26 mayo 2009

DISCOS

BILL CALLAHAN. Sometimes I Wish We Were an Eagle.

Todos los nombres.

Vale, ya ha quedado claro. Bill Callahan es lo mismo que Smog. Que a su vez es lo mismo que (smog). Que a su vez es lo mismo que un músico de su tiempo pero intemporal. Música hecha para sobrevivir. Y la filosofía de la supervivencia nunca es fácil ni barata, pero otorga una cosa grande y maravillosa, cuyo significado desconocen muchos, o conocen pero luego olvidan: esa cosa se llama dignidad. Bill Callahan es el número uno de los supervivientes, esto es, de los dignos. De los pocos autores de nuestra época (tampoco somos tan jóvenes, hay que aceptarlo) que provocan y a la vez sanan la herida. Un día decidió que por qué llamarse tal pudiendo llamarse cual, que qué diantre importa el quién si lo que trasciende es el qué. Y así, en sus peregrinaciones nominales, sigue haciendo lo que sabe: prestidigitación con los acordes y las palabras. El suyo es el cancionero de un clásico. De un músico ilustrado y aplicado. De un músico imprescindible. Este tío se merece un reportaje; veremos cuándo.

Por lo pronto toca abordar su última entrega, segunda firmada con nombre propio. Si “Woke on a Whaleheart” (2007) lanzaba un repóker sobre la mesa, este “Sometimes I Wish We Were an Eagle” (2009) se antoja continuista. En él Callahan vuelve a dar cancha a los arreglos y acompañamientos orquestales, que enfrían el aceite hirviendo vertido por sus angostas guitarras. Guitarras que se han desenchufado para tejer canciones amables en la superficie, de trasfondo misterioso, sesgadas y con el copyright de su autor impreso a hierro y fuego. Si el anterior álbum deslumbró por su frescura y optimismo, este contiene menos sorpresas. Eso no significa descender de los niveles en los que el tejano de adopción se ha movido desde siempre: la cumbre, el lugar desde el que todo lo demás se aprecia diminuto. Ni tampoco significa nadar y guardar la ropa: hay equilibrismo, agujeros negros y alguna osadía incómoda. Desde la cumbre nace “Jim Cain”, que vuelve a envolver el oído en una sábana de seda; también “Too Many Birds”, pareja idónea de baile para “Sycamore”, cuyo último verso crece y se reproduce en un ingenioso juego de construcción (“if-you-could-only-stop-your-heart-beat-for-one-heart-beat”). La negrura y la inquietud se ciernen hacia el final; el músculo añadido por la línea de bajo en “My Friend” y la batería en “All Thoughts Are Prey to Some Beast” (¿no huele a Joy Division?) las hace tentaculares y siniestras. El círculo asfixiante lo completa “Invocation of Ratiocination”, un experimento atmosférico novedoso que desemboca en la extensa “Faith/Void”. En ella el protagonista es capaz de afirmar con total serenidad y repetidas veces “es hora de apartar a Dios, este es el fin de la fe” y quedarse tan ancho.

No es la primera vez que Bill Callahan asombra con su lírica feroz. Frases como “el amor es el rey de las bestias (…), un león por las calles de la ciudad” (“Eid Ma Clack Shaw”) siguen consagrándolo como eminencia de los textos, caballero de la metáfora y la afilada verdad, del contrasentido y del doble sentido. Mientras en el caso de otros la música dicta el camino de las palabras, él elige la inversa: el trazado de la canción queda sometido al discurso de su voz, la gran voz, suya y de nadie más. La voz de todos los nombres.

www.myspace.com/toomuchtolove

25 mayo 2009

AGENDA

NOS VAMOS AL "PRIMA".

Un festival de bandera.

Suscribo el dicho últimamente tan popular: al Primavera Sound no le afecta la crisis. Para esta edición de 2009, la novena de su historia y quinta en el Fórum, la casa ha volado por la ventana. Un cartel espectacular, coronado con una guinda de nombre y curriculum propios: Neil Young. El canadiense es sin duda el reclamo número uno de un festival que sigue encabezando la resistencia, absolutamente fiel a sus principios. Estará en el escenario Estrella Damm el sábado, brindando dos horas y media de fervor, posiblemente paralizando el Fórum y Barcelona entera. Sin embargo, la oferta de buena música no se detiene ahí; sumando nombres, el Primavera Sound se convierte otro año más en el más acertado, excitante y arriesgado acontecimiento del año. Pocos competidores se le arriman a los talones a nivel nacional e internacional, excepción para el mítico All Tomorrow Parties, aliado inevitable desde hace tres temporadas. Siempre ha sido de agradecer; pero dados los tiempos que corren, la gratitud se multiplica y la proximidad del evento se vive como si fuera el último y único festival de una vida. La receta de este año vuelve a unir nombres ilustres y veteranos, perpetuos o recientemente reunidos, con un amplio abanico de nuevas bandas que dan un sabor menos amargo al futuro. En cuanto a géneros musicales, la variedad queda nuevamente salvaguardada: revoluciones, pop sofisticado, clásicos, electrónica de magistratura, country-rock y un pellizco de hip-hop, amén de engendros inclasificables y sin límites de creatividad. Este es un amplio resumen de lo que se avecina los días 28, 29 y 30 de mayo.

EN LOS ALTARES: De los muchos grandes nombres del cartel (mención aparte para su gran cabeza), Sonic Youth, Yo la Tengo y My Bloody Valentine son los indiscutibles. Esos a los que no hay que perderse so pena de arrepentimiento. En los dos primeros casos, la experiencia contrasta su efectividad en directo, y pese a no tener material reciente conocido, siempre es un placer retomar sus gloriosos históricos, leyenda viva del rock independiente en ambos casos. Con My Bloody Valentine más vale pájaro en mano: habrá que disfrutarlos el jueves al aire libre, aunque su show exclusivo del viernes en el Auditorio prometa seismos y tímpanos destrozados.

INMORTALES SPACEMEN 3: Jason Pierce no es el único que mantiene caliente el legado de los hombres del espacio. Peter Kember hace lo propio desde su proyecto personal, Spectrum. Ambos estarán presentes en esta edición, y las canciones de Spacemen 3 seguro que coparán algunos de sus minutos más apoteósicos. ¿Sonarán “Revolution” o “Take Me to the Other Side”?. Casi se da por hecho. ¿Serán capaces de asistirse y aparecer juntos en escena?. Harto improbable, pero podría ser la bomba del festival.

LUCHANDO CONTRA LA BESTIA: Oneida no se lo merecen. El diseño horario ha determinado su pugna desigual contra el invencible. Su concierto en el escenario Vice coincidirá de lleno con el de Neil Young, para indiferencia de muchos y pena de algunos. La discografía de los de Brooklyn es tan sublime, misteriosa y variante, augura un directo tan epatante que los convierte, sin duda, en una renuncia dolorosísima.

VOLVER: el Primavera Sound vuelve a erigirse en padrino de reuniones emotivas, grupos que volaron por los aires, recompuestos para la ocasión. Tal es el caso de The Jayhawks, que regresan con todas sus piezas: teloneros de lujo para Neil Young. Igualmente ocurre con Throwing Muses, icono de la escena bostoniana en los noventa, en barbecho intermitente y regenerados para debutar en nuestro país, parece ser que con Tanya Donelly. A Certain Ratio se subieron hace poco al autobús del revival, sin ánimo de vivir de las rentas y con nuevo trabajo (“Mind Made Up”); si abarcarán toda su historia o solo una parte es un misterio que convierte a su concierto en sorpresa. Y en el caso de The Vaselines y Th´Faith Healers, nunca se consiguió tanto con tan poco: sus materiales ochenteros son reliquias mínimas, pero tan excitantes que bien valen una misa.

GRANDES CABALLEROS: Es obvio que las damas pierden en número en esta edición del Primavera Sound, aunque algunas son de armas tomar: Natasha Khan, Marnie Stern, Alela Diane, Elisa Ambrogio o las Vivian Girls. Entre los caballeros, Andrew Bird, Jarvis Cocker, Joe Henry y Jeremy Jay anuncian el despliegue de sus variopintos encantos y talentos sobre los escenarios. También llaman la atención el regreso de Jason Lytle en solitario (alguna de Grandaddy se aceptaría de buenísimo grado), la refrescante extravagancia de Chad VanGaalen, la letanía folk de The Tallest Man on Earth (el Dylan sueco, según las lenguas) y la sinceridad a flor de piel del veterano y solvente Damien Jurado.

