07 julio 2009

REPORTAJES

DANIEL JOHNSTON: ARTE Y DEMONIOS.

La vida más triste jamás contada.

Fin de semana aburrido. No hay nada que hacer. Salvo echar mano del histórico de música-video y vegetar encima del sofá. A veces solo es un pasatiempo más; a veces el documento elegido te parten en dos. La oportunidad trae de nuevo al presente a Daniel Johnston, a través del documental que en 2005 retrató su zozobrante existencia, su impronosticada influencia y la pulsión de una lucha colectiva en pos de su integridad artística y mental: “The Devil and Daniel Johnston”. No es un largometraje musical sin más; es un drama en imágenes, algunas reales y otras muchas recreadas, el drama de un hombre condenado a la enfermedad. Pero también es el retrato de un artista genial y compulsivo, y en definitiva, una romántica visión sobre el desequilibrio y la creatividad, el sufrimiento y el autocastigo.

La película, dirigida por Jeff Feuerzeig, aborda la vida de Johnston desde el principio, desde la génesis misma de sus diferencias con el mundo políticamente correcto y superfluo que lo rodeaba. Usando como material narrativo sus canciones, las declaraciones de sus allegados y el contenido de sus centenares de cassettes grabadas, cuenta su aislamiento tempranero en el sótano de su casa y cómo las cintas, los cómics y una Super 8 llegaron a ser sus únicos y mejores amigos. Narra sus ansias creativas imparables desde la adolescencia, y sus diferencias con un entorno familiar que, en última instancia, ha sido su auténtico salvavidas. Describe el comienzo del deterioro, sus constantes entradas y salidas de hospitales psiquiátricos, y el voluntarioso aguante de muchos (sus entrañables progenitores, Kathy McCarthy, Steve Shelley, Jad Fair o su manager repudiado Jeff Tartakov) para cuidarlo y reconducirlo. Porque Daniel Johnston ha sido el ejemplo del artista que, tras crearse a sí mismo con delirante tozudez e imaginación, se ve abocado a una autodestrucción clínica e insostenible. Y ahí es donde empieza el trabajo de los demás, de sus amigos, su manager, su familia, de sus fans y de las legiones de músicos que han embellecido su obra a base de tomarla prestada y exponerla con tacto y con cariño.

El éxito de Daniel Johnston es el enésimo misterio del éxito. Anti-académico, lo-fi, bizarro y extremo, su conexión con la audiencia procedía de dentro, del pozo del corazón humano. Su forma primitiva de tocar y su grotesca forma de cantar eran el salvoconducto de unos textos tan geniales y profundos como los de los mejores poetas musicales del siglo XX, llámense Cohen o Dylan. Un artista que, en su bipolaridad lamentable e irreversible, ha expulsado toda la verdad que lleva dentro, dando luz a una leyenda que hace que escuchar una de sus canciones no sea un ejercicio común, sino una experiencia trágica y dolorosa. A partir de ahora “Story of an Artist”, “Casper The Friendly Ghost”, “Funeral Home”, “Running Water”, “Speeding Motorcycle” o “True Love Will Find You in the End” ya no provocarán exasperación o risas, sino reflexión y lágrimas.

www.hihowareyou.com

05 julio 2009

DISCOS

GRIZZLY BEAR. Veckatimest.

Pisando fuerte.

No diga extraño, diga Grizzly Bear. “Yellow House” (2006) fue una conmoción conceptual, un deleite para los sentidos. “Veckatimest” (2009) confirma su nudo de posibilidades, si bien no es como aquel, tan preñado de misticismo y ruiditos raros. Digamos que éste es el álbum de una banda adulta, que ha dejado de juguetear y se plantea hacer de su vida una vida de provecho. Más doctoral, más liviano, aunque lleno también de sugerentes curvas para recorrer en cada escucha. Sobre su imaginativo charco de ideas planea la sombra de The Incredible String Band, Brian Eno y Tears for Fears. En “Dory” y “Hold Still” asoman los movimientos campestres erráticos de Heron y Williamson, mientras “Two Weeks” y “Cheerleader” parecen recreaciones de Orzabal y Smith, y de paso muestran un lado más radioformulista y cómodo. Pero Grizzly Bear se han colgado el cartel de empollones del nuevo folk por méritos propios, y nuevamente se entregan al suspense y al paisajismo, sumergiéndose en la complejidad y la inquietud estructural, elaborando enormes piezas globalizadoras de una sutileza gigantesca y un talento innato. “Southern Point”, “Fine for Now”, “Ready, Able” o “I Live With You” responden a ese concepto de anti-canción, de composición fácil de seguir pero imposible de aprender, con diversas fases serpenteantes que las hacen realmente grandiosas. Aunque si quieren ceñirse a un parámetro fijo tampoco les sale mal, como ocurre en las selectas y concisas “About Face” y “Foreground”. Sin duda alguna, el oso sigue pisando fuerte.

www.grizzly-bear.net

04 julio 2009

DISCOS

SONIC YOUTH. The Eternal.

Electricidad en vena.

Intocables e inagotables. Cada nuevo disco que sacan es otra vomitona de elogios y la enésima comprobación de la teoría. “The Eternal” (2009) no es menos. Otro trabajo megalítico, hecho desde las entrañas y (al menos es lo que parece) casi sin esfuerzo. ¿Hay algún mal disco de Sonic Youth?. Hagamos memoria, hmmmm: no. Puede haberlos más o menos densos, más o menos duros, pero malo, lo que se dice malo… Ésa es una palabra que borraron hace años del diccionario. Y sin necesidad de hacer nada extravagante o novedoso vuelven a ponerse la corona. Y a dejar en ridículo a los demás. Asombroso derroche de abundancia. Muchas voces se empeñan en decir que ahora son más accesibles, más directos, más pop. Mentira, todo mentira. Declarar a Sonic Youth de interés general es un sacrilegio. Ellos siempre han sido el reverso de la moneda del rock, y ya es tarde para dar la vuelta a la tortilla. Sí es verdad que este álbum, como los anteriores “Sonic Nurse” (2004) y “Rather Ripped” (2006), ahorra retorcimientos innecesarios, pero las orgías de ruido y los riffs fugitivos siguen siendo la base de una estructura indemne y sin fisuras. ¿Y esa presunta nueva afición a las melodías?. Carajo, siempre las hubo. ¿O es que teníais los oídos llenos de cerumen?.

