31 agosto 2008

DISCOS

BONNIE “PRINCE” BILLY. Lie Down in the Light.

El incansable trovador.

Hablar de Will Oldham es hablar de independencia y autenticidad. En sus pretéritas aventuras con Palace, bajo su nombre original o con su último alias principesco, todas sus canciones tienen un nexo común irrefutable: el esplendor del country-folk americano elevado al cubo. “Lie Down in the Light” (2008) es el enésimo trabajo de un músico que no para, que corre en la Golden Race de los mejores y que va camino de batir el récord del mundo de fecundidad. Su último álbum de estudio, por imposible que parezca, mantiene intactos los estándares de emotividad, calidez e intensidad, enlazando amistosamente con aquel “The Letting Go” (2006) que nos enamoró al son de “Strange Form of Life” o “Cursed Sleep”. Un disco capaz de atrapar con argumentos como los de “So Everyone”, “What´s Missing Is”, “Where is the Puzzle?” o “Lie Down in the Light”, llevando de la siesta al regocijo con facilidad pasmosa y algunas dosis de magia. Un heredero de Hank Williams y Woody Guthrie para el siglo XXI.

www.myspace.com/bonnieprincebilly

DISCOS

FOR AGAINST. Shade Side, Sunny Side.

Tesoros ocultos.

Hay canciones, discos y grupos que se cuelan en tu vida por casualidad. Tesoros que estaban ocultos bajo al mar y de repente suben a la superficie para llamar la atención. El post-punk eclosionó en Gran Bretaña, pero tuvo un eco no bien calibrado al otro lado del charco. Desde el desconocido estado de Nebraska, For Against se han movido desde los ochenta entre tinieblas, a la sombra de la plana mayor de un movimiento que marcó época (Joy Division, Bauhaus, The Chameleons, Siouxie & the Banshees, The Cure, etc, etc) y que se ha consolidado definitivamente como atemporal. Con caras y nombres en constante mutación, el sonido de la banda se mantiene indeleble aunque matizado en este “Shade Side, Sunny Side” (2008), publicado hace ya algunos meses. Un disco que responde a su título de perlas, tan pronto siniestro e impenetrable (“Glamour”, “Friendly Fires”) como limpio y más accesible (“Underestimate”, “Spirit Lake”, “Irresistible”), con algunas epopeyas sonoras de quitar el hipo (“Game Over”: la canción del año). Aviso: causan adicción. Para los que no tengan bastante con una dosis, se recomienda hincar el diente a “Echelons” (87), su interesantísimo debú.

www.words-on-music.com/foragainst.html

22 julio 2008

CONCIERTOS

SUMMERCASE 2008

Por obra y gracia de Nick Cave.

No me gusta la guerra de festivales. No me gustan los negocios sucios, ni el modus operandi imperialista. No me gusta mucho lo que se dice de Sinnamon ni las chorradas que dicen los de Sinnamon. Pero me gusta la música y me gustan, con sus pros y contras, los festivales. Energía para todo un año. Así que de vez en cuando no tienes más remedio que tragarte tus principios y dejarte embaucar. Mea parte de culpa. La otra parte la tiene Nick Cave. Dije que este verano solo iría al festival en el que él estuviera, formato Bad Seeds o Grinderman indiferente, y los principios musicales casi siempre se comen a los morales.

Y mira tú por dónde, gracias al australiano acabo de vivir un fin de semana de los que dejan huella; amén de su espectáculo salvaje, puede decirse que en general la edición del tercer Summercase ha sido gloriosa. Claro que cada cual lo ve a su manera, pero este blog es mío, así que yo digo: qué dos días de vértigo. Desde el primer momento del viernes hasta el último del sábado, el corazón latió fuerte, los pies reventaron, se activaron mil recuerdos y desaparecieron las penas. THIS IS MUSIC.

Eso sí, ya se sabe lo que es Boadilla: el mismo pedregal sahariano de siempre (¿mejora de infraestructuras?). Aunque el menor número de asistentes ha dado lugar a ninguna cola, cero agobios y una inusitada comodidad frente al artista. Del Metro Ligero mejor no hablemos.

VIERNES

PETER VON POEHL: Tras una interminable sesión de afinación que retrasó el concierto más de media hora (por culpa de un bajo perdido), el sueco se presentó ante no más de treinta personas para encandilar, creciendo como la espuma. Tiernas baladas al principio (“Travelers”, “The Story of the Impossible” o la emocionante “Scorpion Grass”), rock elegante con brotes de soul y jazz al final. “Lost in Space” coronó un show brevísimo pero de exquisito buen gusto. Un gran trovador en la sombra.

THE BREEDERS: ¿Quién dijo Pixies?. Las hermanas Deal tienen canciones para dar y tomar. Tocaron y se lo pasaron cojonudamente. Pero “Cannonball” fue su crucifixión; desbandada general con el último acorde. Rompo una lanza a favor del criticado “Mountain Battles” (2008); “Bang On”, “Walk It Off” y “Night of Joy” no son baratijas, lucieron entre perlitas de otras épocas. Claro que cuando suenan “Divine Hammer” y “I Just Wanna Get Along” los pelos se ponen como escarpias. Buen rollito y rock´n´roll.

THE STRANGLERS: Totalmente en forma. La esperadísima actuación de los británicos fue un repaso ejemplar a treinta años de carrera. Solo faltó “96 Tears”, pero con un tiempo tan tasado (cincuenta minutillos de nada) la cosa dio de sí como para hacer el punky con “Peaches” y “Something Better Change”, alucinar en technicolor con los humos de órgano de “Golden Brown” y “Walk on By”, ponerse romaticón con “Skin Deep”, “Always the Sun” o “Strange Little Girl”, y brincar como una cabra con “All Day and All of the Night” y “No More Heroes”. Enormes.

MOGWAI: No es exagerado decirlo: “Young Team” (97) marcó una era, un estilo y un camino a seguir. Por eso el momento era sagrado, casi místico. Ya se sabe de lo que son capaces los de Glasgow: de hipnotizar y ensordecer. Bordaron su disco de debú, que sonó tal cual pero que no sonó igual. Sonó madurado y macerado: caldo gran reserva del post-rock. “Like Herod”, “Tracy”, “Summer” y “Mogwai Fear Satan” son canciones todopoderosas y dignísimas de un brillante homenaje. Homenaje en el que, por supuesto, no podía faltar Aidan Moffat.

THE RAVEONETTES: Si hay que atribuirles algún mérito, es el de saber reproducir en directo ese sonido tan retro de sus discos. Pero no son lo mismo que antes. Se han acomodado en lo alto del escalafón y han dejado de lado aquella vena punk tan excitante. El nuevo papel de Sharin Fo quedó por momentos en entredicho, por apático y simplón. Toma, porque no era ella sino su idéntica hermana. Pese a todo, “That Great Love Sound”, “You Want the Candy” y “Attack of the Ghost Riders” fueron disfrutables.

FOALS: Previo a las leches que, según cuentan por ahí, se dieron con John Lydon en Barcelona, Foals llegaron íntegros a Boadilla. Cruce extraño entre Talking Heads, The Clash y A Certain Ratio, lo mejor del show está en verlos en acción. Espasmódicos, acelerados y desordenados, con guitarras como saltamontes y micrófonos en constante peligro. Hay canciones interesantes y otras muy prescindibles. Para bailar un rato y bostezar a continuación.

