27 febrero 2009

RETROSPECTIVAS

LOW. Long Division.

El credo del minimalismo.

Soberbios. Solemnes. Sepulcrales. Low hielan la sangre. “Long Division” (95) emerge de las criptas del corazón, con el fulgor de un alma ataviada con una insignificante hoja de parra. Su entero curriculum es un profundo escalofrío; he aquí una de sus páginas más intensas y leídas. Un álbum donde la desnudez del grupo se exhibe, impúdica y orgullosa, haciendo honor a la máxima de “menos es más”. Los veo, los oigo y pienso: “Yo también puedo ser músico”. Si me aprendo tres acordes, si me compro un tambor… Pero no; la magia a cámara lenta que brota de ellos no es obrera, sino espiritual. No son personajes, sino personas. Y está más que comprobado que la música que estremece de verdad es la que hacen las personas.

Este “Long Division” es el credo fundamental de una banda no apta para materialistas. En él, la guitarra y la percusión desfilan juntas, muy despacio, vestidas de luto, con velas encendidas contra la puesta de sol. No hay prisa; entre nota y nota hay tiempos eternos, rendijas por las que se cuelan las emociones inducidas, los valores vueltos del revés, las sensaciones de desatino cotidiano. Canciones que a veces son canciones, a veces plegarias, a veces escupitajos a la cara, impeliendo a la reflexión y a la reacción. Cuando canta él (“Swingin´”, “Turn”) hay escozor, ignominia e inquietud. Cuando canta ella (“Below & Above”, “Shame”, “See Through”) hay sosiego, calor maternal y esperanza. Cuando cantan los dos (“Violence”, “Throw Out the Line”, “Caroline”) hay equilibrio: el yin y el yang. Que estas dos fascinantes voces se hayan encontrado es un milagro. Que un disco tan humilde pueda sugestionar con esa fuerza es un misterio. Y “You May Need a Murderer” sigue en espera…

www.chairkickers.com


11 febrero 2009

CONCIERTOS

TINDERSTICKS. Madrid. Teatro Calderón. 9-2-2009.

El discreto encanto de la burguesía.

Tindersticks no son el prototipo de músicos a la moda; más bien se trata de un aplicado grupo de expertos, de nuevos románticos después de los nuevos románticos, de lobos esteparios con educación británica y acento burgués. Llevan años saliendo en la misma fotografía y el bouquet de su música está a salvo del paso del tiempo. Sin embargo, sus minutos de gloria se esfumaron, ya no son la actualidad, aunque sobrevivir, sobreviven, y con qué dignidad. “Pensábamos que ya nadie nos escucharía” decía Stuart Staples a propósito de su regreso. Al igual que ellos, el espíritu distinguido del oyente sobrevive, y aunque sin comprar todo el papel, Madrid se rindió a sus pies.

Para los que asistimos a su actuación en el pasado Primavera Sound, no hubo demasiadas sorpresas; se diría que fue una repetición de la jugada, solo que con menos ejecutores e infinito más respeto. Jugosas lonchas de recuerdos (“Dying Slowly”, “City Sickness”, “Sleepy Song”, “Say Goodbye to the City” y “She´s Gone”) entre dos grandes rebanadas de “The Hungry Saw” (2008). Variaciones en la formación: de aquella noche en Barcelona han volado las cuerdas, permaneciendo solo el violoncelo y los metales. El que también ha volado es Thomas Belhom, sustituido por un negro ciclópeo con ramalazos de batería de jazz. Variaciones en el repertorio: su reciente entrega sonó al completo, y los instrumentales, “The Other Side of the World” y “All the Love” coagularon la sangre en las venas. “City Sickness” y “She´s Gone” ocuparon el lugar de “Her” y “Travelling Light” como muestra de sus dos primeros y aplastantes trabajos. No obstante, “Her” se zambulló entre los bises (justo entre “Tiny Tears” y “My Sister”) protagonizando el segundo momento más fulgurante de la velada; el primero fue “Say Goodbye to the City”, que amenazó seriamente las cláusulas morales de decoro e inacción firmadas por los presentes. Y “Simple Pleasure” (99) quedó adocenado en el olvido.

Cada música tiene su momento y también su escenario. Al cuerno los festivales masivos; Tindersticks son huéspedes de honor de auditorios, atmósferas victorianas y templos de arte mayúsculo. Al raso su elegancia y hondura se evaporan. Saben diferente en una butaca, lejos del ruido, del humo y de la incómoda conversación ajena. El Teatro Calderón puede que no sea el espacio más cuco y remozado del mundo, pero el lunes se convirtió en el teatro de los sueños. Y los sueños, sueños son; en la calle está de nuevo la realidad, pero que la zurzan.

www.tindersticks.co.uk

08 febrero 2009

DISCOS

ANIMAL COLLECTIVE. Merriweather Post Pavilion.

Pop de grado superior.

El mundo es una sola voz. La crítica es terriblemente unánime. Animal Collective son la sensación del momento, y lo primariamente discutible ya no admite más discusión después de hincar el diente a este alucinante “Merriweather Post Pavilion” (2009). Aliémonos pues con el sentir general. Estos outsiders del pop han logrado poner su listón donde se les presuponía: en el Olimpo. En “Strawberry Jam” (2007) y el trabajo firmado en solitario por Panda Bear sonaban trompetas anunciadoras, pero faltaba el salto definitivo a la lucidez. La incomodidad de sus retorcidos caminos sonoros se convierte en un haz de luz y un estado de intenso bienestar con cada escucha de su nuevo álbum. Ya no impera el ruidito molesto ni la paranoia estructural, sino las saetas canturreadas por esas preciosas voces, que se pegan como la arena a la piel cuando acabas de salir del baño. Sinceramente, qué gozada.

“Merriweather Post Pavilion” recrea a unos Beach Boys de dibujos animados, sonados, inocentes y futuristas. Puede parecer pueril o de broma, pero ahí radica su encanto. La mística y profunda “In the Flowers” es como la puerta de un laberinto; una vez dentro no sabes lo que te vas a encontrar, ni cómo vas a salir. Al final el recorrido es tan alucinante que quieres repetir, sin duda. Porque es un disco de melodías brillantes (impepinables “Summertime Clothes” y “Bluish”), de sanísima diversión (“My Girls”, “Lion in a Coma” y “Brothersport” son toda una fiesta), de incuestionable poder espiritual (explícito en “No More Runnin” y el largo desenlace de “Daily Routine”). Incluso las más modestas (“Also Frightened” o “Guys Eyes”) tienen ese apunte, giro o explosión que las reivindica. Estamos ante uno de los álbumes del año y el año no ha hecho más que empezar. Un motivo poderoso para guardar fe en el 2009. Una efectiva pildorita para ignorar las sombras que se ciernen sobre el futuro.

www.animalcollective.org


04 febrero 2009

REPORTAJES

MENOMENA: VÉRTIGO CREATIVO.

Portland canta bingo.

31 de mayo de 2008. Barcelona. Primavera Sound. Escenario CD Drome. Menomena. Dos o tres canciones; huida lastimosa por culpa de Deerhunter. La mecha prendió; el fuego surgió después, en otro momento y en otra parte. De la experiencia quedó la siguiente impresión: “Arriesgados y exorcizantes, una apuesta veloz y única, se mueven en las ciénagas del post-rock y el kraut como pez en el agua, y son capaces de darse miedo hasta a sí mismos. Hay que dedicarles tiempo en un futuro”. Pues bien, los deberes están hechos y las promesas cumplidas.