“The Eternal” son 54 intensos minutos de electricidad intravenosa y los comienzos vaporosos de “Malibu Gas Station” y “Massage the History” son solo espejismos de una calma chicha inexistente. Aquí hay bofetadas y fuego a discreción, bolas de energía lanzadas cuesta abajo, arpegios suicidas y en general, un banquete guitarril tela de goloso, con el protagonismo vocal compartido y rotatorio, como de costumbre. Kim 7, Thurston 6, Lee 2. La proporción se mantiene. Para no variar Lee se queda la mejor, la setentera “Walkin Blue”, que se pone a la cabeza en el ranking de canción del año junto a “Black Hearted Love” de Harvey & Parish. La perfección supera a la perfección, luego la perfección en su caso no existe. “Antenna”, “Poison Arrow”, “Malibu Gas Station”, “No Way” y “Massage the History” también alcanzan niveles estratosféricos, construidas sin artificios, echando mano de archivo en una superposición de viejos efectos y sonidos natos. Así, “The Eternal” es el presente de los neoyorquinos, pero encaja en su pasado como el pie en un zapato de su talla. ¿Y el futuro?. Uff, aventurar su futuro produce mareos.

www.sonicyouth.com

11 junio 2009

REPORTAJES

YO LA TENGO LO TIENEN TODO.

Homenaje a la banda definitiva del rock.

Señoras y señores, con ustedes YO LA TENGO. Sí, maldita sea, ya era hora de colgarles un homenaje al margen de actualidades pseudo periodísticas, de pasearlos a hombros. Su enésima exhibición en Barcelona ha sido el detonante para saldar esta deuda histórica, un post con fuegos artificiales en este blog. Digámoslo bien alto: Yo la Tengo son los emisarios del rock´n´roll universal y la banda definitiva del rock americano. Lo tienen todo: originalidad, incorruptibilidad, amplitud de horizontes y una vastísima cultura musical. Virtuosismo e improvisación, alma y sentido del humor, nobles compromisos y una profesionalidad que se confunde con el puro hobbie. Así, Yo la Tengo son únicos pero podrían ser cualquier cosa: Creedence Clearwater Revival, The Byrds, la Magic Band de Captain Beefheart, MC5, The Velvet Underground, los Ramones, The Miles Davis Trio o la orquesta de las fiestas del barrio San Antón. Tiene guasa decir todo esto cuando están a punto de cumplir 25 añitos de nada. Sí, bodas de plata artísticas de las que hemos vivido en presente simple algo más de la mitad, el resto en pretérito imperfecto. Yo la Tengo son la actualidad (en forma, omnipresentes, en estado de gracia perpetuo) pero a la vez la historia. Esa historia que han ido sembrando disco a disco desde su primera referencia en 1986 con “Ride the Tiger”, creando y recreando, rebuscando en los gigantescos baúles de la música de todos los tiempos y sacando a la luz las mejores reliquias, desempolvadas y lustradas. Porque ellos son a la vez prestamistas y prestatarios: un nexo de unión entre el ayer y el hoy, y un anzuelo implacable para pescar con éxito en las aguas del futuro.

Los Yo la Tengo prestatarios irrumpían desde muy temprano, en discos como el seminal “Ride the Tiger” (86), “Fakebook” (90) o “Genius+Love=Yo la Tengo” (96), plagados de brillantes versiones que eran como catálogos de “lo que hay que escuchar porque sí” o “los mejores clásicos del rock”. Quien no haya abrazado en su vida gracias de ellos a Wire (“Too Late”), Daniel Johnston (“Speeding Motorcycle”), Love (“A House Is Not a Motel”), The Kinks (“Oklahoma, U.S.A.”), The Flamin´ Groovies (“You Tore Me Down”), John Cale y Lou Reed (“Andalucia”, “I´m Set Free”), Cat Stevens (“Here Comes My Baby”), Jackson Browne (“Somebody´s Baby”), The Beach Boys (“Little Honda”) o Sun Ra (“Nuclear War”), que tire la primera piedra. Ese buen gusto por las covers se mantiene como un rito, saliendo a puñados de las altruistas maratones para la emisora americana WFMU y empaquetadas en tesoros ocultos como “Yo la Tengo Is Murdering the Classics” (2006). Los Yo la Tengo prestamistas son una central nuclear de melodías perfectas, subyugantes desarrollos, distorsiones y ritmos cuaternarios. Tan capaces de taladrar una idea en holocaustos sonoros de muchos minutos como de ir al grano en preciosas pastorales folk-rock. Tan capaces de ponerle al plato principal una guarnición de bossa-nova, jazz o ritmos tropicales como de dejar correr toda la sangre punk que llevan en las venas. De su amplio inventario sería pecado no citar la trilogía mágica de los noventa, con el gran (grande, grande en todos los sentidos) James McNew asentado ya como tercer vértice del triángulo equilátero: “Painful” (93), “Electr-O-Pura” (95) y “I Can Hear the Heart Beating As One” (97). Muchos de sus himnos de leyenda están contenidos en esos discos: “Big Day Coming”, “From a Motel 6”, “Decora”, “Tom Courtenay”, “Stockholm Syndrome”, “Autumn Sweater” o “Sugarcube”, amén de las monofásicas y monumentales “I Heard You Looking” y “Blue Line Swinger”. Todas son añosas pero forman parte del ahora: han sonado cien, tres mil o un millón de veces (en sus conciertos son santo y seña) pero siguen sabiendo como un bollito recién hecho.





