03 febrero 2017

CONCIERTOS: CASS McCOMBS BAND

Madrid. Teatro Lara. 2 de febrero de 2017.


La afinidad, la empatía y el sortilegio a veces (casi siempre) condicionan la objetividad. Pero ¿a quién debemos objetividad? A nadie. La música no es un problema científico, pese a los intentos infértiles de poner piezas en orden para tener algo que contrastar, algo que contar. Con la música de Cass McCombs es muy difícil no solo encajar esas piezas, sino detectar su individualidad. Y eso es lo hermoso de la música, su heterogeneidad, su longevidad, su insólita permanencia. Puedes escuchar a un músico en la cuarentena y evadir la trinchera del tiempo, sumergirte en un riff de guitarra y no saber datarlo, no saber de qué remoto rincón de la tierra ha salido. Llámenlos caducos, nostálgicos o anacrónicos, pero estos artistas son los que de verdad portan la bandera de la probidad. Con este tipo de músicos la perfección no ha lugar; es el espíritu, la inspiración pagana, el tacto de la experiencia lo que va cimentando su aportación.

Y ofreció lo esperado. Errante por naturaleza y discreto por vocación, no es de Cass McCombs de quién quiere que se hable, sino de su arte. Y esa es la clave del artista que gana por mérito ese término, el de “artista”, usado a menudo tan falaz y gratuitamente. Lo que importa no es quién o cómo, sino el qué. Cuando una obra de arte nos emociona, sea canción, pintura, película o libro, el instinto siempre nos lleva a darle un título, ubicarlo en una casilla y pintarle un anagrama. Y en ese obsesivo afán clasificatorio nos olvidamos de prestar atención a lo que de verdad importa: el alma de la obra. Y así fluyen las canciones de Cass McCombs Band (sí, no olvidemos a la banda), como pequeños arroyos de sonidos, frescos y abundantes, danzantes y perennes. La disertación o el canto de una garganta con un potencial no del todo explotado, porque, volviendo a la filosofía, la voz no importa. Solo importa lo que se dice. Canciones como “Big Wheel”, “That´s That” o “Cry” retumban a golpe de grave, mientras otras como “Medusa´s Outhouse” o “County Line” embaucan y congelan el aire, y en todo momento está presente la huella de una Stratocaster que es capaz de volar entre los rascacielos de Nueva York, sobre las calles empinadas de San Francisco o en la servil sala de un estudio en Nashville. Hay que ser muy bueno para sacar un sonido tan maravilloso de un cacho de madera y metal. Marca de casa para subrayar esa reliquia popular que ya es “Dreams-Come-True-Girl”, seguida por deconstrucción e improvisaciones muy kraut y el turbador canto “Witchi Tai To” del free spirit Jim Pepper. Una secuencia esta que conquista el galardón a la mejor jugada del partido, aunque todo él fuera de altísima competición. No digan música, digan Cass. A fin de cuentas es lo justo.

El repertorio: “Bum Bum Bum”, “Opposite House”, “Big Wheel”, “Robin Egg Blue”, “Medusa´s Outhouse”, “Brighter!”, “That´s That”, “Cry”, “Dreams-Come-True-Girl/Witchi Tai To”, “Run Sister Run”, “County Line”// “I´m A Shoe

31 enero 2017

DISCOS EN RESCATE...

La música que sonó durante el stand by (3º parte)

Y en 2016 también hubo algunos agradables descubrimientos. He aquí los más notables.

ANGEL OLSEN “My Woman”

Tras colaborar con pesos pesados como Bonnie “Prince” Billy, Wilco o Cass McCombs, esta guapa mujer confirma su carrera con un disco que se ha colado entre lo más destacado del año pasado por derecho propio. Quizá por su catálogo exquisito de voces o por su versatilidad para abordar diferentes tempos y energías, “My Woman” es un álbum de etapas. Abre con sintetizadores (“Intern”), sigue con rock (fantástica “Shut Up Kiss Me”) y hacia el ecuador se sumerge en una intensa quietud folk y soul (espectacular “Woman”). No es su primer álbum (hay tres trabajos anteriores) pero sí la catapulta a un merecido titular.

EMMA RUTH RUNDLE “Marked for Death”

No todo es alegría. En el mundo del rock hay apartaderos tétricos, sinuosos y tristes. Las grandes bandas del grunge, el post-rock y el shoegaze en los noventa pusieron de moda la tribulaciones más oscuras del alma humana. Ella actúa en ese escenario y el título del álbum habla por sí solo. Canciones que anuncian si no un fin del mundo, sí un mundo cascado e irreparable. Su espléndida y límpida voz contrasta con la agonía de su mensaje sonoro. Y las detonaciones eléctricas subrayan esa rabia reprimida que hay que soltar para no morir de hastío. Ya nos lo revelaron los poemas de Baudelaire: también existe luz en las sombras.

KEVIN MORBY “Singing Saw”

Y si amo a Cass McCombs, ¿cómo no voy a amar a este tipo? Como que dos más dos son cuatro. Kevin Morby se suma a la ola de jóvenes músicos borrachos de nostalgia, como el mencionado Cass, M.Ward o Elvis Perkins. Su tercer disco requiere plena atención, el estudio de cada fraseo y cada nota. Un fluir de temas con aroma clásico, simples pero íntimos, y llenos de arreglos soterrados que los ensanchan como toques de pincel maestro. Trompetas, un piano, unas cuerdas, una coral, un saxofón. ¿Por qué será que el recuerdo de Dylan late desaforado en “Drunk and On a Star” o “Black Flowers”? ¿Por qué será que “Ferris Wheel” suena a una versión alternativa de “Blowin´In The Wind”? Quizá porque el ex bajista de Woods se declara fiel admirador del vigente Premio Nobel. Y los amores platónicos condicionan nuestro destino.

