12 marzo 2007

DISCOS

ARCADE FIRE. Neon Bible.

Literatura, épica, religión y música.

Cuando ya se ha dicho todo sobre un disco, cualquier nueva opinión no viene a cuento. Tema caducado. Por suerte Arcade Fire dan para escribir enciclopedias de tomos y tomos. Estética “gran depresión”, cultura de la metamorfosis y romanticismo heroico. No son del montón. ¿La mejor banda del mundo?. Es mucho decir. Pero tienen algo que no abunda, y el secreto ya es una verdad a voces. Su (esperadísimo) nuevo trabajo se cimienta en cuatro pilares de la sabiduría y el comportamiento humano.

Dicen que John Kennedy Toole decidió querer morir para no seguir siendo un don nadie. Y dejó inteligentísimas obras, como “La Biblia de Neón” o “La Conjura de los Necios” cuyo éxito ya no pudo saborear. Casualmente el primer disco de los canadienses respondía al título de “Funeral” (2004). Casualmente el segundo se llama “Neon Bible” (2007). Pero entre uno y otros no hay más relación que unas pocas palabras, porque Arcade Fire nacieron siendo mayores de edad y la gloria ha entrado por su puerta incluso antes de abrirla.

La épica es el territorio comanche de los inconformistas, luchadores y ambiciosos enfermizos, y Win Butler sin duda defiende el perímetro con solvencia. Por eso “Neon Bible” está lleno de pasión, de instrumentos, de capas y capas de sonido, de denuncias y alegorías, de oscuridad y maldiciones. La voz del susodicho suena más convincente que nunca, y la de su media naranja, la Chassagne, interpreta el canto de la sirena mejor que las siervas de Neptuno.

Y si de épica y ambiciones va el tema, comprar una iglesia no es más que la excentricidad necesaria y suficiente. Y convertirla en una fábrica de sonidos paganos es el hito único de desvirtuar la educación cuadriculada y el fanatismo. Un órgano (o dos o tres) pueden convertir canciones como “Intervention” y “My Body Is a Cage” en himnos tan soberanos y respetables como cualquier salmo de las escrituras.

Queda la música. Todo el mundo aprecia la estela de Bowie rondando entre los versos de “Black Mirror”, pero también la de U2 en “Keep the Car Running”, la de Leonard Cohen en “Ocean of Noise” o la de Elvis y Johnny Cash en “(Antichrist Television Blues)”. Amplitud de miras. Aunque hay una carencia dentro del cuerno de la abundancia, sí; falta esa canción para salir corriendo, para volverse loco, como aquella “Neighborhood #3 (Power Out)” o aquella “Rebellion (Lies)”. “Neon Bible” es una puesta de largo, un juramento de votos, pero falta una pizca del humor, la anarquía y los errores de cálculo de “Funeral”. Aún así, las emociones que desatan la bipolar “Black Waves/Bad Vibrations”, “Windowsill” o “No Cars Go” (recuperada de su primer EP, con un peinado y maquillaje nuevos y espectaculares) bien justifican cinco párrafos para hablar del asunto del año, el grupo del año, el disco del año y, probablemente, el concierto del año (en el Summercase). Se verá.

www.arcadefire.com

07 marzo 2007

DISCOS

THE FALL. Reformation Post TLC.

Superhéroes de clase obrera.

The Fall es un coche utilitario que salió de una fábrica de Manchester en 1979. Desde entonces ha estado zumbando por las carreteras sin apeaderos del punk como Pedro por su casa, y los abundantes cambios de bujías no han impedido que el motor siga sonando a sudor, alcohol y disturbio. “Reformation Post TLC” (2007) es la incontable carrera de Mark E. Smith, y de nuevo está llena de sus mítines repetitivos, guitarras abrasivas y bajos trepidantes. Sin experimentos, con ese sonido gastado y lejano tan de los ochenta, y con el suficiente carisma para crear canciones casi tan buenas como las de entonces. “Over! Over!”, “Insult Song” (ese bajo criminal), “My Door Is Never”, “Coach and Horses”, “The Wright Stuff” (el mítico y reverenciado órgano) o “Systematic Abuse” no desentonarían para nada como extras de “This Nation´s Saving Grace” (85). “Reformation!” y “Fall Sound” consagran el lado más metálico y robusto de la banda, y los diez minutos y medio de “Das Boat” su lado irresponsable y esquizoide. Y es que hasta se atreven con el country en “White Line Fever”. Por fortuna, en el oficio del rock no existe edad de jubilación. Dios salve a la reina… pero primero a The Fall.

www.thefall.info

05 marzo 2007

AGENDA

MARZO: VEDA ABIERTA.

Villarrobledo no se vende.

Qué poca justicia hay en la vida de los justos… Lo que parecía una patraña surrealista resulta que es verdad. La Matarile se lleva el Viñarrock a Benicasim, y la Mancha se queda sin la reunión musical más multitudinaria y simbólica de la geografía española. A pesar de ser un festival siempre seguido desde la distancia y por afiliaciones territoriales y sentimentales, las cagadas merecen denuncia. Y aunque la historia (dimes y diretes de negociantes fraudulentos y politicastros nulos incluídos) no está del todo clara, el caso es que las viñas se quedan sin rock. No es la primera vez que ocurre. Casos similares se han dado con otros eventos mudados sin remedio por capricho de las ganas, el espacio o el dinero. Lo del Viñarrock no es más que la gota última de un vaso apestoso y rebosante. ¿La última?. Qué digo, aún queda mucho por ver mientras siga habiendo gente capaz de vender a su padre por un puñado de guisantes…

Es buen momento para hablar de festivales. Se ha abierto la veda. Los primeros nombres del FIB anticipan que será más de lo mismo: un cartel híbrido para contento de nostálgicos (Iggy & the Stooges, The Human League), sibaritas (Calexico, Bright Eyes, Peter Von Poehl, Animal Collective, Peter Björn & John, Herman Düne) y veraneantes insurgentes (Muse, Arctic Monkeys, The Hives, Mando Diao). Pero cuidado, porque el Summercase se ha convertido en fiero competidor y alternativa favorable para fibers desencantados. El cartel de 2007 se presenta jugosito, con PJ Harvey, The Flaming Lips, The Jesus & Mary Chain, Jarvis Cocker, Arcade Fire, Air o LCD Soundsystem, entre otros. Sí, mucha figurita, pero menos kilómetros y mayor calidad de vida. Será cuestión de pensárselo.

Por suerte, el Primavera Sound come de plato aparte. El arte de superar lo insuperable. Smashing Pumpkins, Patti Smith, Barry Adamson, Girls Against Boys, Jonathan Richman, Billy Bragg, Wilco, Buzzcocks, Spiritualized, Sonic Youth... ¿Hace falta algo más para comprarse ya el abono?. Otra vez chapeau.

En estos primeros días de marzo hemos tenido la enésima visita a nuestro país de un viejo conocido: Yann Tiersen. También la esperada nueva gira de Kasabian y el curioso festival Spoken Word en Sevilla, nuevamente con parlantes de lujo como Blixa Bargeld (Einstürzende Neubauten), John Sinclair (MC5) o David J (Bauhaus). Y en las próximas semanas se vende piel a buen precio por ver a Chris and Carla (The Walkabouts) y a Kristin Hersh, y por colarse en la tercera edición del South Pop sevillano entre el 28 y el 31 de marzo (Mark Eitzel, Destroyer, Southern Arts Society, The Bitter Springs, Bonnie “Prince” Billy, At Swim Two Birds, etc). Eso o ahorrar para un verano muy caliente.

Foto Viñarock: flickr.com

23 febrero 2007

DISCOS

CLAP YOUR HANDS SAY YEAH. Some Loud Thunder.

Juan Palomo y Dave Fridmann.

