nos medica para el año entero y es una suerte que alguien se tome el interés y la molestia de organizarlo. Gracias, Gabi Ruiz y compañía.

LA BESTIA

NEIL YOUNG (sábado): Todo valía en su caso. Que siga dejándose la piel en escena tras 40 años en el cotarro y un millón de conciertos a sus espaldas es de todo punto emocionante. No lo vimos en el Rock in Rio y las comparaciones son odiosas, pero en Barcelona salió a darlo todo y el único pero quizá sea ajeno a él: faltó volumen. Jamás se vio tal congregación de seres humanos en el escenario Estrella Damm, ni en el festival entero. Y lo verdaderamente emocionante es que jamás se vio tal congregación de seres humanos diferentes; allí estaban indies, modernos, normales y rockeros, familias enteras, entrañables hordas de cincuentones, una mezcla de generaciones, estéticas y sentimientos unidas por un fin común. La extraña magia de la música. Sí, el canadiense sudó la camiseta, aunque no tocara las dos horas y pico esperadas. Se calzó un repertorio para enmarcar, con victoria para “Everybody Knows This Is Nowhere” (69) y “Harvest” (72). Destripó sus guitarras, literalmente en el bis “A Day in the Life” de los Beatles. Dejó fluir su sensibilidad al piano. En resumen, ofreció un concierto pleno de vida y enseñanza, una contundente afirmación de “aquí estoy yo, pequeños, todo me lo debéis a mí”. Momentos así no se olvidan; se guardan en una caja con llave porque ¿cuándo será la próxima?. Quizá nunca. Un diez para él y no se diga más. Set list: “Mansion on the Hill”, “Hey Hey, My My (Into the Black)”, “Are Your Ready for the Country?”, “Everybody Knows This Is Nowhere”, “Pocahontas”, “Spirit Road”, “Cortez the Killer”, “Cinnamon Girl”, “Mother Earth”, “The Needle and the Damaged Done”, “Unknown Legend”, “Heart of Gold”, “Old Man”, “Down by the River”, “Get Behind the Wheel”, “Rockin´ in the Free World”, “A Day in the Life”.

EN LOS ALTARES

YO LA TENGO (jueves): Lo de Ira, Georgia y James no tiene nombre. Cuando ya no sabes qué esperar de ellos se desmarcan, atacan y meten otro gol. El suyo fue el show estrella del jueves, hipervitaminado y salvaje en una larga recta final en la que se sucedieron “From a Motel 6”, “I Should Have Known Better”, “Watch Out for Me Ronnie”, “Big Day Coming”, “Tom Courtenay” y “Blue Line Swinger” para dejar los cuerpos sin resuello. Presentaron dos canciones nuevas que apuntan a un buen próximo álbum. No faltaron los típicos tópicos, de los que nunca se cansa uno: las contorsiones epilépticas de Ira meneando su guitarra, sus rotaciones de vértigo con James, “Stockholm Syndrome”… Ni faltó tampoco el bis de rigor (“Sugarcube”), inmenso pero escaso. Como decía alguien por ahí: siempre iguales, siempre diferentes. Si Neil Young es Dios y Nick Cave Jesucristo, ellos son la Virgen María.

MY BLOODY VALENTINE (jueves): Lo de Kevin Shields tampoco tiene nombre, por motivos opuestos. Caídos del altar estrepitosamente. Que dejan sorda a la audiencia era la cosa que había que contrastar. Pues bien, la realidad supera a la ficción. Ni los tapones regalados a la entrada pudieron amortiguar el desaguisado sónico de este terrorista sensorial, un descerebrado que se ha propuesto acabar con la capacidad auditiva de la humanidad. Seguramente es porque él no se ha puesto nunca enfrente de los bafles, ¿o si?. “Loveless” (91) es un disco enorme, de eso no hay duda. Pero las condiciones de volumen levantan un muro insalvable que aniquila las canciones y las voces, cualquier atisbo de melodía o similar. Puede que sonaran “Only Shallow” y “Soon”, puede. Si esto tiene algo que ver con escuchar música, me retiro del negocio. ¿Ruido?. Ruido es lo que hacen Yo la Tengo, Sonic Youth o Spiritualized cuando les da la gana. Esto son puras ganas de joder.

SONIC YOUTH (sábado): Lo de los neoyorquinos es el cuento de nunca acabar. Energía eterna, pasión inagotable, monstruosa efectividad y otro disco de cojones. Estarán en el geriátrico y seguirán tocando juntos, fijo. Y luego está su inclinación al riesgo. El facilismo no entra en sus planes, con ellos hay que esperar lo inesperado. En este caso, “The Eternal” (2009) fue el protagonista: palpitante presentación en sociedad para “No Way”, “Antenna” o “What We Know”, con un nivelazo que parece mentira tras 25 años o más de ideas estrujadas. Como de costumbre no hubo grandes hits, pero ¿qué canción suya no es un hit?. “Tom Violence”, “Bull in the Heather” y “Expressway to Yr Skull” lo son. Y también hubo ocasión para recordar su anterior paso por el festival con “Hey Joni”, “The Sprawl” y “´Cross the Breeze”; recuérdese que tocaron el “Daydream Nation” (88) de cabo a rabo. Otro puñetazo en toda la jeta. Aunque la próxima vez estaría bien verlos en una faceta menos rocosa y más atmosférica, para variar.

INMORTALES SPACEMEN 3

SPECTRUM (jueves) / SPIRITUALIZED (viernes): Peter Kember y Jason Pierce son dos clones, física y artísticamente. Desde 1991 viajan en cápsulas diferentes, pero siguiendo la misma estela: cimientos de rock dronado y psicodelia cultivada en Spacemen 3, uno añadiendo toques electro, el otro toques de soul. El proyecto de J Spaceman ha trascendido más que el de Sonic Boom, pero ambos pueden vanagloriarse de saber cuidar el pasado caminando con tiento hacia el futuro. Spectrum ofrecieron un concierto recalcitrante, sublime, iniciando con la embriagadora “Mary” y subiendo como la espuma. "When Tomorrow Hits”, “How You Satisfy Me” y “War Sucks” sirven como intensos momentos recordatorio. ¿Y Spacemen 3?. Presentes, en “Transparent Radiation”, “Revolution” y “Suicide”. Por su parte, Spiritualized hicieron lo esperado: el mismo show que en Murcia, con los mismos cambios de densidad y descomunales. Añadieron una exquisita “Ladies and Gentlemen, We Are Floating in the Space”, en la ya popular versión coronada por el “I Can´t Help Falling in Love with You” de Elvis. Volvimos a levitar (esta vez a la vera del mismísimo Jason) al son de “Shine a Light”, “Lay Back in the Sun”, “Take Your Time” y “Come Together”. ¿Y Spacemen 3?. Presentes, en “Walking with Jesus” y “Take Me to the Other Side”. Alucinosis galáctica por partida doble.

VOLVER

THE VASELINES (jueves): El regreso de The Vaselines prometía un hit detrás de otro y así sucedió: no faltaron “Son of a Gun”, “Molly´s Lips”, “Jesus Doesn´t Want Me for a Sunbeam”, “Lovecraft”, “Dum-Dum” o “You´re Think You´re a Man”. Lo que no se esperaba era un sonido tan patético (pregunta: ¿soy la única a la que sonó como el mismo culo?). Lo que quería ser una fiesta se convertía en martirio chino al inicio de cada canción. Haciendo abstracción a duras penas, estuvieron de lo más simpático y entretenido, con largas pláticas entre tema y tema cargadas de ironía y buenrollismo. Y al loro lo estupenda que se conserva Frances McKee.

THROWING MUSES (viernes): Pues no, no vino Tanya Donelly. Se mantiene su última formación formato trío: Kristin Hersh, David Narcizo y Bernard Georges. Más que suficiente; una exhibición de aúpa. Hersh: maga de las seis cuerdas, con la voz cada día más rasgada y sangrante. Narcizo: esas baquetas no son baquetas, son guillotinas cortando el aire. Georges: puro estilo y potencia tocando el bajo. Un placer retomar los 90 en el punto justo donde se pararon: “Shark”, “Shimmer”, “Say Goodbye” o “Bright Yellow Gun”. Puede que estén demodé, pero hay que reconocer que el rock que practican no es fácil. Un rock lleno de saltos, de cambios de sentido, de recovecos y de burbujas. Hay que ser muy bueno para ejecutar a la perfección algo tan complejo.

A CERTAIN RATIO (viernes): El concierto de los mancunianos tenía mucho de obligatorio. Primero, es de esas bandas a las que habías perdido cualquier esperanza de ver en directo. Segundo, es de esas bandas a las que es imposible seguir la pista en sus múltiples virajes. Asentados en el siglo XXI con las piquetas bien clavadas en el suelo, el combo capitaneado ahora por Jeremy Kerr ofreció un tratado de versatilidad. Subsumiendo todos los palos, la madeja dejó palpar fibras de afectación new wave, funky y étnica. El bajo en su punto, la trompeta y el clarinete picando el hielo, y los pitos y bongos para un desenlace rompehuesos. Toda su historia estuvo presente, entera y verdadera. Y temas añejos como “Forced Laugh” convivieron en sincera armonía con novedades como “Mind Made Up”. Enormes.

THE JAYHAWKS (sábado): La estampa de Gary Louris y Mark Olson tocando de nuevo juntos es entrañable. Mucho más lo es volver a escuchar el juego de sus timbres, danzando al unísono. El lugar y el momento eran idóneos para prender la llama, pero el repertorio escogido (retorno al pasado) sumergió por momentos en la monotonía. Solo “Bad Time” y “Miss William´s Guitar” lograron encender el mechero, pero lejos de su objetivo. También fue agradable volver a escuchar “Blue” y “I´d Run Away”, o presenciar los punteos bordados de Louris. Eso sí, no se puede negar la pulcritud de un sonido niquelado, el mejor de todo el festival.

DAMAS & CABALLEROS

ANDREW BIRD (jueves): Solo ante el peligro. Este Andrés Pájaro es un genio. Como un científico loco en su laboratorio musiquil, metiendo en la pipeta pizzicatos mágicos, arqueos sublimes, rasgueos de guitarra y silbidos (cómo silba el condenado), fue construyendo canciones como en un juego de Lego, pieza a pieza. Su lírica recuerda bastante a Rufus Wainwright, solo que Andrew trabaja más y se exhibe menos. El repertorio fue suicida, pero la ejecución dejó al raso sus dotes de erudito y consiguió instaurar el silencio en la explanada Vice. Y esa doble gramola que giraba y giraba detrás de él fue de lo más efectista. Otro que entra por la puerta grande en el club del bricolaje del rock (hola Dominique A, hola Joseph Arthur).

DAMIEN JURADO (viernes): El gran Damien no necesita más que una silla y su guitarra acústica para sacar lo mejor que lleva dentro. El Auditorio es el hábitat ideal para músicos como él, lugar destinado a solitarios profundos en el que por norma se suelen colar especies bullangueras de todo tipo. Su concierto empezó tarde y duró lo justo, pero dejó una sensación flotante de paz interior. Los mejores momentos llegaron a los postres, cuando sonaron las del imprescindible “Caught in the Trees” (2008). No hay palabras para definir canciones como “Everything Trying”.

BAT FOR LASHES (viernes): En esta edición del PS dos mujeres ganaron por la mano. Natasha Khan es la primera. Pequeña hada en un mundo de fantasía, llenando el escenario de cachivaches oníricos e instrumentos no convencionales. Lo suyo fue un desfile de candor y sensualidad, mariposeando de la música disco al intimismo y viceversa. Las electro sonaron rotundas, sin el efecto chicle de sus grabaciones, con mención especial para “Sarah” y “Two Planets”. Las baladas son su punto realmente fuerte; “Siren Song”, “Tahiti” y una nueva “Prescilla” con solo al arpa suspendieron en el aire polvo de estrellas. Con una capacidad vocal discreta pero efectiva, la anglo-pakistaní exprime sus posibilidades hasta la última gota. Y todos los honores para su gran banda de mayoría femenina, con nombres de primera como Charlotte Hatterley y Ben Christophers.

JASON LYTLE (viernes): No tiene explicación. ¿Por qué se marchó tan pronto el señor Lytle?. ¿Restricciones de horario o una rabieta ante el lapsus de coordinación de sus músicos?. Y justo cuando estábamos todos en el ajo, flipando con sus sutiles revisiones de los clásicos de Grandaddy. Y justo cuando acabábamos de engancharnos a ese ambiente escénico tan solemne, cual Lambchop tocando en La Madeleine de París. Fue como meterse a la gente en el bolsillo y luego escupirle a la cara. Él sabrá.


JARVIS COCKER (viernes): Jarvis es un showman, es un hecho. Últimamente tiene más palabrería sociopolítica que canciones, pero sus coreografías son de traca. Total, que había que echarle un vistazo, y ver hasta qué punto llega su alineación con Steve Albini. Pues bien, el concierto se acabó tras 4 temas. “Pilchard”, “Angela”, “Further Complications” y “Fat Children” son las únicas que merecen la pena de toda su (cargante) discografía en solitario, y las tocó a las primeras de cambio y seguiditas. Así que después de eso y de echar unas carcajadas a costa de su free-style, poco había que hacer allí. Misión cumplida y a otra cosa, mariposa.

ALELA DIANE (sábado): La segunda dama vencedora del PS fue Alela Diane, que en compañía de su padre (a la guitarra) y de sus amigos hippies (a los coros, bajo y batería) llenó el Auditori de nostalgia años 60. Su voz perlada y su encanto juvenil encandilaron, y canciones como “White as Diamonds”, “The Alder Trees” y “To Be Still” llegaron al corazón, emocionando casi hasta la lágrima. La forma de cantar de esta mujer tiene algo superlativo y sobrenatural. A fuerza de sinceridad y ligera de artificios, una nueva Joan Báez ha nacido para la gloria.

JEREMY JAY (sábado): Nada que ver el directo con sus discos. Nada que ver con el lo-fi caduco de nuevo romántico amargado. En la vida real Jeremy es un cachondo y se lo pasa guay. Y su música suena como si la hubieran barnizado a conciencia. Aunque la cosa quedó deslucida por el apagón técnico doble que mantuvo el concierto en suspense durante un cuarto de hora. El tío se partía de risa, pero no es que hiciera mucha gracia. Estas contingencias matan el interés creado por la continuidad, y más aún si acaba de sonar “Breaking the Ice”. El chaval tiene temazos (“Beautiful Rebel” y “Gallop” despuntaron) pero muchos se los dejó en casa. Aunque podía haber sido mejor, qué majo es.

RAROS, RAROS, RAROS

WOMEN (jueves): El primer concierto del PS fue un trámite prescindible. Como era previsible, los matices y giros que arroja el mp3 no aparecen en vivo. Así, la cosa se convierte en un mazacote de rock distorsionado y desgarbado al que cuesta seguir el hilo. “Black Rice” es un himno superior, pero la tocaron tan pronto que el interés se vino abajo con mucha antelación.


WOODEN SHJIPS (jueves): En todos los festivales hay un grupo revelación, los californianos se llevan el premio en este. Sus auras de psicodelia envenenada quedan recreadas a la perfección gracias al teclado envuelto en papel de plata y a la etérea voz de un Erik “Ripley” Johnson que parece el hermano gemelo de Warren Ellis. A la vez, ganan músculo y consistencia con una potentísima sección rítmica. Su música perfora la masa gris, atrapa y aligera, lanzando los sentidos a un viaje sin necesidad de sustancia alguna. Juro que por momentos parecían The Doors. Joyas como “Motorbike” y “Death´s Not Your Friend” fueron agua bendita para unos oídos que venían de ser cruelmente masacrados por el carnicero Kevin Shields. Todo un reconstituyente, aunque tristemente breve.

LIARS / DEERHUNTER (sábado): Hace un par de años Liars venían de gira por España con unos desconocidos teloneros que respondían a Deerhunter y maravillaron al personal. A fecha actual, las tornas han cambiado: los de Bradford Cox se han hecho mayores y tocan en escenarios grandes, mientras que los mentirosos siguen moviéndose en el lado oscuro, lugar del que parece que no tengan intención de salir. Ambos conciertos coincidieron en el tiempo, con resultados diferentes. Liars aparecieron en el ATP como siempre, dando miedo, con intención de explotar su lado sanguinario-punk. Un placer asistir al desarrollo intrincado de “A Visit from Drum” y “Hold and It Will Happen Anyway”, pero a veces soportar a Angus Andrews se hace cuesta arriba. Cambio de moneda. Deerhunter no se verán en otra igual: recogiendo a todos los peregrinos de Neil Young en un escenario Rockdelux hasta la bandera. Con un repertorio más cohesionado que el de un año atrás (soberbias “Crystograms”, “Hazel St.” y “Nothing Ever Happened”), demostraron una vistosidad y solvencia de facto que los augura como la nueva Velvet Underground. Veremos hasta donde llegan.


BAILAD, MALDITOS

DAN DEACON ENSEMBLE (viernes): Vale, ya sé de qué va el rollo de este Dan Deacon, al que todo el mundo me aconsejaba no perderme. Va de mezcla entre MC, performer y presentador barato de la tele. Va de un montón de tías y tíos formando un ensemble de tambores, bombos, panderetas, cassiotones, guitarras y vientos, que cuando tocan (todos a una, como Fuenteovejuna) montan la de Cristo y se coordinan de perlas. Va de un rollo simpático y meneón entre los Pitufos Maquineros y Animal Collective. Va de interacción con el público, de estimulación y participación colectiva. Pero claro, cuando los mítines y los juegos reunidos Jeyper abren espacios tan grandes entre canción y canción, uno acaba hasta las narices. Para ver chabacanería borreguil me pongo Tele 5 y se acabó.

