21 enero 2009

RETROSPECTIVAS


NEIL YOUNG. Prairie Wind.

El disco que entró por los ojos.

La música normalmente entra por el oído, casi siempre, por definición. Sin embargo, hay excepciones, basadas en extrañas coincidencias, en milagros. “Prairie Wind” (2005), como es sabido, forma el cuerpo del documental “Neil Young: Heart of Gold” (2006), obra en la que Jonathan Demme capta con su ojo clínico la premier de este álbum a través de un magnífico concierto en el Ryman Auditorium de Nashville. Un álbum de repercusión mediana en la carrera del canadiense de no ser por esta segunda visión, que lo inserta en otra dimensión más profunda. “Prairie Wind” es un disco sincero y hermoso, en el que el maduro Young mira hacia dentro y hacia atrás para contarnos más historias sobre la existencia, con su fina pluma perfectamente engrasada. Es un trabajo que bebe a tragos largos del country puro, directamente de Hank Williams, articulándolo con el folk y el gospel. El incombustible vuelve a mostrarse en cueros emocionales, dedicando su sabiduría a todos sus anclajes personales: a su tierra y sus amigos (“No Wonder”, “Far from Home”), a su Martin D-28 (“This Old Guitar”), a su padre muerto (“Prairie Wind”), a su descendencia (“Here for You”), a Dios (“When God Made Me”). Es un disco de textos y acordes brillantes. Natural: es un disco de Neil Young.

El documental en cuestión retrata un momento decisivo en la carrera del músico y en la vida del hombre: ese en el que no sabes qué pasará a continuación. Grabado justo en el momento de enfrentarse a su aneurisma cerebral, y quizá por eso, muestra a un Neil Young en el límite de sus fuerzas. También muestra al Neil Young evocador y entrañable, empeñado en explicar el por qué de las canciones cuando a su edad no es preciso dar ya ninguna explicación. Sobre el escenario le acompañaron colegas, músicos históricos y gratas compañías: Emylou Harris, Grant Boatwright, Rick Rosas, Chad Cromwell, Spooner Oldham, su esposa Pegi Young… un elenco de jóvenes y viejos sabios dándole abrigo en la faena. Pero “Neil Young: Heart of Gold” no solo se basa en la presentación de este magnífico “Prairie Wind”. A continuación el maestro mira atrás para rescatar emocionantes perlas del pasado: “I Am a Child”, “Harvest Moon”, “Heart of Gold”, “Comes a Time”, “Old Man”, “The Needle and the Damage Done”, “Four Strong Winds” o “One of This Days” culminan un documento extraordinario capaz de fascinar tanto a cinéfilos como a melómanos, por su triple e incuestionable poder: el visual, el musical y el espiritual. Larga vida al más grande.

www.neilyoung.com

18 enero 2009

REPORTAJES

CANCIONES DE 2008

Regalo para los aficionados a las listas.

CURTAINS cumplió el pasado mes de diciembre tres años. En todo este tiempo, que ha pasado volando, la música se ha convertido en algo más que una afición para quien escribe: se ha convertido en el mejor entretenimiento de la existencia, una especie de trabajo no remunerado y autónomo. Este blog se concibió como un medio de expresión personal, el sustitutivo necesario de las colaboraciones que se acabaron en otros medios por diversas razones. Pero su función ha ido más allá: el trabajo ha servido para ordenar la música en el cerebro, para controlar lo que va sucediendo y, sobre todo, para tener un documento histórico al que poder echar un ojo en caso de necesidad o curiosidad.

Así, la música creada o conocida en estos tres años está ordenada a mayor o menor escala en este espacio. Todos los medios se dedican en estos días a hacer sus listas. CURTAINS nunca ha sido partidario de las listas porque sí; aunque bien es cierto que existe una recopilación altruista de final de cada año, una lista con las mejores canciones del ejercicio para compartir con los amigos que la quieran. Las de 2006 y 2007 no fueron publicadas. Pero oyendo las canciones seleccionadas este año, la conclusión es que merece la pena plasmarlas aquí y ahora. Para que todo el mundo que quiera conozca lo que nos acarició en 2008, lo que nos hizo reir y bailar; en definitiva, lo que nos hizo feliz. Éstas son, a juicio de CURTAINS y secuenciadas para CD casero, las mejores canciones de 2008.

01. MGMT- Time to Pretend
02. BECK- Gamma Ray
03. DEERHUNTER- Saved by Old Times
04. NICK CAVE & THE BAD SEEDS- Albert Goes West
05. TV ON THE RADIO- Halfway Home
06. DEUS- The Arquitect
07. FOALS- Olympic Airways
08. THESE NEW PURITANS- Elvis
09. PORT O´BRIEN- I Woke Up Today
10. THE DODOS- Fools
11. FLEET FOXES- Quiet Houses
12. CALEXICO- Man Made Lake
13. WOVENHAND- Kingdom of Ice
14. AMERICAN MUSIC CLUB- The Stars
15. MY BRIGHTEST DIAMOND- Inside a Boy
16. THE WALKMEN- The Blue Route
17. FOR AGAINST- Game Over
18. MERCURY REV- Faraway from Cars
19. SPIRITUALIZED- The Waves Crash In
20. MOGWAI- Daphne and the Brain
21. PORTISHEAD- Machine Gun
22. BONNIE “PRINCE” BILLY- So Everyone
23. PAUL WELLER- Black River

Estas fueron las de 2006:

01. NEIL YOUNG- After the Garden
02. WILLARD GRANT CONSPIRACY- Flying Low
03. ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3- Embryo Twirl
04. THE BLACK HEART PROCESSION- Not Just Words
05. YO LA TENGO- Mr. Tough
06. GRIZZLY BEAR- On a Neck, On a Split
07. BONNIE “PRINCE” BILLY- Cursed Sleep
08. TEITUR- Thief about to Break In
09. BEIRUT- The Canals of Our City
10. DOMINIQUE A- L´Horizon
11. MOGWAI- Friend to the Night
12. JOAN AS POLICE WOMAN- Christobel
13. SONIC YOUTH- Rats
14. THE FLAMING LIPS- The W.A.N.D.
15. TV ON THE RADIO- Wolf Like Me
16. BECK- Nausea
17. HOWE GELB & SNO ANGEL- But I Did Not
18. CALEXICO- All Systems Red

Y estas fueron las de 2007:

01. RADIOHEAD- Weird Fishes_Arpeggi
02. GRAVENHURST- Saints
03. WILCO- Either Way
04. IRON & WINE- Carousel
05. PATRICK WATSON- Daydreamer
06. JOSÉ GONZÁLEZ- In Our Nature
07. PJ HARVEY- When Under Ether
08. THURSTON MOORE- Honest James
09. MICK HARVEY- Home Is Far from Here
10. PIANO MAGIC- Cities & Factories
11. SOULSAVERS & MARK LANEGAN- Kingdoms of Rain
12. BILL CALLAHAN- Day
13. THE SHINS- Phantom Limb
14. ARCADE FIRE- No Cars Go
15. POP LEVI- Skip Guetto
16. LOW- In Silence
17. JOSEPH ARTHUR- Spacemen
18. GRINDERMAN- No Pussy Blues
19. DAVE GAHAN- Kingdom
20. BATTLES- Atlas

Reportaje dedicado a JR, un gran aficionado
a estas cosas.

17 enero 2009

CONCIERTOS

CALEXICO + DEPEDRO. Madrid. Joy Eslava. 15-1-2009.

Músicos sin fronteras (Parte 2).

