27 enero 2023

REPORTAJES

STUART BRAITHWAITE “Spaceships over Glasgow” 

El fantasma de Glasgow me persigue. O quizá soy yo la que lo busco. De Stuart Braithwaite ya sabíamos muchas cosas. Hijo de médica y científico, guitarrista en constante experimentación y aprendizaje, enciclopedia musical humana, adicto a los conciertos, coleccionista de libros y vinilos, aficionado al skateboard, activista social, político, ecologista y pro-vacuna COVID, fanático del Celtic y campeón olímpico de levantamiento de vidrio en barra fija. También sabíamos que a veces se dedica a ofrecer conciertos minimalistas en solitario homenajeando a algunos de sus clásicos preferidos (The Velvet Underground, Joy Division, Blind Lemon Jefferson, Spacemen 3) o trazando el esbozo de algunas de las canciones (con letra) de su banda (“Take Me Somewhere Nice”, “Teenage Exorcists”, “Devil Rides”, “Hound of Winter”, “Cody”). A ver, ¿quién no se iría a tomar unas birras con él? No te hagas ilusiones: seguro que te tumba. 

Casi todo lo demás está aquí, en este libro de memorias que, como suele ocurrir con las memorias de los músicos, no solo es la foto de una vida (loquísima, por cierto) sino el retrato más amplio de una era (los 90), un enclave (Glasgow), un sonido (el rock underground) y una generación (la de los nacidos en la segunda mitad de los 70, la suya y la nuestra). Y como todo libro de memorias, estamos ante otro cuento de hadas, el del adolescente que, por ejemplo, descubre la música de The Cure, se enamora de ella, se convierte en fan empedernido y acaba quince años después tomando unas copas con Robert Smith en un backstage. O el cabecilla de una banda que se encuentra de repente siendo teloneada por algunos de los que fueron sus ídolos de juventud (David Pajo, Bardo Pond, Stephen Malkmus, Eugene Kelly). Los sueños, las ideas claras y el trabajo duro pueden en muchos casos dar inmensos frutos. Porque este muchachito de Lanark tuvo claro desde el principio que lo suyo era la música. A la mierda el colegio, los estudios, lo convencional y lo correcto. La música underground (sí, cuanto más esquiva y underground mejor) le infectó el cerebro y las venas y a partir de ahí nadie lo pudo parar. Decidió que quería dedicarse a ella y al rock´n´roll way of life. Y bien joven empezó, colándose en salas de conciertos y festivales sin edad legal (gracias a la bondad de su paciente hermana), descubriendo el poder sugestivo y transformador del rock. Su explicitud a la hora de describir los efectos que la música tiene en el pensamiento y sentimiento humanos nos resulta del todo familiar. Porque al mismo tiempo que él, en otras latitudes y escenarios, nosotros estábamos pasando por un trance parecido. Andábamos descubriendo todo un mundo musical que desconocíamos, a The Cure, Iggy & The Stooges, Nirvana, The Jesus & Mary Chain, Sonic Youth, encontrando en todo ello nuestra razón de ser y de vivir. Por asimilación, su historia es parecida a la nuestra, y por ello resulta tan evocadora. Al menos hasta el punto en el que nace esa bestia parda llamada Mogwai. 

Hay pocas bandas a las que yo haya seguido con total fe y regularidad, y Mogwai es una de ellas (ya lo sabéis). Cada disco era un acontecimiento, cada festival con ellos en cartel un aliciente. Así que descubrir la génesis, evolución y entresijos de una banda a la que amas, siendo una banda poco mediática y nada exhibicionista (no importan sus caras ni sus nombres, solo importa su música) resulta una aventura emocionante. Y en realidad, la historia de Mogwai no es tan diferente a la del resto. A uno se le mete en la cabeza que quiere montar un grupo (Stuart), conoce a otro con las mismas pretensiones, gustos y obsesiones (Dominic), reclutan a un tercero (Martin) y a un cuarto (John) para poder mostrar su creación en pequeñas salas locales, y luego fichan a una estrella (Barry) para completar el young team y jugar en las ligas mayores. Todo de la forma más natural. El apoyo económico, moral y logístico de la familia también es un punto a favor del sueño. El intensivo ambiente musical en Glasgow en los 90 la convertía en un escenario idóneo para progresar, sobre todo gracias a espacios como The 13th Note y a personajes tan generosos y amantísimos de la cultura como Alex Huntley (posteriormente Alex Kapranos). A partir de aquí todo es trabajo, ensayo, perseverancia, encontrar buenos amigos que te apoyen y valoren, y la suerte de caerle en gracia a algún pez gordo del mundillo (como John Peel, sin ir más lejos). Entonces el monstruito empieza a caminar, a hablar, a crecer. Y de repente, esos palurdos chavales (dicho con todo mi cariño), absolutos outsiders, empiezan a grabar discos, a tocar en lugares insospechados (como el Astoria de Londres), a aparecer en publicaciones como NME y a salir de sus casas para viajar por el mundo. Todo feliz y maravilloso. ¿O no? Hay que tener muchos huevos o meterse mucho de todo para poder soportar tanto estrés. Que es lo que hacía el pequeño Stuart, básicamente. El subtítulo del libro reza “MOGWAI, MAYHEM AND MISSPENT YOUTH”. Siempre con guasa, cómo no. El propio Stuart anunciaba sus memorias como un libro sobre “la idiotez adolescente, la vida en general, los conciertos y Mogwai”, y todo resulta bastante exacto. Creyó en su sueño, se empeñó febrilmente en hacerlo realidad, pero también hizo el imbécil como un bellaco. Lo más tierno de todo es que no se avergüenza al reconocerlo. ¿Quién se avergüenza realmente de las chorradas que hizo en su loca juventud? 