Menomena son tres jóvenes músicos multiinstrumentistas de Portland, Oregón. Su música es difícil de catalogar o emparentar. Como efecto secundario del consumismo musical brutal y compulsivo, del enriquecimiento constante se llega a la saturación neuronal y auditiva, que dificulta la visión global, que impide establecer conexiones inmediatas y conscientes. Así pues, dolencia en su máximo rango, vale la renuncia de comparar a Menomena con otros fenómenos de su raza. De lo que no hay duda es de que esta música, esta jodida música excitante y volumétrica, bebe de todas las fuentes que se activan en su camino. Del krautrock, ¿por qué no?. Del jazz, claro que sí. Del techno, a veces. Aunque en definitiva es simplemente rock. En sus composiciones hay algo matemático, algo azaroso; algo mecánico, algo libérrimo. Son como un generador de canciones para nada estandarizadas, más bien atípicas, reñidas con la secuencia canónica estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-variación instrumental-estribillo. Son canciones que fluyen a su libre albedrío, pero ojo, sin perder jamás de los jamases su hilo argumental. Los elementos con los que juegan no tienen nada de extraterrestre, aunque sus grabaciones de estudio se basen en una herramienta desconocida y quizá muy divertida llamada Deeler (Digital Looping Recorder). Repito, los elementos no son la novedad: pulidas guitarras, bajos henchidos, ritmos desordenados, románticas melodías de piano y apuntes de saxo, básicamente. La autenticidad radica en la forma de utilizarlos, de combinar, acompañar, suceder y superponer esos elementos. El resultado causa una admiración extraterrena, un morbo intenso, un escalofrío de satisfacción.

Empecemos como empezamos, es decir, por el final. “Friend and Foe” (2007), es su último largo en circulación y el primero en traspasar las cáusticas fronteras yanquis. Con él consiguen su cuadro perfecto, el más accesible o el más interpretable. Un disco mayúsculo: melodías superiores, exhibiciones instrumentales, letras enigmáticas y títulos tan extraños como “El Pelícano”, “Barco Fantasma”, “Infierno Podrido” o “Abeja Malvada”. Un álbum que va creciendo en cada corte, perforando el cerebro. Cada una es mejor que la anterior hasta llegar al finiquito, la asombrosa “West”, que raya el nivel de Premio Nóbel convirtiéndose en una pieza de museo difícilmente superable. Soberbio y absorbente disco, que no engrosó lo mejor del 2007 en este blog por conocimiento a destiempo (y en la Rock de Lux por vete tú a saber qué). Anteriormente a él está el curioso “Under an Hour” (2005); una obra de tres instrumentales de dieciocho minutos bajo los temáticos nombres de “Agua”, “Harina” y “Luz”, trabajada como música de acompañamiento del grupo de danza y performance Master Squad. Cercano al rock solo en momentos puntuales, es más una pseudo-banda sonora, un relajante flujo de ideas entre la pasión de Michael Nyman y la sutileza de Yann Tiersen. Ejemplo máximo de su potencial creativo.

Siguiendo marcha atrás cronológicamente, “I Am the Fun Blame Monster” (2004) conforma su debú discográfico, un estreno con valor de carta de pago de todas sus dotes y virtudes. El vigor de “Cough Coughing”, la onírica “Oahu”, la sentimental “Rose” y el cruce de estilos de “The Monkey´s Back” (de Herbie Hancock a Soundgarden en un pestañeo) no dejan indiferente. Para los coleccionistas enfermizos y muy fans, aún hay más material: “Happiness is Shouting Bingo!” (2002) recoge extraoficialmente esqueletos, demos, grabaciones en directo y demás suerte de rarezas. Entre ello se cuenta el primer ensayo de “Rose”, tomas radiofónicas de unas “Cough Coughing” o “Twenty Cell Revolt” aún por pulir, y una incursión en el soul de la mano de la teatral “Sister Social Theme”.

Para rematar la faena es bueno ver a Menomena gastárselas en directo. Las pésimas condiciones en aquel escenario del Forum no les hicieron justicia, pero el Paradiso de Amsterdam es otra cosa, como se puede disfrutar en esa web bendita que es
www.fabchannel.com. Verlos en funcionamiento, como una estructura piramidal, es todo un espectáculo. La ejecución aparentemente deslavazada arroja un sonido pulcro y obediente. Brent Knopf pulula entre xilofón, pedales y teclados, con la guitarra perpetuamente colgada al hombro. Justin Harris alterna bajo, guitarra y saxofón con parsimonia. Danny Seim se retuerce como un simio enjaulado sobre la batería. El protagonismo es triple y compartido, rotacional en las voces. Solo tres personas tocando instrumentos, a la antigua usanza, sin maquinaria de apoyo. ¿Es o no es un poco jazz?.

Para concluir, una noticia y una recomendación. La noticia es que anuncian nuevo disco en 2009, un disco que ya se espera con impaciencia y suprema devoción. La recomendación lleva a fijar la vista en los diseños de su myspace y web oficial; una forma inmejorable de sumergirse en el vértigo de una banda liberal, singular, solo para adultos.

www.menomena.com

01 febrero 2009

AGENDA

CONCIERTOS DE FEBRERO.

El ejemplo murciano.

Después del interesante aluvión de conciertos que cerró el año (de octubre hasta diciembre) parece que en este 2009 la cosa echa el freno. Que vuelvan a España bandas como Oasis, Kaiser Chiefs, Franz Ferdinand o Travis parece ser un notición para muchos (a la venta de entradas me remito), pero no para los que están de vuelta del brit-pop, en coma severo desde hace bastantes años. Así pues, las apuestas más o menos merecedoras de este mes de febrero se quedan en lo siguiente:

STEVE WYNN- 3 febrero. Madrid. El Sol.
4 febrero. Gijón. Acapulco.
5 febrero. Vigo. Mondo.
6 febrero. Bilbao. Santana 27.
7 febrero. Zaragoza. La Casa del Loco.
8 febrero. Barcelona. La (2).

MOGWAI- 3 febrero. Málaga. Teatro Cervantes.
4 febrero. Murcia. Auditorio y Centro de Congresos.
6 febrero. Madrid. Joy Eslava.
7 febrero. San Sebastián. Kursaal.

TINDERSTICKS (en la foto)- 8 febrero. Barcelona. Auditori.
9 febrero. Madrid. Teatro Calderón.
10 febrero. San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia.

HERMAN DUNE- 11 febrero. Madrid. Heineken.
12 febrero. Murcia. Auditorio y Centro de Congresos.
13 febrero. Zaragoza. Café Hispano.
14 febrero. Durango. Plateruena.

KINGS OF LEON- 14 febrero. Barcelona. Razzmatazz.
15 febrero. Madrid. Palacio Vistalegre.

En este punto, es imprescindible comentar lo que está sucediendo de un tiempo a esta parte en Murcia. Los emprendedores, autoridades o ambos han puesto en el centro del mapa de conciertos a esta ciudad en una iniciativa que merece un caluroso aplauso. El Auditorio y Centro de Congresos Victor Villegas lleva acogiendo desde hace un tiempo en su seno multitud de propuestas musicales de pop y rock, dotando a la ciudad hortelana de una sanísima cultura en el ámbito, y favoreciendo el desfogue de vecinos (los albaceteños, doy fe) ansiosos de su alimento. No solo su oferta (en los próximos meses pasarán por allí Christina Rosenvinge, Mogwai, Herman Dune, Jane Birkin, Jonathan Richman, Giant Sand, Keren Ann o Antony & the Johnsons, entre otros) sino las condiciones para disfrutar de la música en vivo (con dos salas de diverso aforo, Narciso Yepes y Miguel Angel Clares), hacen de Murcia un ejemplo a seguir, un espejo en el que deberían mirarse las concejalías de cultura de municipios medianos con ganas de trascender. Pero claro, ¿qué es cultura en estos tiempos que corren?. La pregunta abre el debate, pero que discutan otros.

Foto: heineken.es

21 enero 2009

RETROSPECTIVAS


NEIL YOUNG. Prairie Wind.

El disco que entró por los ojos.