MADE IN SPAIN: La oferta de grupos nacionales en el cartel cada vez es más modesta, pero altamente selectiva. Tokyo Sex Destruction, Los Punsetes, Extraperlo, Rosvita, La Bien Querida, Veracruz, The Secret Society, Cuzo, Klaus & Kinski o Joe Crepúsculo y los Destructores compondrán una muestra de la música intramuros. Algo pírrica, sí, pero digna.

RAROS, RAROS, RAROS: Liars, Deerhunter o Gang Gang Dance ya son duchos en la materia de horrorizar o encantar con propuestas muy personales y nada fáciles. A su vera se desarrollan nuevas bandas que darán que hablar, cuyos discos perfilan formatos imposibles de adaptar al directo: habrá que ver qué son capaces de hacer Women (el todo vale), Wavves (la melodía enterrada en ruido), Wooden Shijps (la psicodelia elevada al cubo) o Mahjongg (puro surrealismo, sin más).

BAILAD, MALDITOS: La electrónica tampoco podía faltar en esta edición. A los consagrados nombres de Aphex Twin, Squarepusher o Simian Mobile Disco, se unen interesantes propuestas como las de Ebony Bones, Lemonade, The Bug, Skatebärd o el pirado Dan Deacon. Eso sí, habrá que ver cómo están los cuerpos a ciertas horas.

EL PUNTO DEL AÑO: En casi todas las ediciones, el festival programa algún grupo y/o artista que despista, difiere o simplemente globaliza. Ya ocurrió en el pasado con Lluis Llach, Enrique Morente o Motörhead. Este año la figura disonante es Michael Nyman, que junto a la Michael Nyman Band convertirá el Auditori en un escenario de otra galaxia, en otra dimensión y para todos los públicos. Ojo al dato: el señor Nyman es mucho más que el hombre que compuso la banda sonora de “El Piano”.

EL FUTURO EN POTENCIA: El Primavera Sound (con ayuda de Pitchfork.com, cómo no) se ha llevado este año al bote algunas de las bandas noveles más prometedoras de la escena actual. Recomendaciones: el noise descarado de los chinos Carsick Cars, las bocanadas de ruido de Crystal Antlers, el pop grandilocuente de Shearwater, el rock oscurantista de Crystal Stilts, la psicodelia viajera de Sleepy Sun y el folk amigable de Plants & Animals y Bowerbirds. Los cuatro últimos estarán también actuando en el Parque Joan Miró, al abrigo de los árboles, el sábado y el domingo.

Esto es lo que hay. Demasiado para tan poco tiempo. Por supuesto, habrá que seleccionar, alimentarse bien y dejarse la piel en tres días de música non stop. Esto no va a ser como el SOS.

www.primaverasound.com


11 mayo 2009

DISCOS

ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3. Goodnight Oslo.

Viviendo con lo puesto.

Podría ser un disco de los actuales REM sin Michael Stipe ni Mike Mills; los tres venusinos no son otros que Peter Buck, Scott McCaughey y Bill Rieflin. Pero su rol como acompañantes del gran Robyn Hitchcock está perfectamente encuadrado. Y aunque en muchos casos las guitarras de Buck se manifiesten inequívocamente reconocibles, quedan por contrato al servicio del compositor. Un compositor de pluma fina, bebedor de influencias remotas, amigo de antiguallas sónicas. Este “Goodnight Oslo” (2009) parece perpetrado por una alianza judeo-masónica con los mitos del pop, el soul y el country de los 50 y los 60; o si no, escúchense “What You Is”, “Saturday Groovers”, “Up to Our Necks” o “TLC”. También hay símiles más cercanos en el tiempo; “Your Head Here” recuerda a los mejores The Go-Betweens, “I´m Falling” a los peores James. Pero ante todo, hay destellos de gran lucidez plasmada en modestas joyas contemporáneas, como “Hurry for the Sky”, “16 Years”, “Intricate Things” o la temporizada “Goodnight Oslo”, radiante cierre para un decálogo que no inventa nada, pero que vuelve a revelar la autenticidad y buen gusto de su autor y la experta audacia de sus colaterales. Como hizo “Olé Tarántula!” (2006) en su día.

www.robynhitchcock.com

10 mayo 2009

DISCOS

PJ HARVEY & JOHN PARISH. A Woman A Man Walked By.

La sinergia positiva.

Después del accidentado episodio vivido en el SOS 4.8 murciano, es hora de hacer justicia a un gran disco y a una de las parejas más fieles y mejor avenidas del rock. También es justo que John Parish aparezca con letras grandes en los créditos, pues desde tiempos remotos ha sido un puntal intachable en la carrera de su gran amiga Polly. Juntos vuelven a marcarse un fifty-fifty: Parish compuso los temas, Harvey los adorna con letras que se columpian entre lo tierno y lo visceral, lo poético y lo trágico. El resultado es un baño de gloria para ambos y retrotrae a la PJ de hace algunos años, a las inferencias eléctricas de, por ejemplo, “Stories from the City, Stories from the Sea” (2000). La canción que abre el disco no deja dudas: “Black Hearted Love” es toda intensidad y pulcritud, con un desenlace monstruoso (“I´d like to take you to a place I know, my black hearted” dice ella con convencimiento). A partir de ahí, el espíritu está predispuesto y preparado para lo que venga. Canciones para todos los gustos: asimétricas, sísmicas y profundas. Polly Jean muestra todas y cada una de sus caras en ellas: la de rockera sexy en la propia “Black Hearted Love”, la de esquizofrénica en “Sixteen, Fifteen, Fourteen”, la de perruna punky en “Pig Will Not”, la de criatura celestial en “Leaving California” o la de gran dama victoriana en “Passionless, Pointless”. Los experimentos también son bienvenidos, evidenciando la amplitud de recursos de la pareja artística. “The Chair” abre una sima cerca de la mitad del disco, con disonancias y atrezzo digital a lo Radiohead. La curiosa “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go” se desarrolla en dos actos, viajando de una turbulencia pro-Nick Cave a un agradable facilismo lounge. Y qué decir de la garganta de nuestra protagonista: aquí se marca un catálogo vocal de aúpa, con todo tipo de falsetes, timbres nasales, pláticas, susurros y alaridos.

Trece años después de aquel “Dance Hall at Louse Point” (96), he aquí un nuevo testimonio de la sinergia positiva: uno más uno no es dos, sino mucho más.

www.pjharvey.net


07 mayo 2009

CONCIERTOS


ESTRELLA LEVANTE SOS 4.8

Diario del tropecentésimo festival.

Jueves 30 de abril: Uff, qué pereza, mañana de festival. Sí, es la primera vez que me apunto a un festival por inercia, sin dedicación ni estudio previo. Pero no está la cosa ahora mismo para hacer ascos a nada. Y si la cuestión es pasar un buen rato con los amigos, poco importa que el cartel sea de lo más discretillo. Y de paso echaremos unas oraciones a Santa Polly, San Jason y San Matthew. Aunque la incertidumbre me corroe: ¿podremos acceder a los conciertos del auditorio?. Si de lo poco poquísimo que me interesa no puedo ver ni la mitad, ¿habré invertido bien el tiempo y el dinero?. El dinero puede que sí: 35 euros por un festival de dos días es un precio mucho más que justo y ejemplar. Pero se supone que ese precio debería servir para acceder a un evento en su conjunto; lo de organizar sesiones de aforo restringido ya empieza a cabrearme (y no soy la única). Sí, muy bonito lo de los auditorios, un marco incomparable, sonido inmaculado, bla, bla, bla… pero que me informen antes de sacar la entrada de cuales son mis derechos y obligaciones. Puede que los artistas exijan más de la cuenta o que los organizadores consideren de lo más cool este tipo de inventos, pero el que paga es el que manda, y el que manda dice MÚSICA PARA TODOS.

Viernes 1 de mayo: Un viajecito a Murcia de lo más placentero. Primera parada, la sede del festival. A hacer cola y rezar, porque PJ Harvey y John Parish lo valen. Poco antes de las 2 de la tarde, aguacero descomunal. Gente empapada hasta los huesos y la taquilla que no abre. Y cuando abre la fila no avanza. Porque (primer y grave defecto organizativo) solo hay una ventanilla para repartir pases y canjear pulseras. Y así, nos dan las uvas. Y nos dieron, qué duda cabe, pero al menos tenemos la puta entrada del auditorio. Misión cumplida (o eso creímos). A casita a comer.