Lo primero: una recrítica de “Carried to Dust” (2008) para hacer justicia. Tras repasarlo con dedicación y esmero tenemos nueva conclusión: es uno de los mejores discos de la historia del dúo de Tucson. Condensa con la mayor efectividad todos sus palos identificativos, tiene los arreglos necesarios y el nivel de inspiración de sus autores vuela muy alto. Por eso su concierto en Madrid tenía que ser bueno. Por eso los mejores momentos fueron precisamente los que brotaron de este reciente trabajo. Aunque a mucha gente (a la mayoría de los asistentes a la Joy Eslava el jueves) les prive su vena más folklórica y mestiza, hay otros a los que (con todos los respetos al folklore y al mestizaje) les gustan mucho más los Calexico solemnes, los que abordan el rock, el country y el blues como dioses y con un estilo muy personal. De ahí que los flashes clave de este concierto fueran aquellos en los que el rock (“Man Made Lake”, “Writer´s Minor Holiday”, “Red Blooms”), el country (“The News About William”) y el blues (“Bend to the Road”, “Two Silver Trees”) emergieron con más vehemencia. Curiosamente las nuevas eclipsaron a los clásicos. Razón: los clásicos seleccionados explotaron el lado mariachi-festivo más de lo deseable, a excepción de los rescates iniciales de “Spoke” (97), la bien recibida “All the Pretty Little Horses” y una “Not Even Stevie Nicks” cada vez más virulenta y sorprendente.

Lo segundo: han pasado dos años desde su anterior visita a Madrid, y hay que agradecerles que no hayan cambiado un ápice. Siguen siendo igual de majetes que entonces; siguen afinando sus propios instrumentos, paseando por el escenario como si fuera el salón de su casa. Siguen siendo lo más parecido al vecino de al lado y lo menos parecido a las estrellas del “rock´n´roll, way of life”. Partiendo de esta premisa y añadiendo su abanico de posibilidades estilísticas musicales, es imposible que disgusten a nadie, imposible no acabar queriéndolos y deseando irse con ellos de cañas. Ah, y otra de las cosas sin cambios es su inclinación colaboradora, su pan de cada día, bocado compartido ahora oficialmente con Jairo Zavala. Qué suerte la tuya, amigo Jairo. Tu sueño (ése que dices que no se acaba) es el sueño irrealizable de muchos, así que aprovéchalo. Depedro, el nuevo proyecto del susodicho, abrió la noche con la introducción de Joey Burns en plan Jools Holland. Las canciones de Jairo tienen un poco de todo, como las de sus amigos, y todos los amigos acabaron en el escenario con él.

Lo tercero: Calexico (incluido Jairo) son siete virtuosos ejercitando sin esfuerzo su habilidad ante la gente con el único ánimo de divertirse. Pero hay un Calexico que está al fondo, escondido tímidamente en una burbuja de platos y bombos, casado con el riesgo de todo baterista: el de pasar desapercibido. Es John Convertino. Entender el don de la banda pasa por entender su técnica elegante y misteriosa, su forma de agarrar las baquetas y las maracas, construyendo ritmos veleidosos que evocan rachas de viento, ruedas de camiones, serpientes venenosas, polvo en suspensión. Grandioso e hipnótico espectáculo.

Concluyendo, los de Arizona han regresado dándolo todo, como de costumbre. Poco más se les puede pedir; quizá que a la próxima vengan chapurreando un poco de conversación en español ¿no?. Porque, definitivamente, pedirles que dejen de mirar al lado sur de la frontera no tiene mucho sentido; morirían su estigma y su identidad. La cultura popular es la cultura universal.

www.casadecalexico.com

07 enero 2009

REPORTAJES

AQUELLOS DISCOS DE 2008: RECOPILACIÓN FINAL.

Tradición.

Ya lo cantaba el granjero Tevye en el gran musical "El violinista en el tejado". Esto de reagrupar los discos del año, volviendo a escucharlos y citando los olvidados ya se ha convertido en una tradición, un ritual espléndido para desviar la atención de otras costumbres más insanas, las hipócritas (Nochebuena), concupiscentes (Nochevieja) y consumistas (Reyes) de la Navidad. Volvamos a hacerlo, pues. 2008 fue otro año lleno de excelente música. Los 10 mejores discos: Portishead, Nick Cave & The Bad Seeds, Wovenhand, Fleet Foxes, The Dodos, Deerhunter, Foals, The Walkmen, Paul Weller, American Music Club. Los 10 mejores directos: Grinderman, The Cure, Paul Weller, R.E.M., Portishead, Wovenhand, dEUS, Mercury Rev, The Verve, Cat Power. Dos pequeñas listas elaboradas sobre la marcha.

Como siempre, por estos oídos y manos han pasado cantidad de discos para los que no ha habido mención debida en este espacio. Es hora de recuperarlos.

THE CURE. 4.13 Dream.
Es curioso escuchar un disco y no encontrar nada que decir. Ocurre con lo nuevo de Robert Smith; un álbum que ha costado parir más de la cuenta, carente de repercusión e inspiración. Cada maestrillo tiene su librillo y cada cerdo su San Benito; el librillo de The Cure ya está exprimido y plagiarse a sí mismos no es una solución digna. Así, posiblemente este "4.13 Dream" tenga que ser, por axioma, el San Benito que toda banda de culto debe cargar a su chepa.



THE DODOS. Visiter.
La gracia está en el directo, pero es difícil no simpatizar con este "Visiter" construido únicamente con guitarras, banjos y percusiones sobre cualquier cachivache que haga ruido. Con esos rudimentos son capaces de bordar tremendas melodías (espectaculares "Fools", "Ashley", "Winter" o "Park Song"), enmarañar y desenmarañar sonidos, vomitar estruendosos desenlaces (al loro con los de "Joe´s Waltz", "Paint the Rust" o "The Season") y alumbrar una nueva corriente (ambivalente y suicida) del folk. No están lejos de cerebritos contemporáneos como Animal Collective o Grizzly Bear.

FOALS. Antidotes.
Otra sorpresa del año, tan seducidos por el afro-beat como A Certain Ratio o Talking Heads. Discursos palpitantes de guitarra en código Morse, vertiginosos cambios de ritmo, saxos, trompetas y sintetizadores bien traídos acá y acullá. Resultado: canciones científicas, flamígeras y adictivas. Algunas ("Red Sock Pugie", "Olympic Airways", "Heavy Water", "Big Big Love -Fig.2-") son dignas de monumento. ¿Es ésto el nuevo punk?. Unos durísimos competidores para Nic Offer y compañía.


THE GUTTER TWINS. Saturnalia.
De un choque entre dos transatlánticos no podía surgir otra cosa: un disco de rock grasiento y perverso, con parada en las estaciones de la Ruta 66. Abarcan todos los tópicos de los géneros americanos y se estrellan en cuanto se salen de ellos: para olvidar la ida electrónica de pinza en "Each to Each". La voz de Lanegan es más convincente, pero en la photo-finish gana Dulli, llevando el proyecto claramente a su terreno.


JAMES. Hey Ma.
Antes de echarlos de menos ya habían vuelto. Y con un disco bueno. ¿Qué más se puede pedir?. La calidad de sus entregas es directamente proporcional a los arreglos de trompeta y aquí vuelve a haberlos a puñados, como en "Seven" (92). Traen otro montón de padrenuestros bajo el brazo: "Bubbles", "Waterfall", "Upside" o "I Wanna Go Home" no tienen nada que envidiar a sus éxitos de los noventa. Y las cuerdas vocales de Tim Booth siguen inmaculadas e invencibles. Una segunda juventud.


JEREMY JAY. A Place Where We Could Go.
Con cuatro instrumentos mal contados, el jovencito Jeremy ha hecho su disco de andar por casa, su divertimento personal. Suena ochentero, viejuno, caduco, pero muy seductor. Suena a Jonathan Richman y a Morrisey, no ahora sino mucho antes. Suena a nuevo baluarte de la estirpe cantor-recitador (¿crooner?), a parentesco lejano con Jarvis Cocker y Darren Hayman. Suena de puta madre.



KINGS OF LEON. Only by the Night.
Se veía venir, iban a dar el traspiés. Su frescura oldie de raíces desaparece disco tras disco, hipotecando un futuro que huele a tostonazo pop. Solo "Crawl", "Revelry" y "Be Somebody" mantienen en esta entrega un apto nivel. El resto es morralla a discreción; no pasan de segunda marcha cuando lo suyo era saltarse límites a la torera. Por suerte, Caleb Followill no se ha olvidado de cantar como Dios en su transición de macarra a sex-symbol.