Así pues, aquí está la verdadera historia de una banda que ha ido haciendo camino al andar. Con las bodas de plata ya bien cumplidas, esta crónica viene a confirmar más o menos el por qué del éxito, la avenencia y la continuidad: mucho trabajo, valentía, risas y amistad. Mogwai es un ente colaborativo y democrático, y eso se antoja indispensable para que cualquier proyecto funcione. Aunque no todo ha sido un plácido paseo por el campo. Estuvieron las psicóticas y opresivas sesiones de grabación de “Mogwai Young Team” (97), las productivas fiestas en la casa perdida de Dave Friedmann dando forma a “Come on Die Young” (99) o la carísima odisea maniaca americana en el alumbramiento de “Rock Action” (2001). De regreso al trabajo de producción en la vieja Escocia y con las cabezas más asentadas nacen “Happy Songs for Happy People” (2003) y “Mr. Beast” (2006), y comienza su aventura como brillantes y cotizados compositores de bandas sonoras con “Zidane. A 21th Century Portrait” (2006). Más tarde llega “The Hawk Is Howling” (2008) y se revela el gran misterio de su magnetismo y ausencia total de lírica: sus canciones procedían de un proyecto de banda sonora para un film que no llegó a buen puerto. Y entonces, finiquitado el contrato con PIAS, la banda decide hacer el movimiento más arriesgado y audaz de su historia: autopublicar su siguiente álbum en su propio sello Rock Action. Si funciona, perfecto. Si no funciona, es la muerte. La jugada les salió bien porque se empeñaron en crear un álbum redondo. Y lo consiguieron: “Hardcore Will Never Die, But You Will” (2011). 

Y entre tanto, la vida de la banda se mueve en una montaña rusa de giras y más giras, conciertos y más conciertos, pura sangre de directo. Salas grandes, salas pequeñas, festivales, barcos, tiendas, antros o teatros. Da igual donde, allá que van. Sonando a todo volumen, eso sí, como un avión en pleno despegue (así lo describe el propio autor). 132 decibelios se contabilizaron en un show en Nueva Zelanda en una ocasión. De locos. Anécdotas de conciertos las hay a decenas: el debú a lo grande en el Astoria en el 97, el caótico y demente show en The Garage en Londres, el primer Glastonbury, el FIB del 98 (fundidos y agónicos el domingo, después de tres días de juerga festivalera non stop), el emotivo estreno en el mítico Barrowlands, el desprecio y maltrato sufrido por las hordas de fans de Manic Street Preachers o aquel bizarro tributo a “Mogwai Young Team” en el Summercase del 2008 (allí estaba yo, en Boadilla) por el que les ofrecieron un potosí que jamás llegaron a cobrar. Con mucho sentido del humor y un poco de nostalgia también, Stuart nos relata cientos de episodios trascendentes e hilarantes, sobre su banda, sus amigos, sus locuras, sus verbenas, su bocaza, sus decepciones y sus pasiones, con el respeto y la perspectiva que te dan la edad y la experiencia. Totalmente sincero. A veces condescendiente, salvo consigo mismo. Su narración desvela episodios que hacen temblar o reír, reforzando la simpatía por ellos. Por ejemplo, ya conocíamos su especial arte del absurdo poniendo nombre a sus creaciones; ahora sabemos exactamente de dónde vienen los títulos de sus discos o de temas como “New Paths to Helicon #1”, “Yes! I Am a Long Way from Home”, “With Portfolio”, “Oh! How the Dogs Stack Up”, “Christmas Steps”, “Take Me Somewhere Nice”, “Hunted by a Freak”, “I´m Jim Morrison, I´m Dead”, “Kings Meadow” o “The Precipice”. Historias muy divertidas, o a veces no tanto. También hemos conocido el origen del extraño símbolo gráfico de la banda (MYT), ese que todos se tatuaron en alguna parte de su cuerpo en un pacto de entrega eterna. Y como extra hemos descubierto la asombrosa historia subyacente de Martin Bulloch, ese colosal batería y mejor persona, todo un luchador, un puñetero héroe. El libro termina en 2011 porque tiene que acabar ahí. Después vinieron más discos, más giras, más bandas sonoras, pero la secuencia debía concluir precisamente donde acaba: en el momento en el que la vida te da una hostia de las buenas. Ese instante en el que te das cuenta de por qué eres quién eres y por qué estás donde estás, y acabas atrapado en las redes de la sabia moraleja de tu propio relato. En ese momento todo cambia, hay un antes y un después, enfocas de nuevo tus prioridades y maduras en un suspiro. Sí, el libro debía acabar aquí. Sabia decisión, señor Braithwaite. Ha sido un auténtico placer viajar por estas páginas, recorriendo una vida que transcurría paralela y lejana, pero indirectamente interconectada a la nuestra. Si todo va bien, nos vemos en unos días.

16 enero 2023

CONCIERTOS

TINDERSTICKS. Madrid . Teatro Circo Price. 13-01-2023.

