15 enero 2010

CONCIERTOS

DOMINIQUE A. Madrid. Neu! Club. 14-1-2010.

Dominique R de Rock.

Comienzo del año de música en directo. Qué mejor que estrenarse con un clásico de los escenarios españoles y de las excursiones musicales a la capital. Aplicándose unas croquetas de pinta suculenta en el bar vecino, momentos antes del concierto, Dominique parecía cansado y despistado. Sobre las tablas de la Neu! era otra cosa: ese monstruo de directo que ataca a la presa sin tregua. Con caras nuevas en la formación y la inconmensurable aportación de Thomas Poli como “chico para todo”, el calvo de oro dejó verter todos sus fluidos rock con “La Musique/La Matiére” (2009) como vistoso telón de fondo. Y es que hay que tener la valentía de un soldado para sacar a pasear el material nuevo con tanta seguridad, con tanto aplomo y distinción, mostrándolo como si fuera una alhaja recién comprada. Viviendo con intensidad el presente, las nuevas canciones fueron el 80%, renovando con frescura la algidez de cada encuentro. Y aunque hubo un honorable hueco para piezas habituales (“Le Commerce de l´Eau”, “Antonia”, “Pour la Peau”, “Le Twenty-Two Bar”, “Le Courage des Oiseaux”) y rescates inéditos (“En Secret”, “Le Métier de Faussaire”), la emoción se concentró en descubrir las posibilidades de las recién nacidas. Posibilidades que se antojaron infinitas, a la vista de cómo sonaron “Les Garçons Perdus”, “Hasta que el Cuerpo Aguante” (en la que el autor pidió perdón por su herejía lingüistica), “Bel Animal” o “Nanortalik”, vomitadas con fruición, o del nuevo enfoque atmosférico para “La Musique” y “L´Entretemps”. Eléctrico y pasional en lo instrumental, afinado y macerado en lo lírico, Dominique volvió a dejar constancia de una supremacía que dejó de ser un secreto a voces hace tiempo. Por algo la sala volvió a estar al completo, rebosante de interés y devoción casi sectaria. Puntualmente, solo se puede reprochar su tozudo empeño en ahorrarse la demandada “L´Horizon” (el disco homónimo ni apareció, aparcado en un garaje subterráneo imaginario), quizá su más inmensa composición, mejorando lo presente. Globalmente, sin alardes ni efectos especiales, sin un ápice de soberbia, el francés sigue epatando. Hasta la próxima.

www.commentcertainsvivent.com


11 enero 2010

AGENDA

MÚSICA CONTRA LA CONGELACIÓN.

Adiós a un grande.

El año 2010 nos ha recibido con la confirmación de una triste noticia: el adiós de Vic Chesnutt (foto). Un artista que siempre despertó empatía por vaya usted a saber qué. Un artista envuelto por un haz de luz tenue y misteriosa. Un artista acreedor de todos los respetos. Como carta de despedida nos dejó “At the Cut” y el directo “Skitter on Take-Off”. Como herencia inolvidable nos deja joyas del calado de “Drunk” (93), “Is the Actor Happy?” (95), “Silver Lake” (2003) o “Ghetto Bells” (2005). Si nos oyes desde donde sea: gracias, Vic.

Sí, el gélido, humedo y crudísimo invierno está haciendo estragos en cuerpos y mentes. Pero qué mejor que aplicarse una buena capa de música para combatir los carámbanos y la tiritera. Enero y febrero aparecen repletos de interesantes giras. Y como los festivales ya no son cosa exclusiva del estío, ahí llega el deslumbrante Tanned Tin, y otro año más sin catarlo por razones varias. A continuación, una selección de propuestas a las que acudir si la nieve no lo impide.

DOMINIQUE A- 13 enero. Zaragoza. Café Hispano.
14 enero. Madrid. Neu! Club.
15 enero. Bilbao. Azkena.
16 enero. La Coruña. Teatro Colón.
18 enero. Sevilla. Teatro Alameda.
19 enero. Cádiz. Aulario La Bomba.
20 enero. Granada. Centro Cultural Caja Granada.
21 enero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
23 enero. Barcelona. Apolo.

AIR- 17 enero. Madrid. La Riviera.
19 enero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.

GRAND ARCHIVES- 21 enero. Madrid. Moby Dick.
22 enero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
23 enero. Valencia. Matisse.
24 enero. Barcelona. La (2).

GIANT SAND- 21 enero. Santander. Teatro Casyc.
22 enero. Zaragoza. La Casa del Loco.
25 enero. Madrid. Moby Dick.
26 enero. Barcelona. Apolo.
29 enero. Lloseta (Mallorca). Teatro.
30 enero. Granada. Centro Cultural Caja Granada.

CRACKER- 22 enero. Barcelona. La (2).
23 enero. Murcia. 12 & Medio.
26 enero. Madrid. El Sol.
27 enero. Bilbao. Café Antzokia.
28 enero. Gijón. Casino.
29 enero. Santander. Centro Cultural Caja Cantabria.
30 enero. Santiago de Compostela. Capitol.

TANNED TIN. Castellón. 28, 29 y 30 enero. Giant Sand, The Wave Pictures, Aidan Moffat & The Best Ofs, David Thomas Broughton, Dean & Britta, The Third Eye Foundation, L´Altra.

ARCTIC MONKEYS- 5 febrero. Madrid. Palacio Vistalegre.
6 febrero. Barcelona. Sant Jordi Club.

DINOSAUR JR.- 10 febrero. Madrid. Heineken.
11 febrero. Barcelona. Apolo.

RICHARD HAWLEY- 12 febrero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
13 febrero. Madrid. Heineken.
16 febrero. Barcelona. Bikini.

THE FIERY FURNACES- 22 febrero. Barcelona. Razzmatazz.
23 febrero. Madrid. Moby Dick.
24 febrero. Valencia. Wah Wah.

PIANO MAGIC- 18 febrero. Vigo. Mondo.
19 febrero. Bilbao. Azkena.
21 febrero. Lérida. Café Teatre.
24 febrero. Madrid. Círculo Bellas Artes.
25 febrero. Granada. El Tren.
26 febrero. Valencia. Matisse.
27 febrero. Elche. Sala Cultural La Llotja.

THE SWELL SEASON + JOSH RITTER- 27 febrero. Barcelona. Apolo.
28 febrero. Madrid. Heineken.

Foto: Danny Clinch (allmusic.com)

09 enero 2010

REPORTAJES

CIERRE 2009: DISCOS OLVIDADOS.

El año del folk.

Echando un vistazo a los discos guardados en la mochila de 2009, se llega a una conclusión evidente: que el oído se hace más viejo a la vez que uno crece. Que las vanguardias y los experimentos cada vez impresionan menos. Que las cosas saben mejor al paladar cuanto más sencillas. Que no hace falta ser un músico moderno para ser un buen músico. Y reincidiendo en lo dicho en aquel artículo de 11 de septiembre a propósito del álbum de Bowerbirds: que volvemos a lo primitivo, al big bang, al principio de todo. Como siempre, en 2009 hubo cantidad de discos estimables (otros no tanto) que no cupieron en el espacio ni en el tiempo. Merecedores algunos de una nueva escucha, hay que recuperarlos, reseñarlos, hacerles un pequeño hueco. Igual que pasa la vida, así pasa la música. Igual que guardamos las fotos y recuerdos de la vida, guardemos las fotos y recuerdos de la música. Porque al fin y al cabo la música es la banda sonora de la vida. Porque al fin y al cabo la música es la vida.

AIR. Love 2.
Los franceses empezaron siendo un juego estimulante para la mente y el oído. Con el tiempo el juego ha perdido interés: las reglas ya están claras, los trucos se conocen y se gana la partida con demasiada facilidad. Pese a ello, Air siguen sonando a Air, y “Love 2” atestigua ese sonido con copyright propio. “Be a Bee”, “Missing the Light of the Day” y “Tropical Disease” forman una excitante burbuja en la que encerrarse un rato, nivel solo recuperado con la llegada de “Eat My Beat”. Incidiendo más en la instrumentación y vagueando en tareas líricas, la moraleja vuelve a ser la misma: agradables pero inofensivos.

ALELA DIANE. To Be Still.
Como Joan Baez en los 60, Alela tiene el poder: el poder de hipnotizar con esa voz preñada de hermosura y profundidad; con esos versos evocadores, poesía de categoría; con esa pureza innata, increíblemente madurada en veinte y pocos años de nada. “To Be Still” es de esos álbumes que se quedan tatuados en la piel con cada escucha; de esos que acompañan, que acunan, que planchan las arrugas de la mente. Melodías con olor a mueble viejo, vestidas con violines, banjos y pedal steel. “White As Diamonds”, “To Be Still”, “The Alder Trees”, “My Brambles” y “The Ocean”, difícilmente superables, son todo un remanente de dignidad para una artista atemporal y adimensional, coronada con este disco como diosa del Olimpo folk.

BENJAMIN BIOLAY. La Superbe.
Disco tras disco (ya van seis), el galo se va abonando al más difícil todavía. “La Superbe” podría entenderse como un ejercicio supino de soberbia, si no fuera porque él mismo lo desmiente con sinceridad: 23 canciones llenas de ampulosidad y, a ratos, extravagancia. Todo surge de la casualidad, sin premeditación. En tan amplia exposición vuelve a caber de todo: pop, chanson, jazz, hip-hop, easy-listening, electro y algo de soul, recetas cocinadas a fuego lento, con muchos ingredientes, con orquestas y sintetizadores dándose la mano en inédita armonía. Hay momentos especiales (“Août”, “Miss Catastrophe”, “Sans Viser Personne”, “Prenons Le Large”, “Lyon Presque´île”), pero a veces la calidad es mejor que la cantidad. Contra la opinión general.

CASS McCOMBS. Catacombs.
Tras el estimable “Dropping the Writ” (2007), el esquivo Cass se confirma como un nuevo y pequeño Robyn Hitchcock en esta entrega. Un fascinante viaje temático con parada en áreas de descanso fabulosas: Elvis Presley, Buddy Holly, The Everly Brothers, John Lennon, James Taylor o Arlo Guthrie. Todo transcurre a cámara lenta y bajo una brisa de carretera. Los puentes exhibicionistas de “Dreams-Come-True-Girl” y “Harmonia” sumergen los sentidos en acuosos flash-back. Los compases embriagadores de “Don´t Vote” y “Lionkiller Got Married” marcan el ritmo del pulso en la yugular. Otro clásico moderno que sumar a la legión.

CONDO FUCKS. Fuckbook.
Condo Fucks son como Spinal Tap: existen pero no existen. En realidad no es más que la penúltima broma de tres viejos coleguillas: Ira, Georgia y James. Atracón de lo-fi de andar por casa, epopeya garajera grabada del tirón y sobre la marcha. El resultado es tan embarazoso para el oído como mágico para los pies. The Small Faces, The Troggs, Richard Hell, The Flamin´ Groovies o Slade ponen sus armas en manos de los civiles, y “What´cha Gonna Do About It”, “With a Girl Like You”, “The Kid with the Replaceable Head”, “Dog Meat” o “Gudbuy T´Jane” se revelan hechas a la medida de ellos. O ellos a la medida de ellas. Otro puñado de versiones y otra extravagancia friki que añadir a su currículo.

DAYNA KURTZ. American Standard.
Nunca un disco respondió a su título con tanta fidelidad; estamos ante un auténtico estándar americano, un suculento banquete para los hijos del delta, para los amantes del blues. Nunca del todo bien ponderada, Dayna es actualmente la voz femenina de América. De la América profunda, de la América pionera. Esa intensa voz, que cada vez teletransporta más a Nina Simone, se hace preclara y única en “You Fine Girl”, sin apenas acompañamiento. De blues tan conmovedores como “Billboard for Jesus” o “Hanging with my Boy” (versión de Sonny Burguess) que opinen los entendidos. El broche lo pone la mejor, “Election Day”, con festivos vientos de Nueva Orleans (allí mismo se grabó), dejando un sabor de boca intenso y el reconocimiento para otro monstruo en la sombra.

ELVIS PERKINS IN DEARLAND. Doomsday EP.
Sin premeditación ni alevosía, nunca hubo lugar para un Ep en este blog. Es hora de cambiar las tornas: éste lo merece. Lo a priori imposible se ha hecho realidad: la historia entera de la música americana concentrada en apenas 20 minutos. Entre las dos versiones de “Doomsday” (la versión verbenera y su concepción soul original), todo un mundo de posibilidades. Rock reminiscente, folk fantasmal, gospel y country, con indudable sabor a taberna, a baja fidelidad y a improvisación. Cosechando en tierras propias y rescatando salvas ancestrales, reconstruyendo, restaurando y revisando como diestros anticuarios para la ocasión. Y qué ocasión. Otro punto para el talentoso Elvis y su magnífica dixie band.

JEREMY JAY. Slow Dance.
Dejando a un lado el rol de crooner, el bueno de Jeremy se pasa a animador sociocultural en este demoledor segundo round. Disco vírico donde los haya, con “Gallup” y sus aromas a Joy Division en medio de un western como colmo contagioso. Los sintetizadores toman el poder, impregnando descaradamente el ambiente de años 80. Aunque también es posible viajar algunas décadas más atrás, como sucede en “Winter Wonder” o “Slow Dance 2”. Increíble alcanzar un nivel tan estratosférico con esa economía de recursos. Lo que se dice un músico con las ideas claras.

KINGS OF CONVENIENCE. Declaration of Dependence.
Con discos como éste, Erlend Oye y Eirik Glambek Boe se van ganado a pulso la etiqueta de Simon & Garfunkel contemporáneos. Es lo de siempre: pop acústico con suaves pinceladas de jazz y bossa-nova, sin aditivos ni conservantes, sin apenas ruido y sin una percusión que echarse al oído. Pese a la simpleza, es difícil resistirse a la intimidad folk de “24 to 25” o “Power of Not Knowing” o mantener la inercia mientras “Boat Behind” y “Rule My World” te soplan en la cara. El abrazo de sus bonitas voces contribuye a proteger la balsa de aceite, aunque el mensaje sea a ratos demasiado naif.

KURT VILE. Childish Prodigy.
Es lo que tienen los festivales: que gracias a ellos, por casualidad o curiosidad, acabas sucumbiendo a pelotazos como éste. El intrépido Kurt Vile, en su debú para Matador, firma un trabajo deslumbrante, revelándose como ladrón de guante blanco de credenciales ajenas. Recortes de The Velvet Underground, Tom Petty, Frank Zappa, Crazy Horse o Bob Dylan, llevados a su terreno y amalgamados en una experiencia de rock, blues, psicodelia y folk que no deja indiferente. Canciones brumosas y aerostáticas (“Freak Train”), de insultante soltura místico-acústica (“Overnite Religion”, “Blackberry Song”) o con fuerte sabor a clásico (“Hunchback”, “Amplifier”), con beats casuales, saxos y armónicas desenfocadas para borrar los límites y dibujar marcas de sangre. Tan bueno o casi mejor que su centro de actividades sociales, The War on Drugs.

NEIL YOUNG. Fork in the Road.
Como en sus mejores tiempos (los de “Ragged Glory” o “Rust Never Sleeps”, por ejemplo), el abuelo desenfunda la eléctrica, empuña, apunta y dispara una fogatina espeluznante. Imparte incontestables lecciones de rock´n´roll en “When Worlds Collide”, “Johnny Magic” y “Fork in the Road”. Muestra sin pudor sus tatuajes de blues en “Get Behind the Wheel” y “Hit the Road”. Despliega su poderoso arsenal melódico en “Just Singing a Song” y “Off the Road”. Todo bajo el mensaje subliminal de la sostenibilidad, esa cosa de la que todo el mundo habla pero que nadie se cree. Aunque cuando Neil abre la boca, es imposible no responder amén. No hay quien le tosa.

PATRICK WATSON. Wooden Arms.
“Close to Paradise” (2007) era tan rematadamente bueno que hacer algo similar se antojaba difícil y hacer algo mejor una utopía. Al contrario que aquel, este no es un disco de canciones, más bien de conceptos, de instantes que se atrapan con un cazamariposas al vuelo: las bizarras percusiones de “Tracy´s Waters”, el piano de “Wooden Arms”, las guitarras de “Traveling Salesman”, los pizzicatos de “Where The Wild Things Are”… El canadiense se confirma como un bicho raro, un intrincado cerebrito, absorbiendo de todo y plasmándolo con doblez. Ello hace de su música una apasionante aventura, aunque a veces peque de complicación innecesaria.

PIANO MAGIC. Ovations.
De aquellos paisajes bucólicos y fantasmagóricos de antaño ya no hay rastro. De aquella liturgia que ponía los pelos de punta solo asoma un pequeño esbozo en “A Fond Farewell” y “Exit”. Paulatina y sutilmente, Glen Johnson se ha canteado hacia otros mundos; en concreto, hacia la new wave y el synth-pop de los 80. “The Blue Hour” o “The Faint Horizon” no dejan lugar a dudas. También se permite la licencia de investigar en otras culturas, como se desprende de la arabesca “March of the Atheists”. Y como siempre, ahí está esa canción de bandera, sublime (“You Never Loved This City”), que por sí sola vale todo un disco. Aunque se echa de menos a los Piano Magic del pasado, “Ovations” gana puntos con la perseverancia. No los tiremos todavía a la basura.

PORT O´BRIEN. Threadbare.
La tragedia es el germen del arte. En este caso, la tragedia personal de Cambria Goodwin en pleno periodo de gestación pudo influir en el resultado final de un álbum que pone a los californianos en la cresta de la ola de las bandas folk-rock de su generación. Un atracón de misterio y melancolía, solo abortado por ese cortocircuito power-pop llamado “Leap Year”. Sombríos nubarrones se ciernen en temas como “High Without the Hope”, “Tree Bones” o “Threadbare” (canta Cambria), mientras el sol aparece en “Oslo Campfire”, “Sour Milk/Salt Water” o “Love Me Through” (canta Van). Y la majestuosa “My Will Is Good”, con su imponente redoble, se postula como una de las canciones del año.

THE CAVE SINGERS. Welcome Joy.
El nuevo proyecto de Derek Fudesco nada tiene que ver con los musculosos y escindidos Pretty Girls Make Graves. Aquí lo que prima es el folk, el rock y el country en dosis bien medidas. El equilibrio es matemático en este magnífico “Welcome Joy”. 10 temas con auténtico sabor americano. Desde una muestra folk tan exquisita como “Summer Light”, el excitante punteo de “Leap” y sus vibrantes solos de armónica, la electrizante “At the Cut” con aires de MC5 y compañía o los ecos psicodélicos de la enigmática “Shrine”. Eso es solo el principio; para descubrir el resto solo hay que dejarse llevar. Gran descubrimiento. Gran álbum.

THE SWELL SEASON. Strict Joy.
The Swell Season ya no es el proyecto oportunista de dos amigos para dar sonido a las imágenes: es una auténtica realidad. Glen Hansard y Markéta Irglova forman banda, una banda excelente en directo (vienen en febrero, al loro), con canciones excelentes. En “Strict Joy” no falta la balada romántica marca de la casa (“In These Arms”, “Two Tongues”), pero el registro se expande en variadas direcciones como el soul (“Low Rising”) o el hippy-folk (“Love That Conquers”). Markéta restalla como protagonista absoluta en “Fantasy Man” y “I Have Loved You Wrong”, y sombras del alter ego de Hansard (The Frames) se ciernen en las extraordinarias “The Rain” y “High Horses”.

WOODEN SHIJPS. Dos.
Sí, es lo que tienen los festivales. Ellos fueron otro descubrimiento festivalero en 2009. En este pseudo-Ep disfrazado de larga duración (largas, larguísimas son “Down by the Sea” o “Fallin´”), el cuarteto de San Francisco da un nuevo paso en su lento caminar. La idea es simple y cabezona: machacar el movimiento hasta la saciedad. Ritmos repetitivos, rugosos tapices eléctricos, reverbs a tope y mucho groove. Un viaje al galope que atrapa como un imán y conecta el esqueleto a la corriente. Psicodelia a la vieja usanza.


También pasaron por los oídos de este blog en 2009:

A.A.BONDY “When The Devil´s Loose”; A CERTAIN RATIO “Mind Made Up”; ALASDAIR ROBERTS “Spoils”; ANDREW BIRD “Noble Beast”; ANTONY & THE JOHNSONS “The Crying Light”; BAT FOR LASHES “Two Suns”; BONNIE “PRINCE” BILLY “Beware”; CRYSTAL ANTLERS “Tentacles”; DAVID BYRNE & BRIAN ENO “Everything That Happens Will Happen Today”; DEVENDRA BANHART “What We Will Be”; GOMEZ “A New Tide”; JARVIS COCKER “Further Complications”; JASON LYTLE “Your Truly, The Commuter”; MAGIK MARKERS “Balf Quarry”; MOLINA & JOHNSON “Molina & Johnson”; MOUNT EERIE “Wind´s Poem”; TARA JANE O´NEIL “A Ways Away”; THE ANTLERS “Hospice”; THE BATS “The Guilty Office”; THE BLACK HEART PROCESSION “Six”; THE DRONES “Havilah”; THE RAVEONETTES “In and Out of Control”; THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES “Communion”; THE WHITEST BOY ALIVE “Rules”; VIC CHESNUTT “At the Cut”.

06 enero 2010

REPORTAJES

CIERRE 2009: LO MEJOR DEL AÑO.