FUTURO EN POTENCIA

CRYSTAL STILTS (viernes): A día de hoy, todos los grupos quieren ser Joy Division. De momento nadie lo ha conseguido, aunque Crystal Stilts se acercaron bastante con la publicación de “Alight of Night” (2008). Sin embargo en directo cualquier parecido con el mito de Manchester es pura coincidencia. Solo la voz de Brad Hargett (calco del Bob Dylan de Newport 65) tiene un timbre inequívocamente Ian Curtis. Dicen que en cada escenario y/o ambiente suenan a una cosa; en el Pitchfork sonaron a no se sabe qué, ni claros ni oscuros, ni frío ni calor. “The Dazzled” brindó el mejor rato y el resto fue relleno.

OTRAS EXPERIENCIAS

MAGIK MARKERS (jueves): La leyenda dice que Elisa Ambrogio es un animal salvaje encima de un escenario. La prensa dice que Magik Markers están presentes en el testamento notarial de Sonic Youth. La experiencia aconseja ver antes de creer. Solo fueron diez o quince minutos, suficientes para detectar el error. Por muy contracultural y experimental que sea, no se puede empezar un concierto de forma tan retorcida, muerta y absurda.

THE DRONES (viernes): La otra cosa, mariposa, después de Jarvis fueron los australianos The Drones. Dos o tres canciones es lo justo y necesario para no caer exhausto, angustiado y asfixiado. Porque, sí, Gareth Liddiard tiene una garganta impresionante, pero mortal en altas dosis. Si su concierto fue como el desenlace final, podría decirse que fue un brutal concierto.


THE NEW YEAR (sábado): Lo más llamativo de esta edición del PS ha sido el afán madrugador de la gente para acudir al Auditorio. Tanto el viernes como el sábado, el recinto se abrió con largas colas para acceder a los conciertos más tempraneros. Curiosa la cantidad de adeptos adoradores de The New Year. Una banda, cruce entre Luna y Mogwai, que se mueve a la sombra de los grandes pero que podría con ellos en un cuerpo a cuerpo. Abrieron con “Folios” poniendo muchos pelos de punta. Su intensidad en escena es variable y falla la voz de Matt Kadane, pero vivencias como “The Door Opens” merecieron el perdón de la siesta.

HERMAN DUNE (sábado): Otros que se lo pasan pipa. La alegría de vivir de David-Ivar Herman Dune es más contagiosa que una gripe en una guardería. Que te toquen “Your Name/My Game” justo antes del concierto de Neil Young es la repera. Aunque a veces los músicos abusan en demasía de contar sus vidas a la audiencia y a éstos les pasa. Pese a todo, fue un aperitivo simpático antes de la llegada de la bestia.

26 mayo 2009

DISCOS

BILL CALLAHAN. Sometimes I Wish We Were an Eagle.

Todos los nombres.

Vale, ya ha quedado claro. Bill Callahan es lo mismo que Smog. Que a su vez es lo mismo que (smog). Que a su vez es lo mismo que un músico de su tiempo pero intemporal. Música hecha para sobrevivir. Y la filosofía de la supervivencia nunca es fácil ni barata, pero otorga una cosa grande y maravillosa, cuyo significado desconocen muchos, o conocen pero luego olvidan: esa cosa se llama dignidad. Bill Callahan es el número uno de los supervivientes, esto es, de los dignos. De los pocos autores de nuestra época (tampoco somos tan jóvenes, hay que aceptarlo) que provocan y a la vez sanan la herida. Un día decidió que por qué llamarse tal pudiendo llamarse cual, que qué diantre importa el quién si lo que trasciende es el qué. Y así, en sus peregrinaciones nominales, sigue haciendo lo que sabe: prestidigitación con los acordes y las palabras. El suyo es el cancionero de un clásico. De un músico ilustrado y aplicado. De un músico imprescindible. Este tío se merece un reportaje; veremos cuándo.

Por lo pronto toca abordar su última entrega, segunda firmada con nombre propio. Si “Woke on a Whaleheart” (2007) lanzaba un repóker sobre la mesa, este “Sometimes I Wish We Were an Eagle” (2009) se antoja continuista. En él Callahan vuelve a dar cancha a los arreglos y acompañamientos orquestales, que enfrían el aceite hirviendo vertido por sus angostas guitarras. Guitarras que se han desenchufado para tejer canciones amables en la superficie, de trasfondo misterioso, sesgadas y con el copyright de su autor impreso a hierro y fuego. Si el anterior álbum deslumbró por su frescura y optimismo, este contiene menos sorpresas. Eso no significa descender de los niveles en los que el tejano de adopción se ha movido desde siempre: la cumbre, el lugar desde el que todo lo demás se aprecia diminuto. Ni tampoco significa nadar y guardar la ropa: hay equilibrismo, agujeros negros y alguna osadía incómoda. Desde la cumbre nace “Jim Cain”, que vuelve a envolver el oído en una sábana de seda; también “Too Many Birds”, pareja idónea de baile para “Sycamore”, cuyo último verso crece y se reproduce en un ingenioso juego de construcción (“if-you-could-only-stop-your-heart-beat-for-one-heart-beat”). La negrura y la inquietud se ciernen hacia el final; el músculo añadido por la línea de bajo en “My Friend” y la batería en “All Thoughts Are Prey to Some Beast” (¿no huele a Joy Division?) las hace tentaculares y siniestras. El círculo asfixiante lo completa “Invocation of Ratiocination”, un experimento atmosférico novedoso que desemboca en la extensa “Faith/Void”. En ella el protagonista es capaz de afirmar con total serenidad y repetidas veces “es hora de apartar a Dios, este es el fin de la fe” y quedarse tan ancho.

No es la primera vez que Bill Callahan asombra con su lírica feroz. Frases como “el amor es el rey de las bestias (…), un león por las calles de la ciudad” (“Eid Ma Clack Shaw”) siguen consagrándolo como eminencia de los textos, caballero de la metáfora y la afilada verdad, del contrasentido y del doble sentido. Mientras en el caso de otros la música dicta el camino de las palabras, él elige la inversa: el trazado de la canción queda sometido al discurso de su voz, la gran voz, suya y de nadie más. La voz de todos los nombres.

www.myspace.com/toomuchtolove

25 mayo 2009

AGENDA

NOS VAMOS AL "PRIMA".

Un festival de bandera.

Suscribo el dicho últimamente tan popular: al Primavera Sound no le afecta la crisis. Para esta edición de 2009, la novena de su historia y quinta en el Fórum, la casa ha volado por la ventana. Un cartel espectacular, coronado con una guinda de nombre y curriculum propios: Neil Young. El canadiense es sin duda el reclamo número uno de un festival que sigue encabezando la resistencia, absolutamente fiel a sus principios. Estará en el escenario Estrella Damm el sábado, brindando dos horas y media de fervor, posiblemente paralizando el Fórum y Barcelona entera. Sin embargo, la oferta de buena música no se detiene ahí; sumando nombres, el Primavera Sound se convierte otro año más en el más acertado, excitante y arriesgado acontecimiento del año. Pocos competidores se le arriman a los talones a nivel nacional e internacional, excepción para el mítico All Tomorrow Parties, aliado inevitable desde hace tres temporadas. Siempre ha sido de agradecer; pero dados los tiempos que corren, la gratitud se multiplica y la proximidad del evento se vive como si fuera el último y único festival de una vida. La receta de este año vuelve a unir nombres ilustres y veteranos, perpetuos o recientemente reunidos, con un amplio abanico de nuevas bandas que dan un sabor menos amargo al futuro. En cuanto a géneros musicales, la variedad queda nuevamente salvaguardada: revoluciones, pop sofisticado, clásicos, electrónica de magistratura, country-rock y un pellizco de hip-hop, amén de engendros inclasificables y sin límites de creatividad. Este es un amplio resumen de lo que se avecina los días 28, 29 y 30 de mayo.

EN LOS ALTARES: De los muchos grandes nombres del cartel (mención aparte para su gran cabeza), Sonic Youth, Yo la Tengo y My Bloody Valentine son los indiscutibles. Esos a los que no hay que perderse so pena de arrepentimiento. En los dos primeros casos, la experiencia contrasta su efectividad en directo, y pese a no tener material reciente conocido, siempre es un placer retomar sus gloriosos históricos, leyenda viva del rock independiente en ambos casos. Con My Bloody Valentine más vale pájaro en mano: habrá que disfrutarlos el jueves al aire libre, aunque su show exclusivo del viernes en el Auditorio prometa seismos y tímpanos destrozados.

INMORTALES SPACEMEN 3: Jason Pierce no es el único que mantiene caliente el legado de los hombres del espacio. Peter Kember hace lo propio desde su proyecto personal, Spectrum. Ambos estarán presentes en esta edición, y las canciones de Spacemen 3 seguro que coparán algunos de sus minutos más apoteósicos. ¿Sonarán “Revolution” o “Take Me to the Other Side”?. Casi se da por hecho. ¿Serán capaces de asistirse y aparecer juntos en escena?. Harto improbable, pero podría ser la bomba del festival.

LUCHANDO CONTRA LA BESTIA: Oneida no se lo merecen. El diseño horario ha determinado su pugna desigual contra el invencible. Su concierto en el escenario Vice coincidirá de lleno con el de Neil Young, para indiferencia de muchos y pena de algunos. La discografía de los de Brooklyn es tan sublime, misteriosa y variante, augura un directo tan epatante que los convierte, sin duda, en una renuncia dolorosísima.

VOLVER: el Primavera Sound vuelve a erigirse en padrino de reuniones emotivas, grupos que volaron por los aires, recompuestos para la ocasión. Tal es el caso de The Jayhawks, que regresan con todas sus piezas: teloneros de lujo para Neil Young. Igualmente ocurre con Throwing Muses, icono de la escena bostoniana en los noventa, en barbecho intermitente y regenerados para debutar en nuestro país, parece ser que con Tanya Donelly. A Certain Ratio se subieron hace poco al autobús del revival, sin ánimo de vivir de las rentas y con nuevo trabajo (“Mind Made Up”); si abarcarán toda su historia o solo una parte es un misterio que convierte a su concierto en sorpresa. Y en el caso de The Vaselines y Th´Faith Healers, nunca se consiguió tanto con tan poco: sus materiales ochenteros son reliquias mínimas, pero tan excitantes que bien valen una misa.

GRANDES CABALLEROS: Es obvio que las damas pierden en número en esta edición del Primavera Sound, aunque algunas son de armas tomar: Natasha Khan, Marnie Stern, Alela Diane, Elisa Ambrogio o las Vivian Girls. Entre los caballeros, Andrew Bird, Jarvis Cocker, Joe Henry y Jeremy Jay anuncian el despliegue de sus variopintos encantos y talentos sobre los escenarios. También llaman la atención el regreso de Jason Lytle en solitario (alguna de Grandaddy se aceptaría de buenísimo grado), la refrescante extravagancia de Chad VanGaalen, la letanía folk de The Tallest Man on Earth (el Dylan sueco, según las lenguas) y la sinceridad a flor de piel del veterano y solvente Damien Jurado.

MADE IN SPAIN: La oferta de grupos nacionales en el cartel cada vez es más modesta, pero altamente selectiva. Tokyo Sex Destruction, Los Punsetes, Extraperlo, Rosvita, La Bien Querida, Veracruz, The Secret Society, Cuzo, Klaus & Kinski o Joe Crepúsculo y los Destructores compondrán una muestra de la música intramuros. Algo pírrica, sí, pero digna.

RAROS, RAROS, RAROS: Liars, Deerhunter o Gang Gang Dance ya son duchos en la materia de horrorizar o encantar con propuestas muy personales y nada fáciles. A su vera se desarrollan nuevas bandas que darán que hablar, cuyos discos perfilan formatos imposibles de adaptar al directo: habrá que ver qué son capaces de hacer Women (el todo vale), Wavves (la melodía enterrada en ruido), Wooden Shijps (la psicodelia elevada al cubo) o Mahjongg (puro surrealismo, sin más).

BAILAD, MALDITOS: La electrónica tampoco podía faltar en esta edición. A los consagrados nombres de Aphex Twin, Squarepusher o Simian Mobile Disco, se unen interesantes propuestas como las de Ebony Bones, Lemonade, The Bug, Skatebärd o el pirado Dan Deacon. Eso sí, habrá que ver cómo están los cuerpos a ciertas horas.

EL PUNTO DEL AÑO: En casi todas las ediciones, el festival programa algún grupo y/o artista que despista, difiere o simplemente globaliza. Ya ocurrió en el pasado con Lluis Llach, Enrique Morente o Motörhead. Este año la figura disonante es Michael Nyman, que junto a la Michael Nyman Band convertirá el Auditori en un escenario de otra galaxia, en otra dimensión y para todos los públicos. Ojo al dato: el señor Nyman es mucho más que el hombre que compuso la banda sonora de “El Piano”.

EL FUTURO EN POTENCIA: El Primavera Sound (con ayuda de Pitchfork.com, cómo no) se ha llevado este año al bote algunas de las bandas noveles más prometedoras de la escena actual. Recomendaciones: el noise descarado de los chinos Carsick Cars, las bocanadas de ruido de Crystal Antlers, el pop grandilocuente de Shearwater, el rock oscurantista de Crystal Stilts, la psicodelia viajera de Sleepy Sun y el folk amigable de Plants & Animals y Bowerbirds. Los cuatro últimos estarán también actuando en el Parque Joan Miró, al abrigo de los árboles, el sábado y el domingo.

Esto es lo que hay. Demasiado para tan poco tiempo. Por supuesto, habrá que seleccionar, alimentarse bien y dejarse la piel en tres días de música non stop. Esto no va a ser como el SOS.

www.primaverasound.com


11 mayo 2009

DISCOS

ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3. Goodnight Oslo.

Viviendo con lo puesto.

Podría ser un disco de los actuales REM sin Michael Stipe ni Mike Mills; los tres venusinos no son otros que Peter Buck, Scott McCaughey y Bill Rieflin. Pero su rol como acompañantes del gran Robyn Hitchcock está perfectamente encuadrado. Y aunque en muchos casos las guitarras de Buck se manifiesten inequívocamente reconocibles, quedan por contrato al servicio del compositor. Un compositor de pluma fina, bebedor de influencias remotas, amigo de antiguallas sónicas. Este “Goodnight Oslo” (2009) parece perpetrado por una alianza judeo-masónica con los mitos del pop, el soul y el country de los 50 y los 60; o si no, escúchense “What You Is”, “Saturday Groovers”, “Up to Our Necks” o “TLC”. También hay símiles más cercanos en el tiempo; “Your Head Here” recuerda a los mejores The Go-Betweens, “I´m Falling” a los peores James. Pero ante todo, hay destellos de gran lucidez plasmada en modestas joyas contemporáneas, como “Hurry for the Sky”, “16 Years”, “Intricate Things” o la temporizada “Goodnight Oslo”, radiante cierre para un decálogo que no inventa nada, pero que vuelve a revelar la autenticidad y buen gusto de su autor y la experta audacia de sus colaterales. Como hizo “Olé Tarántula!” (2006) en su día.

www.robynhitchcock.com

10 mayo 2009

DISCOS

PJ HARVEY & JOHN PARISH. A Woman A Man Walked By.

La sinergia positiva.

Después del accidentado episodio vivido en el SOS 4.8 murciano, es hora de hacer justicia a un gran disco y a una de las parejas más fieles y mejor avenidas del rock. También es justo que John Parish aparezca con letras grandes en los créditos, pues desde tiempos remotos ha sido un puntal intachable en la carrera de su gran amiga Polly. Juntos vuelven a marcarse un fifty-fifty: Parish compuso los temas, Harvey los adorna con letras que se columpian entre lo tierno y lo visceral, lo poético y lo trágico. El resultado es un baño de gloria para ambos y retrotrae a la PJ de hace algunos años, a las inferencias eléctricas de, por ejemplo, “Stories from the City, Stories from the Sea” (2000). La canción que abre el disco no deja dudas: “Black Hearted Love” es toda intensidad y pulcritud, con un desenlace monstruoso (“I´d like to take you to a place I know, my black hearted” dice ella con convencimiento). A partir de ahí, el espíritu está predispuesto y preparado para lo que venga. Canciones para todos los gustos: asimétricas, sísmicas y profundas. Polly Jean muestra todas y cada una de sus caras en ellas: la de rockera sexy en la propia “Black Hearted Love”, la de esquizofrénica en “Sixteen, Fifteen, Fourteen”, la de perruna punky en “Pig Will Not”, la de criatura celestial en “Leaving California” o la de gran dama victoriana en “Passionless, Pointless”. Los experimentos también son bienvenidos, evidenciando la amplitud de recursos de la pareja artística. “The Chair” abre una sima cerca de la mitad del disco, con disonancias y atrezzo digital a lo Radiohead. La curiosa “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go” se desarrolla en dos actos, viajando de una turbulencia pro-Nick Cave a un agradable facilismo lounge. Y qué decir de la garganta de nuestra protagonista: aquí se marca un catálogo vocal de aúpa, con todo tipo de falsetes, timbres nasales, pláticas, susurros y alaridos.

Trece años después de aquel “Dance Hall at Louse Point” (96), he aquí un nuevo testimonio de la sinergia positiva: uno más uno no es dos, sino mucho más.

www.pjharvey.net


07 mayo 2009

CONCIERTOS


ESTRELLA LEVANTE SOS 4.8

Diario del tropecentésimo festival.