SÁBADO

EDWYN COLLINS: Sin duda, el concierto más conmovedor del festival. Tras la hemiplejía sufrida hace un tiempo y todavía con graves secuelas, el escocés estuvo ahí para demostrarnos que la música es su vida y que no la piensa abandonar. Su selección rindió tributo a toda una carrera (Orange Juice incluidos) en su faceta más country-blues, y piezas como “Falling and Laughing”, “What Presence?”, “You´ll Never Know (My Love)”, “Rip It Up” o “One Track Mind” robaron los corazones de una audiencia con la fibra tocada. El cierre con “A Girl Like You” fue toda una celebración (del público, de los técnicos, de los seguratas, de la propia banda) en gratitud por semejante lección de humanidad. Para llorar de emoción.

GRINDERMAN: Por ser el tótem del festival, había que estar bien delante, sentir el peligro. Nick no falla, y lo mismo da el traje que lo vista o el nombre que lo esconda. Híbrido entre turbulencia y sofisticación, Grinderman es un mastodóntico volcán vomitando lava hirviendo. Una máquina de hacer sangre en la que todos cuentan, especialmente un Warren Ellis de técnica brutal y cavernícola que está devorando poco a poco a todas las demás semillas. Tocó el bazouki, la Mandocaster, las maracas, el loop, reventó los platillos y el arco del violín, y la única pena fue que su micro no tuviera volumen. Un auténtico monstruo, capaz de hacer seria sombra al jefe. Y el jefe parece ser feliz ventilando su lado primitivo: estuvo simpático e histriónico, sudó la camisa con ganas y sacó lo mejor de lo más profundo de esa garganta atroz. “Depth Charge Ethel”, “Get It On” y “Honey Bee” redujeron los tímpanos a picadillo; “Electric Alice”, “Grinderman” y “When My Love Comes Down” humearon como restos de un bombardeo; “No Pussy Blues” fue el esperado festín caníbal de descargas y alaridos; y “Love Bomb” apuntaló la faena de unos músicos que viajan a años luz de casi todos. Inalcanzables.

INTERPOL: A contracorriente, como siempre. No convencieron a nadie, salvo a mí. Cierto es que el volumen y la ecualización fallaron estrepitosamente, pero la refinada puesta en escena y la oscuridad de las canciones tuvieron un efecto de lo más seductor, por no hablar de la mirada de Paul Banks a través de las pantallas. Hubo momentos para enmarcar, como la impagable suspensión de “Lighthouse”, seguida de esa joya de nombre “Not Even Jail”. Y aunque la cagaran en “Obstacle #1” teniendo que empezar de nuevo (fallo de principiantes), hasta me hizo ilusión escucharla una vez y media. ¿Efecto cubatas o efecto Grinderman?.

THE VERVE: Jesús, qué regreso. No tardaron ni medio minuto en despejar las lógicas dudas, el comienzo con “This Is Music” fue devastador. Todo el concierto lo fue. Un Richard Ashcroft enérgico, carismático y motivado a más no poder, convertido en mesías de una rentreé apoteósica y no esperada. No faltaron “Sonnet”, “Life´s an Ocean”, “Drugs Don´t Work” o “Lucky Man”, con sus consiguientes efectos narcotizantes y reminiscentes. El space-rock ataca de nuevo (con permiso de Jason Pierce). “Bittersweet Symphony”, sin palabras. Hay emociones que se ensucian al tratar de darles forma. Y ese colosal cierre con la nueva “Love Is Noise” hace desear con ansia el cercano “Forth”. Tras una exhibición de tal calibre, solo hay que rezar para que la cosa dure. Bendita resurrección.

PRIMAL SCREAM: Tras haberlos visto ya mil veces, la duda es: ¿hay que empezar a pasar de ellos?. Son tremendos e incendiarios, tienen auténticos hits, pero con cada concierto que pasa la sensación de déjà vu es más grande. Quizá porque siempre insisten en lo mismo (“Jailbird”, “Rocks”, “Shoot Speed Kill Light”, “Movin´On Up”), con la de temas estupendos y olvidados que tienen. Aunque “Beautiful Future” (2008) es un cajón de sastre de lo más curioso, vuelven a darle al rock´n´roll. Y ya está demostrado que lo ganan todo cuando se ponen electrónicos (a “Swastika Eyes” me remito). A pesar de todo y aun con Bobby más sobrio de lo habitual, tienen la capacidad innata de divertir un huevo.

PDT: Los dos revivals sonados del festival solo fueron vistos de reojo, pero la sensación fue muy positiva. Los Sex Pistols lo dieron todo (mis fuentes allí presentes lo confirman), aunque chupas y cadenas hayan dejado paso a blusones y bombachos, y el mensaje ya no tenga ningún sentido. En el caso de Blondie, el buen estado de forma y voz de Debbie Harry sorprendió, y la peña se desmelenó frente a la gran bola de espejos que colgaba del escenario. Antes muertos que sencillos.

Ahora solo me falta que alguien me cuente lo que hicieron Spiritualized, My Bloody Valentine, The Brian Jonestown Massacre y American Music Club en el FIB. No se puede estar en todo.

Crónica dedicada a Super Clara, que me tuvo que "aguantar" los dos días.

12 julio 2008

CONCIERTOS

BECK. Madrid. La Riviera. 9-7-2008.

Lo que pudo ser y lo que fue.

Este era un momento esperado hace tal que diez años o más: Beck Hansen con carta blanca, señor y protagonista en una esfera propia a techo cubierto. No suele prodigarse mucho por estos lares, no. Por eso los recuerdos y la miscelánea se acumulan en una mente que se repliega marcha atrás y se acuerda de los que le enseñaron y con los que compartió. Pero claro, ay, las cosas cambian, los artistas cambian. Al californiano le acaba de dar por ponerse serio, cantar y tocar, y punto pelota. Ya no hay show, ni sorpresas, ni sangre que llegue al río. Menos mal que sigue habiendo canciones, aunque suenen de puñetera pena. Los técnicos de sonido deberían estar a día de hoy en las listas del INEM. Aunque lo mismo fue aposta, que con éste nunca se sabe. Entre acoples, saturaciones y otras torturas sónicas, queda la sensación de lo que pudo haber sido más que de lo que fue.

Disfrazado de ¿Kurt Cobain? y con nuevos compañeros de aire universitario, participativos pero sosos (excepto el de la camiseta a rayas, todo un crack), a Beck parecen habérsele pegado algunas manías y maneras de su gran referente Dylan. Lo digo por la impuntualidad, el mutis, la esquivez, la urgencia por volar hacia otros nidos. El repertorio fue de escándalo, pero aquello pareció una contrarreloj del Tour de Francia sin tiempo para tomar aliento entre tema y tema. Pues eso, como si tuvieran prisa.