KNIFEWORLD “Bottled Out of Eden”

A la hora de definir a esta tropa británica la gente suele mencionar nombres como REM o The Smiths. Todo se queda corto. Hace falta un índice de muchas páginas para ilustrar las influencias presentes en su música. De difícil encasillamiento, libérrimos, funambulistas e impredecibles. Piensas que a continuación vendrá un fa sostenido o una repetición, pero… ay ingenuo de ti, todo son sorpresas desde el minuto uno de esa frenética y gigantesca “High/Aflame”. Este disco, efectivamente, no ha salido del Edén, sino de una fiesta loca de jazz, punk, psicodelia, calipso y rock progresivo, una de esas bacanales que solo son capaces de orquestar los inigualables Phish. Bingo: he aquí unos dignísimos y fehacientes discípulos de Phish.

SUGAR CANDY MOUNTAIN “666”

No puedo evitar pirrarme por estos grupos, artistas de ahora que parecen resucitados de los sesenta. Sugar Candy Mountain son de esos; suenan como si hubieran estado crionizados largas décadas. “666” revive el ABC de la psicodelia, el rock lisérgico de aquellos Electric Prunes, el pop de los Beach Boys o de aquellos Beatles o Byrds que se dejaron seducir por los alucinógenos (a la ilustrativa “Time” me remito). Y qué destreza para dibujar la melodía eléctrica más adictiva (“Window”, “Tired”, “Eye on You”, "Summer of Our Discontent") o el estribillo más categórico (“666”, "Who I Am"). Sí, la música original se acabó hace tiempo, pero aún existen magníficas posibilidades de exprimir las herencias. 

23 enero 2017

DISCOS EN RESCATE

La música que sonó durante el stand by (2º parte)

CASS McCOMBS “Mangy Love”

Amo a Cass. Lo amo desde “Lionkiller” y “Dream-Come-True-Girl”. Lo he seguido amando desde entonces y lo amaré mientras siga creando discos como este. Discos que capturan todas las músicas del universo, el jazz, el soul, el folk, el rock´n´roll,  el blues, el funk, sujetándolas entre los brazos con respeto y devoción. Pues “Mangy Love” está lleno de todo eso. Delicias como “Bum, Bum, Bum”, “Laugther Is The Best Medicine”, “Opposite House”, “Low Flyin´ Bird”, “In a Chinese Alley” o “Switch” abanderan una colección exquisita de cabo a rabo, deleite para paladares de alcurnia y colmo del buen gusto. No hay límites: incluso es el momento de coger trenes de largo recorrido y montar una fiesta a ritmo de cumbia (“Run, Sister, Run”) a la que se apuntarían Calexico si el tren pasara por Tucson. Amor incondicional y cita el próximo 2 de febrero.

FAT WHITE FAMILY “Songs for Our Mothers”

Si “Champagne Holocaust” (2013) era un excitante caleidoscopio, un loco viaje de Pink Floyd a Lou Reed, de The Cramps a Daniel Johnston, de The Monks a The Stooges, parece que en este nuevo trabajo han encontrado su sitio y su sonido. Sitio al que se atan con cadenas y no se mueven un milímetro. Sonido que se asienta en un punto a medio camino entre Pere Ubu y The Velvet Underground. Dicen que la experiencia es un grado y la madurez una virtud, pero a estos chicos demenciados e irreverentes el amateurismo les sentaba mejor. Aún así, rompamos una pequeña lanza a favor de “Whitest Boy on The Beach”, “Tinfoil Deathstar” o la macabra “We Must Learn to Rise”.

LUKE TEMPLE “A Hand Through The Cellar Door”

A caballo entre Here We Go Magic y sus andanzas particulares, el de Brooklyn sigue siendo la eterna promesa en la sombra. Si con su proyecto-banda se dedica a hacer malabarismos con cualquier género musical que se le antoje, sus viajes en solitario están llenos de latidos de intimismo e instrospección. Cronista, ensayista, filósofo o poeta, ocho canciones bastan para mostrar un fastuoso desfile de cuentos y reflexión. Las tremendas historias sobre Marianne, Louis Warren o los complicados hombres de los años 40, plenitud de inspiración y dominio del registro vocal, así lo atestiguan. Una pequeña joya.

MICHAEL KIWANUKA “Love & Hate”

Había sido tan ensalzado por los medios que había que dedicarle al menos una audición. Una que se ha convertido en muchas, pues en este caso la publicidad hace justicia. ¿El nuevo hijo del soul? Sí, ¿por qué no? “Love & Hate” es mágico, magistral. Viaja de la sumisión a la energía con sutilidad. Se mira en el espejo del pasado sin despreciar un presente cada vez más sometido a lo vintage. Este británico de ancestros ugandeses tiene voz, tiene talento, y desde luego, tiene alma. Contingencia de largo recorrido o flor de un día, ¿quién sabe? Pase lo que pase, temas como “Black Man in a White World”, “Place I Belong”, “Love & Hate”, “One More Night” o “Father´s Child” tienen madera para camuflarse entre los clásicos del género en la historia, a la vera de Otis Redding, Curtis Mayfield, Bill Whiters o Al Green. 

PARQUET COURTS “Human Performance”

No hacen nada que no hayan hecho antes The Clash, Wire o The Fall, pero el caso es que su sonido garage de corte sofisticado es ideal para recargar baterías. Canciones directas que desafían la simplicidad de los tres acordes y reivindican la guitarra eléctrica como manantial inagotable de posibilidades. Y tan fácil para ellos es bordar una canción de menos de dos minutos (“Outside”) como otra de media docena (“One Man No City”, hija engendrada de una relación furtiva entre Talking Heads y The Velvet Underground). No, no son nada nuevo, pero son justo el tipo de banda que le gustaría fichar a Richie Finestra para American Century Records (nota: ver la serie de televisión “Vinyl”).