Alec Ounsworth, ideólogo y voz cantante del quinteto neoyorkino, afirma cosas como ésta: “No renuncio a crecer, pero solo quiero que seamos grandes en nuestros propios términos”. ¿Sinceridad o persuasión?. También se le ocurre decir (en relación con los condicionantes que imponen los grandes sellos): “No me gusta que otra gente se inmiscuya en mi trabajo”. ¿Autosuficiencia o altivez?. El caso es que detrás de estas afirmaciones que despiertan cierta simpatía y lo colocan entre los “rebeldes con causa” del rock actual, las canciones de Ounsworth tienen chispa, originalidad y una drástica inteligencia. ¿Panda de amiguetes con hit de moda o grupo serio con futuro?. Su estreno de 2005 auguraba lo primero, pero “Some Loud Thunder” (2007) comienza a resolver ciertos (no todos) interrogantes que en el caso de algunos se contestan solos y en el de otros acaban en la basura sin solución. El disco habla por sí mismo, a grandes voces en la introducción (“Some Loud Thunder”) y el cierre (“Five Easy Pieces”), con discursos grandilocuentes como las sensacionales “Mama, Won´t You Keep Those Castles in the Air & Burning?” y “Love Song No.7”, letanías chistosas y mazurcas. Y si “Satan Said Dance” no es pegadiza e inmediata que venga Dios y lo vea. Siguiendo a David Byrne, Gordon Gano, Andy Partridge y Brian Wilson, pero a la distancia de seguridad reglamentaria. Algo así solo se consigue echándose amigos como Dave Fridmann. Porque una cosa es ser Juan Palomo y otra buscar el buen consejo de los que controlan el patio. ¿Humildad o necesidad?.

17 febrero 2007

RETROSPECTIVAS


LOVE. Forever Changes.

FAIRPORT CONVENTION. What We Did on Our Holidays.

Aquellos maravillosos años (a ambos lados del gran charco).

El final de los sesenta fue una época inolvidable. Acontecimientos de calado universal, reivindicaciones sociales hasta entonces nunca vistas, nuevas modas-filosofías y cómo no, una nueva era en la era de la música. Una época por desgracia no vivida, pero inmortalizada en documentos como el film “Woodstock” de Michael Wadleight (pecado no verlo; para amantes de la música y amantes del cine) y en todos aquellos sonidos una y otra vez redivivos como si el tiempo no existiera. Históricos vinilos relucientes vieron la luz en aquellos años. “Tommy” de The Who, “The Pipper at the Gates of Dawn” de Pink Floyd, “Astral Weeks” de Van Morrison, “Let It Bleed” de los Rolling Stones o el “White Album” de los Beatles en las islas británicas. “Electric Ladyland” de Jimi Hendrix, “We´re Only in It for the Money” de Frank Zappa, “Surrealistic Pillow” de Jefferson Airplane, “Green River” de Creedence Clearwater Revival o los homónimos de Buffalo Springfield y The Doors en la revuelta y descontenta América. Allá y acá, a un lado y al otro del Atlántico, los corazones de la gente latían, las mentes se sumergían en piscinas de nuevas ideas y ácidos, y los músicos fueron la voz alentadora y pregonera de todo ello. La retrospectiva de aquellos maravillosos años sería una enciclopedia interminable. Acotemos pues, sumergiéndonos en dos discos fascinantes que también forman parte de esta historia.

Los Angeles. California. “Forever Changes” (67) es un clásico. Está en millones de discotecas particulares, en los libros, en los museos y en los repertorios favoritos de muchos músicos actuales. El sobrecogedor talento de Arthur Lee y Brian McLean quedó plasmado en esta colección de joyas donde el folk y el rock se unen en un abrazo cálido y sincero en medio de una brisa intermitente de trompetas y arreglos orquestales. Arthur Lee era el capataz del grupo y su obstinada mente no tenía límite: composiciones complejas sin hilo argumental definido, poniendo notas perfectas en lugares inesperados para darle el vuelco definitivo a la canción, convirtiéndola en magistral, mágica y ante todo coherente. Así son “You Set the Scene”, “A House Is Not a Motel”, “Live and Let Live”, “The Red Telephone” y “The Daily Planet”. A sus espaldas, Brian McLean afinó su pluma para crear “Alone Again Or”, faro del álbum, brillante, sencilla y con cierto sabor a tequila (normal que Calexico se empeñen en perpetuarla, está hecha para ellos), y la encantadora “Old Man”, poesía con enseñanza (“ahora parece que las cosas no son tan extrañas, puedo verlo más claro, he encontrado mi camino”). Porque hablar de Love es hablar de poesía, en lo musical y en lo lírico. Hay versos con mensajes de todo tipo; de amor, desde luego, pero también de odio figurado (“hay un pájaro sentado en una rama; cogeré mi pistola, la tengo en la mano, porque está invadiendo mi territorio”), de duda (“me pregunto quién quedará mañana, ¿tú o yo?”), de resignación (“podría enamorarme de casi todo el mundo, pero esta noche volveré a estar solo”) y de esperanza (“estos son los tiempos y la vida que estoy viviendo, y afrontaré cada día con una sonrisa”). Por si las once perlas de que consta fueran poco, la edición de lujo de 2001 amplía el cargamento con la risueña “Wonder People (I Do Wonder)”, demos, versiones alternativas y alguna sorpresa más. La memoria de Arthur Lee (fallecido en 2006) puede considerarse honrada con este humilde homenaje.

Londres. Reino Unido. Bautizados a menudo como los Jefferson Airplane británicos y acreditados por los sabios como los inventores del folk-rock en las islas, Fairport Convention son tan fáciles de escuchar como difíciles de seguir. Su perpetuidad durante más de tres décadas y las idas y venidas de sus miembros hacen del ente un hotel de músicos más que la típica banda al uso. “What We Did on Our Holidays” (69) marcaba los comienzos del viaje y los primeros cambios a la vez. Fue el debú de Sandy Denny, la voz femenina más notable en la historia del grupo. El trabajo muestra claramente una intención de fidelidad al paradigma dylaniano. En él se pueden encontrar deliciosas melodías de vocación puramente folk (“Fotheringay”, “Book Song”), otras puramente rock (“Mr. Lacey”), preciosos himnos hedonistas y comunitarios (“No Man´s Land”, “Tale in Hard Time”), músicas tradicionales (“Nottamun Town”, “She Moves Through the Fair”) y quizá la canción más redonda en el vasto repertorio de la banda (“Meet on the Ledge”). También hay un palco de honor para dos referentes imprescindibles como el propio Bob Dylan y Joni Mitchell, en las versiones de “I´ll Keep It With Mine” y “Eastern Rain” respectivamente. Sabemos de dónde somos, pero hay algo oculto tras el horizonte.

Dos soberbios discos. Dos magníficos tesoros del legado de un momento. Un legado complejo, formidable y con mucho por descubrir todavía. Un momento lejano, pero sencillo de revivir ejercitando el músculo secreto que todo el mundo tiene en alguna parte: la imaginación.

www.lovewitharthurlee.com

www.fairportconvention.com

14 febrero 2007

DISCOS

CLINIC. Visitations.

Marca de la casa.

Platillos hirviendo, melódicas, clarinetes, organillos, guitarras ácidas, la dicción párvula de Ade Blackburn, ataques esporádicos de punk cavernícola y mucho humor inglés. Más de lo mismo. El campeón destacado sigue siendo “Walking with Thee” (2002) seguido por “Internal Wrangler” (2000) y “Winchester Cathedral” (2004), por este orden y a escasa distancia. Y este “Visitations” debe conformarse con un cuarto lugar para nada deshonroso. Muchas canciones se parecen a otras, qué remedio, porque la fórmula es original pero no mágica. Así, “Harvest (Within You)” retrotrae inmediatamente a “The Second Line” o a “The Equalizer”, y sin embargo está entre las mejores. “Children of Kellog” empieza como un calco de “Sunlight Bathes Our Home”, “If You Could Read Your Mind” se emparenta con “Internal Wrangler” y “Paradise” hace lo propio con “Kimberly”. Entre los elementos no tópicos, arpas y sitares para dar un nuevo aire inédito a “Animal Human” y “Jigsaw Man”. Y para acabar, la clásica balada: “Visitations” se une a la colección de epílogos jugosos junto a “Goodnight Georgie”, “For the Wars” y “Falstaff”. Sí, machacones, pero con etiqueta propia. Y mucho más creíbles que todas las promesas actuales del indie británico juntas.

www.clinicvoot.org

12 febrero 2007

DISCOS

GRIZZLY BEAR. Yellow House.