Repito, el repertorio de lujo. Basta transcribir el set list de grandes éxitos: “Devil´s Haircut”, “Loser”, “Nausea”, “The New Pollution”, “Girl”, “Minus”, “Sexx Laws”, “Tropicalia”, “Think I´m in Love”, “Sunday Sun”, “Lost Cause”, “Black Tambourine”, “Mixed Buziness”, “Where It´s At” y “E-Pro”. El nuevo se hizo de rogar, pero se le dio mucha cancha, con las excelentes “Gamma Ray”, “Orphans” y “Chemtrails” como cotas álgidas. Por cierto, valga una crítica de discos y matamos dos pájaros de un tiro: “Modern Guilt” (2008) es un gran álbum; las ideas siguen bullendo con soltura de la mente del güero, y esa es una poderosa razón para mantener la esperanza y no crucificarlo. Producido por el tratado de usía Danger Mouse, sabe más a psicodelia setentera que a bailonga modernez. Grande pero tan escaso como la masa muscular del muchacho y como los minutos de directo. Una hora y media siendo generosos. Y digo yo, ¿cómo se pueden tocar veintitrés canciones en tan poco tiempo (inclusive la versión de “Everybody´s Gotta Learn Sometime”)?. No, si al final me da por pensar que se portó.

De lo que no hay duda es de que Beck es un guitar hero, porque cuando estruja las cuerdas (ortodoxia cero) es el rey. El rey de un mundo, su mundo, que parece desteñir y perder el brillo de otros tiempos, convirtiéndose en un boceto en blanco y negro por culpa de la ¿madurez?. Que siga sonando la música, pero mejor que suene en casa.

Mención final teloneros: Tulsa no entusiasmaron, pero la versión de “Into My Arms” de Nick Cave (finamente traducida), ya valió el precio de la entrada. Y de paso me recordó que tengo una cita con el susodicho en breve.

www.beck.com

05 julio 2008

DISCOS

DEUS. Vantage Point.

GIRLS IN HAWAII. Plain Your Escape.

Bélgica en movimiento: pioneros y secundarios.

Está visto y comprobado que Bélgica no solo vive de instituciones, cerveza y chocolate. Hay un underground activo y excitante en sus antros y en sus calles. Una oferta interesante que va abriéndose hueco como puede, entre tanta luminaria nacida en Londres, Brooklyn o Montreal. Aunque Bélgica siempre será ese país pequeño y escondido, su música suena en alta fidelidad desde hace tiempo. Y parte de culpa la tienen Deus (o escrito con propiedad, dEUS). Desde su debú en el 94 (aquel indescriptible “Worst Case Scenario”), la banda de Tom Barman ha sido el referente por excelencia de la música belga, y por qué no, europea no británica. Dimes y diretes, causa y efecto, dEUS se evaporaron para volver con suma fuerza y nuevos horizontes en el 2005. De las formas desquiciadas y llenas de aristas de sus cuatro primeros discos (contemos también el extraño “My Sister=My Clock”) han pasado a un nuevo formato (las caras cambian, el método también, las canciones lo notan) mucho más abierto, plano y ¿por qué no decir la palabra maldita?, comercial. Su reciente “Vantage Point” (2008) no es un punto de ventaja, sino un episodio facilón que podían haberse ahorrado, o quizá no. Arrastrados por la marea del mainstream (cada vez son más conocidos, hace diez años eran una rareza para paranoicos musicales), cobran entidad entre las estrellas con su trabajo más regularcillo, posicionándose como New Order o Primal Scream ultramodernos (“Slow”, “Favourite Game”, “Is a Robot” o la cachonda “The Arquitect”). Lo mejor está al final, en “Smokers Reflect” y “Popular Culture”, cuando echan el freno y se ponen tranquis. Hay algo de provecho.

Lo de Girls in Hawaii es otro cantar. Sin gran bagaje discográfico (solo un EP y el bucólico “From Here to There” del 2005) todo está por conquistar, y este “Plain Your Escape” (2008) es una potente arma arrojadiza. Con algún que otro ramalazo de los pioneros en canciones como “The Farm Will End Up in the Fire”, el grupo de dobles hermanos juega a matagigantes y toca todos los palos. Hay efluvios de Pixies o The Jam, de Grandaddy (esa voz clavada a la de Jason Lytle), de Tom Waits (“Couples on TV”), del pop soleado de Beach Boys (“Sun of the Sons”, a la salud de Brian Wilson) y del mejor folk británico de los sesenta (“Plan Your Escape”). Hay canciones mágicas como “Colours” y atávicas como “Fields of Gold”. No es el disco del siglo, pero suena sin aburrir ni perturbar. Quizá la generosidad del jodido mainstream también los encumbre algún día, por azar o por narices. De momento han de conformarse con un papel secundario que más que penitencia es un regalo. Por cierto, qué gran directo el suyo (al menos hace cuatro años).

www.deus.be
www.myspace.com/deusbe
www.planyourescape.be
www.myspace.com/girlsinhawaii

19 junio 2008

DISCOS

SPIRITUALIZED. Songs in A&E.

Aterrizaje de emergencia en el planeta Tierra.

Hay mucha historia detrás del nuevo trabajo de Jason Pierce. Al borde de la extremaunción y la tragedia, el ex líder de Spacemen 3 ha atravesado varios puentes antes de airear definitivamente este “Songs in A&E” (2008). Canciones que se remontan a 2005 y ven la luz tras un periodo de incógnita resuelto favorablemente por los hilos del destino. Un revés vital con su lógica mella, poéticamente secuenciado en el video de “Soul on Fire”. Todas esas historias de abismo, lucha y victoria han vertido sobre este retorno unas gotas de interés adicional, con apuestas basculantes entre: a) la magnificencia efecto-ácido de “Ladies and Gentlemen, We Are Floating in the Space” (97), obra maestra del autor, y b) el remanso espiritual de las Acoustic Mainlines, ejercicio de calibración de fuerzas y ganas post-dolencia. Los vaticinios de un viraje trascendental han caído en agua de borrajas; los dieciocho nuevos temas no revelan nada que no estuviera ya anunciado. Antes del estreno, la colección de breves interludios (bajo el título común “Harmony”) sugería otra compacta odisea espacial, pero el resultado es un conjunto disjunto, un segundo “Amazing Grace” (2003) con la tez mucho más lívida. Todavía quedan despuntes de genuino rock´n´roll (“I Gotta Fire”, “Yeah, Yeah”), pero son el soul, el gospel y la orquestación sutil lo que ha conquistado definitivamente el corazón del guerrero. Bajo el yugo emocional de una virguería como “The Waves Crash In” y sin desmerecer “Sitting on Fire”, “Sweet Talk”, “Baby I´m Just a Fool” o “Goodnight, Goodnight”, las canciones en la UVI no vienen sino a demostrar que alias J. Spaceman ya hizo cumbre hace tiempo, y que ahora toca vivir un honroso y placentero trámite.

www.spiritualized.com

08 junio 2008

CONCIERTOS

PRIMAVERA SOUND 2008

Edición de nostalgia y aprendizaje.

Quizá tenga que ver con el cartel, con el tiempo o con la rutina, pero la edición 2008 del Primavera Sound ha estado falta de grandes emociones. El festival sigue apostando por el riesgo de lo desconocido y por la exhumación de presuntos cadáveres, pero la programación del escenario Estrella Damm basta para concluir que éste ha sido un año cojo. Ha habido menos público que en 2007 (normal, no había Smashings ni Wilcos), pero se confirma la exportación del evento: casi la mitad de asistentes eran forasteros y el castellano ha sido el idioma menos escuchado. Aparte, es hora de poner algún que otro pero serio a un festival por norma alabado: por ejemplo, lo del Auditori ha sido de juzgado. No hay derecho a que los conciertos empiecen antes de que la gente se sitúe; ya ni siquiera vale sudar y pagar una reserva. Sigue sin entenderse que ciertas bandas (Tindersticks, Cat Power) se programen en horas y lugares donde las exquisiteces ya no son bien recibidas. Más peros: el horripilante sonido del escenario CD Drome, el precio de la cerveza, la nunca solucionada escasez de WC y la nueva tarifa monetaria del bus a Plaza Cataluña. Las cosas buenas de este año: el nuevo e idílico emplazamiento del escenario Vice, los donuts gratuitos y que la lluvia no haya jodido la maratón musical.