La música normalmente entra por el oído, casi siempre, por definición. Sin embargo, hay excepciones, basadas en extrañas coincidencias, en milagros. “Prairie Wind” (2005), como es sabido, forma el cuerpo del documental “Neil Young: Heart of Gold” (2006), obra en la que Jonathan Demme capta con su ojo clínico la premier de este álbum a través de un magnífico concierto en el Ryman Auditorium de Nashville. Un álbum de repercusión mediana en la carrera del canadiense de no ser por esta segunda visión, que lo inserta en otra dimensión más profunda. “Prairie Wind” es un disco sincero y hermoso, en el que el maduro Young mira hacia dentro y hacia atrás para contarnos más historias sobre la existencia, con su fina pluma perfectamente engrasada. Es un trabajo que bebe a tragos largos del country puro, directamente de Hank Williams, articulándolo con el folk y el gospel. El incombustible vuelve a mostrarse en cueros emocionales, dedicando su sabiduría a todos sus anclajes personales: a su tierra y sus amigos (“No Wonder”, “Far from Home”), a su Martin D-28 (“This Old Guitar”), a su padre muerto (“Prairie Wind”), a su descendencia (“Here for You”), a Dios (“When God Made Me”). Es un disco de textos y acordes brillantes. Natural: es un disco de Neil Young.

El documental en cuestión retrata un momento decisivo en la carrera del músico y en la vida del hombre: ese en el que no sabes qué pasará a continuación. Grabado justo en el momento de enfrentarse a su aneurisma cerebral, y quizá por eso, muestra a un Neil Young en el límite de sus fuerzas. También muestra al Neil Young evocador y entrañable, empeñado en explicar el por qué de las canciones cuando a su edad no es preciso dar ya ninguna explicación. Sobre el escenario le acompañaron colegas, músicos históricos y gratas compañías: Emylou Harris, Grant Boatwright, Rick Rosas, Chad Cromwell, Spooner Oldham, su esposa Pegi Young… un elenco de jóvenes y viejos sabios dándole abrigo en la faena. Pero “Neil Young: Heart of Gold” no solo se basa en la presentación de este magnífico “Prairie Wind”. A continuación el maestro mira atrás para rescatar emocionantes perlas del pasado: “I Am a Child”, “Harvest Moon”, “Heart of Gold”, “Comes a Time”, “Old Man”, “The Needle and the Damage Done”, “Four Strong Winds” o “One of This Days” culminan un documento extraordinario capaz de fascinar tanto a cinéfilos como a melómanos, por su triple e incuestionable poder: el visual, el musical y el espiritual. Larga vida al más grande.

www.neilyoung.com

18 enero 2009

REPORTAJES

CANCIONES DE 2008

Regalo para los aficionados a las listas.

CURTAINS cumplió el pasado mes de diciembre tres años. En todo este tiempo, que ha pasado volando, la música se ha convertido en algo más que una afición para quien escribe: se ha convertido en el mejor entretenimiento de la existencia, una especie de trabajo no remunerado y autónomo. Este blog se concibió como un medio de expresión personal, el sustitutivo necesario de las colaboraciones que se acabaron en otros medios por diversas razones. Pero su función ha ido más allá: el trabajo ha servido para ordenar la música en el cerebro, para controlar lo que va sucediendo y, sobre todo, para tener un documento histórico al que poder echar un ojo en caso de necesidad o curiosidad.

Así, la música creada o conocida en estos tres años está ordenada a mayor o menor escala en este espacio. Todos los medios se dedican en estos días a hacer sus listas. CURTAINS nunca ha sido partidario de las listas porque sí; aunque bien es cierto que existe una recopilación altruista de final de cada año, una lista con las mejores canciones del ejercicio para compartir con los amigos que la quieran. Las de 2006 y 2007 no fueron publicadas. Pero oyendo las canciones seleccionadas este año, la conclusión es que merece la pena plasmarlas aquí y ahora. Para que todo el mundo que quiera conozca lo que nos acarició en 2008, lo que nos hizo reir y bailar; en definitiva, lo que nos hizo feliz. Éstas son, a juicio de CURTAINS y secuenciadas para CD casero, las mejores canciones de 2008.

01. MGMT- Time to Pretend
02. BECK- Gamma Ray
03. DEERHUNTER- Saved by Old Times
04. NICK CAVE & THE BAD SEEDS- Albert Goes West
05. TV ON THE RADIO- Halfway Home
06. DEUS- The Arquitect
07. FOALS- Olympic Airways
08. THESE NEW PURITANS- Elvis
09. PORT O´BRIEN- I Woke Up Today
10. THE DODOS- Fools
11. FLEET FOXES- Quiet Houses
12. CALEXICO- Man Made Lake
13. WOVENHAND- Kingdom of Ice
14. AMERICAN MUSIC CLUB- The Stars
15. MY BRIGHTEST DIAMOND- Inside a Boy
16. THE WALKMEN- The Blue Route
17. FOR AGAINST- Game Over
18. MERCURY REV- Faraway from Cars
19. SPIRITUALIZED- The Waves Crash In
20. MOGWAI- Daphne and the Brain
21. PORTISHEAD- Machine Gun
22. BONNIE “PRINCE” BILLY- So Everyone
23. PAUL WELLER- Black River

Estas fueron las de 2006:

01. NEIL YOUNG- After the Garden
02. WILLARD GRANT CONSPIRACY- Flying Low
03. ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3- Embryo Twirl
04. THE BLACK HEART PROCESSION- Not Just Words
05. YO LA TENGO- Mr. Tough
06. GRIZZLY BEAR- On a Neck, On a Split
07. BONNIE “PRINCE” BILLY- Cursed Sleep
08. TEITUR- Thief about to Break In
09. BEIRUT- The Canals of Our City
10. DOMINIQUE A- L´Horizon
11. MOGWAI- Friend to the Night
12. JOAN AS POLICE WOMAN- Christobel
13. SONIC YOUTH- Rats
14. THE FLAMING LIPS- The W.A.N.D.
15. TV ON THE RADIO- Wolf Like Me
16. BECK- Nausea
17. HOWE GELB & SNO ANGEL- But I Did Not
18. CALEXICO- All Systems Red

Y estas fueron las de 2007:

01. RADIOHEAD- Weird Fishes_Arpeggi
02. GRAVENHURST- Saints
03. WILCO- Either Way
04. IRON & WINE- Carousel
05. PATRICK WATSON- Daydreamer
06. JOSÉ GONZÁLEZ- In Our Nature
07. PJ HARVEY- When Under Ether
08. THURSTON MOORE- Honest James
09. MICK HARVEY- Home Is Far from Here
10. PIANO MAGIC- Cities & Factories
11. SOULSAVERS & MARK LANEGAN- Kingdoms of Rain
12. BILL CALLAHAN- Day
13. THE SHINS- Phantom Limb
14. ARCADE FIRE- No Cars Go
15. POP LEVI- Skip Guetto
16. LOW- In Silence
17. JOSEPH ARTHUR- Spacemen
18. GRINDERMAN- No Pussy Blues
19. DAVE GAHAN- Kingdom
20. BATTLES- Atlas

Reportaje dedicado a JR, un gran aficionado
a estas cosas.

17 enero 2009

CONCIERTOS

CALEXICO + DEPEDRO. Madrid. Joy Eslava. 15-1-2009.

Músicos sin fronteras (Parte 2).

Lo primero: una recrítica de “Carried to Dust” (2008) para hacer justicia. Tras repasarlo con dedicación y esmero tenemos nueva conclusión: es uno de los mejores discos de la historia del dúo de Tucson. Condensa con la mayor efectividad todos sus palos identificativos, tiene los arreglos necesarios y el nivel de inspiración de sus autores vuela muy alto. Por eso su concierto en Madrid tenía que ser bueno. Por eso los mejores momentos fueron precisamente los que brotaron de este reciente trabajo. Aunque a mucha gente (a la mayoría de los asistentes a la Joy Eslava el jueves) les prive su vena más folklórica y mestiza, hay otros a los que (con todos los respetos al folklore y al mestizaje) les gustan mucho más los Calexico solemnes, los que abordan el rock, el country y el blues como dioses y con un estilo muy personal. De ahí que los flashes clave de este concierto fueran aquellos en los que el rock (“Man Made Lake”, “Writer´s Minor Holiday”, “Red Blooms”), el country (“The News About William”) y el blues (“Bend to the Road”, “Two Silver Trees”) emergieron con más vehemencia. Curiosamente las nuevas eclipsaron a los clásicos. Razón: los clásicos seleccionados explotaron el lado mariachi-festivo más de lo deseable, a excepción de los rescates iniciales de “Spoke” (97), la bien recibida “All the Pretty Little Horses” y una “Not Even Stevie Nicks” cada vez más virulenta y sorprendente.