Manifiesto de los sueños.

La casa amarilla es un refugio levantado por el ser humano en medio de un bosque de sinfonías sin orquesta. Un lugar virgen donde sobreviven almas recién salidas de los cuentos de Andersen. Paladines y princesas que transitan por la Quinta Avenida cogidos de la mano. Caballos salvajes que trotan hacia la cima de la montaña en que se ha convertido el Empire State. Extraños batracios que esperan a la orilla del Hudson que alguien les de el beso definitivo.

La casa amarilla es el continente y el contenido, el lugar y el resultado. La banda sonora de todas esas historias que aún somos capaces de recrear en la imaginación como cuando éramos pequeños. Nanas construidas con guitarras, banjos, pianos tristes, vibráfonos y voces transparentes. Sí, nanas, pero no para niños. Porque en la casa amarilla la simplicidad no tiene amigos y el juego alcanza la dimensión de obras propias de los adultos o de jóvenes superdotados. Algunos dirán que es anti-folk, nuevo folk, acid folk, neo-psicodelia o rock experimental. Que lo llamen como quieran. Yo lo llamaré revelación. Yo lo llamaré grandeza. Yo lo llamaré sueño.

www.grizzly-bear.net

03 febrero 2007

DISCOS

DEERHOOF. Friend Opportunity.

Bemoles y sostenidos.

Un título bonito. Un aval en forma de directo aplastante. Una filosofía del todo vale y del no hay miedo. Resultado: discazo. Con menos canciones que el interesante “The Runners Four” (2005) y mayores posibilidades de prestar atención a cada una, “Friend Opportunity” (2007) se atreve a explorar muchos más terrenos convirtiendo la palabra eclecticismo en algo más simple que el mecanismo de un chupete. La dulce voz de karaoke nipón de Satomi Matsuzaki (conclusión: todas las hijas del sol naciente cantan igual) y la hiperactividad rítmica y creativa de Greg Saunier dan lugar a un cacao imprevisible que tan pronto sabe a folk (“The Galaxist”) como a jazz y musical de Broadway (“Whither the Invisible Birds?”) o a épica post-rock (“Look Away”), que osa lanzar órdagos al Beck más cósmico (“Kidz Are So Small”) o al John McEntire más inspirado (“Cast Off Crown”), y que no renuncia al destripe guitarrero ni al estribillo absurdo y pegadizo (“+81”). Un comienzo tan espectacular como “The Perfect Me” tiene la llave del cajón de sastre. ¡Campeones!.

www.deerhoof.killrockstars.com

REPORTAJES

ADIÓS A JAMES BROWN.

Diez razones para recordar a un genio.

El pasado 25 de diciembre nos comíamos los restos de la opípara cena de Nochebuena con la noticia de la muerte del padre del soul y el funk en todos los telediarios. James Brown dijo adiós a una vida por la que pasó dejando huellas de todo tipo. Sus escarceos con el vicio, su depravación congénita o su endiosamiento sin límites ya son historia en las páginas escritas del mito. Hazañas tristes que servirán para recordarlo con desdén o simplemente para olvidarlo como castigo. Ha muerto un gran nota. Pero también ha muerto un gran artista.

Al margen de las divergentes sensaciones que su figura es capaz de despertar, es justo reconocer que Mr. Dinamita puso patas arriba el estatus de la música negra en los años 60, reivindicando el papel principal de la comunidad de color en la construcción de armonías y ritmos, génesis impepinable de las incontables vertientes del baile. De su fábrica orgánica han surgido algunos de los clásicos más clásicos de la historia, esas canciones que todas las generaciones de una familia conocen alrededor de una mesa navideña. Un icono persistente no solo por su música; también por su forma de moverse, revolucionaria e imposible, por sus estrafalarios trajes y capas, por los grandes músicos que lo acompañaron (como Maceo Parker –curiosamente de gira estos días por nuestro país- o “Bootsie” Collins) y por supuesto, por su cruzada obsesiva en pos de la libre expresión de su raza.

Así, mientras su cuerpo presente todavía espera un lugar en el que poder descansar en paz, las menciones y tributos se disparan, y sus temas vuelven a ponerse de moda por millonésima vez. Ahí van diez buenas razones para montar un fiestón del quince y recordar al genio por sus buenas obras.

1. “I Got You (I Feel Good)” (65): la más conocida y una de las mejores. Música y letra simples para perpetuar el reinado de Chuck Berry.

2. “Get Up (I Feel Like a Sex Machine)” (70): himno de la generación funky que riza el rizo del ritmo y alcanza poderes hipnóticos. Vehemente y censurada, elegante y con clase. “Right on, right on”.

3. “Get Up Offa that Thing” (76): riffs contagiosos, secuencias de viento, un estribillo repetitivo a coro, palmas y buen rollo. Sublime.

4. “Papa´s Got a Brand New Bag” (65): una de las que le valieron un Grammy, con desarrollo idéntico a “I Got You (I Feel You)” e igual de pegadiza.

5. “Cold Sweat” (67): otro de sus números uno en el éxodo del soul al funk. El ritmo aún se contiene, pero el esqueleto empieza a moverse.

6. “Say It Loud (I´m Black and I´m Proud)” (68): un mensaje que hizo furor entre la comunidad y animó a romper cadenas. Escuchándola te entran ganas de ser negro.

7. “Mother Popcorn” (69): la garganta del padrino en pleno apogeo, y un cambio de ritmo a mitad de viaje tan vertiginoso que marea.

8. “The Payback” (73): entre funky y R&B, ese ritmo de guitarra da vueltas y vueltas en círculo para sostener otra de las más grandes.

9. “Get on the Good Foot” (72): con los mismos bajos, vientos y wah-wahs, pero más compleja y desarrollada. Otro James Brown.

10. “Super Bad” (70): otra repetición gloriosa a seis cuerdas y todo un manto de percusiones. “I´ve got soul and I´m super bad”. Pues éso.

www.godfatherofsoul.com

23 enero 2007

DISCOS

TV ON THE RADIO. Return to Cookie Mountain.

La especie dominante.

Pero leche, ¿qué es esto?. Un montón de meses ignorando el que quizá sea el mejor álbum de 2006 (con permiso de Dominique A). Toda una vida ignorando a esta pandilla de Brooklyn, ese barrio de la gran manzana que siempre nos recuerda el concurrido estanco de Augie en “Smoke” y “Blue in the Face”. Finalmente, el verbo se hizo carne y todas las palabras de elogio leídas/oídas sobre ellos mutaron en verdad. “Return to Cookie Mountain” (2006) es el disco que llevaba muchos años deseando escuchar. Adicción severa. Una conexión paranormal de soul, gospel, étnica, psicodelia, doo-wop, loops marcianos y rock de pedigrí. Semillas del pasado desfilando por un episodio de Futurama. Sin calificativo. Ya lo dice David Bowie, y el camaleón no es tonto. Y es que el propio Bowie se ha convertido en el fan número uno (yo soy el dos) de esta súper-banda. Su aparición en “Province” deja testimonio, aunque el verdadero traje a su medida sea la apabullante “Blues from Down Here”.

Dominio, esa es la palabra. Dominio de los ritmos, que convierten en superiores dos canciones de por sí redondas como “Hours” o la espacial “Playhouses”. Dominio de los tiempos, acelerando en “Wolf Like Me” (ya quisieran Bloc Party sonar así), calibrando en “Dirty Whirl World”, frenando en “Tonight”. Dominio también de las gargantas, magistralmente coordinadas en el gran himno “I Was A Lover” (Sly Stone se vuelve loco entre bytes), “A Method” o la apoteósica macro-protesta hippy con panderetas, traveseras y sitares “Wash the Day Away”.

Lo dicho, sin calificativo. ¿Para qué perderse en retóricas si las canciones hablan por sí solas?. Digamos simplemente que algo bueno y gordo se cuece en Brooklyn, y sigámosles la pista con atención. Porque en caso de hecatombe solo los fuertes sobreviven, y estos tienen pinta de comerse a todos los demás.

www.tvontheradio.com

AGENDA

Enero, Febrero... Show Must Go On.