Jueves 30 de abril: Uff, qué pereza, mañana de festival. Sí, es la primera vez que me apunto a un festival por inercia, sin dedicación ni estudio previo. Pero no está la cosa ahora mismo para hacer ascos a nada. Y si la cuestión es pasar un buen rato con los amigos, poco importa que el cartel sea de lo más discretillo. Y de paso echaremos unas oraciones a Santa Polly, San Jason y San Matthew. Aunque la incertidumbre me corroe: ¿podremos acceder a los conciertos del auditorio?. Si de lo poco poquísimo que me interesa no puedo ver ni la mitad, ¿habré invertido bien el tiempo y el dinero?. El dinero puede que sí: 35 euros por un festival de dos días es un precio mucho más que justo y ejemplar. Pero se supone que ese precio debería servir para acceder a un evento en su conjunto; lo de organizar sesiones de aforo restringido ya empieza a cabrearme (y no soy la única). Sí, muy bonito lo de los auditorios, un marco incomparable, sonido inmaculado, bla, bla, bla… pero que me informen antes de sacar la entrada de cuales son mis derechos y obligaciones. Puede que los artistas exijan más de la cuenta o que los organizadores consideren de lo más cool este tipo de inventos, pero el que paga es el que manda, y el que manda dice MÚSICA PARA TODOS.

Viernes 1 de mayo: Un viajecito a Murcia de lo más placentero. Primera parada, la sede del festival. A hacer cola y rezar, porque PJ Harvey y John Parish lo valen. Poco antes de las 2 de la tarde, aguacero descomunal. Gente empapada hasta los huesos y la taquilla que no abre. Y cuando abre la fila no avanza. Porque (primer y grave defecto organizativo) solo hay una ventanilla para repartir pases y canjear pulseras. Y así, nos dan las uvas. Y nos dieron, qué duda cabe, pero al menos tenemos la puta entrada del auditorio. Misión cumplida (o eso creímos). A casita a comer.

De regreso al recinto de La Fica con la hora un poco justa, por culpa de contingencias varias. Y en la entrada al festival, caos. Información nula, accesos no señalizados, a chupar otro desastre de cola y el concierto del día a punto de empezar. Por fin dentro y con todo en regla, la puerta del auditorio se cierra ante nuestras narices. “Aforo completo” dice un segurata. ¿¿Cómo??. La gente se enciende. “No, con el concierto ya empezado no se puede entrar” apunta otro. La gente se sigue encendiendo. Empieza a sonar “Black Hearted Love”, la pantalla gigante habilitada en el SOS Club ya arroja imágenes del show. Minutos de incredulidad, crispación y protesta, lo nunca visto. Las penalidades que hemos pasado para esto… Al final accedemos, pero con un mosqueo supino y la mitad del concierto en la basura. Y aunque Polly Jean lo está dando todo (“Taut”, “Leaving California”, “Pig Will Not”, “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go”, “April”, “Cracks in the Canvas”), exhibiendo sus superdotados recursos vocales al amparo de una increíble banda comandada por el elegante Parish, el sabor es agridulce. La sensación es de “vaya mierda de festival”.

Salimos del auditorio, intentemos arreglar la cosa. Demos una vuelta, busquemos música en directo, metámonos en el ambiente y relajémonos. Optamos por las suecas Those Dancing Days: espesas como el alquitrán. Nos vamos a ver qué hace Duffy: fláccida y gelatinosa. Esto no hay quien lo arregle. ¿Quizá The Prodigy?. Porque está claro que Pete Doherty no va a ser. Incomprensiblemente, Babyshambles gustan más cuantos más son los cargos penales y peor son las canciones. Enhorabuena, Pete: has clavado dos punteos difíciles y parece que esta vez te sabes la letra. En tu estado comatoso, poco más se te puede pedir.

The Prodigy son el segundo plato fuerte del (flojo) día. Pero tampoco arreglan nada. Tras diez años sin dedicarles ni un minuto, “Breathe”, “Firestarter” y “Smack My Bitch Up” (la mejor, sin duda) intentan volver a florecer, pero se chuchurren en un conjunto saturado, lineal, exento de sorpresas, donde las luces siempre son rojas y azules y todo suena igual. Otros para los que su momento ya pasó. Vámonos a dormir, que por hoy ya está bien de penar.

Sábado, 2 de mayo: Hoy es un día extraño. Mientras todos tienen en su cabeza el Madrid-Barça, yo solo tengo en la mía al hombre del espacio. A la porra The Matthew Herbert Big Band, hemos convenido por consenso después de la odisea de ayer. Pero lo que son las cosas, entramos al recinto y comprobamos que las puertas del auditorio están abiertas y desiertas, y que un colega reparte tickets y nos invita a entrar. Pues, p´adentro se ha dicho. Ahí está el loco Herbert, haciendo sus típicas y encantadoras locuras; pasando por la batidora los sonidos de la Big Band (la banda de jazz más gamberra y locuela de la historia), creando un magma que lo cubre todo, entre lo retro y lo vanguardista, con enorme imaginación y sentido del humor. Espectáculo bizarro e impagable. Antes de que acabe (y con gran dolor de corazón) hay que abandonar; pre-calentamiento para flotar en el espacio.

Spiritualized son la razón de que yo esté aquí, así que hay que entregarse en cuerpo y alma. Gracias, obsesión futbolera: escenario Estrella Levante semi-desierto y Jason entero para mí. Su música (sobre todo en directo) me hace levitar; esta vez no podía ser menos. Solo hay que dejarse llevar por las olas, ese tempo contenido que desemboca en furiosa marea sin inflexión notable, con continuidad. Ejemplo claro de lo dicho son las grandiosas “Shine a Light” o “Take Your Time”. Un repertorio de chuparse los dedos, con las habituales de Spacemen 3 (“Walking with Jesus” y “Take Me to the Other Side”), con cera eléctrica (“You Lie You Cheat” y “Cheapster”), con la emotiva “Soul on Fire” (mucho mejor en vivo y en bruto), con un impactante sorpresón añejo (“Lay Back in the Sun”, comienzo de la levitación) y con los dos inmensos himnos de la navegación galáctica (“I Think I´m in Love” y “Come Together”). Y de postre, cinco minutos de mutilación sónica, ruido y furia, desbarajuste y llamaradas, J Spaceman estrellando el mástil de la guitarra contra el micrófono, los pies a varios centímetros ya del suelo… El jodido está vivito y coleando.

Tras el aterrizaje, dos reflexiones consecutivas: 1) Obligatorios en el Primavera Sound. 2) Hay que recuperarse del trance. La segunda reflexión me lleva a pasar de Russian Red, de Keane, de Second y de todo lo sonable, a apoltronarme en un puf en la currada zona chill-out del SOS Club, y a ver pasar la vida festivalera por delante. Y de repente me doy cuenta de que es el primer festival (y llevo tropecientos) en el que no voy corriendo de un escenario a otro con el ansia, en el que ni siquiera miro el planning del día, en el que me importa un bledo quien esté tocando acá y allá. Un festival desde el otro lado. El espacio SOS Club se convierte en un paraíso singular, con su coqueto mobiliario, la música de los DJs griegos y el efecto narcoléptico del agua en movimiento. Y entre ganduleo, fotos y risas, llega la hora de Underworld.

Con permiso de los hermanos químicos, Underworld son a la música electrónica lo que Plácido Domingo a la ópera. Todavía arrastro las secuelas del impacto sufrido en Benicasim hace cuatro años. Pero qué cracks, vuelven a superarse. Los tubos aerostáticos se inflan y comienza el desenfreno. Karl Hyde se ha dejado pelo, se ha engalanado con una chaqueta de lentejuelas que echa chispas, se vuelve del revés bailando en una hiperactividad más contagiosa que el virus de la gripe A. Esto sí que es una pandemia de alerta 5; cuerpos que botan, brazos que se elevan, pies que se pisan. Y no faltan las buenísimas: “Cowgirl”, “King of Snake”, “Born Slippy”, “Two Months Off”... Requetetemazos. Y los tubos desaparecen, y aparecen luces mutantes, y las luces viran en imágenes, y de no se sabe donde surgen globos gigantescos que vuelan sobre nuestras cabezas. Y todas las fiestas vividas, habidas y por haber se quedan en mantillas: ésta es la madre de todas las fiestas. Así que es normal que después nadie quiera irse a dormir, hay que seguir. Con los 2 Many DJs o con Matthew Herbert DJ, lo mismo da. Al final, por cortesía, hay que abrazar la sesión de Herbert, que en su afán de pinchadiscos airea las mismas maneras tecnócratas que en su faceta de músico. Un gran alquimista del sonido, que tampoco hace ascos al tribalismo, a la música disco petarda o al propio James Brown (gran fin de sesión).

Adiós a otro festival. Un festival inaugurado con desastre y finiquitado con buen sabor de boca. Aunque me quedo con la duda de qué pinta la idea de sostenibilidad en un mundo de organismos hasta el culo, comida basura, despilfarro energético, contaminación acústica y montañas de residuos en el suelo.

Crónica dedicada a toda la ONG.

A Carmen: gracias por las fotos.


19 abril 2009

RETROSPECTIVAS

CROSBY, STILLS & NASH. Crosby, Stills & Nash.

Joyas de los sesenta (3ª parte).

Quedó prometido. Ha llegado la hora del homenaje a otro supertrío de los sesenta, el formado por David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash. Su carácter de trío fue intermitente y estacional, convertidos en cuarteto por periodos con la incorporación del donante de la Y (¿hace falta nombrarlo?). Pero ahora toca hablar de los sesenta, y este debú data del prolífico y espectacular 1969. Eran los inicios, y en el inicio eran tres, reunidos en huida hacia delante por desavenencias (Crosby-The Byrds), rupturas (Stills-Buffalo Springfield) y antojo aventurero (Nash-The Hollies). Su primer álbum es una auténtica joya de finales de la gran década, un monumental espectro de melodías y armonías, su especialidad. Y es que hay un santo y seña de CSN: las voces, la triple armonía, la perfecta conjugación de timbres y el valor añadido que aporta a la canción. “You Don´t Have to Cry” o “Helplessly Hoping” son sobresalientes de por sí, pero los cantores las hacen refulgir de tal modo que parece que el mensaje es de todos, para todos, demandando implicación.

Crosby, Stills & Nash” (69) es un mercadillo sonoro de preciosos abalorios musicales, donde el folk, el blues y la psicodelia se venden muy económicos. Las unidades se combinan y ensartan, y nacen grandilocuentes piezas (“Wooden Ships”, “Long Time Gone”) de estribillos imponentes, rapsodias con final festivo (“Suite: Judy Blue Eyes”), memorandos joviales y hedonistas (“The Marrakesh Express”, “Pre-Road Downs”) o baladas de lagrimita fácil (“Guinnevere”, “Lady of the Island”).

Y ahora viene un atrevimiento, un pseudo suicidio verbal que provocará discrepancias y levantamientos varios: las posteriores correrías como CSNY, con la aportación del genuino e intocable de la Y, tuvieron sus innegables momentos de genialidad. Pero no hay ningún álbum como cuarteto que supere la benevolencia y hondo calado de éste.

www.crosbystillsnash.com

16 abril 2009

DISCOS

AIDAN MOFFAT & THE BEST OFS. How to Get to Heaven from Scotland.

Abstracciones de lagos y tierras altas.

Oh, Escocia. Hermosa tierra de duendes, lagos y verde, donde el paisaje y la poesía se confunden, donde las luces y las sombras se baten en duelo. No es difícil alcanzar el cielo desde Escocia; descubrirla es (fue no hace mucho) un placer de los que dejan huella. Recuerdos, cuántos recuerdos. El vértigo gravitatorio desde el castillo de Culzean y los bucólicos rincones que inspiraron a Walter Scott. Las leyendas heroicas de William Wallace y Robert The Bruce supurando por los rincones de Stirling, y el firme decorado sin actores del idealista Robert Owen en New Lanark. El inmenso e intrigante lago Ness y la grisácea Inverness. La isla de Skye, paraíso salvaje, y el fantasmagórico castillo de Eilean Donan. La rueda de Falkirk, colosal invento ingenieril. La majestuosidad de Edimburgo desde la colina de Carlton y el calor humano en la coqueta Royal Mile. Etc, etc.

Aidan Moffat, escocés de pro, se afianza en el remanso emocional del que ahora es inquilino. En este trabajo, definitivamente al margen de Malcolm Middleton, lanza un brillante alegato al amor. Gruñendo menos y cantando más, alcanza su mejor marca de “loves” por minuto. Si la música de Arab Strap evocaba la negrura y suciedad de Glasgow, este disco capta en cinemascope las bondades de otra Escocia: la de los gloriosos despertares en medio del campo (“Living with You Now”); la de las risas amistosas de cerveza y whisky en las tabernas (“Oh Men!”, “The Last Kiss”); la de las ruinas envueltas por la música de la naturaleza (“My Goodbye”); la de los imponentes riscos y acantilados (“A Scenic Route to the Isle of Ewe”); la de las densas brumas que descansan en la superficie de los lochs (“Lullaby for Unborn Child”). Solo hace falta haber estado allí y dejar que la imaginación vuele. Sin gaitas, pero scottish 100%. Y por encima de todo, soberbio.

www.aidanmoffat.co.uk


05 abril 2009

RETROSPECTIVAS

CREAM. Disraeli Gears.

Joyas de los sesenta (2ª parte).

He aquí otra de las bandas y de los discos imprescindibles de los 60, en este homenaje que seguimos haciendo a la década prodigiosa. El supertrío británico formado por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker supuso una influencia indiscutible en el devenir del rock, unido al blues por la vía de la asociación. Contar con uno de los mejores guitarristas de la época y de todos los tiempos tuvo su importancia; de hecho, las guitarras de Clapton asientan cada pieza e interpretación del grupo, dotándolas de peso y volumen.

Disraeli Gears” (67), su segundo trabajo y el de mejores ratios de aceptación, supone la definición de su personalidad, aglutinando mayoritariamente composiciones propias. Solo la melodía tradicional “Mother´s Lament” y “Outside Woman Blues” pueden considerarse enteramente como fondos ajenos. Un disco de absoluta concisión, en el que no hay rastro de los desarrollos abigarrados y eternos que caracterizarían a posteriori sus directos. Un disco luminoso en el que por encima de las exhibiciones instrumentales priman las canciones. El influjo primario del blues se mantiene en “Take It Back”, se entreteje con brumas psicodélicas en “Strange Brew”, “World of Pain” y “Tales of Brave Ulysses”, se diluye finalmente en piezas asombrosas como “Dance the Night Away” o en “We´re Going Wrong”, con esa narcótica secuencia rítmica de Baker. Un Baker que también hace sus pinitos como autor en la populachera “Blue Condition”, que incita al paralelismo mental con “Rainy Day Women #12 &35” de Bob Dylan, publicada solo un año antes. Por su parte, el estilo de “Swlabr” pavimenta el camino por el que han de circular no mucho más tarde Led Zeppelin o Deep Purple.

Sunshine of Your Love” quizá sea el tema estrella. En él se palpa lo dicho al inicio de este post: la densidad y aguante que propagan las guitarras, básica materia prima, capaz de elevarlo por sí solas a la categoría de clásico impertérrito. Y es que Cream nacieron con la vitola de clásico, y cuarenta años después lo siguen siendo. Y hablando de supertríos, próximamente cruzaremos el charco y dedicaremos unas líneas a otro.


04 abril 2009

REPORTAJES


MUJERES EN UN MUNDO DE HOMBRES.

La perspectiva de género en el rock.

Mujeres. “It´s a man´s, man´s world”. James Brown lo cantaba a todo pulmón. El rock y sus variables, en definitiva la música contemporánea, es un mundo de hombres. Por la dedicación y proliferación de los mismos, más que por la existencia de barreras insalvables o injustas. Sin embargo, ha habido, las hay y las habrá, mujeres impecables, imprescindibles, que han sabido abrir sus alas entre el maremagnum de la masculinidad. Desde los viejos tiempos; desde los arrebatos a todo pulmón de Odetta. Desde aquellas damas de color que entre los 40 y los 60 pusieron sus eternas voces al servicio del deleite: la elegancia de Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald o Dinah Washington, la profundidad y el compromiso de Nina Simone, el halo maldito de Billie Holiday o la sensualidad de Betty Carter; el ilimitado festival de Aretha Franklin (foto 1), y muchas otras, como Etta James, Carmen McRae, Anita O´Day o Mavis Staples. También las hubo que se agruparon en vistosas corales de inmaculada coordinación: The Supremes, The Marvelettes, Martha & The Vandellas, The Shirelles o The Ronettes.

Las mujeres empezaron su levantamiento en el mundo del jazz, el blues y el soul, pero pronto tomaron el fuerte del folk y las músicas tradicionales: Joan Baez, Maria Muldaur, Joni Mitchell, Linda Thompson, Sandy Denny, las hermanas McGarrigle o Vashti Bunyan lo ejemplifican. Pero también los 60 fueron testigo de la irrupción magnética de la mujer en el rock, con esplendorosas gargantas como la de Grace Slick, o con monstruos de fuego como Janis Joplin (foto 2). Otras figuras emergieron de submundos místicos y chic, como Nancy Sinatra, Marianne Faithful o Nico.

En los 70 la emergencia de las divas ya estaba en apoteosis, en todos los estilos; en el country (Emmylou Harris), en el pop (Carole King), incluso en el rock más trasgresor, con una de las figuras femeninas más grandes e influyentes: Patti Smith. De ellas toman el relevo las grandes intérpretes de la generación del cincuenta y tantos: Rickie Lee Jones, Victoria Williams, Mary Chapin Carpenter, Shawn Colvin, Mary Lou Lord o Lucinda Williams.