Lo segundo: han pasado dos años desde su anterior visita a Madrid, y hay que agradecerles que no hayan cambiado un ápice. Siguen siendo igual de majetes que entonces; siguen afinando sus propios instrumentos, paseando por el escenario como si fuera el salón de su casa. Siguen siendo lo más parecido al vecino de al lado y lo menos parecido a las estrellas del “rock´n´roll, way of life”. Partiendo de esta premisa y añadiendo su abanico de posibilidades estilísticas musicales, es imposible que disgusten a nadie, imposible no acabar queriéndolos y deseando irse con ellos de cañas. Ah, y otra de las cosas sin cambios es su inclinación colaboradora, su pan de cada día, bocado compartido ahora oficialmente con Jairo Zavala. Qué suerte la tuya, amigo Jairo. Tu sueño (ése que dices que no se acaba) es el sueño irrealizable de muchos, así que aprovéchalo. Depedro, el nuevo proyecto del susodicho, abrió la noche con la introducción de Joey Burns en plan Jools Holland. Las canciones de Jairo tienen un poco de todo, como las de sus amigos, y todos los amigos acabaron en el escenario con él.

Lo tercero: Calexico (incluido Jairo) son siete virtuosos ejercitando sin esfuerzo su habilidad ante la gente con el único ánimo de divertirse. Pero hay un Calexico que está al fondo, escondido tímidamente en una burbuja de platos y bombos, casado con el riesgo de todo baterista: el de pasar desapercibido. Es John Convertino. Entender el don de la banda pasa por entender su técnica elegante y misteriosa, su forma de agarrar las baquetas y las maracas, construyendo ritmos veleidosos que evocan rachas de viento, ruedas de camiones, serpientes venenosas, polvo en suspensión. Grandioso e hipnótico espectáculo.

Concluyendo, los de Arizona han regresado dándolo todo, como de costumbre. Poco más se les puede pedir; quizá que a la próxima vengan chapurreando un poco de conversación en español ¿no?. Porque, definitivamente, pedirles que dejen de mirar al lado sur de la frontera no tiene mucho sentido; morirían su estigma y su identidad. La cultura popular es la cultura universal.

www.casadecalexico.com

07 enero 2009

REPORTAJES

AQUELLOS DISCOS DE 2008: RECOPILACIÓN FINAL.

Tradición.

Ya lo cantaba el granjero Tevye en el gran musical "El violinista en el tejado". Esto de reagrupar los discos del año, volviendo a escucharlos y citando los olvidados ya se ha convertido en una tradición, un ritual espléndido para desviar la atención de otras costumbres más insanas, las hipócritas (Nochebuena), concupiscentes (Nochevieja) y consumistas (Reyes) de la Navidad. Volvamos a hacerlo, pues. 2008 fue otro año lleno de excelente música. Los 10 mejores discos: Portishead, Nick Cave & The Bad Seeds, Wovenhand, Fleet Foxes, The Dodos, Deerhunter, Foals, The Walkmen, Paul Weller, American Music Club. Los 10 mejores directos: Grinderman, The Cure, Paul Weller, R.E.M., Portishead, Wovenhand, dEUS, Mercury Rev, The Verve, Cat Power. Dos pequeñas listas elaboradas sobre la marcha.

Como siempre, por estos oídos y manos han pasado cantidad de discos para los que no ha habido mención debida en este espacio. Es hora de recuperarlos.

THE CURE. 4.13 Dream.
Es curioso escuchar un disco y no encontrar nada que decir. Ocurre con lo nuevo de Robert Smith; un álbum que ha costado parir más de la cuenta, carente de repercusión e inspiración. Cada maestrillo tiene su librillo y cada cerdo su San Benito; el librillo de The Cure ya está exprimido y plagiarse a sí mismos no es una solución digna. Así, posiblemente este "4.13 Dream" tenga que ser, por axioma, el San Benito que toda banda de culto debe cargar a su chepa.



THE DODOS. Visiter.
La gracia está en el directo, pero es difícil no simpatizar con este "Visiter" construido únicamente con guitarras, banjos y percusiones sobre cualquier cachivache que haga ruido. Con esos rudimentos son capaces de bordar tremendas melodías (espectaculares "Fools", "Ashley", "Winter" o "Park Song"), enmarañar y desenmarañar sonidos, vomitar estruendosos desenlaces (al loro con los de "Joe´s Waltz", "Paint the Rust" o "The Season") y alumbrar una nueva corriente (ambivalente y suicida) del folk. No están lejos de cerebritos contemporáneos como Animal Collective o Grizzly Bear.

FOALS. Antidotes.
Otra sorpresa del año, tan seducidos por el afro-beat como A Certain Ratio o Talking Heads. Discursos palpitantes de guitarra en código Morse, vertiginosos cambios de ritmo, saxos, trompetas y sintetizadores bien traídos acá y acullá. Resultado: canciones científicas, flamígeras y adictivas. Algunas ("Red Sock Pugie", "Olympic Airways", "Heavy Water", "Big Big Love -Fig.2-") son dignas de monumento. ¿Es ésto el nuevo punk?. Unos durísimos competidores para Nic Offer y compañía.


THE GUTTER TWINS. Saturnalia.
De un choque entre dos transatlánticos no podía surgir otra cosa: un disco de rock grasiento y perverso, con parada en las estaciones de la Ruta 66. Abarcan todos los tópicos de los géneros americanos y se estrellan en cuanto se salen de ellos: para olvidar la ida electrónica de pinza en "Each to Each". La voz de Lanegan es más convincente, pero en la photo-finish gana Dulli, llevando el proyecto claramente a su terreno.


JAMES. Hey Ma.
Antes de echarlos de menos ya habían vuelto. Y con un disco bueno. ¿Qué más se puede pedir?. La calidad de sus entregas es directamente proporcional a los arreglos de trompeta y aquí vuelve a haberlos a puñados, como en "Seven" (92). Traen otro montón de padrenuestros bajo el brazo: "Bubbles", "Waterfall", "Upside" o "I Wanna Go Home" no tienen nada que envidiar a sus éxitos de los noventa. Y las cuerdas vocales de Tim Booth siguen inmaculadas e invencibles. Una segunda juventud.


JEREMY JAY. A Place Where We Could Go.
Con cuatro instrumentos mal contados, el jovencito Jeremy ha hecho su disco de andar por casa, su divertimento personal. Suena ochentero, viejuno, caduco, pero muy seductor. Suena a Jonathan Richman y a Morrisey, no ahora sino mucho antes. Suena a nuevo baluarte de la estirpe cantor-recitador (¿crooner?), a parentesco lejano con Jarvis Cocker y Darren Hayman. Suena de puta madre.



KINGS OF LEON. Only by the Night.
Se veía venir, iban a dar el traspiés. Su frescura oldie de raíces desaparece disco tras disco, hipotecando un futuro que huele a tostonazo pop. Solo "Crawl", "Revelry" y "Be Somebody" mantienen en esta entrega un apto nivel. El resto es morralla a discreción; no pasan de segunda marcha cuando lo suyo era saltarse límites a la torera. Por suerte, Caleb Followill no se ha olvidado de cantar como Dios en su transición de macarra a sex-symbol.



MOGWAI. The Hawk Is Hawling.
Cada nuevo disco de Mogwai es otro árbol que crece en un bosque legendario. Este opta en exclusiva por el instrumental, con canciones estándar, correctas pero emocionalmente inofensivas. Como siempre, los escoceses avanzan y se adhieren a la era digital, introduciendo tímidamente tales elementos en su música; curioso clon de los Chemical Brothers el que asoma en "The Sun Smells Too Loud". Un disco inocuo por sí solo, quizá imprescindible en el conjunto con el tiempo.