De regreso al recinto de La Fica con la hora un poco justa, por culpa de contingencias varias. Y en la entrada al festival, caos. Información nula, accesos no señalizados, a chupar otro desastre de cola y el concierto del día a punto de empezar. Por fin dentro y con todo en regla, la puerta del auditorio se cierra ante nuestras narices. “Aforo completo” dice un segurata. ¿¿Cómo??. La gente se enciende. “No, con el concierto ya empezado no se puede entrar” apunta otro. La gente se sigue encendiendo. Empieza a sonar “Black Hearted Love”, la pantalla gigante habilitada en el SOS Club ya arroja imágenes del show. Minutos de incredulidad, crispación y protesta, lo nunca visto. Las penalidades que hemos pasado para esto… Al final accedemos, pero con un mosqueo supino y la mitad del concierto en la basura. Y aunque Polly Jean lo está dando todo (“Taut”, “Leaving California”, “Pig Will Not”, “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go”, “April”, “Cracks in the Canvas”), exhibiendo sus superdotados recursos vocales al amparo de una increíble banda comandada por el elegante Parish, el sabor es agridulce. La sensación es de “vaya mierda de festival”.

Salimos del auditorio, intentemos arreglar la cosa. Demos una vuelta, busquemos música en directo, metámonos en el ambiente y relajémonos. Optamos por las suecas Those Dancing Days: espesas como el alquitrán. Nos vamos a ver qué hace Duffy: fláccida y gelatinosa. Esto no hay quien lo arregle. ¿Quizá The Prodigy?. Porque está claro que Pete Doherty no va a ser. Incomprensiblemente, Babyshambles gustan más cuantos más son los cargos penales y peor son las canciones. Enhorabuena, Pete: has clavado dos punteos difíciles y parece que esta vez te sabes la letra. En tu estado comatoso, poco más se te puede pedir.

The Prodigy son el segundo plato fuerte del (flojo) día. Pero tampoco arreglan nada. Tras diez años sin dedicarles ni un minuto, “Breathe”, “Firestarter” y “Smack My Bitch Up” (la mejor, sin duda) intentan volver a florecer, pero se chuchurren en un conjunto saturado, lineal, exento de sorpresas, donde las luces siempre son rojas y azules y todo suena igual. Otros para los que su momento ya pasó. Vámonos a dormir, que por hoy ya está bien de penar.

Sábado, 2 de mayo: Hoy es un día extraño. Mientras todos tienen en su cabeza el Madrid-Barça, yo solo tengo en la mía al hombre del espacio. A la porra The Matthew Herbert Big Band, hemos convenido por consenso después de la odisea de ayer. Pero lo que son las cosas, entramos al recinto y comprobamos que las puertas del auditorio están abiertas y desiertas, y que un colega reparte tickets y nos invita a entrar. Pues, p´adentro se ha dicho. Ahí está el loco Herbert, haciendo sus típicas y encantadoras locuras; pasando por la batidora los sonidos de la Big Band (la banda de jazz más gamberra y locuela de la historia), creando un magma que lo cubre todo, entre lo retro y lo vanguardista, con enorme imaginación y sentido del humor. Espectáculo bizarro e impagable. Antes de que acabe (y con gran dolor de corazón) hay que abandonar; pre-calentamiento para flotar en el espacio.

Spiritualized son la razón de que yo esté aquí, así que hay que entregarse en cuerpo y alma. Gracias, obsesión futbolera: escenario Estrella Levante semi-desierto y Jason entero para mí. Su música (sobre todo en directo) me hace levitar; esta vez no podía ser menos. Solo hay que dejarse llevar por las olas, ese tempo contenido que desemboca en furiosa marea sin inflexión notable, con continuidad. Ejemplo claro de lo dicho son las grandiosas “Shine a Light” o “Take Your Time”. Un repertorio de chuparse los dedos, con las habituales de Spacemen 3 (“Walking with Jesus” y “Take Me to the Other Side”), con cera eléctrica (“You Lie You Cheat” y “Cheapster”), con la emotiva “Soul on Fire” (mucho mejor en vivo y en bruto), con un impactante sorpresón añejo (“Lay Back in the Sun”, comienzo de la levitación) y con los dos inmensos himnos de la navegación galáctica (“I Think I´m in Love” y “Come Together”). Y de postre, cinco minutos de mutilación sónica, ruido y furia, desbarajuste y llamaradas, J Spaceman estrellando el mástil de la guitarra contra el micrófono, los pies a varios centímetros ya del suelo… El jodido está vivito y coleando.

Tras el aterrizaje, dos reflexiones consecutivas: 1) Obligatorios en el Primavera Sound. 2) Hay que recuperarse del trance. La segunda reflexión me lleva a pasar de Russian Red, de Keane, de Second y de todo lo sonable, a apoltronarme en un puf en la currada zona chill-out del SOS Club, y a ver pasar la vida festivalera por delante. Y de repente me doy cuenta de que es el primer festival (y llevo tropecientos) en el que no voy corriendo de un escenario a otro con el ansia, en el que ni siquiera miro el planning del día, en el que me importa un bledo quien esté tocando acá y allá. Un festival desde el otro lado. El espacio SOS Club se convierte en un paraíso singular, con su coqueto mobiliario, la música de los DJs griegos y el efecto narcoléptico del agua en movimiento. Y entre ganduleo, fotos y risas, llega la hora de Underworld.

Con permiso de los hermanos químicos, Underworld son a la música electrónica lo que Plácido Domingo a la ópera. Todavía arrastro las secuelas del impacto sufrido en Benicasim hace cuatro años. Pero qué cracks, vuelven a superarse. Los tubos aerostáticos se inflan y comienza el desenfreno. Karl Hyde se ha dejado pelo, se ha engalanado con una chaqueta de lentejuelas que echa chispas, se vuelve del revés bailando en una hiperactividad más contagiosa que el virus de la gripe A. Esto sí que es una pandemia de alerta 5; cuerpos que botan, brazos que se elevan, pies que se pisan. Y no faltan las buenísimas: “Cowgirl”, “King of Snake”, “Born Slippy”, “Two Months Off”... Requetetemazos. Y los tubos desaparecen, y aparecen luces mutantes, y las luces viran en imágenes, y de no se sabe donde surgen globos gigantescos que vuelan sobre nuestras cabezas. Y todas las fiestas vividas, habidas y por haber se quedan en mantillas: ésta es la madre de todas las fiestas. Así que es normal que después nadie quiera irse a dormir, hay que seguir. Con los 2 Many DJs o con Matthew Herbert DJ, lo mismo da. Al final, por cortesía, hay que abrazar la sesión de Herbert, que en su afán de pinchadiscos airea las mismas maneras tecnócratas que en su faceta de músico. Un gran alquimista del sonido, que tampoco hace ascos al tribalismo, a la música disco petarda o al propio James Brown (gran fin de sesión).

Adiós a otro festival. Un festival inaugurado con desastre y finiquitado con buen sabor de boca. Aunque me quedo con la duda de qué pinta la idea de sostenibilidad en un mundo de organismos hasta el culo, comida basura, despilfarro energético, contaminación acústica y montañas de residuos en el suelo.

Crónica dedicada a toda la ONG.

A Carmen: gracias por las fotos.


19 abril 2009

RETROSPECTIVAS

CROSBY, STILLS & NASH. Crosby, Stills & Nash.

Joyas de los sesenta (3ª parte).

Quedó prometido. Ha llegado la hora del homenaje a otro supertrío de los sesenta, el formado por David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash. Su carácter de trío fue intermitente y estacional, convertidos en cuarteto por periodos con la incorporación del donante de la Y (¿hace falta nombrarlo?). Pero ahora toca hablar de los sesenta, y este debú data del prolífico y espectacular 1969. Eran los inicios, y en el inicio eran tres, reunidos en huida hacia delante por desavenencias (Crosby-The Byrds), rupturas (Stills-Buffalo Springfield) y antojo aventurero (Nash-The Hollies). Su primer álbum es una auténtica joya de finales de la gran década, un monumental espectro de melodías y armonías, su especialidad. Y es que hay un santo y seña de CSN: las voces, la triple armonía, la perfecta conjugación de timbres y el valor añadido que aporta a la canción. “You Don´t Have to Cry” o “Helplessly Hoping” son sobresalientes de por sí, pero los cantores las hacen refulgir de tal modo que parece que el mensaje es de todos, para todos, demandando implicación.

“Crosby, Stills & Nash” (69) es un mercadillo sonoro de preciosos abalorios musicales, donde el folk, el blues y la psicodelia se venden muy económicos. Las unidades se combinan y ensartan, y nacen grandilocuentes piezas (“Wooden Ships”, “Long Time Gone”) de estribillos imponentes, rapsodias con final festivo (“Suite: Judy Blue Eyes”), memorandos joviales y hedonistas (“The Marrakesh Express”, “Pre-Road Downs”) o baladas de lagrimita fácil (“Guinnevere”, “Lady of the Island”).