La agenda vuelve. Y aunque en la mayoría de ocasiones no sirva más que para autoflagelarnos (imposible abarcarlo todo si no vives en Madrid o Barcelona y eres rico de familia), su inclusión obliga a estar bien informado (y evitar así perderse lo imperdible).

Después de unos meses sin nada reseñable que echarse a la chepa, el calendario de directos empieza a calentarse aunque a fuego lento. Enero termina con algunos visitantes muy dignos, como el prolífico Will Johnson (en la foto). Sin perder de vista sus proyectos (Centro-Matic, South San Gabriel, Undertow Orchestra), el norteamericano viene a pasear su más desconocida faceta de cantautor, demostrando que pertenece a la estirpe de artistas capaces de bajarse de la burra y ceder la gloria a cabezas de cartel (Micah P. Hinson, en este caso) de dudosa superioridad. Otras citas interesantes para estos días: la visita de los hermanos McDonald o lo que es lo mismo, los incombustibles Redd Kross, y la del incontestable John Cale apenas un año después.

Febrero viene con un acontecimiento que ha superado las expectativas por goleada: el renacimiento de Trent Reznor y sus Nine Inch Nails. Agotadas en un suspiro las entradas para sus shows en Madrid y Barcelona, añaden una fecha extra en cada ciudad para contentar a todos y disuadir la reventa. Y hablando de renacimientos, también resulta curioso el de los belgas Vaya con Dios, de los que se había perdido todo rastro con los años. Estarán en el Teatro Coliseum de Madrid el 26 de febrero.

Ahí no queda la cosa; más giras, como la de los prescindibles Mando Diao o la de Guillemots, última sensación del indie británico (¿serán tan espectaculares y frikis en vivo como reza la leyenda?).

Para acabar, es inevitable la mención al apartado “festivales”. DENUNCIA: lo de los precios escalonados empieza a convertirse en un circo insoportable. Sí, claro, es una estrategia de mercado consolidada para atraer compradores de expectativas. Pero al final los que esperan la oferta musical para sopesarla, valorarla y saber lo que van a comprar, los que no pueden elegir sus vacaciones y los que no pueden invertir los caudales hasta echar sus cuentas son los que se joden y acoquinan esos subidones de vergüenza que acabarán convirtiendo la música en directo en otro bien más de lujo (si acaso no lo es ya).

En fin, se agradece que el Primavera Sound cada vez tarde menos en empezar a revelar los nombres de su cartel: Low, Slint, Dirty Three, The Durutti Column, Comets on Fire, Band of Horses, Modest Mouse, Built to Spill... Claro, con cosas como éstas cualquiera no hipoteca los riñones.


Foto: Stijn Buyst en www.gonzocircus.com

17 enero 2007

DISCOS

JOAN AS POLICE WOMAN. Real Life.

Alma negra, corazón blanco.

A falta de platos calientes en 2007, siguen coleando perlas del año pasado. Después de un activo periplo como secundaria de lujo, Joan Wasser reivindica su talento en el brillante “Real Life” (2006). Su versatilidad (ya bien demostrada) como instrumentista se complementa con una voz sugerente, exquisita, sin límite de registro, al nivel de las más grandes. De Nina Simone a Aretha Franklin. Poco más de treinta minutos para decir las cosas a la cara, sin perder la sensualidad y buenas formas.

La historia de Joan es la historia de una rebelión tranquila. Y en esa búsqueda de un lugar en el mundo le acompaña la sombra alargada de tres nombres con los que compartió o comparte vida, trabajo e ideas. Primero: Rufus Wainwright. Testaferro y protector. Anduvo junto a él formando parte de su coral bizarra y abriendo algunos de sus shows. Y como todo se pega, incluso la hermosura a pesar del dicho, en temas como “Real Life” y “The Ride” late irremediablemente el encanto del susodicho. Segundo: Antony. Inspirador y amigo. Su presencia en la espectacular “I Defy” no es más que una contraprestación obligada por la contribución del violín de Wasser a la magia de los Johnsons. Nunca dos voces se hermanaron con tanto acierto. Tercero: Jeff Buckley. Compañero sentimental y lazo de unión con músicos diversos. El espíritu épico de la voz difunta deja de ser transparente para cobrar divinas formas en “Eternal Flame” y “Christobel”. Y la mente (susceptible y sobornable) se entretiene descubriendo interesantes coincidencias: “So Real”-“Real Life”-“Eternal Life”-“Eternal Flame”.

Un disco perfecto para devotos de los nombres anteriores, para amantes del soul y para coleccionistas de clásicos atemporales. Dignísima puesta de largo de una artista con futuro. El éxito es el presente. El anonimato ya es pasado.

07 enero 2007

DISCOS

SPARKLEHORSE. Dreamt for Light Years in the Belly of a Mountain.

Belleza desenfocada.

No hay nada mejor que escuchar el nuevo disco de una banda consagrada desde la nada, pues el nivel de exigencia es cero. De Sparklehorse solo existía el conocimiento de aquel espeluznante relato en el que Mark Linkous aseguraba haber estado muerto durante un lapso, pero su música era un universo desconocido hasta ahora. Casualidad o no, “Dreamt for Light Years in the Belly of a Mountain” (2006) tiene algo de experiencia trinitaria, como si la belleza de una melodía legendaria hubiera sido atrapada con un cazamariposas desde el más allá. Acordes que casan a la perfección para trenzar la canción perfecta, ausente de dulzor excesivo gracias a una producción de cortinas de polvo que convierten lo obvio en imágenes desenfocadas. “Getting It Wrong”, “See the Light”, “Some Sweet Day”, “Mountains” o “Knives of Summertime” nacen de esa materia prima. La pena es que el lado power de “Ghost in the Sky” y “It´s Not So Hard” no se prodigue más a lo largo de un disco cuya audición despierta duendes de su letargo invernal y dibuja paisajes en los que el rosa y el negro conviven en feliz armonía. Y la ignorancia pasada no es un lastre, sino un hecho natural que hace bueno el dicho de más vale tarde que nunca.



03 enero 2007

REPORTAJES

2006: OTRO AÑO DE MÚSICA.

Los discos que se quedaron por el camino.

Es inevitable: Navidad equivale a listados, resúmenes, balances y toda clase de ejercicios de recopilación sobre lo mejor y lo peor del año. Y yo no iba a ser menos. Así que echo la vista atrás y me acuerdo de un montón de discos que desfilaron por mi mp3 en 2006 y para los que no hubo palabras por falta de tiempo, salud, ganas o medios al alcance. Ahora es el momento de recuperarlos. Eso sí, sin más orden que el alfabético. Las categorías y numerajos se los dejamos a los eruditos pitagorines de la Rock de Lux. Recordaremos el 2006 por discos (y temazos) como éstos…

AKRON/FAMILY. Meek Warrior.
Comienza con un loco dominó de psicodelia extrema (“Blessing Force”) y acaba con un suculento postre de gospel espiritual (“Love and Space”). Y entre medias, folk marciano inconformista y más psicodelia setentera. Entre The Incredible String Band, la arquitectura amorfa de Can y las fechorías más naif de Frank Zappa. Para orejas cultivadas.
Temazos: “Lightning Bolt of Compassion” en su cara suave; “The Rider (Dolphin Song)” en la salvaje.

BARRY ADAMSON. Stranger on the Sofa.
Desde su caverna anti-mainstream, el músico absoluto vuelve a demostrar que en su chistera cabe de todo (rhythm & blues, cabaret, glam rock y vanguardia electrónica), que puede seguir siendo el más sombrío y ambiguo (“My Friend The Fly”, “Deja Morte”) y que también puede abrirse como los pétalos de una flor cuando le venga en gana (“The Long Way Back Again”, “You Sold Your Dreams”).
Temazo: “Officer Bentley´s Fairly Serious Dilemma”.