En el agujero negro de las listas.

Por cuarto año consecutivo, es hora de hacer balance. Balance de un año que se ha marchado como todos: volando y dejando otro puñado de música en los circuitos. La moda de las listas es ya una cruz inevitable por estas fechas, y es un agujero negro. Te succiona, te centrifuga y te expide al exterior con dolor de cabeza, como la Puerta del Sol en Madrid. Nadie puede escaparse; ni siquiera los más avezados detractores de la numerología y el resumen. De la tortuosa experiencia en el agujero han salido tres recopilaciones de lo mejor de 2009 para este blog. Dispuestos aleatoriamente, dejemos que el orden lo disponga el azar (o el lector).

LOS 15 MEJORES DISCOS DEL AÑO

ELVIS PERKINS IN DEARLAND “Elvis Perkins in Dearland”

DOMINIQUE A “La Musique et La Matiére”

ALELA DIANE “To Be Still”

BOWERBIRDS “Upper Air”

THE FLAMING LIPS “Embryonic”

SONIC YOUTH “The Eternal”

NEIL YOUNG “Fork in the Road”

ANIMAL COLLECTIVE “Merriweather Post Pavillion”

GRIZZLY BEAR “Veckatimest”

JEREMY JAY “Slow Dance”

CASS McCOMBS “Catacombs”

PORT O´BRIEN “Threadbare”

KURT VILE “Childish Prodigy”

BILL CALLAHAN “Sometimes I Wish We Were an Eagle”

PJ HARVEY & JOHN PARISH “A Woman A Man Walked By”

LAS 25 MEJORES CANCIONES DEL AÑO

“Shampoo” de ELVIS PERKINS IN DEARLAND
“Black Hearted Love” de PJ HARVEY & JOHN PARISH
“Bull Black Nova” de WILCO
“My Will Is Good” de PORT O´BRIEN
“Gallup” de JEREMY JAY
“Lionkiller Got Married” de CASS MACCOMBS
“Watching the Planets” de THE FLAMING LIPS
“Ghost Life” de BOWERBIRDS
“Immortels” de DOMINIQUE A
“The Alder Trees” de ALELA DIANE
“Mind Made Up” de A CERTAIN RATIO
“In the Flowers” de ANIMAL COLLECTIVE
“Hum” de CLEM SNIDE
“Here to Fall” de YO LA TENGO
“You Never Loved This City” de PIANO MAGIC
“Southern Point” de GRIZZLY BEAR
“Leap” de THE CAVE SINGERS
“Stars of Leo” de M. WARD
“Just Singing a Song” de NEIL YOUNG
“16 Years” de ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3
“Walkin Blue” de SONIC YOUTH
“The Rain” de THE SWELL SEASON
“All Thoughts Are Prey to Some Beast” de BILL CALLAHAN
“This Is a Business” de THE DODOS
“Freak Train” de KURT VILE

LOS 5 MEJORES CONCIERTOS DEL AÑO

NEIL YOUNG (Barcelona. Primavera Sound 2009)
LEONARD COHEN (Madrid. Palacio de los Deportes)
ELVIS PERKINS IN DEARLAND (Madrid. Heineken)
YO LA TENGO (Barcelona. Primavera Sound 2009)
RETRIBUTION GOSPEL CHOIR (Madrid. Primavera Club 2009)

En los próximos días, el broche final a 2009 con la tradicional reseña de los discos olvidados.

16 diciembre 2009

CONCIERTOS

PRIMAVERA CLUB MADRID 2009

Gran hermano.

Por segundo año consecutivo el Primavera Club desembocaba en Madrid. Y por segundo año la capital se llenaba de buena música en unas fechas en las que el top lo copan los insufribles villancicos, poniendo en bandeja un desfogue alternativo a todas esas cosas que acostumbra a hacer el madrileño (y el turista) cuando asoma diciembre. Qué bueno es tener donde elegir. Pero qué traicionera es la dispersión. El popurrí de salas y horarios en esta edición ha marcado distancias insalvables, obligando a empollarse un mapa imaginario, poner en marcha un cronómetro virtual y renunciar a ciertos placeres. Aún así, no hay mucho que oponer. Que la marca Primavera acerque al centro peninsular su ingenio y buen gusto artístico es toda una bendición, y como tal se agradece. Y es que estos festivales hermanos, versión primaveral y otoñal, gozan de un sabor especial: el sabor de la cercanía y la intimidad, de sentirte parte del pastel, de ver a tus ídolos frente a frente, a tu lado y sobre la tierra. Y gracias a ello suceden cosas muy curiosas: como intercambiar saludos con Devendra, hacer de brújula de Tobias Nathaniel, casi ser arrollado por un presuroso Alan Sparhawk o compartir la cola del baño con la bajista de Cass McCombs. Y por supuesto, lo más personalísimo y modernísimo de la especie en Madrid y España estaba allí presente (Christina Rosenvinge incluida). Estas son las impresiones de una sospechosa habitual que tomó foto mental en perspectiva.

TED LEO & THE PHARMACISTS (Neu!. Jueves): Ted Leo puede que sea el novio perfecto para los amantes del punk-rock. Para los no tan aficionados al género la propuesta aburre. Repleto de tópicos manidos, su concierto fue una taladradora en las sienes, con algún momento vibrante echado a la basura ipso-facto con un cambio de ritmo impertinente. No hubo tregua contra el ruido y la gente se divirtió, pero había cosas más interesantes que abordar. Como el que vino después.


CASS McCOMBS (Neu!. Jueves): Y el de después era el tímido y fotosensible Cass McCombs. Fiel a su bautismo como revelación con sabor a clásico no defraudó, exhibiendo abiertamente sus tres dones. Primero: esa voz de mil recursos, personal e intransferible. Segundo: esos dedos de artesano, capaces de modelar los acordes más cálidos en su Stratocaster. Tercero: la mutabilidad de un repertorio que abruma. “Don´t Vote” rezumó elegancia, “Dream-Come-True-Girl” reverdeció aquellos maravillosos cincuenta y el doblete leonino (la nervuda “Lionkiller” y la ceremonial “Lionkiller Got Married”) lo apostillaron como el geniecillo que es. Solo le falta creérselo y perder el miedo.

LITTLE JOY (Círculo de Bellas Artes. Jueves): A la “banda favorita del mundo” de Devendra Banhart (lo dice él, no yo) no le hacen justicia sus grabaciones. En vivo suenan a otra cosa, a pura fiesta, a los mejores años sesenta. Y es que con dos bajos y dos guitarras bien se puede. Aunque su concierto se pilló en el desenlace (el metro es rápido, pero no hace milagros), dejaron una sensación brillante, con el Strokes Fabrizio Moretti engullido por la gracia del resto de la banda y Rodrigo Amarante emplazado a la siguiente sesión como parte de los Grogs.

DEVENDRA BANHART & THE GROGS (Círculo de Bellas Artes. Jueves): Una de las grandes cosas de Devendra es lo feliz que es. O al menos lo feliz que parece. Su actitud hilarante y positiva se contagia. Pero aquel primer Devendra hippy y asilvestrado pasó a mejor vida; ahora es el timón de un barco llamado rock´n´roll, en el que viajan su eterno amigo Noah (grandioso guitarrista) o Gregorio, ese baterista salvaje con vozarrón de impresión. Y aunque hubo tiempo para un poco de funky (“Baby”), un poco de folk (“Mama Wolf”), un poco de disco (“16th & Valencia Roxy Music”) y un poco de reggae (“Foolin’”), el titular general del show reza como la misma nave: rock´n´roll. Las vomitonas a lo Black Sabbath y Led Zeppelin que se marcaron en “Diamante” y “Rats” todavía zumban en los oídos.

PORT O´BRIEN (Círculo de Bellas Artes. Jueves): Los californianos aterrizaron en Madrid en formato cuarteto, para pena de los que ansiaban escuchar la voz de Cambria. Y para los que tienden a compararlos con Arcade Fire, ahí va un desmentido: el único parecido entre ambas bandas es el peinado de sus frontmen. Tienen canciones de nivel (“Stuck on a Boat”, “Oslo Campfire” y “My Will Is Good” deslumbraron), pero pierden chicha en el medio tiempo. Claro que el apoteósico desenlace borró de un plumazo el resto del concierto: “I Woke Up Today” convertida en una auténtica rave folky, con el escenario a reventar de invitados anónimos. Momentazo.

THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES (Joy Eslava. Viernes): Los suecos son pura apología de los setenta en pleno siglo XXI. Nadie como ellos para resucitar los clichés de otras épocas, para limpiar el polvo a los tics de The Who, The Stooges, Kiss o Led Zeppelin. Su limitado set se basó mayormente en el reciente “Communion”, con una “Second Life Replay” convertida en el cénit épico de la velada. Del pasado solo recuperaron dos, pero qué dos: “Bigtime” y “Sister Surround”. A veces pecan de excesiva megalomanía, pero está claro que sus vitaminados shows consiguen lo que se proponen: divertir. No hace falta más que seguir el juego al enorme Ebbott y a sus dos descacharrantes guitarristas.


SR. CHINARRO (Círculo de Bellas Artes. Viernes): El señor Antonio Luque, o como dice un amigo con gracia, “er Bill Callaján andalusí”, es ya toda una institución en la historia de nuestro indie. Por este motivo, un concierto como este, de autohomenaje y retrospectiva celebérrima, queda que ni pintado. Con el solemne acompañamiento de batería, bajo y violoncello fueron cobrando forma todas las añejas: “Desilusión”, “Sal de la Tarta”, “Informe para un Barco Vikingo”, “El Libro Gordo de Peut-Etre”, “El Trébol de 3 k”, “Quiromántico”, “El Idilio” o “Santa Teresa”. Y la historia se pudo palpar en una hora de surrealismo hecho canción, donde no faltaron anécdotas y chascarrillos. Que Antonio, detrás de esas nuevas y pobladas barbas, también estuvo de lo más sembrado como entertainer. Hasta amagó riffeando el “Lionkiller” de Cass McCombs.

THE BLACK HEART PROCESSION (Círculo de Bellas Artes. Viernes): Toma 1. Los californianos no juegan a ganar; por eso quizá dejaron en el tintero algunas de sus más valiosas composiciones para dar cancha a un nuevo trabajo (“Six”) que se aleja de la gloria para abrazar el trámite, con “Wasteland”, “All My Steps”, “Drugs”, “Heaven and Hell” o “Suicide” como puntos remarcables de un set teñido de la solemnidad esperada. Su calidad es indiscutible, la voz de Pall Jenkins insuperable y la nueva sección rítmica de diez. Pero faltaron los clásicos, salvando una “Tropics of Love” que marcó la diferencia.

KURT VILE & THE VIOLATORS (Wurlitzer Ballroom. Viernes): La sala de la calle de las Tres Cruces es toda una cruz para aquellos que quieran ver un concierto en condiciones decentes. Espacio hiperlimitado, caótico sonido y como tengas que ir al baño ya puedes rezar. Pero quizá ese es el ambiente que pega a este melenudo Kurt Vile y sus amigos, una especie de Velvet Underground tejana con soplidos de un Bob Dylan extenuado, una pandilla de frikis de instituto con fuego en las venas y chiribitas en la cabeza. Su propuesta es altamente satisfactoria, arriesgada y muy doctoral. Experimentación y rock con tintes clásicos y perspectivas de futuro. Sobresaliente para el tipo de las gafas y sus impagables solos de saxo y armónica.

TARA JANE O´NEIL (Joy Eslava. Sábado): A veces no hace falta demasiado para que la música acampe en los corazones, se cuele por las grietas de la mente y paralice los sentidos. Simplemente una guitarra, un ritmo latente, unas tímidas luces, una voz de cristal. Tara Jane dio en la Joy una de esas lecciones minimalistas e introspectivas que no se olvidan. Blandió con orgullo la espada de la honestidad, con su hoja brillando indulgente en maravillas como “Howl”. Y cuando parecía que la dama era invisible, de cartón piedra o un espejismo, emergió para repartir panderetas y cascabeles, y nos hizo cómplices de una “Dig In” interminable y mágica. Impresionante.

THE BLACK HEART PROCESSION (Joy Eslava. Sábado): Toma 2. Otro escenario, otra hora, otro sombrero para Jenkins. Pero exactamente el mismo set. Y el despistado Tobias sigue enfundado en su anorak. Mejor sensación que en el Círculo de Bellas Artes, mejor sonido (al fin pudo percibirse el eco de su artefacto estrella: la sierra y el arco). Pero exactamente el mismo set. “Release My Heart”, “Square Heart” y “Tropics of Love” volvieron a dar esa vidilla agonizante entre los surcos espesos del malévolo “Six”. Y Pall abrió su corazón al público (mucho más numeroso y agradecido que un día antes), con toda suerte de comentarios personales sobre vicios varios. Tobias Nathaniel (piano, teclado, percusión, guitarra) y Matt Resovich (percusión, teclado, violín, voces) ratificaron que tanto valen para planchar un huevo como para freír una camisa. Y aunque son una banda superlativa, la ausencia de cambios en el repertorio impidió la apertura de la puerta grande.

THE PASTELS (Círculo de Bellas Artes. Sábado): Para muchos (los grandes fans, haberlos haylos), la reunión de los escoceses era uno de los acontecimientos de este Primavera. A mí nunca me convencieron. Decidí darles esta oportunidad por James McNew (Yo La Tengo), que un día dijo tenerlos entre sus bandas favoritas de todos los tiempos. Y es que a veces Yo La Tengo se ponen muy Pastels. Pero no hay color. Porque la voz de Stephen no es la de Ira, ni la de Katrina es la de Georgia. Sonaron mal, muy mal (trompeta y flauta inexistentes) y a ratos troquelaron el ambiente de tedio incontenible. Solo les salvó ese penúltimo ramalazo post-punk, que resucitó a Ian Curtis con un chasquido de dedos.

RETRIBUTION GOSPEL CHOIR (Círculo de Bellas Artes. Sábado): Comenzaron con corbata y mocasín y terminaron a pecho descubierto. El nuevo proyecto de Alan Sparhawk junto a Steve Garrington (bajo) y Eric Pollard (batería) nada tiene que ver con Low, aunque de algunas de sus canciones se nutra el repertorio (brutales “Breaker” y “Take Your Time”), alicatándolas de electricidad y animalismo. Su propuesta se adentra en un terreno pantanoso entre el emo, el grunge y el hard rock, sin concesiones al respiro, sin tregua vital. Una intensa hora para quitarse espinas adolescentes, de redención y exorcismo, de posible sanación para un Sparhawk al que nunca debieron dar de alta en el hospital. A ratos causaba verdadero miedo, mordiendo las cuerdas de su Gibson y declamando como un enviado del diablo. La fórmula es simple como el mecanismo de un chupete, pero de una intensidad legendaria. Por algo fueron los más aclamados del festival y los únicos con honor de bis.


www.primaveraclub.com

29 noviembre 2009

DISCOS

THE DODOS. Time to Die.

A la caza del animal.

Que The Dodos fueron una de las sensaciones de año pasado, está claro. Que son como los primos hermanos de Animal Collective, también es cierto. Que este “Time to Die” (2009) no supera a su antecesor, el aclamado “Visiter” (2008), es otra verdad como un piano. Vayamos por partes. Los discos de este dúo, ahora transformado en trío, son frescos y penetrantes, pero su verdadero carné de identidad es un directo vertiginoso y epatante, como demostraron en el pasado Primavera Club. Mucho tienen que ver con el colectivo de moda de Baltimore, en el concepto y las formas: melodías inmaculadas, ritmos imposibles, virajes inesperados y un punto de locura juvenil. Aunque The Dodos suenan mucho más nítidos y enfocados, permitiendo el discernimiento de cada instrumento (no utilizan demasiados) con clarividencia absoluta. A veces adolecen de una semejanza exagerada, con tufillo a copieteo: pongan en el reproductor “Two Medicines”, nueve de cada diez oyentes reconocerán erróneamente a Panda Bear y compañía. Si su anterior LP mostraba un abanico interminable de posibilidades, “Time to Die” prescinde de los sugerentes retales de dos minutos de aquel, yendo al grano de la canción bien construida y quizá demasiado indagada. Tras la frenética “This Is a Business” pierde fuelle como un sprinter en alta montaña, solo recuperado en los brotes finales de “A Time to Die”. Pese a todo, se cuentan momentos disfrutables (“Small Deaths” y “Fables” son una delicia) y se presta a la práctica de un deporte de alto riesgo: el de seguir las baquetas erráticas y revolucionarias de ese asombroso portento llamado Logan Kroeber.

www.dodosmusic.net


28 noviembre 2009

DISCOS

THE FLAMING LIPS. Embryonic.

Orfebrería progresiva.

Se dice, se comenta, se rumorea que el próximo proyecto de The Flaming Lips será una revisión completa de “Dark Side of the Moon” de Pink Floyd. Pues mira por donde, todo encaja. Porque los de Oklahoma, resurgiendo de sus presuntas cenizas, se han sacado de la manga toda una sinfonía progresiva, su gran ópera rock. Sorprendiendo a propios y extraños y superando los síntomas de agotamiento, “Embryonic” (2009) los despierta del letargo, erupcionando en los oídos como un volcán, borrando de un plumazo la fantasía y el dibujo animado. Empieza muy Silver Apples, virando después al universo Pink Floyd para acabar sabiendo a Led Zeppelin. Y sin ser un disco (o mejor dicho, doble disco) de canciones, abre y cierra con dos de sus temas más sublimes, rotundos y pegadizos en años: “Convinced of the Hex” y “Watching the Planets”. No, no es un disco de canciones: es un todo, una sucesión de movimientos estudiados y ensamblados donde no sobra casi nada, solo el incómodo punto y coma de “Virgo Self-Esteem Broadcast”. Capas y capas de sonido donde todo tiene su espacio: bajos saturados, pedales wah-wah, arpas, samplers, orquestas enlatadas y artillería electrónica para dar y tomar. Pura obra de orfebrería. Dicen las crónicas que Wayne Coyne, Steven Drozd y Michael Ivins han firmado su mejor disco desde el mítico “The Soft Bullletin” (99). Opinión irrefutable y suscrita desde ya.

www.flaminglips.com


22 noviembre 2009

DISCOS

DOMINIQUE A. La Musique/La Matière.

Gigante infinito.

Aquí está. Otra vez. El bueno de Dominique ha vuelto. Nunca se marchó del todo. Estuvo en la cabeza, rondando con su calva presencia, con sus emotivas franco-historias, en la boca cada vez que se trataba de hablar de la música favorita. Se ha dicho en cientos de ocasiones: el galo es el perfecto sucesor de mitos como Brel o Gainsbourg. Es su mensajero en nuestra era. Pero tiene una personalidad propia, un saber estar, un saber componer, un poder de adaptación que ni los añejos mantuvieron del todo ni los noveles pueden igualar. Dominique es único. Y lo vuelve a demostrar.

Más difícil todavía. Si “L´horizon” (2006) ponía el listón en el Olimpo, aquí la jugada se desdobla, en dos volúmenes relacionados pero independientes. “La Musique” es el disco, “La Matière” es el extra. Pero inspeccionando meticulosamente, la materia gana por la mano a la música, aunque ambos deben comprenderse como el todo de un genio ilimitado. En este doble trabajo el genio muestra todas sus bazas, sus atrevimientos, sus mil y un recursos. Y todo en un solo movimiento, en un grandioso compendio que recoge las travesuras infantiles de “La Fossete” (92), la encarnizada batalla de “Remué” (99) o la poesía intrínseca de “Auguri” (2001). Se adivinan cajas de ritmos, efectos ProTools, cacharros de juguete, sonidos cocinados en 32 pistas de soledad, empleados para iluminar poses elegantes (“Le Sens”, “Les Garçons Perdus”, “Valparaiso”, “Il Ne Dansera Qu´avec Elle”), burbujas asfixiantes (“Qui-est tu?”, “Bel Animal”), latigazos de hardcore al estilo del paisano Michel Cloup (“Je Suis Parti Avec Toi”, “Hotel Congress”, “La Verité”), exquisitos montajes de indietrónica (“L´entretemps”, “Rendez-vous Avec La Matiére”) o piezas de synth-pop rescatadas del olvido ochentero (“La Musique”, “Seul le Chien”). Y eso no es todo: el gigante Dominique también puede sacar de su productiva chistera un tango (“La Fin d´un Monde”), una nana country (“Fatigué”), una cinematográfica balada folk (“Barbara de Kalvalid”) o un poco de folclore gitano con saludo en castellano (“Hasta Que el Cuerpo Aguante”). “La Musique/La Matière” (2009) anuncian en titulares la infinita calidad de un maestro y la inagotable capacidad de un músico conspicuo y mágico. También la tremenda generosidad de un hombre que, en tiempos de escasez, es capaz de dar dos tazas en lugar de solo una.

www.commentcertainsvivent.com

21 noviembre 2009

REPORTAJES


ROCKDELUX. 25 cumpleaños.

Ni contigo ni sin ti.