Y ahora viene un atrevimiento, un pseudo suicidio verbal que provocará discrepancias y levantamientos varios: las posteriores correrías como CSNY, con la aportación del genuino e intocable de la Y, tuvieron sus innegables momentos de genialidad. Pero no hay ningún álbum como cuarteto que supere la benevolencia y hondo calado de éste.

www.crosbystillsnash.com

16 abril 2009

DISCOS

AIDAN MOFFAT & THE BEST OFS. How to Get to Heaven from Scotland.

Abstracciones de lagos y tierras altas.

Oh, Escocia. Hermosa tierra de duendes, lagos y verde, donde el paisaje y la poesía se confunden, donde las luces y las sombras se baten en duelo. No es difícil alcanzar el cielo desde Escocia; descubrirla es (fue no hace mucho) un placer de los que dejan huella. Recuerdos, cuántos recuerdos. El vértigo gravitatorio desde el castillo de Culzean y los bucólicos rincones que inspiraron a Walter Scott. Las leyendas heroicas de William Wallace y Robert The Bruce supurando por los rincones de Stirling, y el firme decorado sin actores del idealista Robert Owen en New Lanark. El inmenso e intrigante lago Ness y la grisácea Inverness. La isla de Skye, paraíso salvaje, y el fantasmagórico castillo de Eilean Donan. La rueda de Falkirk, colosal invento ingenieril. La majestuosidad de Edimburgo desde la colina de Carlton y el calor humano en la coqueta Royal Mile. Etc, etc.

Aidan Moffat, escocés de pro, se afianza en el remanso emocional del que ahora es inquilino. En este trabajo, definitivamente al margen de Malcolm Middleton, lanza un brillante alegato al amor. Gruñendo menos y cantando más, alcanza su mejor marca de “loves” por minuto. Si la música de Arab Strap evocaba la negrura y suciedad de Glasgow, este disco capta en cinemascope las bondades de otra Escocia: la de los gloriosos despertares en medio del campo (“Living with You Now”); la de las risas amistosas de cerveza y whisky en las tabernas (“Oh Men!”, “The Last Kiss”); la de las ruinas envueltas por la música de la naturaleza (“My Goodbye”); la de los imponentes riscos y acantilados (“A Scenic Route to the Isle of Ewe”); la de las densas brumas que descansan en la superficie de los lochs (“Lullaby for Unborn Child”). Solo hace falta haber estado allí y dejar que la imaginación vuele. Sin gaitas, pero scottish 100%. Y por encima de todo, soberbio.

www.aidanmoffat.co.uk


05 abril 2009

RETROSPECTIVAS

CREAM. Disraeli Gears.

Joyas de los sesenta (2ª parte).

He aquí otra de las bandas y de los discos imprescindibles de los 60, en este homenaje que seguimos haciendo a la década prodigiosa. El supertrío británico formado por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker supuso una influencia indiscutible en el devenir del rock, unido al blues por la vía de la asociación. Contar con uno de los mejores guitarristas de la época y de todos los tiempos tuvo su importancia; de hecho, las guitarras de Clapton asientan cada pieza e interpretación del grupo, dotándolas de peso y volumen.

“Disraeli Gears” (67), su segundo trabajo y el de mejores ratios de aceptación, supone la definición de su personalidad, aglutinando mayoritariamente composiciones propias. Solo la melodía tradicional “Mother´s Lament” y “Outside Woman Blues” pueden considerarse enteramente como fondos ajenos. Un disco de absoluta concisión, en el que no hay rastro de los desarrollos abigarrados y eternos que caracterizarían a posteriori sus directos. Un disco luminoso en el que por encima de las exhibiciones instrumentales priman las canciones. El influjo primario del blues se mantiene en “Take It Back”, se entreteje con brumas psicodélicas en “Strange Brew”, “World of Pain” y “Tales of Brave Ulysses”, se diluye finalmente en piezas asombrosas como “Dance the Night Away” o en “We´re Going Wrong”, con esa narcótica secuencia rítmica de Baker. Un Baker que también hace sus pinitos como autor en la populachera “Blue Condition”, que incita al paralelismo mental con “Rainy Day Women #12 &35” de Bob Dylan, publicada solo un año antes. Por su parte, el estilo de “Swlabr” pavimenta el camino por el que han de circular no mucho más tarde Led Zeppelin o Deep Purple.

“Sunshine of Your Love” quizá sea el tema estrella. En él se palpa lo dicho al inicio de este post: la densidad y aguante que propagan las guitarras, básica materia prima, capaz de elevarlo por sí solas a la categoría de clásico impertérrito. Y es que Cream nacieron con la vitola de clásico, y cuarenta años después lo siguen siendo. Y hablando de supertríos, próximamente cruzaremos el charco y dedicaremos unas líneas a otro.


04 abril 2009

REPORTAJES


MUJERES EN UN MUNDO DE HOMBRES.

La perspectiva de género en el rock.

Mujeres. “It´s a man´s, man´s world”. James Brown lo cantaba a todo pulmón. El rock y sus variables, en definitiva la música contemporánea, es un mundo de hombres. Por la dedicación y proliferación de los mismos, más que por la existencia de barreras insalvables o injustas. Sin embargo, ha habido, las hay y las habrá, mujeres impecables, imprescindibles, que han sabido abrir sus alas entre el maremagnum de la masculinidad. Desde los viejos tiempos; desde los arrebatos a todo pulmón de Odetta. Desde aquellas damas de color que entre los 40 y los 60 pusieron sus eternas voces al servicio del deleite: la elegancia de Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald o Dinah Washington, la profundidad y el compromiso de Nina Simone, el halo maldito de Billie Holiday o la sensualidad de Betty Carter; el ilimitado festival de Aretha Franklin (foto 1), y muchas otras, como Etta James, Carmen McRae, Anita O´Day o Mavis Staples. También las hubo que se agruparon en vistosas corales de inmaculada coordinación: The Supremes, The Marvelettes, Martha & The Vandellas, The Shirelles o The Ronettes.

Las mujeres empezaron su levantamiento en el mundo del jazz, el blues y el soul, pero pronto tomaron el fuerte del folk y las músicas tradicionales: Joan Baez, Maria Muldaur, Joni Mitchell, Linda Thompson, Sandy Denny, las hermanas McGarrigle o Vashti Bunyan lo ejemplifican. Pero también los 60 fueron testigo de la irrupción magnética de la mujer en el rock, con esplendorosas gargantas como la de Grace Slick, o con monstruos de fuego como Janis Joplin (foto 2). Otras figuras emergieron de submundos místicos y chic, como Nancy Sinatra, Marianne Faithful o Nico.

En los 70 la emergencia de las divas ya estaba en apoteosis, en todos los estilos; en el country (Emmylou Harris), en el pop (Carole King), incluso en el rock más trasgresor, con una de las figuras femeninas más grandes e influyentes: Patti Smith. De ellas toman el relevo las grandes intérpretes de la generación del cincuenta y tantos: Rickie Lee Jones, Victoria Williams, Mary Chapin Carpenter, Shawn Colvin, Mary Lou Lord o Lucinda Williams.

Echémos un vistazo a los 80: la mutación ideológica y urbana alumbró un ramillete de mujeres dignas en lo musical y únicas en lo estético. Oscuras como Siouxie Sioux, Diamanda Galás o Elizabeth Fraser, horteras como Deborah Harry, Cyndi Lauper o Alison Moyet, espectrales como Kate Bush, arrolladoras como Chrissie Hynde, introspectivas como Maria McKee o Suzanne Vega, coloristas como Kate Pierson y Cindy Wilson. Y el final de los 80 se confunde con los primeros 90. Década ésta abundante en mujeres de fornida personalidad, solas, agrupadas o en compañía de hombres (que lejos de degradarlas las embellecían). Los comienzos tortuosos de Lisa Germano, PJ Harvey, Tori Amos o Chan Marshall (foto 3). La afectación grunge de Liz Phair y Juliana Hatfield. El furor intestinal de Kristin Hersh, Tanya Donelly, las hermanas Deal, Cristina Martínez, Carla Bozulich o Thalia Zedek. El caleidoscopio nórdico de Björk. El buen gusto de Carla Torgerson, Heather Nova, Natalie Merchant y Tracey Thorn. El pulso indescifrable de Beth Gibbons. La dulzura y calidez de Beth Orton y Hope Sandoval .