Echémos un vistazo a los 80: la mutación ideológica y urbana alumbró un ramillete de mujeres dignas en lo musical y únicas en lo estético. Oscuras como Siouxie Sioux, Diamanda Galás o Elizabeth Fraser, horteras como Deborah Harry, Cyndi Lauper o Alison Moyet, espectrales como Kate Bush, arrolladoras como Chrissie Hynde, introspectivas como Maria McKee o Suzanne Vega, coloristas como Kate Pierson y Cindy Wilson. Y el final de los 80 se confunde con los primeros 90. Década ésta abundante en mujeres de fornida personalidad, solas, agrupadas o en compañía de hombres (que lejos de degradarlas las embellecían). Los comienzos tortuosos de Lisa Germano, PJ Harvey, Tori Amos o Chan Marshall (foto 3). La afectación grunge de Liz Phair y Juliana Hatfield. El furor intestinal de Kristin Hersh, Tanya Donelly, las hermanas Deal, Cristina Martínez, Carla Bozulich o Thalia Zedek. El caleidoscopio nórdico de Björk. El buen gusto de Carla Torgerson, Heather Nova, Natalie Merchant y Tracey Thorn. El pulso indescifrable de Beth Gibbons. La dulzura y calidez de Beth Orton y Hope Sandoval .

Muchas de las mujeres mencionadas hasta ahora conviven en este nuevo siglo con las nuevas hornadas de féminas creativas, que firman y guardan a buen recaudo su herencia, aportando además otro granito de arena a la historia. El abanico de ángeles del nuevo folk y el nuevo country es interminable: Joanna Newsom, Alela Diane, Juana Molina, Jolie Holland, Jesse Sykes, Laura Veirs, Rosie Thomas, Josephine Foster, Nina Nastasia, Kimya Dawson… Hay mujeres con mundos sensibles y soterrados, en los que a veces ruge un terremoto: Scout Niblett, Regina Spektor, Shannon Wright, Martha Wainwright, Tara Jean O´Neil o Rose Kemp. Las hay que beben del clasicismo, evocando y recordando a las leyendas del pasado, como Dayna Kurtz, Basia Bulat, Jenny Lewis, Joan Wasser o Madeleine Perroux. También las hay que cotizan por su propio peso sin necesidad de hacer horas extra, como Neko Case (foto 4) y Leslie Feist. Y las hay que prefieren expandirse, experimentar y abandonar el presunto canon, como Shara Worden o Natasha Khan.

Por cierto, en la vertiente francófona también hay mujeres que se autoproclaman estrellas con sus canciones en estos tiempos. Es el caso de Françoiz Breut (foto 5), Camille, Coralie Clément, Helena Noguerra, Valerie Leulliot o Keren Ann (cantando mayoritariamente en francés), y de Annelies Monseré o Melanie Valera (haciéndolo en inglés). Su trayectoria se enfila en una senda abierta por la estela de brillantísimas antecesoras como Françoise Hardy, Jane Birkin o Brigitte Fontaine.

¿Y en nuestro país?. La búsqueda es menos dichosa, pero hay interesantes mujeres a las que seguir la pista. Como la infatigable Christina Rosenvinge, hecha a sí misma a través del trabajo y el tiempo. La voz y la dicción de Patricia de la Fuente son una pequeña delicia auditiva. El desparpajo de Lidia Damunt le vale un jaque mate en la escena nacional. Y qué decir del ardor y la contundencia de la gran Ainara LeGardon.

Este es un reportaje sobre mujeres, de homenaje y admiración, absolutamente exento de voluntad reivindicativa. Que conste.

01 abril 2009

AGENDA

ABRIL Y MAYO: TRABAJO DE CAMPO.

Agenda consolidada de primavera.

El pasado marzo decíamos que iba a ser difícil configurar las agendas de los meses venideros. Pues bien, no es que haya sido fácil la cosa, pero la investigación y el aperturismo de sentidos da su fruto. Podemos afirmar que en el negocio, la herida no es mortal. Y por cierto, antes de entrar en materia, mentémos buenas noticias: La Riviera reabre sus puertas. Claro que si luego no hay bandas para llenarla…

Pasémos a los acontecimientos de los próximos dos meses (giras y festivales).


SOUTH POP FESTIVAL- 2, 3, 4 y 5 abril. Sevilla. Teatro Alameda.
Kurt Wagner, Françoiz Breut, Nacho Vegas, Christina Rosenvinge, Pleasant Dreams, Underwater Tea Party, Russian Red, Lidia Damunt…

AC/DC- 2 abril. Madrid. Palacio de los Deportes.
4 abril. Bilbao. Bizkaia Arena.

FRANZ FERDINAND- 2 abril. Bilbao. Pabellón La Casilla.
3 abril. Madrid. Palacio de los Deportes.
4 abril. Atarfe (Granada). Coliseo.

MANDO DIAO- 2 abril. Barcelona. Apolo.
3 abril. Madrid. Palacio de los Deportes.
5 abril. Bilbao. Café Antzokia.

FRANÇOIZ BREUT- 2 abril. Algeciras. Escuela Politécnica.
3 abril. Sevilla. South Pop Festival.
4 abril. Murcia. 12 & Medio.
5 abril. Tarragona. Sala Zero.
6 abril. Barcelona. Be Cool.
7 abril. Zaragoza. Teatro Principal.

THE RUBY SUNS- 3 abril. Valladolid, Café Teatro.
4 abril. Madrid. Moby Dick.
5 abril. Barcelona. La (2).

ELVIS PERKINS- 7 abril. Madrid. El Sol.

MUÉVETE WEEKEND- 16, 17, 18 y 19 abril. Zaragoza. Oasis y La Lata de Bombillas.

The Wave Pictures, Clem Snide, Tachenko, El Columpio Asesino, Lori Meyers…

THE WAVE PICTURES- 18 abril. La Coruña. Fundación Caixa Galicia.
19 abril. Zarautz. Gazteleku.
20 abril. Valladolid. Colegio Mayor Peñafiel.
21 abril. Huelva. Gran Teatro.
22 abril. Algeciras. Universidad.
23 abril. Valencia. Octubre.
24 abril. Granada. La Industrial Copera.
25 abril. Madrid. Neu! Club.
26 abril. Mallorca. Teatro de Lloseta.

CLEM SNIDE- 20 abril. Madrid. Moby Dick.
21 abril. Cádiz. Aulario de la Bomba.
22 abril. Elche. Centro Cultural Escorxador.
23 abril. Barcelona. La [2].
24 abril. Bilbao. Café Antzokia.
25 abril. Mallorca. Teatre Lloseta.
26 abril. Santoña. Club Tropicana.

DAVID BYRNE (en la foto)- 27 abril. Madrid. Teatro Lope de Vega.


SOS 4.8 FESTIVAL- 1 y 2 mayo. Murcia. Recinto Ferial.
PJ Harvey & John Parish, Spiritualized, Matthew Herbert Big Band, Underworld, The Prodigy, The Wombats, Babyshambles, Keane, Mäximo Park, Those Dancing Days, Duffy, Russian Red, Peaches, CatPeople, El Guincho.


FESTIVAL DO NORTE- 1 y 2 de mayo. Villagarcía de Arousa (Pontevedra).
Love of Lesbian, Manos de Topo, Cuchillo, Extraperlo, La Buena Vida, The Rumble Strips, The Whip.


ANTONY AND THE JOHNSONS- 5 mayo. San Sebastián. Kursaal.
7 mayo. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
11 mayo. Madrid. Palacio de Congresos.


AZKENA ROCK FESTIVAL. 14, 15 y 16 mayo. Vitoria. Recinto Mendizabala.
The Black Crowes, Alice Cooper, The Breeders, Wovenhand, Eli “Paperboy” Reed, The Zombies, Elliott Brood, Fun Lovin´Criminals, The Soundtrack of Our Lives.


ANDREW BIRD. 22 mayo. Valladolid. Véral.

23 mayo. Madrid. - Neu! Club.

THE NEW YEAR. 28 mayo. Valladolid. Véral.

29 mayo. Vitoria. Jimmy Jazz.
31 mayo. Madrid. Neu! Club.

PRIMAVERA SOUND. 28, 29 y 30 mayo. Barcelona. Parc del Forum.
Neil Young, My Bloody Valentine, Spiritualized, Sonic Youth, Yo La Tengo, The Jayhawks, Andrew Bird, Aphex Twin, The New Year, Jason Lytle, Jarvis Cocker, Liars, Herman Dune...

22 marzo 2009

RETROSPECTIVAS

DONOVAN. Sunshine Superman.

Joyas de los sesenta (1ª parte).

Reinventarse o morir. Nace un nuevo formato: series de retrospectivas. La primera tiene que ver con los años 60, década evocadora donde las haya. Volcarse en ella de vez en cuando es un ritual obligatorio, amén de un placer indescriptible. El elegido para el estreno es Donovan, toda una figura del periplo, referente inmediato que, por razones diversas, nunca ha sido tratado con la deferencia debida. Al menos no con la devoción con que la historia trata a otros paisanos coetáneos (ejemplo: The Beatles y The Rolling Stones). Mucho le deben, sobre todo los primeros. Y no solo unas clases amistosas de punteo a la guitarra.

Sunshine Superman” (66) alumbra la primera inflexión en la carrera de Donovan: del folk a la psicodelia. Juegos de palabras, mitología, historias caballerescas, referencias a las drogas; temática copiosa y muy pulida. Producción generosa pero no rimbombante; abundan tablas y sitares, violines, clavicordios, aunque el resultado es ligero como una pluma. Los mantras aparecen en “Three King Fishes”, “Ferris Wheel” y “The Fat Angel” (las peregrinaciones a la India, sin embargo, vendrían después). El folk sigue coleando, si bien adornado en “Legend of a Girl Child Linda”. El jazz se cuela en el remate de la grasienta “Bert´s Blues”, dedicada a su colega Bert Jansch, otra eminencia del folk británico. En “Guinevere” el escocés recrea a la perfección la melodía y los viejos instrumentos medievales, y en “The Trip” borda un blues de marca mayor. La preciosa “Celeste” cierra el álbum (ojo, edición americana), con las estrofas enmarcadas con gusto exquisito entre acordes (gran voz la de este tipo, suave, efervescente o agitada según se tercie), contagiando aquella mitificada y extinta sensación hippie de paz. Aunque lo mejor del álbum quizá sean los dos cortes que abrían sendas caras (sí, recordemos: los vinilos tenían haz y envés). “Sunshine Superman” inauguraba la primera, con su ritmo chispeante y pegadizo. Y “Season of the Witch” (hay versiones a espuertas, pero nada como escuchar la original), hacía lo propio con la segunda, no peor por llamarse B, digamos que hasta mejor.

Súper-cantante, excelente guitarrista y mejor poeta, no puede haber recopilación sesentera que se precie sin Donovan Phillips Leitch. Quizá por eso suele estar en todas. Y en esta también, faltaría plus.

www.donovan.ie

20 marzo 2009

DISCOS

M.WARD. Hold Time.

Pastoral americana.

En el mundo del rock está bien claro quién es quién. Están los músicos y los payasos. Están los “sudasangre” y los vividores. Están los auténticos y los impostores. Matt Ward está entre los primeros en todas las dualidades posibles. Y “Hold Time” (2009) no hace más que confirmar sus prerrogativas, que ya no son simplemente las de un aceptable singer-songwriter, un muchachuelo del norte con ganas de haber nacido en el sur. En “Hold Time” convoca a las almas del acabóse americano y todas acuden a su llamada: Woody Guthrie, Buddy Holly, Little Richard, Johnny Cash, Gram Parsons, Roy Orbison, Howe Gelb… Sí, hombre, ¿por qué no meter a Howe Gelb en este saco de impepinables?. Al fin y al cabo ya es una leyenda, y M.Ward se mueve en la pomada gracias a él (y a sus dotes; puede haber éxito sin padrino, pero no sin dotes). De las buenas enseñanzas siempre queda poso; como el dueto con Lucinda Williams en “Oh Lonesome Me”, que tanto recuerda al tutor y su pasado mano a mano con otra Williams, Victoria. Pero el pupilo ya es mayor de edad, viaja solo y es tan capaz de versionar con absoluto tacto (“Rave On” o la ya mencionada “Oh Lonesome Me”) como de componer variopintas piezas nacidas para la gloria (“For Begginers”, “Hold Time” o “Stars of Leo”). Un nómada con una mochila llena de historia, trotando por los caminos, buscando el sonido de la verdadera voz de América.

www.mwardmusic.com

19 marzo 2009

DISCOS

THE WAR ON DRUGS. Wagonwheel Blues.

Addenda a 2008.

Todos los años pasa lo mismo; cuando ya has cerrado el candado del ejercicio anterior emergen deudas que hay que imputar obligatoriamente al ejercicio en curso (frase adaptada por deformación profesional). Y llega la duda: ¿disco actual o retrospectiva?. No hay que ser cuadriculados ni científicos. El tiempo es inacotable. Así que lo mismo da descubrir a The War on Drugs hoy mismo o hace meses. La única puñeta es haberlos descubierto recién finiquitada su gira española.

Wagonwheel Blues” (2008) es todo un descanso; es de esas cosas de las que has leído hasta la saciedad, sujetas a análisis ajeno y expuestas a suspicacias extremas. La música de hoy, los nuevos grupos de hoy, todo es fuente de suspicacia, porque hay que ser realistas, la rueda se paró hace tiempo y la novedad es un bien escaso (y de primera necesidad). Hay que escudriñar para encontrar algo que abra nuevas dimensiones, que impacte como es debido. Estos tipos de Filadelfia no son los Curie ni Graham Bell, pero al menos han facturado un disco de los que pellizcan la carne. Su rock clásico está lleno de texturas y éter, como un casamiento feliz entre Bob Dylan y The Velvet Underground. Hay canciones majestuosas (“Taking the Farm” y “There Is No Urgency” tienen premio), envolventes impasses instrumentales, ejercicios de aguante en la onda progresiva y un mensaje adulto y solemne. Es solo un disco de nueve cortes, una obra compleja a medio cocer, el dubitativo debú del principiante, pero es una infusión de auténtica esperanza. La esperanza de una digna descendencia para los viejos.

www.thewarondrugs.net

03 marzo 2009

DISCOS

CLEM SNIDE. Hungry Bird.

Retorno al rock en sociedad.

No hace ni dos años que Eef Barzelay hablaba de su segundo disco en solitario radiando a la vez el final de Clem Snide. Poco tiempo desde entonces, las diferencias rápidamente limadas (que aprendan otros) y “Hungry Bird” (2009) que ve la luz después de meses en el armario de los trastos. La reunión parece que va en serio y no es solo un apaño para sacudir material atrasado: en abril estarán girando ampliamente por nuestro país. Una noticia más de grupos que van y vienen, si no fuera porque Barzelay es un compositor de pedigrí y en “Hungry Bird” alcanza un nivel sobresaliente. El comienzo con “Me No” es de flechazo; la cuarta mano portadora de un testigo puesto en marcha por Neil Young, traspasado a REM y recogido después por Wilco. “Born a Man” es elegancia mayúscula para sala de té en un hotel de cinco estrellas. Gran canción también “Hum”; Jeff Tweedy la hubiera comprado sin duda para “Yankee Hotel Foxtrot” o “A Ghost Is Born”. “The Endless Ending” tiene duende, sí, el del flamenco. “Our Time Will Come” y “Beard of Bees” reconcentran la atmósfera de Nashville (ciudad de referencia vital), con mensajes que van del pesimismo decandente (“it´s true, our time will come long after we die”) a la romanticona obviedad (“when you´re here with me that´s the only time that I feel free”). Y después está la divina y larguísima “Pray”, con su alegría sumergida, sus coros y falsetes, y su enigmática curva final. Un espléndido disco que justifica el examen de conciencia, la ingestión del orgullo y el volver a empezar.

www.clemsnide.com

01 marzo 2009

AGENDA

MARZO: CONFIRMACIÓN DE PREDICCIONES PREDECIBLES.

Viene un tiempo (de crisis).

Ya lo decía Neil Young: “Viene un tiempo…”. A lo que Tomás, estimado compañero de trabajo y desayunos, añade: “…de crisis”. En efecto, la recesión se ceba notoriamente con el mundo de la música, más en concreto, con el de los festivales. El rumor a voces se confirma: este año no hay Summercase y posiblemente ningún otro evento made-in-Sinnamon. La coyuntura lo pone a huevo para echar la culpa a la economía mundial, pero lo de Sinnamon no es asesinato, sino suicidio. Al final los únicos festivales veraniegos que subsisten con honor son los veteranos (FIB, Primavera Sound, Sónar, Azkena Rock), fondos de garantía para sponsors. Y algún otro, todavía en su tierna infancia, como el Estrella Levante SOS 4.8. (PJ Harvey & John Parish, Mathew Herbert Big Band, Spiritualized, The Prodigy, Underworld, Los Planetas, Babyshambles, Duffy, Keane..etc), que crece a contrapelo de los vientos críticos. A los festivales modestos, especialmente en el nordeste peninsular, el rebufo del embargo tampoco les llega. Ejemplo: In-Somni, Let´s Festival y Minifestival, tres festivales, tres, celebrados en un mismo mes (febrero) en una misma provincia (Barcelona). Está claro que la escasez no es un problema de mutación financiera, sino más bien de astucia nula.

Y citar a Neil Young al principio ha venido que ni al pelo: el notición de fin de mes ha sido su fichaje por el Primavera Sound 2009. Así que los que se quedaron sin verlo en el centro comercial de Arganda, por pereza o por ética, tendrán su merecida recompensa. Otros nombres anunciados para el festival barcelonés: My Bloody Valentine, Spiritualized, The Jayhawks, Yo la Tengo, Sonic Youth, Michael Nyman, A Certain Ratio, Throwing Muses, Aphex Twin, Andrew Bird, The Magnolia Electric Co., Bowerbirds, Bat for Lashes, Damien Jurado, Magik Markers. Como siempre, sentando cátedra.

Parece que la (presunta) crisis (musical) también afecta a las giras; antes había que cribar para componer las agendas, ahora hay que sudar para lo mismo. En marzo la oferta no está mal, pero si la cosa no vira costará hacer las de abril y mayo. El que avisa no es traidor.