PIANO MAGIC “Closure”

Retrospectiva. Quizá ya no queda mucho de aquellos Piano Magic que nos encandilaron con “Low Birth Weight” (99), “Artists´ Rifles” (2000), “Writers Without Home” (2002) y “The Trouble Sleep of Piano Magic” (2003). Después lo electrónico subyugó a lo eléctrico y sus discos se convirtieron en meros trámites. Pero en cada uno de ellos había una canción, sí, buscábamos esa canción que valía el disco entero. “Deleted Scenes” en “Disaffected” (2005), “Cities & Factories” en “Part Monster” (2007) o “You Never Loved This City” en “Ovations” (2009). Ahora llega este nuevo álbum y lo enfrentamos con el ánimo de hallar esa única canción. Y el prólogo “Closure” nos advierte que quizá la hemos encontrado; suenan los Piano Magic de antaño, la explosión de la guitarra que llora y los graves que retumban. Aleluya. El resto es un disco modesto pero esperanzador: lo eléctrico vuelve a la carga.

WILCO “Schmilco”

Wilco se han convertido en el verso libre del rock americano. Logrado todo lo soñado, ¿para qué estresarse y autoexigirse? ¿Para qué morir de éxito cuando hay tanta vida (musical) por delante? La sensación es que Tweedy y compañía ya están de vuelta del mainstream y el bla, bla, bla, y han decidido hacer lo que les pide el cuerpo. Por eso este “Schmilco” vuelve a sonar más analógico, anticuado pero bien guarnecido, a lo  Sargento Pepper. Música que sigue siendo grande en el fondo pero en la que ya no importa la forma. Porque, que quede claro: lo importante es la esencia. Y temas como “If I Ever Was a Child”, “Nope”, “Shrug and Destroy” o “We Aren´t The World (Safety Girl)” están llenos de ella. Pura esencia. Esencia de Wilco.
 
Próxima entrega: descubrimientos de 2016
 

15 enero 2017

DISCOS EN RESCATE

La música que sonó durante el stand by (1º parte)

Que no, que no me he ido. Aquí seguimos, en silencio y discreción. Es el resultado de dejarse llevar por la corriente, y la corriente a veces impone un stand by espontáneo y natural que hay que aceptar sin remordimientos. En estos meses de ausencia material (que no espiritual), la música ha seguido presente en un universo reconquistado por otras artes (literatura, cine, pintura y artes gráficas amateur). Ser prolífico no significa ser mejor. Los blogs no salvarán el mundo, lo dice la ley marcial de la obsolescencia. Y cuando no tienes nada interesante que decir, lo mejor es callarse.

Pero como es una injusticia y una pena dejar a la deriva los discos que sonaron durante el parón, he aquí una breve mención a todos ellos en sucesivas entregas.

DAMIEN JURADO & RICHARD SWIFT “Other People´s Songs Volume 1”
Sorprendente pero elemental y necesaria la ocurrencia que ha tenido esta magnífica asociación. Damien y Richard, mano a mano, protagonismo, elección, voz y crédito  compartidos en un homenaje a las canciones de otros. Tan difícil es construir una canción propia como llevar una ajena a tu terreno. Y estos dos individuos hacen que parezca fácil, como un acto reflejo repetido cada mañana. Ellos pueden con todo, siempre dentro de una acotación temporal (años 60, años 70). Desde Chubby Chekker a John Denver, pasando por Yes, Bill Fay y… (no, no es coña) hasta Kraftwerk. Resultado: un disco emocionante y curioso que hace justicia a un Swift que merecía salir por un día de detrás de las bambalinas. Y una buena noticia: lo de “volumen 1” ya anuncia la continuación. 

JAKE BUGG “On My Own”
Avanzando hacia lugares comunes del pop-rock, Jake se aleja de Buddy Holly. Quiere  dejar de ser la deliciosa anomalía retro y explorar nuevos y mejor retribuidos caminos. Resulta simpático en sus escarceos con el hip hop (“Ain´t No Rhyme”) pero trivial en los empeños electro (“Gimme The Love”) y de balada eurovisiva (“Love, Hope and Misery”). Las reliquias folk (“The Love We´re Hoping For”), soul (“Never Wanna Dance”) y country-blues (“On My Own”, “Put Out The Fire”, “Hold on You”) siguen marcando la auténtica diferencia.
 
PJ HARVEY “The Hope Six Demolition Project”
Confirmado: la cabeza de esta mujer es una mina. Implicada más que nunca en la sociopolítica, este es un hermoso y crítico canto a la justicia, que en su forma continúa con el método inventado para el espléndido “Let England Shake” (2011). Estructuras líricas entrelazadas con explosiones eléctricas, efectos sampleados y viejas fotos sonoras de western, gospel y blues. Su ejército de caballeros sigue al pie del cañón (Mick Harvey, John Parish, Flood, Jean-Marc Butty, qué grandes), con la añadidura de otros nombres nobles, como Terry Edwards (ministro de abundantes y sugerentes metales) y James Johnston (ministro de las teclas). ¿Y cuántas veces hemos visto a una coral masculina secundando el protagonismo vocal de una dama? Sin duda Polly lo vale.
 

NICK CAVE & THE BAD SEEDS “Skeleton Tree”
Los que amamos al Nick Cave rotundo, rimbombante y con mala hostia no estamos de enhorabuena para nada. Porque el tío Nick está en la etapa más minimalista y quizá experimental de su carrera. Veo en Mondosonoro que este ha sido elegido disco del 2016 y me quedo estupefacta. Está claro que la tragedia vende, y quizá por eso este disco vende: porque está marcado por la pérdida de un vástago. Por eso es lógico que “Skeleton Tree” sea una especie de susurro funerario, importante en literatura pero irrelevante en armonía. Un Nick Cave que declina cantar y opta por recitar, que prescinde de casi todos los redobles y del violín de su amigo Warren. El Nick Cave más desértico jamás conocido.
 

STEVE GUNN “Eyes on The Lines”
“Eyes on The Lines” podría y debería ser la obra de consagración de este excelente compositor y guitarrista. No obstante, es su trabajo más denso, elaborado y producido. Un artista que da un paso adelante y se atreve a ser imperativo e importante, reivindicando su propiedad tras años de timidez y de servicio a otros. Qué grande es Steve y qué grande es este disco. Un disco (que podría co-firmar su amigo Kurt Vile sin problema) con vitola de reliquia, donde siguen imperando esas guitarras prodigiosas, cada vez más psicodélicas. Canciones tan inmensas como “Ancient Jules”, “Conditions Wild”, “Nature Driver” o “Ark” ponen a este genio al alcance de todo aquel que quiera abrir los oídos y capturar esencias olvidadas.  
 