En lo personal, esta edición pretendía ser de aprendizaje y descubrimiento, pero los retrasos horarios de jueves y viernes impidieron que Caribou o Six Organs of Admittance entraran en el cupo y en la crónica (sí, dicen las lenguas que fueron dos conciertazos). Así que todo ha quedado en recuerdos y nostalgia de los noventa (Public Enemy, Portishead, Sebadoh, Buffalo Tom, Bob Mould, Hefner…) más alguna perita en dulce. Anecdotario: David Boulter (Tindersticks) haciendo cola para ver a Bill Callahan y J Mascis atendiendo a las pericias guitarriles de Ben Chasny. Ha sido año de dobletes: Stephen Malkmus, Lou Barlow, Bradford Cox. Y también ha sido el año de los tríos: Sebadoh, Buffalo Tom, Dinosaur JR, Devastations, The Cribs, Six Organs of Admittance, Shellac, Menomena, Animal Collective, etc. Centrémonos en una crónica desordenada.

Matrícula de honor

PORTISHEAD (en el Rock de Lux): El plato fuerte del Primavera 2008 respondió a las expectativas. Crecimiento exponencial: arranque frío (“Silence” y “Hunter” a millas de distancia), final de vértigo (“Theads”, “We Carry On”, tiembla Barcelona). No faltaron “Glory Box”, “Wandering Stars”, “Over”, “Sour Times” o “Cowboys”, recibidas con los brazos abiertos, el corazón en un puño y alguna lagrimita contenida. Pero el argumento brutal y demoledor se llamó “Machine Gun”, con Geoff Barrows en el colmo explotador de su nuevo rol golpeador y primitivo, con aparición fantasmal y fraseo de Chuck D (Public Enemy). Beth, como siempre, sufrió. Y todos con ella. Al final se arrojó a la masa. Y nosotros al infinito.

BILL CALLAHAN: Esperábamos una visión preciosista de su yo solitario, pero el Callahan rudo y contundente sigue vivo y coleando. Electrificó y petrificó el Auditori con mayoría selecta de piezas de Smog (“Our Anniversary”, “Natural Decline”, “Rock Bottom Riser”, “Cold Blooded Old Times”, “Bloodflow”: imposible elegir mejor) y “Diamond Dancer” y “Sycamore” se colaron tímidas entre el gas y la tormenta. No se puede tener más clase.


CAT POWER: El ritual con sabor a delta de Chan Marshall fue un imán desde el primer compás. Porque ella es magnética, gatuna e hipnotizadora. Porque se ha rodeado de los mejores, con el grandioso y ceremonial Jim White presidiendo el banquete a la batería. Porque ha buscado inspiración en la música de todos los tiempos (Hank Williams, Machín, los Stones, Otis Redding). El resultado es una oda a la elegancia, un homenaje a los clásicos, una lección de transformismo artístico, un concierto de los que quedan grabados a fuego.

Sobresaliente

THE SWELL SEASON: A propósito del cine (“Once”) ha nacido una banda que debe perdurar. Preciosas canciones interpretadas con amor, con simpatía, con enorme humanidad. Como “Lies”, como “Falling Slowly”, como “Leave”. Incluso hubo versiones de Van Morrison o Pixies. Las exhibiciones de Glen Hansard con las cuerdas (las de la acústica y las vocales) ponen la carne de gallina. Y Marketa es la partenaire perfecta, en esa segunda voz que se cuela por debajo, atrayendo por instinto la perfección simbiótica de Low. Un sobresaliente cercano a la matrícula.

TINDERSTICKS: Han vuelto al formato distinguido, el de banda con quinteto de cuerda y sección de viento, con un Stuart más implicado y sentimental que nunca. La estructura del concierto fue de ciencias puras: primera mitad de “The Hungry Saw”, batería de clásicos (uno por cada disco) y segunda mitad del nuevo álbum. De lo nuevo destacó “Yesterday Tomorrows” y el emotivo cierre con “The Turns We Took”. De lo viejo sobresalieron “Her”, “Travelling Light” y “Say Goodbye to the City”. Una auténtica preciosidad, pero a deshoras. Miel en la boca de un burro.

Notable

MGMT: Están de moda y juegan a creérselo. “Oracular Spectacular” en vivo suena de maravilla y el mérito está en el trío bajo-guitarra-batería que los acompaña. Solventes en los desarrollos setenteros (buenísima “4th Demensional Transition”), pelín cansinos en el rollo electro (un coñazo “Electric Feel”). Y como era de esperar, “Time to Pretend” fue la guinda del pastel.


THE NOTWIST: Cuando ya les habíamos perdido la pista, vuelven a aparecer y a recordarnos que por algo nos gustaban. El electro-pop marca de fábrica se transforma en un cañón de sonidos lisérgicos en directo, desde el magma de las distorsiones hasta la negrura del trip-hop, con algún que otro pasaje de techno duro. Qué gustazo volver a escuchar “Neon Golden” y “Pilot” de esa manera. Una máquina alemana.


PUBLIC ENEMY: No llegan al sobresaliente por esa cansina espera con Bomb Squad a los platos, soportada con impaciencia al grito de “que salga el del reloj”. Tras el espectacular despliegue en escena, con Flavor Flav y Chuck D en plan estrellón, el veinte cumpleaños de “It Takes a Nation of Millions..” no pudo ser mejor celebrado. “Bring the Noise”, “Don´t Believe the Hype” y “Terminator X to the Edge of Panic” son una mecha inteligente para prender el fiestón padre.


THE MARY ONETTES: Las bandas suecas son sinónimo de calidad en directo, y éstos no fueron la excepción. Sobrios hasta decir basta (solo el bajista rompió el equilibrio, a su bola) y habiendo mamado lo suyo a The Cure, clavan las canciones en vivo, aunque algunas se alarguen hasta el aburrimiento. Las mejores: “Void” y “Under the Guillotine”, dos himnos como dos soles.




BOB MOULD BAND: El arranque con “The Act We Act” y “A Good Idea” (dos de Sugar, toma ya) fue como entrar en un flash-back adrenalínico. Con el peso de muchos años y la energía de un quinceañero, sirviendo en bandeja las propias, las de los Hüsker o las de Sugar, Bob Mould y su banda fueron esa píldora que te despeja y te relanza en una carrera de fondo. Y todo a pesar del sonido enlatado en el maldito CD Drome. Larga vida a “Hoover Dam”.



DEVO: Viejos y encorsetados, pero en forma. Hay que verlos al menos una vez en la vida. Aluvión de grandes éxitos, desde “Girl U Want” hasta “Freedom of Choice” pasando por “Secret Agent Man”, “Peek-a-Boo”, “Jocko Homo” o “Gates of Steel”. Entre disfraz y coreografía, guitarreo punk y tecleo psicodélico el tiempo voló. Se hicieron cortos y sonaron perfectos. Universo surrealista sin fecha de caducidad. They´re not men, they are Devo.