MOGWAI. The Hawk Is Hawling.
Cada nuevo disco de Mogwai es otro árbol que crece en un bosque legendario. Este opta en exclusiva por el instrumental, con canciones estándar, correctas pero emocionalmente inofensivas. Como siempre, los escoceses avanzan y se adhieren a la era digital, introduciendo tímidamente tales elementos en su música; curioso clon de los Chemical Brothers el que asoma en "The Sun Smells Too Loud". Un disco inocuo por sí solo, quizá imprescindible en el conjunto con el tiempo.


MY BRIGHTEST DIAMOND. A Thousand Shark´s Teeth.
Shara Worden se empeña en rizar el rizo, pero su portentosa voz no necesita vestirse de ampulosidad orquestal ni filtrase por recovecos oscuros. Tampoco necesita jugar a ser Björk ("Apples") o Beth Gibbons ("Black & Costaud"). Lo único que necesita es ir al grano, archivar el rococó y enfocar la canción perfecta. Es obvio que sabe hacerlas: la primera ("Inside a Boy") y la última ("The Brightest Diamond") lo son, parametrizando su poder de captación y conmoción a lo Jeff Buckley o PJ Harvey.


THE NOTWIST. The Devil, You & Me.
Manteniendo la fidelidad a su filosofía (equilibrio analógico-digital), los alemanes firman otro disco analgésico y cómodo de escuchar, en el que la (hipotética) cara B gana de largo a la (hipotética) cara A. Dejando aparte la excepcional "Good Lies", lo mejor empieza con "Sleeps" y pliega velas con la suave brisa folk de "Gone, Gone, Gone": en cinco canciones se compendian todas las posibilidades de una impecable banda de electropop.



PAUL WELLER. 22 Dreams.
Qué mejor cosa para celebrar los cincuenta que una doble entrega, una recopilación de inéditos, sin descartes ni censuras, libre y generosa. Aquí vale absolutamente todo. Probablemente sin quererlo, el Modfather ha realizado dos machadas en una. Por un lado, ha elaborado uno de los discos más atrevidos e iluminados de toda su carrera. Por otro lado, ha configurado un catálogo ejemplar de estilos y géneros (folk-psicodelia-brit-pop-rock´n´roll-soul-tango-easy-listening-musical-jazz...) con que ilustrar a alumnos y nietos. Todo un genio.


PORT O´BRIEN. All We Could Do Was Sing.
El rotundo jubileo de "I Woke Up Today" hace prever un nuevo invento neo-hippy multitudinario en plan Arcade Fire, I´m From Barcelona o Polyphonic Spree, pero no. Lo que hay detrás de este título (tan efectivamente hippy, por cierto) es una estupenda tanda de canciones folk-rock serias y centradas, con bonitos arreglos de cuerda. El preciosismo también se viste de harapos: "Pigeonhold" y "Close the Lid" regalan guitarreos de lo más grunge. Una bendición, los californianos.


PRIMAL SCREAM. Beautiful Future.
Llevan más de un lustro sin publicar algo realmente bueno (¿cuándo otro "Xtrmntr"?), pero éste tiene un punto a favor: aglutina la miscelánea de la banda, con todas sus facetas desde los orígenes. Misiles de rock sucio ("Necro Hex Blues", "Urban Guerrilla"), shocks electrónicos ("I Love to Hurt"), baladas tipificadas ("Over and Over"), soul y gospel ("Zombie Man") y sombras a lo Jesus & Mary Chain ("Suicide Bomb"). Para ampliar el muestrario deciden darse al pop con diversos resultados: de notable alto en "Beautiful Future" a aprobado ramplón en "The Glory of Love".

R.E.M. Accelerate.
Lo consiguieron: recuperar la credibilidad debilitada y volver a enganchar con un disco rotundo. El mejor desde "Monster" (94). Adrenalínico hasta la médula, veloz y eléctrico, colosal. Sobran las canciones redondas en dos modalidades: las que no duran ni tres minutos y explotan directas en la cara ("Man-Sized Wreath", "Horse to Water", "I´m Gonna DJ"); las que ensalzan, manteniéndose a la altura, los maravillosos tiempos de "Automatic for the People" (92) ("Houston", "Sing for the Submarine"). Una leyenda en plena boga.


SAM ROBERTS. Love at the End of the World.
El canadiense no es solo una cara bonita. Es un purista del rock, ese rock nacido en los sesenta que viajó de costa a costa, que atravesó el océano y acampó en las granjas. Desde Cream hasta The Rolling Stones. Su tercer trabajo no pasará a la historia, pues la historia del rock ya está escrita y no admite apéndices ni copias. No obstante, el mérito de haber compuesto "Oh Maria", "Them Kids" o "Up Sister" debería serle suficiente para mantener su ego intacto, poder mirarse al espejo y decir "soy el amo".


SILVER JEWS. Lookout Mountain, Lookout Sea.
Imposible establecer comparaciones con su catálogo anterior; un pecado involuntario en vías de expiación. La dictadura de Nick Cave queda derrocada, llega la democracia y David Berman oposita al cargo. Mensajes del desierto, tabernas vaqueras y rodeos. El discurso es menos vehemente que el del australiano peor igual de ingenioso, con instantes de turbadora similitud ("My Pillow Is the Threshold"). Con políticos así dan ganas hasta de votar.


SUN KIL MOON. April.
Tras la apropiación y relectura de temas ajenos en "Tiny Cities" (2005), urgían nuevas composiciones de Mark Kozelek. Sobre los cimientos del country y la americana más profunda e íntima, el ex_Red House Painters traza un mapa de costumbres que a ratos se recuesta en el precioso edén de Nick Drake. Su único hándicap es el eterno minutaje en algunos temas, pero esa voz de terciopelo controla el hálito de la impaciencia con inusitada maestría.


THESE NEW PURITANS. Beat Pyramid.
Receta del día. Ingredientes: 100 gramos de Ministry, medio litro de Wu-Tang Clan, kilo y cuarto de Franz Ferdinand y un pellizco de Sex Pistols. Poner todo en la cabeza de un par de gemelos idénticos y dejar cocer a fuego lento. Retirar de la lumbre y servir caliente. Presentar como los últimos iluminados de la vanguardia british. Tener a mano un anti-ácido: digestión pesada.





TRICKY. Knowle West Boy.
Los gurús del trip-hop han regresado para hacerlo añicos. Al igual que Portishead, Tricky se rebela contra su pasado, desmarcándose de la oscuridad claustrofóbica y tribalista de antaño. Ahora se dedica a cortar y pegar; ahora se parece a ¿Primal Scream?. No hay argumento, ni definición, ni una ideología imponderable; solo canciones que fluyen por sí solas, sudor y músculo de gimnasio, algún que otro pelotazo para pistas de baile ("C´mon Baby", "Slow") y por supuesto, las lujosas colaboraciones de costumbre.


TV ON THE RADIO. Dear Science.
Discrepancia con la generalidad: pierden puntos. Los excesos de sobreproducción son un mal menor. Los guiños pasados al disco y al funky se convierten en la tónica (comprensible: son mayoría de negros, llevan el ritmo en la sangre), haciendo de este disco un producto más vendible que trascendente. Hay pasajes plausibles ("Halfway Home", "Dancing Choose", "Love Dog", "Dzl"), pero el conjunto no termina de apasionar como lo hiciera "Return to Cookie Mountain" (2006). Demasiado buenos para ser verdad.


THE VERVE. Forth.
El hit discotequero "Love Is Noise" auguraba un cambio de visión, pero finalmente han vuelto siendo lo que eran. Rollo espacial y psicodélico, a tope en "Sit and Wonder" y "Columbo"; baladas épicas y escapistas, con "Rather Be" como perita en dulce. Oírse un disco suyo del tirón nunca fue del todo fácil; con éste pasa tres cuartos de lo mismo. Tanta afectación y densidad acaban resultando soporíferas. Definitivamente, su momento (discográfico) ya pasó.


