19 febrero 2011

DISCOS

PJ HARVEY. Let England Shake.

Dios salve a la Reina.

Que cada nuevo disco de PJ Harvey supone una aventura -más intensa y emocionante cuanto más tiempo transcurre entre el anuncio y el hecho- comienza a convertirse en axioma. Aquí vuelve la doncella camaleónica, la mujer de las mil caras y recursos sin fin, con cosas nuevas bajo el brazo. Si “White Chalk” (2007) hacía correr ríos de tinta, este “Let England Shake” (2010) posee todos los ingredientes para dar igualmente que hablar. Así pues, preparen su arsenal de teorías y adjetivos, afinen sus plumas. Damas y caballeros, una nueva PJ entra en escena.

Solo con escuchar la apertura queda de manifiesto que no estamos ante la bestia parda de “Rid of Me” (93), ni ante el misterioso espectro de “Is This Desire?” (98) ni ante la sexy fustigadora de “Stories from The City, Stories from The Sea” (2000). Tampoco estamos ante la dama victoriana del mencionado “White Chalk” pues, en contra de algunos pronósticos, este álbum solo hereda los atributos intimistas de aquel de forma esporádica. Estamos ante una Polly dúctil y juguetona, que fluctúa entre el rol de maestra y el de pipiola, explotando y dominando la escala de agudos sin despeinarse, clamando por un país en llamas.

Grabado en el escenario más romántico posible (una iglesia decimonónica de su Dorset natal) y con el apoyo y supervisión de los habituales John Parish, Mick Harvey y Flood, este trabajo aporta muchos y ricos nuevos matices en la trayectoria de su autora, empezando por una instrumentación que incorpora como elementos estelares el autoarpa y el saxo. Seduce desde el primer acorde de esa “Let England Shake” que, en clave desenfadada y a golpe de marimba, mete el dedo en la llaga sangrante de la patria. Un viaje monumental y efímero (apenas 40 minutos) a través de la luz y las sombras, testificando sobre una pugna constante entre el pasado y el futuro, entre la vieja y la nueva Polly Jean. “The Last Living Rose”, “In The Dark Places” o “Bitter Branches”, con la guitarra eléctrica como ítem fundamental, siguen emitiendo ondas que resultan familiares. Sin embargo “England”, “Written On The Forehead” y “The Glorious Land” revelan un encomiable empeño descubridor de estructuras y matices, integrando sampleados de música árabe o africana, y hasta un Séptimo de Caballería encajado al milímetro. Pero este disco es mucho más: es también una lucha entre el optimismo y el desgarro, entre el ánimo popular (“The Colour of The Earth”) y el lamento solitario (“Hanging In The Wire”). La extensa “All And Everyone” es un canto al examen de conciencia del mundo, y la soberbia “The Words That Maketh Murder” una oda a la exuberancia pop.

Y así, “Let England Shake” discurre en un auténtico festival para los sentidos. Es una flecha en pleno pecho, una vorágine que te engulle. Es hipnótico, mágico, político y profético. Es rock, pop, shoegaze, folk, ambient, noise, todo a la vez y nada en concreto. Es otra obra maestra, el enésimo acierto de una artista en estado de iluminación perpetua. Un hijo de los dioses flotando en el limbo, recogiendo todas las gotas rebeldes de la música de los tiempos.

www.pjharvey.net

3 comentarios:

Dudupeich dijo...

No puedo estar mas de acuerdo contigo, esta mujer no para de sacar auténticos discazos...

Mary dijo...

En efecto. Este disco es lo más emocionante que me ha pasado en muchos meses.

David Garcia dijo...

Totalmente de acuerdo, personalmente esperaba un disco como éste de PJ desde hace tiempo y no porque los últimos que ha sacado no me hayan gustado, sino porque pienso que no sacaba a relucir toda la creatividad que tiene. Este disco es buenísimo!!!!