DEVASTATIONS: La lluvia, la distorsión y sus pintas hicieron del show algo oscuro e indescifrable. Chorrearon electricidad y pasaron de sutilezas. Debían comenzar con “Oh Me, Oh My” y lo hicieron. Se centraron en “Yes, U” y añadieron alguna que otra novedad. Faltó “Loene”, imperdonable. Pero puede decirse que lo hicieron bien, pese al ciego de campeonato de Conrad Standish.


BUFFALO TOM: Fueron un clásico en los 90 y, aunque siguen haciendo buenos discos, son las viejas canciones las que remueven las entrañas. Como la enorme “Summer”, tocada en segundo lugar. Allí estaban todos los cuarentones del festival, en las primeras filas, coreando cada himno como chiquillos de instituto. Recuerdos del pelo largo. Caras auténticas frente al escenario, rockeros auténticos encima de él. Bill Janovitz le puso tantas ganas que hasta se cayó de culo. Cosas del directo
.

DEERHUNTER: La primera impresión es la que queda, éso dicen. La primera impresión en vivo del esquelético Bradford y compañía fue un latigazo en la chepa. Esta segunda no fue igual. Quizá porque el concierto fue extraño, espectral a ratos, falto de músculo, en los límites de lo desconocido. Eso sí, el final con “Hazel St.” y “Strange Lights” fue el momento mayúsculo del festival. Salvados por el ruido, el eco y la campana.



Decepciones

EXPLOSIONS IN THE SKY: Se les intentó nombrar herederos de Mogwai, pero están a años luz de los de Glasgow. No decepcionaron por ganas ni por fuerza, sino por linealidad y por perderse en sus propias sombras. Eso sí, ver al de las greñas aporreando la pandereta contra el suelo fue la bomba.



SEBADOH: Pasotas, descoordinados, como si acabaran de juntarse borrachos después de diez años para improvisar ruido ratonero en un garaje. Con la voz de Barlow en triste decadencia, las rotaciones de instrumentos llevaron a pausas desesperantes y el repertorio fue para olvidar. “Too Pure” intentó deshacer el entuerto, pero demasiado tarde.

RUFUS WAINWRIGHT: La decepción no fue por él, sino por la forma. Rufus es un músico en technicolor, un artista soberbio, pero verlo de nuevo solo al piano y guitarra, en hora punta y en el escenario grande, dio más pena que alegría. La ocasión demandaba atrezzo y acompañamiento; de tal guisa, hubiera sido sin duda el rey del festival.


Agradables sorpresas

THE MARZIPAN MAN: El nuevo proyecto de Jordi Herrera (ex_Satellites) resultó ser una delicia de ora pop elegante, ora rock afilado. Espectacular su elenco de secundarios y la artillería de instrumentos (percusiones, arpa, flautas, silbatos, panderetas y otros cachivaches). Un gran descubrimiento para el estreno del jueves.


SILVER JEWS: Más vale conocerlos ahora que nunca. Como unos Nick Cave & the Bad Seeds de América profunda con la discografía de Dylan bajo el brazo, llenaron el ATP de clase y poesía, con canciones redondas como “San Francisco B.C.” o “We Could Be Looking for the Same Thing”. Stephen Malkmus estaría por allí, pero la que triunfó fue la elegante chica del bajo. Mujeres al poder.

Pequeños flashes

ERIC´S TRIP: Madre mía, quién diría que la dulce Julie Doiron de la edición 2004 es la misma que esa desmelenada destroza-bajos. Punk-rock y garage malote, generación X resucitando, imágenes de los Dinosaur JR diez años atrás.

THE CRIBS: Este rollo ya me lo sé. Mamá, quiero ser Joe Strummer. Infumables desde el primer acorde, parece mentira que se siga dando cancha a bandas como ésta. Ya hay cuatrocientas y a cual peor.

MENOMENA: Arriesgados y exorcizantes, una apuesta veloz y única, se mueven en las ciénagas del post-rock y el kraut como pez en el agua, y son capaces de darse miedo hasta a sí mismos. Hay que dedicarles tiempo en un futuro.

SHELLAC: La grandeza de Steve Albini y los suyos era una leyenda de Primavera Sound y Rock de Lux que queda desarmada por completo. Guitarrazos, baquetazos y alaridos sin ton ni son. ¿Quedo como una ignorante si digo que me parecen una mierda?.

ANIMAL COLLECTIVE: Si la banda más rara del momento es Xiu Xiu, éstos deben ser los segundos. Lo que parecía imposible: llenaron el Estrella Damm los tres (supervivientes) solitos y su folky juguetón se convirtió en maraña maquinera. Como unos Chemical Brothers de manicomio.

Extra del festival

DARREN HAYMAN & JACK HAYTER PLAY HEFNER: La iniciativa de conciertos matutinos en el parque Joan Miró ha resultado todo un acierto y su conocimiento sobre la marcha una sorpresa en forma de inesperado concierto de Hefner. Antes, Hernández (Abel) y Fernández (Raúl) descifraban la melancolía de El Hijo en la intimidad y quietud de un nublado. Después, Darren Hayman y Jack Hayter hacían rememorar los himnos de aquella su gran banda (literal, cayeron el del alcohol, el de los cigarros y el de correos), amén de más perlas como “The Weight of Stars” y “The Greedy Ugly People”. Todo con la frescura de antaño y en la más entrañable cercanía. Otra dosis de nostalgia.

18 mayo 2008

RETROSPECTIVAS

FELT. Crumbling the Antiseptic Beauty / The Splendour of Fear.

Comisión de guitarras volando como pájaros.

Nacieron en puertas de los 80, murieron en puertas de los 90. Nacieron en Birmingham, ciudad que rocé conduciendo por la izquierda en el momento de más miedo de mi vida. A través de sus dos primeros trabajos, la música de Felt ha anidado en una azotea repleta, encontrando un sitio privilegiado. Y esto es solo el principio.

Ambos discos, por separado o en equipo, son un regalo para oídos sibaritas, buscavidas y ochenteros. Las guitarras de Lawrence Hayward y Maurice Deebank dibujaron preciosos paisajes que invitan a saltar al vacío con las alas abiertas y esperar a ver qué pasa. Un tapiz de acordes tejidos con magistral destreza que recuerda muy mucho a las andanzas de Viny Reilly, otro miembro honorífico del cónclave de elegantes minoritarios del post-punk y la new wave. Junto a esas enormes guitarras están las minimalistas percusiones de Gary Ainge y los misteriosos textos del propio Lawrence, relatados desde el fondo del mar. El conjunto es indescriptible.

“Crumbling the Antiseptic Beauty” (81) son solamente seis canciones. Era una de las máximas de Lawrence Hayward, la tasación del minutaje. En ella se reencarna el dicho de “lo bueno si breve”, porque todos los cortes de este debú son dos veces buenos. La instrumental “Evergreen Dazed” hace un homenaje a la simplicidad, obra maestra solo con las dos guitarras. “Fortune”, “Birdman” y “Cathedral” son naturales y relajantes como una valeriana. “I Worship the Sun” rompe el molde con sus cambios de compás y escala, y con un stand-by postrero de lo más electrizante. Y “Templeroy” cierra con otra introducción gloriosa y un sofisticado recital de versos que no se entienden, pero se sienten.