Muchas de las mujeres mencionadas hasta ahora conviven en este nuevo siglo con las nuevas hornadas de féminas creativas, que firman y guardan a buen recaudo su herencia, aportando además otro granito de arena a la historia. El abanico de ángeles del nuevo folk y el nuevo country es interminable: Joanna Newsom, Alela Diane, Juana Molina, Jolie Holland, Jesse Sykes, Laura Veirs, Rosie Thomas, Josephine Foster, Nina Nastasia, Kimya Dawson… Hay mujeres con mundos sensibles y soterrados, en los que a veces ruge un terremoto: Scout Niblett, Regina Spektor, Shannon Wright, Martha Wainwright, Tara Jean O´Neil o Rose Kemp. Las hay que beben del clasicismo, evocando y recordando a las leyendas del pasado, como Dayna Kurtz, Basia Bulat, Jenny Lewis, Joan Wasser o Madeleine Perroux. También las hay que cotizan por su propio peso sin necesidad de hacer horas extra, como Neko Case (foto 4) y Leslie Feist. Y las hay que prefieren expandirse, experimentar y abandonar el presunto canon, como Shara Worden o Natasha Khan.

Por cierto, en la vertiente francófona también hay mujeres que se autoproclaman estrellas con sus canciones en estos tiempos. Es el caso de Françoiz Breut (foto 5), Camille, Coralie Clément, Helena Noguerra, Valerie Leulliot o Keren Ann (cantando mayoritariamente en francés), y de Annelies Monseré o Melanie Valera (haciéndolo en inglés). Su trayectoria se enfila en una senda abierta por la estela de brillantísimas antecesoras como Françoise Hardy, Jane Birkin o Brigitte Fontaine.

¿Y en nuestro país?. La búsqueda es menos dichosa, pero hay interesantes mujeres a las que seguir la pista. Como la infatigable Christina Rosenvinge, hecha a sí misma a través del trabajo y el tiempo. La voz y la dicción de Patricia de la Fuente son una pequeña delicia auditiva. El desparpajo de Lidia Damunt le vale un jaque mate en la escena nacional. Y qué decir del ardor y la contundencia de la gran Ainara LeGardon.

Este es un reportaje sobre mujeres, de homenaje y admiración, absolutamente exento de voluntad reivindicativa. Que conste.

01 abril 2009

AGENDA

ABRIL Y MAYO: TRABAJO DE CAMPO.

Agenda consolidada de primavera.

El pasado marzo decíamos que iba a ser difícil configurar las agendas de los meses venideros. Pues bien, no es que haya sido fácil la cosa, pero la investigación y el aperturismo de sentidos da su fruto. Podemos afirmar que en el negocio, la herida no es mortal. Y por cierto, antes de entrar en materia, mentémos buenas noticias: La Riviera reabre sus puertas. Claro que si luego no hay bandas para llenarla…

Pasémos a los acontecimientos de los próximos dos meses (giras y festivales).


SOUTH POP FESTIVAL- 2, 3, 4 y 5 abril. Sevilla. Teatro Alameda.
Kurt Wagner, Françoiz Breut, Nacho Vegas, Christina Rosenvinge, Pleasant Dreams, Underwater Tea Party, Russian Red, Lidia Damunt…

AC/DC- 2 abril. Madrid. Palacio de los Deportes.
4 abril. Bilbao. Bizkaia Arena.

FRANZ FERDINAND- 2 abril. Bilbao. Pabellón La Casilla.
3 abril. Madrid. Palacio de los Deportes.
4 abril. Atarfe (Granada). Coliseo.

MANDO DIAO- 2 abril. Barcelona. Apolo.
3 abril. Madrid. Palacio de los Deportes.
5 abril. Bilbao. Café Antzokia.

FRANÇOIZ BREUT- 2 abril. Algeciras. Escuela Politécnica.
3 abril. Sevilla. South Pop Festival.
4 abril. Murcia. 12 & Medio.
5 abril. Tarragona. Sala Zero.
6 abril. Barcelona. Be Cool.
7 abril. Zaragoza. Teatro Principal.

THE RUBY SUNS- 3 abril. Valladolid, Café Teatro.
4 abril. Madrid. Moby Dick.
5 abril. Barcelona. La (2).

ELVIS PERKINS- 7 abril. Madrid. El Sol.

MUÉVETE WEEKEND- 16, 17, 18 y 19 abril. Zaragoza. Oasis y La Lata de Bombillas.

The Wave Pictures, Clem Snide, Tachenko, El Columpio Asesino, Lori Meyers…

THE WAVE PICTURES- 18 abril. La Coruña. Fundación Caixa Galicia.
19 abril. Zarautz. Gazteleku.
20 abril. Valladolid. Colegio Mayor Peñafiel.
21 abril. Huelva. Gran Teatro.
22 abril. Algeciras. Universidad.
23 abril. Valencia. Octubre.
24 abril. Granada. La Industrial Copera.
25 abril. Madrid. Neu! Club.
26 abril. Mallorca. Teatro de Lloseta.

CLEM SNIDE- 20 abril. Madrid. Moby Dick.
21 abril. Cádiz. Aulario de la Bomba.
22 abril. Elche. Centro Cultural Escorxador.
23 abril. Barcelona. La [2].
24 abril. Bilbao. Café Antzokia.
25 abril. Mallorca. Teatre Lloseta.
26 abril. Santoña. Club Tropicana.

DAVID BYRNE (en la foto)- 27 abril. Madrid. Teatro Lope de Vega.


SOS 4.8 FESTIVAL- 1 y 2 mayo. Murcia. Recinto Ferial.
PJ Harvey & John Parish, Spiritualized, Matthew Herbert Big Band, Underworld, The Prodigy, The Wombats, Babyshambles, Keane, Mäximo Park, Those Dancing Days, Duffy, Russian Red, Peaches, CatPeople, El Guincho.


FESTIVAL DO NORTE- 1 y 2 de mayo. Villagarcía de Arousa (Pontevedra).
Love of Lesbian, Manos de Topo, Cuchillo, Extraperlo, La Buena Vida, The Rumble Strips, The Whip.


ANTONY AND THE JOHNSONS- 5 mayo. San Sebastián. Kursaal.
7 mayo. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
11 mayo. Madrid. Palacio de Congresos.


AZKENA ROCK FESTIVAL. 14, 15 y 16 mayo. Vitoria. Recinto Mendizabala.
The Black Crowes, Alice Cooper, The Breeders, Wovenhand, Eli “Paperboy” Reed, The Zombies, Elliott Brood, Fun Lovin´Criminals, The Soundtrack of Our Lives.


ANDREW BIRD. 22 mayo. Valladolid. Véral.

23 mayo. Madrid. - Neu! Club.

THE NEW YEAR. 28 mayo. Valladolid. Véral.

29 mayo. Vitoria. Jimmy Jazz.
31 mayo. Madrid. Neu! Club.

PRIMAVERA SOUND. 28, 29 y 30 mayo. Barcelona. Parc del Forum.
Neil Young, My Bloody Valentine, Spiritualized, Sonic Youth, Yo La Tengo, The Jayhawks, Andrew Bird, Aphex Twin, The New Year, Jason Lytle, Jarvis Cocker, Liars, Herman Dune...

22 marzo 2009

RETROSPECTIVAS

DONOVAN. Sunshine Superman.

Joyas de los sesenta (1ª parte).

Reinventarse o morir. Nace un nuevo formato: series de retrospectivas. La primera tiene que ver con los años 60, década evocadora donde las haya. Volcarse en ella de vez en cuando es un ritual obligatorio, amén de un placer indescriptible. El elegido para el estreno es Donovan, toda una figura del periplo, referente inmediato que, por razones diversas, nunca ha sido tratado con la deferencia debida. Al menos no con la devoción con que la historia trata a otros paisanos coetáneos (ejemplo: The Beatles y The Rolling Stones). Mucho le deben, sobre todo los primeros. Y no solo unas clases amistosas de punteo a la guitarra.

“Sunshine Superman” (66) alumbra la primera inflexión en la carrera de Donovan: del folk a la psicodelia. Juegos de palabras, mitología, historias caballerescas, referencias a las drogas; temática copiosa y muy pulida. Producción generosa pero no rimbombante; abundan tablas y sitares, violines, clavicordios, aunque el resultado es ligero como una pluma. Los mantras aparecen en “Three King Fishes”, “Ferris Wheel” y “The Fat Angel” (las peregrinaciones a la India, sin embargo, vendrían después). El folk sigue coleando, si bien adornado en “Legend of a Girl Child Linda”. El jazz se cuela en el remate de la grasienta “Bert´s Blues”, dedicada a su colega Bert Jansch, otra eminencia del folk británico. En “Guinevere” el escocés recrea a la perfección la melodía y los viejos instrumentos medievales, y en “The Trip” borda un blues de marca mayor. La preciosa “Celeste” cierra el álbum (ojo, edición americana), con las estrofas enmarcadas con gusto exquisito entre acordes (gran voz la de este tipo, suave, efervescente o agitada según se tercie), contagiando aquella mitificada y extinta sensación hippie de paz. Aunque lo mejor del álbum quizá sean los dos cortes que abrían sendas caras (sí, recordemos: los vinilos tenían haz y envés). “Sunshine Superman” inauguraba la primera, con su ritmo chispeante y pegadizo. Y “Season of the Witch” (hay versiones a espuertas, pero nada como escuchar la original), hacía lo propio con la segunda, no peor por llamarse B, digamos que hasta mejor.