12 julio 2016

CONCIERTOS: NOS ALIVE 2016

Lisboa. Parque Oeiras. 7-8-9 julio.

Yo sobreviví al NOS Alive 2016. Sí, sobreviví al festival de los Pixies, los Chemical Brothers, Radiohead y Arcade Fire, reyes de masificaciones, locuras y aplastamientos en otros lugares y ocasiones. Los festivales, esas pequeñas bestias con vida propia. Como todos los seres los festivales nacen, crecen, se reproducen y ¿mueren? Algunos no lo saben pero morirán. El FIB ya estuvo a punto. Si no controlas a la bestia al final sus garras te descuartizan. Quizá este haya sido el estirón para el festival portugués, un estirón netamente descontrolado. ¿Y cómo sobrevives a un monstruo humano como este? Pues gracias a los años de experiencia, pequeños trucos aprendidos tras decenas de festivales, estrategias de girl scout y sobre todo, mucha, mucha paciencia. Así se gana una guerra.

LOS CABEZA DE CARTEL

PIXIES: Estuvo bien hace doce años; ese regreso para saldar demandas pendientes y dar gusto a los melancólicos. Fans incansables y melancólicos sigue habiéndolos a puñados, pero la invención new Pixies es un extra innecesario. A nadie le importan esas nuevas canciones (las del “Indie Cindy” y el futuro “Head Carrier”), solo los viejos hits, esas “Velouria”, “Monkey Gone to Heaven”, “Where Is My Mind?”, “Here Comes Your Man” o “Debaser” reproducidas como una fotocopia en serie una y otra vez. Y la historia es siempre la misma, una historia que sin Kim Deal no tiene ninguna sustancia, con todos los respetos para la nueva bajista. La suerte de los Pixies es precisamente la anarquía, canciones que entre sus grietas y arrugas esconden perfectamente el error, el desafine o una voz cascada. Qué mal sonaron, por dios. Pero qué poquita gente se dio cuenta.

RADIOHEAD: Podríamos escribir un libro sobre este concierto, sí. Dos horas que dan para mucho, para lo bueno y lo malo, para teorías y disecciones sobre Radiohead, su evolución, sus manías, el eterno debate del éxito o el anti-éxito, etcétera. El caso es que tienen tantas cartas bajo la manga que de nada sirve irritarse cuando las maquinitas te ponen de los nervios; de repente Joni coge el fusil, aparecen naipes como “My Iron Lung”, “Street Spirit” o “Paranoid Android” y vuelves a amarlos con toda tu alma. “A Moon Shaped Pool” fue protagonista, pero ¿qué ocurrió con sus canciones? ¿A cuento de qué ese sonido aplatanado y confuso? Confirmado: a este álbum le falta carne. Por suerte aparecieron todos sus discos excepto “Amnesiac”, incluida la siniestra y sorprendente cara B “Talk Show Host”, un sentido recorrido-homenaje por todos los Radiohead que hemos conocido durante años. Si lo miras en conjunto la reconciliación se materializa sola. Si acaban con “There There” te olvidas de toda vacilación. Y si vuelven a salir y te agasajan con “Creep” (sí, señoras y señores, nada menos que “Creep”) y “Karma Police”, entonces ya no hay resquemor que valga. Definitivamente ganan el partido, y por goleada. Inmensos.

ARCADE FIRE: Dice mi amiga Sonia que Arcade Fire son un circo. Y tiene toda la razón: Win Butler como maestro de ceremonias, fieras corrupias, saltimbanquis, la mujer metálica, cabezudos y algún que otro payasete tocando el bombo. Una orquesta de directo puro y duro, todo un espectáculo. Me retracto y les reconozco el mérito, y me trago ciertas cosas que alguna vez ladré: que han perdido el norte o que van a morir de éxito. Perdonemos la insoportable pose disco fashion de coñazos como “Sprawl II” y “Reflektor”, quedémonos con la diversión y el rédito imponente de su histórico funeral y su biblia de neón. Dejémoslos caminar libremente a ver hasta dónde llegan. Es lo menos que se puede conceder a una banda que se permite tantas sorpresas y lujos. Como reclutar a Martin Wrenk y Jacob Valenzuela de Calexico en “Ocean of Noise” o contar con un sublime mago llamado Owen Pallett discretamente presente al fondo de la carpa. Pasen y vean.   

LAS EXQUISITECES

VINTAGE TROUBLE: Sorpresón, revelación, desmadre, exhibición, escándalo. Hacen falta muchas palabras para describir el show de estos californianos. Esa mezcla de rock and roll, soul y R&B entra a destajo por los oídos y promete, pero su puesta en escena es de traca. Como en los mejores tiempos. Como en los tiempos de James Brown. Porque sí, Ty Taylor es una especie de reencarnación del rey del soul pero a lo bruto. Y ojo a sus dicharacheros y pulcramente ataviados compañeros de reparto, que si bien pudieran también saltarían del escenario como berracos en celo. Sin tregua ni respiro, fiesta retro desde el minuto uno hasta el final, alcanzando el culmen con Taylor haciendo un largo por todo el Palco Heineken en brazos de la audiencia al son de la rotunda “Run Like The River”. Y es que además de ser unos cachondos tocan y cantan como Dios. Menudo bombazo.

ROBERT PLANT & THE SENSATIONAL SPACE SHIFTERS: The Who y Neil Young hace unos días. Ahora Robert Plant. Tremenda e inigualable dosis de Historia musical con mayúsculas. Y el señor Plant puede presumir de Historia, de sabiduría, de pelazo y de todo lo que le de la real gana. Los dorados años del hippismo y el rock pasaron dejando estelas que sobreviven en una vía láctea convertida en contenedor de mitos y culturas. Qué fantástica y multicolor lección de globalidad, de manos entrelazadas, de músicas conviviendo en una sola música. El sueño es posible. Como posible es hermanar sonidos ancestrales, rock and roll, folk tradicional y blues. Como posible es hermanar a Led Zeppelin con Leadbelly, Joan Baez o Bukka White. Como posible es hermanar a músicos de todos los rincones del planeta y formar precisamente eso: una familia de sensacionales viajeros del espacio. Los momentos Zeppelin (“Black Dog”, “Whola Lotta Love”, “Rock and Roll”) fueron los más celebrados, pero cada segundo de cada minuto de este gran crisol fue igualmente celebrable.