FINAL FANTASY. He Poos Clouds.
Pizzicatos y clavicordios. Ópera y musical. Un sorprendente viaje que puede acabar en cualquier parte: en la rapsodia bohemia de Queen, en las calles de Anatevka o en las bodas de Fígaro. En manos ajenas sería otra “divina comedia” ampulosa y pedante, pero en las de Owen Pallett se convierte en una obra llena de sensibilidad y madurez que enfrenta lo clásico a lo contemporáneo con valentía. Y que lo eleva a la recua de donceles iluminados junto a Sufjan Stevens, Teitur, Patrick Wolf o Zach Condon.
Temazo: “This Lamb Sells Condos”.

ISOBEL CAMPBELL (& MARK LANEGAN). Ballad of Broken Seas.
El legado de sus ex-bandas (Belle and Sebastian, Screaming Trees) es tan inconexo como el matiz de sus voces, pero juntos han creado un manual de sutileza pleno de referencias ilustres (ahí está su visión de “Ramblin´Man” de Hank Williams) que los convierte en pares complementarios aunque trabajaran separados. El amargo y el dulce. El reo y el hada. Baladas evocadoras y sublimes por las que matarían los mismísimos Tindersticks.
Temazo: “Black Mountain”.

LAMBCHOP. The Decline of Country & Western Civilization.
Nunca un disco aglutinó con tanto acierto las mil y una caras de la banda de Nashville. Curioso que lo consiga un recopilatorio con viejos singles, rarezas, versiones propias y ajenas y otro material huidizo. El bucolismo de siesta (“Soaky in the Popper”, “The Gettisburgh Address”), la experimentación transversal (“Two Kittens Don´t Make a Puppy”), la fanfarria de festival (“Nine”, “Loretta Lung”) y un homenaje impecable a Elvis Costello en “Beyond Belief”. 100% pura oveja.
Temazo: “The Scary Caroler (Fast)”.

LIARS. Drum´s Not Dead.
El tambor no ha muerto, por supuesto. Sigue siendo el ítem sagrado del trío neoyorkino para hipnotizar y crear confusión, oficio en el que ya son maestros. Imaginativo, ilimitado, siniestro y también muy cool. Danzas tribales, ceremonias de santería y rituales vudú ensamblados en un disco de una sola pieza que demuestra que aún no se ha inventado un género en el que clasificarlos.
Temazo: “A Visit from Drum”.

NEKO CASE. Fox Confessor Brings the Flood.
De una voz especial, un viaje a Tucson y el altruismo de algunos amigos (entre ellos, su ilustrísima Howe Gelb) no puede surgir otra cosa que no sea un disco impecable. Canciones elegantes, en constante evolución y orquestadas con somera. La música como conducto material de la historia, que al final es lo que cuenta, por muy manida, superflua o infantil que sea.
Temazo: “Dirty Knife”.

PETER, BJÖRN AND JOHN. Writer´s Block.
Desde la fría Suecia llega otra apuesta segura. Referentes de la música disco, Brian Wilson y la época psicotrópica de los Beatles en una colección de bellas (y divertidas) canciones donde la melodía perfecta y la percusión suicida se dan relevos constantes. Sin ningún ánimo de lucro, pero con un beneficio pasmoso. Revelación del año.
Temazo: “Let´s Call It Off”.


THE RACONTEURS. Broken Boy Soldiers.
Aunque el primer corte (“Steady As She Goes”) anuncia un nuevo hype cansino de temporada, el divertimento paralelo de Jack White y Brendan Benson resulta ser una nostálgica mirada hacia el rock de los sesenta. Guitarras pomposas, órganos Hammond y puzzles de voces en nueve canciones sabrosas (quitamos la primera) que invocan irremediablemente los sonidos de The Who.
Temazo: “Broken Boy Soldier”.

STEREOLAB. Fab Four Suture.
Sus discos sin bajos trotones, loops, casiotones y sordinas no son suyos. Como es habitual, vuelven a facturar un trabajo vibrante y luminoso donde no hay un solo corte a despreciar (de los doce y las fascinantes subdivisiones de cada uno). “Plastic Mile”, “Vodiak”, “Excursions into Oh, A-Oh” o “Widow Weirdo” son muestra aleatoria y prueba fehaciente de la fidelidad a un estilo que los ha convertido en únicos e inimitables.
Temazo: “Interlock”.

STUART A. STAPLES. Leaving Songs.
La audacia compositiva de los primeros Tindersticks ha desaparecido, pero la voz de este hombre puede convertir en buena hasta la canción más mediocre. Demostrado queda en “The Path” o “One More Time”. Un viaje a Memphis y otro paso adelante en la religión pro-Townes Van Zandt. Soul, folk, country (con pedal steel incluido) y el habitual complemento femenino.
Temazo: “Already Gone”.

TAPES´N´TAPES. The Loon.
Publicado este año en nuestro país (data del 2005) después de un boca a boca fabuloso, comprende un manojo de canciones entretenidas, frescas e ideales para jugar al “me recuerdan a..”. Me recuerdan a The Kinks, Pixies, Talking Heads o, cómo no, Wire (por algo “Chairs Missing” es su álbum favorito). Lo mejor: su facilidad para alternar tiempos, estilos y ritmos. Lo peor: ese sospechoso tufillo a nuevo grupo de moda.
Temazo: “Insistor”.

TEITUR. Stay Under the Stars.
Compositor impecable, poeta de diario, el danés firma uno de los discos más emotivos y escuchados de la temporada. Porque sus historias de sentimientos, de lugares físicos, de sueños infantiles, no cansan. Porque su folk aterciopelado con deliciosa guarnición de arreglos clásicos engancha. Porque esa voz inmaculada y explotada con fe y esmero convence por completo. ¿Pariente cercano de Antony?.
Temazo: “Thief about to Break In”.

WILLARD GRANT CONSPIRACY. Let It Roll.
Las tribulaciones de Rob Fisher son similares a las de Nick Cave, pero desde el otro lado del charco (y si no, dedicarle un par de escuchas a la imponente “Let It Roll”). También se parecen a las de Kurt Wagner (y si no, prestar atención a “Breach” o “Crush”). Aparte de comparaciones, he aquí otro gran disco desde esa América en la que todo es más estanco, bruto y complicado, y las distancias se multiplican. Como distancia hay entre canción y canción, todas diferentes, todas especiales si se les dedica su justo tiempo.
Temazo: “Flying Low”.

19 diciembre 2006

RETROSPECTIVAS

THE JIMI HENDRIX EXPERIENCE. Electric Ladyland.

Un viaje hacia lo desconocido.

Electric Ladyland” (68) es ese álbum que todo melómano empedernido debe tener obligatoriamente en su discoteca. Y la obsesión por escribir sobre él viene de la visualización de uno de esos impecables documentales ideados por la BBC sobre historia, leyendas y mitos de la música. En esta entrega, los que fueran colaboradores de “experiencia” de Hendrix (el productor Eddie Kramer, los baterías Mitch Mitchell y Buddy Miles, el bajista Noel Redding, el manager Chas Chandler, Steve Winwood, entre otros) cooperan para sacar a la luz el proceso de gestación de un disco que, como ellos mismos dicen, se adelantó a su tiempo. Proceso no exento de diferencias, pormenores e influencias externas, entre ellas, la muerte de Martin Luther King, acontecimiento que sin duda comprometió el pensamiento y el sentimiento de la comunidad de color, y cómo no, de los músicos de esa raza. Aunque The Jimi Hendrix Experience como formación iba más allá de las posturas sociopolíticas de la época; un negro comandando y guiando a una legión de blancos en la búsqueda del objetivo. Una estampa irónica frente a una realidad opuesta.

Electric Ladyland” está lleno de matices, voces, efectos marcianos caseros y sonidos novedosos de guitarra, basculando entre los dos pilares base en las creaciones de Hendrix: las raíces de la música negra (el blues más puro en “Voodoo Chile” y “Rainy Day, Dream Away”, la Motown en “Have You Ever Been (To Electric Ladyland)”, el funk en “Gypsy Eyes”) y la eclosión de la psicodelia (evidente en “Burning of the Midnight Lamp” o “Crosstown Traffic”) . Igualmente el álbum contiene la revisión del clásico “All Along the Watchtower” de Bob Dylan, botón de muestra de que el mito también tenía sus mitos, y quizá más trascendente que la propia original. Tampoco hay que olvidar “Voodoo Child (Slight Return)”, que ilustra un poderío vertiginoso y salvaje a las seis cuerdas. En un ranking de mejores canciones de la historia estaría entre las diez primeras sin excesivo calentamiento de cascos; su intro de guitarra wah-wah y batería ya lo vale.