“The Splendour of Fear” (84), de nuevo un sexteto, se decanta más por los instrumentales y la melancolía. La voz de Lawrence solo asoma en “The World Is As Soft As Lace” y “The Stagnant Pool”, revelando definitivamente un parecido razonable con la de David Byrne en su lado más romántico (la primera trae a la cabeza el clásico “Heaven” de Talking Heads). “The Optimist and the Poet” y “A Preacher In New England” son dos viajes alucinantes por interminables partituras imaginarias. “Mexican Bandits” es simple, la canción más alegre de esta primera etapa.

Porque la música de Felt tiene varias etapas, todas diferentes. Las siguientes están por descubrir y eso será poco a poco. Para que no se agote el apetito, no se colapsen los sentidos y la emoción siga viva.

felt.planetaclix.pt/default.htm

16 mayo 2008

DISCOS

PORTISHEAD. Third.

La piel del revés.

Vaya, esto no había pasado nunca. Es la primera vez que llega un comentario sobre un disco antes de colgar la crítica. Gracias, Juanra. Tienes razón, en Barcelona me pondrán la piel de revés. De hecho, ya la tengo. “Third” (2008) no podía ser más intenso, ni más sorprendente. Mereció la pena esperar diez años de escondite y reposo (que no de evaporación). El trip-hop ya es una camisa hecha trapos. Quizá por éso era el momento de volver: para desmarcarse y hacer un quiebro al tópico que ni Leo Messi. Bien por ellos. Bien por la sensatez y la creatividad, por la renovación y las emociones fuertes. “Silence” no puede ser más elocuente, un trallazo entre ceja y ceja sin previo aviso. No es para menos lo de “We Carry On”, extraño pupurri de tribalismo, techno duro y rock progresivo con la dulcísima voz de Beth Gibbons emergiendo del humo. Y “Machine Gun” tres cuartas de lo mismo; una melodía angelical dentro de un bucle castrense de lo más turbador. “Small” es el cuarto muro de la casa, la pared de cristal que deja ver el exterior, las montañas, los ríos y un cielo negro que al final rompe en tormenta. Las demás no son convidados de piedra (inmensas “Hunter”, “Nyon Smile”, “The Rip”, “Threads”), pero esto se haría demasiado largo entrando en detalles. Porque los hay, a cientos, para escribir un nuevo “Crimen y Castigo”. Así que mejor detenerse aquí, volver a escucharlo y dejar que nos siga enamorando.

www.portishead.co.uk

15 mayo 2008

CONCIERTOS

JAMES. Madrid. La Riviera. 8-5-2008.

Sin pies pero con alma.

El regreso de James a La Riviera seis años después no pudo ser más atípico, y a la vez entrañable. La lesión de Tim Booth, renqueante sobre muletas, nos privó de sus míticas danzas y exorcismos, pero para nada deslució un concierto en el que los de Manchester fueron más que nunca una piña. El pasado verano en el Summercase estaban engrasando las bisagras, y se puede decir que a día de hoy, con algún cambio en la alineación y un extraordinario “Hey Ma” (2008) en circulación, vuelven a ser la gran banda de antaño, callando las bocazas que tildaron su retorno de oportunista e innecesario. En Madrid demostraron que tienen himnos para parar un tren, que siguen produciéndolos como churros (el nuevo disco sigue la tónica de “Laid” o “Seven”, sus obras cumbre) y que se han puesto de nuevo las pilas Duracel. Repito, la cojera de Tim Booth fue un handicap para el espectáculo (y para su ego, qué carita de sufrimiento), pero contribuyó a una mayor intensidad vocal y a un gigantesco ejercicio de participación por parte de todos los músicos, bordando dos horas mágicas en las que pasado y presente se dieron un buen apretón de manos. Y esta vez no faltó la trompeta, como debe ser.

El pasado se hizo carne en el arranque con el glorioso riff de “Born of Frustration”, el emocionante crescendo de “Out to Get You”, la conexión sentimental banda-público que siempre estalla con “Sit Down”, la versión oscura y estratosférica de “Sound” o la multitudinaria coral a capella que cerró “Sometimes”, otro clásico perenne. El presente tiene futuro: “Waterfall”, “I Wanna Go Home”, “Bubbles” y “Upside” quedarán a buen seguro en la memorabilia del grupo, junto a las ya citadas y a otras que habitualmente no fallan (“Ring the Bells”, “She´s a Star”, “Getting Away With It”). Qué buenas canciones, qué buenos recuerdos… Se despidieron con invasión consentida del escenario, al más puro estilo Iggy Pop y al son de “Laid”, y dejaron sentenciado que no les hace ni puñetera falta alcanzar el falso Olimpo de los U2. Con ese repertorio, ese oficio y una legión de seguidores tan rematadamente fiel vuelven para comerse otra vez el mundo.

www.wearejames.com

05 mayo 2008

REPORTAJES


JOY DIVISION: SINTONÍA NEGRA.

El icono inmortal.

Nunca es tarde para hablar de Joy Division. Ríos de tinta corren sobre el icono de Manchester a propósito de casi todo: del aniversario del fallecimiento de Ian Curtis, de la reedición de su discografía, del estreno del largometraje de Anton Corbijn o de la influencia subliminal del cuarteto en un amplio espectro de músicos actuales. Este reportaje no es un ejercicio de reincidencia, ni un pecado de ausencia de imaginación. Hablar de Joy Division deviene finalmente en una necesidad orgánica, pues esas canciones han vuelto a aparecer en un momento inesperado, oscuro y genialmente oportuno.

La música de Joy Division es la música de la angustia, el desastre y los interrogantes. Pero contrariamente, también es el elixir de la solución. Cuando todo parece perdido el cuerpo pide una dosis de “Unknown Pleasures” (79) con las luces apagadas. Es su disco más siniestro, el comienzo de una carrera de confesiones lúgubres pero sensatas, de un sonido quebrado e inconfundible. Suenan “Disorder”, “Insight”, “She´s Lost Control” o “Shadowplay”, y la atmósfera se tiñe de negro en cuestión de segundos.

A continuación llega “Closer” (80), algo más inocuo en cuanto a toxicidad sonora, pero con declaraciones brutales como “Atrocity Exhibition”, “Passover” o “A Means to an End”, y con un barniz de delicadeza muy agradecida en “The Eternal” y “Decades”. Eso es todo en cuanto a una colección de largos. Luego están los singles y las rarezas, y el bien hecho por “Still” (81) y “Substance” (88) refundiendo episodios individuales con mayor o menor acierto. De ellos salen la brillantez de “Dead Souls”, el romanticismo de “Atmosphere”, la intensidad de “No Love Lost”, el movimiento sísmico de “Komakino” y cómo no, las celebérrimas “Love Will Tear Us Apart” y "Transmission". Todas van fluyendo por el altavoz, como en un desfile militar, y mientras pasan las ideas se aclaran. Tony Wilson comparaba a Joy Division con el punk en los siguientes términos: el punk decía “jódete”, pero ellos dicen “estoy jodido”. No hay vergüenza en reconocer que a menudo lo estamos, que el mundo no gira a la misma velocidad que nosotros, que la sensación de vacío nos supera pese a tener las manos llenas, y que la metáfora y la reflexión son más sabias que la ira. Así lo entendía Ian Curtis, sin ahondar en cuestiones existenciales, sin afirmar que era un angelito, sin defender su autoimpuesta condición de mártir. Él y sus circunstancias alumbraron un mito en lo musical y en lo literario, casi tan tridimensional como el de Kurt Cobain, dejando marca en generaciones sucesivas. Y ese influjo seguirá perpetrando nuevos homenajes, nuevas copias, nuevos documentos, nuevas versiones y un sinfín de apologías. Porque el icono resurge periódicamente y siempre con la misma fuerza. Porque cansarse de escucharlo es imposible y a nadie le importa la condena de una bien ganada eternidad.