 


Reencontrarte con una de tus bandas determinantes después de todo lo vivido en los últimos años resulta intensamente emocionante. Da igual que ya los hayas visto media docena de veces; después de la pandemia y el obligado parón ocioso, cada nueva oportunidad de música recuperada es vivida como un regalo. Hace poco leí una crónica de un compañero que venía a decir que, cuando Tindersticks salen al escenario, algo pasa. Y es verdad: te succionan, te embelesan, te hipnotizan durante al menos un par de horas. Entras en una trance de ensoñación del que solo sales bien terminado el recital, con las luces de la sala invitándote amablemente a ahuecar el ala. Esta vez no podía ser diferente. Anunciada como una gira de 30º aniversario con orquesta, en Madrid no hubo orquesta por razones logísticas, pero apenas si se echó en falta. Y sus treinta años de carrera se vieron principalmente condensados en los diez últimos, amén de algunas piezas añejas rescatadas para contento del nostálgico, como “Sleepy Song”, “Say Goodbye to the City”, “Her” o “Tiny Tears”, ya en la recta final. Un concierto que transcurrió en gran parte por la senda del downtempo, su especialidad, pero no su único valor; cuando quieren pueden convertirse en una banda de pop-rock o funk-rock poderosísima, como demostraron en las exultantes “See My Girls”, “The Amputees”, “Were We Once Lovers?”, “Show Me Everything” o “Harmony Around My Table”. Tras treinta años, un parón obligado, deserciones y cambios, la conclusión es que han vuelto a alcanzar el estatus de ente intachable, bajo la capitanía magnética y solemne de un Stuart Staples que mantiene su voz entrenada, inmaculada, a niveles campeonísimos. Neil Fraser y David Boulter sigue siendo los imprescindibles, el uno con sus riffs artesanales de guitarra, el otro como un orfebre del romanticismo polifónico con sus teclados y cachivaches percutores. Y todo ello amparado por el mullido colchón rítmico creado por Dan McKinna (ahora también haciendo sus pinitos con las teclas) y Earl Harvin, magníficos e igualmente indispensables, amén de ese sexto miembro añadido en las sombras para acabar de sellar la obra maestra. Son bandas que viene para quedarse, que te acompañan de forma incondicional, que siempre agradan, evocan y sorprenden. Bandas que merece la pena volver a ver una y otra y otra vez. Abrumadoramente elegantes y gozosamente infinitos. 

Set: “Willow”, “A Night So Still”, “Medicine”, “How He Entered”, “Trees Fall”, “Pinky in the Daylight”, “Johnny Guitar”, “See My Girls”, “The Amputees”, “Second Chance Man”, “Sleepy Song”, “Were We Once Lovers?”, “Say Goodbye to the City”, “Show Me Everything”, “For the Beauty”// “Her”, “Harmony Around My Table”, “Tiny Tears”, “Take Care in Your Dreams”.


10 enero 2023

DISCOS

UN RESUMEN DE 2022 (SEGUNDA PARTE)

DAMIEN JURADO “Reggae Film Star”

Es inevitable: Damien cada vez recuerda más a Nick Drake. La diferencia es que uno fue efímero (quién sabe lo que hubiera podido lograr) y el otro es incombustible. Se confirma que sus álbumes no son canciones reunidas al azar, sino novelas musicadas con su propio argumento. Letrista sin parangón y fuente melódica inagotable, vuelve a plasmar en estos temas una sensibilidad superlativa. Los tiempos de las producciones repujadas ya pasaron; instalado de nuevo en el lo-fi y la intimidad, sigue emocionando sin remisión.

Grandes: “Roger”, “Roger´s Audition”, “What Happened to the Class of ´65”, “Location, Undisclosed (1980)”, “Day of the Robot”, “Taped in front of a Live Studio Audience”.


DRY CLEANING “Stumpwork”

Pocas bandas nacen pisando tan fuerte y con tanta personalidad. Es lo que le ocurre a este cuarteto londinense, que con apenas dos años de vida y dos álbumes ya huelen a indispensables. Mientras en “New Long Leg” (2021) tiraban hacia el post-punk de bajos palpitantes (a lo Banshees o Joy Division), en este “Stumpwork” (2022) se decantan más por el noise, experimentación y distorsiones sin fin, de nuevo con John Parish a los mandos. Como hacerte una tortilla con Felt, Yo la Tengo, Pavement, Arab Strap y Sonic Youth. Casi nada.

Tres magníficos tours de force: “Anna Calls from the Arctic”, “No Decent Shoes for Rain” y “Liberty Log”.

 

JACK WHITE “Entering heaven alive”

Como un Ferrari a doscientos por hora, Jack White ha publicado dos álbumes en 2022. Entre su lado más megalómano (expuesto en “Fear of the Dawn”) y el lado más retrospectivo, me quedo con el segundo. En este disco el de Detroit vuelve de nuevo la vista a los clásicos, a las raíces, al blues, country-folk o al mismísimo swing, demostrando que posarse en los tejados de la Historia le sienta de maravilla.

Los mejores temas: “A Tip from You to Me”, “I´ve Got You Surrounded (With My Love)”, “A Tree on Fire from Within”, “If I Die Tomorrow”, “A Madman from Manhattan”.