La revista Rockdelux, santo grial del indie universal, biblia de melómanos alternativos y vademécum de intelectuales varios, cumple este mes 25 años. Y en conmemoración de tal evento su número 278 recoge un resumen de la primera década del nuevo siglo, plagada de esas listas que tanto gustan a Santi Carrillo y compañía. La Rockdelux ya forma parte de nuestra vida cultural y musical. Y pese a abordar al quiosquero con ilusión cada primera semana de mes, y eso un mes tras otro, es imposible concluir quién o qué mueve los hilos. A veces la adoro, a veces la odio. A veces la leo de modo ávido y recalcitrante, a veces paso de ella como si fuera el panfleto de ofertas del Carrefour. A veces aplaudo, a veces discrepo. A menudo le sobran páginas y le falta humildad. A menudo se excede en tecnicismos y en el uso obsesivo de la palabra o etiqueta de moda. A veces las crónicas esperadas llegan demasiado tarde. Últimamente hay demasiadas entrevistas, largas parrafadas llenas de divagaciones pero vacías de contenido. Pero lo que está claro es que, hoy por hoy, es lo que hay. La oferta de buenas publicaciones musicales en nuestro país (tangibles, en papel, en carne) es tan pírrica que la información selecta funciona así, casi en régimen de monopolio. Y muchos, ansiosos de esa información que se puede tocar, que se puede oler, somos esclavos de la marca. Mea culpa por incluir cada mes en mi cesta de la compra los 5,10 euros, que dicho sea de paso, resisten estoicamente los efectos IPC. Así pues, hagamos un pequeño homenaje (también crítica, cómo no) a esta publicación, icono de la resistencia musical nacional escrita, abordando ese ora apasionante, ora desconcertante tomo plateado 278.

Antaño la portada era el reclamo máximo de la RDL cada mes. Si la portada te decía algo la comprabas, si no pasabas. Ahora es bien distinto. Al final el síndrome melomaniaco te arrastra a tragar en primera plana a personajes ciertamente irritantes: Peter Doherty, Carla Bruni, J de Los Planetas, Scarlett Johanson… En sus bodas de plata la RDL hace un repaso a todas las portadas de la década. Y echándoles un vistazo (recuerdo perfectamente las que tengo y las que no) puede uno hacerse una idea de los devaneos de las tendencias en los últimos diez años. Sin embargo, hay dos rotundos vencedores: Tom Waits y Radiohead. Tres portadas, tres. También puede presumir de haber chupado portada Nacho Vegas, con dos propias y una compartida (con la Rosenvinge, of course). Les seguirían Belle & Sebastian, The Magnetic Fields, Primal Scream, The Strokes, Jarvis Cocker, Ira Kaplan y Jack White, con dos cada uno. Y luego están esas portadas para enmarcar, esas a las que dan ganas de besar, por lo oportuno y/o entrañable, las colocadas en el montón de las favoritas: Yo la Tengo (nº 171), PJ Harvey (nº 179), Nick Cave (nº 184), Dominique A (nº 190), Jeff Buckley (nº 201), Smog (nº 210), Joy Division & New Order (nº 229), Lambchop+Yo la Tengo (nº 243), Elvis Perkins (nº 253) o Neil Young (nº 273).

Pasemos a hablar de discos. A la lista de los 100 internacionales de la década se le puede sacar tanto jugo como cuestionarla. Que “Merriweather Post Pavillion” de Animal Collective sea el number one es algo que se hubiera firmado antes de desprecintar la revista, después de tan intensos meses de mimos, alabanzas y cacareos. Los otros 99 muestran un poco de todo, confirmando dos cosas: 1º) que el hip hop y la cultura urbana han ganado páginas y puntos para los redactores en estos años, 2º) que con los clásicos eternos no hay quien pueda (Bob Dylan, Scott Walker, Robert Wyatt, Tom Waits, Lou Reed…). Hay álbumes cuya presencia no admite discusión: “LCD Soundsystem” de LCD Soundsystem, “Third” de Postishead, “Xtrmntr” de Primal Scream, “A Ghost Is Born” de Wilco, “Kid A” de Radiohead, “Funeral” de Arcade Fire, “Abbatoir Blues/The Lyre of Orpheus” de Nick Cave & The Bad Seeds, “Auguri” de Dominique A o Is This It” de The Strokes serían algunos ejemplos. Los hay inmediatamente borrables, aunque no daremos nombres por respeto. Y los hay que están en el lugar de otros que lo merecen más: por ejemplo, ni “Murray Street” es el mejor disco de la década de Sonic Youth, ni “And Then Nothing Turn Itself Inside-Out” el mejor de Yo la Tengo, ni “Yoshimi Battles the Pink Robots” el de The Flaming Lips ni “Rock Action” el de Mogwai; ni “Things We Lost in the Fire” es el mejor de Low, ni “Songs in A&E” el mejor de Spiritualized, ni “Desperate Youth, Blood Thristy Babes” el mejor de TV on the Radio ni “Chore of Enchantment” el mejor de Giant Sand. Pero para gustos los colores. Ya lo dice Santi Carrillo en la editorial: “Cada uno podrá aplicar su factor de corrección particular a las listas en base a sus propias exigencias”. Concedida la prerrogativa, añado a la selección los 25 siguientes:

Amore del Tropico” de The Black Heart Procession
Grinderman” de Grinderman
Woke on a Whaleheart” de Bill Callahan
Let It Come Down” de Spiritualized
Négatif” de Benjamin Biolay
“Elvis Perkins in Dearland” de Elvis Perkins in Dearland
The Shepherd´s Dog” de Iron & Wine
I Am Not Afraid of You and I Will Beat Your Ass” de Yo la Tengo
Ten Stones” de Wovenhand
Gulak Orkestar” de Beirut
Heroes to Zeros” de The Beta Band
Feast of Wire” de Calexico
Walking with Thee” de Clinic
The Coral” de The Coral
Yellow House” de Grizzly Bear
´Sno Angel Like You” de Howe Gelb
Turn on the Bright Lights” de Interpol
R.O.C.K.Y.” de The Married Monk
Friend and Foe” de Menomena
Seventeen Stars” de The Montgolfier Brothers
Close to Paradise” de Patrick Watson
Whip It On” de The Raveonettes
Behind the Music” de The Soundtrack of Our Lives
Return to Cookie Mountain” de TV on the Radio
Fires in Distant Buildings” de Gravenhurst

En cuanto a los 60 discos nacionales, están todos los que son: desde Los Planetas a Atom Rhumba, pasando por Chucho, Nacho Vegas, Manta Ray, Nosoträsh, Sr. Chinarro, Josele Santiago, Refree, Astrud, Migala o Mishima. Toda una década de nombres patrios, tanta cal como arena. Menos mal que no faltan Cuchillo y Nisei.

Al apartado de singles hay que dedicarle un punto y aparte, amén de una colleja como un piano. Incomprensiblemente para una revista que intenta o pretende mostrar un conocimiento alternativo, la elección de canciones cada año supone el regalo de alguna estupidez anti-académica. Incluir en las listas de singles a Beyoncé, Britney Spears y las Ketchup podría tener su gracia en un contexto de humor e incorrección política. Pero los que defienden a la RDL como una publicación seria y centrada se ven bastante incomodados por estas frivolidades. La lista de 15 singles de la década anda en esa lamentable línea: solo se salvan “Hey Ya!” de Outkast, “Losing my Edge” de LCD Soundsystem y “Hard to Explain” de los Strokes. Y quizá, quizá, siendo generosos, “Take Me Out” de Franz Ferdinand.

En lo referente a conciertos, solo estuvimos presentes en cuatro de los que se citan (Devendra Banhart en el Primavera Sound 2004, Portishead en el Primavera Sound 2008 y Neil Young y My Bloody Valentine en el Primavera Sound 2009). En los tres primeros casos hay que corroborar una inclusión acertada. En cuanto a Kevin Shields, sería el gran vencedor en una inventada categoría de “torturas”. También vimos a Edwyn Collins con Roddy Frame y a Leonard Cohen, aunque ambos en Madrid, dos emocionantes momentos de la década sin duda. Y pensando en más conciertos memorables de todos los vividos en estos diez años me vienen a la mente algunos más: Massive Attack, Yo la Tengo, Dyonisos, The Cure, Radiohead, Tindersticks, The Swell Season, Yann Tiersen, Dominique A, Spiritualized, dEUS, Nick Cave & The Bad Seeds, Mogwai, Wilco, Iggy & The Stooges… Han sido tantas experiencias inolvidables (intensa década de directos la nuestra) que es muy difícil hacer un balance objetivo.

Las listas sobre cine y literatura (no todo es música) resultan ciertamente inopinables: los hay que en estos ámbitos no prestamos atención a las cosas del hoy, sino a las del ayer. Pero sienta muy bien encontrar entre las mejores películas joyitas como “In the Mood For Love” de Wong Kar-wai, “Last Days” de Gus Van Sant, “24 Hours Party People” de Michael Winterbottom y los documentales “No Direction Home. Bob Dylan” y “The Devil and Daniel Johnston”. Y también sienta de maravilla encontrar “Blancas Bicicletas” de Joe Boyd entre los mejores libros.

Quizá este número aniversario debería haber incluido también un resumen de los mejores momentos de la revista en sus diferentes secciones. Por ejemplo, la sección “Revisión”, ese magnífico apartado que con criterio exquisito y puntería de francotirador ha ido sacando del baúl de los recuerdos a muchos nombres sagrados en cualquier discografía (The Feelies, Led Zeppelin, Orange Juice, Joy Division, The Cramps, Magazine, Throwing Muses, A Certain Ratio, The Doors, The Sonics, Lee Hazlewood, Van der Graaf Generator, The Stranglers, The Triffids, Japan o Siouxie & The Banshees), arrojando luz sobre la oscuridad y abriendo la puerta de nuevo hacia el hermoso ayer.

Sí, como muy bien relata Pablo Gil en su escalofriante análisis sobre los efectos del “clic prodigioso”, la primera década del siglo ha sido la de la muerte de la industria musical, la de la despersonalización de la creatividad, la del consumo y almacenaje masivo de estímulos sonoros. El mp3 (ese quebradizo capullo, como dice mi amigo Elvis) nos ha atrapado y sometido, sacrificando el romanticismo a cambio del conocimiento impersonal y compulsivo. En este contexto resulta esperanzador observar cómo la RDL sobrevive plena de forma y color (y con su clásico CD mensual), como pieza tangible de un mundo (el musical) que se diluye en formatos milimétricos. ¿Sobrevivirá al auge sin freno de la literatura electrónica y la prensa digital?. Que así sea.

16 noviembre 2009

CONCIERTOS

ELLIOTT MURPHY & THE NORMANDY ALL STARS. Toledo. Círculo del Arte. 14-11-2009.

Descubriendo a un genio.

Elliott Murphy es ese músico que siempre ha ocupado el discreto lugar de la sombra. A la sombra de los grandes del rock, de compañeros de generación y en ocasiones amigos. A la sombra de Bob Dylan, de Bruce Springsteen, de Mark Knopfler o Neil Young. Pero el polifacético señor Murphy no debe dinero a nadie; en su multidisciplinar caminar por una existencia llena de estímulos (negativos, positivos) y como el célebre Johnny Applesed, ha ido arrojando pequeñas semillas en forma de hermosas canciones por acá y por allá. Y esas canciones merecen una escrupulosa atención. Canciones a las que puede etiquetarse de clásico popular con total legitimidad, dispuestas y organizadas para ocupar un lugar de privilegio en la historia. Canciones que en vivo suenan familiares, entrañables y cercanas como si fueran la banda sonora de los actos cotidianos de la vida. Canciones que, compartidas con los amigos visitantes, convierten una noche de sábado en toda una celebración. España en general y Toledo en particular tienen sus cosas; y mientras una marabunta acudía al mismo local una noche antes para ver a Love of Lesbian, solo unos cuantos acudimos a la irresistible llamada del otro tío Murphy. Contados privilegiados en un marco litúrgico incomparable. Si San Vicente levantara la cabeza…

De nuevo se contrasta la teoría: en música, los veteranos son un seguro de caución impepinable. Apenas dos acústicas (idénticas, por cierto), bajo y batería para hacer magia. A la destreza con las cuerdas, intensa voz y dominio de la armónica de Elliott hay que sumar el valor añadido que aportan los Normandy All Stars: Olivier Durand (guitarra), Laurent Pardo (bajo) y Alan Fatras (batería). Interés singular despertó el bueno de Olivier: su tremenda exhibición de guitar hero sureño y sus inverosímiles virguerías dieron un color diferente a cada tema y despertaron la inconfesable adoración de algunos (y de algunas). Y así, entre la satisfacción por el plan bien escogido y el efecto dominante de la música bien hecha, fueron brotando las manzanas. Apareció “Last of the Rock Stars” y dijimos “esta es la nuestra”. Llegó “On Elvis Presley´s Birthday” y nos acordamos de otros Elvis. Sonaron “Come On Louan” y “And General Robert E. Lee” y las canturreamos como si las conociéramos de siempre. Y en medio de los bises las luces se encendieron, la banda se desenchufó y se fundió con nosotros, y pudimos palpar con los dedos “Anastasia”, “Drive All Night” y “Twist and Shout”. Y con nuestras voces nos convertimos en el quinto elemento. Y con eso y “Rock Ballad” terminó la más gratificante de las experiencias y empezó otra: la de comentar la jugada entre risas y alcohol, la alegría compartida con la música aún latiendo en las entrañas y la jurada devoción a un genio descubierto tarde, pero justo a tiempo.

Crónica dedicada a Rous, Mary Jo y Roberto.

www.elliottmurphy.com

04 noviembre 2009

RETROSPECTIVAS

JOAN BAEZ. Joan Baez.

Joyas de los sesenta (5º parte).

Ay, el folk… Reducto de intimidad en medio del caos irresoluble o causa del caos en medio de la desidia creciente. El folk vale para todo: para lanzar el beso o para lanzar la piedra. He aquí la dama de hierro del folk, pieza eterna de imaginería, de culto para los “revolucionatas” del mundo. Los sesenta se estrenaron con las invectivas de una mujer con cara y voz de ángel. El gran Coppini decía que eran malos tiempos para la lírica; yo digo que son malos tiempos para la política. Dejemos a un lado las reivindicaciones, la lucha contra el subterfugio, el lado más pretencioso y politizado del folk. La experiencia nos ha demostrado que el arte no puede más que causar placer, para nada cambiar el curso de los tiempos. ¿Queda algún romántico todavía por ahí?. Si lo hay, que diga algo o calle para siempre. Hablemos de Joan Baez solo como artista. Hablemos de su arte solo como arte. Hablemos de este debú solo como regalo. El mágico regalo de la postal tradicional, del rezo milenario, de la confesión de las entrañas. Qué diantre, el mágico regalo de la música. Esa guitarra punzante. Esa voz que avasalla desde la dulzura. El impacto de la ligereza en “Silver Dagger”, “East Virginia”, “John Riley” y ese himno campestre de manual llamado “All My Trials”. El llanto único del blues en “House of the Rising Sun”. El escozor polvoriento del country en “Wildwood Flower” y “Rake and Rambling Boy”. Y la cruda y calcinante historia que en “El Preso Número Nueve” muestra a la dama al otro lado de la frontera. Quedémonos con la belleza de la dicción, de las notas y los sonidos, con su extraordinario poder catalizador. Busquemos el equilibrio en nosotros mismos, dejemos de luchar contra los demás. Y vivamos de una vez en paz.

www.joanbaez.com


28 octubre 2009

CONCIERTOS

PETER MURPHY. Madrid. Heineken. 26-10-2009.

Cita con el príncipe de las tinieblas.

Es un hecho necesariamente asumible que el tren Bauhaus pasó. Oportunidades perdidas en La Riviera y Oporto ya no volverán aunque, al contrario que Bela Lugosi, el príncipe de las tinieblas siempre seguirá vivo. Peter Murphy ha optado finalmente por centrarse en su mundo, y su mundo es plena actualidad a la par que recuerdo, ambivalencia clásica a la par que experimento. La idea global de su concierto en Madrid es la confirmación de que la escuela de la oscuridad sigue de moda en la sombra. Y mientras los licenciados se sobreexcitan con el epitafio de una muerte anunciada y la bocina de un nuevo barco que llega a puerto, los aprendices absorben como esponjas el discurso de un chamán que, pese a haber guardado en el ropero el glamour terrorífico de antaño, mantiene su elegancia intacta. Gran exhibición y sobredosis de intensidad para empezar la semana.

Y en lo que a la que suscribe atañe, hay que confesar que la discografía de este hombre es como un océano negro y profundo en el que para nada vale la experiencia nadadora. Quizá por eso el cuerpo principal del show, sujetado por vigas de hormigón (gigantescos amplificadores ocupando medio escenario) y huidizo de facilidades, fue un duro empeño para superar la apnea. Y entre brazadas torpes y respiración en deceso aparecieron “I´ll Fall With Your Knife”, “Marlene Dietrich´s Favourite Poem”, “Huuvola” y “Deep Ocean, Vast Sea” aportando un poco de oxígeno. Los más modernos Bauhaus emergieron en “Too Much 21th Century”, rescatada del último y no bien ponderado “Go Away White” (2008). Y también se hizo visible (audible) un John Lennon con forma de sirena latiendo en “Instant Karma”. Enhorabuena, señor Murphy, por su buen gusto tomando canciones a préstamo.

Pero en alguna lápida estaba escrito que el gran momento serían los bises. Y así fue. Oh, sí, aire, aire fresco. “Strange Kind of Love”, majestuosa, sutilmente atada al apéndice de “Bela Lugosi Is Dead”, destapó la jodida caja de Pandora. La mecha se convirtió en llamas con “The Passion of Lovers” y “She´s in Parties” (por fin, Bauhaus en todo su esplendor) y en incendio descontrolado con las versiones más esperadas: “Ziggy Stardust” y “Transmission”. En la segunda tanda aparecieron “Cuts You Up” y la muy enigmática versión de “Space Oddity”. La tercera no parecía previsible tras una interactiva despedida llena de agasajo y amor, pero haberse evaporado entre el humo y las cenizas haciendo vacío al sonoro eco de “All Night Long” hubiera estado feo. Y es que, lejos de los socorridos títulos nobiliarios de padrino gótico, estigma influyente del rock contemporáneo o príncipe de las tinieblas, el tío Murphy es ante todo un caballero. Que aprenda Morrissey, por ejemplo.

www.petermurphy.info


25 octubre 2009

CONCIERTOS

BOWERBIRDS. Madrid. Neu! Club. 24-10-2009.

Arte natural.

Fueron una de las renuncias inevitables en el pasado Primavera Sound. Y alguien escribió que allí el sonido fue tan nefasto que era imposible concluir si tocan bien o mal. Confirmado: saben tocar. Es más, lo hacen de maravilla. Aunque lo que verdaderamente llama la atención es que sean capaces de expedir tanta pureza y belleza con un equipaje tan rústico. La máxima frugalidad de sus canciones se traspone al directo. Guitarras de segunda mano sujetas de un cordel, que reposan sobre su funda esperando el turno. Ya no sé si siguen viviendo entre árboles y pájaros, pero ésa es la sensación que dan: la de unos tipos en absoluta armonía con el mundo. Una gente tan natural como sus vecinos de cabaña.

Y no pudieron arrancar con más acierto, con dos de las favoritas: “My Oldest Memory” y “Crooked Lust”. Y en un plis ya tenían a la sala entera en el bolsillo. Momento éste el adecuado para hacer un pequeño homenaje a la afición madrileña: un público que, cuando quiere, es capaz de arropar y espolear al artista hasta el infinito, dándole un cariño que el músico recibe por lo general con los brazos abiertos. Éstos acabaron obligados a repetir por segunda vez y brindar la demandada “Bur Oak”, habiendo exprimido su repertorio casi hasta la última gota. Antes había transcurrido una hora de hipnosis folk, al vaivén mecedor del primitivo fingerpicking y la gran voz del simpático Phil Moore y con la sensual Beth Tacular basculando entre teclado y acordeón. Ahora gira con ellos un nuevo y barbudo baterista que sabe bien lo que se trae entre manos, llenando de magia el puente de la conmovedora “Ghost Life” y el desenlace de “Silver Clouds”, y rehogando con mimo los compases imposibles de “Dark Horse”. Y en esa hora de hipnosis folk también tuvieron su lugar el folclore pseudo-cíngaro de “In Our Talons”, la oda a dos voces de una “Beneath Your Tree” que sonó todopoderosa, la savia relajante de “Northern Lights”, esos acongojantes episodios de acordeón en “Ticonderoga” o las construcciones impolutas de "Teeth" y "House of Diamonds". Incluso se marcaron, sin miedo, una “Bright Future” a pelo y desamplificada, poniendo a prueba la acústica de la Neu!, elevada por Phil con generosidad a la categoría de teatro. Una hora larga de bienestar que podía haber durado toda la noche. Naturalmente, Bowerbirds.

www.bowerbirds.org
www.myspace.com/bowerbirds

05 octubre 2009

DISCOS

YO LA TENGO. Popular Songs.

El último viaje del expreso de Hoboken.

Como ya se dijo en su día, está visto y comprobado que Yo La Tengo lo tienen todo. Bueno, mentira: todo excepto límites. Su último (que no definitivo) viaje recorre bastantes kilómetros, pasando por estaciones ya visitadas y con paradas en destinos nada extraños, como Detroit o el lado oscuro de la luna. "Here to Fall" hace sonar la bocina de partida al más puro estilo Pink Floyd, como una gema de rock perfeccionista de los setenta; los más que estimables arreglos de orquesta la convierten en una de las grandes de este disco. Pero el órdago a la progresividad está en el tridente final, en los 9:39, los 11:25 y los 15:54 de "More Stars than There Are in Heaven", "The Fireside" y "And The Glitter Is Gone", respectivamente. Sí, hablamos de minutos y segundos, de concienzudos tours de force, de pruebas de paciencia para el oído medio (el oído añejo ya está acostumbrado a las idas de pinza de Kaplan y compañía). La primera es casi post-rock, pura tristeza contemporánea; la segunda sí que es Pink Floyd 100%; y la tercera es aquel lapidario e interminable intro que inauguró su soberbio show en el pasado Primavera Sound, poniendo la adrenalina a cocción.