Sin embargo, y aunque sus clásicos seguirán siendo los mismos por los siglos de los siglos, ninguno de sus centenares de temas tiene desperdicio. Rebusquemos un poco y veamos qué más cosas son capaces de hacer: tejer tupidas nebulosas, escupir moles de krautrock, pintar relajantes bandas sonoras. ¿Quién dijo límites?. Y lo más curioso de todo es que todo es diferente pero todo es Yo la Tengo. He aquí un muestrario de gemas semi-escondidas, rozando la perfección: “Barnaby, Hardly Working”, “The Summer”, “Sudden Organ”, “Flying Lesson (Hot Chicken #1)”, “Fog Over Frisco”, “Walking Away from You”, “Evanescent Psychic Pez Drop”, “Moby Octopad”, “Deeper Into Movies”, “Saturday”, “Tiny Birds”, “Shaker”, “Daphnia”, “The Room Got Heavy”, “The Race Is On Again”. Ahí queda éso.

Dejemos a un lado el sota, caballo y rey. Hablemos de aspectos extraordinarios, lo que los convierte en definitivos. A Yo la Tengo se les ha visto hacer de todo en sus discos, pero también sobre los escenarios. En España son el clásico entre clásicos, reverenciados y superqueridos. Y no solo por su nombre, primera bromita en los albores, anunciación de su ingenio y simpatía. A propósito del nombre, hay muchas anécdotas privadas que contar. Transcribamos algunas.

Anécdota 1: Repetición hasta el aburrimiento.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
EL OTRO: “Esos son españoles, ¿no?”.

Anécdota 2: Encuentro con un listo.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
EL LISTO: “No hace falta que lo traduzcas; los demás no somos indies pero también sabemos inglés”.

Anécdota 3: Tópico toledano.
YO: “Me voy de concierto, a ver a Yo la Tengo”.
JORGE: “Bueno, aquí en Toledo se llamarían Yo Le Tengo”.

Y así unas cuantas. Lo de “me voy a ver a Yo la Tengo” es ya común (mi querido hermano respondería estupefacto: ¿otra veeeeez?). Pues sí, otra vez, y otra, y las que hagan falta. Porque en sus conciertos uno no sabe lo que se va a encontrar y en directo es justamente donde afloran sus más encantadoras virguerías. Por ejemplo, son de las pocas bandas que a día de hoy se atreven a tocar más de dos horas y marcarse bises, trises y cuatrises. También son de las pocas bandas que pueden sostener un tema en escena durante veinte minutos sin aburrir ni incomodar. También se les ha visto solicitar peticiones a la audiencia y atenderlas sin pestañear; recuérdese lo que hicieron con “You Can Have It All” en su última visita a La Riviera madrileña. Y a propósito de esta canción (otra versión, cómo no), con ella han protagonizado en vivo algunos de sus momentos más desternillantes, y si no compruébese en el siguiente enlace, actuación estelar en el Fuji Rock Festival de 2000. Para partirse el culo.

http://www.youtube.com/watch?v=aWr6Ep8N3OU

Y si de echar unas risas y perder la vergüenza se trata, véanse sus dos videos más estupendos (“Tom Courtenay” y “Sugarcube”) con sus tremendas andanzas como grupo invitado de los Beatles y alumnos de la escuela del rock.


http://www.youtube.com/watch?v=ZtBDlNEME48


http://www.youtube.com/watch?v=zDgpQBaziy0


Y es que Ira Kaplan, Georgia Hubley y James McNew, aparte de ser insultantemente intocables como músicos, representan el karma del rock, el anti-esnobismo y la accesibilidad. Totalmente despreocupados por adaptarse a las estúpidas modas, han conseguido ser ellos mismos la moda. Y así, cada encuentro es como una instantánea tomada en la penúltima reunión. Los miras y piensas: “han pasado otros tres años y siempre igual”, “esa camiseta ya se la vi a Ira hace tiempo”, “Georgia no ha cambiado de corte de pelo”, “James lleva las mismas gafas”, “pero qué ricos son”. Y la sensación es de que el tiempo no pasa, de que se detuvo y no arrancó, y empiezas a creer en el jodido mito de la eterna juventud. Eso ocurrió en el pasado Primavera Sound: aparecen en escena y es como el reencuentro con un pariente al que hace tiempo que no ves pero al que nunca olvidas.

Y es que la admiración va algo más allá de la música y la parcialidad es inevitable. Porque otra de las cosas que se les ve hacer en sus giras es la de acercarse a la gente de a pie, autogestionarse, intercambiar opiniones y dejar regalos en forma de rúbrica, foto o sonrisa amable. Por eso son tan entrañables: porque de repente bajan del pedestal y te los encuentras codo con codo, y te inmortalizas junto a ellos en una foto de familia (a la que hace tiempo que no ves pero nunca olvidas). Incluso mientras echa una firma, el gran, grandísimo James te mira a la cara y te dice: “Oye, me gustan tus gafas”. Y yo me hincho como un globo, porque el tío de gafas debe entender un rato.

En fin, el próximo 8 de septiembre es el gran día, fecha anunciada de publicación para “Popular Songs”, su esperadísimo nuevo álbum. “Periodically Double or Triple”, avance que ya se puede oir en su web y que también se pudo saborear en Barcelona, anuncia otra colección de chuparse los dedos. Y aunque finalmente no lo sea, cosa dudosísima, ninguna criatura viva está en su derecho de toserles. Con un poco de suerte volverán pronto a nuestro país y allí acamparemos, contra viento y marea. OTRA VEZ. El que no pueda esperar que vuele a Nueva York en julio; allí actuarán como teloneros (sí, no estoy borracha, ¡¡teloneros!!) de Wilco.

www.yolatengo.com

04 junio 2009

CONCIERTOS


PRIMAVERA SOUND 2009.