MY BRIGHTEST DIAMOND. A Thousand Shark´s Teeth.
Shara Worden se empeña en rizar el rizo, pero su portentosa voz no necesita vestirse de ampulosidad orquestal ni filtrase por recovecos oscuros. Tampoco necesita jugar a ser Björk ("Apples") o Beth Gibbons ("Black & Costaud"). Lo único que necesita es ir al grano, archivar el rococó y enfocar la canción perfecta. Es obvio que sabe hacerlas: la primera ("Inside a Boy") y la última ("The Brightest Diamond") lo son, parametrizando su poder de captación y conmoción a lo Jeff Buckley o PJ Harvey.


THE NOTWIST. The Devil, You & Me.
Manteniendo la fidelidad a su filosofía (equilibrio analógico-digital), los alemanes firman otro disco analgésico y cómodo de escuchar, en el que la (hipotética) cara B gana de largo a la (hipotética) cara A. Dejando aparte la excepcional "Good Lies", lo mejor empieza con "Sleeps" y pliega velas con la suave brisa folk de "Gone, Gone, Gone": en cinco canciones se compendian todas las posibilidades de una impecable banda de electropop.



PAUL WELLER. 22 Dreams.
Qué mejor cosa para celebrar los cincuenta que una doble entrega, una recopilación de inéditos, sin descartes ni censuras, libre y generosa. Aquí vale absolutamente todo. Probablemente sin quererlo, el Modfather ha realizado dos machadas en una. Por un lado, ha elaborado uno de los discos más atrevidos e iluminados de toda su carrera. Por otro lado, ha configurado un catálogo ejemplar de estilos y géneros (folk-psicodelia-brit-pop-rock´n´roll-soul-tango-easy-listening-musical-jazz...) con que ilustrar a alumnos y nietos. Todo un genio.


PORT O´BRIEN. All We Could Do Was Sing.
El rotundo jubileo de "I Woke Up Today" hace prever un nuevo invento neo-hippy multitudinario en plan Arcade Fire, I´m From Barcelona o Polyphonic Spree, pero no. Lo que hay detrás de este título (tan efectivamente hippy, por cierto) es una estupenda tanda de canciones folk-rock serias y centradas, con bonitos arreglos de cuerda. El preciosismo también se viste de harapos: "Pigeonhold" y "Close the Lid" regalan guitarreos de lo más grunge. Una bendición, los californianos.


PRIMAL SCREAM. Beautiful Future.
Llevan más de un lustro sin publicar algo realmente bueno (¿cuándo otro "Xtrmntr"?), pero éste tiene un punto a favor: aglutina la miscelánea de la banda, con todas sus facetas desde los orígenes. Misiles de rock sucio ("Necro Hex Blues", "Urban Guerrilla"), shocks electrónicos ("I Love to Hurt"), baladas tipificadas ("Over and Over"), soul y gospel ("Zombie Man") y sombras a lo Jesus & Mary Chain ("Suicide Bomb"). Para ampliar el muestrario deciden darse al pop con diversos resultados: de notable alto en "Beautiful Future" a aprobado ramplón en "The Glory of Love".

R.E.M. Accelerate.
Lo consiguieron: recuperar la credibilidad debilitada y volver a enganchar con un disco rotundo. El mejor desde "Monster" (94). Adrenalínico hasta la médula, veloz y eléctrico, colosal. Sobran las canciones redondas en dos modalidades: las que no duran ni tres minutos y explotan directas en la cara ("Man-Sized Wreath", "Horse to Water", "I´m Gonna DJ"); las que ensalzan, manteniéndose a la altura, los maravillosos tiempos de "Automatic for the People" (92) ("Houston", "Sing for the Submarine"). Una leyenda en plena boga.


SAM ROBERTS. Love at the End of the World.
El canadiense no es solo una cara bonita. Es un purista del rock, ese rock nacido en los sesenta que viajó de costa a costa, que atravesó el océano y acampó en las granjas. Desde Cream hasta The Rolling Stones. Su tercer trabajo no pasará a la historia, pues la historia del rock ya está escrita y no admite apéndices ni copias. No obstante, el mérito de haber compuesto "Oh Maria", "Them Kids" o "Up Sister" debería serle suficiente para mantener su ego intacto, poder mirarse al espejo y decir "soy el amo".


SILVER JEWS. Lookout Mountain, Lookout Sea.
Imposible establecer comparaciones con su catálogo anterior; un pecado involuntario en vías de expiación. La dictadura de Nick Cave queda derrocada, llega la democracia y David Berman oposita al cargo. Mensajes del desierto, tabernas vaqueras y rodeos. El discurso es menos vehemente que el del australiano peor igual de ingenioso, con instantes de turbadora similitud ("My Pillow Is the Threshold"). Con políticos así dan ganas hasta de votar.


SUN KIL MOON. April.
Tras la apropiación y relectura de temas ajenos en "Tiny Cities" (2005), urgían nuevas composiciones de Mark Kozelek. Sobre los cimientos del country y la americana más profunda e íntima, el ex_Red House Painters traza un mapa de costumbres que a ratos se recuesta en el precioso edén de Nick Drake. Su único hándicap es el eterno minutaje en algunos temas, pero esa voz de terciopelo controla el hálito de la impaciencia con inusitada maestría.


THESE NEW PURITANS. Beat Pyramid.
Receta del día. Ingredientes: 100 gramos de Ministry, medio litro de Wu-Tang Clan, kilo y cuarto de Franz Ferdinand y un pellizco de Sex Pistols. Poner todo en la cabeza de un par de gemelos idénticos y dejar cocer a fuego lento. Retirar de la lumbre y servir caliente. Presentar como los últimos iluminados de la vanguardia british. Tener a mano un anti-ácido: digestión pesada.





TRICKY. Knowle West Boy.
Los gurús del trip-hop han regresado para hacerlo añicos. Al igual que Portishead, Tricky se rebela contra su pasado, desmarcándose de la oscuridad claustrofóbica y tribalista de antaño. Ahora se dedica a cortar y pegar; ahora se parece a ¿Primal Scream?. No hay argumento, ni definición, ni una ideología imponderable; solo canciones que fluyen por sí solas, sudor y músculo de gimnasio, algún que otro pelotazo para pistas de baile ("C´mon Baby", "Slow") y por supuesto, las lujosas colaboraciones de costumbre.


TV ON THE RADIO. Dear Science.
Discrepancia con la generalidad: pierden puntos. Los excesos de sobreproducción son un mal menor. Los guiños pasados al disco y al funky se convierten en la tónica (comprensible: son mayoría de negros, llevan el ritmo en la sangre), haciendo de este disco un producto más vendible que trascendente. Hay pasajes plausibles ("Halfway Home", "Dancing Choose", "Love Dog", "Dzl"), pero el conjunto no termina de apasionar como lo hiciera "Return to Cookie Mountain" (2006). Demasiado buenos para ser verdad.


THE VERVE. Forth.
El hit discotequero "Love Is Noise" auguraba un cambio de visión, pero finalmente han vuelto siendo lo que eran. Rollo espacial y psicodélico, a tope en "Sit and Wonder" y "Columbo"; baladas épicas y escapistas, con "Rather Be" como perita en dulce. Oírse un disco suyo del tirón nunca fue del todo fácil; con éste pasa tres cuartos de lo mismo. Tanta afectación y densidad acaban resultando soporíferas. Definitivamente, su momento (discográfico) ya pasó.


THE WALKMEN. You & Me.
Gran madurez. En el centro del círculo sigue ardiendo Dylan pero el diámetro se ensancha: alrededor danzan ritmos exóticos, el rock hippy sesentero, Irwin Berlin, la Motown. Se suavizan a ratos, sin perder el amargor de las guitarras y sus sonidos de papel de lija. Hamilton Leithauser se erige en el gran chamán, matizando como nunca su garganta rasgada e inquietante, una de las mejores de nuestros tiempos. Han creado el mejor álbum de su trayectoria y lo saben. Sin duda, la madurez.