COURTNEY BARNETT: Una cosa buena de los festivales es que te hacen volver a cosas que por pereza tenías en espera. Ahí estaba esta jovencita, en el cajón de los “ya lo escucharé cuando me apetezca o pueda”. Y menos mal; ya estábamos tardando en descubrirla. La calidad de sus grabaciones se traslada al escenario con recursos mínimos (guitarra, bajo y batería, ¿hace falta algo más?) pero exactitud fidedigna. Los caminos del country y el grunge no se cruzan en Roma, se cruzan en Courtney Barnett. Toda una voz, una potencia escénica, un auténtico valor en alza. Las espléndidas “Small Poppies” y “Pedestrian at Best”, puntos álgidos del concierto, dan buena cuenta de sus talentos. Habrá que seguirle la pista tras este gran bautizo de gloria.

FATHER JOHN MISTY: Pues sí, parece ser que Josh Tillman ya ha encontrado el zapato a su medida. Se cansó de ser el actor secundario, el cantor solitario, el hombre invisible. Se transformó bajo un pseudónimo bluesero y dejó brotar la bestia parda que hay en él. Abrumadora metamorfosis. Ahora se contonea por el escenario como si fuera un gurú, un apóstol, una réplica neohippie de Nick Cave. Agarra la guitarra para rasguearla un rato pero acaba soltándola, unas veces en el aire, otras en el suelo, liberado, libre al fin. Se aferra al micro y se arrastra como un moribundo, y nos relata desde el alma sus historias con fachada de cuentacuentos atormentado. Y sus canciones cobran una nueva vida en directo, ganando en aroma, músculo, belleza y sabor. Una banda excelente lo acompaña, pero ¿quién se acuerda ahora mismo de la banda? Solo nos acordamos del renacido. De lo mejorcito del festival.

CALEXICO: Yo de mayor quiero ser una Calexico. Quiero tocar con ellos, viajar con ellos, irme de cañas con ellos. Hey chicos, puedo tocar lo que sea. ¿La pandereta? ¿No queréis una corista-panderetista? ¿Dónde hay que echar el currículum? Y es que Calexico no son una simple banda, son más bien una familia en la que unos entran y otros salen, unos vienen y otros van, y todos encuentran su lugar, como ya lo han encontrado Jairo Zavala o Sergio Mendoza. Improvisación y perfección, ambas presentes y 100% compatibles. Se divirtieron como la gran familia que son, funcionaron como la exacta turbina que son. Esta vez calibraron con precisión la verbena (“Cumbia de Donde”, “Inspiración”, “Crystal Frontier”, “Güero Canelo”) con la épica más rock (“Maybe on Monday”, “Black Heart”, “Bullets & Rocks”). Pasearon por gran parte de su discografía, nos colmaron con una inesperada y regia “All Systems Red” y no se olvidaron de Love. Las trompetas volvieron a echar humo, John nos dio otra distinguida lección a las baquetas y Joey cantó como en su vida. ¿Qué tendrán que no podemos dejar de quererlos?

JOSÉ GONZÁLEZ: Había notable curiosidad por ver a este chico en directo. Curiosidad por comprobar si de verdad es el tipo corriente, tímido y encantador que parece. Lo es. Curiosidad por ver si es sueño o realidad su prodigioso don a las seis cuerdas. Lo es. Curiosidad por saber qué formato ha diseñado para plasmar en vivo sus albinas composiciones. Formato de banda minimalista años sesenta con teclado, guitarra de acompañamiento, percusiones y coros angelicales. Y con todo eso el resultado es algo celestial, consiguiendo que la intimidad se convierta en una fiesta de palmas y danzas con temas como “Let It Carry You” o “Leaf Off/The Cave”. Y como él es muy dado al jugueteo y las versiones inverosímiles tampoco faltaron un regalo de Junip (“Walking Lightly”) y las curiosas cortesías a Kylie Minogue (“Hand on Your Heart”), Massive Attack (“Teardrop”) y The Knife (“Heartbeats”). Fuera de categoría.

Y OTRAS COSAS QUE CONTAR

-        Que The Happy Mess son una discreta copia de Arcade Fire, con un efectivo directo y canciones bastante lustrosas. Seguro que a Win Butler no le importaría comprar “Last Man Standing”. Primera ración portuguesa del festival.

-        Que The Chemical Brothers son más de lo mismo de hace casi veinte años: proyecciones chulas y dos tíos al lado de una mesa. Un detalle empezar con “Hey Boy Hey Girl” y hacernos recordar los viejos tiempos.

-        Que Sean Riley & The Slowriders, banda de culto en Portugal, son una muestra innegable del buen gusto musical de nuestros vecinos. Con la vista de reojo en los USA, elegantes, pero fatalmente programados a la hora del desmadre y de los Chemical. Impecables sus “Flying Back”, “Gipsy Eyes”, “Dili” y “Dark Rooms”.

-        Que los australianos Jagwar Ma son primos hermanos de sus paisanos Tame Impala. Psicodelia para bailar. Gran fiesta aperitivo a las seis de la tarde, con temas tan resultones como “Man I Need”, “Uncertainty” y “Come Save Me”.

-        Que Tame Impala se han hecho mayores y que un escenario mastodóntico ya no les queda grande. Y quizá nos escucharon cuando antaño los comparábamos con The Flaming Lips, pues ya se han apropiado del truco de los confetti. Solo media hora que dio para disfrutar de “Let It Happen”, “Elephant” o “The Less I Know The Better”. En el cara o cruz ganó Papá John Misty.