Por lo demás, "Popular Songs" (2009) responde a la perfección a su título: una muestra de los sonidos populares made in Yo La Tengo, sin experimentos arriesgados ni bombásticas sorpresas, sin cosas que no hayamos escuchado antes. "Avalon or Someone Very Similar" o "All Your Secrets" se enmarcan en el canon de canción pop de la banda, ese pop que clavan como antaño lo hacían Belle and Sebastian. En "If It´s True" (deliciosos arreglos también) y "Periodically Double or Triple" se cuela su última pasión confesada: el soul, los aires de Detroit y la Motown. Y de soul también está hecha "I´m on My Way", momento de gloria vocal (casi por regla, hay uno en cada álbum) de James McNew. Cancha merecida para un tipo que, al margen de sus andanzas con el matrimonio Kaplan-Hubley, tiene un currículum casero y súper-lo fi la mar de interesante bajo el nombre de Dump.

Y como en todos los largos de Yo La Tengo hay una canción que pasa a la historia de repertorios, misceláneas y canturreos, la elegida aquí sería "Nothing to Hide", píldora de garage que vuelve a traer a cuento Detroit por el sabor sucio de esas guitarras tan Stooges. No es un farol: es el tema perfecto para formar trío con "Tom Courtenay" y "Sugarcube", y la pieza que perdurará cuando el disco pase de moda. Porque "Popular Songs" no estará en el saco de "Painful" (93) o "I Can Hear the Heart Beating As One" (97) sino más bien en el de "And Then Nothing Turned Itself Inside-Out" (2000) o "Summer Sun" (2003): el saco de los discos de Yo La Tengo necesarios pero no imprescindibles.

www.yolatengo.com


02 octubre 2009

AGENDA (Revisada)

GRANDES OFERTAS DE OTOÑO.

Me and my autumn sweater.

El cuerpo me pide agenda. Sí, qué curioso: recién pasada por bisturí y con más puntos que el Madrid en la Champions me debería pedir reposo, pero no, me pide agenda. Porque después de un verano que ha sido el colmo de la racanería y el aburrimiento (salvado in extremis por Leonard y Elvis), la caída de la hoja es la caída de lo exiguo, el fin de la parálisis (que no era permanente), la vuelta a las andadas y los viajes a la "capi". Resurgen los eventos, los nombres interesantes en las paredes, esos festivales de mil y un formatos, y se avecina un otoño-invierno de lo más cálido y agradable. Hay mucho donde elegir; veamos una muestra.

FESTIVALES

FIZ 09: En Zaragoza, días 9 y 10 octubre. Mogwai, Rufus Wainwright, Los Planetas, Russian Red, The Sunday Drivers, Love of Lesbian, Catpeople, Mark Eitzel, Franz Nicolay, Bigott, etc.

MONKEY WEEK: En El Puerto de Santa María (Cádiz), entre el 9 y el 12 octubre. En el apartado musical: Silver Apples, Wire, Los Coronas, Heavy Trash, Josh Rouse, Howe Gelb, Kitty, Daisy & Lewis, entre muchos otros.

I KNOW I´M JUST A SINGER-SONGWRITER (BUT I LIKE IT) FESTIVAL: En Madrid, sala Joy Eslava, 14 y 15 octubre. Nacho Vegas, Mark Eitzel, Franz Nicolay, Josh Rouse, Christina Rosenvinge, Victoria Williams & Simone White.

TWODAY FESTIVAL: En Salamanca y Valladolid, los días 6 y 7 noviembre respectivamente. Camera Obscura, Iván Ferreiro, Christina Rosenvinge, Sidonie, Second, Russian Red, La Bien Querida, Lagartija Nick, etc.

HEINEKEN GREENSPACE: En Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia, del 17 al 20 de noviembre. Micah P. Hinson, The Pains of Being Pure at Heart, Atlas Sound, The Duke & The King.

PRESENTACIÓN TANNED TIN- En Madrid y Barcelona, entre 12 y 15 de noviembre. Damien Jurado, Tiny Vipers, Early Day Miners, Dean & Britta, Spectrum, Dawn Landes, The Third Eye Foundation, etc. Por confirmar salas y precios.

PRIMAVERA CLUB 09: En Madrid y Barcelona, del 9 al 13 de diciembre. A Place to Bury Strangers, Devendra Banhart, The Soundtrack of Our Lives, Retribution Gospel Choir, The Black Heart Procession, Cass McCombs, Port O´Brien, Cymbal Eat Guitars, David Holmes, Marissa Nadler, Jason Molina/Will Johnson, Scout Niblett, Tara Jane O´Neil, Sr. Chinarro, The Pastels, The Ladybug Transistor, etc.

GIRAS

GIRLS + SWANTON BOMBS- 3 octubre. Barcelona. At La.
4 octubre. Madrid. Moby Dick.

WIRE- 7 octubre. Barcelona. La (2).
8 octubre. Madrid. Ramdall Music Live.

JOAN AS POLICE WOMAN- 7 octubre. Sevilla. Sala Malandar.
8 octubre. Madrid. El Sol.

THE MARY ONETTES- 8 octubre. Madrid. Círculo de Bellas Artes.
12 octubre. Vigo. La Fábrica de Chocolate.
13 octubre. Málaga. Centro Cultural Ollerías.
14 octubre. Zaragoza. Centro Cívico.
16 octubre. Barcelona. La (2).
17 octubre. Tarragona. Sala Zero.

KEN STRINGFELLOW- 8 octubre. Zaragoza. La Lata de Bombillas.
9 octubre. Madrid. Siroco.
10 octubre. Barcelona. La (2).

CASTANETS- 8 octubre. Vic (Barcelona). Sala Jazz Cava.
9 octubre. Bilbao. Jimmy Jazz.
10 octubre. Madrid. Nasti.
11 octubre. Don Benito (Badajoz). Rincón Don Pío.

BILLY BRAGG- 14 octubre. Madrid. Galileo Galilei.
15 octubre. Barcelona. Bikini.

JEREMY JAY- 13 octubre. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
15 octubre. Madrid. Neu!.

WILLARD GRANT CONSPIRACY- 14 octubre. Barcelona. Sidecar.
16 octubre. Madrid. Moby Dick.

THE MAGNOLIA ELECTRIC CO.+THE HANDSOME FAMILY- 20 octubre. Cádiz. Aulario La Bomba.
21 octubre. Madrid. Heineken.
22 octubre. Alicante. Mint.
23 octubre. Barcelona. Apolo.
25 octubre. Mallorca. Teatro Lloseta.

THE DRONES- 21 octubre. Barcelona. La (2).
22 octubre. Madrid. Moby Dick.

BOWERBIRDS- 22 octubre. Barcelona. Sidecar.
24 octubre. Madrid. Neu!.

YOUNG FRESH FELLOWS- 16 octubre. Bilbao. Kafé Antzokia.
24 octubre. Madrid. El Sol.

ELLIOTT MURPHY- 22 octubre. Bilbao. Kafé Antzokia.
23 octubre. Oviedo. Teatro Filarmónica.
1 noviembre. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
6 noviembre. Madrid. Círculo de Bellas Artes.
7 noviembre. Ávila. Sala por confirmar.
14 noviembre. ¡Toledo!. Sala por confirmar.

NICK CAVE- 24 octubre. Barcelona. Casino L´Aliança.

PETER MURPHY- 26 octubre. Madrid. Heineken.
27 octubre. Barcelona. Bikini.

RICHMOND FONTAINE- 27 octubre. Madrid. El Sol.
28 octubre. Valencia. Matisse.
29 octubre. Bilbao. Kafé Antzokia.

KINGS OF CONVENIENCE- 1 noviembre. Madrid. Teatro Circo.
3 noviembre. Vigo. Centro Cultural Caixanova.
7 noviembre. San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia.

DEPECHE MODE+SOULSAVERS- 12 noviembre. Valencia. Feria.
16 y 17 noviembre. Madrid. Palacio de los Deportes.
20 y 21 noviembre. Barcelona. Palau Sant Jordi.

MICAH P. HINSON- 17 noviembre. Madrid. Teatro Circo.
18 noviembre. Barcelona. Bikini.
19 noviembre. Bilbao. Santana 27.
4 diciembre. La Coruña. Teatro Colón.
7 diciembre. Santander. Palacio de Festivales.

BASIA BULAT- 18 noviembre. Madrid. El Sol.

ANDREW BIRD- 21 noviembre. Madrid. Joy Eslava.
24 noviembre. Barcelona. Apolo.

Es hora de sacar el calendario y empezar a escoger. En la foto Peter Murphy porque ya es fijo.


20 septiembre 2009

CONCIERTOS


ELVIS PERKINS IN DEARLAND. Madrid. Heineken. 18-9-2009.

Su peso en oro, su peso en pena.

Hagamos un experimento: metamos en la batidora a Buddy Holly, Woody Guthrie, Bob Dylan, Van Morrison, Nick Drake, Tom Waits, Elliott Smith, Jeff Buckley, Paul Simon, Donovan y Cat Stevens, y pongámosla en marcha. La mezcla se llama Elvis Perkins. Un tipo con una tremenda historia a sus espaldas, historia que ya todos sabemos. No hay medio informativo que no lo de a conocer sin basarse en ella. Cambiemos de tema, ¿no?. Hay que reconocer que a Elvis lo envuelve un aura de misterio, que despierta una ternura especial por su circunstancia, una empatía irremediable, ganas de darle un abrazo y decirle “lo siento”. Sus canciones exhiben un apasionante mundo interior, se clavan como puñales, tocan el alma, incitan a la reflexión y sirven de autoayuda. Pero cara a cara, la cosa es bien diferente: nada de cantautor (a él no le mencionen la expresión, la odia) de cabeza gacha, melancólico y derrotista. En persona Elvis es un tipo gracioso y espontáneo, con cara de pillín, con unas ganas locas de pasarlo en grande. La historia de cada cual es para siempre, y está claro que él nunca dejará de ser el chico con la espina en el costado. Pero su discreta, heroica y elegante huida hacia delante es casi tan encomiable como su calidad lírica y musical. Ha nacido un clásico, ha nacido una estrella.

Y no hablen de él como Elvis Perkins a secas, hablen de Elvis Perkins In Dearland. Hagamos un monumento a sus simpáticos colegas (Brigham, Wyndham y Nicholas, bonitos nombres), esos tres soles, esos tres encantos, brillantísima banda maximizadora de recursos (guitarra, Hammond, armonio, trombón, bajo, contrabajo, saxo, batería, bombo de hombre-orquesta, armónica, flautín y pandereta), animadora de festejos y transmisora de energía. Ellos dan a la música de Perkins el influjo que merece, la engrandecen poderosamente, arropando y cuidando a su amigo (uno más entre ellos, por cierto) como si fuera el hermano pequeño. El resultado de su comunión artístico-afectiva no puede ser más rico y variado, navegando por los siete mares de la música popular americana (gospel, blues, folk, country, soul, R&B y rock´n´roll) con una pulcritud exuberante, compartiendo con todos las vivencias de ese palpitante viaje, enseñándolo en pequeñas instantáneas color sepia. Viendo la actitud del conjunto en escena, nadie diría que están hablando de tristeza, muerte, soledad, la Biblia y el juicio final. Pero sí, hablan de ello y de qué manera más brutal. Con vehemencia y sentimiento, expulsando al diablo en cada grito, Elvis canta cosas como “I can´t hold my life in the march on glory”, “what am I if bound to walk in chains ´til I die”, “do you ever wonder where you go when you die?”, “black is the colour of my blood”, “when I go to heaven, I swear you will go with me”, “it´s dark in the night and I´m up here all alone” o “let´s plant a flowering-tree here in the rubble and debris, I´ll tend it with a tear”, y con cada una de esas sentencias hay un pequeño escalofrío. Acto seguido vuelve a renacer la juglaría, llega el alivio y la conclusión a la que todos parecemos querer llegar: qué puta es la vida, pero qué bello es vivir. Así son las cosas y así nos las han contado.

En cuanto al repertorio, poco importa que se olvidaran de “Ash Wednesday” y “123 Goodbye”, pues en su lugar aparecieron, como por arte de magia, la tristísima y magnética “The Night & The Liquor” y una versión acústica de “Moon Woman II” ante la que Elvis se mostraba dudoso por tenerla mucho tiempo olvidada (la bordó). Por supuesto, “Elvis Perkins In Dearland” (2009) fue el gran protagonista: “I Heard Your Voice in Dresden” y “Hey” contagiaron hermandad y diversión, “Chains, Chains, Chains” sonó a brisa de mar, “I´ll Be Arriving” se despojó del disfraz de Tom Waits para enfundarse el de Stevie Wonder, “Shampoo” se consagró definitivamente como nuevo clásico con una ejecución inmaculada, y “Hours Last Stand” y “How´s Forever Been Baby” desataron (en vivo, todavía más) la típica lluvia emocional, incontenida en privado, contenida en público. ¿Y “Doomsday”?. De ella hablaremos después. Por su parte, “While You Were Sleeping” volvió a la apertura como antaño, en aparición solitaria de Perkins y suma gradual del resto. La recreación western de “All the Night Without Love” y la solidez de “May Day” afirmaron a las claras la condición sine qua non del buen músico: destreza en la mutación de las composiciones a la hora de plasmarlas en directo. Y “Emile´s Vietnam in the Sky” se coló por ahí aportando un toque de intimidad; el sutil recital en francés trajo a la mente el “The Partisan” de Cohen una semana antes. También se mostraron ilusionados con la aparición de su nuevo “Doomsday EP” (en octubre), compendio ejemplificador de su devoción por raíces y antepasados. “Stay Zombie Stay”, “Weeping Mary” (canción de folclore, según Nick Kinsey en aceptable castellano), “Stop Drop Rock´n´Roll” y la sobrecogedora “Gypsy Davy” (nada que ver con la del clan Guthrie) son como el reflejo que devuelve el espejo de la tradición americana. Y es que América no solo da miedo y disgustos. A veces da alegrías muy grandes en forma de buena música. Y Elvis Perkins In Dearland son la última de esas alegrías, un faro al que seguir, una fuente de esperanza, un soplo de aire fresco para nuestros corazones, y la confirmación de que nuestra generación (la de los natos en los setenta, la de los treintañeros) tiene la pluma y la tinta para escribir un espléndido futuro. Con motivo de su anterior visita a Madrid y en una entrevista, el hijo de ya sabemos quienes decía lo siguiente: “Creo firmemente en el poder sanador e inspirador que una buena canción puede transmitirle a una buena persona”. Y yo, Elvis, y yo.

Momento “Doomsday”: Convertida a conciencia en jácara libérrima, el culmen de sus conciertos siempre acaba siendo esta canción. Con ella brindan apoteósicos números allá por donde vayan (en youtube.com hay un muestrario interesante). En Madrid no fue menos. Brigham y Wyndham dieron el toque de salida con saxo y trombón en medio del público, mientras el juguetón de Elvis les fastidiaba el solo con una lata de cerveza, abierta a micro abierto y a traición. Después la fiesta se concentra en escena, todos se desmelenan (Elvis se quita por fin el sombrero), se establecen conexiones y casi todo el mundo sale loco. Por supuesto, en vivo y bien cerca fue mucho mejor que cualquier video o leyenda. Fin del show y rendición absoluta a sus pies.

Apertura exquisita: La risueña Dawn Landes resultó ser un lujo de telonera para la ocasión, una grata sorpresa. Entre Joni Mitchell y PJ Harvey, con vientos de country colándose por cada hueco, vino a presentar su nuevo “Sweeetheart Rodeo”. La referencia al mítico álbum de The Byrds no es casual ni gratuita. Y sus dos compañeros en escena (batería-armónica, guitarra-bajo) deslumbraron. Hay que seguirle la pista.


www.elvisperkinsindearland.com

www.myspace.com/elvisperkinsindearland

www.myspace.com/dawnlandes

13 septiembre 2009

CONCIERTOS

LEONARD COHEN. Madrid. Palacio de los Deportes. 12-9-2009.

Tributo al ganador.

De las muchas bondades que posee el arte, la mejor de todas es la eternidad. Y como forma de arte, la música, que también es literatura (escoger y ordenar palabras), que también es pintura y escultura (modelar y combinar los innumerables colores del sonido), tiene un poder de supervivencia privilegiado. La demostración tiene nombre y apellido: Leonard Cohen. En su extensa gira veraniega por nuestro país, desembocando en una Madrid que ya no sabe si volverá a pisar alguna vez (75 años, nada menos), el hombre de todas las damas ha conseguido dos cosas: la primera, la más frívola, es volver a llenar su maltrecha cuenta para vivir con dignidad los últimos años de su vida; la segunda, la más profunda, ha sido la de hacer florecer los recuerdos de aquellos que perdieron el tren de la juventud. Y no solo eso: en el Palacio de los Deportes también había jóvenes, muchos jóvenes, capturados por el mensaje cautivador de la poesía hecha melodía, las enseñanzas de un eremita, de un vividor largamente vivido, de un entrañable abuelo dispuesto a contarnos sus batallas con inusitada pausa y distinción. Y es que ya lo reconocía el joven músico en ciernes, espeluznado tras el fin de la primera parte: “Observando estas cosas me doy cuenta de que toco mal y canto peor”. ¿Qué se le va a hacer?. La batalla contra la experiencia está perdida de antemano. Artistas como Cohen ponen en evidencia que existe un abismo entre dioses y monstruos. Y a un grande como él solo pueden acompañarle los mejores: los más preparados, los más diestros y los más elegantes. Mucha calidad y mucho conservatorio. Ah, y también muchas cuerdas: se vieron bajos de cinco y guitarras de doce.

Como era de esperar, la noche fue un repaso a toda una carrera llena de cumbres de categoría reina. La primera parte, impacto de tiempos modernos, tuvo un destacado sabor a soul. “The Future” (con pirueta de las hermanas Webb incluida), “Ain´t No Cure for Love” y “Everybody Knows” brillaron en plenitud. Pero la sensación más fuerte se vivió con “Who by Fire” y ese mágico intro de guitarra clásica del catalán Javier Mas. Tras un descanso demasiado largo, el segundo plato trajo por vianda un soplo de folk y los más ansiados clásicos. “Tower of Song” permitió al maestro juguetear con su órgano Cassio; “Suzanne” desgarró los corazones y “Sisters of Mercy” fue la puntilla para verter la lágrima en el filo; la rotunda “The Partisan” despertó las más airosas aclamaciones y “Hallellujah” sonó como lo que es, ese himno milenario, de todos los tiempos. “I´m Your Man” animó al respetable a un acompañamiento deseado de cánticos y palmas, y “Take This Walz” no empezó hasta no haber escuchado las tres palabras obvias: Federico García Lorca. Y así culminó la segunda mitad.

Y los bises fueron una extensa parte más, y “So Long, Marianne” y “First We Take Manhattan”, vívidas y animosas, con todo el recato y respeto perdidos en la macrosala, anunciaban un broche de oro para un concierto soberbio. Pero no: el baile de la vida no se ha acabado aún para Leonard, y había que danzar hasta el final. Así que añadamos “Famous Blue Raincoat”, “If I Bet Your Will” (interpretada por las exquisitas Webb Sisters y precedida de emocionante recitado), “Chelsea Hotel Nº 2”, “Closing Time” y alguna más (perdí la cuenta), y tendremos tres horas de concierto, lo comido por lo servido, lo pagado por lo comprado. El viejo, con su rotunda voz impoluta, se propuso devolvernos el precio de la entrada y lo hizo. Aunque ya poco o nada nos acordamos del dinero. Nos acordamos de que los designios del destino son indescifrables, y el destino de este hombre sabio y encantador como pocos probablemente era éste: volver, renacer, revivir, enseñar, agradecer y marcharse como un triunfador.

www.leonardcohen.com


11 septiembre 2009

DISCOS

BOWERBIRDS. Upper Air.

Un regalo para los oídos.

Hace poco escuchaba una interesante teoría de boca de David Bowie: en pleno siglo XXI, cuando ya no sepamos qué hacer con tanta tecnología, acabaremos volviendo hacia atrás, golpeando grandes pedazos de madera. Esto surgió en una entrevista, hace ya algunos años. Y es bien real lo que plantea: ¿qué ser humano es capaz de soportar tan tremebunda oleada de información?, ¿qué persona de carne y hueso quedará indemne al bombardeo de las luces, los iconos y las teclas?. El mundo se está convirtiendo en ceros y unos, y nosotros en meros procesadores de datos. La deshumanización de la raza es un hecho tan tangible que asusta, así que quizá haya llegado el momento de volver a la madera. Quizá inconscientemente ya está en marcha ese proceso; volvemos al pasado, a la pureza. El proceso pasa por apreciar las cosas más sencillas de la vida, las que tenemos frente a nuestras narices día a día, las que se nos dan gratis, sin pedir cuentas. En la música nos preguntamos por qué ese resurgimiento de lo antiguo, por qué hasta los noveles se despojan de arquitecturas rimbombantes para lanzarse al espacio de lo natural. La madera, señores, la madera. El proceso está en curso, y por eso Bowerbirds hacen tanto bien al oído: porque en sus canciones no hay códigos ni claves, cyborgs ni redes, solo sol y aire. Sí, estoy en plena regresión: bendita panda de nuevos folkies, benditos Alela Diane, Elvis Perkins o Fleet Foxes, y benditos estos maravillosos Bowerbirds.