THE SCRIPT- 2 marzo. Barcelona. Apolo.
3 marzo. Madrid. Heineken.

TELEVISION PERSONALITIES- 4 marzo. Barceelona. Apolo.
5 marzo. Madrid. Heineken.

BUZZCOCKS- 4 marzo. Madrid. El Sol.
5 marzo. Bilbao. Antzokia.
6 marzo. Zaragoza. La Casa del Loco.
7 marzo. Valencia. Mirror.
8 marzo. Castellón. Auditori.

JONATHAN RICHMAN- 7 marzo. Madrid. Neu!.
10 marzo. Barcelona. La (2).
14 marzo. Murcia. Auditorio Victor Villegas.

THE SPINTO BAND- 9 marzo. Madrid. Moby Dick.
10 marzo. Barcelona. Razzmatazz.

JOSÉ GONZÁLEZ- 10 marzo. Barcelona. Festival del Mil-lenni.
11 marzo. Málaga. Teatro Cervantes.
12 marzo. Madrid. Joy Eslava.

THE WAR ON DRUGS- 10 marzo. Madrid. Heineken.
11 marzo. Vigo. La Fábrica de Chocolate.
12 marzo. Bilbao. Rockstar.
13 marzo. Barcelona. Mephisto.

STIFF LITTLE FINGERS- 12 marzo. Bilbao. Antzokia.
13 marzo. Madrid. Joy Eslava.
14 marzo. Barcelona. Apolo.

THE SISTERS OF MERCY- 12 marzo. Barcelona. Razzmatazz.
14 marzo. Madrid. La Riviera.

MATT ELLIOTT- 14 marzo. Valladolid. Café Teatro.
15 marzo. Tarragona. Trono.
19 marzo. Gijón. Acapulco.
20 marzo. Zaragoza. La Lata de Bombillas.
21 marzo. Barcelona. Sidecar.
26 marzo. Vitoria. Jimmy Jazz.
27 marzo. Castellón. Sala por confirmar.
28 marzo. Madrid. Neu!.

Para terminar, el adiós definitivo a dos míticos personajes de la música que nos dejaron últimamente: Ron Asheton (The Stooges) y Lux Interior (The Cramps).

27 febrero 2009

RETROSPECTIVAS

LOW. Long Division.

El credo del minimalismo.

Soberbios. Solemnes. Sepulcrales. Low hielan la sangre. “Long Division” (95) emerge de las criptas del corazón, con el fulgor de un alma ataviada con una insignificante hoja de parra. Su entero curriculum es un profundo escalofrío; he aquí una de sus páginas más intensas y leídas. Un álbum donde la desnudez del grupo se exhibe, impúdica y orgullosa, haciendo honor a la máxima de “menos es más”. Los veo, los oigo y pienso: “Yo también puedo ser músico”. Si me aprendo tres acordes, si me compro un tambor… Pero no; la magia a cámara lenta que brota de ellos no es obrera, sino espiritual. No son personajes, sino personas. Y está más que comprobado que la música que estremece de verdad es la que hacen las personas.

Este “Long Division” es el credo fundamental de una banda no apta para materialistas. En él, la guitarra y la percusión desfilan juntas, muy despacio, vestidas de luto, con velas encendidas contra la puesta de sol. No hay prisa; entre nota y nota hay tiempos eternos, rendijas por las que se cuelan las emociones inducidas, los valores vueltos del revés, las sensaciones de desatino cotidiano. Canciones que a veces son canciones, a veces plegarias, a veces escupitajos a la cara, impeliendo a la reflexión y a la reacción. Cuando canta él (“Swingin´”, “Turn”) hay escozor, ignominia e inquietud. Cuando canta ella (“Below & Above”, “Shame”, “See Through”) hay sosiego, calor maternal y esperanza. Cuando cantan los dos (“Violence”, “Throw Out the Line”, “Caroline”) hay equilibrio: el yin y el yang. Que estas dos fascinantes voces se hayan encontrado es un milagro. Que un disco tan humilde pueda sugestionar con esa fuerza es un misterio. Y “You May Need a Murderer” sigue en espera…

www.chairkickers.com


11 febrero 2009

CONCIERTOS

TINDERSTICKS. Madrid. Teatro Calderón. 9-2-2009.

El discreto encanto de la burguesía.

Tindersticks no son el prototipo de músicos a la moda; más bien se trata de un aplicado grupo de expertos, de nuevos románticos después de los nuevos románticos, de lobos esteparios con educación británica y acento burgués. Llevan años saliendo en la misma fotografía y el bouquet de su música está a salvo del paso del tiempo. Sin embargo, sus minutos de gloria se esfumaron, ya no son la actualidad, aunque sobrevivir, sobreviven, y con qué dignidad. “Pensábamos que ya nadie nos escucharía” decía Stuart Staples a propósito de su regreso. Al igual que ellos, el espíritu distinguido del oyente sobrevive, y aunque sin comprar todo el papel, Madrid se rindió a sus pies.

Para los que asistimos a su actuación en el pasado Primavera Sound, no hubo demasiadas sorpresas; se diría que fue una repetición de la jugada, solo que con menos ejecutores e infinito más respeto. Jugosas lonchas de recuerdos (“Dying Slowly”, “City Sickness”, “Sleepy Song”, “Say Goodbye to the City” y “She´s Gone”) entre dos grandes rebanadas de “The Hungry Saw” (2008). Variaciones en la formación: de aquella noche en Barcelona han volado las cuerdas, permaneciendo solo el violoncelo y los metales. El que también ha volado es Thomas Belhom, sustituido por un negro ciclópeo con ramalazos de batería de jazz. Variaciones en el repertorio: su reciente entrega sonó al completo, y los instrumentales, “The Other Side of the World” y “All the Love” coagularon la sangre en las venas. “City Sickness” y “She´s Gone” ocuparon el lugar de “Her” y “Travelling Light” como muestra de sus dos primeros y aplastantes trabajos. No obstante, “Her” se zambulló entre los bises (justo entre “Tiny Tears” y “My Sister”) protagonizando el segundo momento más fulgurante de la velada; el primero fue “Say Goodbye to the City”, que amenazó seriamente las cláusulas morales de decoro e inacción firmadas por los presentes. Y “Simple Pleasure” (99) quedó adocenado en el olvido.

Cada música tiene su momento y también su escenario. Al cuerno los festivales masivos; Tindersticks son huéspedes de honor de auditorios, atmósferas victorianas y templos de arte mayúsculo. Al raso su elegancia y hondura se evaporan. Saben diferente en una butaca, lejos del ruido, del humo y de la incómoda conversación ajena. El Teatro Calderón puede que no sea el espacio más cuco y remozado del mundo, pero el lunes se convirtió en el teatro de los sueños. Y los sueños, sueños son; en la calle está de nuevo la realidad, pero que la zurzan.

www.tindersticks.co.uk

08 febrero 2009

DISCOS

ANIMAL COLLECTIVE. Merriweather Post Pavilion.

Pop de grado superior.

El mundo es una sola voz. La crítica es terriblemente unánime. Animal Collective son la sensación del momento, y lo primariamente discutible ya no admite más discusión después de hincar el diente a este alucinante “Merriweather Post Pavilion” (2009). Aliémonos pues con el sentir general. Estos outsiders del pop han logrado poner su listón donde se les presuponía: en el Olimpo. En “Strawberry Jam” (2007) y el trabajo firmado en solitario por Panda Bear sonaban trompetas anunciadoras, pero faltaba el salto definitivo a la lucidez. La incomodidad de sus retorcidos caminos sonoros se convierte en un haz de luz y un estado de intenso bienestar con cada escucha de su nuevo álbum. Ya no impera el ruidito molesto ni la paranoia estructural, sino las saetas canturreadas por esas preciosas voces, que se pegan como la arena a la piel cuando acabas de salir del baño. Sinceramente, qué gozada.

Merriweather Post Pavilion” recrea a unos Beach Boys de dibujos animados, sonados, inocentes y futuristas. Puede parecer pueril o de broma, pero ahí radica su encanto. La mística y profunda “In the Flowers” es como la puerta de un laberinto; una vez dentro no sabes lo que te vas a encontrar, ni cómo vas a salir. Al final el recorrido es tan alucinante que quieres repetir, sin duda. Porque es un disco de melodías brillantes (impepinables “Summertime Clothes” y “Bluish”), de sanísima diversión (“My Girls”, “Lion in a Coma” y “Brothersport” son toda una fiesta), de incuestionable poder espiritual (explícito en “No More Runnin” y el largo desenlace de “Daily Routine”). Incluso las más modestas (“Also Frightened” o “Guys Eyes”) tienen ese apunte, giro o explosión que las reivindica. Estamos ante uno de los álbumes del año y el año no ha hecho más que empezar. Un motivo poderoso para guardar fe en el 2009. Una efectiva pildorita para ignorar las sombras que se ciernen sobre el futuro.

www.animalcollective.org


04 febrero 2009

REPORTAJES

MENOMENA: VÉRTIGO CREATIVO.

Portland canta bingo.

31 de mayo de 2008. Barcelona. Primavera Sound. Escenario CD Drome. Menomena. Dos o tres canciones; huida lastimosa por culpa de Deerhunter. La mecha prendió; el fuego surgió después, en otro momento y en otra parte. De la experiencia quedó la siguiente impresión: “Arriesgados y exorcizantes, una apuesta veloz y única, se mueven en las ciénagas del post-rock y el kraut como pez en el agua, y son capaces de darse miedo hasta a sí mismos. Hay que dedicarles tiempo en un futuro”. Pues bien, los deberes están hechos y las promesas cumplidas.

Menomena son tres jóvenes músicos multiinstrumentistas de Portland, Oregón. Su música es difícil de catalogar o emparentar. Como efecto secundario del consumismo musical brutal y compulsivo, del enriquecimiento constante se llega a la saturación neuronal y auditiva, que dificulta la visión global, que impide establecer conexiones inmediatas y conscientes. Así pues, dolencia en su máximo rango, vale la renuncia de comparar a Menomena con otros fenómenos de su raza. De lo que no hay duda es de que esta música, esta jodida música excitante y volumétrica, bebe de todas las fuentes que se activan en su camino. Del krautrock, ¿por qué no?. Del jazz, claro que sí. Del techno, a veces. Aunque en definitiva es simplemente rock. En sus composiciones hay algo matemático, algo azaroso; algo mecánico, algo libérrimo. Son como un generador de canciones para nada estandarizadas, más bien atípicas, reñidas con la secuencia canónica estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-variación instrumental-estribillo. Son canciones que fluyen a su libre albedrío, pero ojo, sin perder jamás de los jamases su hilo argumental. Los elementos con los que juegan no tienen nada de extraterrestre, aunque sus grabaciones de estudio se basen en una herramienta desconocida y quizá muy divertida llamada Deeler (Digital Looping Recorder). Repito, los elementos no son la novedad: pulidas guitarras, bajos henchidos, ritmos desordenados, románticas melodías de piano y apuntes de saxo, básicamente. La autenticidad radica en la forma de utilizarlos, de combinar, acompañar, suceder y superponer esos elementos. El resultado causa una admiración extraterrena, un morbo intenso, un escalofrío de satisfacción.

Empecemos como empezamos, es decir, por el final. “Friend and Foe” (2007), es su último largo en circulación y el primero en traspasar las cáusticas fronteras yanquis. Con él consiguen su cuadro perfecto, el más accesible o el más interpretable. Un disco mayúsculo: melodías superiores, exhibiciones instrumentales, letras enigmáticas y títulos tan extraños como “El Pelícano”, “Barco Fantasma”, “Infierno Podrido” o “Abeja Malvada”. Un álbum que va creciendo en cada corte, perforando el cerebro. Cada una es mejor que la anterior hasta llegar al finiquito, la asombrosa “West”, que raya el nivel de Premio Nóbel convirtiéndose en una pieza de museo difícilmente superable. Soberbio y absorbente disco, que no engrosó lo mejor del 2007 en este blog por conocimiento a destiempo (y en la Rock de Lux por vete tú a saber qué). Anteriormente a él está el curioso “Under an Hour” (2005); una obra de tres instrumentales de dieciocho minutos bajo los temáticos nombres de “Agua”, “Harina” y “Luz”, trabajada como música de acompañamiento del grupo de danza y performance Master Squad. Cercano al rock solo en momentos puntuales, es más una pseudo-banda sonora, un relajante flujo de ideas entre la pasión de Michael Nyman y la sutileza de Yann Tiersen. Ejemplo máximo de su potencial creativo.

Siguiendo marcha atrás cronológicamente, “I Am the Fun Blame Monster” (2004) conforma su debú discográfico, un estreno con valor de carta de pago de todas sus dotes y virtudes. El vigor de “Cough Coughing”, la onírica “Oahu”, la sentimental “Rose” y el cruce de estilos de “The Monkey´s Back” (de Herbie Hancock a Soundgarden en un pestañeo) no dejan indiferente. Para los coleccionistas enfermizos y muy fans, aún hay más material: “Happiness is Shouting Bingo!” (2002) recoge extraoficialmente esqueletos, demos, grabaciones en directo y demás suerte de rarezas. Entre ello se cuenta el primer ensayo de “Rose”, tomas radiofónicas de unas “Cough Coughing” o “Twenty Cell Revolt” aún por pulir, y una incursión en el soul de la mano de la teatral “Sister Social Theme”.

Para rematar la faena es bueno ver a Menomena gastárselas en directo. Las pésimas condiciones en aquel escenario del Forum no les hicieron justicia, pero el Paradiso de Amsterdam es otra cosa, como se puede disfrutar en esa web bendita que es
www.fabchannel.com. Verlos en funcionamiento, como una estructura piramidal, es todo un espectáculo. La ejecución aparentemente deslavazada arroja un sonido pulcro y obediente. Brent Knopf pulula entre xilofón, pedales y teclados, con la guitarra perpetuamente colgada al hombro. Justin Harris alterna bajo, guitarra y saxofón con parsimonia. Danny Seim se retuerce como un simio enjaulado sobre la batería. El protagonismo es triple y compartido, rotacional en las voces. Solo tres personas tocando instrumentos, a la antigua usanza, sin maquinaria de apoyo. ¿Es o no es un poco jazz?.

Para concluir, una noticia y una recomendación. La noticia es que anuncian nuevo disco en 2009, un disco que ya se espera con impaciencia y suprema devoción. La recomendación lleva a fijar la vista en los diseños de su myspace y web oficial; una forma inmejorable de sumergirse en el vértigo de una banda liberal, singular, solo para adultos.

www.menomena.com

01 febrero 2009

AGENDA

CONCIERTOS DE FEBRERO.

El ejemplo murciano.

Después del interesante aluvión de conciertos que cerró el año (de octubre hasta diciembre) parece que en este 2009 la cosa echa el freno. Que vuelvan a España bandas como Oasis, Kaiser Chiefs, Franz Ferdinand o Travis parece ser un notición para muchos (a la venta de entradas me remito), pero no para los que están de vuelta del brit-pop, en coma severo desde hace bastantes años. Así pues, las apuestas más o menos merecedoras de este mes de febrero se quedan en lo siguiente:

STEVE WYNN- 3 febrero. Madrid. El Sol.
4 febrero. Gijón. Acapulco.
5 febrero. Vigo. Mondo.
6 febrero. Bilbao. Santana 27.
7 febrero. Zaragoza. La Casa del Loco.
8 febrero. Barcelona. La (2).

MOGWAI- 3 febrero. Málaga. Teatro Cervantes.
4 febrero. Murcia. Auditorio y Centro de Congresos.
6 febrero. Madrid. Joy Eslava.
7 febrero. San Sebastián. Kursaal.

TINDERSTICKS (en la foto)- 8 febrero. Barcelona. Auditori.
9 febrero. Madrid. Teatro Calderón.
10 febrero. San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia.

HERMAN DUNE- 11 febrero. Madrid. Heineken.
12 febrero. Murcia. Auditorio y Centro de Congresos.
13 febrero. Zaragoza. Café Hispano.
14 febrero. Durango. Plateruena.

KINGS OF LEON- 14 febrero. Barcelona. Razzmatazz.
15 febrero. Madrid. Palacio Vistalegre.

En este punto, es imprescindible comentar lo que está sucediendo de un tiempo a esta parte en Murcia. Los emprendedores, autoridades o ambos han puesto en el centro del mapa de conciertos a esta ciudad en una iniciativa que merece un caluroso aplauso. El Auditorio y Centro de Congresos Victor Villegas lleva acogiendo desde hace un tiempo en su seno multitud de propuestas musicales de pop y rock, dotando a la ciudad hortelana de una sanísima cultura en el ámbito, y favoreciendo el desfogue de vecinos (los albaceteños, doy fe) ansiosos de su alimento. No solo su oferta (en los próximos meses pasarán por allí Christina Rosenvinge, Mogwai, Herman Dune, Jane Birkin, Jonathan Richman, Giant Sand, Keren Ann o Antony & the Johnsons, entre otros) sino las condiciones para disfrutar de la música en vivo (con dos salas de diverso aforo, Narciso Yepes y Miguel Angel Clares), hacen de Murcia un ejemplo a seguir, un espejo en el que deberían mirarse las concejalías de cultura de municipios medianos con ganas de trascender. Pero claro, ¿qué es cultura en estos tiempos que corren?. La pregunta abre el debate, pero que discutan otros.

Foto: heineken.es

21 enero 2009

RETROSPECTIVAS


NEIL YOUNG. Prairie Wind.

El disco que entró por los ojos.