-        Que Two Door Cinema Club son una metralleta de ritmo, frenesí y estribillos pegadizos que vuelve literalmente loco al personal. A mí ni fú ni fá, pero ya es la segunda vez que me los trago. Cosas de festivales.

-        Que Hot Chip siguen siendo la misma pandilla de tipos raros y estrafalarios, que siguen haciendo buenos temas o reinterpretando los antiguos (inédita versión de “Boy from School” para empezar) y que hay que estar muy enfermo o ser muy soso para que no te hagan mover el esqueleto.

-        Que Band of Horses vuelven a cantar bingo aunque se apreciara algo menos de energía que en el Mad Cool. No obstante, era el último concierto de gira y el agotamiento es obvio. Pero tuvieron el detalle de esperarme para tocar “Cigarettes, Wedding Bands”, que esta vez sonó en la recta final. While they lied at night, they lied at night, while they lied”. ¡Gracias, muchachos!

-        Que M83 no es solo Anthony Gonzalez, sino una potentísima banda en directo, sonido electro-rock aderezado con ese impecable toque de saxo. Cámara y realizador se quedaron encallados en la monísima teclista, pero el show estaba en el ricitos de los tambores y guitarra de doble mástil. La gente se desperezó con “Midnight City”, pero las más explosivas fueron “Do It, Try It” y “Laser Gun”.

A Arturo: gracias por las fotos.

20 junio 2016

CONCIERTOS: MAD COOL FESTIVAL

Madrid. Caja Mágica. 16-17-18 junio de 2016.

Yo sobreviví al primer Mad Cool. Sí, sobreviví a la presunta deficiencia de los cimientos de la cubierta sobre el estanque, a la caótica inauguración del jueves, a los inventos peligrosos de chips electrónicos, a la huelga de metro, a informadores que carecen de información para informar, a carteles indicadores muy monos pero que no indican nada (¿to everything?) y a guardias de seguridad encelados tratando a los asistentes como reses. Sobrevivimos a un festival que mucho tiene que mejorar para perdurar en el tiempo. Hay infraestructura, espacio y potencial. Pero hace falta mucho más. Hace falta que los festivales los organice, o al menos colabore, gente que ha estado en muchos festivales. Los meramente empresarios solo ven billetes, y con los ojos llenos de billetes es muy difícil observar qué está pasando alrededor. Es difícil ver a la gente. Y al fin y al cabo estos negocios sobreviven gracias a la gente, ¿no?

Sí, en el aspecto organizativo los festivales dan para comentar de lo lindo. Podría incluso escribir un libro entero sobre el tema. Pero por mucho que sufras, que te cabrees, que maldigas, al final lo que prima por encima de todo es la música. Y después de ver a The Who y al tío Neil en más que aceptables condiciones ¿quién se acuerda de las colas? Pues eso.

TOM ODELL: Delicadeza elevada a la potencia. La propuesta del británico se transforma en vivo en un animal de dos cabezas. Su elegancia al piano de cola contrasta con el músculo de esas dos baterías que convierten sus a ratos ralos temas en pura fibra. Por su puesto, el momento álgido no pudo ser otro que “Another Love”. Aunque la verdaderamente apabullante fue “I Know”. Una auténtica sorpresa.




THE KILLS: Bestias de escenario. Es cierto que la minimalista propuesta de Alison Mosshart y Jamie Hince ha perdido la originalidad de los inicios y sus canciones ya no son tan buenas. Pero hay que reconocerles un verdadero mérito: que ambos son dos golems escénicos, el uno haciendo ruido, la otra regodeándose en él. Canciones como “No Wow” y “Kissy Kissy” nos recuerdan por qué nos interesaron tanto antaño. Y por cierto, el debate sigue abierto: ¿Alison mejor rubia o morena?

THE WHO: Leyendas vivas. Una vez dije que disfruto más viendo a leyendas vivas de la música que a noveles muertos. También he dicho muchas veces que debí nacer treinta años antes. Aunque claro, pensándolo bien, si hubiera nacido entonces no hubiera podido comprobar lo que afirma aquel sabio amigo mío: que la música hace tiempo que se acabó y lo que ahora vivimos son solo moviolas. Viendo a The Who pensé mucho en todo esto. Algo tiene que tener esta música para sobrevivir décadas con absoluta dignidad. Algo tendrá esta gente para seguir disfrutando en el escenario con setenta bien cumplidos. Porque Roger Daltrey y Pete Townsend siguen disfrutando, de eso no cabe duda. Los cuerpos no son los mismos (ni la voz de Daltrey, desde luego) pero las almas sí. Y algo tan bueno merece ser perpetuado. Sin concesiones ni respiros, batería de grandes éxitos acompañada de un espectáculo visual emocionante, efectivo y nostálgico (con homenaje a Keith Moon incluido). Los latigazos y los molinillos marca de fábrica tampoco faltaron. Porque The Who fueron una fábrica de clásicos fabulosa. Y poder vivir tan de cerca “Substitute”, “Who Are You”, “My Generation”, “I Can See for Miles”, “Behind Blue Eyes”, “Join Together”, “You Better You Bet”, “Sparks”, “Pinball Wizard”, “Baba O´Riley” o “Won´t Get Fooled Again” se antoja un auténtico privilegio en nuestros tiempos. Enorme.

DJANGO DJANGO: Pasados de revoluciones. Está claro que la misión de los escoceses en este planeta es divertir y hacer bailar al personal. Pero hay maneras y maneras. Con sobresaturación de bajos y volumen desmesurado, el artesanal e impoluto sonido de sus grabaciones se convierte en amasijo de reciclaje. Un crimen tratar así temas como “Hail Bop”, “Waveforms” o “Reflections” (por cierto, gran aplauso para los solos del esporádico saxofonista). Eso sí, ellos se lo pasan pipa. Y los que tienen orejas en vez de oídos también.


EDITORS: Cualquier tiempo pasado fue mejor. Es lo que ocurre con los hypes; después hay que sudar sangre para mantener el tipo. Tampoco apostábamos tantos discos ni que duraran más que un caramelo a la puerta de un colegio (de modernos). Pero ahí está la banda de Tom Smith, cada vez más plana pero más laureada en circuitos y festivales varios. Por suerte siguen teniendo un gran directo y Tom sigue hechizando con su histrionismo, lo cual ayuda a soportarlos. Eso, y que se cuelen por ahí “Smokers Ouside The Hospital Doors” y “Munich”.