Upper Air” (2009) es el segundo trabajo de un trío nacido entre la flora y la fauna, tras el bonito aunque a ratos adormecedor “Hymns for a Dark Horse” (2007). Un disco para beberlo a sorbitos, para degustar con fruición, paladeando cada nota y frase como si fuera el único alimento del día. La reconfortante voz de Phil Moore y su guitarra acústica son la médula espinal de todas las canciones. Algunas muestran su desnudez sin pudor (“Silver Cloud”, “Bright Future”), otras se visten con cuidadosos adornos de piano (“House of Diamonds”, “Crooked Lust”) o acordeón (“Teeth”, “Beneath Your Tree”, “Chimes”), pero todas tienen la misma fuerza bruta: el poder de rellenar el vacío, y por qué no, de hacer llorar a moco tendido. Y luego están las letras, preciosos alegatos librepensadores y naturistas. Lo único que se echa de menos es más protagonismo para Beth Tacular: ¿por qué no algún otro dúo aparte del bordado en “Beneth Your Tree”?. Seamos justos: “Upper Air” lo tiene todo sin tener gran cosa y la frugalidad se agradece. La escultural “Ghost Life”, con su estribillo ahorrativo en palabras, proclama la combinación de modestia y grandeza más valiosa del año. Frente a las vacas flacas, medidas de austeridad. Pero de verdad.

www.bowerbirds.org

www.myspace.com/bowerbirds


01 septiembre 2009

REPORTAJES


WOODSTOCK 69: 40 AÑOS DESPUÉS.

El presente se inventó en los sesenta.

Como todos los bien informados aficionados musicales ya deben saber, este mes de agosto se cumplieron cuarenta años de la celebración del mítico Woodstock 69, el festival de rock por antonomasia. Un festival que, visto en la lejanía del tiempo, siempre tendrá ese duende, esa parte de romanticismo anti-sistema, de simbolismo pacifista. Una llamada a la que respondieron medio millón de personas: la llamada de la música. ¿Solo de la música?. No estuvimos allí (ni nacidos ni en proyecto), pero cuánto bien ha hecho el documental “Woodstock: 3 Días de Paz y Música” a las generaciones postreras, a los melómanos adictos, a los fanáticos del vinilo y demás gentecilla rara que va por ahí platicando sobre Jimi Hendrix o Jefferson Airplane en pleno siglo XXI, enfrentándose a caras de asombro e ignorancia, las de esos modernos a la última, tan fetichistas de los sellos y las marcas, tan apegados a sus FIBs, Sonoramas y Contempopráneas, que en su puñetera vida han oído hablar de este festival, de Newport, de Monterey, de los pioneros, de los sesenta ni de nada que se le parezca. En fin, al César lo que es del César: Woodstock tuvo su importancia histórica en muchos aspectos. La tuvo en el aspecto social: “¿de dónde puñetas ha salido toda esta marabunta de locos greñudos indecentes?” se preguntaban América y el mundo. Y también tuvo su importancia en el devenir del rock en directo y en las congregaciones masivas de artistas y público. Aunque hay quien reivindica (con gran acierto) que el auténtico caldo de cultivo se remonta al Festival de Monterey del 67, aquel evento en el que Hendrix y The Who se jugaron a cara o cruz el orden de sus actuaciones, compitiendo duramente por el premio al mayor y más virulento destrozo sobre el escenario. Así pues, una que es asidua a los festivales desde hace años, que vive en la música (que no “de la música”), que sigue fiel a unos principios vitales básicos cada vez más masacrados y demodé (a mucha honra), se enternece y regodea ante la visión de lo que sucedió en aquella campiña lindante a Nueva York en agosto de 1969. Sí, la parte romántica habla de tres días de paz y música, de miles de personas sonrientes y unidas por unos ideales, hastiadas del caos belicista y segregacionista norteamericano. Pero la parte romántica es la parte que nos venden. Woodstock también tuvo su lado oscuro: masificación, caos, insalubridad, desabastecimiento, delincuencia, colapso, incomunicación, la caprichosa meteorología. Aunque lo que más llama a la reflexión es que Woodstock se quedara simplemente en algo simbólico, una bella demostración de libertad, un rugido de protesta no violenta: el planeta siguió girando al ritmo impuesto por el dólar, instituciones de dudosa fiabilidad, caciques y podertenientes. Y así hasta nuestros días. De hecho, Woodstock quiso salirse del sistema pero ha sido adoptado como parte del mismo; el documental de marras obtuvo un año después el reconocimiento del tío Óscar, convirtiéndose en un chorro de lucro a presión. Y la ocasión del cuarenta aniversario ha sido la excusa perfecta para cargar la turbina de la maquinaria mercantil con nuevas publicaciones y homenajes.

Pero merece la pena hablar del trabajo de Michael Wadleigh, puntualmente rescatado en estos días de canícula infinita. En una sucesión de preciosas imágenes y con un montaje original y exquisito, la película expone lo sucedido en aquellos tres días con objetividad, ofreciendo una perspectiva de gran angular, aunque incompleta, del acontecimiento. La indiscutible preferencia de la música se complementa con un amplísimo muestrario de planos y opiniones que retratan e inmortalizan el perfil de los otros protagonistas: los miles y miles de jóvenes congregados en la granja de Bethel, de todos los colores y razas, de todas las edades, bajo los efectos de todo tipo de sustancias, en convivencia armónica, inmutables a las penosas condiciones de vivir como animales para la ocasión, atrapados por el embrujo de la naturaleza y la música. En la faceta musical el documento es parcialmente cuestionable; sorprende la presencia de los Sha-Na-Na frente a la ausencia de The Band, Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, Ravi Shankar, Paul Butterfield Blues Band, The Incredible String Band o del set eléctrico de Crosby, Stills, Nash & Young. Pecados injustificados y bailes cronológicos aparte, el metraje (tres horas y media, pónganse cómodos) está lleno de momentos memorables: desde el protagonizado por Richie Havens con su espeluznante “Freedom” hasta la ruidosa apología americana de Jimi Hendrix, pasando por la generosidad de Pete Townsend regalando su guitarra, la virtuosísima exhibición de Santana, los karaokes incitados por Country Joe McDonald o Sly Stone, la plañidera fiereza de Janis Joplin o el mágico despertar matutino con los Jefferson Airplane.

Observando esta cinta uno se sorprende de que hayan pasado cuarenta años, pues hay imágenes no muy diferentes a las vistas en otros festivales de ahora: técnicos pululando por el escenario, cuerpos rotos sobre la hierba, mochilas enormes a las espaldas, arco iris de tiendas de campaña, colas para casi todo, hasta la versión sesentera de los famosos Poly-Klyn. Básicamente, el concepto de festival sigue siendo el mismo: muchos artistas para mucha gente. Sin embargo, los tiempos han cambiado. ¿Por qué fueron los jóvenes a Woodstock?. ¿Solo por la música?. Sí, muchos fueron por la música, otros por hallar un espacio de desinhibición, otros por encontrarse encontrando la respuesta a su incomodidad existencial. Todo son teorías, pues no hay estadísticas que iluminen las motivaciones de aquellas gentes, aunque haya miles de definiciones sobre la idiosincrasia del movimiento hippie. Woodstock fue un momento histórico porque sucedió en un momento histórico, transgrediendo las leyes de la normalidad. ¿Por qué vamos ahora a los festivales?. Pregunta difícil de abordar. En la era del materialismo ya no hay búsqueda que valga, nada por lo que protestar. Las concentraciones humanas en pos de la música ya no tienen significado espiritual alguno, salvo para esas pequeñas minorías de raros que todavía pueden sentir el lejano eco de Woodstock, que todavía confían en la música como medio de realización, expresión y curación. Aquel espíritu de los sesenta se disolvió como un azucarillo en un vaso de agua, pero todos somos deudores de su herencia. Dejemos de mirarnos el ombligo, levantemos la cabeza y aprendámonos la historia.

http://es.wikipedia.org/wiki/Festival_de_Woodstock


10 agosto 2009

RETROSPECTIVAS

SILVER APPLES. Contact.

Joyas de los sesenta (4ª parte).

Tras un breve paréntesis, vuelve la serie de homenaje a los años 60, que no había culminado con Crosby, Stills & Nash ni mucho menos. Y en este caso cabe hablar de uno de los nombres más singulares de la década, surgido a finales de la misma, pioneros de lo que se viene a entender como los nuevos sonidos electrónicos al servicio del rock. Silver Apples cortaron la cinta inaugural de muchas de las cosas que sucederían a continuación: el estallido del rock progresivo (King Crimson, Soft Machine, Yes, Van der Graaf Generator), el imperio de las máquinas (Kraftwerk, Cabaret Voltaire) y el krautrock (Can, Neu!, Faust, Cluster). Influjo que no se ha detenido nunca, alcanzando con su onda expansiva a artistas de la actualidad como Portishead, Tortoise, Tarwater, Stereolab o Spectrum, entre otros muchos ejemplos. Simeon y Danny Taylor parieron un curioso engendro de sonidos espaciales, basado en el caos organizado, a través de dos herramientas: la percusión metronómica y los ruidos exprimidos en ese extraño aparato oscilador creado por el propio Simeon en un alarde de ingeniería gamberra. Sorprendentemente de todo ello brotaron canciones. No tanto en su debú, “Silver Apples” (68), que fue un ensayo bruto de lo que podría dar de sí el invento, como en este espectacular “Contact” (69), en el que ya se saborean melodías. Además, el dúo incorporó el banjo como tercer elemento, dotando a “Ruby” y “Confusion” de genuinos aires blue grass.

Encuadrar este disco en una corriente o estilo determinado es como sembrar en barbecho. El oído sucumbe a multitud de experiencias, atrapando símiles sobre ideas que se expanden en todas direcciones: rock psicodélico, electrónica, bebop y topetazos funky, así como un misterioso y diabólico sabor a blues, alimentado por una voz de negrura manifiesta. En él el movimiento queda atrapado, introducido en una probeta para experimentos y arrojado en pequeñas dosis invertebradas, que abocan al trance inactivo (“Water”, “Gypsy Love”) o al baile (“A Pox on You”) y que en determinados casos promueven el ejercicio reflexivo (“You and I”, “I Have Known Love”). Porque no solo de industria vive el hombre: algunas de las letras contienen profundos mensajes sobre la existencia y el amor fallido. Un espacio común para la ciencia y el sentimiento, para el frío y el calor, para marcianos y terrícolas.

www.silverapples.com

09 agosto 2009

DISCOS

ELVIS PERKINS. Elvis Perkins in Dearland.

De música, películas y la muerte.

Atrás quedan aquellos tiempos en los que a menudo hablábamos de música, de películas y de la muerte. Tres asuntos que embadurnan la historia de Perkins hijo, bautizado como el rey del rock más por accidente que como homenaje. Pero el que quiera conocer los cuchicheos de la vida personal de este tipo, con pinta entre erudito decimonónico y hippy ibicenco, más calcado a Lennon que a su propio padre, está en el sitio equivocado. Que busque en otra parte, que alimente su sed de tragedia en otros foros. Porque lo que hay dentro y alrededor de este nuevo Elvis nada tiene que ver con el pasado; es más bien un presente rutilante y asombroso, el nacimiento de una nueva voz que habla en clave sobre la vida, escondida en un bosque artístico tan tupido que abruma: el nuevo folk-rock norteamericano. “Ash Wednesday” (2007) fue un estreno que, sin pasar a los anales, revelaba las exquisitas maneras de un músico plúmbeo y poético, enraizado en la tierra de los ancestros. Comparativas con Van Morrison y Bob Dylan empezaron a oírse por doquier. Pero es este “Elvis Perkins in Dearland” (2009) el disco de la fortuna, el de la fruta madura. Tan arrebatadoramente puro y a la vez tan lleno de aristas que cuesta digerirlo a la primera. Como las novelas de Nabokov o de Philip Roth, hace falta sumergirse en él con tiempo y paciencia. Elvis se ha soltado la melena; a golpe de contrabajo, pandereta y bombo, sus canciones atrapan la esencia del festín agridulce de la vida, de las preguntas sin respuesta y de las oportunidades perdidas, exhibiendo nuevamente ausencia de recato en el minutaje ("I Send My Fond Regards to Lonelyville"), licencia necesaria para su lluvia torrencial de versos. Y a la rebelión de los instintos, abandono de la vergüenza y transfiguración mesiánica, se une una nueva forma de cantar, más ambigua y desgreñada, nacida de impulsos viscerales. “Shampoo”, “I Heard Your Voice in Dresden”, “Chains, Chains, Chains” o “123 Goodbye” son pura apología de la tradición, el cogito ergo sum de un artista potencial. La leyenda cuenta que en directo el potencial se multiplica hasta la visión de fanfarria callejera o combo cimarrón. Oportunidad habrá de comprobarlo en septiembre.

www.elvisperkinsindearland.com

02 agosto 2009

DISCOS

WILCO. Wilco (The Album).

Continuidad, comodidad.

Tengo el síndrome de la contraria, lo reconozco. Con “Sky Blue Sky” (2007) coincidía en la apreciación general: traspiés perdonable de una banda consagrada, si bien con ciertos pasajes dignos de mención. Pero la crítica mundial se empeña en definir casi unánimemente el nuevo trabajo de Wilco como uno de los mejores de su carrera: desacuerdo total. Es verdad que la sensación cambia con cada nueva escucha. Cuando sabes que puede ser magnífico se queda en flojo. Cuando ya sabes que es flojo, se torna pasable. Cuando sabes que es pasable, acaba sonando incluso correcto. Wilco son Wilco, y su solvencia como banda eminentemente de directo no admite debate a estas alturas. Y posiblemente bautizar el disco y una de sus canciones de forma homónima no signifique nada, pero existe el riesgo de asimilación a relajación, déficit de ideas o una afirmación chulesca de “somos Wilco, somos grandes, no necesitamos calentarnos los cascos porque os tenemos en el bote”. A veces la exactitud milimétrica en el mundo del rock es sinónimo de aburrimiento.

Dentro del contexto de su carrera, “Wilco (The Album)” (2009) no se desmanda, sino que aporta la continuación del anterior. No escatiman en baladas y medios tiempos, tolerables en el caso de “Deeper Down”, “Solitaire” y “Everlasting Everything”, vacuos y obvios en el de “You and I” (pese a la aportación de Leslie Feist) y “Country Disappeared”. El resto del álbum está cortado con un patrón manido hasta el extremo, apuntando no a la tradición sino al desgaste. “Wilco (The Song)”, “I´ll Fight” y “Sonny Feeling”, aunque bien construidas e impecablemente ejecutadas, atufan a déjà vu. Claro que, como ocurría en “Sky Blue Sky”, también hay trozos altamente aprovechables: “One Wing” no expone novedad alguna pero agrada, “You Never Know” reivindica el lado extrovertido del grupo y “Bull Black Nova” queda a años luz de todas las demás, en una apocalipsis creciente que hace recordar aquella esplendorosa “Spiders”, símbolo de mejores tiempos. Tiempos gloriosos que no quedan lejos en la teoría, pero sí en la práctica.

www.wilcoworld.net

12 julio 2009

RETROSPECTIVAS

MAGAZINE. Real Life.

THE PSYCHEDELIC FURS. The Psychedelic Furs.

Extraños en el FIB.

Quedan escasos días para una nueva edición del FIB, ese festival otrora majestuoso, convertido con los años en territorio comanche fanático-mediático. Ahora las bandas potencialmente interesantes y con crédito artístico son convidados de piedra frente a cabezas de cartel cuestionables, condenadas al ostracismo de escenarios y horarios menores. La edición 2009 no está exenta de cosas apetecibles, pero una vez más el interés sucumbe a la pereza. Magazine y The Psychedelic Furs son dos ejemplos de “extraños en el FIB”. En el pasado hubieran sido reclamos innegables. Ahora pertenecen al grupo de nombres escritos en tipografía pequeña. Y menos mal que alguien ha tenido a bien programar a los segundos en el Verde, convirtiéndolos junto a Paul Weller en lo más decente que pisará el mastodóntico escenario. La actualidad lleva a desempolvar el debú de ambas bandas. Diferentes pero unidas por una época, nacidas ambas al rebufo del punk y reaparecidas en el presente bajo la sospecha que acecha a toda reunión ocasional sin nuevos materiales: la sospecha del oportunismo. Sin embargo, oportunistas o no, está claro que podrían darle una buena patada en el culo a Oasis, Franz Ferdinand y The Killers.

Howard Devoto venía de los Buzzcocks, luego Magazine venían sin duda del punk. Algo de poso quedaba en sus venas, pero “Real Life” (78) tenía otros planteamientos, más abyectos y sosegados. Su ópera prima refleja a la perfección los comienzos de la evolución británica hacia elementos electrónicos (viva el sintetizador), impregnada de un sutil matiz glam de parentesco con David Bowie o Bryan Ferry. “Burst” es ejemplificadora, tan deudora de Bowie que confundiría fuera de contexto. La burbujeante magia sintetizada se pone de manifiesto en temas como “Definitive Gaze” o “My Tulpa” y el poso añejo protopunk en “Recoil”. Disco éste que ofreció dos singles de impresión: “Shot by Both Sides” y “The Light Pours Out of Me”, canciones sempiternas llamadas a ser dos clásicos indiscutibles de la recién inaugurada new wave. Aunque los términos post-punk y new wave en el caso de Magazine se quedan ciertamente cortos: “The Great Beautician in the Sky” y “Parade” apuntaban a una paleta de estilos e influencias mucho más amplia, desde herencias vodevilescas a primeros pasitos del nuevo romanticismo. Pese a su corta vida y discreta relevancia (banda de culto en el más claro sentido de la expresión), firmaron un magnífico primer disco, tratando de tú a tú a coetáneos en boga (The Clash) y allanando el camino a inminentes con ideas similares (Bauhaus).

Por su parte y con la new wave ya calentita, “The Psychedelic Furs” (80) ponía en el mapa de la nueva savia británica a la banda de los hermanos Butler, en un estreno exuberante y absolutamente digno. Faltaba el perfeccionamiento, la imposición de manos, pero sus primeras canciones dejaban ya trazos de su exquisitez en una nueva canalización del rock hacia lo sofisticado, con las impagables notas de saxofón salpicando los nudos de guitarras. Trallazos como “Fall”, “We Love You” y “Pulse” eran el botón de muestra del nuevo viraje adoptado por el punk-rock, que lejos de perder su esencia seminal se pintaba la cara de otra manera. Con canciones de bandera como “Sister Europe” y “Wedding Song”, The Psychedelic Furs empezaban su postulación a banda de credenciales únicas (la hierática y rasgada voz de Richard Butler es una de ellas), personalísima e imprescindible. Casi treinta años después siguen sonando igual de frescos y actuales, para nada pasados de moda.

Magazine tocarán el viernes 17, a las 21:30 en el escenario Fiberfib.com. The Psychedelic Furs lo harán el domingo 19, a las 23:00 en el escenario Verde. El que se los pierda, allá él.

www.myspace.com/magazineofficial


07 julio 2009

REPORTAJES

DANIEL JOHNSTON: ARTE Y DEMONIOS.

La vida más triste jamás contada.

Fin de semana aburrido. No hay nada que hacer. Salvo echar mano del histórico de música-video y vegetar encima del sofá. A veces solo es un pasatiempo más; a veces el documento elegido te parten en dos. La oportunidad trae de nuevo al presente a Daniel Johnston, a través del documental que en 2005 retrató su zozobrante existencia, su impronosticada influencia y la pulsión de una lucha colectiva en pos de su integridad artística y mental: “The Devil and Daniel Johnston”. No es un largometraje musical sin más; es un drama en imágenes, algunas reales y otras muchas recreadas, el drama de un hombre condenado a la enfermedad. Pero también es el retrato de un artista genial y compulsivo, y en definitiva, una romántica visión sobre el desequilibrio y la creatividad, el sufrimiento y el autocastigo.

La película, dirigida por Jeff Feuerzeig, aborda la vida de Johnston desde el principio, desde la génesis misma de sus diferencias con el mundo políticamente correcto y superfluo que lo rodeaba. Usando como material narrativo sus canciones, las declaraciones de sus allegados y el contenido de sus centenares de cassettes grabadas, cuenta su aislamiento tempranero en el sótano de su casa y cómo las cintas, los cómics y una Super 8 llegaron a ser sus únicos y mejores amigos. Narra sus ansias creativas imparables desde la adolescencia, y sus diferencias con un entorno familiar que, en última instancia, ha sido su auténtico salvavidas. Describe el comienzo del deterioro, sus constantes entradas y salidas de hospitales psiquiátricos, y el voluntarioso aguante de muchos (sus entrañables progenitores, Kathy McCarthy, Steve Shelley, Jad Fair o su manager repudiado Jeff Tartakov) para cuidarlo y reconducirlo. Porque Daniel Johnston ha sido el ejemplo del artista que, tras crearse a sí mismo con delirante tozudez e imaginación, se ve abocado a una autodestrucción clínica e insostenible. Y ahí es donde empieza el trabajo de los demás, de sus amigos, su manager, su familia, de sus fans y de las legiones de músicos que han embellecido su obra a base de tomarla prestada y exponerla con tacto y con cariño.