28 diciembre 2008

RETROSPECTIVAS

THE FEELIES. Crazy Rhythms.

El sonido trepidante de New Jersey.

Crónica en tiempo real: comienza a sonar “The Boy with the Perpetual Nervousness”, gotas caen mientras las guitarras suben el volumen. Ahí va una retrospectiva para acabar el 2008, año rácano en este tipo de menesteres por motivos desconocidos. Propósito para 2009: más retrospectivas, muchas más. “The boy next door is into better things”, concentración. Trepidante es la palabra que define a The Feelies y este debú. Ritmos locos (ya lo reza el título, no en vano) sustentados en el mano a mano de guitarras (Mercer y Million) y percusiones minimales. Suena “Fa Cé-La”, uno de sus himnos más escuetos, divertidos y directos. Y tan pronto como viene se va, y llega el intro superior de “Loveless Love”, canción que crece como la espuma en contenido y velocidad, evocando los mejores duelos guitarreros de Santana, Clapton o Knopfler. Y ahora que hablo de éste, ¿no hay algo en ella de “Sultans of Swing”?. Chsst, silencio, llega “Forces at Work”, emergiendo desde ultratumba como un zombi con ganas de marcha. Ecos de Devo, Television y The Modern Lovers, virtuosismo y desvergüenza a la vez, riffs de guitarra repetitivos y juguetones, una sumisa y ruda línea de bajo siguiendo el camino de los anteriores. Ya van seis minutos y queda el último; el tema más largo del disco. El frenesí no para; las acústicas suben al poder en “Original Love”, una gran composición con etiqueta de “canción de amor”, que vuelve a recordar a Jonathan Richman y un poco a Lou Reed. Y tras ella, el primer homenaje de unos músicos agradecidos con el legado de los grandes, admiradores y practicantes del mismo: “Everybody´s Got Something to Hide (Except Me and My Monkey)” de Lennon y McCartney. Sigue el ritmo loco, esta vez aderezado con congas y platillos. Suena el teléfono pero no puedo cogerlo; empieza con suspense “Moscow Nights”, y nuevamente esas guitarras que hacen pegar saltos en la silla y aporrear las letras al compás. Ésta es otra de las enormes, recordando a los mejores Violent Femmes. “Raised Eyebrows” echa el freno un pelín, con protagonismo de explosiones de bombo y travesuras de baqueta en su primera mitad, y con el recuerdo de un espejo de The Feelies en la actualidad: Yo la Tengo. Y llega la homónima “Crazy Rhythms”, seis minutos de ritmo epiléptico con combate de secciones al degüello; una demostración brutal de ingenio y frescura. Aquí terminaría el disco, pero mi edición está entre las que adhieren la versión de “Paint It Black” de los Rolling; una forma única de contentar a todos los nostálgicos de los sesenta, a los de flequillo y a los de tatuaje. La reproducción del clasicazo stoniano es exquisita y fiel, y echa el candado a un disco espectacular. Un disco que se cuenta entre los grandes de los ochenta y con razón.

www.thefeeliesweb.com

27 diciembre 2008

DISCOS

DEERHUNTER. Microcastle.

El año de Bradford.

Es un hecho: Bradford Cox está en vena. Comenzaba el año avanzando su engendro paralelo Atlas Sound, un proyecto arsénico borroso para desarrollar su inmunidad creativa, y lo ha finalizado brindando el mejor disco de su banda-bomba. “Microcastle” (2008) es la gran explosión de Deerhunter, su confirmación absoluta. Consta de tres actos; un primero de redención y amor melódico, en el que “Cover Me (Slowly)”, “Agoraphobia”, “Never Stops” y “Little Kids” sumergen en una inmensa espiral de tranquilidad post-psicodélica. Rozando la oblicuidad de “Cryptograms” (2007) en el segundo acto, desde “Microcastle” hasta “Activa”, vuelven las ensoñaciones narcóticas, para nada extraditadas a complicaciones demasiado extrañas. El tercer acto es el de la aquiescencia definitiva: el aumento musculado de “Nothing Ever Happened”, la finura retro de “Saved by Old Times” y “Twilight at Carbon Lake” y la magnética espectralidad de “Neither of Us, Uncertainly” asientan a Bradford como un genio en potencia, capaz de abarcar cualquier horizonte con sus miembros interminables. Otro disco para el top de este año que se acaba.

www.myspace.com/deerhunter

16 diciembre 2008

CONCIERTOS

PRIMAVERA CLUB MADRID 2008.

Toma pan y moja.

Qué gran invento esto de llevar el Primavera Club a Madrid. Qué alegría pisar la capital en plena efervescencia navideña, nadar contra la corriente humana y decir: “paso de luces, tiendas, lotería y villancicos, voy a ver música de la buena”. El proyecto ha sido un éxito: papeles agotados y un público selecto, aunque el dichoso derbi futbolero dejara a Giant Sand y Wovenhand con menos audiencia de lo esperado. Diversas razones llevaron a prescindir del jueves, la Nasti y The Thermals; aparte de eso, la oferta musical ha sido una comunión de nuevas y clásicas propuestas, un crisol de estilos y generaciones. En definitiva, ha sido un fin de semana mucho más alimenticio y suculento que la cena de Nochebuena y la comilona de Navidad juntas. El viernes fue el día de los graciosos: los “extraordinarios”, Eli “Paperboy” Reed, David Tattersall, Darren Hayman y Jack Hayter compitieron duramente por el premio Mister Simpatía del festival. El sábado fue el día de las sentadillas: The Dodos, David Eugene Edwards y algunos músicos de la Campell decidieron reposar las posaderas, casi todos en sillas y alguno en el mismo suelo. Vayamos por partes.

THE EXTRAORDINAIRES: Vaya unos cachondos. Sombrero de zorro. Guitarra tuneada con aletas. Potaje de The Beatles, Pavement, el country y la polka. Y los caretos teatreros de los dos frontmen, un poema. “Ribbons of War” (2007) se les debió caer de la furgoneta por el camino, pero aún así dieron una lección tremenda. Lección de ejecución (magníficas rotaciones de instrumentos), de mutación musical y de sentido del humor.


LA BUENA VIDA: Como no podía ser menos, la recuperación del mítico “Soidemersol” (97) estuvo llena de lujo y oropel. Orquesta sinfónica, invitados históricos (Borja Sánchez, por ejemplo), una cuidadísima puesta en escena con proyecciones y álbumes de fotos desempolvados. Tal envoltorio es una trampa para cualquiera, incluso para los detractores más tenaces del pop. Fue un concierto emotivo y bonito, vivido con el debido respeto a la ocasión, que acabó en abrazo conjunto y en un aplauso infinito para la magnífica orquesta. Y todo pese a la desidia de Irantzu, a veces harto insoportable.


ELI “PAPERBOY” REED & THE TRUE LOVES: “Acabo de ver un concierto de soul que te cagas” le decía un tío a alguien por el móvil a la salida. Las loas dedicadas al chico de los periódicos en los medios quedan contrastadas. Vozarrón tremendo, magnetismo escénico, y solo es un crío de veinte y pocos años. Al loro: el espíritu de James Brown, Otis Redding y Wilson Pickett sigue vivo y es más blanco que la leche. Tanto en lo rítmico (“Steak Your Claim”) como en lo íntimo (“It´s Easier”) el tipo lo borda, pese a copiar algunos tics de sus ídolos en demasía. Y sus musicazos de Missisipi y Alabama son, en efecto, unos auténticos amores. Un viaje alucinante a los años 50. Un fiestón que requería obligatoriamente una guinda del calibre de “(Doin´the) Boom, Boom”.


THE WAVE PICTURES: Tienen mucho que ver con Hefner, y no solo por ser amigos de Darren y Jack. También tienen un saborcillo importante a Violent Femmes. Son la mar de cándidos y entrañables, y tocan de maravilla. Su “hazlo tú mismo” y su sonido lo-fi es de lo más refrescante. Pero les falta un salto más para alcanzar el oasis de los mitos de referencia. “Strange Fruit or David” y “Just Like a Drummer” tienen su punto, pero en El Sol acabaron ahogándose en los medios tiempos y la rigidez.