THE WALKMEN. You & Me.
Gran madurez. En el centro del círculo sigue ardiendo Dylan pero el diámetro se ensancha: alrededor danzan ritmos exóticos, el rock hippy sesentero, Irwin Berlin, la Motown. Se suavizan a ratos, sin perder el amargor de las guitarras y sus sonidos de papel de lija. Hamilton Leithauser se erige en el gran chamán, matizando como nunca su garganta rasgada e inquietante, una de las mejores de nuestros tiempos. Han creado el mejor álbum de su trayectoria y lo saben. Sin duda, la madurez.


28 diciembre 2008

RETROSPECTIVAS

THE FEELIES. Crazy Rhythms.

El sonido trepidante de New Jersey.

Crónica en tiempo real: comienza a sonar “The Boy with the Perpetual Nervousness”, gotas caen mientras las guitarras suben el volumen. Ahí va una retrospectiva para acabar el 2008, año rácano en este tipo de menesteres por motivos desconocidos. Propósito para 2009: más retrospectivas, muchas más. “The boy next door is into better things”, concentración. Trepidante es la palabra que define a The Feelies y este debú. Ritmos locos (ya lo reza el título, no en vano) sustentados en el mano a mano de guitarras (Mercer y Million) y percusiones minimales. Suena “Fa Cé-La”, uno de sus himnos más escuetos, divertidos y directos. Y tan pronto como viene se va, y llega el intro superior de “Loveless Love”, canción que crece como la espuma en contenido y velocidad, evocando los mejores duelos guitarreros de Santana, Clapton o Knopfler. Y ahora que hablo de éste, ¿no hay algo en ella de “Sultans of Swing”?. Chsst, silencio, llega “Forces at Work”, emergiendo desde ultratumba como un zombi con ganas de marcha. Ecos de Devo, Television y The Modern Lovers, virtuosismo y desvergüenza a la vez, riffs de guitarra repetitivos y juguetones, una sumisa y ruda línea de bajo siguiendo el camino de los anteriores. Ya van seis minutos y queda el último; el tema más largo del disco. El frenesí no para; las acústicas suben al poder en “Original Love”, una gran composición con etiqueta de “canción de amor”, que vuelve a recordar a Jonathan Richman y un poco a Lou Reed. Y tras ella, el primer homenaje de unos músicos agradecidos con el legado de los grandes, admiradores y practicantes del mismo: “Everybody´s Got Something to Hide (Except Me and My Monkey)” de Lennon y McCartney. Sigue el ritmo loco, esta vez aderezado con congas y platillos. Suena el teléfono pero no puedo cogerlo; empieza con suspense “Moscow Nights”, y nuevamente esas guitarras que hacen pegar saltos en la silla y aporrear las letras al compás. Ésta es otra de las enormes, recordando a los mejores Violent Femmes. “Raised Eyebrows” echa el freno un pelín, con protagonismo de explosiones de bombo y travesuras de baqueta en su primera mitad, y con el recuerdo de un espejo de The Feelies en la actualidad: Yo la Tengo. Y llega la homónima “Crazy Rhythms”, seis minutos de ritmo epiléptico con combate de secciones al degüello; una demostración brutal de ingenio y frescura. Aquí terminaría el disco, pero mi edición está entre las que adhieren la versión de “Paint It Black” de los Rolling; una forma única de contentar a todos los nostálgicos de los sesenta, a los de flequillo y a los de tatuaje. La reproducción del clasicazo stoniano es exquisita y fiel, y echa el candado a un disco espectacular. Un disco que se cuenta entre los grandes de los ochenta y con razón.

www.thefeeliesweb.com

27 diciembre 2008

DISCOS

DEERHUNTER. Microcastle.

El año de Bradford.

Es un hecho: Bradford Cox está en vena. Comenzaba el año avanzando su engendro paralelo Atlas Sound, un proyecto arsénico borroso para desarrollar su inmunidad creativa, y lo ha finalizado brindando el mejor disco de su banda-bomba. “Microcastle” (2008) es la gran explosión de Deerhunter, su confirmación absoluta. Consta de tres actos; un primero de redención y amor melódico, en el que “Cover Me (Slowly)”, “Agoraphobia”, “Never Stops” y “Little Kids” sumergen en una inmensa espiral de tranquilidad post-psicodélica. Rozando la oblicuidad de “Cryptograms” (2007) en el segundo acto, desde “Microcastle” hasta “Activa”, vuelven las ensoñaciones narcóticas, para nada extraditadas a complicaciones demasiado extrañas. El tercer acto es el de la aquiescencia definitiva: el aumento musculado de “Nothing Ever Happened”, la finura retro de “Saved by Old Times” y “Twilight at Carbon Lake” y la magnética espectralidad de “Neither of Us, Uncertainly” asientan a Bradford como un genio en potencia, capaz de abarcar cualquier horizonte con sus miembros interminables. Otro disco para el top de este año que se acaba.

www.myspace.com/deerhunter

16 diciembre 2008

CONCIERTOS

PRIMAVERA CLUB MADRID 2008.

Toma pan y moja.

Qué gran invento esto de llevar el Primavera Club a Madrid. Qué alegría pisar la capital en plena efervescencia navideña, nadar contra la corriente humana y decir: “paso de luces, tiendas, lotería y villancicos, voy a ver música de la buena”. El proyecto ha sido un éxito: papeles agotados y un público selecto, aunque el dichoso derbi futbolero dejara a Giant Sand y Wovenhand con menos audiencia de lo esperado. Diversas razones llevaron a prescindir del jueves, la Nasti y The Thermals; aparte de eso, la oferta musical ha sido una comunión de nuevas y clásicas propuestas, un crisol de estilos y generaciones. En definitiva, ha sido un fin de semana mucho más alimenticio y suculento que la cena de Nochebuena y la comilona de Navidad juntas. El viernes fue el día de los graciosos: los “extraordinarios”, Eli “Paperboy” Reed, David Tattersall, Darren Hayman y Jack Hayter compitieron duramente por el premio Mister Simpatía del festival. El sábado fue el día de las sentadillas: The Dodos, David Eugene Edwards y algunos músicos de la Campell decidieron reposar las posaderas, casi todos en sillas y alguno en el mismo suelo. Vayamos por partes.

THE EXTRAORDINAIRES: Vaya unos cachondos. Sombrero de zorro. Guitarra tuneada con aletas. Potaje de The Beatles, Pavement, el country y la polka. Y los caretos teatreros de los dos frontmen, un poema. “Ribbons of War” (2007) se les debió caer de la furgoneta por el camino, pero aún así dieron una lección tremenda. Lección de ejecución (magníficas rotaciones de instrumentos), de mutación musical y de sentido del humor.


LA BUENA VIDA: Como no podía ser menos, la recuperación del mítico “Soidemersol” (97) estuvo llena de lujo y oropel. Orquesta sinfónica, invitados históricos (Borja Sánchez, por ejemplo), una cuidadísima puesta en escena con proyecciones y álbumes de fotos desempolvados. Tal envoltorio es una trampa para cualquiera, incluso para los detractores más tenaces del pop. Fue un concierto emotivo y bonito, vivido con el debido respeto a la ocasión, que acabó en abrazo conjunto y en un aplauso infinito para la magnífica orquesta. Y todo pese a la desidia de Irantzu, a veces harto insoportable.


ELI “PAPERBOY” REED & THE TRUE LOVES: “Acabo de ver un concierto de soul que te cagas” le decía un tío a alguien por el móvil a la salida. Las loas dedicadas al chico de los periódicos en los medios quedan contrastadas. Vozarrón tremendo, magnetismo escénico, y solo es un crío de veinte y pocos años. Al loro: el espíritu de James Brown, Otis Redding y Wilson Pickett sigue vivo y es más blanco que la leche. Tanto en lo rítmico (“Steak Your Claim”) como en lo íntimo (“It´s Easier”) el tipo lo borda, pese a copiar algunos tics de sus ídolos en demasía. Y sus musicazos de Missisipi y Alabama son, en efecto, unos auténticos amores. Un viaje alucinante a los años 50. Un fiestón que requería obligatoriamente una guinda del calibre de “(Doin´the) Boom, Boom”.