Rock and roll can never die.

Que se acabe un festival siempre es una lástima. Que se acabara el Primavera Sound 2009 fue una tragedia. Casi con lagrimitas en los ojos dijimos adiós a posiblemente la edición más nivelada de su historia. O todo fue superior o es que elegimos bien. Siempre quedan cosas en el aire, pero este año predomina la satisfacción por la presencia sobre el arrepentimiento por la ausencia. Aunque el oído viajó atento por acá y por allá en los sufridos tránsitos entre escenarios, y captó que seguramente los conciertos de The Jesus Lizard, Extraperlo, The Magnolia Electric Co., Art Brut, Crystal Antlers, The Mae Shi y Plants & Animals (de folk nada, monada) fueron espectaculares. Pero estuvimos donde había que estar y esto hay que contarlo. Este año no hablaremos sobre organización, con sus pequeñas mejoras, nefastos inventos y defectos repetitivos. Este año hablaremos solo de música. Porque a los enfermos musicales este festival nos medica para el año entero y es una suerte que alguien se tome el interés y la molestia de organizarlo. Gracias, Gabi Ruiz y compañía.

LA BESTIA

NEIL YOUNG (sábado): Todo valía en su caso. Que siga dejándose la piel en escena tras 40 años en el cotarro y un millón de conciertos a sus espaldas es de todo punto emocionante. No lo vimos en el Rock in Rio y las comparaciones son odiosas, pero en Barcelona salió a darlo todo y el único pero quizá sea ajeno a él: faltó volumen. Jamás se vio tal congregación de seres humanos en el escenario Estrella Damm, ni en el festival entero. Y lo verdaderamente emocionante es que jamás se vio tal congregación de seres humanos diferentes; allí estaban indies, modernos, normales y rockeros, familias enteras, entrañables hordas de cincuentones, una mezcla de generaciones, estéticas y sentimientos unidas por un fin común. La extraña magia de la música. Sí, el canadiense sudó la camiseta, aunque no tocara las dos horas y pico esperadas. Se calzó un repertorio para enmarcar, con victoria para “Everybody Knows This Is Nowhere” (69) y “Harvest” (72). Destripó sus guitarras, literalmente en el bis “A Day in the Life” de los Beatles. Dejó fluir su sensibilidad al piano. En resumen, ofreció un concierto pleno de vida y enseñanza, una contundente afirmación de “aquí estoy yo, pequeños, todo me lo debéis a mí”. Momentos así no se olvidan; se guardan en una caja con llave porque ¿cuándo será la próxima?. Quizá nunca. Un diez para él y no se diga más. Set list: “Mansion on the Hill”, “Hey Hey, My My (Into the Black)”, “Are Your Ready for the Country?”, “Everybody Knows This Is Nowhere”, “Pocahontas”, “Spirit Road”, “Cortez the Killer”, “Cinnamon Girl”, “Mother Earth”, “The Needle and the Damaged Done”, “Unknown Legend”, “Heart of Gold”, “Old Man”, “Down by the River”, “Get Behind the Wheel”, “Rockin´ in the Free World”, “A Day in the Life”.

EN LOS ALTARES

YO LA TENGO (jueves): Lo de Ira, Georgia y James no tiene nombre. Cuando ya no sabes qué esperar de ellos se desmarcan, atacan y meten otro gol. El suyo fue el show estrella del jueves, hipervitaminado y salvaje en una larga recta final en la que se sucedieron “From a Motel 6”, “I Should Have Known Better”, “Watch Out for Me Ronnie”, “Big Day Coming”, “Tom Courtenay” y “Blue Line Swinger” para dejar los cuerpos sin resuello. Presentaron dos canciones nuevas que apuntan a un buen próximo álbum. No faltaron los típicos tópicos, de los que nunca se cansa uno: las contorsiones epilépticas de Ira meneando su guitarra, sus rotaciones de vértigo con James, “Stockholm Syndrome”… Ni faltó tampoco el bis de rigor (“Sugarcube”), inmenso pero escaso. Como decía alguien por ahí: siempre iguales, siempre diferentes. Si Neil Young es Dios y Nick Cave Jesucristo, ellos son la Virgen María.

MY BLOODY VALENTINE (jueves): Lo de Kevin Shields tampoco tiene nombre, por motivos opuestos. Caídos del altar estrepitosamente. Que dejan sorda a la audiencia era la cosa que había que contrastar. Pues bien, la realidad supera a la ficción. Ni los tapones regalados a la entrada pudieron amortiguar el desaguisado sónico de este terrorista sensorial, un descerebrado que se ha propuesto acabar con la capacidad auditiva de la humanidad. Seguramente es porque él no se ha puesto nunca enfrente de los bafles, ¿o si?. “Loveless” (91) es un disco enorme, de eso no hay duda. Pero las condiciones de volumen levantan un muro insalvable que aniquila las canciones y las voces, cualquier atisbo de melodía o similar. Puede que sonaran “Only Shallow” y “Soon”, puede. Si esto tiene algo que ver con escuchar música, me retiro del negocio. ¿Ruido?. Ruido es lo que hacen Yo la Tengo, Sonic Youth o Spiritualized cuando les da la gana. Esto son puras ganas de joder.