El éxito de Daniel Johnston es el enésimo misterio del éxito. Anti-académico, lo-fi, bizarro y extremo, su conexión con la audiencia procedía de dentro, del pozo del corazón humano. Su forma primitiva de tocar y su grotesca forma de cantar eran el salvoconducto de unos textos tan geniales y profundos como los de los mejores poetas musicales del siglo XX, llámense Cohen o Dylan. Un artista que, en su bipolaridad lamentable e irreversible, ha expulsado toda la verdad que lleva dentro, dando luz a una leyenda que hace que escuchar una de sus canciones no sea un ejercicio común, sino una experiencia trágica y dolorosa. A partir de ahora “Story of an Artist”, “Casper The Friendly Ghost”, “Funeral Home”, “Running Water”, “Speeding Motorcycle” o “True Love Will Find You in the End” ya no provocarán exasperación o risas, sino reflexión y lágrimas.

www.hihowareyou.com

05 julio 2009

DISCOS

GRIZZLY BEAR. Veckatimest.

Pisando fuerte.

No diga extraño, diga Grizzly Bear. “Yellow House” (2006) fue una conmoción conceptual, un deleite para los sentidos. “Veckatimest” (2009) confirma su nudo de posibilidades, si bien no es como aquel, tan preñado de misticismo y ruiditos raros. Digamos que éste es el álbum de una banda adulta, que ha dejado de juguetear y se plantea hacer de su vida una vida de provecho. Más doctoral, más liviano, aunque lleno también de sugerentes curvas para recorrer en cada escucha. Sobre su imaginativo charco de ideas planea la sombra de The Incredible String Band, Brian Eno y Tears for Fears. En “Dory” y “Hold Still” asoman los movimientos campestres erráticos de Heron y Williamson, mientras “Two Weeks” y “Cheerleader” parecen recreaciones de Orzabal y Smith, y de paso muestran un lado más radioformulista y cómodo. Pero Grizzly Bear se han colgado el cartel de empollones del nuevo folk por méritos propios, y nuevamente se entregan al suspense y al paisajismo, sumergiéndose en la complejidad y la inquietud estructural, elaborando enormes piezas globalizadoras de una sutileza gigantesca y un talento innato. “Southern Point”, “Fine for Now”, “Ready, Able” o “I Live With You” responden a ese concepto de anti-canción, de composición fácil de seguir pero imposible de aprender, con diversas fases serpenteantes que las hacen realmente grandiosas. Aunque si quieren ceñirse a un parámetro fijo tampoco les sale mal, como ocurre en las selectas y concisas “About Face” y “Foreground”. Sin duda alguna, el oso sigue pisando fuerte.

www.grizzly-bear.net

04 julio 2009

DISCOS

SONIC YOUTH. The Eternal.

Electricidad en vena.

Intocables e inagotables. Cada nuevo disco que sacan es otra vomitona de elogios y la enésima comprobación de la teoría. “The Eternal” (2009) no es menos. Otro trabajo megalítico, hecho desde las entrañas y (al menos es lo que parece) casi sin esfuerzo. ¿Hay algún mal disco de Sonic Youth?. Hagamos memoria, hmmmm: no. Puede haberlos más o menos densos, más o menos duros, pero malo, lo que se dice malo… Ésa es una palabra que borraron hace años del diccionario. Y sin necesidad de hacer nada extravagante o novedoso vuelven a ponerse la corona. Y a dejar en ridículo a los demás. Asombroso derroche de abundancia. Muchas voces se empeñan en decir que ahora son más accesibles, más directos, más pop. Mentira, todo mentira. Declarar a Sonic Youth de interés general es un sacrilegio. Ellos siempre han sido el reverso de la moneda del rock, y ya es tarde para dar la vuelta a la tortilla. Sí es verdad que este álbum, como los anteriores “Sonic Nurse” (2004) y “Rather Ripped” (2006), ahorra retorcimientos innecesarios, pero las orgías de ruido y los riffs fugitivos siguen siendo la base de una estructura indemne y sin fisuras. ¿Y esa presunta nueva afición a las melodías?. Carajo, siempre las hubo. ¿O es que teníais los oídos llenos de cerumen?.

The Eternal” son 54 intensos minutos de electricidad intravenosa y los comienzos vaporosos de “Malibu Gas Station” y “Massage the History” son solo espejismos de una calma chicha inexistente. Aquí hay bofetadas y fuego a discreción, bolas de energía lanzadas cuesta abajo, arpegios suicidas y en general, un banquete guitarril tela de goloso, con el protagonismo vocal compartido y rotatorio, como de costumbre. Kim 7, Thurston 6, Lee 2. La proporción se mantiene. Para no variar Lee se queda la mejor, la setentera “Walkin Blue”, que se pone a la cabeza en el ranking de canción del año junto a “Black Hearted Love” de Harvey & Parish. La perfección supera a la perfección, luego la perfección en su caso no existe. “Antenna”, “Poison Arrow”, “Malibu Gas Station”, “No Way” y “Massage the History” también alcanzan niveles estratosféricos, construidas sin artificios, echando mano de archivo en una superposición de viejos efectos y sonidos natos. Así, “The Eternal” es el presente de los neoyorquinos, pero encaja en su pasado como el pie en un zapato de su talla. ¿Y el futuro?. Uff, aventurar su futuro produce mareos.

www.sonicyouth.com

11 junio 2009

REPORTAJES

YO LA TENGO LO TIENEN TODO.

Homenaje a la banda definitiva del rock.

Señoras y señores, con ustedes YO LA TENGO. Sí, maldita sea, ya era hora de colgarles un homenaje al margen de actualidades pseudo periodísticas, de pasearlos a hombros. Su enésima exhibición en Barcelona ha sido el detonante para saldar esta deuda histórica, un post con fuegos artificiales en este blog. Digámoslo bien alto: Yo la Tengo son los emisarios del rock´n´roll universal y la banda definitiva del rock americano. Lo tienen todo: originalidad, incorruptibilidad, amplitud de horizontes y una vastísima cultura musical. Virtuosismo e improvisación, alma y sentido del humor, nobles compromisos y una profesionalidad que se confunde con el puro hobbie. Así, Yo la Tengo son únicos pero podrían ser cualquier cosa: Creedence Clearwater Revival, The Byrds, la Magic Band de Captain Beefheart, MC5, The Velvet Underground, los Ramones, The Miles Davis Trio o la orquesta de las fiestas del barrio San Antón. Tiene guasa decir todo esto cuando están a punto de cumplir 25 añitos de nada. Sí, bodas de plata artísticas de las que hemos vivido en presente simple algo más de la mitad, el resto en pretérito imperfecto. Yo la Tengo son la actualidad (en forma, omnipresentes, en estado de gracia perpetuo) pero a la vez la historia. Esa historia que han ido sembrando disco a disco desde su primera referencia en 1986 con “Ride the Tiger”, creando y recreando, rebuscando en los gigantescos baúles de la música de todos los tiempos y sacando a la luz las mejores reliquias, desempolvadas y lustradas. Porque ellos son a la vez prestamistas y prestatarios: un nexo de unión entre el ayer y el hoy, y un anzuelo implacable para pescar con éxito en las aguas del futuro.

Los Yo la Tengo prestatarios irrumpían desde muy temprano, en discos como el seminal “Ride the Tiger” (86), “Fakebook” (90) o “Genius+Love=Yo la Tengo” (96), plagados de brillantes versiones que eran como catálogos de “lo que hay que escuchar porque sí” o “los mejores clásicos del rock”. Quien no haya abrazado en su vida gracias de ellos a Wire (“Too Late”), Daniel Johnston (“Speeding Motorcycle”), Love (“A House Is Not a Motel”), The Kinks (“Oklahoma, U.S.A.”), The Flamin´ Groovies (“You Tore Me Down”), John Cale y Lou Reed (“Andalucia”, “I´m Set Free”), Cat Stevens (“Here Comes My Baby”), Jackson Browne (“Somebody´s Baby”), The Beach Boys (“Little Honda”) o Sun Ra (“Nuclear War”), que tire la primera piedra. Ese buen gusto por las covers se mantiene como un rito, saliendo a puñados de las altruistas maratones para la emisora americana WFMU y empaquetadas en tesoros ocultos como “Yo la Tengo Is Murdering the Classics” (2006). Los Yo la Tengo prestamistas son una central nuclear de melodías perfectas, subyugantes desarrollos, distorsiones y ritmos cuaternarios. Tan capaces de taladrar una idea en holocaustos sonoros de muchos minutos como de ir al grano en preciosas pastorales folk-rock. Tan capaces de ponerle al plato principal una guarnición de bossa-nova, jazz o ritmos tropicales como de dejar correr toda la sangre punk que llevan en las venas. De su amplio inventario sería pecado no citar la trilogía mágica de los noventa, con el gran (grande, grande en todos los sentidos) James McNew asentado ya como tercer vértice del triángulo equilátero: “Painful” (93), “Electr-O-Pura” (95) y “I Can Hear the Heart Beating As One” (97). Muchos de sus himnos de leyenda están contenidos en esos discos: “Big Day Coming”, “From a Motel 6”, “Decora”, “Tom Courtenay”, “Stockholm Syndrome”, “Autumn Sweater” o “Sugarcube”, amén de las monofásicas y monumentales “I Heard You Looking” y “Blue Line Swinger”. Todas son añosas pero forman parte del ahora: han sonado cien, tres mil o un millón de veces (en sus conciertos son santo y seña) pero siguen sabiendo como un bollito recién hecho.





Sin embargo, y aunque sus clásicos seguirán siendo los mismos por los siglos de los siglos, ninguno de sus centenares de temas tiene desperdicio. Rebusquemos un poco y veamos qué más cosas son capaces de hacer: tejer tupidas nebulosas, escupir moles de krautrock, pintar relajantes bandas sonoras. ¿Quién dijo límites?. Y lo más curioso de todo es que todo es diferente pero todo es Yo la Tengo. He aquí un muestrario de gemas semi-escondidas, rozando la perfección: “Barnaby, Hardly Working”, “The Summer”, “Sudden Organ”, “Flying Lesson (Hot Chicken #1)”, “Fog Over Frisco”, “Walking Away from You”, “Evanescent Psychic Pez Drop”, “Moby Octopad”, “Deeper Into Movies”, “Saturday”, “Tiny Birds”, “Shaker”, “Daphnia”, “The Room Got Heavy”, “The Race Is On Again”. Ahí queda éso.

Dejemos a un lado el sota, caballo y rey. Hablemos de aspectos extraordinarios, lo que los convierte en definitivos. A Yo la Tengo se les ha visto hacer de todo en sus discos, pero también sobre los escenarios. En España son el clásico entre clásicos, reverenciados y superqueridos. Y no solo por su nombre, primera bromita en los albores, anunciación de su ingenio y simpatía. A propósito del nombre, hay muchas anécdotas privadas que contar. Transcribamos algunas.

Anécdota 1: Repetición hasta el aburrimiento.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
EL OTRO: “Esos son españoles, ¿no?”.

Anécdota 2: Encuentro con un listo.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
EL LISTO: “No hace falta que lo traduzcas; los demás no somos indies pero también sabemos inglés”.

Anécdota 3: Tópico toledano.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
JORGE: “Bueno, aquí en Toledo se llamarían Yo Le Tengo”.

Y así unas cuantas. Lo de “me voy a ver a Yo la Tengo” es ya común (mi querido hermano respondería estupefacto: ¿otra veeeeez?). Pues sí, otra vez, y otra, y las que hagan falta. Porque en sus conciertos uno no sabe lo que se va a encontrar y en directo es justamente donde afloran sus más encantadoras virguerías. Por ejemplo, son de las pocas bandas que a día de hoy se atreven a tocar más de dos horas y marcarse bises, trises y cuatrises. También son de las pocas bandas que pueden sostener un tema en escena durante veinte minutos sin aburrir ni incomodar. También se les ha visto solicitar peticiones a la audiencia y atenderlas sin pestañear; recuérdese lo que hicieron con “You Can Have It All” en su última visita a La Riviera madrileña. Y a propósito de esta canción (otra versión, cómo no), con ella han protagonizado en vivo algunos de sus momentos más desternillantes, y si no compruébese en el siguiente enlace, actuación estelar en el Fuji Rock Festival de 2000. Para partirse el culo.

http://www.youtube.com/watch?v=aWr6Ep8N3OU

Y si de echar unas risas y perder la vergüenza se trata, véanse sus dos videos más estupendos (“Tom Courtenay” y “Sugarcube”) con sus tremendas andanzas como grupo invitado de los Beatles y alumnos de la escuela del rock.


http://www.youtube.com/watch?v=ZtBDlNEME48


http://www.youtube.com/watch?v=zDgpQBaziy0


Y es que Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew, aparte de ser insultantemente intocables como músicos, representan el karma del rock, el anti-esnobismo y la accesibilidad. Totalmente despreocupados por adaptarse a las estúpidas modas, han conseguido ser ellos mismos la moda. Y así, cada encuentro es como una instantánea tomada en la penúltima reunión. Los miras y piensas: “han pasado otros tres años y siempre igual”, “esa camiseta ya se la vi a Ira hace tiempo”, “Georgia no ha cambiado de corte de pelo”, “James lleva las mismas gafas”, “pero qué ricos son”. Y la sensación es de que el tiempo no pasa, de que se detuvo y no arrancó, y empiezas a creer en el jodido mito de la eterna juventud. Eso ocurrió en el pasado Primavera Sound: aparecen en escena y es como el reencuentro con un pariente al que hace tiempo que no ves pero al que nunca olvidas.

Y es que la admiración va algo más allá de la música y la parcialidad es inevitable. Porque otra de las cosas que se les ve hacer en sus giras es la de acercarse a la gente de a pie, autogestionarse, intercambiar opiniones y dejar regalos en forma de rúbrica, foto o sonrisa amable. Por eso son tan entrañables: porque de repente bajan del pedestal y te los encuentras codo con codo, y te inmortalizas junto a ellos en una foto de familia (a la que hace tiempo que no ves pero nunca olvidas). Incluso mientras echa una firma, el gran, grandísimo James te mira a la cara y te dice: “Oye, me gustan tus gafas”. Y yo me hincho como un globo, porque el tío de gafas debe entender un rato.

En fin, el próximo 8 de septiembre es el gran día, fecha anunciada de publicación para “Popular Songs”, su esperadísimo nuevo álbum. “Periodically Double or Triple”, avance que ya se puede oir en su web y que también se pudo saborear en Barcelona, anuncia otra colección de chuparse los dedos. Y aunque finalmente no lo sea, cosa dudosísima, ninguna criatura viva está en su derecho de toserles. Con un poco de suerte volverán pronto a nuestro país y allí acamparemos, contra viento y marea. OTRA VEZ. El que no pueda esperar que vuele a Nueva York en julio; allí actuarán como teloneros (sí, no estoy borracha, ¡¡teloneros!!) de Wilco.

www.yolatengo.com

04 junio 2009

CONCIERTOS


PRIMAVERA SOUND 2009.

Rock and roll can never die.

Que se acabe un festival siempre es una lástima. Que se acabara el Primavera Sound 2009 fue una tragedia. Casi con lagrimitas en los ojos dijimos adiós a posiblemente la edición más nivelada de su historia. O todo fue superior o es que elegimos bien. Siempre quedan cosas en el aire, pero este año predomina la satisfacción por la presencia sobre el arrepentimiento por la ausencia. Aunque el oído viajó atento por acá y por allá en los sufridos tránsitos entre escenarios, y captó que seguramente los conciertos de The Jesus Lizard, Extraperlo, The Magnolia Electric Co., Art Brut, Crystal Antlers, The Mae Shi y Plants & Animals (de folk nada, monada) fueron espectaculares. Pero estuvimos donde había que estar y esto hay que contarlo. Este año no hablaremos sobre organización, con sus pequeñas mejoras, nefastos inventos y defectos repetitivos. Este año hablaremos solo de música. Porque a los enfermos musicales este festival nos medica para el año entero y es una suerte que alguien se tome el interés y la molestia de organizarlo. Gracias, Gabi Ruiz y compañía.

LA BESTIA

NEIL YOUNG (sábado): Todo valía en su caso. Que siga dejándose la piel en escena tras 40 años en el cotarro y un millón de conciertos a sus espaldas es de todo punto emocionante. No lo vimos en el Rock in Rio y las comparaciones son odiosas, pero en Barcelona salió a darlo todo y el único pero quizá sea ajeno a él: faltó volumen. Jamás se vio tal congregación de seres humanos en el escenario Estrella Damm, ni en el festival entero. Y lo verdaderamente emocionante es que jamás se vio tal congregación de seres humanos diferentes; allí estaban indies, modernos, normales y rockeros, familias enteras, entrañables hordas de cincuentones, una mezcla de generaciones, estéticas y sentimientos unidas por un fin común. La extraña magia de la música. Sí, el canadiense sudó la camiseta, aunque no tocara las dos horas y pico esperadas. Se calzó un repertorio para enmarcar, con victoria para “Everybody Knows This Is Nowhere” (69) y “Harvest” (72). Destripó sus guitarras, literalmente en el bis “A Day in the Life” de los Beatles. Dejó fluir su sensibilidad al piano. En resumen, ofreció un concierto pleno de vida y enseñanza, una contundente afirmación de “aquí estoy yo, pequeños, todo me lo debéis a mí”. Momentos así no se olvidan; se guardan en una caja con llave porque ¿cuándo será la próxima?. Quizá nunca. Un diez para él y no se diga más. Set list: “Mansion on the Hill”, “Hey Hey, My My (Into the Black)”, “Are Your Ready for the Country?”, “Everybody Knows This Is Nowhere”, “Pocahontas”, “Spirit Road”, “Cortez the Killer”, “Cinnamon Girl”, “Mother Earth”, “The Needle and the Damaged Done”, “Unknown Legend”, “Heart of Gold”, “Old Man”, “Down by the River”, “Get Behind the Wheel”, “Rockin´ in the Free World”, “A Day in the Life”.

EN LOS ALTARES

YO LA TENGO (jueves): Lo de Ira, Georgia y James no tiene nombre. Cuando ya no sabes qué esperar de ellos se desmarcan, atacan y meten otro gol. El suyo fue el show estrella del jueves, hipervitaminado y salvaje en una larga recta final en la que se sucedieron “From a Motel 6”, “I Should Have Known Better”, “Watch Out for Me Ronnie”, “Big Day Coming”, “Tom Courtenay” y “Blue Line Swinger” para dejar los cuerpos sin resuello. Presentaron dos canciones nuevas que apuntan a un buen próximo álbum. No faltaron los típicos tópicos, de los que nunca se cansa uno: las contorsiones epilépticas de Ira meneando su guitarra, sus rotaciones de vértigo con James, “Stockholm Syndrome”… Ni faltó tampoco el bis de rigor (“Sugarcube”), inmenso pero escaso. Como decía alguien por ahí: siempre iguales, siempre diferentes. Si Neil Young es Dios y Nick Cave Jesucristo, ellos son la Virgen María.

MY BLOODY VALENTINE (jueves): Lo de Kevin Shields tampoco tiene nombre, por motivos opuestos. Caídos del altar estrepitosamente. Que dejan sorda a la audiencia era la cosa que había que contrastar. Pues bien, la realidad supera a la ficción. Ni los tapones regalados a la entrada pudieron amortiguar el desaguisado sónico de este terrorista sensorial, un descerebrado que se ha propuesto acabar con la capacidad auditiva de la humanidad. Seguramente es porque él no se ha puesto nunca enfrente de los bafles, ¿o si?. “Loveless” (91) es un disco enorme, de eso no hay duda. Pero las condiciones de volumen levantan un muro insalvable que aniquila las canciones y las voces, cualquier atisbo de melodía o similar. Puede que sonaran “Only Shallow” y “Soon”, puede. Si esto tiene algo que ver con escuchar música, me retiro del negocio. ¿Ruido?. Ruido es lo que hacen Yo la Tengo, Sonic Youth o Spiritualized cuando les da la gana. Esto son puras ganas de joder.

SONIC YOUTH (sábado): Lo de los neoyorquinos es el cuento de nunca acabar. Energía eterna, pasión inagotable, monstruosa efectividad y otro disco de cojones. Estarán en el geriátrico y seguirán tocando juntos, fijo. Y luego está su inclinación al riesgo. El facilismo no entra en sus planes, con ellos hay que esperar lo inesperado. En este caso, “The Eternal” (2009) fue el protagonista: palpitante presentación en sociedad para “No Way”, “Antenna” o “What We Know”, con un nivelazo que parece mentira tras 25 años o más de ideas estrujadas. Como de costumbre no hubo grandes hits, pero ¿qué canción suya no es un hit?. “Tom Violence”, “Bull in the Heather” y “Expressway to Yr Skull” lo son. Y también hubo ocasión para recordar su anterior paso por el festival con “Hey Joni”, “The Sprawl” y “´Cross the Breeze”; recuérdese que tocaron el “Daydream Nation” (88) de cabo a rabo. Otro puñetazo en toda la jeta. Aunque la próxima vez estaría bien verlos en una faceta menos rocosa y más atmosférica, para variar.