 

KEVIN MORBY “This Is a Photograph”

Poco imaginábamos que este tipo llegaría dónde ha llegado cuando se dedicaba a marcar el ritmo de aquellos olvidados Woods. En una carrera imparable, el tejano va enfilado hacia el inventario de clásicos eternos. Ahora compone un álbum sobre la muerte en la ciudad de Memphis, apostando por iconos inmortales. Con todos los ingredientes habituales en su música, tirando de folk, blues, soul y jazz con la fuerza de un estibador, construyendo y adaptando para no chirriar en un mundo donde lo vetusto y lo moderno ya se confunden.

Increíbles: “This Is a Photograph”, “A Random Act of Kindness”, “Rock Bottom” y “Five Easy Pieces”.

 

LAURA VEIRS “Found Light”

La cantautora de Colorado se ha convertido también en una de las fijas en las habituales misceláneas. Su último álbum vuelve a mecerse en el minimalismo, cosa que para nada resulta monótona. Ella sola, con su encandiladora voz y una guitarra acústica pueden despertar más emociones que cualquiera de su rango. Igual de especial resulta con el adorno de una pequeña base electrónica o un ligero arreglo de cuerda o metal. Y cuando engancha la guitarra eléctrica es realmente abrumadora.

Muy especiales: “Autumn Song”, “Seaside Haiku”, “My Lantern”, “Can´t Help But Sing” y “Winter Windows”.   

 

SHARON VAN ETTEN “We´ve Been Going About This All Wrong”

Otra mujer que tiene algo. Entre otras cosas, el don de la ubicuidad para moverse entre lo indie y lo mainstream sin que llegues a darte cuenta de a qué lado de la línea estás. Quizá en esta ocasión estemos más cerca de lo segundo (solo hay que oír su single “Mistakes”), pero como su voz engancha tanto, te acabas sometiendo al embrujo. Lo mejor: esos colchones ocasionales post-rock sosteniendo sus virguerías vocales.

Me quedo con “Darkness Fades”, “Home to Me”, “Anything” y la épica segunda mitad de “Born”.

 

THE SMILE “A Light for Attracting Attention”

El confinamiento COVID jodió bastante el negocio musical, pero también fue para muchos la oportunidad de improvisar y reinventarse. Eso ha ocurrido con Thom York y Jonny Greenwood, dos artistas con culo de mal asiento que no podían quedarse quietos. Junto al baterista jazz Tom Skinner lanzaron su proyecto paralelo a Radiohead y el resultado, a tenor de lo que Radiohead han sido capaces de hacer con los años, podría pasar por otro disco de Radiohead sin problema. Pero no es así: es un invento que reivindica su autonomía. Trece temas que engloban un poco de todo: electrónica, ritmos afro, jazz, funk, math rock, música celestial y hasta un buen tema punk (“You Will Never Work in Television Again”). Un disco nada fácil, pero ¿cuándo fue fácil esta gente?

De lo mejor: “The Same”, “Pana-Vision”, “Open the Floodgates”, “Free in the Knowledge”, “A Hairdryer”, “Waving a White Flag”.

 

SPOON “Lucifer on the Sofa”

Abrir un disco con una versión de “Held” de Smog es de tener muchos huevos, señor Daniel. Y menudo pedazo de versión, oiga. Después de coquetear con la electrónica en “Hot Thoughts” (2017), la banda de Austin ha vuelto al ABC del rock y el R&B. No es un disco deslumbrante, pero su simple firma y título atraen, y mucho. Y como la pluma del amigo Britt siempre está fina e inspirada, a la tercera o la cuarta escucha ya lo ves como un clásico de toda la vida. Bandas como esta son indispensables.

Muy buenas: “Held”, “The Hardest Cut”, “Wild”, “My Babe”, “Satellite”.

 

YARD ACT “The Overload”

Por fortuna a veces brota alguna nueva banda capaz de capturar atenciones y hacer fluir la sangre. Es lo que ocurre con estos chicos de Leeds, sensación del año en UK. Su adictiva música se mueve entre el post-punk y el art rock de barrio, bordando los ritmos y recordando los fraseos de otros crooners del gamberreo como Mark E. Smith o Shaun Ryder. El disco es una crítica al absurdo del mundo y una oda a la diversión. Ah, y sus videos son tronchantes.

Temazos: “The Overload”, “Dead Horse”, “Payday”, “Quarantine the Sticks”, “Pour Another”.

01 enero 2023

DISCOS

UN RESUMEN DE 2022 (PRIMERA PARTE)

Yo lo intento. Escucho lo que me sugieren. Navego por las novedades. Pero no sé qué me ocurre: poco logra ya sorprenderme o enamorarme. Tanta variedad me aturde. ¿La música se acabó en los 90? Alguien dijo eso una vez. Verdad o no, al final siempre acabamos en lo mismo, apostando por los caballos veteranos. Son los que no suelen fallar. Estos son algunos de los discos más escuchados y disfrutados de 2022. La primera parte; aún estamos cortando tela. 

ALDOUS HARDING “Warm Chris”

Esta mujer tiene algo. Tiene magia. Y con cada disco logra sorprendernos un poquito más, llevándonos de viaje por sus originales parajes sonoros llenos de fantasía folk-pop con ecos clásicos y cinematográficos. De su asombroso surtido de recursos vocales, para qué hablar. Escuchar a la neozelandesa se ha convertido en un auténtico placer, un bálsamo infinito. Bravo por ella.

Cinco maravillas: “Fever”, “Lawn”, “Passion Babe”, “She´ll Be Coming Round the Mountain”, “Leathery Whip”. 