SONIC YOUTH (sábado): Lo de los neoyorquinos es el cuento de nunca acabar. Energía eterna, pasión inagotable, monstruosa efectividad y otro disco de cojones. Estarán en el geriátrico y seguirán tocando juntos, fijo. Y luego está su inclinación al riesgo. El facilismo no entra en sus planes, con ellos hay que esperar lo inesperado. En este caso, “The Eternal” (2009) fue el protagonista: palpitante presentación en sociedad para “No Way”, “Antenna” o “What We Know”, con un nivelazo que parece mentira tras 25 años o más de ideas estrujadas. Como de costumbre no hubo grandes hits, pero ¿qué canción suya no es un hit?. “Tom Violence”, “Bull in the Heather” y “Expressway to Yr Skull” lo son. Y también hubo ocasión para recordar su anterior paso por el festival con “Hey Joni”, “The Sprawl” y “´Cross the Breeze”; recuérdese que tocaron el “Daydream Nation” (88) de cabo a rabo. Otro puñetazo en toda la jeta. Aunque la próxima vez estaría bien verlos en una faceta menos rocosa y más atmosférica, para variar.

INMORTALES SPACEMEN 3

SPECTRUM (jueves) / SPIRITUALIZED (viernes): Peter Kember y Jason Pierce son dos clones, física y artísticamente. Desde 1991 viajan en cápsulas diferentes, pero siguiendo la misma estela: cimientos de rock dronado y psicodelia cultivada en Spacemen 3, uno añadiendo toques electro, el otro toques de soul. El proyecto de J Spaceman ha trascendido más que el de Sonic Boom, pero ambos pueden vanagloriarse de saber cuidar el pasado caminando con tiento hacia el futuro. Spectrum ofrecieron un concierto recalcitrante, sublime, iniciando con la embriagadora “Mary” y subiendo como la espuma. "When Tomorrow Hits”, “How You Satisfy Me” y “War Sucks” sirven como intensos momentos recordatorio. ¿Y Spacemen 3?. Presentes, en “Transparent Radiation”, “Revolution” y “Suicide”. Por su parte, Spiritualized hicieron lo esperado: el mismo show que en Murcia, con los mismos cambios de densidad y descomunales. Añadieron una exquisita “Ladies and Gentlemen, We Are Floating in the Space”, en la ya popular versión coronada por el “I Can´t Help Falling in Love with You” de Elvis. Volvimos a levitar (esta vez a la vera del mismísimo Jason) al son de “Shine a Light”, “Lay Back in the Sun”, “Take Your Time” y “Come Together”. ¿Y Spacemen 3?. Presentes, en “Walking with Jesus” y “Take Me to the Other Side”. Alucinosis galáctica por partida doble.

VOLVER

THE VASELINES (jueves): El regreso de The Vaselines prometía un hit detrás de otro y así sucedió: no faltaron “Son of a Gun”, “Molly´s Lips”, “Jesus Doesn´t Want Me for a Sunbeam”, “Lovecraft”, “Dum-Dum” o “You´re Think You´re a Man”. Lo que no se esperaba era un sonido tan patético (pregunta: ¿soy la única a la que sonó como el mismo culo?). Lo que quería ser una fiesta se convertía en martirio chino al inicio de cada canción. Haciendo abstracción a duras penas, estuvieron de lo más simpático y entretenido, con largas pláticas entre tema y tema cargadas de ironía y buenrollismo. Y al loro lo estupenda que se conserva Frances McKee.

THROWING MUSES (viernes): Pues no, no vino Tanya Donelly. Se mantiene su última formación formato trío: Kristin Hersh, David Narcizo y Bernard Georges. Más que suficiente; una exhibición de aúpa. Hersh: maga de las seis cuerdas, con la voz cada día más rasgada y sangrante. Narcizo: esas baquetas no son baquetas, son guillotinas cortando el aire. Georges: puro estilo y potencia tocando el bajo. Un placer retomar los 90 en el punto justo donde se pararon: “Shark”, “Shimmer”, “Say Goodbye” o “Bright Yellow Gun”. Puede que estén demodé, pero hay que reconocer que el rock que practican no es fácil. Un rock lleno de saltos, de cambios de sentido, de recovecos y de burbujas. Hay que ser muy bueno para ejecutar a la perfección algo tan complejo.

A CERTAIN RATIO (viernes): El concierto de los mancunianos tenía mucho de obligatorio. Primero, es de esas bandas a las que habías perdido cualquier esperanza de ver en directo. Segundo, es de esas bandas a las que es imposible seguir la pista en sus múltiples virajes. Asentados en el siglo XXI con las piquetas bien clavadas en el suelo, el combo capitaneado ahora por Jeremy Kerr ofreció un tratado de versatilidad. Subsumiendo todos los palos, la madeja dejó palpar fibras de afectación new wave, funky y étnica. El bajo en su punto, la trompeta y el clarinete picando el hielo, y los pitos y bongos para un desenlace rompehuesos. Toda su historia estuvo presente, entera y verdadera. Y temas añejos como “Forced Laugh” convivieron en sincera armonía con novedades como “Mind Made Up”. Enormes.

THE JAYHAWKS (sábado): La estampa de Gary Louris y Mark Olson tocando de nuevo juntos es entrañable. Mucho más lo es volver a escuchar el juego de sus timbres, danzando al unísono. El lugar y el momento eran idóneos para prender la llama, pero el repertorio escogido (retorno al pasado) sumergió por momentos en la monotonía. Solo “Bad Time” y “Miss William´s Guitar” lograron encender el mechero, pero lejos de su objetivo. También fue agradable volver a escuchar “Blue” y “I´d Run Away”, o presenciar los punteos bordados de Louris. Eso sí, no se puede negar la pulcritud de un sonido niquelado, el mejor de todo el festival.