DARREN HAYMAN & JACK HAYTER: La experiencia en el pasado Primavera Sound fue especial, así que había que repetirla. De las canciones de Hefner uno no se cansa nunca. Primera parte en plan dúo, duelo de guitarra y slide e intimidad, con “The Hymn for the Alcohol” y “Lee Remick” como estrellas. Segunda parte con sección rítmica de los Wave Pictures (mucho más interesante), desparrame, alegría y un Darren motivado e inspirado como nunca. Montaron un jolgorio de aúpa con “The Weight of Stars”, “Pull Yourself Together”, “The Hymn for the Cigarrettes” y “The Day that Thatcher Dies”, y “The Greedy Ugly People” protagonizó el momento precioso de la noche, coronada a capella por un público que se las sabía todas, todas. Dos generaciones sobre el escenario (David también se unió a la fiesta), divirtiéndose y divirtiendo.


THE DODOS: La sensación del festival. Excelentes en disco, el directo los eleva a los altares de la compenetración, la imaginación y el talento. Prodigiosas demostraciones de fuerza y simbiosis guitarra-percusión, y el mejor repertorio posible. “Paint the Rust”, “Fools”, “Joe´s Waltz” y “Jody” arrasaron. Y todo sin condimentos ni digitalización, con armas primarias y desnudas. Logan Kroeber deslumbró con sus frenéticos ritmos (no tiene precio como baterista), bien complementado por el tercer sujeto (el de rojo) y su arsenal de aporreables elementos (barreño metálico incluido). Si siguen así llegarán muy lejos; al menos tan lejos como están llegando Animal Collective.


ISOBEL CAMPBELL & MARK LANEGAN: La Campbell ha encontrado el método para calzarse la etiqueta de diva-star: arrimarse a tíos con algún don. El de Mark Lanegan es su voz de caverna, pero no solo de dones vive el hombre; el riesgo de convertirse en un segundón perpetuo ya le llega al cuello y mira que es gigante. Opiniones encontradas: 1) belleza, exquisitez, emotividad; 2) tedio, engaño, coñazo. Yo me quedo entre las dos: hay buenas canciones (especialmente “Deus Ibi Est”, “Who Built the Road”, “Something to Believe” y la versión de “Ramblin´Man”) pero hace falta más sangre, más pasión y más luz.


GIANT SAND: Howe Gelb sigue igual de encantador, aunque esta vez la sonrisa costó cara a causa de defectos técnicos. Tocar música es un hábito más para él, como lavarse los dientes o beber un trago. Así que todo fluye sosegado, con soltura, sin más sobresalto que algún guitarrazo improvisado o premeditado, nunca se sabe. La velada empezó con “Wearing the Robes of Bible Black”, pero no fue noche de clásicos sino de novedades. “Out There”, “Spiral”, “Pitch & Sway” o “Stranded Pearl” (con cameo de la insufrible Isobel) fueron grandes momentos en un repertorio exquisito y contenido. Hubo un conato de “Shiver” para contentar las demandas y todo acabó cuando muchos alcanzábamos el cenit de la emoción. Una pena. Leyenda viva del rock´n´roll.



WOVENHAND: Es injusto que bandas así tengan que verse limitadas a reducción de espacio y tiempo, muy injusto. Lo de David Eugene Edwards in situ es de impresión. Más bien poseído por el diablo que del lado de la Biblia, el de Denver es una bestia en trance, un chorro de voz a presión (nada que envidiar a Nick Cave) que brama como si fuera el día del juicio final, presa de vahídos que piden a gritos un exorcismo. “Kicking Bird”, “Beautiful Axe”, “Tin Finger” y la todopoderosa “Kingdom of Ice” fueron profusas y místicas hasta la extremaunción, introducidas por murmullos y cinceles. 16 Horsepower también se dejaron oir con los surcos de acordeón de “American Wheeze”. Una auténtica exhibición; es justo y necesario volver a vivirla ampliada en duración y forma.



Anécdotas de festival:

- Los silencios: las pausas en los conciertos de La Buena Vida y de Isobel Campbell & Mark Lanegan contaron con silencios colectivos que no se recuerdan. Nadie se atrevía a rechistar.


- Darren Hayman, ese crack: el viernes a la entrada en El Sol, solitario y despistado, detrás del puesto de camisetas y cds. Después saldría al escenario completamente transfigurado.

- Franic Rozycki y la educación inglesa: el bajista de The Wave Pictures llegando a la sala con la hora pegada, colándose entre el público para encontrar el acceso al backstage y repartiendo “excuse me” y “sorry” a diestro y siniestro.

- Los “amores verdaderos”: los músicos de Eli “Paperboy” Reed también acudieron a El Sol a ver a Hayman y Hayter. Aunque, y de ello doy fe, no les hicieron ni puto caso.

- ¿Qué hacía el tercero de The Dodos cuando se metía debajo del vibráfono?. La gran incógnita del festival.

- La osadía de Howe Gelb: atrévete a sacar una casaca del Séptimo de Caballería y una camiseta del Barça y pide consejo a la audiencia sobre cuál ponerte. La elección fue clara.

- Los retrasos del sábado: no se sabe el motivo, pero la entrada a la Joy Eslava el sábado se colapsó más de lo debido. Ello supuso desfase de horarios y un carrerón que ni Usain Bolt para llegar a tiempo a Wovenhand. El estrés mereció la pena, sin duda.

07 diciembre 2008

REPORTAJES

I´M NOT THERE + NO DIRECTION HOME: RETRATOS DEL MITO INSURRECTO.

Todos somos Dylan.

¿Quién no ha querido en algún momento de su vida cambiar el mundo?. ¿Quién no se ha sentido antisistema y ha buscado cualquier arma al alcance de la mano para expresarse y escapar?. ¿Quién no ha escrito o simplemente pensado alguna frase o palabra de protesta?. ¿Quién no ha querido tener una guitarra entre sus manos?. Bob Dylan es el autor del credo antisistema, protestón y poético más recitado en los últimos cincuenta años. Bob Dylan, aparte de escritor y músico, es un personaje esparcido en miles de personajes, que inspira e irrita, transciende y contradice, admira y asusta. Bob Dylan es una leyenda de otra dimensión. Así, Bob Dylan es niño y mujer; es blanco y negro a la vez; es Woody Guthrie, es un yanqui abandonado, una víctima del papel cuché, un pelele, un sensible empedernido, un absoluto imbécil. Nadie sabe quién es Dylan, pero todo somos él. Aunque lo odiemos, en el fondo del corazón también hay algo de amor.

“I´m Not There” (2007) es la idea surrealista de Todd Haynes sobre las mil caras del mito sin nombrarlo ni una sola vez. Mil caras que son la de Christian Bale, Cate Blanchett o Richard Gere, pero que podrían ser las de cualquier hijo de vecino. Su música y sus textos son el guión para un hilo argumental inexistente, que mucho tiene que ver con el existencialismo, la soledad, el dolor y el desastre. Hay guiños ocasionales que aluden momentos míticos: el gran anatema de Newport 65, el encuentro con Allen Ginsberg, el famoso grito de “¡Judas!” en la controvertida gira europea del 66. Hay presencias dispersas y confortables más propias de documento musical que de producción hollywoodiense (Kim Gordon, Joey Burns y John Convertino, un ancianísimo y entrañable Richie Havens). Pero la historia es una historia sin historia, sin conclusión ni moraleja, cebada de interrogante y contradicción, que deja a la luz las miserias más palpables de la insurrección del mito, poniéndolo en evidencia tragicómica.