THE WAVE PICTURES: Tienen mucho que ver con Hefner, y no solo por ser amigos de Darren y Jack. También tienen un saborcillo importante a Violent Femmes. Son la mar de cándidos y entrañables, y tocan de maravilla. Su “hazlo tú mismo” y su sonido lo-fi es de lo más refrescante. Pero les falta un salto más para alcanzar el oasis de los mitos de referencia. “Strange Fruit or David” y “Just Like a Drummer” tienen su punto, pero en El Sol acabaron ahogándose en los medios tiempos y la rigidez.


DARREN HAYMAN & JACK HAYTER: La experiencia en el pasado Primavera Sound fue especial, así que había que repetirla. De las canciones de Hefner uno no se cansa nunca. Primera parte en plan dúo, duelo de guitarra y slide e intimidad, con “The Hymn for the Alcohol” y “Lee Remick” como estrellas. Segunda parte con sección rítmica de los Wave Pictures (mucho más interesante), desparrame, alegría y un Darren motivado e inspirado como nunca. Montaron un jolgorio de aúpa con “The Weight of Stars”, “Pull Yourself Together”, “The Hymn for the Cigarrettes” y “The Day that Thatcher Dies”, y “The Greedy Ugly People” protagonizó el momento precioso de la noche, coronada a capella por un público que se las sabía todas, todas. Dos generaciones sobre el escenario (David también se unió a la fiesta), divirtiéndose y divirtiendo.


THE DODOS: La sensación del festival. Excelentes en disco, el directo los eleva a los altares de la compenetración, la imaginación y el talento. Prodigiosas demostraciones de fuerza y simbiosis guitarra-percusión, y el mejor repertorio posible. “Paint the Rust”, “Fools”, “Joe´s Waltz” y “Jody” arrasaron. Y todo sin condimentos ni digitalización, con armas primarias y desnudas. Logan Kroeber deslumbró con sus frenéticos ritmos (no tiene precio como baterista), bien complementado por el tercer sujeto (el de rojo) y su arsenal de aporreables elementos (barreño metálico incluido). Si siguen así llegarán muy lejos; al menos tan lejos como están llegando Animal Collective.


ISOBEL CAMPBELL & MARK LANEGAN: La Campbell ha encontrado el método para calzarse la etiqueta de diva-star: arrimarse a tíos con algún don. El de Mark Lanegan es su voz de caverna, pero no solo de dones vive el hombre; el riesgo de convertirse en un segundón perpetuo ya le llega al cuello y mira que es gigante. Opiniones encontradas: 1) belleza, exquisitez, emotividad; 2) tedio, engaño, coñazo. Yo me quedo entre las dos: hay buenas canciones (especialmente “Deus Ibi Est”, “Who Built the Road”, “Something to Believe” y la versión de “Ramblin´Man”) pero hace falta más sangre, más pasión y más luz.


GIANT SAND: Howe Gelb sigue igual de encantador, aunque esta vez la sonrisa costó cara a causa de defectos técnicos. Tocar música es un hábito más para él, como lavarse los dientes o beber un trago. Así que todo fluye sosegado, con soltura, sin más sobresalto que algún guitarrazo improvisado o premeditado, nunca se sabe. La velada empezó con “Wearing the Robes of Bible Black”, pero no fue noche de clásicos sino de novedades. “Out There”, “Spiral”, “Pitch & Sway” o “Stranded Pearl” (con cameo de la insufrible Isobel) fueron grandes momentos en un repertorio exquisito y contenido. Hubo un conato de “Shiver” para contentar las demandas y todo acabó cuando muchos alcanzábamos el cenit de la emoción. Una pena. Leyenda viva del rock´n´roll.



WOVENHAND: Es injusto que bandas así tengan que verse limitadas a reducción de espacio y tiempo, muy injusto. Lo de David Eugene Edwards in situ es de impresión. Más bien poseído por el diablo que del lado de la Biblia, el de Denver es una bestia en trance, un chorro de voz a presión (nada que envidiar a Nick Cave) que brama como si fuera el día del juicio final, presa de vahídos que piden a gritos un exorcismo. “Kicking Bird”, “Beautiful Axe”, “Tin Finger” y la todopoderosa “Kingdom of Ice” fueron profusas y místicas hasta la extremaunción, introducidas por murmullos y cinceles. 16 Horsepower también se dejaron oir con los surcos de acordeón de “American Wheeze”. Una auténtica exhibición; es justo y necesario volver a vivirla ampliada en duración y forma.



Anécdotas de festival:

- Los silencios: las pausas en los conciertos de La Buena Vida y de Isobel Campbell & Mark Lanegan contaron con silencios colectivos que no se recuerdan. Nadie se atrevía a rechistar.


- Darren Hayman, ese crack: el viernes a la entrada en El Sol, solitario y despistado, detrás del puesto de camisetas y cds. Después saldría al escenario completamente transfigurado.

- Franic Rozycki y la educación inglesa: el bajista de The Wave Pictures llegando a la sala con la hora pegada, colándose entre el público para encontrar el acceso al backstage y repartiendo “excuse me” y “sorry” a diestro y siniestro.

- Los “amores verdaderos”: los músicos de Eli “Paperboy” Reed también acudieron a El Sol a ver a Hayman y Hayter. Aunque, y de ello doy fe, no les hicieron ni puto caso.

- ¿Qué hacía el tercero de The Dodos cuando se metía debajo del vibráfono?. La gran incógnita del festival.

- La osadía de Howe Gelb: atrévete a sacar una casaca del Séptimo de Caballería y una camiseta del Barça y pide consejo a la audiencia sobre cuál ponerte. La elección fue clara.

- Los retrasos del sábado: no se sabe el motivo, pero la entrada a la Joy Eslava el sábado se colapsó más de lo debido. Ello supuso desfase de horarios y un carrerón que ni Usain Bolt para llegar a tiempo a Wovenhand. El estrés mereció la pena, sin duda.

07 diciembre 2008

REPORTAJES

I´M NOT THERE + NO DIRECTION HOME: RETRATOS DEL MITO INSURRECTO.

Todos somos Dylan.

¿Quién no ha querido en algún momento de su vida cambiar el mundo?. ¿Quién no se ha sentido antisistema y ha buscado cualquier arma al alcance de la mano para expresarse y escapar?. ¿Quién no ha escrito o simplemente pensado alguna frase o palabra de protesta?. ¿Quién no ha querido tener una guitarra entre sus manos?. Bob Dylan es el autor del credo antisistema, protestón y poético más recitado en los últimos cincuenta años. Bob Dylan, aparte de escritor y músico, es un personaje esparcido en miles de personajes, que inspira e irrita, transciende y contradice, admira y asusta. Bob Dylan es una leyenda de otra dimensión. Así, Bob Dylan es niño y mujer; es blanco y negro a la vez; es Woody Guthrie, es un yanqui abandonado, una víctima del papel cuché, un pelele, un sensible empedernido, un absoluto imbécil. Nadie sabe quién es Dylan, pero todo somos él. Aunque lo odiemos, en el fondo del corazón también hay algo de amor.

“I´m Not There” (2007) es la idea surrealista de Todd Haynes sobre las mil caras del mito sin nombrarlo ni una sola vez. Mil caras que son la de Christian Bale, Cate Blanchett o Richard Gere, pero que podrían ser las de cualquier hijo de vecino. Su música y sus textos son el guión para un hilo argumental inexistente, que mucho tiene que ver con el existencialismo, la soledad, el dolor y el desastre. Hay guiños ocasionales que aluden momentos míticos: el gran anatema de Newport 65, el encuentro con Allen Ginsberg, el famoso grito de “¡Judas!” en la controvertida gira europea del 66. Hay presencias dispersas y confortables más propias de documento musical que de producción hollywoodiense (Kim Gordon, Joey Burns y John Convertino, un ancianísimo y entrañable Richie Havens). Pero la historia es una historia sin historia, sin conclusión ni moraleja, cebada de interrogante y contradicción, que deja a la luz las miserias más palpables de la insurrección del mito, poniéndolo en evidencia tragicómica.