El documental que inspira estas palabras tiene un valor incalculable. Y no porque resucite una obra que por sí sola subyace al paso del tiempo, sino porque muestra al Jimi Hendrix desmitificado, apartado de fetichismos. Hasta ahora Hendrix era ese músico que tocaba la guitarra con soltura y que murió joven por culpa de sus excesos. Hasta ahora Hendrix era ese negro extraño de cabello cardado y trajes multicolor inmortalizado en pósters, postales y portadas. Y a partir de ahora hay otro Hendrix, el humano, con su ego y sus manías como todo hijo de vecino. Los que lo conocieron y lo acompañaron hablan de él como una persona afable, dinámica y bromista, ahuyentando la leyenda negra de retraimiento, soledad y martirio interior. Un virtuoso ignorante de la técnica académica, entre cuyos planes no estaba la perfección, sino avanzar hacia lo desconocido. Hacer que su eléctrica sonara como el océano, hacer que su eléctrica sonara como el viento.

12 diciembre 2006

CONCIERTOS

YO LA TENGO. Madrid. La Riviera. 2-12-2006.

22 años después.

“Hoy es 2 de diciembre de 2006” empezaba diciendo Ira nada más pisar el escenario. Y sutilmente explicaba que tal día como ese, pero de 1984, la máquina de Hoboken empezaba a carburar. Coincidencia casual y crucial. Ha llovido desde entonces, pero ellos siguen siendo esa gente corriente, campechana y educada que después de un show agotador aún tiene tiempo de regalar autógrafos, sonrisas y conversaciones a los fans. Qué grandes.

El aniversario de su primer directo se saldó con la alta puntuación que acostumbran. Aunque el inconveniente de haberlos visto a menudo en los tiempos recientes (si se le puede llamar inconveniente, carajo) es que las sorpresas son menores. Sin embargo, siempre tienen unos cuantos ases escondidos debajo de la manga y esta vez los jugaron en las tres tandas de bises: versiones y préstamos (“A House Is Not a Motel” de Love y “Rocks Off” de los Rolling Stones), atentas improvisaciones a petición popular (“You Can Have It All” cocinada a base de percusiones o la espectacular “Emulsified” de Rex Garvin), cameos entrañables (ese aprendiz de Curro Savoy en “My Little Corner of the World”), tiernas estampas country (“Griselda”) y cómo no, “Sugarcube”, digna representante de los clásicos de siempre que, por cierto, escasearon (cosa que no ocurrió en Barcelona, ¿por qué?).

En cuanto al grueso del concierto, algo similar a lo ocurrido el pasado junio en el Primavera Sound. Mucha cancha a las nuevas canciones (aunque ahora ya resultan familiares) y unos cuantos guiños al pasado. “Stockholm Syndrome” y “Tom Courtenay” son sagradas. “Tears Are In Your Eyes” puso la primera gota de cloroformo y “The Pain of Pain” vino a refrescar la memoria de aquel histórico concierto de hace 22 años. Entre tanto, el mundo de Yo La Tengo se divide en dos hemisferios: el ultrasónico y el crepuscular. En el primero, la guitarra es el gobernante único, y los ritmos de James y Georgia no tienen más salida que capitular a la dictadura de la distorsión. “Pass the Hatchet”, “The Story of Yo La Tango” y “I Heard You Looking” coparon más de un tercio del minutaje total. Larguísimos viajes astrales por galaxias de ruido hasta que el cuerpo aguante (el de Georgia a veces se resiente un poco) o hasta que a Ira le de la gana de tomar tierra. En el otro hemisferio la cosa cambia radicalmente: el volumen se contiene, las teclas sustituyen a las seis cuerdas, se destapa el tarro de la melodía-armonía y el hilo empieza a pendular. “I Feel Like Going Home“ envuelve y conforta, pero “Beanbag Chair”, “Sometimes I Don´t Get You” y “The Weakest Part” son demasiado parecidas para caminar juntas. Aunque claro, después llega “Mr. Tough”, con sus falsetes, su burbujeo, y el tono se recupera al instante.

Y puestos a elegir momentos álgidos, ahí van dos: “I Should Have Been Better” demostró que el tándem vocal Kaplan-MacNew funciona a la perfección, y más al amparo de un Hammond que echa humo; y “Watch Out for Me Ronnie” derivó en una orgía punk de las que hacen época, con revoluciones imposibles, alaridos desbocados y el espíritu de los Ramones sobrevolando cabezas.

En fin, todo elogio es poco. 22 años desafiando a la ciencia infusa del rock and roll, machacando estereotipos y ganándose una fidelidad que no es gratuita. Moraleja: la próxima vez que vengan por aquí pagaremos el precio de otra entrada. Matemático.

Los músicos del pueblo: Ira y James en contacto directo y cordial con sus fieles (Georgia también estuvo). Olé.


www.yolatengo.com

29 noviembre 2006

DISCOS

BECK. The Information.

El hermano mellizo de Odelay.

Hace no mucho celebrábamos con solemnidad el cumpleaños de un disco que, ya se decía claramente, iluminó las orejas de muchos: “Odelay” (96). Pues bien, diez años más tarde y después de varios intentos estrepitosamente fallidos, el irrepetible de Los Angeles da a luz al hermanito legítimo de aquel. “The Information” (2006) viene a demostrar varias cosas; primera, que lo mejor para que suceda un milagro es no creer en ellos; segunda, que el movimiento se demuestra andando (y currando); tercera, que hoy por hoy Beck Hansen es de los pocos que pueden permitirse el lujo de sonar como Massive Attack, Funkadelic, Pearl Jam, Marvin Gaye, The Beta Band, Violent Femmes, Chic, The Notwist, Wilco, Cypress Hill o Air en un mismo largo. Se sobra.

Y es que con poderes multiinstrumentales, master cum laude en sampleado y conexiones neuronales deficientes, se pueden hacer realidad muchos sueños. Sigamos mezclando ingredientes al estilo Panoramix: funky y folk en “Elevator Music”; samba, electrónica y R&B en “Cellphone´s Dead”; pop y psicodelia en “Soldier Jane”; trip-hop con armónicas y orquesta en “Dark Star”; scratching y batucadas en “1000 BPM”. Sigamos levantando obras de ingeniería imposible al estilo Calatrava: “Motorcade”, “The Horrible Fanfare/Landslide/Exoskeleton”. Y lo más importante, sigamos regalando al mundo buenas canciones: “Think I´m In Love” (cómo recuerda a “The New Pollution”), “Strange Apparition”, “Nausea” y “The Information” tienen vocación de eternidad sin abundar en excentricidades. Demente, pero ante todo músico. Ahora solo falta rellenar la cuartilla en blanco con el collage adecuado. Uff, no será fácil.

28 noviembre 2006

DISCOS

MICAH P. HINSON. Micah P. Hinson and the Opera Circuit.

Fabricando dioses de papel.