INMORTALES SPACEMEN 3

SPECTRUM (jueves) / SPIRITUALIZED (viernes): Peter Kember y Jason Pierce son dos clones, física y artísticamente. Desde 1991 viajan en cápsulas diferentes, pero siguiendo la misma estela: cimientos de rock dronado y psicodelia cultivada en Spacemen 3, uno añadiendo toques electro, el otro toques de soul. El proyecto de J Spaceman ha trascendido más que el de Sonic Boom, pero ambos pueden vanagloriarse de saber cuidar el pasado caminando con tiento hacia el futuro. Spectrum ofrecieron un concierto recalcitrante, sublime, iniciando con la embriagadora “Mary” y subiendo como la espuma. "When Tomorrow Hits”, “How You Satisfy Me” y “War Sucks” sirven como intensos momentos recordatorio. ¿Y Spacemen 3?. Presentes, en “Transparent Radiation”, “Revolution” y “Suicide”. Por su parte, Spiritualized hicieron lo esperado: el mismo show que en Murcia, con los mismos cambios de densidad y descomunales. Añadieron una exquisita “Ladies and Gentlemen, We Are Floating in the Space”, en la ya popular versión coronada por el “I Can´t Help Falling in Love with You” de Elvis. Volvimos a levitar (esta vez a la vera del mismísimo Jason) al son de “Shine a Light”, “Lay Back in the Sun”, “Take Your Time” y “Come Together”. ¿Y Spacemen 3?. Presentes, en “Walking with Jesus” y “Take Me to the Other Side”. Alucinosis galáctica por partida doble.

VOLVER

THE VASELINES (jueves): El regreso de The Vaselines prometía un hit detrás de otro y así sucedió: no faltaron “Son of a Gun”, “Molly´s Lips”, “Jesus Doesn´t Want Me for a Sunbeam”, “Lovecraft”, “Dum-Dum” o “You´re Think You´re a Man”. Lo que no se esperaba era un sonido tan patético (pregunta: ¿soy la única a la que sonó como el mismo culo?). Lo que quería ser una fiesta se convertía en martirio chino al inicio de cada canción. Haciendo abstracción a duras penas, estuvieron de lo más simpático y entretenido, con largas pláticas entre tema y tema cargadas de ironía y buenrollismo. Y al loro lo estupenda que se conserva Frances McKee.

THROWING MUSES (viernes): Pues no, no vino Tanya Donelly. Se mantiene su última formación formato trío: Kristin Hersh, David Narcizo y Bernard Georges. Más que suficiente; una exhibición de aúpa. Hersh: maga de las seis cuerdas, con la voz cada día más rasgada y sangrante. Narcizo: esas baquetas no son baquetas, son guillotinas cortando el aire. Georges: puro estilo y potencia tocando el bajo. Un placer retomar los 90 en el punto justo donde se pararon: “Shark”, “Shimmer”, “Say Goodbye” o “Bright Yellow Gun”. Puede que estén demodé, pero hay que reconocer que el rock que practican no es fácil. Un rock lleno de saltos, de cambios de sentido, de recovecos y de burbujas. Hay que ser muy bueno para ejecutar a la perfección algo tan complejo.

A CERTAIN RATIO (viernes): El concierto de los mancunianos tenía mucho de obligatorio. Primero, es de esas bandas a las que habías perdido cualquier esperanza de ver en directo. Segundo, es de esas bandas a las que es imposible seguir la pista en sus múltiples virajes. Asentados en el siglo XXI con las piquetas bien clavadas en el suelo, el combo capitaneado ahora por Jeremy Kerr ofreció un tratado de versatilidad. Subsumiendo todos los palos, la madeja dejó palpar fibras de afectación new wave, funky y étnica. El bajo en su punto, la trompeta y el clarinete picando el hielo, y los pitos y bongos para un desenlace rompehuesos. Toda su historia estuvo presente, entera y verdadera. Y temas añejos como “Forced Laugh” convivieron en sincera armonía con novedades como “Mind Made Up”. Enormes.

THE JAYHAWKS (sábado): La estampa de Gary Louris y Mark Olson tocando de nuevo juntos es entrañable. Mucho más lo es volver a escuchar el juego de sus timbres, danzando al unísono. El lugar y el momento eran idóneos para prender la llama, pero el repertorio escogido (retorno al pasado) sumergió por momentos en la monotonía. Solo “Bad Time” y “Miss William´s Guitar” lograron encender el mechero, pero lejos de su objetivo. También fue agradable volver a escuchar “Blue” y “I´d Run Away”, o presenciar los punteos bordados de Louris. Eso sí, no se puede negar la pulcritud de un sonido niquelado, el mejor de todo el festival.

DAMAS & CABALLEROS

ANDREW BIRD (jueves): Solo ante el peligro. Este Andrés Pájaro es un genio. Como un científico loco en su laboratorio musiquil, metiendo en la pipeta pizzicatos mágicos, arqueos sublimes, rasgueos de guitarra y silbidos (cómo silba el condenado), fue construyendo canciones como en un juego de Lego, pieza a pieza. Su lírica recuerda bastante a Rufus Wainwright, solo que Andrew trabaja más y se exhibe menos. El repertorio fue suicida, pero la ejecución dejó al raso sus dotes de erudito y consiguió instaurar el silencio en la explanada Vice. Y esa doble gramola que giraba y giraba detrás de él fue de lo más efectista. Otro que entra por la puerta grande en el club del bricolaje del rock (hola Dominique A, hola Joseph Arthur).

DAMIEN JURADO (viernes): El gran Damien no necesita más que una silla y su guitarra acústica para sacar lo mejor que lleva dentro. El Auditorio es el hábitat ideal para músicos como él, lugar destinado a solitarios profundos en el que por norma se suelen colar especies bullangueras de todo tipo. Su concierto empezó tarde y duró lo justo, pero dejó una sensación flotante de paz interior. Los mejores momentos llegaron a los postres, cuando sonaron las del imprescindible “Caught in the Trees” (2008). No hay palabras para definir canciones como “Everything Trying”.

BAT FOR LASHES (viernes): En esta edición del PS dos mujeres ganaron por la mano. Natasha Khan es la primera. Pequeña hada en un mundo de fantasía, llenando el escenario de cachivaches oníricos e instrumentos no convencionales. Lo suyo fue un desfile de candor y sensualidad, mariposeando de la música disco al intimismo y viceversa. Las electro sonaron rotundas, sin el efecto chicle de sus grabaciones, con mención especial para “Sarah” y “Two Planets”. Las baladas son su punto realmente fuerte; “Siren Song”, “Tahiti” y una nueva “Prescilla” con solo al arpa suspendieron en el aire polvo de estrellas. Con una capacidad vocal discreta pero efectiva, la anglo-pakistaní exprime sus posibilidades hasta la última gota. Y todos los honores para su gran banda de mayoría femenina, con nombres de primera como Charlotte Hatterley y Ben Christophers.

JASON LYTLE (viernes): No tiene explicación. ¿Por qué se marchó tan pronto el señor Lytle?. ¿Restricciones de horario o una rabieta ante el lapsus de coordinación de sus músicos?. Y justo cuando estábamos todos en el ajo, flipando con sus sutiles revisiones de los clásicos de Grandaddy. Y justo cuando acabábamos de engancharnos a ese ambiente escénico tan solemne, cual Lambchop tocando en La Madeleine de París. Fue como meterse a la gente en el bolsillo y luego escupirle a la cara. Él sabrá.


JARVIS COCKER (viernes): Jarvis es un showman, es un hecho. Últimamente tiene más palabrería sociopolítica que canciones, pero sus coreografías son de traca. Total, que había que echarle un vistazo, y ver hasta qué punto llega su alineación con Steve Albini. Pues bien, el concierto se acabó tras 4 temas. “Pilchard”, “Angela”, “Further Complications” y “Fat Children” son las únicas que merecen la pena de toda su (cargante) discografía en solitario, y las tocó a las primeras de cambio y seguiditas. Así que después de eso y de echar unas carcajadas a costa de su free-style, poco había que hacer allí. Misión cumplida y a otra cosa, mariposa.

ALELA DIANE (sábado): La segunda dama vencedora del PS fue Alela Diane, que en compañía de su padre (a la guitarra) y de sus amigos hippies (a los coros, bajo y batería) llenó el Auditori de nostalgia años 60. Su voz perlada y su encanto juvenil encandilaron, y canciones como “White as Diamonds”, “The Alder Trees” y “To Be Still” llegaron al corazón, emocionando casi hasta la lágrima. La forma de cantar de esta mujer tiene algo superlativo y sobrenatural. A fuerza de sinceridad y ligera de artificios, una nueva Joan Báez ha nacido para la gloria.

JEREMY JAY (sábado): Nada que ver el directo con sus discos. Nada que ver con el lo-fi caduco de nuevo romántico amargado. En la vida real Jeremy es un cachondo y se lo pasa guay. Y su música suena como si la hubieran barnizado a conciencia. Aunque la cosa quedó deslucida por el apagón técnico doble que mantuvo el concierto en suspense durante un cuarto de hora. El tío se partía de risa, pero no es que hiciera mucha gracia. Estas contingencias matan el interés creado por la continuidad, y más aún si acaba de sonar “Breaking the Ice”. El chaval tiene temazos (“Beautiful Rebel” y “Gallop” despuntaron) pero muchos se los dejó en casa. Aunque podía haber sido mejor, qué majo es.

RAROS, RAROS, RAROS

WOMEN (jueves): El primer concierto del PS fue un trámite prescindible. Como era previsible, los matices y giros que arroja el mp3 no aparecen en vivo. Así, la cosa se convierte en un mazacote de rock distorsionado y desgarbado al que cuesta seguir el hilo. “Black Rice” es un himno superior, pero la tocaron tan pronto que el interés se vino abajo con mucha antelación.


WOODEN SHJIPS (jueves): En todos los festivales hay un grupo revelación, los californianos se llevan el premio en este. Sus auras de psicodelia envenenada quedan recreadas a la perfección gracias al teclado envuelto en papel de plata y a la etérea voz de un Erik “Ripley” Johnson que parece el hermano gemelo de Warren Ellis. A la vez, ganan músculo y consistencia con una potentísima sección rítmica. Su música perfora la masa gris, atrapa y aligera, lanzando los sentidos a un viaje sin necesidad de sustancia alguna. Juro que por momentos parecían The Doors. Joyas como “Motorbike” y “Death´s Not Your Friend” fueron agua bendita para unos oídos que venían de ser cruelmente masacrados por el carnicero Kevin Shields. Todo un reconstituyente, aunque tristemente breve.

LIARS / DEERHUNTER (sábado): Hace un par de años Liars venían de gira por España con unos desconocidos teloneros que respondían a Deerhunter y maravillaron al personal. A fecha actual, las tornas han cambiado: los de Bradford Cox se han hecho mayores y tocan en escenarios grandes, mientras que los mentirosos siguen moviéndose en el lado oscuro, lugar del que parece que no tengan intención de salir. Ambos conciertos coincidieron en el tiempo, con resultados diferentes. Liars aparecieron en el ATP como siempre, dando miedo, con intención de explotar su lado sanguinario-punk. Un placer asistir al desarrollo intrincado de “A Visit from Drum” y “Hold and It Will Happen Anyway”, pero a veces soportar a Angus Andrews se hace cuesta arriba. Cambio de moneda. Deerhunter no se verán en otra igual: recogiendo a todos los peregrinos de Neil Young en un escenario Rockdelux hasta la bandera. Con un repertorio más cohesionado que el de un año atrás (soberbias “Crystograms”, “Hazel St.” y “Nothing Ever Happened”), demostraron una vistosidad y solvencia de facto que los augura como la nueva Velvet Underground. Veremos hasta donde llegan.


BAILAD, MALDITOS

DAN DEACON ENSEMBLE (viernes): Vale, ya sé de qué va el rollo de este Dan Deacon, al que todo el mundo me aconsejaba no perderme. Va de mezcla entre MC, performer y presentador barato de la tele. Va de un montón de tías y tíos formando un ensemble de tambores, bombos, panderetas, cassiotones, guitarras y vientos, que cuando tocan (todos a una, como Fuenteovejuna) montan la de Cristo y se coordinan de perlas. Va de un rollo simpático y meneón entre los Pitufos Maquineros y Animal Collective. Va de interacción con el público, de estimulación y participación colectiva. Pero claro, cuando los mítines y los juegos reunidos Jeyper abren espacios tan grandes entre canción y canción, uno acaba hasta las narices. Para ver chabacanería borreguil me pongo Tele 5 y se acabó.

FUTURO EN POTENCIA

CRYSTAL STILTS (viernes): A día de hoy, todos los grupos quieren ser Joy Division. De momento nadie lo ha conseguido, aunque Crystal Stilts se acercaron bastante con la publicación de “Alight of Night” (2008). Sin embargo en directo cualquier parecido con el mito de Manchester es pura coincidencia. Solo la voz de Brad Hargett (calco del Bob Dylan de Newport 65) tiene un timbre inequívocamente Ian Curtis. Dicen que en cada escenario y/o ambiente suenan a una cosa; en el Pitchfork sonaron a no se sabe qué, ni claros ni oscuros, ni frío ni calor. “The Dazzled” brindó el mejor rato y el resto fue relleno.

OTRAS EXPERIENCIAS

MAGIK MARKERS (jueves): La leyenda dice que Elisa Ambrogio es un animal salvaje encima de un escenario. La prensa dice que Magik Markers están presentes en el testamento notarial de Sonic Youth. La experiencia aconseja ver antes de creer. Solo fueron diez o quince minutos, suficientes para detectar el error. Por muy contracultural y experimental que sea, no se puede empezar un concierto de forma tan retorcida, muerta y absurda.

THE DRONES (viernes): La otra cosa, mariposa, después de Jarvis fueron los australianos The Drones. Dos o tres canciones es lo justo y necesario para no caer exhausto, angustiado y asfixiado. Porque, sí, Gareth Liddiard tiene una garganta impresionante, pero mortal en altas dosis. Si su concierto fue como el desenlace final, podría decirse que fue un brutal concierto.


THE NEW YEAR (sábado): Lo más llamativo de esta edición del PS ha sido el afán madrugador de la gente para acudir al Auditorio. Tanto el viernes como el sábado, el recinto se abrió con largas colas para acceder a los conciertos más tempraneros. Curiosa la cantidad de adeptos adoradores de The New Year. Una banda, cruce entre Luna y Mogwai, que se mueve a la sombra de los grandes pero que podría con ellos en un cuerpo a cuerpo. Abrieron con “Folios” poniendo muchos pelos de punta. Su intensidad en escena es variable y falla la voz de Matt Kadane, pero vivencias como “The Door Opens” merecieron el perdón de la siesta.

HERMAN DUNE (sábado): Otros que se lo pasan pipa. La alegría de vivir de David-Ivar Herman Dune es más contagiosa que una gripe en una guardería. Que te toquen “Your Name/My Game” justo antes del concierto de Neil Young es la repera. Aunque a veces los músicos abusan en demasía de contar sus vidas a la audiencia y a éstos les pasa. Pese a todo, fue un aperitivo simpático antes de la llegada de la bestia.

26 mayo 2009

DISCOS

BILL CALLAHAN. Sometimes I Wish We Were an Eagle.

Todos los nombres.

Vale, ya ha quedado claro. Bill Callahan es lo mismo que Smog. Que a su vez es lo mismo que (smog). Que a su vez es lo mismo que un músico de su tiempo pero intemporal. Música hecha para sobrevivir. Y la filosofía de la supervivencia nunca es fácil ni barata, pero otorga una cosa grande y maravillosa, cuyo significado desconocen muchos, o conocen pero luego olvidan: esa cosa se llama dignidad. Bill Callahan es el número uno de los supervivientes, esto es, de los dignos. De los pocos autores de nuestra época (tampoco somos tan jóvenes, hay que aceptarlo) que provocan y a la vez sanan la herida. Un día decidió que por qué llamarse tal pudiendo llamarse cual, que qué diantre importa el quién si lo que trasciende es el qué. Y así, en sus peregrinaciones nominales, sigue haciendo lo que sabe: prestidigitación con los acordes y las palabras. El suyo es el cancionero de un clásico. De un músico ilustrado y aplicado. De un músico imprescindible. Este tío se merece un reportaje; veremos cuándo.

Por lo pronto toca abordar su última entrega, segunda firmada con nombre propio. Si “Woke on a Whaleheart” (2007) lanzaba un repóker sobre la mesa, este “Sometimes I Wish We Were an Eagle” (2009) se antoja continuista. En él Callahan vuelve a dar cancha a los arreglos y acompañamientos orquestales, que enfrían el aceite hirviendo vertido por sus angostas guitarras. Guitarras que se han desenchufado para tejer canciones amables en la superficie, de trasfondo misterioso, sesgadas y con el copyright de su autor impreso a hierro y fuego. Si el anterior álbum deslumbró por su frescura y optimismo, este contiene menos sorpresas. Eso no significa descender de los niveles en los que el tejano de adopción se ha movido desde siempre: la cumbre, el lugar desde el que todo lo demás se aprecia diminuto. Ni tampoco significa nadar y guardar la ropa: hay equilibrismo, agujeros negros y alguna osadía incómoda. Desde la cumbre nace “Jim Cain”, que vuelve a envolver el oído en una sábana de seda; también “Too Many Birds”, pareja idónea de baile para “Sycamore”, cuyo último verso crece y se reproduce en un ingenioso juego de construcción (“if-you-could-only-stop-your-heart-beat-for-one-heart-beat”). La negrura y la inquietud se ciernen hacia el final; el músculo añadido por la línea de bajo en “My Friend” y la batería en “All Thoughts Are Prey to Some Beast” (¿no huele a Joy Division?) las hace tentaculares y siniestras. El círculo asfixiante lo completa “Invocation of Ratiocination”, un experimento atmosférico novedoso que desemboca en la extensa “Faith/Void”. En ella el protagonista es capaz de afirmar con total serenidad y repetidas veces “es hora de apartar a Dios, este es el fin de la fe” y quedarse tan ancho.

No es la primera vez que Bill Callahan asombra con su lírica feroz. Frases como “el amor es el rey de las bestias (…), un león por las calles de la ciudad” (“Eid Ma Clack Shaw”) siguen consagrándolo como eminencia de los textos, caballero de la metáfora y la afilada verdad, del contrasentido y del doble sentido. Mientras en el caso de otros la música dicta el camino de las palabras, él elige la inversa: el trazado de la canción queda sometido al discurso de su voz, la gran voz, suya y de nadie más. La voz de todos los nombres.

www.myspace.com/toomuchtolove

25 mayo 2009

AGENDA

NOS VAMOS AL "PRIMA".

Un festival de bandera.

Suscribo el dicho últimamente tan popular: al Primavera Sound no le afecta la crisis. Para esta edición de 2009, la novena de su historia y quinta en el Fórum, la casa ha volado por la ventana. Un cartel espectacular, coronado con una guinda de nombre y curriculum propios: Neil Young. El canadiense es sin duda el reclamo número uno de un festival que sigue encabezando la resistencia, absolutamente fiel a sus principios. Estará en el escenario Estrella Damm el sábado, brindando dos horas y media de fervor, posiblemente paralizando el Fórum y Barcelona entera. Sin embargo, la oferta de buena música no se detiene ahí; sumando nombres, el Primavera Sound se convierte otro año más en el más acertado, excitante y arriesgado acontecimiento del año. Pocos competidores se le arriman a los talones a nivel nacional e internacional, excepción para el mítico All Tomorrow Parties, aliado inevitable desde hace tres temporadas. Siempre ha sido de agradecer; pero dados los tiempos que corren, la gratitud se multiplica y la proximidad del evento se vive como si fuera el último y único festival de una vida. La receta de este año vuelve a unir nombres ilustres y veteranos, perpetuos o recientemente reunidos, con un amplio abanico de nuevas bandas que dan un sabor menos amargo al futuro. En cuanto a géneros musicales, la variedad queda nuevamente salvaguardada: revoluciones, pop sofisticado, clásicos, electrónica de magistratura, country-rock y un pellizco de hip-hop, amén de engendros inclasificables y sin límites de creatividad. Este es un amplio resumen de lo que se avecina los días 28, 29 y 30 de mayo.

EN LOS ALTARES: De los muchos grandes nombres del cartel (mención aparte para su gran cabeza), Sonic Youth, Yo la Tengo y My Bloody Valentine son los indiscutibles. Esos a los que no hay que perderse so pena de arrepentimiento. En los dos primeros casos, la experiencia contrasta su efectividad en directo, y pese a no tener material reciente conocido, siempre es un placer retomar sus gloriosos históricos, leyenda viva del rock independiente en ambos casos. Con My Bloody Valentine más vale pájaro en mano: habrá que disfrutarlos el jueves al aire libre, aunque su show exclusivo del viernes en el Auditorio prometa seismos y tímpanos destrozados.

INMORTALES SPACEMEN 3: Jason Pierce no es el único que mantiene caliente el legado de los hombres del espacio. Peter Kember hace lo propio desde su proyecto personal, Spectrum. Ambos estarán presentes en esta edición, y las canciones de Spacemen 3 seguro que coparán algunos de sus minutos más apoteósicos. ¿Sonarán “Revolution” o “Take Me to the Other Side”?. Casi se da por hecho. ¿Serán capaces de asistirse y aparecer juntos en escena?. Harto improbable, pero podría ser la bomba del festival.