DAMAS & CABALLEROS

ANDREW BIRD (jueves): Solo ante el peligro. Este Andrés Pájaro es un genio. Como un científico loco en su laboratorio musiquil, metiendo en la pipeta pizzicatos mágicos, arqueos sublimes, rasgueos de guitarra y silbidos (cómo silba el condenado), fue construyendo canciones como en un juego de Lego, pieza a pieza. Su lírica recuerda bastante a Rufus Wainwright, solo que Andrew trabaja más y se exhibe menos. El repertorio fue suicida, pero la ejecución dejó al raso sus dotes de erudito y consiguió instaurar el silencio en la explanada Vice. Y esa doble gramola que giraba y giraba detrás de él fue de lo más efectista. Otro que entra por la puerta grande en el club del bricolaje del rock (hola Dominique A, hola Joseph Arthur).

DAMIEN JURADO (viernes): El gran Damien no necesita más que una silla y su guitarra acústica para sacar lo mejor que lleva dentro. El Auditorio es el hábitat ideal para músicos como él, lugar destinado a solitarios profundos en el que por norma se suelen colar especies bullangueras de todo tipo. Su concierto empezó tarde y duró lo justo, pero dejó una sensación flotante de paz interior. Los mejores momentos llegaron a los postres, cuando sonaron las del imprescindible “Caught in the Trees” (2008). No hay palabras para definir canciones como “Everything Trying”.

BAT FOR LASHES (viernes): En esta edición del PS dos mujeres ganaron por la mano. Natasha Khan es la primera. Pequeña hada en un mundo de fantasía, llenando el escenario de cachivaches oníricos e instrumentos no convencionales. Lo suyo fue un desfile de candor y sensualidad, mariposeando de la música disco al intimismo y viceversa. Las electro sonaron rotundas, sin el efecto chicle de sus grabaciones, con mención especial para “Sarah” y “Two Planets”. Las baladas son su punto realmente fuerte; “Siren Song”, “Tahiti” y una nueva “Prescilla” con solo al arpa suspendieron en el aire polvo de estrellas. Con una capacidad vocal discreta pero efectiva, la anglo-pakistaní exprime sus posibilidades hasta la última gota. Y todos los honores para su gran banda de mayoría femenina, con nombres de primera como Charlotte Hatterley y Ben Christophers.

JASON LYTLE (viernes): No tiene explicación. ¿Por qué se marchó tan pronto el señor Lytle?. ¿Restricciones de horario o una rabieta ante el lapsus de coordinación de sus músicos?. Y justo cuando estábamos todos en el ajo, flipando con sus sutiles revisiones de los clásicos de Grandaddy. Y justo cuando acabábamos de engancharnos a ese ambiente escénico tan solemne, cual Lambchop tocando en La Madeleine de París. Fue como meterse a la gente en el bolsillo y luego escupirle a la cara. Él sabrá.


JARVIS COCKER (viernes): Jarvis es un showman, es un hecho. Últimamente tiene más palabrería sociopolítica que canciones, pero sus coreografías son de traca. Total, que había que echarle un vistazo, y ver hasta qué punto llega su alineación con Steve Albini. Pues bien, el concierto se acabó tras 4 temas. “Pilchard”, “Angela”, “Further Complications” y “Fat Children” son las únicas que merecen la pena de toda su (cargante) discografía en solitario, y las tocó a las primeras de cambio y seguiditas. Así que después de eso y de echar unas carcajadas a costa de su free-style, poco había que hacer allí. Misión cumplida y a otra cosa, mariposa.

ALELA DIANE (sábado): La segunda dama vencedora del PS fue Alela Diane, que en compañía de su padre (a la guitarra) y de sus amigos hippies (a los coros, bajo y batería) llenó el Auditori de nostalgia años 60. Su voz perlada y su encanto juvenil encandilaron, y canciones como “White as Diamonds”, “The Alder Trees” y “To Be Still” llegaron al corazón, emocionando casi hasta la lágrima. La forma de cantar de esta mujer tiene algo superlativo y sobrenatural. A fuerza de sinceridad y ligera de artificios, una nueva Joan Báez ha nacido para la gloria.

JEREMY JAY (sábado): Nada que ver el directo con sus discos. Nada que ver con el lo-fi caduco de nuevo romántico amargado. En la vida real Jeremy es un cachondo y se lo pasa guay. Y su música suena como si la hubieran barnizado a conciencia. Aunque la cosa quedó deslucida por el apagón técnico doble que mantuvo el concierto en suspense durante un cuarto de hora. El tío se partía de risa, pero no es que hiciera mucha gracia. Estas contingencias matan el interés creado por la continuidad, y más aún si acaba de sonar “Breaking the Ice”. El chaval tiene temazos (“Beautiful Rebel” y “Gallop” despuntaron) pero muchos se los dejó en casa. Aunque podía haber sido mejor, qué majo es.

RAROS, RAROS, RAROS

WOMEN (jueves): El primer concierto del PS fue un trámite prescindible. Como era previsible, los matices y giros que arroja el mp3 no aparecen en vivo. Así, la cosa se convierte en un mazacote de rock distorsionado y desgarbado al que cuesta seguir el hilo. “Black Rice” es un himno superior, pero la tocaron tan pronto que el interés se vino abajo con mucha antelación.


WOODEN SHJIPS (jueves): En todos los festivales hay un grupo revelación, los californianos se llevan el premio en este. Sus auras de psicodelia envenenada quedan recreadas a la perfección gracias al teclado envuelto en papel de plata y a la etérea voz de un Erik “Ripley” Johnson que parece el hermano gemelo de Warren Ellis. A la vez, ganan músculo y consistencia con una potentísima sección rítmica. Su música perfora la masa gris, atrapa y aligera, lanzando los sentidos a un viaje sin necesidad de sustancia alguna. Juro que por momentos parecían The Doors. Joyas como “Motorbike” y “Death´s Not Your Friend” fueron agua bendita para unos oídos que venían de ser cruelmente masacrados por el carnicero Kevin Shields. Todo un reconstituyente, aunque tristemente breve.