Súper-cantante, excelente guitarrista y mejor poeta, no puede haber recopilación sesentera que se precie sin Donovan Phillips Leitch. Quizá por eso suele estar en todas. Y en esta también, faltaría plus.

www.donovan.ie

20 marzo 2009

DISCOS

M.WARD. Hold Time.

Pastoral americana.

En el mundo del rock está bien claro quién es quién. Están los músicos y los payasos. Están los “sudasangre” y los vividores. Están los auténticos y los impostores. Matt Ward está entre los primeros en todas las dualidades posibles. Y “Hold Time” (2009) no hace más que confirmar sus prerrogativas, que ya no son simplemente las de un aceptable singer-songwriter, un muchachuelo del norte con ganas de haber nacido en el sur. En “Hold Time” convoca a las almas del acabóse americano y todas acuden a su llamada: Woody Guthrie, Buddy Holly, Little Richard, Johnny Cash, Gram Parsons, Roy Orbison, Howe Gelb… Sí, hombre, ¿por qué no meter a Howe Gelb en este saco de impepinables?. Al fin y al cabo ya es una leyenda, y M.Ward se mueve en la pomada gracias a él (y a sus dotes; puede haber éxito sin padrino, pero no sin dotes). De las buenas enseñanzas siempre queda poso; como el dueto con Lucinda Williams en “Oh Lonesome Me”, que tanto recuerda al tutor y su pasado mano a mano con otra Williams, Victoria. Pero el pupilo ya es mayor de edad, viaja solo y es tan capaz de versionar con absoluto tacto (“Rave On” o la ya mencionada “Oh Lonesome Me”) como de componer variopintas piezas nacidas para la gloria (“For Begginers”, “Hold Time” o “Stars of Leo”). Un nómada con una mochila llena de historia, trotando por los caminos, buscando el sonido de la verdadera voz de América.

www.mwardmusic.com

19 marzo 2009

DISCOS

THE WAR ON DRUGS. Wagonwheel Blues.

Addenda a 2008.

Todos los años pasa lo mismo; cuando ya has cerrado el candado del ejercicio anterior emergen deudas que hay que imputar obligatoriamente al ejercicio en curso (frase adaptada por deformación profesional). Y llega la duda: ¿disco actual o retrospectiva?. No hay que ser cuadriculados ni científicos. El tiempo es inacotable. Así que lo mismo da descubrir a The War on Drugs hoy mismo o hace meses. La única puñeta es haberlos descubierto recién finiquitada su gira española.

“Wagonwheel Blues” (2008) es todo un descanso; es de esas cosas de las que has leído hasta la saciedad, sujetas a análisis ajeno y expuestas a suspicacias extremas. La música de hoy, los nuevos grupos de hoy, todo es fuente de suspicacia, porque hay que ser realistas, la rueda se paró hace tiempo y la novedad es un bien escaso (y de primera necesidad). Hay que escudriñar para encontrar algo que abra nuevas dimensiones, que impacte como es debido. Estos tipos de Filadelfia no son los Curie ni Graham Bell, pero al menos han facturado un disco de los que pellizcan la carne. Su rock clásico está lleno de texturas y éter, como un casamiento feliz entre Bob Dylan y The Velvet Underground. Hay canciones majestuosas (“Taking the Farm” y “There Is No Urgency” tienen premio), envolventes impasses instrumentales, ejercicios de aguante en la onda progresiva y un mensaje adulto y solemne. Es solo un disco de nueve cortes, una obra compleja a medio cocer, el dubitativo debú del principiante, pero es una infusión de auténtica esperanza. La esperanza de una digna descendencia para los viejos.

www.thewarondrugs.net

03 marzo 2009

DISCOS

CLEM SNIDE. Hungry Bird.

Retorno al rock en sociedad.

No hace ni dos años que Eef Barzelay hablaba de su segundo disco en solitario radiando a la vez el final de Clem Snide. Poco tiempo desde entonces, las diferencias rápidamente limadas (que aprendan otros) y “Hungry Bird” (2009) que ve la luz después de meses en el armario de los trastos. La reunión parece que va en serio y no es solo un apaño para sacudir material atrasado: en abril estarán girando ampliamente por nuestro país. Una noticia más de grupos que van y vienen, si no fuera porque Barzelay es un compositor de pedigrí y en “Hungry Bird” alcanza un nivel sobresaliente. El comienzo con “Me No” es de flechazo; la cuarta mano portadora de un testigo puesto en marcha por Neil Young, traspasado a REM y recogido después por Wilco. “Born a Man” es elegancia mayúscula para sala de té en un hotel de cinco estrellas. Gran canción también “Hum”; Jeff Tweedy la hubiera comprado sin duda para “Yankee Hotel Foxtrot” o “A Ghost Is Born”. “The Endless Ending” tiene duende, sí, el del flamenco. “Our Time Will Come” y “Beard of Bees” reconcentran la atmósfera de Nashville (ciudad de referencia vital), con mensajes que van del pesimismo decandente (“it´s true, our time will come long after we die”) a la romanticona obviedad (“when you´re here with me that´s the only time that I feel free”). Y después está la divina y larguísima “Pray”, con su alegría sumergida, sus coros y falsetes, y su enigmática curva final. Un espléndido disco que justifica el examen de conciencia, la ingestión del orgullo y el volver a empezar.

www.clemsnide.com

01 marzo 2009

AGENDA

MARZO: CONFIRMACIÓN DE PREDICCIONES PREDECIBLES.

Viene un tiempo (de crisis).

Ya lo decía Neil Young: “Viene un tiempo…”. A lo que Tomás, estimado compañero de trabajo y desayunos, añade: “…de crisis”. En efecto, la recesión se ceba notoriamente con el mundo de la música, más en concreto, con el de los festivales. El rumor a voces se confirma: este año no hay Summercase y posiblemente ningún otro evento made-in-Sinnamon. La coyuntura lo pone a huevo para echar la culpa a la economía mundial, pero lo de Sinnamon no es asesinato, sino suicidio. Al final los únicos festivales veraniegos que subsisten con honor son los veteranos (FIB, Primavera Sound, Sónar, Azkena Rock), fondos de garantía para sponsors. Y algún otro, todavía en su tierna infancia, como el Estrella Levante SOS 4.8. (PJ Harvey & John Parish, Mathew Herbert Big Band, Spiritualized, The Prodigy, Underworld, Los Planetas, Babyshambles, Duffy, Keane..etc), que crece a contrapelo de los vientos críticos. A los festivales modestos, especialmente en el nordeste peninsular, el rebufo del embargo tampoco les llega. Ejemplo: In-Somni, Let´s Festival y Minifestival, tres festivales, tres, celebrados en un mismo mes (febrero) en una misma provincia (Barcelona). Está claro que la escasez no es un problema de mutación financiera, sino más bien de astucia nula.

Y citar a Neil Young al principio ha venido que ni al pelo: el notición de fin de mes ha sido su fichaje por el Primavera Sound 2009. Así que los que se quedaron sin verlo en el centro comercial de Arganda, por pereza o por ética, tendrán su merecida recompensa. Otros nombres anunciados para el festival barcelonés: My Bloody Valentine, Spiritualized, The Jayhawks, Yo la Tengo, Sonic Youth, Michael Nyman, A Certain Ratio, Throwing Muses, Aphex Twin, Andrew Bird, The Magnolia Electric Co., Bowerbirds, Bat for Lashes, Damien Jurado, Magik Markers. Como siempre, sentando cátedra.

Parece que la (presunta) crisis (musical) también afecta a las giras; antes había que cribar para componer las agendas, ahora hay que sudar para lo mismo. En marzo la oferta no está mal, pero si la cosa no vira costará hacer las de abril y mayo. El que avisa no es traidor.

THE SCRIPT- 2 marzo. Barcelona. Apolo.
3 marzo. Madrid. Heineken.

TELEVISION PERSONALITIES- 4 marzo. Barceelona. Apolo.
5 marzo. Madrid. Heineken.