THE BLACK ANGELS “Wilderness of mirrors”

Al principio es despistante; las tres primeras canciones suenan a algo ya masticado y regurgitado hasta la saciedad. Error: “El Jardín” da el pistoletazo de salida a una sucesión de majestuosos retratos psicodélicos en una riquísima variedad de poses, con un sonido que los hace únicos, con su músculo, misterio y sombras habituales, pero con nostalgia y melodía añadidos a su catálogo de recursos. Un viaje inolvidable en sí mismo, quizá el mejor álbum de su carrera. Decir que son los 13th Floor Elevators del siglo XXI, ¿sería mucho decir?.

Los mejores temas: el que quieras desde “El Jardín” hasta el final. Para escoger algunos especialmente enormes: “La Pared (Govt. Wall Blues)”, “The River”, “Wilderness of mirrors”, “Here & Now”, “Vermillion Eyes”, “Suffocation”.

  

THE BRIAN JONESTOWN MASSACRE “Fire Doesn´t Grow on Trees”

Anton Newcombe no se cansa. La banda mutante de Portland ha publicado este año su vigésimo disco, y ya andan anunciando el siguiente. Banda mutante en cuanto a elementos integrantes, no en cuanto sonido. Siguen fieles a su amor por el rock psicodélico, con otra declaración deliberada y llena de melodías absolutamente brillantes.

Grandes canciones: “The Real”, “What´s in a Name”, “Before and Afterland”, “#1 Lucky Kitty”. 


EELS “Extreme Witchcraft”

Si este no es el mejor disco de 2022, le falta un pelo. Las anguilas siguen en brutal forma, en otra exhibición de poderío rock-blues-pop que recuerda al impacto radial de viejos trabajos como “Souljacker” (2001), “Hombre Lobo” (2009) o “Wonderful, Glorious” (2013). No obstante, el señor E se vuelve a aliar con el insigne John Parish (al igual que ocurriera en “Souljacker”), compartiendo créditos y méritos. ¿Compartirán también escenario en la futura gira por nuestro país? (En abril de 2023: yo ya tengo mi entrada).

Lo mejor: pues casi todo, pero destaquemos “Strawberries & Popcorn” (muy naif), “Steam Engine” (muy blues), “Grandfather Clock Strikes Twelve” (muy Beck) “Stumbling Bee” (muy Beatles) y “The Magic” (muy glam). También “Better Living Through Desperation” y “What It Isn´t” (muy… no sé cómo describirlas). 

   

MEAT WAVE “Malign Hex”

A falta de una pera de boxeo para liberar tensiones, una buena dosis de punk-rock contundente no es mala alternativa. Descubiertos recientemente, pese a llevar ya cinco álbumes a sus espaldas, el trío de Chicago entra en la lista de favoritos del año por tres razones con tres títulos: “Honest Living”, “What Would You Like Me to Do?” y “Waveless”. Tres canciones donde el ruido y la melodía se abrazan a la perfección. El resto es pura rabia, con alguna gota de melancolía gótica. Una hibridación entre Pixies, Foo Fighters, Rage Against The Machine o los The Walkmen de “The Rat”. 


MILES KANE “Change the Show”

He aquí un disco de buen rollo, para elevar los ánimos hasta el cielo. En su cuarto álbum, el peculiar Miles Kane dedica su particular homenaje a los sonidos del Northern Soul de su England natal, sin olvidar esos inevitables guiños a una de sus influencias mayores: el glam-rock en general y T-Rex en particular. Canciones llenas de swing, de alma, de poderosa instrumentación, de exuberancia coral y de estribillos catalizadores. Nos atrapó con “Rearrange” y “Coup de Grace” y había que darle su momento.

Tres temazos: “Don´t Let It Get You Down”, “Tell Me What You´re Feeling” y “Change the Show”. 


SPIRITUALIZED “Everything Was Beautiful”

Ya estábamos echando de menos los movimientos espaciales de Jason Pierce, la interminable ingravidez lisérgica que suponen sus canciones más ruidosas, su huracán psicodélico de distorsión y repetición. Ya casi habíamos olvidado que, cuando este sonido te engancha, te hipnotiza y ya no puedes bajar del carro. Con solo siete canciones, la mayoría desechadas de las sesiones de su anterior trabajo “And Nothing Hurt” (2018), vuelven a dar en la tecla, remarcando su arrolladora personalidad en el universo underground. Ahora a ver si consigues montar el puzle que es la portada y tener el estuche para tus dosis. No hace falta receta.

Grandes: “Best Thing You Never Had (The D Song)”, “Let It Bleed (For Iggy)”, “The Mainline Song”, “The A Song (Laid in Your Arms)”. 


WARMDUSCHER “At the Hotspot”

Recién descubiertos en este 2022, el bizarro combo afincado en Londres no pasa desapercibido. Su música es un pastiche delirante que abarca (y a veces amontona) un sinfín de géneros: punk-rock, funk, disco, techno-pop, hip-hop, soul, easy listening y lo que se os pueda ocurrir. Impactaron con su anterior largo “Tainted Lunch” (2019) y sus categóricas y bailables “Midnight Dipper” y “Disco Peanuts”. Vuelven con otro tanto de lo mismo, con menos rock y más música disco, pero con la misma actitud chocante y corrosiva. Para no aburrirse.

Trallazos: “Eight Minute Machine”, “Wild Flowers”, “Twitchin´in the Kitchen”, “Super Cool”.