LIARS / DEERHUNTER (sábado): Hace un par de años Liars venían de gira por España con unos desconocidos teloneros que respondían a Deerhunter y maravillaron al personal. A fecha actual, las tornas han cambiado: los de Bradford Cox se han hecho mayores y tocan en escenarios grandes, mientras que los mentirosos siguen moviéndose en el lado oscuro, lugar del que parece que no tengan intención de salir. Ambos conciertos coincidieron en el tiempo, con resultados diferentes. Liars aparecieron en el ATP como siempre, dando miedo, con intención de explotar su lado sanguinario-punk. Un placer asistir al desarrollo intrincado de “A Visit from Drum” y “Hold and It Will Happen Anyway”, pero a veces soportar a Angus Andrews se hace cuesta arriba. Cambio de moneda. Deerhunter no se verán en otra igual: recogiendo a todos los peregrinos de Neil Young en un escenario Rockdelux hasta la bandera. Con un repertorio más cohesionado que el de un año atrás (soberbias “Crystograms”, “Hazel St.” y “Nothing Ever Happened”), demostraron una vistosidad y solvencia de facto que los augura como la nueva Velvet Underground. Veremos hasta donde llegan.


BAILAD, MALDITOS

DAN DEACON ENSEMBLE (viernes): Vale, ya sé de qué va el rollo de este Dan Deacon, al que todo el mundo me aconsejaba no perderme. Va de mezcla entre MC, performer y presentador barato de la tele. Va de un montón de tías y tíos formando un ensemble de tambores, bombos, panderetas, cassiotones, guitarras y vientos, que cuando tocan (todos a una, como Fuenteovejuna) montan la de Cristo y se coordinan de perlas. Va de un rollo simpático y meneón entre los Pitufos Maquineros y Animal Collective. Va de interacción con el público, de estimulación y participación colectiva. Pero claro, cuando los mítines y los juegos reunidos Jeyper abren espacios tan grandes entre canción y canción, uno acaba hasta las narices. Para ver chabacanería borreguil me pongo Tele 5 y se acabó.

FUTURO EN POTENCIA

CRYSTAL STILTS (viernes): A día de hoy, todos los grupos quieren ser Joy Division. De momento nadie lo ha conseguido, aunque Crystal Stilts se acercaron bastante con la publicación de “Alight of Night” (2008). Sin embargo en directo cualquier parecido con el mito de Manchester es pura coincidencia. Solo la voz de Brad Hargett (calco del Bob Dylan de Newport 65) tiene un timbre inequívocamente Ian Curtis. Dicen que en cada escenario y/o ambiente suenan a una cosa; en el Pitchfork sonaron a no se sabe qué, ni claros ni oscuros, ni frío ni calor. “The Dazzled” brindó el mejor rato y el resto fue relleno.

OTRAS EXPERIENCIAS

MAGIK MARKERS (jueves): La leyenda dice que Elisa Ambrogio es un animal salvaje encima de un escenario. La prensa dice que Magik Markers están presentes en el testamento notarial de Sonic Youth. La experiencia aconseja ver antes de creer. Solo fueron diez o quince minutos, suficientes para detectar el error. Por muy contracultural y experimental que sea, no se puede empezar un concierto de forma tan retorcida, muerta y absurda.

THE DRONES (viernes): La otra cosa, mariposa, después de Jarvis fueron los australianos The Drones. Dos o tres canciones es lo justo y necesario para no caer exhausto, angustiado y asfixiado. Porque, sí, Gareth Liddiard tiene una garganta impresionante, pero mortal en altas dosis. Si su concierto fue como el desenlace final, podría decirse que fue un brutal concierto.


THE NEW YEAR (sábado): Lo más llamativo de esta edición del PS ha sido el afán madrugador de la gente para acudir al Auditorio. Tanto el viernes como el sábado, el recinto se abrió con largas colas para acceder a los conciertos más tempraneros. Curiosa la cantidad de adeptos adoradores de The New Year. Una banda, cruce entre Luna y Mogwai, que se mueve a la sombra de los grandes pero que podría con ellos en un cuerpo a cuerpo. Abrieron con “Folios” poniendo muchos pelos de punta. Su intensidad en escena es variable y falla la voz de Matt Kadane, pero vivencias como “The Door Opens” merecieron el perdón de la siesta.

HERMAN DUNE (sábado): Otros que se lo pasan pipa. La alegría de vivir de David-Ivar Herman Dune es más contagiosa que una gripe en una guardería. Que te toquen “Your Name/My Game” justo antes del concierto de Neil Young es la repera. Aunque a veces los músicos abusan en demasía de contar sus vidas a la audiencia y a éstos les pasa. Pese a todo, fue un aperitivo simpático antes de la llegada de la bestia.

26 mayo 2009

DISCOS

BILL CALLAHAN. Sometimes I Wish We Were an Eagle.

Todos los nombres.

Vale, ya ha quedado claro. Bill Callahan es lo mismo que Smog. Que a su vez es lo mismo que (smog). Que a su vez es lo mismo que un músico de su tiempo pero intemporal. Música hecha para sobrevivir. Y la filosofía de la supervivencia nunca es fácil ni barata, pero otorga una cosa grande y maravillosa, cuyo significado desconocen muchos, o conocen pero luego olvidan: esa cosa se llama dignidad. Bill Callahan es el número uno de los supervivientes, esto es, de los dignos. De los pocos autores de nuestra época (tampoco somos tan jóvenes, hay que aceptarlo) que provocan y a la vez sanan la herida. Un día decidió que por qué llamarse tal pudiendo llamarse cual, que qué diantre importa el quién si lo que trasciende es el qué. Y así, en sus peregrinaciones nominales, sigue haciendo lo que sabe: prestidigitación con los acordes y las palabras. El suyo es el cancionero de un clásico. De un músico ilustrado y aplicado. De un músico imprescindible. Este tío se merece un reportaje; veremos cuándo.