BUZZCOCKS- 4 marzo. Madrid. El Sol.
5 marzo. Bilbao. Antzokia.
6 marzo. Zaragoza. La Casa del Loco.
7 marzo. Valencia. Mirror.
8 marzo. Castellón. Auditori.

JONATHAN RICHMAN- 7 marzo. Madrid. Neu!.
10 marzo. Barcelona. La (2).
14 marzo. Murcia. Auditorio Victor Villegas.

THE SPINTO BAND- 9 marzo. Madrid. Moby Dick.
10 marzo. Barcelona. Razzmatazz.

JOSÉ GONZÁLEZ- 10 marzo. Barcelona. Festival del Mil-lenni.
11 marzo. Málaga. Teatro Cervantes.
12 marzo. Madrid. Joy Eslava.

THE WAR ON DRUGS- 10 marzo. Madrid. Heineken.
11 marzo. Vigo. La Fábrica de Chocolate.
12 marzo. Bilbao. Rockstar.
13 marzo. Barcelona. Mephisto.

STIFF LITTLE FINGERS- 12 marzo. Bilbao. Antzokia.
13 marzo. Madrid. Joy Eslava.
14 marzo. Barcelona. Apolo.

THE SISTERS OF MERCY- 12 marzo. Barcelona. Razzmatazz.
14 marzo. Madrid. La Riviera.

MATT ELLIOTT- 14 marzo. Valladolid. Café Teatro.
15 marzo. Tarragona. Trono.
19 marzo. Gijón. Acapulco.
20 marzo. Zaragoza. La Lata de Bombillas.
21 marzo. Barcelona. Sidecar.
26 marzo. Vitoria. Jimmy Jazz.
27 marzo. Castellón. Sala por confirmar.
28 marzo. Madrid. Neu!.

Para terminar, el adiós definitivo a dos míticos personajes de la música que nos dejaron últimamente: Ron Asheton (The Stooges) y Lux Interior (The Cramps).

27 febrero 2009

RETROSPECTIVAS

LOW. Long Division.

El credo del minimalismo.

Soberbios. Solemnes. Sepulcrales. Low hielan la sangre. “Long Division” (95) emerge de las criptas del corazón, con el fulgor de un alma ataviada con una insignificante hoja de parra. Su entero curriculum es un profundo escalofrío; he aquí una de sus páginas más intensas y leídas. Un álbum donde la desnudez del grupo se exhibe, impúdica y orgullosa, haciendo honor a la máxima de “menos es más”. Los veo, los oigo y pienso: “Yo también puedo ser músico”. Si me aprendo tres acordes, si me compro un tambor… Pero no; la magia a cámara lenta que brota de ellos no es obrera, sino espiritual. No son personajes, sino personas. Y está más que comprobado que la música que estremece de verdad es la que hacen las personas.

Este “Long Division” es el credo fundamental de una banda no apta para materialistas. En él, la guitarra y la percusión desfilan juntas, muy despacio, vestidas de luto, con velas encendidas contra la puesta de sol. No hay prisa; entre nota y nota hay tiempos eternos, rendijas por las que se cuelan las emociones inducidas, los valores vueltos del revés, las sensaciones de desatino cotidiano. Canciones que a veces son canciones, a veces plegarias, a veces escupitajos a la cara, impeliendo a la reflexión y a la reacción. Cuando canta él (“Swingin´”, “Turn”) hay escozor, ignominia e inquietud. Cuando canta ella (“Below & Above”, “Shame”, “See Through”) hay sosiego, calor maternal y esperanza. Cuando cantan los dos (“Violence”, “Throw Out the Line”, “Caroline”) hay equilibrio: el yin y el yang. Que estas dos fascinantes voces se hayan encontrado es un milagro. Que un disco tan humilde pueda sugestionar con esa fuerza es un misterio. Y “You May Need a Murderer” sigue en espera…

www.chairkickers.com


11 febrero 2009

CONCIERTOS

TINDERSTICKS. Madrid. Teatro Calderón. 9-2-2009.

El discreto encanto de la burguesía.

Tindersticks no son el prototipo de músicos a la moda; más bien se trata de un aplicado grupo de expertos, de nuevos románticos después de los nuevos románticos, de lobos esteparios con educación británica y acento burgués. Llevan años saliendo en la misma fotografía y el bouquet de su música está a salvo del paso del tiempo. Sin embargo, sus minutos de gloria se esfumaron, ya no son la actualidad, aunque sobrevivir, sobreviven, y con qué dignidad. “Pensábamos que ya nadie nos escucharía” decía Stuart Staples a propósito de su regreso. Al igual que ellos, el espíritu distinguido del oyente sobrevive, y aunque sin comprar todo el papel, Madrid se rindió a sus pies.

Para los que asistimos a su actuación en el pasado Primavera Sound, no hubo demasiadas sorpresas; se diría que fue una repetición de la jugada, solo que con menos ejecutores e infinito más respeto. Jugosas lonchas de recuerdos (“Dying Slowly”, “City Sickness”, “Sleepy Song”, “Say Goodbye to the City” y “She´s Gone”) entre dos grandes rebanadas de “The Hungry Saw” (2008). Variaciones en la formación: de aquella noche en Barcelona han volado las cuerdas, permaneciendo solo el violoncelo y los metales. El que también ha volado es Thomas Belhom, sustituido por un negro ciclópeo con ramalazos de batería de jazz. Variaciones en el repertorio: su reciente entrega sonó al completo, y los instrumentales, “The Other Side of the World” y “All the Love” coagularon la sangre en las venas. “City Sickness” y “She´s Gone” ocuparon el lugar de “Her” y “Travelling Light” como muestra de sus dos primeros y aplastantes trabajos. No obstante, “Her” se zambulló entre los bises (justo entre “Tiny Tears” y “My Sister”) protagonizando el segundo momento más fulgurante de la velada; el primero fue “Say Goodbye to the City”, que amenazó seriamente las cláusulas morales de decoro e inacción firmadas por los presentes. Y “Simple Pleasure” (99) quedó adocenado en el olvido.

Cada música tiene su momento y también su escenario. Al cuerno los festivales masivos; Tindersticks son huéspedes de honor de auditorios, atmósferas victorianas y templos de arte mayúsculo. Al raso su elegancia y hondura se evaporan. Saben diferente en una butaca, lejos del ruido, del humo y de la incómoda conversación ajena. El Teatro Calderón puede que no sea el espacio más cuco y remozado del mundo, pero el lunes se convirtió en el teatro de los sueños. Y los sueños, sueños son; en la calle está de nuevo la realidad, pero que la zurzan.

www.tindersticks.co.uk

08 febrero 2009

DISCOS

ANIMAL COLLECTIVE. Merriweather Post Pavilion.

Pop de grado superior.

El mundo es una sola voz. La crítica es terriblemente unánime. Animal Collective son la sensación del momento, y lo primariamente discutible ya no admite más discusión después de hincar el diente a este alucinante “Merriweather Post Pavilion” (2009). Aliémonos pues con el sentir general. Estos outsiders del pop han logrado poner su listón donde se les presuponía: en el Olimpo. En “Strawberry Jam” (2007) y el trabajo firmado en solitario por Panda Bear sonaban trompetas anunciadoras, pero faltaba el salto definitivo a la lucidez. La incomodidad de sus retorcidos caminos sonoros se convierte en un haz de luz y un estado de intenso bienestar con cada escucha de su nuevo álbum. Ya no impera el ruidito molesto ni la paranoia estructural, sino las saetas canturreadas por esas preciosas voces, que se pegan como la arena a la piel cuando acabas de salir del baño. Sinceramente, qué gozada.

“Merriweather Post Pavilion” recrea a unos Beach Boys de dibujos animados, sonados, inocentes y futuristas. Puede parecer pueril o de broma, pero ahí radica su encanto. La mística y profunda “In the Flowers” es como la puerta de un laberinto; una vez dentro no sabes lo que te vas a encontrar, ni cómo vas a salir. Al final el recorrido es tan alucinante que quieres repetir, sin duda. Porque es un disco de melodías brillantes (impepinables “Summertime Clothes” y “Bluish”), de sanísima diversión (“My Girls”, “Lion in a Coma” y “Brothersport” son toda una fiesta), de incuestionable poder espiritual (explícito en “No More Runnin” y el largo desenlace de “Daily Routine”). Incluso las más modestas (“Also Frightened” o “Guys Eyes”) tienen ese apunte, giro o explosión que las reivindica. Estamos ante uno de los álbumes del año y el año no ha hecho más que empezar. Un motivo poderoso para guardar fe en el 2009. Una efectiva pildorita para ignorar las sombras que se ciernen sobre el futuro.

www.animalcollective.org


04 febrero 2009

REPORTAJES

MENOMENA: VÉRTIGO CREATIVO.