Hay que hallar algo más de verdad, si es que acaso la hay. Veamos qué contaba “No Direction Home” (2005), el documental de Martin Scorsese. Esto es otra cosa, otro Dylan, quizá el auténtico Dylan, sin caricatura ni interpretación. Es el Dylan que nació en Minnesota, que emigró al Greenwitch Village neoyorquino convertido a la religión de Woody Guthrie, que abrazó el éxito hasta que el éxito lo engulló de un bocado. Es el Dylan que tomó el relevo a Peter Seeger como trovador de esperanza en un mundo de controversia, de revuelta política, de miedo y expectación. Es el Dylan que cantaba sobre la realidad, impactando en las conciencias dormidas de una sociedad joven que hasta entonces no había encontrado la palabra ni el medio de mostrar su indignación. Fue el Dylan que estuvo allá y acá, en todos los lugares clave de los convulsos sesenta, en la marcha de Washington, en el caldo de la reivindicación civil. Un Dylan cuyas únicas armas eran una guitarra y una armónica (¿armas antifascistas?), extrañamente sujeta al cuello con un artilugio de lo más innovador. Un Dylan que hizo sombra a todos los de su anterior generación, e incluso a los de la propia; Joan Báez no pudo más que unirse a él, quizá con el ansia de una fuerza conjunta, quizá sabiendo que era el único avión al que darían pista en el aeropuerto de la nueva conciencia.

Sí, “No Direction Home” muestra al Dylan incipiente y creativo, a la vez inseguro y convencido. Muestra al Dylan que rehuyó todas las normas para aferrarse a una única ideología: su música, su mundo. Despreció todas las etiquetas y las marcas, las afiliaciones y los partidos, igual que hoy, con casi toda su vida por detrás, desprecia cuanto se le cruza en el camino, ya sean premios, personas o músicos que darían un brazo por él. Su afán de despreciador nato puede que le venga de la cuna, o puede que no. Puede quizá que venga de ese agujero negro en el que se encontró de repente, descubriendo el absurdo de una fama al principio deseada, después repudiada. Y a sabiendas de que no podía cambiar el mundo, como tantos y tantos le exigían, decidió cambiarse a sí mismo, enchufarse a un amplificador y gritar con todas las fuerzas: “Soy músico, no soy Dios”.

En efecto, Bob Dylan es música. Música que ha sonado desde siempre, eterna como el tiempo. Es su música lo que perdura y lo exime de todos sus pecados, como a tantos y tantos músicos. “Blowin´in the Wind”, “Like a Rolling Stone”, “Mr. Tambourine Man”, “Maggie´s Farm”, “Subterranean Homesick Blues”, “Masters of War”, “Hard Rain´s A-Gonna Fall”, “Chimes of Freedom”, “Tombstone Blues”, “Highway 61 Revisited”… Una banda sonora absolutamente de cine.

www.imnotthere.es

01 diciembre 2008

AGENDA

LA RIVIERA: ¿ADIÓS O HASTA LUEGO?.

En la anterior agenda y ante la abundancia de conciertos en noviembre, servidora decía lo siguiente: “la música en vivo goza de buena salud en nuestro país aunque las condiciones y coyunturas no siempre sean las adecuadas”. Pues bien, como si alguien hubiera leído mis pensamientos o el blog, llega la noticia del cierre de La Riviera. ¿Adiós o hasta luego?. De momento los conciertos programados para el futuro próximo no se han cancelado; algunos retrasan sus fechas, otros simplemente las mantienen. Ello es motivo de respiro. Decretos salomónicos de politiquillos de turno o pillerías de empresarios osados aparte, Madrid no puede permitirse el lujo de cerrar esta sala. Claro que se están diciendo cosas exageradamente burdas a raíz del incidente: cosas como “muerte de la cultura en la capital de España” y similares. No, la cultura no se muere: las bibliotecas, los teatros y los museos siguen abiertos para el que quiera visitarlos, la Fnac y la Casa del Libro siguen funcionando y siempre atestadas. Aquí no se muere nada; solo se ha perpetrando una nueva ofensiva contra los amantes de la música en directo, en concreto sobre esa minoría potencial “despreciada por los medios”, como dice el “sin pelos en la lengua” Quico Alsedo. En efecto, el desprecio y la incomprensión siempre nos han echado su aliento en la nuca, y no solo las superestructuras mediáticas son las culpables; también es culpable el amigo, el compañero, el familiar, el vecino que te mira como un bicho raro cada vez que vas a uno de esos conciertos “de grupos que no conoce ni su puta madre”, que te tildan de tarado desde su lastimosa ignorancia, se ríen de tu sana pasión haciendo daño sin querer (y algunas veces queriendo), que te imaginan vendiendo el alma al diablo entre alijos de drogas y gente sospechosa y rezan todas las noches una plegaria de salvación para que sientes la cabeza. A todos ellos y a muchos otros el cierre de La Riviera les importa una mierda; incluso lo aplauden como solución contra un (hipotético) “desastre humanitario”. Pero a mí me importa, por supuesto. Y no defiendo al damnificado ni al damnificador, no sé quién tiene la razón; uno dice negro, el otro contrataca con blanco, y al final acaba siendo gris. Lo único que defiendo es que las cosas se hagan bien para que de una puñetera vez los “minoritarios potenciales despreciados” tengamos el hueco que nos merecemos en este apestoso mundo de estereotipos, clichés y estupidez. A mí lo único que me importan son los momentos de gloria y alegría que he vivido en esa sala viendo a mis músicos tocar; ojalá esa alegría no se haya acabado. Ojalá la música no se acabe nunca porque entonces, entonces sí que estamos jodidos todos, yo y vosotros.

Hechas las consideraciones que el cuerpo me pedía sobre el tema, vuelvo a montar una agenda de conciertos por si con ello puedo hacer fuerza, aunque sea mínima. Ahí va la programación de diciembre. También la de enero de 2009, porque a finales de año estaremos muy ocupados tratando de sobrevivir a la temible tortura navideña.

DICIEMBRE

RON SEXSMITH- 2 de diciembre. Madrid. El Sol.
3 de diciembre. Barcelona. Bikini.
4 de diciembre. Bilbao. Kafe Antzokia.
6 de diciembre. Murcia. Auditorio Víctor Villegas.
7 de diciembre. Palma de Mallorca. Teatro de Lloseta.

NEW YORK DOLLS- 3 de diciembre. Madrid. Heineken.
4 de diciembre. Santiago de Compostela. Capitol.
5 de diciembre. Baracaldo. Rock Star Live.

PSYCHIC TV- 3 de diciembre. Barcelona. La [2].
4 de diciembre. Madrid. Moby Dick.


LOW- 4 de diciembre. Madrid. Galileo Galilei.
6 de diciembre. Santander. CuVa.
8 de diciembre. Sevilla. Teatro Central.

PRIMAVERA CLUB 2008
Barcelona. 10, 11, 12 y 13 diciembre (Apolo y Auditori Forum).
Madrid. 11, 12 y 13 diciembre (Joy Eslava, El Sol y Nasti).
Cartel: Giant Sand (en la foto), Isobel Campbell & Mark Lanegan, The Dodos, The Extraordinaires, Wovenhand, Eli “Paperboy” Reed & The True Loves, La Buena Vida, The Wave Pictures, Darren Hayman & Jack Hayter, Boss Hog, Abe Vigoda, 12Twelve, Deerhoof, The Thermals…

ENERO

CALEXICO- 15 de enero. Madrid. Joy Eslava.
16 de enero. Vigo. Centro Social Caixanova.
17 de enero. San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia.
18 de enero. Zaragoza. Oasis.
20 de enero. Barcelona. Apolo.