La música normalmente entra por el oído, casi siempre, por definición. Sin embargo, hay excepciones, basadas en extrañas coincidencias, en milagros. “Prairie Wind” (2005), como es sabido, forma el cuerpo del documental “Neil Young: Heart of Gold” (2006), obra en la que Jonathan Demme capta con su ojo clínico la premier de este álbum a través de un magnífico concierto en el Ryman Auditorium de Nashville. Un álbum de repercusión mediana en la carrera del canadiense de no ser por esta segunda visión, que lo inserta en otra dimensión más profunda. “Prairie Wind” es un disco sincero y hermoso, en el que el maduro Young mira hacia dentro y hacia atrás para contarnos más historias sobre la existencia, con su fina pluma perfectamente engrasada. Es un trabajo que bebe a tragos largos del country puro, directamente de Hank Williams, articulándolo con el folk y el gospel. El incombustible vuelve a mostrarse en cueros emocionales, dedicando su sabiduría a todos sus anclajes personales: a su tierra y sus amigos (“No Wonder”, “Far from Home”), a su Martin D-28 (“This Old Guitar”), a su padre muerto (“Prairie Wind”), a su descendencia (“Here for You”), a Dios (“When God Made Me”). Es un disco de textos y acordes brillantes. Natural: es un disco de Neil Young.

El documental en cuestión retrata un momento decisivo en la carrera del músico y en la vida del hombre: ese en el que no sabes qué pasará a continuación. Grabado justo en el momento de enfrentarse a su aneurisma cerebral, y quizá por eso, muestra a un Neil Young en el límite de sus fuerzas. También muestra al Neil Young evocador y entrañable, empeñado en explicar el por qué de las canciones cuando a su edad no es preciso dar ya ninguna explicación. Sobre el escenario le acompañaron colegas, músicos históricos y gratas compañías: Emylou Harris, Grant Boatwright, Rick Rosas, Chad Cromwell, Spooner Oldham, su esposa Pegi Young… un elenco de jóvenes y viejos sabios dándole abrigo en la faena. Pero “Neil Young: Heart of Gold” no solo se basa en la presentación de este magnífico “Prairie Wind”. A continuación el maestro mira atrás para rescatar emocionantes perlas del pasado: “I Am a Child”, “Harvest Moon”, “Heart of Gold”, “Comes a Time”, “Old Man”, “The Needle and the Damage Done”, “Four Strong Winds” o “One of This Days” culminan un documento extraordinario capaz de fascinar tanto a cinéfilos como a melómanos, por su triple e incuestionable poder: el visual, el musical y el espiritual. Larga vida al más grande.

www.neilyoung.com

18 enero 2009

REPORTAJES

CANCIONES DE 2008

Regalo para los aficionados a las listas.

CURTAINS cumplió el pasado mes de diciembre tres años. En todo este tiempo, que ha pasado volando, la música se ha convertido en algo más que una afición para quien escribe: se ha convertido en el mejor entretenimiento de la existencia, una especie de trabajo no remunerado y autónomo. Este blog se concibió como un medio de expresión personal, el sustitutivo necesario de las colaboraciones que se acabaron en otros medios por diversas razones. Pero su función ha ido más allá: el trabajo ha servido para ordenar la música en el cerebro, para controlar lo que va sucediendo y, sobre todo, para tener un documento histórico al que poder echar un ojo en caso de necesidad o curiosidad.

Así, la música creada o conocida en estos tres años está ordenada a mayor o menor escala en este espacio. Todos los medios se dedican en estos días a hacer sus listas. CURTAINS nunca ha sido partidario de las listas porque sí; aunque bien es cierto que existe una recopilación altruista de final de cada año, una lista con las mejores canciones del ejercicio para compartir con los amigos que la quieran. Las de 2006 y 2007 no fueron publicadas. Pero oyendo las canciones seleccionadas este año, la conclusión es que merece la pena plasmarlas aquí y ahora. Para que todo el mundo que quiera conozca lo que nos acarició en 2008, lo que nos hizo reir y bailar; en definitiva, lo que nos hizo feliz. Éstas son, a juicio de CURTAINS y secuenciadas para CD casero, las mejores canciones de 2008.

01. MGMT- Time to Pretend
02. BECK- Gamma Ray
03. DEERHUNTER- Saved by Old Times
04. NICK CAVE & THE BAD SEEDS- Albert Goes West
05. TV ON THE RADIO- Halfway Home
06. DEUS- The Arquitect
07. FOALS- Olympic Airways
08. THESE NEW PURITANS- Elvis
09. PORT O´BRIEN- I Woke Up Today
10. THE DODOS- Fools
11. FLEET FOXES- Quiet Houses
12. CALEXICO- Man Made Lake
13. WOVENHAND- Kingdom of Ice
14. AMERICAN MUSIC CLUB- The Stars
15. MY BRIGHTEST DIAMOND- Inside a Boy
16. THE WALKMEN- The Blue Route
17. FOR AGAINST- Game Over
18. MERCURY REV- Faraway from Cars
19. SPIRITUALIZED- The Waves Crash In
20. MOGWAI- Daphne and the Brain
21. PORTISHEAD- Machine Gun
22. BONNIE “PRINCE” BILLY- So Everyone
23. PAUL WELLER- Black River

Estas fueron las de 2006:

01. NEIL YOUNG- After the Garden
02. WILLARD GRANT CONSPIRACY- Flying Low
03. ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3- Embryo Twirl
04. THE BLACK HEART PROCESSION- Not Just Words
05. YO LA TENGO- Mr. Tough
06. GRIZZLY BEAR- On a Neck, On a Split
07. BONNIE “PRINCE” BILLY- Cursed Sleep
08. TEITUR- Thief about to Break In
09. BEIRUT- The Canals of Our City
10. DOMINIQUE A- L´Horizon
11. MOGWAI- Friend to the Night
12. JOAN AS POLICE WOMAN- Christobel
13. SONIC YOUTH- Rats
14. THE FLAMING LIPS- The W.A.N.D.
15. TV ON THE RADIO- Wolf Like Me
16. BECK- Nausea
17. HOWE GELB & SNO ANGEL- But I Did Not
18. CALEXICO- All Systems Red

Y estas fueron las de 2007:

01. RADIOHEAD- Weird Fishes_Arpeggi
02. GRAVENHURST- Saints
03. WILCO- Either Way
04. IRON & WINE- Carousel
05. PATRICK WATSON- Daydreamer
06. JOSÉ GONZÁLEZ- In Our Nature
07. PJ HARVEY- When Under Ether
08. THURSTON MOORE- Honest James
09. MICK HARVEY- Home Is Far from Here
10. PIANO MAGIC- Cities & Factories
11. SOULSAVERS & MARK LANEGAN- Kingdoms of Rain
12. BILL CALLAHAN- Day
13. THE SHINS- Phantom Limb
14. ARCADE FIRE- No Cars Go
15. POP LEVI- Skip Guetto
16. LOW- In Silence
17. JOSEPH ARTHUR- Spacemen
18. GRINDERMAN- No Pussy Blues
19. DAVE GAHAN- Kingdom
20. BATTLES- Atlas

Reportaje dedicado a JR, un gran aficionado
a estas cosas.

17 enero 2009

CONCIERTOS

CALEXICO + DEPEDRO. Madrid. Joy Eslava. 15-1-2009.

Músicos sin fronteras (Parte 2).

Lo primero: una recrítica de “Carried to Dust” (2008) para hacer justicia. Tras repasarlo con dedicación y esmero tenemos nueva conclusión: es uno de los mejores discos de la historia del dúo de Tucson. Condensa con la mayor efectividad todos sus palos identificativos, tiene los arreglos necesarios y el nivel de inspiración de sus autores vuela muy alto. Por eso su concierto en Madrid tenía que ser bueno. Por eso los mejores momentos fueron precisamente los que brotaron de este reciente trabajo. Aunque a mucha gente (a la mayoría de los asistentes a la Joy Eslava el jueves) les prive su vena más folklórica y mestiza, hay otros a los que (con todos los respetos al folklore y al mestizaje) les gustan mucho más los Calexico solemnes, los que abordan el rock, el country y el blues como dioses y con un estilo muy personal. De ahí que los flashes clave de este concierto fueran aquellos en los que el rock (“Man Made Lake”, “Writer´s Minor Holiday”, “Red Blooms”), el country (“The News About William”) y el blues (“Bend to the Road”, “Two Silver Trees”) emergieron con más vehemencia. Curiosamente las nuevas eclipsaron a los clásicos. Razón: los clásicos seleccionados explotaron el lado mariachi-festivo más de lo deseable, a excepción de los rescates iniciales de “Spoke” (97), la bien recibida “All the Pretty Little Horses” y una “Not Even Stevie Nicks” cada vez más virulenta y sorprendente.

Lo segundo: han pasado dos años desde su anterior visita a Madrid, y hay que agradecerles que no hayan cambiado un ápice. Siguen siendo igual de majetes que entonces; siguen afinando sus propios instrumentos, paseando por el escenario como si fuera el salón de su casa. Siguen siendo lo más parecido al vecino de al lado y lo menos parecido a las estrellas del “rock´n´roll, way of life”. Partiendo de esta premisa y añadiendo su abanico de posibilidades estilísticas musicales, es imposible que disgusten a nadie, imposible no acabar queriéndolos y deseando irse con ellos de cañas. Ah, y otra de las cosas sin cambios es su inclinación colaboradora, su pan de cada día, bocado compartido ahora oficialmente con Jairo Zavala. Qué suerte la tuya, amigo Jairo. Tu sueño (ése que dices que no se acaba) es el sueño irrealizable de muchos, así que aprovéchalo. Depedro, el nuevo proyecto del susodicho, abrió la noche con la introducción de Joey Burns en plan Jools Holland. Las canciones de Jairo tienen un poco de todo, como las de sus amigos, y todos los amigos acabaron en el escenario con él.

Lo tercero: Calexico (incluido Jairo) son siete virtuosos ejercitando sin esfuerzo su habilidad ante la gente con el único ánimo de divertirse. Pero hay un Calexico que está al fondo, escondido tímidamente en una burbuja de platos y bombos, casado con el riesgo de todo baterista: el de pasar desapercibido. Es John Convertino. Entender el don de la banda pasa por entender su técnica elegante y misteriosa, su forma de agarrar las baquetas y las maracas, construyendo ritmos veleidosos que evocan rachas de viento, ruedas de camiones, serpientes venenosas, polvo en suspensión. Grandioso e hipnótico espectáculo.

Concluyendo, los de Arizona han regresado dándolo todo, como de costumbre. Poco más se les puede pedir; quizá que a la próxima vengan chapurreando un poco de conversación en español ¿no?. Porque, definitivamente, pedirles que dejen de mirar al lado sur de la frontera no tiene mucho sentido; morirían su estigma y su identidad. La cultura popular es la cultura universal.

www.casadecalexico.com

07 enero 2009

REPORTAJES

AQUELLOS DISCOS DE 2008: RECOPILACIÓN FINAL.

Tradición.

Ya lo cantaba el granjero Tevye en el gran musical "El violinista en el tejado". Esto de reagrupar los discos del año, volviendo a escucharlos y citando los olvidados ya se ha convertido en una tradición, un ritual espléndido para desviar la atención de otras costumbres más insanas, las hipócritas (Nochebuena), concupiscentes (Nochevieja) y consumistas (Reyes) de la Navidad. Volvamos a hacerlo, pues. 2008 fue otro año lleno de excelente música. Los 10 mejores discos: Portishead, Nick Cave & The Bad Seeds, Wovenhand, Fleet Foxes, The Dodos, Deerhunter, Foals, The Walkmen, Paul Weller, American Music Club. Los 10 mejores directos: Grinderman, The Cure, Paul Weller, R.E.M., Portishead, Wovenhand, dEUS, Mercury Rev, The Verve, Cat Power. Dos pequeñas listas elaboradas sobre la marcha.

Como siempre, por estos oídos y manos han pasado cantidad de discos para los que no ha habido mención debida en este espacio. Es hora de recuperarlos.

THE CURE. 4.13 Dream.
Es curioso escuchar un disco y no encontrar nada que decir. Ocurre con lo nuevo de Robert Smith; un álbum que ha costado parir más de la cuenta, carente de repercusión e inspiración. Cada maestrillo tiene su librillo y cada cerdo su San Benito; el librillo de The Cure ya está exprimido y plagiarse a sí mismos no es una solución digna. Así, posiblemente este "4.13 Dream" tenga que ser, por axioma, el San Benito que toda banda de culto debe cargar a su chepa.



THE DODOS. Visiter.
La gracia está en el directo, pero es difícil no simpatizar con este "Visiter" construido únicamente con guitarras, banjos y percusiones sobre cualquier cachivache que haga ruido. Con esos rudimentos son capaces de bordar tremendas melodías (espectaculares "Fools", "Ashley", "Winter" o "Park Song"), enmarañar y desenmarañar sonidos, vomitar estruendosos desenlaces (al loro con los de "Joe´s Waltz", "Paint the Rust" o "The Season") y alumbrar una nueva corriente (ambivalente y suicida) del folk. No están lejos de cerebritos contemporáneos como Animal Collective o Grizzly Bear.

FOALS. Antidotes.
Otra sorpresa del año, tan seducidos por el afro-beat como A Certain Ratio o Talking Heads. Discursos palpitantes de guitarra en código Morse, vertiginosos cambios de ritmo, saxos, trompetas y sintetizadores bien traídos acá y acullá. Resultado: canciones científicas, flamígeras y adictivas. Algunas ("Red Sock Pugie", "Olympic Airways", "Heavy Water", "Big Big Love -Fig.2-") son dignas de monumento. ¿Es ésto el nuevo punk?. Unos durísimos competidores para Nic Offer y compañía.


THE GUTTER TWINS. Saturnalia.
De un choque entre dos transatlánticos no podía surgir otra cosa: un disco de rock grasiento y perverso, con parada en las estaciones de la Ruta 66. Abarcan todos los tópicos de los géneros americanos y se estrellan en cuanto se salen de ellos: para olvidar la ida electrónica de pinza en "Each to Each". La voz de Lanegan es más convincente, pero en la photo-finish gana Dulli, llevando el proyecto claramente a su terreno.


JAMES. Hey Ma.
Antes de echarlos de menos ya habían vuelto. Y con un disco bueno. ¿Qué más se puede pedir?. La calidad de sus entregas es directamente proporcional a los arreglos de trompeta y aquí vuelve a haberlos a puñados, como en "Seven" (92). Traen otro montón de padrenuestros bajo el brazo: "Bubbles", "Waterfall", "Upside" o "I Wanna Go Home" no tienen nada que envidiar a sus éxitos de los noventa. Y las cuerdas vocales de Tim Booth siguen inmaculadas e invencibles. Una segunda juventud.


JEREMY JAY. A Place Where We Could Go.
Con cuatro instrumentos mal contados, el jovencito Jeremy ha hecho su disco de andar por casa, su divertimento personal. Suena ochentero, viejuno, caduco, pero muy seductor. Suena a Jonathan Richman y a Morrisey, no ahora sino mucho antes. Suena a nuevo baluarte de la estirpe cantor-recitador (¿crooner?), a parentesco lejano con Jarvis Cocker y Darren Hayman. Suena de puta madre.



KINGS OF LEON. Only by the Night.
Se veía venir, iban a dar el traspiés. Su frescura oldie de raíces desaparece disco tras disco, hipotecando un futuro que huele a tostonazo pop. Solo "Crawl", "Revelry" y "Be Somebody" mantienen en esta entrega un apto nivel. El resto es morralla a discreción; no pasan de segunda marcha cuando lo suyo era saltarse límites a la torera. Por suerte, Caleb Followill no se ha olvidado de cantar como Dios en su transición de macarra a sex-symbol.



MOGWAI. The Hawk Is Hawling.
Cada nuevo disco de Mogwai es otro árbol que crece en un bosque legendario. Este opta en exclusiva por el instrumental, con canciones estándar, correctas pero emocionalmente inofensivas. Como siempre, los escoceses avanzan y se adhieren a la era digital, introduciendo tímidamente tales elementos en su música; curioso clon de los Chemical Brothers el que asoma en "The Sun Smells Too Loud". Un disco inocuo por sí solo, quizá imprescindible en el conjunto con el tiempo.


MY BRIGHTEST DIAMOND. A Thousand Shark´s Teeth.
Shara Worden se empeña en rizar el rizo, pero su portentosa voz no necesita vestirse de ampulosidad orquestal ni filtrase por recovecos oscuros. Tampoco necesita jugar a ser Björk ("Apples") o Beth Gibbons ("Black & Costaud"). Lo único que necesita es ir al grano, archivar el rococó y enfocar la canción perfecta. Es obvio que sabe hacerlas: la primera ("Inside a Boy") y la última ("The Brightest Diamond") lo son, parametrizando su poder de captación y conmoción a lo Jeff Buckley o PJ Harvey.


THE NOTWIST. The Devil, You & Me.
Manteniendo la fidelidad a su filosofía (equilibrio analógico-digital), los alemanes firman otro disco analgésico y cómodo de escuchar, en el que la (hipotética) cara B gana de largo a la (hipotética) cara A. Dejando aparte la excepcional "Good Lies", lo mejor empieza con "Sleeps" y pliega velas con la suave brisa folk de "Gone, Gone, Gone": en cinco canciones se compendian todas las posibilidades de una impecable banda de electropop.



PAUL WELLER. 22 Dreams.
Qué mejor cosa para celebrar los cincuenta que una doble entrega, una recopilación de inéditos, sin descartes ni censuras, libre y generosa. Aquí vale absolutamente todo. Probablemente sin quererlo, el Modfather ha realizado dos machadas en una. Por un lado, ha elaborado uno de los discos más atrevidos e iluminados de toda su carrera. Por otro lado, ha configurado un catálogo ejemplar de estilos y géneros (folk-psicodelia-brit-pop-rock´n´roll-soul-tango-easy-listening-musical-jazz...) con que ilustrar a alumnos y nietos. Todo un genio.