Portland canta bingo.

31 de mayo de 2008. Barcelona. Primavera Sound. Escenario CD Drome. Menomena. Dos o tres canciones; huida lastimosa por culpa de Deerhunter. La mecha prendió; el fuego surgió después, en otro momento y en otra parte. De la experiencia quedó la siguiente impresión: “Arriesgados y exorcizantes, una apuesta veloz y única, se mueven en las ciénagas del post-rock y el kraut como pez en el agua, y son capaces de darse miedo hasta a sí mismos. Hay que dedicarles tiempo en un futuro”. Pues bien, los deberes están hechos y las promesas cumplidas.

Menomena son tres jóvenes músicos multiinstrumentistas de Portland, Oregón. Su música es difícil de catalogar o emparentar. Como efecto secundario del consumismo musical brutal y compulsivo, del enriquecimiento constante se llega a la saturación neuronal y auditiva, que dificulta la visión global, que impide establecer conexiones inmediatas y conscientes. Así pues, dolencia en su máximo rango, vale la renuncia de comparar a Menomena con otros fenómenos de su raza. De lo que no hay duda es de que esta música, esta jodida música excitante y volumétrica, bebe de todas las fuentes que se activan en su camino. Del krautrock, ¿por qué no?. Del jazz, claro que sí. Del techno, a veces. Aunque en definitiva es simplemente rock. En sus composiciones hay algo matemático, algo azaroso; algo mecánico, algo libérrimo. Son como un generador de canciones para nada estandarizadas, más bien atípicas, reñidas con la secuencia canónica estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-variación instrumental-estribillo. Son canciones que fluyen a su libre albedrío, pero ojo, sin perder jamás de los jamases su hilo argumental. Los elementos con los que juegan no tienen nada de extraterrestre, aunque sus grabaciones de estudio se basen en una herramienta desconocida y quizá muy divertida llamada Deeler (Digital Looping Recorder). Repito, los elementos no son la novedad: pulidas guitarras, bajos henchidos, ritmos desordenados, románticas melodías de piano y apuntes de saxo, básicamente. La autenticidad radica en la forma de utilizarlos, de combinar, acompañar, suceder y superponer esos elementos. El resultado causa una admiración extraterrena, un morbo intenso, un escalofrío de satisfacción.

Empecemos como empezamos, es decir, por el final. “Friend and Foe” (2007), es su último largo en circulación y el primero en traspasar las cáusticas fronteras yanquis. Con él consiguen su cuadro perfecto, el más accesible o el más interpretable. Un disco mayúsculo: melodías superiores, exhibiciones instrumentales, letras enigmáticas y títulos tan extraños como “El Pelícano”, “Barco Fantasma”, “Infierno Podrido” o “Abeja Malvada”. Un álbum que va creciendo en cada corte, perforando el cerebro. Cada una es mejor que la anterior hasta llegar al finiquito, la asombrosa “West”, que raya el nivel de Premio Nóbel convirtiéndose en una pieza de museo difícilmente superable. Soberbio y absorbente disco, que no engrosó lo mejor del 2007 en este blog por conocimiento a destiempo (y en la Rock de Lux por vete tú a saber qué). Anteriormente a él está el curioso “Under an Hour” (2005); una obra de tres instrumentales de dieciocho minutos bajo los temáticos nombres de “Agua”, “Harina” y “Luz”, trabajada como música de acompañamiento del grupo de danza y performance Master Squad. Cercano al rock solo en momentos puntuales, es más una pseudo-banda sonora, un relajante flujo de ideas entre la pasión de Michael Nyman y la sutileza de Yann Tiersen. Ejemplo máximo de su potencial creativo.

Siguiendo marcha atrás cronológicamente, “I Am the Fun Blame Monster” (2004) conforma su debú discográfico, un estreno con valor de carta de pago de todas sus dotes y virtudes. El vigor de “Cough Coughing”, la onírica “Oahu”, la sentimental “Rose” y el cruce de estilos de “The Monkey´s Back” (de Herbie Hancock a Soundgarden en un pestañeo) no dejan indiferente. Para los coleccionistas enfermizos y muy fans, aún hay más material: “Happiness is Shouting Bingo!” (2002) recoge extraoficialmente esqueletos, demos, grabaciones en directo y demás suerte de rarezas. Entre ello se cuenta el primer ensayo de “Rose”, tomas radiofónicas de unas “Cough Coughing” o “Twenty Cell Revolt” aún por pulir, y una incursión en el soul de la mano de la teatral “Sister Social Theme”.

Para rematar la faena es bueno ver a Menomena gastárselas en directo. Las pésimas condiciones en aquel escenario del Forum no les hicieron justicia, pero el Paradiso de Amsterdam es otra cosa, como se puede disfrutar en esa web bendita que es
www.fabchannel.com. Verlos en funcionamiento, como una estructura piramidal, es todo un espectáculo. La ejecución aparentemente deslavazada arroja un sonido pulcro y obediente. Brent Knopf pulula entre xilofón, pedales y teclados, con la guitarra perpetuamente colgada al hombro. Justin Harris alterna bajo, guitarra y saxofón con parsimonia. Danny Seim se retuerce como un simio enjaulado sobre la batería. El protagonismo es triple y compartido, rotacional en las voces. Solo tres personas tocando instrumentos, a la antigua usanza, sin maquinaria de apoyo. ¿Es o no es un poco jazz?.

Para concluir, una noticia y una recomendación. La noticia es que anuncian nuevo disco en 2009, un disco que ya se espera con impaciencia y suprema devoción. La recomendación lleva a fijar la vista en los diseños de su myspace y web oficial; una forma inmejorable de sumergirse en el vértigo de una banda liberal, singular, solo para adultos.

www.menomena.com

01 febrero 2009

AGENDA

CONCIERTOS DE FEBRERO.

El ejemplo murciano.

Después del interesante aluvión de conciertos que cerró el año (de octubre hasta diciembre) parece que en este 2009 la cosa echa el freno. Que vuelvan a España bandas como Oasis, Kaiser Chiefs, Franz Ferdinand o Travis parece ser un notición para muchos (a la venta de entradas me remito), pero no para los que están de vuelta del brit-pop, en coma severo desde hace bastantes años. Así pues, las apuestas más o menos merecedoras de este mes de febrero se quedan en lo siguiente:

STEVE WYNN- 3 febrero. Madrid. El Sol.
4 febrero. Gijón. Acapulco.
5 febrero. Vigo. Mondo.
6 febrero. Bilbao. Santana 27.
7 febrero. Zaragoza. La Casa del Loco.
8 febrero. Barcelona. La (2).

MOGWAI- 3 febrero. Málaga. Teatro Cervantes.
4 febrero. Murcia. Auditorio y Centro de Congresos.
6 febrero. Madrid. Joy Eslava.
7 febrero. San Sebastián. Kursaal.

TINDERSTICKS (en la foto)- 8 febrero. Barcelona. Auditori.
9 febrero. Madrid. Teatro Calderón.
10 febrero. San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia.

HERMAN DUNE- 11 febrero. Madrid. Heineken.
12 febrero. Murcia. Auditorio y Centro de Congresos.
13 febrero. Zaragoza. Café Hispano.
14 febrero. Durango. Plateruena.

KINGS OF LEON- 14 febrero. Barcelona. Razzmatazz.
15 febrero. Madrid. Palacio Vistalegre.

En este punto, es imprescindible comentar lo que está sucediendo de un tiempo a esta parte en Murcia. Los emprendedores, autoridades o ambos han puesto en el centro del mapa de conciertos a esta ciudad en una iniciativa que merece un caluroso aplauso. El Auditorio y Centro de Congresos Victor Villegas lleva acogiendo desde hace un tiempo en su seno multitud de propuestas musicales de pop y rock, dotando a la ciudad hortelana de una sanísima cultura en el ámbito, y favoreciendo el desfogue de vecinos (los albaceteños, doy fe) ansiosos de su alimento. No solo su oferta (en los próximos meses pasarán por allí Christina Rosenvinge, Mogwai, Herman Dune, Jane Birkin, Jonathan Richman, Giant Sand, Keren Ann o Antony & the Johnsons, entre otros) sino las condiciones para disfrutar de la música en vivo (con dos salas de diverso aforo, Narciso Yepes y Miguel Angel Clares), hacen de Murcia un ejemplo a seguir, un espejo en el que deberían mirarse las concejalías de cultura de municipios medianos con ganas de trascender. Pero claro, ¿qué es cultura en estos tiempos que corren?. La pregunta abre el debate, pero que discutan otros.

Foto: heineken.es