Diez temas para el alivio y la evasión:

- Dead Souls.
- Transmission.
- A Means to An End.
- Passover.
- Insight.
- She´s Lost Control.
- Heart and Soul.
- The Eternal.
- Komakino.
- These days.

Foto: allmusic.com

www.neworderonline.com
www.joydiv.org
www.joydivisionmovie.co.uk

01 mayo 2008

AGENDA

MAYO: FESTIVALES A GO-GÓ.

Arranca la primavera-verano más musical de la historia.

Ya lo he dicho bastantes veces: el maremágnum de festivales me supera. No puedo controlarlos todos, ni seguirlos ni procesarlos. Esfuerzo investigador cero: solo presto atención a los de siempre y a los más publicitados. En mayo llegan algunos de los buenos y cito solo tres:

SOUTH POP FESTIVAL. Sevilla. 1, 2 y 3 de mayo.
Cartel: Barry Adamson, José González, The High Llamas, A Hawk and A Hacksaw, Mobiil, Nisei, Souvenir, La Casa Azul, etc.

FESTIVAL INTERNACIONAL ACCIÓN ARTÍSTICA. Murcia. 2 y 3 de mayo.
Cartel: James, Rufus Wainwright, The Chemical Brothers, Kaiser Chiefs, Digitalism, Jeff Mills, The Pinker Tones, etc.

PRIMAVERA SOUND. Barcelona. 29, 30 y 31 de mayo.
Cartel: Portishead, Rufus Wainwright, Tindersticks, Public Enemy, Devastations, The Sonics, Cat Power, Devo, Bill Callahan, Dinosaur JR, Animal Collective, Sebadoh, etc.

Aparte de festivales, los artistas también giran por sí solos:

ADAM GREEN. 4 mayo. Barcelona. Razzmatazz.
5 mayo. Madrid. Heineken.

EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN. 5 mayo. Málaga. Teatro Cervantes.
6 mayo. Barcelona. Apolo.

JAMES. 6 mayo. Barcelona. Razzmatazz.
8 mayo. Madrid. La Riviera.

MORCHEEBA. 23 mayo. Barcelona. Espacio Movistar.
24 mayo. Madrid. Heineken.

XIU XIU. 23 mayo. Barcelona. Apolo.
24 mayo. Madrid. Neu!.

MGMT. 30 mayo. Madrid. Heineken.

Y lo que se avecina: el Daydream de Radiohead, el FIB, el hermano madrileño del FIB, el Summercase, el Bilbao BBK Live, Bob Dylan recorriendo el país como Labordeta, el espeluznante Rock in Rio. Que Dios nos coja confesados.

26 abril 2008

DISCOS

TINDERSTICKS. The Hungry Saw.

El síndrome de Estocolmo.

A los lectores intrigados: este blog se llama “Curtains” en homenaje a esa gran obra de los Tindersticks; era la música que sonaba sin parar en el momento crucial de poner en marcha el pasatiempo. Y aclarado el asunto, cabe hablar de la nueva etapa de los de Nottingham, reducidos a trío tras la deserción de Hinchliffe, Macaulay y Colwill. Después de meterse en algún que otro charco con “Waiting for the Moon” (2003) y de irregulares aventuras solistas, Stuart Staples, David Boulter y Neil Fraser han decidido desafiar al olvido, y he aquí el resultado. Lejos de un retorno grandilocuente, “The Hungry Saw” (2008) es un paso silencioso, como si las suelas se hubieran desgastado tras pisar con tanto brío en el pasado. Por momentos se repiten; “The Flicker of a Little Girl”, “The Hungry Saw” y “Boobar” tienen su inequívoco alter ego en algún rincón de la discografía anterior. Una novedad: no hay voz femenina que haga sombra a la de Staples en todo el disco. Una recuperación: los instrumentales, con tres joyas de corte europeo como “Intro”, “E Type” y “The Organist Entertains”. Pese a la modestia con que reaparecen y a la relajación innovadora, aún tienen la capacidad innata de acomplejar, como ocurre en “Yesterday Tomorrows”, “All the Love” y “The Turns We Took”. Y ni que decir tiene que su concierto en el Primavera Sound 2008 será un rito de obligatorio cumplimiento. Sin el violín de Dickon nada es lo mismo, pero el caballero de la triste voz y figura siempre contará con el beneplácito de una servidora. Otro caso del clásico síndrome de Estocolmo.

www.tindersticks.co.uk

13 abril 2008

DISCOS

THE BRIAN JONESTOWN MASSACRE. My Bloody Underground.

Baja fidelidad, alta fidelidad.

Acontecimientos casuales recientemente solapados: la visión algo a destiempo del documental “Dig!!!” y este nuevo disco de The Brian Jonestown Massacre. La película de marras ofrece el retrato pormenorizado de Anton Newcombe y desvela las claves del submundo desordenado y retro que se esconde en cada uno de sus discos. Una banda fluctuante, levitante sobre la sombra de un tipo genial, caótico y antisistema, capaz de elevar a la máxima potencia el prototipo de la estupidez y la degradación humana. ¿Un hippy contemporáneo?. ¿Una oveja descarriada?. ¿Un obseso compulsivo?. Si Anton Newcombe y The Brian Jonestown Massacre sobreviven, está probado que los milagros existen.

“My Bloody Underground” (2008) es un nuevo corte de mangas al mundillo de las discográficas, el hi-fi y la MTV. Un compendio de composiciones disonantes y repetitivas, de bajísima calidad sonora pero altísimo regusto a clásico. Vuelven a aparecer los mantras (“Droping Bombs on the Whitehouse”, “Who´s Fucking Pissed in my Well”), la distorsión shoegazing (“Who Cares Why”, “Auto-Matic-Faggot for the People”), las rayaduras clínicas (“Ljosmyndir”, “Black Hole Symphony”) y sobre todo, el loco amor por el rock de los setenta en toda vertiente (“Infinate Wisdom Tooth/My Last Night in Bed with You”, “Yeah-Yeah”, “Golden Frost”). Entre Ravi Shankar, los Rolling y la Velvet, el tsunami se come el monte. Los que de verdad saben de música ya hablan de fetiche, de pieza de museo, de monstruo independiente, y elevan a Newcombe al estatus de nuevo anti-héroe americano. Un desorden existencial y mental de lo más fructífero.

www.brianjonestownmassacre.com

11 abril 2008

AGENDA

AGENDA TARDIA DE ABRIL

El adiós de una gran banda.

Aunque con retraso sobre la fecha habitual de posteo, aquí está la agenda de conciertos de abril. Pero antes, el eco de una triste noticia: el adiós de Manta Ray. La foto del mes iba a ser la de Nick Cave & the Bad Seeds (la gran gira del mes), pero es justo recordar a los que han sido el orgullo de la música nacional en los últimos años. José Luis García, Nacho Álvarez, Xabel Vegas y Frank Rudow rompen la paradoja del momento y se van, en medio de la marea actual de regresos descontrolados. Por suerte no es a casa a cruzarse de brazos. Merecen con creces no ser olvidados.