PORT O´BRIEN. All We Could Do Was Sing.
El rotundo jubileo de "I Woke Up Today" hace prever un nuevo invento neo-hippy multitudinario en plan Arcade Fire, I´m From Barcelona o Polyphonic Spree, pero no. Lo que hay detrás de este título (tan efectivamente hippy, por cierto) es una estupenda tanda de canciones folk-rock serias y centradas, con bonitos arreglos de cuerda. El preciosismo también se viste de harapos: "Pigeonhold" y "Close the Lid" regalan guitarreos de lo más grunge. Una bendición, los californianos.


PRIMAL SCREAM. Beautiful Future.
Llevan más de un lustro sin publicar algo realmente bueno (¿cuándo otro "Xtrmntr"?), pero éste tiene un punto a favor: aglutina la miscelánea de la banda, con todas sus facetas desde los orígenes. Misiles de rock sucio ("Necro Hex Blues", "Urban Guerrilla"), shocks electrónicos ("I Love to Hurt"), baladas tipificadas ("Over and Over"), soul y gospel ("Zombie Man") y sombras a lo Jesus & Mary Chain ("Suicide Bomb"). Para ampliar el muestrario deciden darse al pop con diversos resultados: de notable alto en "Beautiful Future" a aprobado ramplón en "The Glory of Love".

R.E.M. Accelerate.
Lo consiguieron: recuperar la credibilidad debilitada y volver a enganchar con un disco rotundo. El mejor desde "Monster" (94). Adrenalínico hasta la médula, veloz y eléctrico, colosal. Sobran las canciones redondas en dos modalidades: las que no duran ni tres minutos y explotan directas en la cara ("Man-Sized Wreath", "Horse to Water", "I´m Gonna DJ"); las que ensalzan, manteniéndose a la altura, los maravillosos tiempos de "Automatic for the People" (92) ("Houston", "Sing for the Submarine"). Una leyenda en plena boga.


SAM ROBERTS. Love at the End of the World.
El canadiense no es solo una cara bonita. Es un purista del rock, ese rock nacido en los sesenta que viajó de costa a costa, que atravesó el océano y acampó en las granjas. Desde Cream hasta The Rolling Stones. Su tercer trabajo no pasará a la historia, pues la historia del rock ya está escrita y no admite apéndices ni copias. No obstante, el mérito de haber compuesto "Oh Maria", "Them Kids" o "Up Sister" debería serle suficiente para mantener su ego intacto, poder mirarse al espejo y decir "soy el amo".


SILVER JEWS. Lookout Mountain, Lookout Sea.
Imposible establecer comparaciones con su catálogo anterior; un pecado involuntario en vías de expiación. La dictadura de Nick Cave queda derrocada, llega la democracia y David Berman oposita al cargo. Mensajes del desierto, tabernas vaqueras y rodeos. El discurso es menos vehemente que el del australiano peor igual de ingenioso, con instantes de turbadora similitud ("My Pillow Is the Threshold"). Con políticos así dan ganas hasta de votar.


SUN KIL MOON. April.
Tras la apropiación y relectura de temas ajenos en "Tiny Cities" (2005), urgían nuevas composiciones de Mark Kozelek. Sobre los cimientos del country y la americana más profunda e íntima, el ex_Red House Painters traza un mapa de costumbres que a ratos se recuesta en el precioso edén de Nick Drake. Su único hándicap es el eterno minutaje en algunos temas, pero esa voz de terciopelo controla el hálito de la impaciencia con inusitada maestría.


THESE NEW PURITANS. Beat Pyramid.
Receta del día. Ingredientes: 100 gramos de Ministry, medio litro de Wu-Tang Clan, kilo y cuarto de Franz Ferdinand y un pellizco de Sex Pistols. Poner todo en la cabeza de un par de gemelos idénticos y dejar cocer a fuego lento. Retirar de la lumbre y servir caliente. Presentar como los últimos iluminados de la vanguardia british. Tener a mano un anti-ácido: digestión pesada.





TRICKY. Knowle West Boy.
Los gurús del trip-hop han regresado para hacerlo añicos. Al igual que Portishead, Tricky se rebela contra su pasado, desmarcándose de la oscuridad claustrofóbica y tribalista de antaño. Ahora se dedica a cortar y pegar; ahora se parece a ¿Primal Scream?. No hay argumento, ni definición, ni una ideología imponderable; solo canciones que fluyen por sí solas, sudor y músculo de gimnasio, algún que otro pelotazo para pistas de baile ("C´mon Baby", "Slow") y por supuesto, las lujosas colaboraciones de costumbre.


TV ON THE RADIO. Dear Science.
Discrepancia con la generalidad: pierden puntos. Los excesos de sobreproducción son un mal menor. Los guiños pasados al disco y al funky se convierten en la tónica (comprensible: son mayoría de negros, llevan el ritmo en la sangre), haciendo de este disco un producto más vendible que trascendente. Hay pasajes plausibles ("Halfway Home", "Dancing Choose", "Love Dog", "Dzl"), pero el conjunto no termina de apasionar como lo hiciera "Return to Cookie Mountain" (2006). Demasiado buenos para ser verdad.


THE VERVE. Forth.
El hit discotequero "Love Is Noise" auguraba un cambio de visión, pero finalmente han vuelto siendo lo que eran. Rollo espacial y psicodélico, a tope en "Sit and Wonder" y "Columbo"; baladas épicas y escapistas, con "Rather Be" como perita en dulce. Oírse un disco suyo del tirón nunca fue del todo fácil; con éste pasa tres cuartos de lo mismo. Tanta afectación y densidad acaban resultando soporíferas. Definitivamente, su momento (discográfico) ya pasó.


THE WALKMEN. You & Me.
Gran madurez. En el centro del círculo sigue ardiendo Dylan pero el diámetro se ensancha: alrededor danzan ritmos exóticos, el rock hippy sesentero, Irwin Berlin, la Motown. Se suavizan a ratos, sin perder el amargor de las guitarras y sus sonidos de papel de lija. Hamilton Leithauser se erige en el gran chamán, matizando como nunca su garganta rasgada e inquietante, una de las mejores de nuestros tiempos. Han creado el mejor álbum de su trayectoria y lo saben. Sin duda, la madurez.


28 diciembre 2008

RETROSPECTIVAS

THE FEELIES. Crazy Rhythms.

El sonido trepidante de New Jersey.

Crónica en tiempo real: comienza a sonar “The Boy with the Perpetual Nervousness”, gotas caen mientras las guitarras suben el volumen. Ahí va una retrospectiva para acabar el 2008, año rácano en este tipo de menesteres por motivos desconocidos. Propósito para 2009: más retrospectivas, muchas más. “The boy next door is into better things”, concentración. Trepidante es la palabra que define a The Feelies y este debú. Ritmos locos (ya lo reza el título, no en vano) sustentados en el mano a mano de guitarras (Mercer y Million) y percusiones minimales. Suena “Fa Cé-La”, uno de sus himnos más escuetos, divertidos y directos. Y tan pronto como viene se va, y llega el intro superior de “Loveless Love”, canción que crece como la espuma en contenido y velocidad, evocando los mejores duelos guitarreros de Santana, Clapton o Knopfler. Y ahora que hablo de éste, ¿no hay algo en ella de “Sultans of Swing”?. Chsst, silencio, llega “Forces at Work”, emergiendo desde ultratumba como un zombi con ganas de marcha. Ecos de Devo, Television y The Modern Lovers, virtuosismo y desvergüenza a la vez, riffs de guitarra repetitivos y juguetones, una sumisa y ruda línea de bajo siguiendo el camino de los anteriores. Ya van seis minutos y queda el último; el tema más largo del disco. El frenesí no para; las acústicas suben al poder en “Original Love”, una gran composición con etiqueta de “canción de amor”, que vuelve a recordar a Jonathan Richman y un poco a Lou Reed. Y tras ella, el primer homenaje de unos músicos agradecidos con el legado de los grandes, admiradores y practicantes del mismo: “Everybody´s Got Something to Hide (Except Me and My Monkey)” de Lennon y McCartney. Sigue el ritmo loco, esta vez aderezado con congas y platillos. Suena el teléfono pero no puedo cogerlo; empieza con suspense “Moscow Nights”, y nuevamente esas guitarras que hacen pegar saltos en la silla y aporrear las letras al compás. Ésta es otra de las enormes, recordando a los mejores Violent Femmes. “Raised Eyebrows” echa el freno un pelín, con protagonismo de explosiones de bombo y travesuras de baqueta en su primera mitad, y con el recuerdo de un espejo de The Feelies en la actualidad: Yo la Tengo. Y llega la homónima “Crazy Rhythms”, seis minutos de ritmo epiléptico con combate de secciones al degüello; una demostración brutal de ingenio y frescura. Aquí terminaría el disco, pero mi edición está entre las que adhieren la versión de “Paint It Black” de los Rolling; una forma única de contentar a todos los nostálgicos de los sesenta, a los de flequillo y a los de tatuaje. La reproducción del clasicazo stoniano es exquisita y fiel, y echa el candado a un disco espectacular. Un disco que se cuenta entre los grandes de los ochenta y con razón.

www.thefeeliesweb.com

27 diciembre 2008

DISCOS

DEERHUNTER. Microcastle.

El año de Bradford.

Es un hecho: Bradford Cox está en vena. Comenzaba el año avanzando su engendro paralelo Atlas Sound, un proyecto arsénico borroso para desarrollar su inmunidad creativa, y lo ha finalizado brindando el mejor disco de su banda-bomba. “Microcastle” (2008) es la gran explosión de Deerhunter, su confirmación absoluta. Consta de tres actos; un primero de redención y amor melódico, en el que “Cover Me (Slowly)”, “Agoraphobia”, “Never Stops” y “Little Kids” sumergen en una inmensa espiral de tranquilidad post-psicodélica. Rozando la oblicuidad de “Cryptograms” (2007) en el segundo acto, desde “Microcastle” hasta “Activa”, vuelven las ensoñaciones narcóticas, para nada extraditadas a complicaciones demasiado extrañas. El tercer acto es el de la aquiescencia definitiva: el aumento musculado de “Nothing Ever Happened”, la finura retro de “Saved by Old Times” y “Twilight at Carbon Lake” y la magnética espectralidad de “Neither of Us, Uncertainly” asientan a Bradford como un genio en potencia, capaz de abarcar cualquier horizonte con sus miembros interminables. Otro disco para el top de este año que se acaba.

www.myspace.com/deerhunter

16 diciembre 2008

CONCIERTOS

PRIMAVERA CLUB MADRID 2008.

Toma pan y moja.

Qué gran invento esto de llevar el Primavera Club a Madrid. Qué alegría pisar la capital en plena efervescencia navideña, nadar contra la corriente humana y decir: “paso de luces, tiendas, lotería y villancicos, voy a ver música de la buena”. El proyecto ha sido un éxito: papeles agotados y un público selecto, aunque el dichoso derbi futbolero dejara a Giant Sand y Wovenhand con menos audiencia de lo esperado. Diversas razones llevaron a prescindir del jueves, la Nasti y The Thermals; aparte de eso, la oferta musical ha sido una comunión de nuevas y clásicas propuestas, un crisol de estilos y generaciones. En definitiva, ha sido un fin de semana mucho más alimenticio y suculento que la cena de Nochebuena y la comilona de Navidad juntas. El viernes fue el día de los graciosos: los “extraordinarios”, Eli “Paperboy” Reed, David Tattersall, Darren Hayman y Jack Hayter compitieron duramente por el premio Mister Simpatía del festival. El sábado fue el día de las sentadillas: The Dodos, David Eugene Edwards y algunos músicos de la Campell decidieron reposar las posaderas, casi todos en sillas y alguno en el mismo suelo. Vayamos por partes.

THE EXTRAORDINAIRES: Vaya unos cachondos. Sombrero de zorro. Guitarra tuneada con aletas. Potaje de The Beatles, Pavement, el country y la polka. Y los caretos teatreros de los dos frontmen, un poema. “Ribbons of War” (2007) se les debió caer de la furgoneta por el camino, pero aún así dieron una lección tremenda. Lección de ejecución (magníficas rotaciones de instrumentos), de mutación musical y de sentido del humor.


LA BUENA VIDA: Como no podía ser menos, la recuperación del mítico “Soidemersol” (97) estuvo llena de lujo y oropel. Orquesta sinfónica, invitados históricos (Borja Sánchez, por ejemplo), una cuidadísima puesta en escena con proyecciones y álbumes de fotos desempolvados. Tal envoltorio es una trampa para cualquiera, incluso para los detractores más tenaces del pop. Fue un concierto emotivo y bonito, vivido con el debido respeto a la ocasión, que acabó en abrazo conjunto y en un aplauso infinito para la magnífica orquesta. Y todo pese a la desidia de Irantzu, a veces harto insoportable.


ELI “PAPERBOY” REED & THE TRUE LOVES: “Acabo de ver un concierto de soul que te cagas” le decía un tío a alguien por el móvil a la salida. Las loas dedicadas al chico de los periódicos en los medios quedan contrastadas. Vozarrón tremendo, magnetismo escénico, y solo es un crío de veinte y pocos años. Al loro: el espíritu de James Brown, Otis Redding y Wilson Pickett sigue vivo y es más blanco que la leche. Tanto en lo rítmico (“Steak Your Claim”) como en lo íntimo (“It´s Easier”) el tipo lo borda, pese a copiar algunos tics de sus ídolos en demasía. Y sus musicazos de Missisipi y Alabama son, en efecto, unos auténticos amores. Un viaje alucinante a los años 50. Un fiestón que requería obligatoriamente una guinda del calibre de “(Doin´the) Boom, Boom”.


THE WAVE PICTURES: Tienen mucho que ver con Hefner, y no solo por ser amigos de Darren y Jack. También tienen un saborcillo importante a Violent Femmes. Son la mar de cándidos y entrañables, y tocan de maravilla. Su “hazlo tú mismo” y su sonido lo-fi es de lo más refrescante. Pero les falta un salto más para alcanzar el oasis de los mitos de referencia. “Strange Fruit or David” y “Just Like a Drummer” tienen su punto, pero en El Sol acabaron ahogándose en los medios tiempos y la rigidez.


DARREN HAYMAN & JACK HAYTER: La experiencia en el pasado Primavera Sound fue especial, así que había que repetirla. De las canciones de Hefner uno no se cansa nunca. Primera parte en plan dúo, duelo de guitarra y slide e intimidad, con “The Hymn for the Alcohol” y “Lee Remick” como estrellas. Segunda parte con sección rítmica de los Wave Pictures (mucho más interesante), desparrame, alegría y un Darren motivado e inspirado como nunca. Montaron un jolgorio de aúpa con “The Weight of Stars”, “Pull Yourself Together”, “The Hymn for the Cigarrettes” y “The Day that Thatcher Dies”, y “The Greedy Ugly People” protagonizó el momento precioso de la noche, coronada a capella por un público que se las sabía todas, todas. Dos generaciones sobre el escenario (David también se unió a la fiesta), divirtiéndose y divirtiendo.


THE DODOS: La sensación del festival. Excelentes en disco, el directo los eleva a los altares de la compenetración, la imaginación y el talento. Prodigiosas demostraciones de fuerza y simbiosis guitarra-percusión, y el mejor repertorio posible. “Paint the Rust”, “Fools”, “Joe´s Waltz” y “Jody” arrasaron. Y todo sin condimentos ni digitalización, con armas primarias y desnudas. Logan Kroeber deslumbró con sus frenéticos ritmos (no tiene precio como baterista), bien complementado por el tercer sujeto (el de rojo) y su arsenal de aporreables elementos (barreño metálico incluido). Si siguen así llegarán muy lejos; al menos tan lejos como están llegando Animal Collective.


ISOBEL CAMPBELL & MARK LANEGAN: La Campbell ha encontrado el método para calzarse la etiqueta de diva-star: arrimarse a tíos con algún don. El de Mark Lanegan es su voz de caverna, pero no solo de dones vive el hombre; el riesgo de convertirse en un segundón perpetuo ya le llega al cuello y mira que es gigante. Opiniones encontradas: 1) belleza, exquisitez, emotividad; 2) tedio, engaño, coñazo. Yo me quedo entre las dos: hay buenas canciones (especialmente “Deus Ibi Est”, “Who Built the Road”, “Something to Believe” y la versión de “Ramblin´Man”) pero hace falta más sangre, más pasión y más luz.


GIANT SAND: Howe Gelb sigue igual de encantador, aunque esta vez la sonrisa costó cara a causa de defectos técnicos. Tocar música es un hábito más para él, como lavarse los dientes o beber un trago. Así que todo fluye sosegado, con soltura, sin más sobresalto que algún guitarrazo improvisado o premeditado, nunca se sabe. La velada empezó con “Wearing the Robes of Bible Black”, pero no fue noche de clásicos sino de novedades. “Out There”, “Spiral”, “Pitch & Sway” o “Stranded Pearl” (con cameo de la insufrible Isobel) fueron grandes momentos en un repertorio exquisito y contenido. Hubo un conato de “Shiver” para contentar las demandas y todo acabó cuando muchos alcanzábamos el cenit de la emoción. Una pena. Leyenda viva del rock´n´roll.



WOVENHAND: Es injusto que bandas así tengan que verse limitadas a reducción de espacio y tiempo, muy injusto. Lo de David Eugene Edwards in situ es de impresión. Más bien poseído por el diablo que del lado de la Biblia, el de Denver es una bestia en trance, un chorro de voz a presión (nada que envidiar a Nick Cave) que brama como si fuera el día del juicio final, presa de vahídos que piden a gritos un exorcismo. “Kicking Bird”, “Beautiful Axe”, “Tin Finger” y la todopoderosa “Kingdom of Ice” fueron profusas y místicas hasta la extremaunción, introducidas por murmullos y cinceles. 16 Horsepower también se dejaron oir con los surcos de acordeón de “American Wheeze”. Una auténtica exhibición; es justo y necesario volver a vivirla ampliada en duración y forma.



