11 mayo 2013

REPORTAJES

PARALLEL WORLDS, PARALLEL LIVES

Cosas que los aficionados a Eels deberían saber
 
Los buenos momentos hay que saborearlos. Y perpetuarlos todo lo posible. El concierto de Eels de hace dos semanas fue uno de esos momentos inolvidables que se quedan rondándote por la cabeza durante días. El caso es que ver a Mr. E rocanrolear con tanta gracia me teletransportó dos años hacia atrás. Empezaba la crónica diciendo que leerme “Cosas que los nietos deberían saber” ha sido de lo mejor que he hecho en mi vida. Ciertamente. Aquel libro me tocó, hizo saltar un resorte, se oyó un clic y todo cambió. El libro no solo motivó recuperar a Eels y volverlos a meter en el saco de los favoritos; también hizo que empezara a plantearme la vida de otra manera. Y desde entonces cada vez que me hundo me acuerdo del bueno de E, con sus gafotas y media sonrisilla picaruela, diciendo eso de “Goddamn right, it´s a beautiful day”.

No lo puedo evitar: me van los perdedores, los outsiders, los raritos, los lobos esteparios. Me inspiran una empatía demoledora. Quizá porque en cierto sentido yo también soy así, una beautiful freak de tomo y lomo. Y como Mr. E es el paradigma de todo esto que digo, y además un perdedor de los que molan, es decir, de los constructivos, de los que después de mil zancadillas todavía mantienen un honrado sentido del humor, pues es inevitable que me sienta en deuda con él cada vez que lo veo y/o escucho, cada vez que me da una nueva canción que llevarme a la oreja. Conclusión: si este prizefighter ha podido tirar para delante, cualquiera puede. No sé si él es consciente de la bellísima lección que ha dado y está dando al mundo, pero sería de infames no agradecérselo. Y en agradecimiento a todo eso y al buen rato que me hizo pasar hace dos domingos, vuelvo a casa y saco todos los discos de Eels. Y me vuelvo a empapar de ellos, desde el primero al último, bonus incluidos. Y escucho cada canción con suma atención mientras leo a la vez esas preciosas letras que escribe, historias de sufridor nato, de gran pensador, de poeta urbano y rimador ingenioso. Letras escritas, al igual que su libro, echándole un par de huevos. Y mientras hago todo esto me da por rescatar otra vez “Cosas que los nietos deberían saber” y echar un vistazo a los pasajes que señalicé con marcadores en su día. Y como eso me sabe a poco empiezo desde el principio y me lo leo de nuevo enterito, de cabo a rabo. Y vuelvo a emocionarme, a darle vueltas a la peonza, a compadecerme de sus cosas y afrontar las mías, y terminar como terminé la otra vez: queriendo llorar y reirme de la vida al mismo tiempo.

Y claro, el destino es juguetón y a veces dadivoso, y como el círculo estaba a medio cerrar, de repente cae en mi órbita por arte de magia “Parallel Worlds, Parallel Lives” (2007), el documental que nuestro protagonista ideó para honrar (y comprender) la memoria de su genial aunque desafortunado padre. Porque el que no se haya leído la autobiografía de E quizá no sepa que es hijo de Hugh Everett III, eminente físico cuántico, enunciador de la teoría de los universos paralelos. Curioso, desde luego. Y aunque yo de física no sé demasiado, solo las pocas nociones que aprendí en el instituto, lo de los universos paralelos (una cosa sucediendo y no sucediendo al mismo tiempo) me parece algo fascinante, y más explicado de una forma tan simple y tan sutil. Y también comprendo que este increíble documento no va solo de ciencia; va de amor, de generosidad y de justicia. El viaje de nuestro amigo, no en calidad de “E, líder de Eels” sino de “Mark Everett, hijo de”, lo devuelve a su Virginia natal en busca de información acerca de su padre, de su trabajo y sus teorías, teorías que dejaban en mantillas (agárrate) los principios de Niels Bohr, y que por lo tanto fueron rechazadas, dejando al brillante Everett compuesto y sin premio, sumido en una decepción de órdago. Y de eso va también la película, de la decepción y el remedio póstumo. De cómo algunos solo acaban triunfando cuando ya no tienen ojos para verlo. De lo necesario que es enmendar las cosas de las que nos arrepentimos aunque sea un poco tarde.

Así que “Parallel Worlds, Parallel Lives” es el complemento perfecto para “Cosas que los nietos deberían saber”, pues cierra el círculo que Mark Oliver Everett empieza a trazar en el libro, y lo ilustra con bellísimas imágenes de su pasado, con su tristeza disimulada al hablar de todo ello delante de una cámara, y con esas grabaciones de cassette que reproduce con más miedo que vergüenza al final del documental en una secuencia antológica. Ah, y por supuesto, todo con la música de Eels como espléndida y majestuosa banda sonora.

Porque para conocer el universo de las anguilas no basta con oír un disco o dos. Hay que empaparse de todo, porque todo es lo mismo y forma parte de un conjunto. Un conjunto cruel y muy hermoso. Solo cuando hayas visto, oído y leído todo, entonces podrás saber de qué va esto.

Otro círculo que se cierra: este reportaje complementa al colgado en CURTAINS el 28 de abril de 2011

5 comentarios:

nikochan dijo...

Gran Post. Y Gran concierto al que asistimos algunos afortunados. Este doc no lo he visto pero me lo apunto como pendiente. Un saludo

Mary dijo...

Pues sí, muy emocionante el documental (puedes encontrarlo en el youtube)y enorme el señor anguilo. Saludos!

Rastreador dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rastreador dijo...

Da gusto leerte Mary, envidio tu pluma. Tiene que ser un gustazo también pasar toda una tarde en la barra de un bar contigo (el comentario de antes lo he eliminado porque me había patinado el dedo, ejem). Saludos norteños...

Mary dijo...

Mil gracias, Rastreador. Tu pluma tampoco está nada mal, que conste. Las barras de los bares me gustan bastante, aunque no siempre encuentras a alguien con quien merezca la pena compartirlas, verdad?. Saludos!!!