DAMON & NAOMI- 18 de enero. Vigo. Vademécum.
20 de enero. Gijón. Acapulco.
21 de enero. Huesca. Matadero.
22 de enero. Tarragona. Loop.

THE STRANGLERS- 28 de enero. Barcelona. Razzmatazz.
29 de enero. Madrid. Joy Eslava.
2 de febrero. Bilbao. Santana 27.

GREG DULLI & MARK LANEGAN- 30 de enero. Barcelona. Apolo.
31 de enero. Bilbao. Kafe Antzokia.
2 de febrero. Madrid. Joy Eslava.

29 noviembre 2008

CONCIERTOS

MERCURY REV. Madrid. Joy Eslava. 28-11-2008.

Jonathan, el encantador de serpientes.

Érase una vez una banda que decidió adoptar un nombre de bailarín transilvano. Érase una vez una serpiente que se alimentaba de música. Érase una vez un romance entre el bailarín imaginario y la serpiente; un idilio que se remonta una década atrás y que ha sobrevivido a los tiempos al más puro estilo Romeo y Julieta, pero con una diferencia: que las dos partes siguen más vivas que nunca. Érase una vez otro encuentro entre ambos.

Érase un intro de imágenes sobre tela blanca frente al que la serpiente quedó turbada: Leonard Cohen, Talking Heads, Jack Kerouac, Jim Jarmush, Paris-Texas, Nick Drake, Henry Miller, Miles Davis, David Bowie, Misissipi John Hurt, John Coltrane, Beethoven, Alicia en el País de las Maravillas, etc, etc, etc, y el bailarín asomando entre ellos. Génesis y final, la serpiente se dio cuenta de que ella no eligió a su amor, sino que fue el destino el que unió los cabos sueltos de su alma a los de otra alma gemela.

Érase una vez una banda que un día quiso regalar al mundo las canciones más hermosas de la historia. “Frittering”, “Empire State”, “Chasing a Bee”, “Racing the Tide”, “Holes”, “The Funny Bird” o “Chains” forman parte del cajón de medicinas de la serpiente, al que echa mano cuando hace falta curar el virus de la inseguridad o la bacteria de la tristeza.

Érase un hechicero, llamado Jonathan Donahue, que bebía de una enorme botella para encontrar la inspiración, como Oscar Wilde y tantos otros. Érase también el travieso pequeño saltamontes, el príncipe azul en su castillo de teclas y los dos pajes rítmicos de pelo encrespado. Érase cinco reducidos a uno por los ojos de la serpiente: al loco sonrisas de la voz de chicle, el mimo confabulado con la luna y las hadas, tocador de pianos y tambores imaginarios, dueño de unos polvos mágicos desparramados sin la menor tentación de egoísmo. Los polvos tomaron el aire y alcanzaron a la serpiente, impidiéndole hacer las cosas que normalmente hace en un concierto: bailar, cantar, aplaudir, beber. Serpiente hipnotizada, postergada, inmóvil como un pedazo de mármol. Y aunque la dejaron sin su “Frittering” y sin su “Faraway from Cars”, el encantador y su comando colmaron a la serpiente en sus más secretos anhelos: otra dosis de “Holes”, “Black Forest”, “The Funny Bird”, “You´re my Queen”, “Tides of the Moon” y “Goddess on a Hiway”, muchas con postres electrificados y catárticos. Vasto y profundo mar de embelesamiento en el que los recientes conjuros electrónicos de copos de nieve, gente impredecible, niñas en flor y sentidos ardiendo encajaron milimétricamente en la bodega de un barco que sigue a flote por la gracia de Neptuno.

Érase una vez una serpiente que salió del reducto inexpugnable de la calle Arenal convertida en ser humano y sin palabras, pero con la ancha esperanza de encontrarlas. Pues bien, las ha encontrado. Porque como narraba Oscar, el tamborilero vitricida de Günter Grass: “Y cuando luego aquello se acabó de verdad, empezaron en seguida a hacer del final un nuevo principio lleno de esperanza, porque, entre nosotros, el final es siempre un principio, y hay esperanza en todo final, aun en el más definitivo de los finales”.

www.mercuryrev.com



15 noviembre 2008

CONCIERTOS

SIGUR RÓS. Madrid. La Riviera. 12-11-2008.

Gran bola de fuego.

Islandia es un país remoto que apenas si trasciende; la gente solo se acuerda de él cuando se desploman sus mercados financieros o España juega en fútbol contra su selección. ¿Son Sigur Rós conscientes de la propaganda turística y costumbrista que hacen de su patria?. Me sigue costando creer que una banda tan particular se haya convertido en santa devoción de masas. Música bella pero complicada, desarrollos interminables, historias ininteligibles expresadas en una lengua rara que a veces suena hasta pueril. ¿Grupo de culto?. No. Los grupos de culto no venden discos, tocan en salas de no más de doscientas personas y solo están en boca de la minoría. Lo de Sigur Rós es el gran enigma del siglo XXI.

Escuchar esta música es imaginar. Imaginas glaciares, soledad, vaho, luces blancas, moradas y azules; sueñas brumas y una quietud indescriptible. Pero en directo estas visiones se transforman: los islandeses son puro fuego sobre el escenario. Un fuego prendido por Jonsi Birgisson, el Farinelli del pop. El grupo se sostiene en su extraordinaria y extravagante voz, en ese sonido de terremoto sacado de una guitarra con un arco de violín. Sin él serían un grupo del montón. Esta vez no hubo lunas ni marabunta orquestal, solo los teloneros For A Minor Reflection (por cierto, son muy buenos) poniendo la batucada de “Gobbledigook”. Pero sí que hubo intensidad, silencios canónicos y emociones cortando el aire de la atestada Riviera.

Impactante: el solemne homenaje de inicio al idílico “Agaetis Byrjun” (99) con “Svefn-G-Englar” y “Ný Batterí”; la gran fiesta de “Gobbledigook”, con confetti a mansalva incluido; los superpoderes de “Saeglópur”, que en vivo roza lo divino; “Festival” o esa nota sostenida durante más de treinta segundos; la majestuosa corona sobre la cabeza de Orri; el arco destrozado con saña que voló finalmente hasta el público… y sobre todo, “Popplagid”.

“Popplagid” fue una despedida apotéosica, más de diez minutos descomunales, una vomitona de ruido y fuerza, una jodida bomba en las entrañas. De esos finales que te dejan paralítico y sin habla, hasta el punto de no saber por dónde narices está la salida al mundo real. Una gran banda en directo. Una gran banda sin más.

www.sigur-ros.co.uk

06 noviembre 2008

DISCOS

WOVEN HAND. Ten Stones.

Hallazgo inducido.

Su inclusión en el cartel del Primavera Club 2008 nos guió a “Ten Stones” (2008). La cyberlabia musical nos ha llevado a “Mosaic” (2006), y éste a “Consider the Birds” (2004) y “Blush Music” (2003). El círculo terminará próxima e irremediablemente en 16 Horsepower. Pero ahora toca hablar del primero (o del último), por ser la puerta de entrada y por ser la actualidad.

Los mundos de Dave Eugene Edwards: hay infraestructuras colosales que unen estadios y estilos, como esos cables de alta tensión que atraviesan kilómetros y kilómetros (¿quién los habrá puesto ahí?) conectando y llevando luz a la humanidad. Así es la música de este tipo, pura ingeniería sacramental. Como una alianza entre Peter Murphy y Nick Cave, ungidos por el Espíritu Santo y predicando en algún antro de carretera lleno de viajeros proscritos. Y cuanto más polvo haya en la carretera y más condenados estén los proscritos, mejor: así el mensaje adquiere su verdadero poder de exorcismo y el mensajero su estatus de salvador.