LUCHANDO CONTRA LA BESTIA: Oneida no se lo merecen. El diseño horario ha determinado su pugna desigual contra el invencible. Su concierto en el escenario Vice coincidirá de lleno con el de Neil Young, para indiferencia de muchos y pena de algunos. La discografía de los de Brooklyn es tan sublime, misteriosa y variante, augura un directo tan epatante que los convierte, sin duda, en una renuncia dolorosísima.

VOLVER: el Primavera Sound vuelve a erigirse en padrino de reuniones emotivas, grupos que volaron por los aires, recompuestos para la ocasión. Tal es el caso de The Jayhawks, que regresan con todas sus piezas: teloneros de lujo para Neil Young. Igualmente ocurre con Throwing Muses, icono de la escena bostoniana en los noventa, en barbecho intermitente y regenerados para debutar en nuestro país, parece ser que con Tanya Donelly. A Certain Ratio se subieron hace poco al autobús del revival, sin ánimo de vivir de las rentas y con nuevo trabajo (“Mind Made Up”); si abarcarán toda su historia o solo una parte es un misterio que convierte a su concierto en sorpresa. Y en el caso de The Vaselines y Th´Faith Healers, nunca se consiguió tanto con tan poco: sus materiales ochenteros son reliquias mínimas, pero tan excitantes que bien valen una misa.

GRANDES CABALLEROS: Es obvio que las damas pierden en número en esta edición del Primavera Sound, aunque algunas son de armas tomar: Natasha Khan, Marnie Stern, Alela Diane, Elisa Ambrogio o las Vivian Girls. Entre los caballeros, Andrew Bird, Jarvis Cocker, Joe Henry y Jeremy Jay anuncian el despliegue de sus variopintos encantos y talentos sobre los escenarios. También llaman la atención el regreso de Jason Lytle en solitario (alguna de Grandaddy se aceptaría de buenísimo grado), la refrescante extravagancia de Chad VanGaalen, la letanía folk de The Tallest Man on Earth (el Dylan sueco, según las lenguas) y la sinceridad a flor de piel del veterano y solvente Damien Jurado.

MADE IN SPAIN: La oferta de grupos nacionales en el cartel cada vez es más modesta, pero altamente selectiva. Tokyo Sex Destruction, Los Punsetes, Extraperlo, Rosvita, La Bien Querida, Veracruz, The Secret Society, Cuzo, Klaus & Kinski o Joe Crepúsculo y los Destructores compondrán una muestra de la música intramuros. Algo pírrica, sí, pero digna.

RAROS, RAROS, RAROS: Liars, Deerhunter o Gang Gang Dance ya son duchos en la materia de horrorizar o encantar con propuestas muy personales y nada fáciles. A su vera se desarrollan nuevas bandas que darán que hablar, cuyos discos perfilan formatos imposibles de adaptar al directo: habrá que ver qué son capaces de hacer Women (el todo vale), Wavves (la melodía enterrada en ruido), Wooden Shijps (la psicodelia elevada al cubo) o Mahjongg (puro surrealismo, sin más).

BAILAD, MALDITOS: La electrónica tampoco podía faltar en esta edición. A los consagrados nombres de Aphex Twin, Squarepusher o Simian Mobile Disco, se unen interesantes propuestas como las de Ebony Bones, Lemonade, The Bug, Skatebärd o el pirado Dan Deacon. Eso sí, habrá que ver cómo están los cuerpos a ciertas horas.

EL PUNTO DEL AÑO: En casi todas las ediciones, el festival programa algún grupo y/o artista que despista, difiere o simplemente globaliza. Ya ocurrió en el pasado con Lluis Llach, Enrique Morente o Motörhead. Este año la figura disonante es Michael Nyman, que junto a la Michael Nyman Band convertirá el Auditori en un escenario de otra galaxia, en otra dimensión y para todos los públicos. Ojo al dato: el señor Nyman es mucho más que el hombre que compuso la banda sonora de “El Piano”.

EL FUTURO EN POTENCIA: El Primavera Sound (con ayuda de Pitchfork.com, cómo no) se ha llevado este año al bote algunas de las bandas noveles más prometedoras de la escena actual. Recomendaciones: el noise descarado de los chinos Carsick Cars, las bocanadas de ruido de Crystal Antlers, el pop grandilocuente de Shearwater, el rock oscurantista de Crystal Stilts, la psicodelia viajera de Sleepy Sun y el folk amigable de Plants & Animals y Bowerbirds. Los cuatro últimos estarán también actuando en el Parque Joan Miró, al abrigo de los árboles, el sábado y el domingo.

Esto es lo que hay. Demasiado para tan poco tiempo. Por supuesto, habrá que seleccionar, alimentarse bien y dejarse la piel en tres días de música non stop. Esto no va a ser como el SOS.

www.primaverasound.com


11 mayo 2009

DISCOS

ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3. Goodnight Oslo.

Viviendo con lo puesto.

Podría ser un disco de los actuales REM sin Michael Stipe ni Mike Mills; los tres venusinos no son otros que Peter Buck, Scott McCaughey y Bill Rieflin. Pero su rol como acompañantes del gran Robyn Hitchcock está perfectamente encuadrado. Y aunque en muchos casos las guitarras de Buck se manifiesten inequívocamente reconocibles, quedan por contrato al servicio del compositor. Un compositor de pluma fina, bebedor de influencias remotas, amigo de antiguallas sónicas. Este “Goodnight Oslo” (2009) parece perpetrado por una alianza judeo-masónica con los mitos del pop, el soul y el country de los 50 y los 60; o si no, escúchense “What You Is”, “Saturday Groovers”, “Up to Our Necks” o “TLC”. También hay símiles más cercanos en el tiempo; “Your Head Here” recuerda a los mejores The Go-Betweens, “I´m Falling” a los peores James. Pero ante todo, hay destellos de gran lucidez plasmada en modestas joyas contemporáneas, como “Hurry for the Sky”, “16 Years”, “Intricate Things” o la temporizada “Goodnight Oslo”, radiante cierre para un decálogo que no inventa nada, pero que vuelve a revelar la autenticidad y buen gusto de su autor y la experta audacia de sus colaterales. Como hizo “Olé Tarántula!” (2006) en su día.

www.robynhitchcock.com

10 mayo 2009

DISCOS

PJ HARVEY & JOHN PARISH. A Woman A Man Walked By.

La sinergia positiva.

Después del accidentado episodio vivido en el SOS 4.8 murciano, es hora de hacer justicia a un gran disco y a una de las parejas más fieles y mejor avenidas del rock. También es justo que John Parish aparezca con letras grandes en los créditos, pues desde tiempos remotos ha sido un puntal intachable en la carrera de su gran amiga Polly. Juntos vuelven a marcarse un fifty-fifty: Parish compuso los temas, Harvey los adorna con letras que se columpian entre lo tierno y lo visceral, lo poético y lo trágico. El resultado es un baño de gloria para ambos y retrotrae a la PJ de hace algunos años, a las inferencias eléctricas de, por ejemplo, “Stories from the City, Stories from the Sea” (2000). La canción que abre el disco no deja dudas: “Black Hearted Love” es toda intensidad y pulcritud, con un desenlace monstruoso (“I´d like to take you to a place I know, my black hearted” dice ella con convencimiento). A partir de ahí, el espíritu está predispuesto y preparado para lo que venga. Canciones para todos los gustos: asimétricas, sísmicas y profundas. Polly Jean muestra todas y cada una de sus caras en ellas: la de rockera sexy en la propia “Black Hearted Love”, la de esquizofrénica en “Sixteen, Fifteen, Fourteen”, la de perruna punky en “Pig Will Not”, la de criatura celestial en “Leaving California” o la de gran dama victoriana en “Passionless, Pointless”. Los experimentos también son bienvenidos, evidenciando la amplitud de recursos de la pareja artística. “The Chair” abre una sima cerca de la mitad del disco, con disonancias y atrezzo digital a lo Radiohead. La curiosa “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go” se desarrolla en dos actos, viajando de una turbulencia pro-Nick Cave a un agradable facilismo lounge. Y qué decir de la garganta de nuestra protagonista: aquí se marca un catálogo vocal de aúpa, con todo tipo de falsetes, timbres nasales, pláticas, susurros y alaridos.

Trece años después de aquel “Dance Hall at Louse Point” (96), he aquí un nuevo testimonio de la sinergia positiva: uno más uno no es dos, sino mucho más.

www.pjharvey.net


07 mayo 2009

CONCIERTOS


ESTRELLA LEVANTE SOS 4.8

Diario del tropecentésimo festival.

Jueves 30 de abril: Uff, qué pereza, mañana de festival. Sí, es la primera vez que me apunto a un festival por inercia, sin dedicación ni estudio previo. Pero no está la cosa ahora mismo para hacer ascos a nada. Y si la cuestión es pasar un buen rato con los amigos, poco importa que el cartel sea de lo más discretillo. Y de paso echaremos unas oraciones a Santa Polly, San Jason y San Matthew. Aunque la incertidumbre me corroe: ¿podremos acceder a los conciertos del auditorio?. Si de lo poco poquísimo que me interesa no puedo ver ni la mitad, ¿habré invertido bien el tiempo y el dinero?. El dinero puede que sí: 35 euros por un festival de dos días es un precio mucho más que justo y ejemplar. Pero se supone que ese precio debería servir para acceder a un evento en su conjunto; lo de organizar sesiones de aforo restringido ya empieza a cabrearme (y no soy la única). Sí, muy bonito lo de los auditorios, un marco incomparable, sonido inmaculado, bla, bla, bla… pero que me informen antes de sacar la entrada de cuales son mis derechos y obligaciones. Puede que los artistas exijan más de la cuenta o que los organizadores consideren de lo más cool este tipo de inventos, pero el que paga es el que manda, y el que manda dice MÚSICA PARA TODOS.

Viernes 1 de mayo: Un viajecito a Murcia de lo más placentero. Primera parada, la sede del festival. A hacer cola y rezar, porque PJ Harvey y John Parish lo valen. Poco antes de las 2 de la tarde, aguacero descomunal. Gente empapada hasta los huesos y la taquilla que no abre. Y cuando abre la fila no avanza. Porque (primer y grave defecto organizativo) solo hay una ventanilla para repartir pases y canjear pulseras. Y así, nos dan las uvas. Y nos dieron, qué duda cabe, pero al menos tenemos la puta entrada del auditorio. Misión cumplida (o eso creímos). A casita a comer.

De regreso al recinto de La Fica con la hora un poco justa, por culpa de contingencias varias. Y en la entrada al festival, caos. Información nula, accesos no señalizados, a chupar otro desastre de cola y el concierto del día a punto de empezar. Por fin dentro y con todo en regla, la puerta del auditorio se cierra ante nuestras narices. “Aforo completo” dice un segurata. ¿¿Cómo??. La gente se enciende. “No, con el concierto ya empezado no se puede entrar” apunta otro. La gente se sigue encendiendo. Empieza a sonar “Black Hearted Love”, la pantalla gigante habilitada en el SOS Club ya arroja imágenes del show. Minutos de incredulidad, crispación y protesta, lo nunca visto. Las penalidades que hemos pasado para esto… Al final accedemos, pero con un mosqueo supino y la mitad del concierto en la basura. Y aunque Polly Jean lo está dando todo (“Taut”, “Leaving California”, “Pig Will Not”, “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go”, “April”, “Cracks in the Canvas”), exhibiendo sus superdotados recursos vocales al amparo de una increíble banda comandada por el elegante Parish, el sabor es agridulce. La sensación es de “vaya mierda de festival”.

Salimos del auditorio, intentemos arreglar la cosa. Demos una vuelta, busquemos música en directo, metámonos en el ambiente y relajémonos. Optamos por las suecas Those Dancing Days: espesas como el alquitrán. Nos vamos a ver qué hace Duffy: fláccida y gelatinosa. Esto no hay quien lo arregle. ¿Quizá The Prodigy?. Porque está claro que Pete Doherty no va a ser. Incomprensiblemente, Babyshambles gustan más cuantos más son los cargos penales y peor son las canciones. Enhorabuena, Pete: has clavado dos punteos difíciles y parece que esta vez te sabes la letra. En tu estado comatoso, poco más se te puede pedir.

The Prodigy son el segundo plato fuerte del (flojo) día. Pero tampoco arreglan nada. Tras diez años sin dedicarles ni un minuto, “Breathe”, “Firestarter” y “Smack My Bitch Up” (la mejor, sin duda) intentan volver a florecer, pero se chuchurren en un conjunto saturado, lineal, exento de sorpresas, donde las luces siempre son rojas y azules y todo suena igual. Otros para los que su momento ya pasó. Vámonos a dormir, que por hoy ya está bien de penar.

Sábado, 2 de mayo: Hoy es un día extraño. Mientras todos tienen en su cabeza el Madrid-Barça, yo solo tengo en la mía al hombre del espacio. A la porra The Matthew Herbert Big Band, hemos convenido por consenso después de la odisea de ayer. Pero lo que son las cosas, entramos al recinto y comprobamos que las puertas del auditorio están abiertas y desiertas, y que un colega reparte tickets y nos invita a entrar. Pues, p´adentro se ha dicho. Ahí está el loco Herbert, haciendo sus típicas y encantadoras locuras; pasando por la batidora los sonidos de la Big Band (la banda de jazz más gamberra y locuela de la historia), creando un magma que lo cubre todo, entre lo retro y lo vanguardista, con enorme imaginación y sentido del humor. Espectáculo bizarro e impagable. Antes de que acabe (y con gran dolor de corazón) hay que abandonar; pre-calentamiento para flotar en el espacio.

Spiritualized son la razón de que yo esté aquí, así que hay que entregarse en cuerpo y alma. Gracias, obsesión futbolera: escenario Estrella Levante semi-desierto y Jason entero para mí. Su música (sobre todo en directo) me hace levitar; esta vez no podía ser menos. Solo hay que dejarse llevar por las olas, ese tempo contenido que desemboca en furiosa marea sin inflexión notable, con continuidad. Ejemplo claro de lo dicho son las grandiosas “Shine a Light” o “Take Your Time”. Un repertorio de chuparse los dedos, con las habituales de Spacemen 3 (“Walking with Jesus” y “Take Me to the Other Side”), con cera eléctrica (“You Lie You Cheat” y “Cheapster”), con la emotiva “Soul on Fire” (mucho mejor en vivo y en bruto), con un impactante sorpresón añejo (“Lay Back in the Sun”, comienzo de la levitación) y con los dos inmensos himnos de la navegación galáctica (“I Think I´m in Love” y “Come Together”). Y de postre, cinco minutos de mutilación sónica, ruido y furia, desbarajuste y llamaradas, J Spaceman estrellando el mástil de la guitarra contra el micrófono, los pies a varios centímetros ya del suelo… El jodido está vivito y coleando.

Tras el aterrizaje, dos reflexiones consecutivas: 1) Obligatorios en el Primavera Sound. 2) Hay que recuperarse del trance. La segunda reflexión me lleva a pasar de Russian Red, de Keane, de Second y de todo lo sonable, a apoltronarme en un puf en la currada zona chill-out del SOS Club, y a ver pasar la vida festivalera por delante. Y de repente me doy cuenta de que es el primer festival (y llevo tropecientos) en el que no voy corriendo de un escenario a otro con el ansia, en el que ni siquiera miro el planning del día, en el que me importa un bledo quien esté tocando acá y allá. Un festival desde el otro lado. El espacio SOS Club se convierte en un paraíso singular, con su coqueto mobiliario, la música de los DJs griegos y el efecto narcoléptico del agua en movimiento. Y entre ganduleo, fotos y risas, llega la hora de Underworld.

Con permiso de los hermanos químicos, Underworld son a la música electrónica lo que Plácido Domingo a la ópera. Todavía arrastro las secuelas del impacto sufrido en Benicasim hace cuatro años. Pero qué cracks, vuelven a superarse. Los tubos aerostáticos se inflan y comienza el desenfreno. Karl Hyde se ha dejado pelo, se ha engalanado con una chaqueta de lentejuelas que echa chispas, se vuelve del revés bailando en una hiperactividad más contagiosa que el virus de la gripe A. Esto sí que es una pandemia de alerta 5; cuerpos que botan, brazos que se elevan, pies que se pisan. Y no faltan las buenísimas: “Cowgirl”, “King of Snake”, “Born Slippy”, “Two Months Off”... Requetetemazos. Y los tubos desaparecen, y aparecen luces mutantes, y las luces viran en imágenes, y de no se sabe donde surgen globos gigantescos que vuelan sobre nuestras cabezas. Y todas las fiestas vividas, habidas y por haber se quedan en mantillas: ésta es la madre de todas las fiestas. Así que es normal que después nadie quiera irse a dormir, hay que seguir. Con los 2 Many DJs o con Matthew Herbert DJ, lo mismo da. Al final, por cortesía, hay que abrazar la sesión de Herbert, que en su afán de pinchadiscos airea las mismas maneras tecnócratas que en su faceta de músico. Un gran alquimista del sonido, que tampoco hace ascos al tribalismo, a la música disco petarda o al propio James Brown (gran fin de sesión).

Adiós a otro festival. Un festival inaugurado con desastre y finiquitado con buen sabor de boca. Aunque me quedo con la duda de qué pinta la idea de sostenibilidad en un mundo de organismos hasta el culo, comida basura, despilfarro energético, contaminación acústica y montañas de residuos en el suelo.

Crónica dedicada a toda la ONG.

A Carmen: gracias por las fotos.


19 abril 2009

RETROSPECTIVAS

CROSBY, STILLS & NASH. Crosby, Stills & Nash.

Joyas de los sesenta (3ª parte).

Quedó prometido. Ha llegado la hora del homenaje a otro supertrío de los sesenta, el formado por David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash. Su carácter de trío fue intermitente y estacional, convertidos en cuarteto por periodos con la incorporación del donante de la Y (¿hace falta nombrarlo?). Pero ahora toca hablar de los sesenta, y este debú data del prolífico y espectacular 1969. Eran los inicios, y en el inicio eran tres, reunidos en huida hacia delante por desavenencias (Crosby-The Byrds), rupturas (Stills-Buffalo Springfield) y antojo aventurero (Nash-The Hollies). Su primer álbum es una auténtica joya de finales de la gran década, un monumental espectro de melodías y armonías, su especialidad. Y es que hay un santo y seña de CSN: las voces, la triple armonía, la perfecta conjugación de timbres y el valor añadido que aporta a la canción. “You Don´t Have to Cry” o “Helplessly Hoping” son sobresalientes de por sí, pero los cantores las hacen refulgir de tal modo que parece que el mensaje es de todos, para todos, demandando implicación.

Crosby, Stills & Nash” (69) es un mercadillo sonoro de preciosos abalorios musicales, donde el folk, el blues y la psicodelia se venden muy económicos. Las unidades se combinan y ensartan, y nacen grandilocuentes piezas (“Wooden Ships”, “Long Time Gone”) de estribillos imponentes, rapsodias con final festivo (“Suite: Judy Blue Eyes”), memorandos joviales y hedonistas (“The Marrakesh Express”, “Pre-Road Downs”) o baladas de lagrimita fácil (“Guinnevere”, “Lady of the Island”).

Y ahora viene un atrevimiento, un pseudo suicidio verbal que provocará discrepancias y levantamientos varios: las posteriores correrías como CSNY, con la aportación del genuino e intocable de la Y, tuvieron sus innegables momentos de genialidad. Pero no hay ningún álbum como cuarteto que supere la benevolencia y hondo calado de éste.

www.crosbystillsnash.com

16 abril 2009

DISCOS

AIDAN MOFFAT & THE BEST OFS. How to Get to Heaven from Scotland.

Abstracciones de lagos y tierras altas.

Oh, Escocia. Hermosa tierra de duendes, lagos y verde, donde el paisaje y la poesía se confunden, donde las luces y las sombras se baten en duelo. No es difícil alcanzar el cielo desde Escocia; descubrirla es (fue no hace mucho) un placer de los que dejan huella. Recuerdos, cuántos recuerdos. El vértigo gravitatorio desde el castillo de Culzean y los bucólicos rincones que inspiraron a Walter Scott. Las leyendas heroicas de William Wallace y Robert The Bruce supurando por los rincones de Stirling, y el firme decorado sin actores del idealista Robert Owen en New Lanark. El inmenso e intrigante lago Ness y la grisácea Inverness. La isla de Skye, paraíso salvaje, y el fantasmagórico castillo de Eilean Donan. La rueda de Falkirk, colosal invento ingenieril. La majestuosidad de Edimburgo desde la colina de Carlton y el calor humano en la coqueta Royal Mile. Etc, etc.

Aidan Moffat, escocés de pro, se afianza en el remanso emocional del que ahora es inquilino. En este trabajo, definitivamente al margen de Malcolm Middleton, lanza un brillante alegato al amor. Gruñendo menos y cantando más, alcanza su mejor marca de “loves” por minuto. Si la música de Arab Strap evocaba la negrura y suciedad de Glasgow, este disco capta en cinemascope las bondades de otra Escocia: la de los gloriosos despertares en medio del campo (“Living with You Now”); la de las risas amistosas de cerveza y whisky en las tabernas (“Oh Men!”, “The Last Kiss”); la de las ruinas envueltas por la música de la naturaleza (“My Goodbye”); la de los imponentes riscos y acantilados (“A Scenic Route to the Isle of Ewe”); la de las densas brumas que descansan en la superficie de los lochs (“Lullaby for Unborn Child”). Solo hace falta haber estado allí y dejar que la imaginación vuele. Sin gaitas, pero scottish 100%. Y por encima de todo, soberbio.

www.aidanmoffat.co.uk