CARMEN BOZA: Descubrimientos. Es lo que tienen los festivales; que sin comerlo ni beberlo te topas con algo que no entraba en el planning y te deja con la boca abierta. Como lo de esta gaditana, versión spanish oscura de Patti Smith salvando las distancias. Excelente voz, guitarra que arde y lírica de versos que hacen sangre. “En la mansión de los espejos no cabe un alma más. Siento aversión por mis complejos y manejo un arma”. Mucha suerte para ella.


KINGS OF CONVENIENCE: Pequeños Simon y Garfunkel. Hace once años tuve ocasión de verlos en Benicasim y me prendé de ellos. Qué bonito es comprobar que, años después, siguen siendo el mismo remanso de paz. ¿Para qué cambiar cuando la cosa funciona? Y sí, “Quiet Is The New Loud” (2001) funciona, principal protagonista (que no único) con sus canciones quiet tocadas muy loud (a la ironía de Erik me remito). ¿Quién necesita una sección rítmica teniendo un público entusiasta que sepa dar palmas y chasquear los dedos? ¿Quién necesita publicar nuevos trabajos si los antiguos resultan tan agradecidos? ¿Quién es capaz de levantar tanta devoción con dos voces, dos guitarras y un puñado de canciones intimistas folk? Solo ellos. Parte de culpa la tiene Erlend, simpático maestro de la empatía y el espoleo masivo. Y sí, chaval, tienes toda la razón: ¿POR QUÉ LA GENTE NO SE CALLA DE UNA PUTA VEZ EN LOS CONCIERTOS?.

TEMPLES: Chicos con futuro. Ni el sol cayendo en sus narices, ni el mejorable sonido ni el partido de la selección española. Temples son buenos hasta decir basta. A las ya memorables “Colours of Life”, “A Question Isn´t Answered”, “Sun Structures”, “Keep in The Dark” o “Mesmerize” se unieron algunos estrenos, temas nuevos que pronto verán la luz y que prometen un avance por la senda psicodélica encomendada. Esta vez sí se les permitió rubricar con “Shelter Song”. Esa extraña y escondida maravilla llamada “Ankh” volvió a embrujar con su melodía milenaria. Y James Edward Bagshaw cada día se parece más a Jim Morrison.

JANE´S ADDICTION: Perry, el resucitado. Hace muchos años, cuando éramos jóvenes y grunges, “Ritual de lo Habitual” (90) nos parecía un disco de lo más molón. Picaba la curiosidad de saber cómo nos sonaría ahora. Mucho más picaba la curiosidad de comprobar el estado de un Perry Farrell al que dábamos por semi-muerto. Y ahí está, renacido de las cenizas del exceso y la chaladura, ataviado de brillos, traje y sombrero, muy dandy y nada punky. Y aún canta, vaya si canta. ¿En cuanto al disco rememorado en cuestión? Pues no, no pasa el examen del tiempo tan bien como los clásicos de The Who, aunque temas como “Obvious” y “Been Caught Stealing” todavía colorean un puntillo de nostalgia. Lo mejor: ese inesperado homenaje a David Bowie con “Rebel Rebel”. Lo peor: el anecdótico pero innecesario teatrillo de las bailarinas-objeto.

BAND OF HORSES: Caballos pura sangre. Corría por ahí el rumor de que la banda de Seattle era un portento en directo. Pues bien, la leyenda era cierta. Bastó el brutal arranque con “Cigarettes, Wedding Bands” (temazo, temazo, temazo) para corroborarlo. Ya nos tienes en el bolsillo, Ben Bridwell. Ahora, a hacer lo que os de la gana. Y eso hicieron, sin que faltaran imprescindibles como “Casual Party”, “Laredo” o “No One´s Gonna Love You”, canciones que en casa no alimentan pero en vivo se trasforman en el increíble Hulk. Pedazo de banda de barbudos rockeros.

THE LONDON SOULS: Jimi Hendrix experience, parte 1. Llego el sábado al festival bien temprano, me planto ante el escenario 2 y de repente... una nube me teletransporta un porrón de años atrás y me despierto en Woodstock o Monterrey. Un dúo (guitarra-batería) toca blues rock de alta escuela. “¿Eres Jimi?” le pregunto mentalmente al guitarrista en pleno solo eléctrico. Y me contesta con una lluvia de ruido. “¿Eres Mitch?” le pregunto al batería. Y me responde con un trueno de redobles. “¿Sois la Jimi Hendrix Experience?” grito a pulmón partido. “No, coño, no ves que solo somos dos”. “Ah, vale. Entonces seréis The London Souls”.

GARY CLARK JR.: Jimi Hendrix experience, parte 2. ¿Se puede ser más fino y elegante? ¿Se puede mutar de B.B. King a Chuck Berry o Sam Cooke en un parpadeo? Gary Clark Jr. venía precedido de buena prensa y elogios a su técnica y repertorio. No defraudó. Sus majestuosos solos de guitarra volvieron a traernos a la mente al jodido Jimi. Calidad, mucha calidad.