Vivimos en el mundo de la compraventa. Esclavos de la publicidad, las modas y las cotizaciones. Las cosas se encarecen, el consumo aumenta. Lo malo es cuando las ideas y opiniones también entran en el mercado… Hace ya algún tiempo que las revistas, suplementos y ciberespacios empezaron a vender a este chaval de Memphis como el nuevo mesías del neo-country. Y la estrategia de marketing es sublime: la tragedia es negocio. Así que llevamos meses escuchando la vida y milagros de este ex-presidiario y ex-drogadicto repudiado que compuso sus últimas canciones baldado, sedado y postrado en el lecho del dolor. Dejémonos de biografías, folletines y klinex húmedos, y vayamos al meollo del asunto. Vayamos a su música. Quiero informarme antes de comprar. Quiero contrastar lo que me estáis diciendo…

Si realmente es un genio, debe haber algo en las profundidades a lo que no consigo llegar. Escuchando el alabado “And the Opera Circuit” (2006) no parece que haga nada distinto a lo que llevan haciendo mucho tiempo Lambchop, con un matiz: que a Kurt Wagner me lo creo. Sin embargo, sería mezquino no reconocer que hay puntos a su favor: una voz inmensa, madura y convincente, y ciertos atisbos de inspiración que brillan con fuerza en “Diggin´a Grave” y “Little Boys Dream”. Pero hablar de obra maestra se antoja un pelín descabellado; dejémoslo en disco correcto de country-folk orquestado con alguna aproximación interesante al rock. Aún así, prefiero ahorrarme los cuartos.


www.micahphinson.com


22 noviembre 2006

RETROSPECTIVAS

GIRLS AGAINST BOYS. Venus Luxure Nº 1 Baby.

A la sombra de los monstruos de Seattle.

1987, nace Nirvana. 1992, “Nevermind”. El mito echa a correr. Aquellos maravillosos 90. La era del grunge. Mientras el estado de Washington se convertía en santuario público de los nuevos paradigmas del rock en los USA, Washington DC, en la costa opuesta, asistía al nacimiento de bandas dispuestas a ocupar el trono de Pussy Galore y Minor Threat. Mientras formaciones como Alice in Chains, Pearl Jam, Mudhoney, Screaming Trees o Sunny Day Real State empezaban a arder como la pólvora, raros engendros como Fugazi emergían de las cenizas de incendios pasados. Y de la mano de Fugazi, al tiempo y a su vera, nacían Girls Against Boys.

Cualquiera de sus discos entre el 93 y el 96 es dignamente recuperable. ¿Quién no recuerda temas como “Don´t Got a Place”, “Super-Fire” o “Disco Six Six Six”?. Pero “Venus Luxure Nº 1 Baby” (93) quizá sea su álbum cumbre, el alegato de calidad y reconocimiento de una banda personalísima, a caballo entre el hardcore y el punk, pantanosa, inspirada y adictiva.

Porque las grandes bandas tienen una cosa que las mediocres no alcanzan: sello de identidad. Y en este disco (su estreno en Touch & Go Records) ese sello queda definido sobre las bases apuntadas desordenadamente en “Tropic of Scorpio” (89). Una identidad que comienza en la voz cavernosa y quebradiza de Scott McCloud, y que se prolonga en las atómicas líneas de bajo de Johnny Temple y Eli Janney (cerebro instigador del invento) y en las guitarras a propulsión. Así, Girls Against Boys suenan a Girls Against Boys.

Como en todos sus trabajos, en “Venus Luxure Nº 1 Baby” no hay medias tintas. O todo o nada. O ruido o calma. Más de lo primero que de lo segundo. Pero ellos siempre han sabido hacer ruido de manera diferente y para espacios diversos. Ruido de salón con lámparas de araña, como en las elegantes “In Like Flynn”, “Go Be Delighted” y “7 Seas”. Ruido de trastero desordenado en “Rockets Are Red”, “Learned It” y “Billy´s One Stop”. Y luego está ese ruido con guitarras de velocidad salvaje que hacen de “Let Me Come Back” y “Bullet Proof Cupid” dos rallyes agotadores pero excitantes. En la calma tampoco falta la electricidad, aunque “Satin Down”, “Get Down” y “Bug House” exploran otros terrenos, más subrepticios y trascendentales.

Imprescindibles. Un disco redondo. Un compendio de todos los tesoros de una banda que en la actualidad vive en medio del interrogante. ¿Habrá nuevas canciones pronto?. ¿Habrá nuevo desembarco en nuestro país, más solemne y anunciado que el de 2005?. Por lo pronto, disfrutemos con los cuadernos de bitácora colgados en su web en el apartado “tour diary”; las fotos y los comentarios no tienen desperdicio.

20 noviembre 2006

CONCIERTOS

CAMERA OBSCURA. Albacete. Divino Club. 18-11-2006.

Un concierto internacional en Albacete es como la visita del Papa a Valencia, o como la del Real Madrid a Écija: un acontecimiento que, como mucho, solo se repite cada cincuenta años. Y claro, allá que van todos los rockers, grunges, popis, fashions y demás peña “alterna” de la urbe cuchillera (y alrededores), ungidos por el maestro de ceremonias Don Modesto, personaje ínclito donde los haya en la rácana movida albaceteña. El susodicho aprovecha la mínima para meter el pescuezo y telonear a Camera Obscura mola mazo, así que presentó su nuevo proyecto Colorado, del que poco puedo decir porque estuve inmersa en una conversación sobre Bob Dylan, Joni Mitchell y Barry Adamson mucho más interesante que sus ñoñadas pop.

Y en cuanto a los escoceses, se acaban de pasear por nuestro país presentando su nuevo disco, incluyendo en su gira un destino manchego contra todo pronóstico y por obra de no se sabe quién. Es de agradecer. Así que, aunque lo más interesante de esta banda sea su lugar de procedencia (Glasgow, ciudad lluviosa de tristes duendes), hay que darles la bienvenida, estar allí y verlo (para creerlo). Aunque lo visto deja mucho que desear y mata definitivamente las esperanzas de un futuro musical decente en esta ciudad sita en el epicentro de ninguna parte y desconocida para casi todos.

No sé lo que estos chicos hicieron los dos días anteriores en El Sol de Madrid, pero su indolencia sobre el escenario y el ocasional desinterés del respetable (irrespetuoso a veces) desembocaron en una sesión pírrica de canciones tocadas casi por obligación (a la insulsa Tracyanne parecía fastidiarle tener que tocar/cantar otra). El repertorio estuvo basado en el nuevo “Let´s Get Out of This Country”, y algunos temas tuvieron bastante gracia. En especial, “Lloyd, I´m Ready to Be Heartbroken” (dedicada a Lloyd Cole, según dicen), “If Looks Could Kill” y “Razzle Dazzle Rose”, todas en la recta final. Sin embargo, el “puedo, pero no quiero” de unos y el “me importa un bledo” de los otros llevó a una despedida acelerada en plan “que os den” con cero bises y un pensamiento mudo pero intuitivo: “let´s get out of this town”. De nada sirvió que algunos cachondos insistieran al grito pelado de “other, other”. Y es que hay plazas en las que es jodido torear. ¿O no?.

14 noviembre 2006

DISCOS

SONIC YOUTH. Rather Ripped.

La cosecha inagotable.

Pero bueno, ¿a esta gente no se le acaban las ideas o qué?. “Rather Ripped” (2006), al igual que ocurriera con “Sonic Nurse” (2004), muestra el lado accesible de Sonic Youth. Las distorsiones quedan en la reserva, para sacarlas del banquillo solo en caso necesario, y las melodías se convierten en titulares indiscutibles. Ejemplo claro de lo dicho en el primer corte: “Reena”. ¿Son realmente Sonic Youth?. Sí, lo son, las suntuosas guitarras y las marañas rítmicas de Steve Shelley lo atestiguan. Después llega “Incinerate” y uno se pregunta si no ha escuchado antes esa canción. Sí, son Sonic Youth. Aparece una balada: en “Do You Believe in Rapture” resurgen las campanas eléctricas, santo y seña. Muro sobre muro de guitarras en las dos siguientes: “Sleepin´Around” y “What a Waste”. Para cuando suena el impecable desenlace de “Jams Run Free” ya no hay duda de que han firmado otro gran disco. Y entonces llega el momento Lee Ranaldo, poniendo voz a la apoteósica “Rats” y confirmando una teoría muy particular y contrastada: que las mejores canciones suelen ser las que canta él (acordémonos de “Mote”, “Wish Fulfillment”, “Saucer-Like” o “Hoarfrost”). Y ahí no acaba la cosa, porque aún quedan la turbadora “Turquoise Boy” (¿éso es un piano?, ¿un piano en una canción de los reyes del noise?), la sobria “Lights Out” (también me parece haberla oído antes) y la luminosa “The Neutral”. Los siete siguientes minutos (cinco de guitarras dibujando trazos en zig-zag) devuelven a los Sonic oscuros, solemnes, los que dicen “aquí estamos nosotros, ¿algo que objetar?”. Nada, hombre. Así es “Pink Stream”. Y saliéndose descaradamente del tiesto, “Or” cierra, con suspense y más campanas, otra gran obra de una banda que cambia de traje sin perder su estilo con una facilidad insultante. Será por ideas…

12 noviembre 2006

REPORTAJES


HOWE GELB: HISTORIAS DE POLVO Y CACTUS.