12 diciembre 2022

REPORTAJES

BOBBY GILLESPIE “Un chaval de barrio

Glasgow me persigue en los últimos tiempos: es un hecho. Y la cosa no termina aquí, tras la degustación de estas memorias. Digamos que, una vez estudiado el intenso periodo años 70-años 80 en la peligrosa e idiosincrática ciudad post-industrial, todavía queda tela por cortar y en ello estamos. Pero ahora toca hablar del insigne Bobby Gillespie y su tremenda obra autobiográfica. De siempre lo habíamos visto como el tipo misterioso, políticamente activo, al límite de los excesos, una pose única al frente de una banda inclasificable a tenor de su legado discográfico. Lo que no sabíamos es que Bobby todavía estaba muy vivo, es decir, que todavía le quedaban neuronas suficientes como para componer un retrato absolutamente brillante y demoledor de la sociedad, la evolución personal y el sueño de la música. El título del libro lo define bien: Bobby era un chico de barrio, pero de barrio chungo de verdad. Crecido entre privaciones y austeridad en medio de la granada a punto de estallar que era su ciudad durante los años setenta (y los ochenta, y quizá parte de los noventa), su historia no deja de ser una más entre cientos: la historia del joven que encuentra en la contracultura una vía de escape a su rabia y frustración. La contracultura en sus tiempos mozos estaba representada por el punk, esa nueva forma de expresión, catártica y visceral. Una imagen icónica, la de un Johnny Rotten cabreado y desafiante, inspiró a muchos chicos en aquella época. Bobby no fue la excepción. A partir de ahí se desata la obsesión por querer conocer más, vivir más, entrar de lleno en el vórtice de la movida, formar parte de la familia de portadores de la bandera de la rebelión. 

De ahí hasta el alumbramiento de “Screamadelica” (91), que es hasta donde llega la crónica, hay todo un periplo digno de novela en la lucha por lograr el affair definitivo con el éxito. Bobby quería hacer música, sí, lo tuvo claro desde el principio, pero no quería ser solo un músico más, quería ser la bomba mediática que cambiara el mundo. No sé si Primal Scream llegaron a serlo, pero hits como “Loaded”, “Come Together”, “Don´t Fight It, Feel It” o “Higher Than The Sun” pusieron patas arriba a principios de los noventa el mainstream británico. Cuando los Happy Mondays ya andaban dando tumbos erráticos (por su propia imbecilidad, seamos sinceros), los Scream, tocados por la mano mágica de Andrew Weatherall o The Orb, lograron heredar el testigo como gurús del pastiche bailable del momento, fusionando los principios del evangelio acid house y la salmodia soul. Muchos opinan que “Screamadelica” es uno de los discos más determinantes de la Historia. Quizá lo fuera en el contexto de su época; algunos no lo llegamos a comprender del todo porque nuestras cabezas andaban sumergidas en los nudos de guitarras del grunge (“Screamadelica” y “Nevermind” de Nirvana se publicaron el mismo día de septiembre de 1991). 

Pero antes del furor del éxtasis y el acid house, Gillespie tuvo muchos otros amores confesables: el consabido punk-rock y el post-punk resultante, el rhythm and blues, la psicodelia sesentera. De su deleite por estos géneros nacieron “Sonic Flower Groove” (87) y “Primal Scream” (89), tan inofensivos ahora en comparación con su posterior carrera. Anteriormente a todo esto, Bobby relata con sumo detalle sus etapas como asistente de Altered Images y bajista de The Wake. Aunque quizá su verdadero bautismo rockero estuviera tras la batería primitiva de The Jesus and Mary Chain. En este punto el autor traza un escalofriante retrato del mito de la banda de los hermanos Reid, de sus personalidades, su obsesión por la distorsión sensitiva, su chulería impostada, sus curdas, peleas, odios y bolos de alto riesgo. 

Bobby lo tenía claro desde el principio: quería ser el dueño de su propio destino. Primal Scream lograron echar a andar gracias a él (y a Jim Beattie y Alan McGee, por supuesto), sufrieron hasta poner a punto el carburador, con ideas y venidas hasta lograr la formación perfecta (aquella con Andrew Innes, Robert Young y Martin Duffy en filas; más tarde con la aportación estelar de Mani Mounfield y Kevin Shields), hicieron lo que les dio la gana en cada momento, se pusieron hasta las trancas como si no hubiera un mañana y alumbraron algunos álbumes realmente incendiarios. Dejad que meta aquí una mención de honor a “XTRMNTR” (2000): ese disco me voló el cerebro y me retorció los huesos. Si la inspiración creativa se debe al talento o a las drogas, yo no lo sé. Podríamos preguntarnos esto mismo para cientos de miles de discos o canciones compuestos a lo largo de las décadas. La cuestión es que Bobby o bien supo parar a tiempo, o bien está hecho de cemento armado. Su lucidez a la hora de recordar, plasmar, relatar y reivindicar es digna de un (sobrio) maestro. Un texto delirante que absorbe desde la primera página, mezclando cuentos, ensayo social y poesía en su justa medida y todo en uno. Una oda al inconformismo, al hedonismo y a ese vastísimo universo que es la música. 