Anécdotas de festival:

- Los silencios: las pausas en los conciertos de La Buena Vida y de Isobel Campbell & Mark Lanegan contaron con silencios colectivos que no se recuerdan. Nadie se atrevía a rechistar.


- Darren Hayman, ese crack: el viernes a la entrada en El Sol, solitario y despistado, detrás del puesto de camisetas y cds. Después saldría al escenario completamente transfigurado.

- Franic Rozycki y la educación inglesa: el bajista de The Wave Pictures llegando a la sala con la hora pegada, colándose entre el público para encontrar el acceso al backstage y repartiendo “excuse me” y “sorry” a diestro y siniestro.

- Los “amores verdaderos”: los músicos de Eli “Paperboy” Reed también acudieron a El Sol a ver a Hayman y Hayter. Aunque, y de ello doy fe, no les hicieron ni puto caso.

- ¿Qué hacía el tercero de The Dodos cuando se metía debajo del vibráfono?. La gran incógnita del festival.

- La osadía de Howe Gelb: atrévete a sacar una casaca del Séptimo de Caballería y una camiseta del Barça y pide consejo a la audiencia sobre cuál ponerte. La elección fue clara.

- Los retrasos del sábado: no se sabe el motivo, pero la entrada a la Joy Eslava el sábado se colapsó más de lo debido. Ello supuso desfase de horarios y un carrerón que ni Usain Bolt para llegar a tiempo a Wovenhand. El estrés mereció la pena, sin duda.

07 diciembre 2008

REPORTAJES

I´M NOT THERE + NO DIRECTION HOME: RETRATOS DEL MITO INSURRECTO.

Todos somos Dylan.

¿Quién no ha querido en algún momento de su vida cambiar el mundo?. ¿Quién no se ha sentido antisistema y ha buscado cualquier arma al alcance de la mano para expresarse y escapar?. ¿Quién no ha escrito o simplemente pensado alguna frase o palabra de protesta?. ¿Quién no ha querido tener una guitarra entre sus manos?. Bob Dylan es el autor del credo antisistema, protestón y poético más recitado en los últimos cincuenta años. Bob Dylan, aparte de escritor y músico, es un personaje esparcido en miles de personajes, que inspira e irrita, transciende y contradice, admira y asusta. Bob Dylan es una leyenda de otra dimensión. Así, Bob Dylan es niño y mujer; es blanco y negro a la vez; es Woody Guthrie, es un yanqui abandonado, una víctima del papel cuché, un pelele, un sensible empedernido, un absoluto imbécil. Nadie sabe quién es Dylan, pero todo somos él. Aunque lo odiemos, en el fondo del corazón también hay algo de amor.

I´m Not There” (2007) es la idea surrealista de Todd Haynes sobre las mil caras del mito sin nombrarlo ni una sola vez. Mil caras que son la de Christian Bale, Cate Blanchett o Richard Gere, pero que podrían ser las de cualquier hijo de vecino. Su música y sus textos son el guión para un hilo argumental inexistente, que mucho tiene que ver con el existencialismo, la soledad, el dolor y el desastre. Hay guiños ocasionales que aluden momentos míticos: el gran anatema de Newport 65, el encuentro con Allen Ginsberg, el famoso grito de “¡Judas!” en la controvertida gira europea del 66. Hay presencias dispersas y confortables más propias de documento musical que de producción hollywoodiense (Kim Gordon, Joey Burns y John Convertino, un ancianísimo y entrañable Richie Havens). Pero la historia es una historia sin historia, sin conclusión ni moraleja, cebada de interrogante y contradicción, que deja a la luz las miserias más palpables de la insurrección del mito, poniéndolo en evidencia tragicómica.

Hay que hallar algo más de verdad, si es que acaso la hay. Veamos qué contaba “No Direction Home” (2005), el documental de Martin Scorsese. Esto es otra cosa, otro Dylan, quizá el auténtico Dylan, sin caricatura ni interpretación. Es el Dylan que nació en Minnesota, que emigró al Greenwitch Village neoyorquino convertido a la religión de Woody Guthrie, que abrazó el éxito hasta que el éxito lo engulló de un bocado. Es el Dylan que tomó el relevo a Peter Seeger como trovador de esperanza en un mundo de controversia, de revuelta política, de miedo y expectación. Es el Dylan que cantaba sobre la realidad, impactando en las conciencias dormidas de una sociedad joven que hasta entonces no había encontrado la palabra ni el medio de mostrar su indignación. Fue el Dylan que estuvo allá y acá, en todos los lugares clave de los convulsos sesenta, en la marcha de Washington, en el caldo de la reivindicación civil. Un Dylan cuyas únicas armas eran una guitarra y una armónica (¿armas antifascistas?), extrañamente sujeta al cuello con un artilugio de lo más innovador. Un Dylan que hizo sombra a todos los de su anterior generación, e incluso a los de la propia; Joan Báez no pudo más que unirse a él, quizá con el ansia de una fuerza conjunta, quizá sabiendo que era el único avión al que darían pista en el aeropuerto de la nueva conciencia.

Sí, “No Direction Home” muestra al Dylan incipiente y creativo, a la vez inseguro y convencido. Muestra al Dylan que rehuyó todas las normas para aferrarse a una única ideología: su música, su mundo. Despreció todas las etiquetas y las marcas, las afiliaciones y los partidos, igual que hoy, con casi toda su vida por detrás, desprecia cuanto se le cruza en el camino, ya sean premios, personas o músicos que darían un brazo por él. Su afán de despreciador nato puede que le venga de la cuna, o puede que no. Puede quizá que venga de ese agujero negro en el que se encontró de repente, descubriendo el absurdo de una fama al principio deseada, después repudiada. Y a sabiendas de que no podía cambiar el mundo, como tantos y tantos le exigían, decidió cambiarse a sí mismo, enchufarse a un amplificador y gritar con todas las fuerzas: “Soy músico, no soy Dios”.

En efecto, Bob Dylan es música. Música que ha sonado desde siempre, eterna como el tiempo. Es su música lo que perdura y lo exime de todos sus pecados, como a tantos y tantos músicos. “Blowin´in the Wind”, “Like a Rolling Stone”, “Mr. Tambourine Man”, “Maggie´s Farm”, “Subterranean Homesick Blues”, “Masters of War”, “Hard Rain´s A-Gonna Fall”, “Chimes of Freedom”, “Tombstone Blues”, “Highway 61 Revisited”… Una banda sonora absolutamente de cine.

www.imnotthere.es

01 diciembre 2008

AGENDA

LA RIVIERA: ¿ADIÓS O HASTA LUEGO?.

En la anterior agenda y ante la abundancia de conciertos en noviembre, servidora decía lo siguiente: “la música en vivo goza de buena salud en nuestro país aunque las condiciones y coyunturas no siempre sean las adecuadas”. Pues bien, como si alguien hubiera leído mis pensamientos o el blog, llega la noticia del cierre de La Riviera. ¿Adiós o hasta luego?. De momento los conciertos programados para el futuro próximo no se han cancelado; algunos retrasan sus fechas, otros simplemente las mantienen. Ello es motivo de respiro. Decretos salomónicos de politiquillos de turno o pillerías de empresarios osados aparte, Madrid no puede permitirse el lujo de cerrar esta sala. Claro que se están diciendo cosas exageradamente burdas a raíz del incidente: cosas como “muerte de la cultura en la capital de España” y similares. No, la cultura no se muere: las bibliotecas, los teatros y los museos siguen abiertos para el que quiera visitarlos, la Fnac y la Casa del Libro siguen funcionando y siempre atestadas. Aquí no se muere nada; solo se ha perpetrando una nueva ofensiva contra los amantes de la música en directo, en concreto sobre esa minoría potencial “despreciada por los medios”, como dice el “sin pelos en la lengua” Quico Alsedo. En efecto, el desprecio y la incomprensión siempre nos han echado su aliento en la nuca, y no solo las superestructuras mediáticas son las culpables; también es culpable el amigo, el compañero, el familiar, el vecino que te mira como un bicho raro cada vez que vas a uno de esos conciertos “de grupos que no conoce ni su puta madre”, que te tildan de tarado desde su lastimosa ignorancia, se ríen de tu sana pasión haciendo daño sin querer (y algunas veces queriendo), que te imaginan vendiendo el alma al diablo entre alijos de drogas y gente sospechosa y rezan todas las noches una plegaria de salvación para que sientes la cabeza. A todos ellos y a muchos otros el cierre de La Riviera les importa una mierda; incluso lo aplauden como solución contra un (hipotético) “desastre humanitario”. Pero a mí me importa, por supuesto. Y no defiendo al damnificado ni al damnificador, no sé quién tiene la razón; uno dice negro, el otro contrataca con blanco, y al final acaba siendo gris. Lo único que defiendo es que las cosas se hagan bien para que de una puñetera vez los “minoritarios potenciales despreciados” tengamos el hueco que nos merecemos en este apestoso mundo de estereotipos, clichés y estupidez. A mí lo único que me importan son los momentos de gloria y alegría que he vivido en esa sala viendo a mis músicos tocar; ojalá esa alegría no se haya acabado. Ojalá la música no se acabe nunca porque entonces, entonces sí que estamos jodidos todos, yo y vosotros.

Hechas las consideraciones que el cuerpo me pedía sobre el tema, vuelvo a montar una agenda de conciertos por si con ello puedo hacer fuerza, aunque sea mínima. Ahí va la programación de diciembre. También la de enero de 2009, porque a finales de año estaremos muy ocupados tratando de sobrevivir a la temible tortura navideña.

DICIEMBRE

RON SEXSMITH- 2 de diciembre. Madrid. El Sol.
3 de diciembre. Barcelona. Bikini.
4 de diciembre. Bilbao. Kafe Antzokia.
6 de diciembre. Murcia. Auditorio Víctor Villegas.
7 de diciembre. Palma de Mallorca. Teatro de Lloseta.

NEW YORK DOLLS- 3 de diciembre. Madrid. Heineken.
4 de diciembre. Santiago de Compostela. Capitol.
5 de diciembre. Baracaldo. Rock Star Live.

PSYCHIC TV- 3 de diciembre. Barcelona. La [2].
4 de diciembre. Madrid. Moby Dick.


LOW- 4 de diciembre. Madrid. Galileo Galilei.
6 de diciembre. Santander. CuVa.
8 de diciembre. Sevilla. Teatro Central.

PRIMAVERA CLUB 2008
Barcelona. 10, 11, 12 y 13 diciembre (Apolo y Auditori Forum).
Madrid. 11, 12 y 13 diciembre (Joy Eslava, El Sol y Nasti).
Cartel: Giant Sand (en la foto), Isobel Campbell & Mark Lanegan, The Dodos, The Extraordinaires, Wovenhand, Eli “Paperboy” Reed & The True Loves, La Buena Vida, The Wave Pictures, Darren Hayman & Jack Hayter, Boss Hog, Abe Vigoda, 12Twelve, Deerhoof, The Thermals

ENERO

CALEXICO- 15 de enero. Madrid. Joy Eslava.
16 de enero. Vigo. Centro Social Caixanova.
17 de enero. San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia.
18 de enero. Zaragoza. Oasis.
20 de enero. Barcelona. Apolo.

DAMON & NAOMI- 18 de enero. Vigo. Vademécum.
20 de enero. Gijón. Acapulco.
21 de enero. Huesca. Matadero.
22 de enero. Tarragona. Loop.

THE STRANGLERS- 28 de enero. Barcelona. Razzmatazz.
29 de enero. Madrid. Joy Eslava.
2 de febrero. Bilbao. Santana 27.

GREG DULLI & MARK LANEGAN- 30 de enero. Barcelona. Apolo.
31 de enero. Bilbao. Kafe Antzokia.
2 de febrero. Madrid. Joy Eslava.

29 noviembre 2008

CONCIERTOS

MERCURY REV. Madrid. Joy Eslava. 28-11-2008.

Jonathan, el encantador de serpientes.

Érase una vez una banda que decidió adoptar un nombre de bailarín transilvano. Érase una vez una serpiente que se alimentaba de música. Érase una vez un romance entre el bailarín imaginario y la serpiente; un idilio que se remonta una década atrás y que ha sobrevivido a los tiempos al más puro estilo Romeo y Julieta, pero con una diferencia: que las dos partes siguen más vivas que nunca. Érase una vez otro encuentro entre ambos.

Érase un intro de imágenes sobre tela blanca frente al que la serpiente quedó turbada: Leonard Cohen, Talking Heads, Jack Kerouac, Jim Jarmush, Paris-Texas, Nick Drake, Henry Miller, Miles Davis, David Bowie, Misissipi John Hurt, John Coltrane, Beethoven, Alicia en el País de las Maravillas, etc, etc, etc, y el bailarín asomando entre ellos. Génesis y final, la serpiente se dio cuenta de que ella no eligió a su amor, sino que fue el destino el que unió los cabos sueltos de su alma a los de otra alma gemela.

Érase una vez una banda que un día quiso regalar al mundo las canciones más hermosas de la historia. “Frittering”, “Empire State”, “Chasing a Bee”, “Racing the Tide”, “Holes”, “The Funny Bird” o “Chains” forman parte del cajón de medicinas de la serpiente, al que echa mano cuando hace falta curar el virus de la inseguridad o la bacteria de la tristeza.

Érase un hechicero, llamado Jonathan Donahue, que bebía de una enorme botella para encontrar la inspiración, como Oscar Wilde y tantos otros. Érase también el travieso pequeño saltamontes, el príncipe azul en su castillo de teclas y los dos pajes rítmicos de pelo encrespado. Érase cinco reducidos a uno por los ojos de la serpiente: al loco sonrisas de la voz de chicle, el mimo confabulado con la luna y las hadas, tocador de pianos y tambores imaginarios, dueño de unos polvos mágicos desparramados sin la menor tentación de egoísmo. Los polvos tomaron el aire y alcanzaron a la serpiente, impidiéndole hacer las cosas que normalmente hace en un concierto: bailar, cantar, aplaudir, beber. Serpiente hipnotizada, postergada, inmóvil como un pedazo de mármol. Y aunque la dejaron sin su “Frittering” y sin su “Faraway from Cars”, el encantador y su comando colmaron a la serpiente en sus más secretos anhelos: otra dosis de “Holes”, “Black Forest”, “The Funny Bird”, “You´re my Queen”, “Tides of the Moon” y “Goddess on a Hiway”, muchas con postres electrificados y catárticos. Vasto y profundo mar de embelesamiento en el que los recientes conjuros electrónicos de copos de nieve, gente impredecible, niñas en flor y sentidos ardiendo encajaron milimétricamente en la bodega de un barco que sigue a flote por la gracia de Neptuno.

Érase una vez una serpiente que salió del reducto inexpugnable de la calle Arenal convertida en ser humano y sin palabras, pero con la ancha esperanza de encontrarlas. Pues bien, las ha encontrado. Porque como narraba Oscar, el tamborilero vitricida de Günter Grass: “Y cuando luego aquello se acabó de verdad, empezaron en seguida a hacer del final un nuevo principio lleno de esperanza, porque, entre nosotros, el final es siempre un principio, y hay esperanza en todo final, aun en el más definitivo de los finales”.

www.mercuryrev.com



15 noviembre 2008

CONCIERTOS

SIGUR RÓS. Madrid. La Riviera. 12-11-2008.

Gran bola de fuego.

Islandia es un país remoto que apenas si trasciende; la gente solo se acuerda de él cuando se desploman sus mercados financieros o España juega en fútbol contra su selección. ¿Son Sigur Rós conscientes de la propaganda turística y costumbrista que hacen de su patria?. Me sigue costando creer que una banda tan particular se haya convertido en santa devoción de masas. Música bella pero complicada, desarrollos interminables, historias ininteligibles expresadas en una lengua rara que a veces suena hasta pueril. ¿Grupo de culto?. No. Los grupos de culto no venden discos, tocan en salas de no más de doscientas personas y solo están en boca de la minoría. Lo de Sigur Rós es el gran enigma del siglo XXI.

Escuchar esta música es imaginar. Imaginas glaciares, soledad, vaho, luces blancas, moradas y azules; sueñas brumas y una quietud indescriptible. Pero en directo estas visiones se transforman: los islandeses son puro fuego sobre el escenario. Un fuego prendido por Jonsi Birgisson, el Farinelli del pop. El grupo se sostiene en su extraordinaria y extravagante voz, en ese sonido de terremoto sacado de una guitarra con un arco de violín. Sin él serían un grupo del montón. Esta vez no hubo lunas ni marabunta orquestal, solo los teloneros For A Minor Reflection (por cierto, son muy buenos) poniendo la batucada de “Gobbledigook”. Pero sí que hubo intensidad, silencios canónicos y emociones cortando el aire de la atestada Riviera.

Impactante: el solemne homenaje de inicio al idílico “Agaetis Byrjun” (99) con “Svefn-G-Englar” y “Ný Batterí”; la gran fiesta de “Gobbledigook”, con confetti a mansalva incluido; los superpoderes de “Saeglópur”, que en vivo roza lo divino; “Festival” o esa nota sostenida durante más de treinta segundos; la majestuosa corona sobre la cabeza de Orri; el arco destrozado con saña que voló finalmente hasta el público… y sobre todo, “Popplagid”.

Popplagid” fue una despedida apotéosica, más de diez minutos descomunales, una vomitona de ruido y fuerza, una jodida bomba en las entrañas. De esos finales que te dejan paralítico y sin habla, hasta el punto de no saber por dónde narices está la salida al mundo real. Una gran banda en directo. Una gran banda sin más.

www.sigur-ros.co.uk