Cuando América se convierte en algo interesante.

Los caminos de la música son inescrutables. Una canción te lleva a otra, y esta a otra. Una banda te descubre los misterios de otras. Y así es como el legado conocido crece y crece, nutriendo nuestro espíritu de valores, símbolos y aficiones. Y así es como logramos sobrevivir.

Hace un par de meses decidí recorrer el desierto de Arizona en un Caddy imaginario. Me paseé por la frontera, sintiendo la asfixia del viento, desafiando las montañas y despistando a las patrullas. Recogí autoestopistas recién llegados del otro lado, cargados con guitarras, trompetas y flores. Me refugié en fondas, en ruinas y en cementerios. Y todas esas personas y lugares consiguieron que América, por una vez en la vida, me interesara.

El viaje me lo propusieron dos chicos que habitan en Tucson y que se dedican a la música. Me enseñaron un mapa y me dibujaron el camino. Me despidieron con un abrazo y me desearon suerte. Sabían lo que hacían y lo hicieron a conciencia. Me enviaron directamente hacia la ciudad fantasma de los gigantes de arena. Y allí, en medio de la plaza, entre cactus y sombras, estaba esperando Howe Gelb.

“Yo a ti ya te he visto antes” le dije. “Sí. Te visité este verano. Llevaba un sombrero” me respondió. “Volvemos a encontrarnos, y tengo muchas más cosas que enseñarte”.

Alguien escribió en alguna parte que Giant Sand son una de las tres bandas que merecen su efigie esculpida en el monte Rushmore (las otras dos eran Lambchop y Yo La Tengo, indiscutible). Las raíces y las ánimas de un país, una cultura, un sentimiento, capturadas por el prisma de cristal de un hombre que ha mirado en muchas direcciones y que ha sabido rodearse siempre de buenos alumnos y amigos. Un objetivo delicado, no obstante, que se tiñe de polvo al menor descuido, mostrando una realidad tan abrupta como imposible de arreglar. La historia de Howe Gelb se mueve entre la soledad y la compañía, la vida y la muerte, la desolación y la esperanza, el nuevo y el viejo continente. Imposible abarcar el desierto entero con solo dos manos. Ahí van tres puñados de tierra milagrosamente fértil.

Glum” (94): Escondido entre el grueso pasto creativo de Giant Sand, quizá menos publicitado que otros, contiene algunas de las mejores canciones jamás escritas por Gelb. Sobre todo “Yer Ropes”, himno de la América profunda, optimismo engañoso y un mensaje claro: “You can wash the dirt off later, with some time and a little bit of soap”. También “Glum”, duermevela interrumpida por guitarrazos que saben a gasolina, y cómo no, la cruda, claustrofóbica y magnífica “Happenstance”. “Painted Bird” es otro himno, con esos riffs importados directamente del soleado periplo californiano. Y el country y el folk florecen en su esplendor en “Left” y “Faithful”, justo cuando la veleta apunta hacia el sur. Un disco que envenena, con los dos chicos adoptivos de Tucson ya oficialmente en nómina, con la cálida voz de Victoria Williams introduciendo “Spun” y con los versos del mítico Pappy Allen llorando vino dulce en “I´m So Lonesome I Could Cry”. Y por supuesto, el cameo habitual de Indiosa (la hija de Gelb) haciendo de “Bird Song” un escalofrío que deja secuelas.

Is All Over…the Map” (2004): Ha pasado una década, Rainer Ptacek hace tiempo que no está, los dos chicos de Tucson ya son mayores y se han emancipado, pero el talento de Gelb sigue intacto. Un disco resplandeciente, ventilado, con ojos de buey que se abren hacia la costa este (“NYC of Time”), hacia la rivera del Sena (“Les Forçats Innocents”), hacia los olores del Mediterráneo (“Napoli”). A veces vacilante y osadamente lo-fi, a veces suave y exquisito. Empieza con una gran verdad: “You can´t tell me but I know it´s all classico”. Y a partir de ahí el nivel del canal sube, inundándolo todo de cosas como blues (“Muss”), garage sucio (“Remote”), melodías pop sorprendentemente alegres (“Fool” y “Flying Around the Sun at Remarkable Speed”) o insurrección punk (la semi-versión “Anarchistic Bolshevistic Cowboy Bundle” de los Pistols). Aunque hay que rascar con astucia para hallar los tesoros enterrados: la nueva versión acústica, sin Lisa Germano, del “Cracklin´Water” que aparecía en “Slush” (97) de OP8; el embrujo de “Hood (View from a Heidelburg Hotel)”, posible segunda parte del “Walk on the Wild Side” de Lou Reed; la conmovedora presencia del piano, Vic Chesnutt y Henriette Sennervalt, haciendo crecer “A Classico Reprise” hasta el vedado infinito. Hay vida más allá de los desfiladeros.

“´Sno Angel Like You” (2006): En una iglesia de Ottawa, Gelb tuvo un encuentro celestial con The Voices of Praise. Y ahí se gestó el milagro. Un evangelio de blues, soul y gospel en el que Júpiter se alinea con Marte. Canciones que hablan de futuro, con la ruda voz de Gelb y su guitarra reblandeciéndose bajo las caricias de esos cánticos espirituales. La comunión da lugar al nuevo enfoque de “Neon Filler”, “Get to Leave”, “Robes of Bible Black” o “Chore of Enchantment”, clásicos de Giant Sand con otros vestidos. Y también se compromete al enésimo homenaje al malogrado Rainer (qué gran compositor), recuperando maravillas como “The Farm”, “That´s How Things Get Done” y “Worried Spirits”. Dos mundos nacidos para encontrarse. Un encuentro del que manan emociones históricas, que transporta el alma hasta Louisiana y el Misisipi, enriqueciendo las esferas de todo aquel que ama la música. Basta escuchar “But I Did Not”, “Nail in the Sky” o “Love Knows (No Borders)” contemplando plácidamente la fotografía que adorna el disco. Fuera hay frío, soledad, penumbra. Dentro brilla la luz.


La historia relatada ha terminado, pero el viaje todavía no. Lo que venga después es todo un misterio. El mundo está roto en mil pedazos que se pudren dentro de un container oxidado. Si lo agitas se oye música. Suena a Giant Sand. Suena a Howe Gelb.

www.howegelb.com
www.giantsand.com


08 noviembre 2006

DISCOS

THOM YORKE. The Eraser.

Volando libre.

En medio de la espera, ajeno a la impaciencia de los que piden nuevo material de su banda con más ansias que la lluvia, Thom Yorke decidió un día degustar la libertad y ventilar la espina que tenía clavada desde hace tiempo. El resultado es “The Eraser” (2006), un ejercicio de proyección de ambiciones y obsesiones, un experimento desencorsetado y ausente de ataduras. Dejándose llevar por esas musas digitales que siempre le cautivaron y arrastraron al borde del suicidio cósmico. Mano a mano natural con Nigel Godrich, más consejero que catedrático, para crear un mundo de evasión que en “The Eraser” o “Black Swan” casi roza lo intangible. “And It Rained All Night” y “Harrowdown Hill” se acercan más a Radiohead, a los de la era indagadora y rupturista (al recordarla siempre emerge “Idioteque”, ¿por qué será?). Pero los tiros van por otro lado, hacia un parentesco formal con Autechre, Pulseprogramming o Boards of Canada con remanente adicional de intimidad y misterio. Idilio que se hace pleno en “The Clock” y “Cymbal Rush”. Objetivo conseguido. El disco que el chico triste y ofuscado de Oxford siempre quiso hacer. Por fin.