“Beautiful Axe” estrena con rotundidad un disco que diserta entre el rock y el country, lo espiritual y lo pagano, lo gótico y lo renacentista. Piedras para lapidarse los oídos hasta hacerse sangre; las primeras son llevaderas, las marcas llegan a partir de la quinta. “Iron Feather”, “White Knuckle Grip”, “Quiet Nights of Quiet Stars” (homenaje a Antonio Carlos Jobim), “Kicking Bird”, “Kingdom of Ice” y “His Loyal Love” se suceden desatando caricias, erupciones volcánicas, letanías y plegarias, asaltos hipnóticos y golpes maestros que dejan K.O. La última y misteriosa piedra sin nombre sirve para depositar los restos moribundos sobre la línea de un oscuro precipicio en el que resuena una voz subyugante, estruendosa y tremebunda. La voz del mensajero, la voz de la verdad.

www.wovenhand.net

04 noviembre 2008

AGENDA


NOVIEMBRE EN VIVO

Mes de ensueño para conciertómanos.

Echo un vistazo al cartel de conciertos para este mes y, sinceramente, se me hace la boca agua. La lista es nutrida y variada, mostrando que nadie se rinde, que todos se mueven, que la música en vivo goza de buena salud en nuestro país aunque las condiciones y coyunturas no siempre sean las adecuadas. En noviembre habrá segundas partes de primeras partes festivaleras (Sigur Rós, Nick Lowe), el regreso de sospechosos habituales (The Wedding Present o Mercury Rev, en la foto) y algunos símbolos de las agendas patrias (como Micah P. Hinson, ¿cuántos conciertos ha dado en España en los últimos dos años?). Me enternece el reencuentro de Gary Louris y Mark Olson, que quizá vengan con intenciones y ecos de The Jayhawks bajo el brazo. Me apuntaría sin pudiera a dos voces femeninas inconmensurables: Martha Wainwright y Joan Wasser. Para clásico retro retro, el incombustible Steve Winwood en incógnita de forma. Y para los que no sepan de qué va lo de Matthew Herbert con la Big Band, un apunte: acampada libre de un crack tarado en un bosque de jazz y bossa-nova, recomendable e imperdible. Por lo pronto, hace nada nos visitaban A Place to Bury Strangers: nombre y música son guante y mano.

A pesar de la tregua, los festivales siguen sucediéndose. El Wintercase 2008 es el ejemplo más evidente de la crisis: muy flojo. Sin embargo el Tanned Tin sí apetece (algún año tendré que ir, copón); esta edición alberga un acontecimiento digno de titular: la reunión única de Thalia Zedek y Chris Brokaw.

Por lo demás, la noticia reciente más comentada ha sido la próxima gira de AC/DC; el récord Guinness en la venta de papel ha sembrado lagrimitas en los ojos de algunos que conozco. Sin embargo, yo puedo darme por contenta; la (apestosa) MTV recuperó hace poco el concierto del 96 en Las Ventas de Madrid y fui testigo. Y me las sabía todas, oiga. Revelación: soy fan de los australianos y me acabo de enterar. “Hard as a rock”, oh, yeah.

Conciertos del mes:

JOAN AS POLICE WOMAN. 4 noviembre. Murcia. Auditorio y Centro Congresos.
6 noviembre. Barcelona. Mephisto.
10 noviembre. Vigo. La Fábrica de Chocolate.

MARTHA WAINWRIGHT. 7 noviembre. Madrid. Joy Eslava.

MATTHEW HERBERT BIG BAND. 7 noviembre. Cartagena. Teatro Circo.
8 noviembre. Valencia. Greenspace Heineken.
14 noviembre. Bilbao. Santana 27.
16 noviembre. Madrid. La Riviera.

HERCULES AND LOVE AFFAIR. 10 noviembre. Madrid. Heineken.

THE WEDDING PRESENT. 11 noviembre. Madrid. Heineken.
12 noviembre. Valencia. Greenspace Heineken.
16 noviembre. Barcelona. La (2).

SIGUR RÓS. 12 noviembre. Madrid. La Riviera.
13 noviembre. Barcelona. Sant Jordi Club.

STEVE WINWOOD. 13 noviembre. Barcelona. Apolo.
15 noviembre. Madrid. La Riviera.

NICK LOWE. 14 noviembre. Madrid. La Riviera.
15 noviembre. Valencia. Greenspace Heineken.

MICAH P. HINSON. 17 noviembre. Madrid. Heineken.
20 noviembre. Barcelona. Sidecar.

THE TING TINGS. 18 noviembre. Barcelona. Bikini.
19 noviembre. Madrid. Joy Eslava.

STEREOLAB. 22 noviembre. Barcelona. Razzmatazz.
23 noviembre. Madrid. La Riviera.

DAMIEN JURADO. 24 noviembre. Madrid. Moby Dick.

COLD WAR KIDS. 24 noviembre. Barcelona. Razzmatazz.
25 noviembre. Madrid. Moby Dick.

MERCURY REV. 28 noviembre. Madrid. Joy Eslava.

GARY LOURIS & MARK OLSON. 29 noviembre. Madrid. Neu!.

Foto:
www.myspace.com/mercuryrevmusic

31 octubre 2008

DISCOS

FLEET FOXES. Fleet Foxes.

Paz, hermanos.

Vienen de San Francisco, vieron la luz en los 60, son unos hippies greñudos y barbudos que estuvieron en Woodstock. No, es mentira (salvo por lo de las greñas y barbas). En realidad vienen de Seattle y acaban de publicar un debú que rememora la década de la paz y el amor y a todos aquéllos que cantaron por la causa. La ELO, Crosby, Still & Nash, John Sebastian, Grateful Dead, The Mamas & the Papas, America, Gram Parsons, The Youngbloods, Love… Todos son espíritus presentes en este “Fleet Foxes” (2008), candidato serio a disco más sincero del año. La ópera prima de los zorros veloces no tiene desperdicio; está plagada de melodías positivas, de mágicas corales, de acústicas con sabor añejo. La voz de Robin Pecknold (maldito geniecillo, todas las composiciones son suyas) convence tanto en la desnudez extrema (“Tiger Mountain Peasant Song”, “Meadowlark”) como bien acompañada en esos entrañables himnos para canturrear con los amigos alrededor de una fogata (“White Winter Hymnal”, “Quiet Houses”). Un precioso álbum que entra por todos los sentidos, dejando la mente clara, el corazón caliente y la boca con sabor a miel. Terapéutico descubrimiento.

www.myspace.com/fleetfoxes

28 octubre 2008

DISCOS

MERCURY REV. Snowflake Midnight.

Big bang siniestro en la tercera fase.

Primera fase: lluvia psicodélica desquiciada. Segunda fase: melodía boomerang. Tercera fase: mundos electrónicos. En tiempos valetudinarios de crisis material, desplome financiero y dificultades vitales, Mercury Rev invierten en bolsa. No es de locos, es de valientes jabatos. “Snowflake Midnight” (2008) se ha llevado más palos que un caballo de carreras. A vosotros, avezados destructores sin sentimiento, os digo: no tenéis fe ni piedad. Qué fácil hubiera sido otro “Deserter´s Songs” (98) lleno de cuentos de hadas, caricias y promesas baratas. Pero no. Los buenos hacen lo que les viene en gana, nadan contracorriente e inventan nuevas y románticas formas de suicidarse. “The Secret Migration” (2005) anunciaba que era la hora cero. La supernova ha estallado en mil pedazos digitales, pariendo una rapsodia siniestra y agridulce, donde la canción ya no es canción, sino un experimento caótico en medio de un universo que es caos por definición. Tan efímero como copos de nieve en un mundo que arde. Los textos son oscuros, abruman y alumbran sentencias como “la vida es incierta y la gente es tan impredecible...”. Real como la vida misma, triste como la vida misma. No se trata de pesimismo, se trata de coherencia. Lo de menos es cómo suene. Ya lo dijo hace poco Jonathan Donahue: el mejor disco de la historia es el silencio. La reflexión más sabia que se ha escuchado en siglos.

www.mercuryrev.com