15 mayo 2011

DISCOS

FLEET FOXES. Helplessness Blues.

Prueba superada.

Qué complicado es todo cuando tu primer disco nace como obra maestra. Y qué complejo cuando todos te reconocen, ensalzan y ponen en órbita. Arrasar con una ópera prima no está claro si es bendición o maldición. Porque luego toca continuar camino. Y la segunda fase se torna un más difícil todavía con bombos y platillos. La maza del juez se alza poderosa e implacable a la espera de dictar sentencia. Esta ha sido la historia de muchas, muchas bandas. Y esta es también la historia de Fleet Foxes, como todos sabemos.

Pues bien, el esperadísimo “Helplessness Blues” (2011) puede regodearse de haber superado la prueba. Robyn Pecknold y los suyos son amigos del duende de los bosques, conocen a la perfección los secretos que susurra el viento. Y así, su nuevo álbum es otro canto a la naturaleza, a los instintos y al amor. Un abrazo amistoso lleno de belleza y buenas intenciones, que se apodera del oído sin prisa pero sin pausa.

Montezuma” y “Bedouin Dress” pueden resultar inocuas en un principio pero no, hay que seguir, hay que volver a empezar: la magia está escondida entre versos familiares y notas de violín. “Sim Sala Bim” es un monumento primitivo, un árbol del Edén rebosante de guitarras, ukekeles y cascabeles que atrapan el paladar como dulcísimas frutas maduras. Como toda gran montaña, el disco alcanza su cima en la parte central. El remonte arranca con la epatante, oscura, enigmática y muy cajún “The Plains/Bitter Dancer”, donde los de Seattle demuestran ser los nuevos maestros indiscutibles del folk progresivo. Sobre la cima también pululan la intensa “Helplessness Blues”, ese entrañable instrumental medieval llamado “The Cascades” o la luminosa “Lorelai”. “The Shrine/An Argument”, nada menos que ocho minutos y un sorprendente final con amasijo de saxos y violines, vuelve a sentenciar lo dicho más arriba: que el barco no se detiene en el puerto de Crosby, Stills & Nash, sino que sigue navegando hacia las islas vírgenes de The Incredible String Band.

Porque escuchar a Fleet Foxes es oír el canto de los pájaros del pasado. No, amigos, la historia no es de ahora, viene de mucho tiempo atrás: que quede claro. Ellos son solo emisarios de las voces que claman debajo de la tierra. Unos emisarios que se toman su trabajo en serio, poniendo el alma en cada acción. Música desde el corazón. Música que toca el corazón. La maza cae y restalla sobre la madera, y yo los declaro patrimonio universal. Será un enorme placer verlos en el Primavera Sound.

www.fleetfoxes.com

3 comentarios:

Carlos dijo...

Hola amigos de curtains. He escuchado el disco que comentais, y la verdad es que no me parece para tanto. Todos los medios lo han puesto hasta arriba, y para mi modesta opinión, no deja de ser otro disco más de neo folk, estilo del que no soy nada adicto. A seguir con tus buenas criticas y saludos disqueros.

Johnny Dibud dijo...

Si, ha superado la prueba, suena de lujo pero a mi juicio repite demasiado en exceso los patrones de su primer disco con lo que veremos en el tiempo. Saludos.

Anónimo dijo...

Un disco excepcional.
Sin lugar a dudas el mejor album de 2011.
Al menos para mi gusto.
Excelente blog, felicidades.
Jordi