Hay que hallar algo más de verdad, si es que acaso la hay. Veamos qué contaba “No Direction Home” (2005), el documental de Martin Scorsese. Esto es otra cosa, otro Dylan, quizá el auténtico Dylan, sin caricatura ni interpretación. Es el Dylan que nació en Minnesota, que emigró al Greenwitch Village neoyorquino convertido a la religión de Woody Guthrie, que abrazó el éxito hasta que el éxito lo engulló de un bocado. Es el Dylan que tomó el relevo a Peter Seeger como trovador de esperanza en un mundo de controversia, de revuelta política, de miedo y expectación. Es el Dylan que cantaba sobre la realidad, impactando en las conciencias dormidas de una sociedad joven que hasta entonces no había encontrado la palabra ni el medio de mostrar su indignación. Fue el Dylan que estuvo allá y acá, en todos los lugares clave de los convulsos sesenta, en la marcha de Washington, en el caldo de la reivindicación civil. Un Dylan cuyas únicas armas eran una guitarra y una armónica (¿armas antifascistas?), extrañamente sujeta al cuello con un artilugio de lo más innovador. Un Dylan que hizo sombra a todos los de su anterior generación, e incluso a los de la propia; Joan Báez no pudo más que unirse a él, quizá con el ansia de una fuerza conjunta, quizá sabiendo que era el único avión al que darían pista en el aeropuerto de la nueva conciencia.

Sí, “No Direction Home” muestra al Dylan incipiente y creativo, a la vez inseguro y convencido. Muestra al Dylan que rehuyó todas las normas para aferrarse a una única ideología: su música, su mundo. Despreció todas las etiquetas y las marcas, las afiliaciones y los partidos, igual que hoy, con casi toda su vida por detrás, desprecia cuanto se le cruza en el camino, ya sean premios, personas o músicos que darían un brazo por él. Su afán de despreciador nato puede que le venga de la cuna, o puede que no. Puede quizá que venga de ese agujero negro en el que se encontró de repente, descubriendo el absurdo de una fama al principio deseada, después repudiada. Y a sabiendas de que no podía cambiar el mundo, como tantos y tantos le exigían, decidió cambiarse a sí mismo, enchufarse a un amplificador y gritar con todas las fuerzas: “Soy músico, no soy Dios”.

En efecto, Bob Dylan es música. Música que ha sonado desde siempre, eterna como el tiempo. Es su música lo que perdura y lo exime de todos sus pecados, como a tantos y tantos músicos. “Blowin´in the Wind”, “Like a Rolling Stone”, “Mr. Tambourine Man”, “Maggie´s Farm”, “Subterranean Homesick Blues”, “Masters of War”, “Hard Rain´s A-Gonna Fall”, “Chimes of Freedom”, “Tombstone Blues”, “Highway 61 Revisited”… Una banda sonora absolutamente de cine.

www.imnotthere.es

01 diciembre 2008

AGENDA

LA RIVIERA: ¿ADIÓS O HASTA LUEGO?.

En la anterior agenda y ante la abundancia de conciertos en noviembre, servidora decía lo siguiente: “la música en vivo goza de buena salud en nuestro país aunque las condiciones y coyunturas no siempre sean las adecuadas”. Pues bien, como si alguien hubiera leído mis pensamientos o el blog, llega la noticia del cierre de La Riviera. ¿Adiós o hasta luego?. De momento los conciertos programados para el futuro próximo no se han cancelado; algunos retrasan sus fechas, otros simplemente las mantienen. Ello es motivo de respiro. Decretos salomónicos de politiquillos de turno o pillerías de empresarios osados aparte, Madrid no puede permitirse el lujo de cerrar esta sala. Claro que se están diciendo cosas exageradamente burdas a raíz del incidente: cosas como “muerte de la cultura en la capital de España” y similares. No, la cultura no se muere: las bibliotecas, los teatros y los museos siguen abiertos para el que quiera visitarlos, la Fnac y la Casa del Libro siguen funcionando y siempre atestadas. Aquí no se muere nada; solo se ha perpetrando una nueva ofensiva contra los amantes de la música en directo, en concreto sobre esa minoría potencial “despreciada por los medios”, como dice el “sin pelos en la lengua” Quico Alsedo. En efecto, el desprecio y la incomprensión siempre nos han echado su aliento en la nuca, y no solo las superestructuras mediáticas son las culpables; también es culpable el amigo, el compañero, el familiar, el vecino que te mira como un bicho raro cada vez que vas a uno de esos conciertos “de grupos que no conoce ni su puta madre”, que te tildan de tarado desde su lastimosa ignorancia, se ríen de tu sana pasión haciendo daño sin querer (y algunas veces queriendo), que te imaginan vendiendo el alma al diablo entre alijos de drogas y gente sospechosa y rezan todas las noches una plegaria de salvación para que sientes la cabeza. A todos ellos y a muchos otros el cierre de La Riviera les importa una mierda; incluso lo aplauden como solución contra un (hipotético) “desastre humanitario”. Pero a mí me importa, por supuesto. Y no defiendo al damnificado ni al damnificador, no sé quién tiene la razón; uno dice negro, el otro contrataca con blanco, y al final acaba siendo gris. Lo único que defiendo es que las cosas se hagan bien para que de una puñetera vez los “minoritarios potenciales despreciados” tengamos el hueco que nos merecemos en este apestoso mundo de estereotipos, clichés y estupidez. A mí lo único que me importan son los momentos de gloria y alegría que he vivido en esa sala viendo a mis músicos tocar; ojalá esa alegría no se haya acabado. Ojalá la música no se acabe nunca porque entonces, entonces sí que estamos jodidos todos, yo y vosotros.

Hechas las consideraciones que el cuerpo me pedía sobre el tema, vuelvo a montar una agenda de conciertos por si con ello puedo hacer fuerza, aunque sea mínima. Ahí va la programación de diciembre. También la de enero de 2009, porque a finales de año estaremos muy ocupados tratando de sobrevivir a la temible tortura navideña.

DICIEMBRE

RON SEXSMITH- 2 de diciembre. Madrid. El Sol.
3 de diciembre. Barcelona. Bikini.
4 de diciembre. Bilbao. Kafe Antzokia.
6 de diciembre. Murcia. Auditorio Víctor Villegas.
7 de diciembre. Palma de Mallorca. Teatro de Lloseta.

NEW YORK DOLLS- 3 de diciembre. Madrid. Heineken.
4 de diciembre. Santiago de Compostela. Capitol.
5 de diciembre. Baracaldo. Rock Star Live.

PSYCHIC TV- 3 de diciembre. Barcelona. La [2].
4 de diciembre. Madrid. Moby Dick.


LOW- 4 de diciembre. Madrid. Galileo Galilei.
6 de diciembre. Santander. CuVa.
8 de diciembre. Sevilla. Teatro Central.

PRIMAVERA CLUB 2008
Barcelona. 10, 11, 12 y 13 diciembre (Apolo y Auditori Forum).
Madrid. 11, 12 y 13 diciembre (Joy Eslava, El Sol y Nasti).
Cartel: Giant Sand (en la foto), Isobel Campbell & Mark Lanegan, The Dodos, The Extraordinaires, Wovenhand, Eli “Paperboy” Reed & The True Loves, La Buena Vida, The Wave Pictures, Darren Hayman & Jack Hayter, Boss Hog, Abe Vigoda, 12Twelve, Deerhoof, The Thermals…

ENERO

CALEXICO- 15 de enero. Madrid. Joy Eslava.
16 de enero. Vigo. Centro Social Caixanova.
17 de enero. San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia.
18 de enero. Zaragoza. Oasis.
20 de enero. Barcelona. Apolo.

DAMON & NAOMI- 18 de enero. Vigo. Vademécum.
20 de enero. Gijón. Acapulco.
21 de enero. Huesca. Matadero.
22 de enero. Tarragona. Loop.

THE STRANGLERS- 28 de enero. Barcelona. Razzmatazz.
29 de enero. Madrid. Joy Eslava.
2 de febrero. Bilbao. Santana 27.

GREG DULLI & MARK LANEGAN- 30 de enero. Barcelona. Apolo.
31 de enero. Bilbao. Kafe Antzokia.
2 de febrero. Madrid. Joy Eslava.