A veces el público es como un rebaño que pasta perezosamente en el campo a la espera de que lo lleven a otro sitio, siempre dirigido por otros, sin espíritu crítico, inconsciente. Pero el artista debe ser valiente; como reza el dicho, “el pionero se lleva todas las flechas”. Debe penetrar él solo en los márgenes, al filo de la percepción, en las regiones desconocidas de terror espiritual y desequilibrio psíquico donde no se aventuran los más precavidos; el gran rebaño se arremolina, avanza en bloque, elige la ruta segura, siempre en la misma dirección, y confía en que el granjero se encargue de alimentarlo. Conoce el lugar que ocupa dentro del gran (o no tan “gran”) panorama, mientras que el lobo solitario vaga hambriento, buscando los raquíticos desechos que la sociedad ha olvidado y considera inservibles; pero el lobo solitario utiliza esa “basura” cultural como alimento del alma y, mediante una especie de alquimia irracional, crea con ella un arte poderoso. Por usar la muy manida pero acertada frase de Kipling: “Viaja más rápido el que viaja solo” (…)”.

23 noviembre 2022

REPORTAJES

ESE GENIO LLAMADO KELLEY STOLTZ (2ª PARTE)

El 23 de noviembre de 2013, hace justo nueve añitos (da vértigo ver cómo pasa el tiempo), coincidiendo con la publicación de “Double Exposure” (2013), dedicaba un notable reportaje al inigualable Kelley Stoltz. Eran los tiempos del descubrimiento, de la inmersión en la extensa discografía de este músico todoterreno, ilimitado y brillante songwriter afincado en San Francisco. Entonces hablaba de su excitante viaje por los confines de la música popular: “Hey chicos, estoy en marcha, acabo de subirme a una moto y voy a conquistar el mundo. En la mochila llevo de todo: folk hippilondio, blues, country, garage, pop, surf, rock and roll, lo que me pidáis”. Más tarde tuvimos la oportunidad de disfrutar de su directo en el Café Berlín de Madrid, en su gira de presentación de “Que Aura” (2017), ese directo cercano y familiar, pues sus shows siempre transcurren en lugares íntimos y recogidos. Kelley nunca ha sido hombre de grandes fastos ni vastas pretensiones, más bien un humilde trovador con miedo escénico. Pues bien, nueve años y una decena de discos después, el trovador sigue su viaje imparable, sin haber conquistado el mundo, pero sí nuestros corazones. Nos tiene rendidos a sus pies. 

Del análisis y disfrute de su carrera y sonido se infieren muchas cosas: que es un currante, una mente prodigiosa, un creador hiperactivo, un amante incondicional de la música. Sus discos son pequeños experimentos de DIY (“hazlo tú mismo”) de eficiente (y sorprendente) resultado sónico. Sí, él se lo guisa y se lo come en el pequeño estudio-cocina instalado en su apartamento de la bahía, atreviéndose con toda clase de retos: cuerdas, percusiones, máquinas, voces y teclas. Por eso no es de extrañar que durante la pandemia haya estado tan entretenido. Mientras otros se dedicaban a lamentarse y holgazanear, él se ha dedicado a publicar tres LP: el ramoniano “Hard Feelings” (2020), el ecléctico “Ah! (Etc)” (2020) y el más reciente “The Stylist” (2022). Antes de eso ya había alumbrado los exquisitos “Natural Causes” (2018) y “My Regime” (2019), además de colaborar en otros proyectos con amigos o principiantes con necesidad de empujón profesional. Porque, además de lo suyo, Kelley se preocupa por lo de los demás, echando una mano creativa, productiva o promocional cuando es preciso. Músico prolífico y, además, generoso. 

Su catálogo de los últimos años sigue ampliando más y más el espectro de estilos dominados. Además de sus inolvidables piezas de pop cristalino y rock sucio de garaje, Kelley es valiente, enamoradizo, caprichoso, dispuesto a coquetear con todo (post-punk, funk, disco-pop, glam-rock, R&B, psicodelia, etcétera, etcétera) y lograr que su música suene infinita. Se podrían empezar a decir nombres y apellidos de referencia e inspiración (Wilson, Lennon, Bowie, Gaye, Petty, Erickson…), pero la lista no acabaría jamás. Ingenio y posibilidades sin límite, música universal. ¿Habrá tercera parte para seguir agasajando al genio? Es más que probable. 

Una selección de temas escogidos: “Natural Causes”, “Decisions, Decisions”, “How Psychedelic of You”, “Are You an Optimist?”, “2020”, “Uh Oh”, “Fire on Fire”, “Zonked”, “Things Go Bump”, “Team Earth”, “The Quiet Ones”, “Cold”, “She Likes Noise”, “Tomorrow”, “We Grew So Far Apart”, “Your Name Escapes Me”, “In The Night”, “My Island”, “Wings”, “Jacuzzi Blues”.

 

17 noviembre 2022

DISCOS

STEVE GUNN “Other You” 

Hace unos días, en una famosa revista online, leía lo siguiente: “Steve Gunn es un tipo talentoso y prolífico, poseedor de un aura creativa que destila misticismo y buenas vibraciones con ecos al californiano Laurel Canyon de la década de los setenta”. Nadie lo hubiera podido expresar mejor. Veintiún álbumes referenciados en Wikipedia, entre trabajos en solitario, directos y colaboraciones con amigos como John Truscinski, Kurt Vile, His Golden Messenger o Ryley Walker. Todo un currículum ganador. “Other You” fue el último de sus regalos, uno de los discos más amables, inspiradores y deliciosos de 2021. Vale la pena volver a rescatarlo. Como vale la pena añadir a la presente un extracto de aquella crítica de su paso por Moby Dick en abril de 2017 que, por razones insondables, nunca se llegó a publicar. 