Hoy, día 11 de abril, hay tres conciertos destacados: THE HIVES, en Bilbao, Santana 27; THE KILLS, en Madrid, Heineken; IAN BROWN, en Madrid, Joy Eslava.

Otros conciertos del mes:

MICAH P. HINSON- 12 abril. Sevilla. Sala Q.
14 abril. Madrid. Heineken.
16 abril. Bilbao. Rock Star.
17 abril. Durango. Plateurena.
19 abril. Santiago de Compostela. Capitol.
20 abril. Vigo. La Fábrica de Chocolate.
23 abril. Valencia. Heineken Greenspace.

ZOOT WOMAN- 17 abril. Madrid. Heineken.
18 abril. Barcelona. Be Cool.
19 abril. Santa Pola (Alicante). Camelot.

BLACK LIPS- 18 abril. Barcelona. La (2).
19 abril. Madrid. Sala Caracol.
23 abril. Vigo. La Fábrica de Chocolate.

EEF BARZELAY- 23 abril. Huesca. Centro Cultural del Matadero.
26 abril. Palma de Mallorca. Teatro Lloseta.
27 abril. Madrid. La Caja de Música.
29 abril. Cádiz. Aulario La Bomba.
30 abril. Huelva. Cantero Cuadrado.

NICK CAVE & THE BAD SEEDS- 24 abril. San Sebastián. Polideportivo Anoeta.
25 abril. Badalona. Pabellón Olímpico.

THE GUTTER TWINS- 26 abril. Barcelona. Razzmatazz.
27 abril. Madrid. Heineken.
28 abril. Bilbao. Café Antzokia.

Foto: allmusic.com

01 abril 2008

DISCOS

BAUHAUS. Go Away White.

Vida en las tinieblas.

Ya ha llovido desde “Burning from the Inside” (83); un cuarto de siglo sin grabar un solo largo de estudio. Otros que se apuntan al carro del revival. Peter Murphy nunca estuvo muerto, solo su encarnación icónica de Bela Lugosi. “Go Away White” (2008) los devuelve al candelero; una nueva resurrección tras la fugaz del 98 y la circunstancial del 2005. ¿Tenemos Bauhaus para rato?. Ojalá. Resulta gratificante escuchar renacimientos como éste. Reptando entre las sombras, su sonido no difiere un pelo del añejo. Lacerante y confabulador hasta el ecuador, sombrío y críptico a partir de ahí, “Go Away White” es un magnífico decálogo del arte gótico, rebosante de momentos emocionalmente intensos. Poderío hercúleo que germina a raudales en “Endless Summer of the Damned”, “Adrenalin” o “International Bullet Proof Talent”. Atmósfera siniestra y disipadora en “Saved”, “Mirror Remains” o la escalofriante “The Dog´s a Vapour”, cuyos últimos dos minutos merecen oración aparte. Sin ambages ni trampas, Bauhaus han vuelto haciendo ni más ni menos que lo que saben (o sabían). Y eso ya es más que mucho.

www.bauhausmusik.com

25 marzo 2008

DISCOS


AMERICAN MUSIC CLUB. The Golden Age.

Nuevas historias desde California.

Aunque nieguen y renieguen pertenecer al mundo de la americana, American Music Club siempre ha sido uno de los grupos que mejor responden a su nombre. El club original ya no está al completo: Dan Pearson y Tim Mooney causaron baja después de “Love Songs for Patriots” (2004), pero tienen sustitutos. Y siempre al mando, el admirable Mark Eitzel. Ya era hora de cederle unas honrosas y merecidas líneas. “The Golden Age” (2008) lo ha puesto en bandeja, porque es de lo mejorcito en el haber del músico de San Francisco (reunido o en solitario) en años. Fiel a su idiosincrasia, la de contar hermosas historias a través de melodías balsámicas, Eitzel y compañía se lanzan a la aventura de grabar en sesión directa. Y cantan bingo. Los trece nuevos temas saben a gloria, siguiendo la onda de coherencia y estilo de siempre. “All My Love” es la canción de amor perfecta. “Decibels and the Little Pills” cuenta una tristísima historia de perdición nocturna con la mayor delicadeza. “All the Lost Souls Welcome You to San Francisco” y “The Grand Duchess of San Francisco” vuelven a poner en el centro del mapa a su ciudad natal. “I Know that´s Not Really You” mira a ritmo de vals hacia otras fronteras. “The Stars” enamora con su colosal y rotundo estribillo. “Windows of the World” y “On my Way” petrifican con sus desenlaces nebulosos, llenos de un ruido que para nada desentona. Nuevas caras, nuevas almas, nuevos mundos. El mismo hombre que una vez dijo no envidiar a Bob Dylan, sino a Howe Gelb. En plenitud.

www.american-music-club.com

21 marzo 2008

DISCOS

NICK CAVE AND THE BAD SEEDS. Dig, Lazarus, Dig!!!.

La máquina suma y sigue.


Se han escrito ya tantas revisiones de este álbum que todo parece estar dicho. Esta no será la verdadera ni la definitiva, pero es obligatoria. Hablar de Nick Cave siempre impone y la sensación a la hora de hacerlo es como de reo en el patíbulo. "Dig, Lazarus, Dig!!!" (2008) es el re-nuevo testamento, último episodio de una apasionante biblia escrita en casi veinticinco años de fructífera carrera. Posiblemente no es la mejor obra del australiano, pero hay algo que llama la atención en ella: que no suena como todas las demás, esto es, a tormento. Se trata de una caricatura de personajes caídos de la nada a un infierno de luces de neón, más recitada que cantada, con múltiples referencias al mejor rock de las últimas décadas y un sonido devastador. Cercano al ardor de Grinderman en algunos cortes ("Night of the Lotus Eaters" parece sacada del disco-trituradora), no se olvida de la clásica balada de etiqueta ("Moonland", "Hold on to Yourself", "Jesus of the Moon"). Pero lo mejor es la colección de temas salvajes y callejeros que empieza con "Dig, Lazarus, Dig!!!" y termina con "Midnight Man"; entre medias, "Today´s Lesson", "Albert Goes West", "We Call Upon the Author" y "Lie Down Here (And Be My Girl)" vuelven a dar en el blanco, mostrando la cara más canalla del prolífico semillero y espoleando a los muertos. Si el mandamás es una fábrica de chorrear ideas las veinticuatro horas, los Bad Seeds siguen comiéndole protagonismo por derecho propio. Las claves de este disco: 1) el órgano volcánico de James Johnston, Jerry Lee Lewis de la nueva era; 2) el mano a mano de Thomas Wydler y Jim Sclavunos rubricando todo tipo de ritmos; 3) las ambiciosas texturas creadas por Warren Ellis con chismes varios (mandocaster, loops, flautas, palmas, de todo), apartando definitivamente la exclusividad del violín. La producción vuelve a correr a cargo de Nick Launay y cualquier parecido con "Henry´s Dream" (92) es pura coincidencia. Ni cuando se relajan les sale un disco malo. Suman y siguen.


www.nickcaveandthebadseeds.com