NEIL YOUNG + PROMISE OF THE REAL: “Yo de joven quiero ser como Neil Young”. Eso decía un amigo tras el concierto. Y yo también quiero lo mismo. Pero es imposible, porque Neil solo hay uno. Y jamás habrá dos. Dos horas y media de crescendo maravilloso, comenzando por las odas en solitario (piano, órgano, acústica y armónica): “After The Gold Rush”, “Heart of Gold”, “The Needle and The Damage Done”, “Mother Earth”. Y las ovejas despistadas comenzaron a abandonar el redil. Después Promise of The Real. Sí, unamos el nombre de la banda al del genio. Crazy Horse no, pero casi. Músicos enormes para acompañar al coloso. “Yo toqué con Neil” podrá decir alguno dentro de unos años, blandiendo su brillante currículum con inmenso orgullo. Parte sosegada y acústica con omnipresencia para unas “Out on The Weekend”, “From Hank to Hendrix” (¡Jimi de nuevo!), “Unknown Legend” y “Alabama” inmaculadas. Y otro puñado de ovejas descarriadas huyen por peteneras. Vale, ahora ya solo quedamos los mejores. Disfrutemos al fin pues. Abracemos la explosión eléctrica como a un hermano perdido. Esa iracunda fiebre que nunca acaba, como en “Words”, “Down by The River”, “Mansion on The Hill”, “Like a Hurricane”, “Rockin´in The Free World” o “Love and Only Love”. Y rocanroleando en el mundo libre creímos alcanzar la verdad sobre quiénes somos y hacia dónde vamos. Nos sentimos los escogidos. Nos sentimos cómplices de un hombre de la edad de nuestro padre al que queremos como a un hijo. Sí, te queremos, tito Neil.

BEN MILLER BAND: Revelación del festival. Los discos de esta cuadrilla nos habían prometido espectáculo en directo. Cuadrilla, familia, caterva de personajes, panda de musicazos a cual más singular. Imposible elegir entre la cresta de Ben, el pelazo de Rachel, los tirantes de Scott o el sombrero carmesí de Smilin Bob. Bluegrass y skiffle a saco. Improvisación y rotaciones instrumentales. Espectáculo es poco. Fiestón, diría yo. Con canciones tan resultonas como “Hurry Up and Wait” tienen el cielo ganado. Y si ya se ponen a versionar “The House of The Rising Sun” a su loca y desvergonzada manera, ¿quién puede resistirse a hacerles la ola? Una pena que durara un suspiro.  

12 junio 2016

CONCIERTOS: DOMINIQUE A

Madrid. Arena. 10-06-2016.


Ahora sí. Ahora Dominique ya es el número uno de mi lista, el artista que más veces he visto en directo. Hacía mucho tiempo que no nos encontrábamos (seis años, demasiados) y casi había olvidado sus ilimitados potenciales. Por eso hay que seguirlo allá dónde aparque sus trastos, porque este señor genio nunca defrauda, siempre sorprende y su aura crece y crece y crece. No tiene fin. Mereció la pena esperar cuatro meses, pues en febrero no pudo ser. Ni se me pasó por la cabeza devolver la entrada. Sabía que vendría (es un tipo serio, de los que cumplen). Daba igual cuándo o dónde. La gira de “Vers Les Lueurs” (2012) se escapó y aún nos lamentamos por ello.
 
Nunca será un mito mediático, solo un músico selecto para minorías de paladar fino. Leyenda en un mundo pequeño dentro de un mundo más grande con una apretada venda en los ojos. Dominique A en directo es un obsequio tan generoso, una experiencia tan inmensa, que casi se antoja injusto que tantos seres humanos vivan en la inopia. Pero ahí estábamos los de siempre y algunos más, audiencia diversa y nuevamente enamorada. Y ahí estaba la enésima lección de este llamado chansonnier que también podría llamarse rockero, tan gigante como humilde, demostrando que una buena canción basta por sí sola para acarrear el peso entero de ese mundo. No hace falta un fachoso envoltorio, ni propaganda ni alta tecnología. Canciones y punto. Frugalidad, formato cuarteto, tres focos de luz juguetona y voilá: menos es más. Mucho, muchísimo más. Más eléctrico y potente que nunca.
 
El concepto sobre “Éleor” (2015) queda reforzado tras las últimas escuchas, y sobre todo, tras la pletórica garra que desprenden “Cap Farvel”, “Semana Santa”, “Nouvelles Vagues”, “Par le Canada” o “Central Otago” en las tablas. Primoroso repertorio, tiempo de retrospectiva: un envidiable pasado junto a un dignísimo presente, completo y agradecido recorrido por la vasta e irrebatible discografía de su autor. Lo mejor de todo es comprobar que el super Dominique de siempre no cambia. Que sigue esforzándose por chapurrear cosas chistosas en español, conjurando con sus manos y bailes contemporáneos (tremenda exhibición danzarina para cerrar “Immortels”), enganchando cualquiera de sus temas para exprimirlo u hornearlo, darle un repaso y servirlo como una absoluta novedad. Y a auténticas novedades sonaron “Hotel Congress”, “Revenir au Monde”, “Rouvir”, “Antonia” o “Le Convoi”, inesperados y aguerridos conejos sacados de una chistera sin fondo.
 
Y como Dominique es un caballero, eso ya lo sabíamos, hubo palabras de tímida disculpa por la cancelación de febrero antes de la “teóricamente” (textual, según él) última canción, palabras que tocaron la fibra de muchos. Y sí, la prodigiosa “Le Convoi” era solo el fin en teoría, porque después llegaron dos tandas de bises tan heterogéneas como delirantes. Tanda uno: la versión más jazz de “La Mémoire Neuve”, el exotismo rumboso de “La Fin d´un Monde” y “Hasta Que el Cuerpo Aguante”, y una “Le Courage des Oiseaux” que convirtió la sala en una hipnótica techno-session de madrugada. Tanda dos: el océano y las ballenas, “L´Océan” y “L´Horizon”, glorioso tándem y emocionante rúbrica. Ovación desmesurada. Bravo, Dominique. No se puede ser más grande. Ni más elegante. Auténtica cremé brûlée.
 
El repertorio: “Hotel Congress”, “Cap Farvel”, “Semana Santa”, “Manset”, “Nouvelles Vagues”, “Vers Le Bleu”, “Tout Sera Comme Avant”, “Par le Canada”, “Valparaiso”, “Central Otago”, “Revenir au Monde”, “Rendez-nous La Lumière”, “Au Revoir Mon Amour”, “Rouvrir”, “Antonia”, “Pour la Peau”, “Immortels”, “Éleor”, “Le Convoi”// “La Mémoire Neuve”, “La Fin d´un Monde”, “Hasta Que El Cuerpo Aguante”, “Le Courage des Oiseaux” // “L´Océan”, “L´Horizon”.