Sin embargo, la orfandad acaba transformándose en libertad y ventaja, y una vez más, la parquedad acaba iluminando al músico profesional expuesto en su absoluta desnudez. Ser un virtuoso de la guitarra ya es un rédito, pero también cuentan la templanza y la absoluta fe en lo que se muestra. A fin de cuentas, habíamos venido a verlo a él, a seguir el ritmo endiablado de sus arpegios, ¿o no? Pues eso, es un gusto asistir a un recital de técnica tan intenso y tan cercano, a tan escasos metros que casi puedes masticar los acordes. Y como a fin de cuentas el gran meollo de su creación son las seis cuerdas (seis que parecen diez), el ahorro casi no se nota (…). Y esas maravillosas reliquias te hacen volver al punto de partida, al día en que Steve Gunn se asomó a nuestra ventana y nos cazó, blandiendo el arte de la repetición como arma lisérgica sin par”. 

Buenísimas: “Morning River”, “Good Wind”, “Circuit Rider”, “On The Way”.

Superlativas: “Protection”, “Reflection”.

03 noviembre 2022

DISCOS

FOALS “Life Is Yours”

 

Definitivamente, Foals han sido una compañía extraordinaria en estos tiempos raros, una pastillita antidepresiva bastante potente para los bajos estados de ánimo. Por si todo lo anterior fuera poco, ahora aparecen con un álbum de lo más disco y funk, estilos con los que ya habían tenido escarceos interesantes en el pasado. Si estás melancólico y pesimista, escúchalo. Si no tienes ganas de hacer nada, escúchalo. Si la vida te supera, escúchalo. La música tiene efectos terapéuticos contrastados, y este disco lo confirma cien por cien. Si lo escuchas y no te pones a marcar el ritmo o a bailar es que no tienes ya sangre en las venas. Es adictivo hasta decir basta. “Life is yours, I heard to say”. 

Las mejores: “Life Is Yours”, “2am”, “2001”, “Looking High”, “Under the Radar”, “Wild Green”.

31 octubre 2022

CONCIERTOS

TRIBUTO A THE CURE, U2 Y DEPECHE MODE by NEON COLLECTIVE

Toledo. Círculo del Arte. 28-10-2022

Lo reconozco, soy una loca de los ochenta. Y lo reconozco, soy una loca de The Cure y Depeche Mode (y de los U2 originales). Así que, si me prometen que voy a pasar una noche en un garito escuchando música de estas tres bandas, ¿cómo voy a poder resistirme? Era la oportunidad de asistir por primera vez a esa moda desatada hace unos años de los tributos, cosa que definitivamente tiene su gracia y su arte particular. Mucho trabajo, mucho estudio y, por supuesto, mucha capacidad de mimetización. Neon Collective son una banda valenciana de músicos ya consolidados en la escena española, dedicados ahora a las lides del homenaje, grandes músicos y grandes artistas que demuestran un amor y un respeto absoluto por los temas que emulan. Y así son muy capaces de meterse en la piel de estas tres bandas míticas consecutivamente y por espacio de tres horas, creando una especie de mágica ilusión en el espectador. Una experiencia realmente inusual en más de dos décadas vividas de música en directo. 

Sus primeros protagonistas son The Cure, con cardado y maquillaje incluidos, y aunque “Just Like Heaven” revele que en realidad hay una diferencia significativa, conforme se suceden “Lovesong”, “Friday I´m in Love”, “Boys Don´t Cry”, “Why Can´t I Be You?” o “In Between Days” vas entrando en una especie de sueño surreal, creyendo estar verdaderamente delante de un Robert Smith menos siniestro y más estilizado. A la altura de “Close to Me” la cosa está a pleno rendimiento, y “Lullaby”, fidelísima e impoluta, sugiere que esta noche estamos precisamente en el lugar donde debíamos estar. Serán U2 los encargados de confirmar el acierto, con un arranque potentísimo a ritmo de “Desire”. El miedo: que aparezcan los U2 mesiánicos de macroestadio. Pero no. Surgen los añejos, los que nos gustan, y allá que nos arrancamos a corear “I Still Haven´t Found What I´m Looking For”, “Pride (In the Name of Love)”, “I Will Follow”, “Sunday Bloody Sunday”, “Where The Streets Have No Name”, “One” y, cómo no, la imprescindible “With or Without You”. Tiene gracia: no he visto a U2 en vivo en mi vida y hoy casi los estoy viendo aquí en Toledo (nota histórica: tuve una entrada para verlos en el Calderón en 2005 y la regalé). El atracón final es probablemente el más bombástico, Depeche Mode surgidos del otro lado del espejo. “Si este tipo sale ahora y clava la voz de Dave Gahan, le pongo un monumento” pienso y comento. Y en efecto, no solo se desmarcan en voz y en pose, sino en todo lo demás, recreando magistral y explosivamente “Stripped”, “Strangelove”, “Just Can´t Get Enough”, “A Question of Time”, “I Feel You”, “Policy of Thruth”, “Walking in My Shoes” o “Never Let Me Down Again”, y dejando para unos bises antológicos las archiconocidas y archinecesarias “Personal Jesus” y “Enjoy The Silence”. Tres estilos diferentes, tres leyendas vivas, tres exhibiciones cenitales y una sola banda. De verdad que hay que darles la enhorabuena y, por supuesto, las gracias.