Por lo pronto toca abordar su última entrega, segunda firmada con nombre propio. Si “Woke on a Whaleheart” (2007) lanzaba un repóker sobre la mesa, este “Sometimes I Wish We Were an Eagle” (2009) se antoja continuista. En él Callahan vuelve a dar cancha a los arreglos y acompañamientos orquestales, que enfrían el aceite hirviendo vertido por sus angostas guitarras. Guitarras que se han desenchufado para tejer canciones amables en la superficie, de trasfondo misterioso, sesgadas y con el copyright de su autor impreso a hierro y fuego. Si el anterior álbum deslumbró por su frescura y optimismo, este contiene menos sorpresas. Eso no significa descender de los niveles en los que el tejano de adopción se ha movido desde siempre: la cumbre, el lugar desde el que todo lo demás se aprecia diminuto. Ni tampoco significa nadar y guardar la ropa: hay equilibrismo, agujeros negros y alguna osadía incómoda. Desde la cumbre nace “Jim Cain”, que vuelve a envolver el oído en una sábana de seda; también “Too Many Birds”, pareja idónea de baile para “Sycamore”, cuyo último verso crece y se reproduce en un ingenioso juego de construcción (“if-you-could-only-stop-your-heart-beat-for-one-heart-beat”). La negrura y la inquietud se ciernen hacia el final; el músculo añadido por la línea de bajo en “My Friend” y la batería en “All Thoughts Are Prey to Some Beast” (¿no huele a Joy Division?) las hace tentaculares y siniestras. El círculo asfixiante lo completa “Invocation of Ratiocination”, un experimento atmosférico novedoso que desemboca en la extensa “Faith/Void”. En ella el protagonista es capaz de afirmar con total serenidad y repetidas veces “es hora de apartar a Dios, este es el fin de la fe” y quedarse tan ancho.

No es la primera vez que Bill Callahan asombra con su lírica feroz. Frases como “el amor es el rey de las bestias (…), un león por las calles de la ciudad” (“Eid Ma Clack Shaw”) siguen consagrándolo como eminencia de los textos, caballero de la metáfora y la afilada verdad, del contrasentido y del doble sentido. Mientras en el caso de otros la música dicta el camino de las palabras, él elige la inversa: el trazado de la canción queda sometido al discurso de su voz, la gran voz, suya y de nadie más. La voz de todos los nombres.

www.myspace.com/toomuchtolove

25 mayo 2009

AGENDA

NOS VAMOS AL "PRIMA".

Un festival de bandera.

Suscribo el dicho últimamente tan popular: al Primavera Sound no le afecta la crisis. Para esta edición de 2009, la novena de su historia y quinta en el Fórum, la casa ha volado por la ventana. Un cartel espectacular, coronado con una guinda de nombre y curriculum propios: Neil Young. El canadiense es sin duda el reclamo número uno de un festival que sigue encabezando la resistencia, absolutamente fiel a sus principios. Estará en el escenario Estrella Damm el sábado, brindando dos horas y media de fervor, posiblemente paralizando el Fórum y Barcelona entera. Sin embargo, la oferta de buena música no se detiene ahí; sumando nombres, el Primavera Sound se convierte otro año más en el más acertado, excitante y arriesgado acontecimiento del año. Pocos competidores se le arriman a los talones a nivel nacional e internacional, excepción para el mítico All Tomorrow Parties, aliado inevitable desde hace tres temporadas. Siempre ha sido de agradecer; pero dados los tiempos que corren, la gratitud se multiplica y la proximidad del evento se vive como si fuera el último y único festival de una vida. La receta de este año vuelve a unir nombres ilustres y veteranos, perpetuos o recientemente reunidos, con un amplio abanico de nuevas bandas que dan un sabor menos amargo al futuro. En cuanto a géneros musicales, la variedad queda nuevamente salvaguardada: revoluciones, pop sofisticado, clásicos, electrónica de magistratura, country-rock y un pellizco de hip-hop, amén de engendros inclasificables y sin límites de creatividad. Este es un amplio resumen de lo que se avecina los días 28, 29 y 30 de mayo.

EN LOS ALTARES: De los muchos grandes nombres del cartel (mención aparte para su gran cabeza), Sonic Youth, Yo la Tengo y My Bloody Valentine son los indiscutibles. Esos a los que no hay que perderse so pena de arrepentimiento. En los dos primeros casos, la experiencia contrasta su efectividad en directo, y pese a no tener material reciente conocido, siempre es un placer retomar sus gloriosos históricos, leyenda viva del rock independiente en ambos casos. Con My Bloody Valentine más vale pájaro en mano: habrá que disfrutarlos el jueves al aire libre, aunque su show exclusivo del viernes en el Auditorio prometa seismos y tímpanos destrozados.

INMORTALES SPACEMEN 3: Jason Pierce no es el único que mantiene caliente el legado de los hombres del espacio. Peter Kember hace lo propio desde su proyecto personal, Spectrum. Ambos estarán presentes en esta edición, y las canciones de Spacemen 3 seguro que coparán algunos de sus minutos más apoteósicos. ¿Sonarán “Revolution” o “Take Me to the Other Side”?. Casi se da por hecho. ¿Serán capaces de asistirse y aparecer juntos en escena?. Harto improbable, pero podría ser la bomba del festival.

LUCHANDO CONTRA LA BESTIA: Oneida no se lo merecen. El diseño horario ha determinado su pugna desigual contra el invencible. Su concierto en el escenario Vice coincidirá de lleno con el de Neil Young, para indiferencia de muchos y pena de algunos. La discografía de los de Brooklyn es tan sublime, misteriosa y variante, augura un directo tan epatante que los convierte, sin duda, en una renuncia dolorosísima.

VOLVER: el Primavera Sound vuelve a erigirse en padrino de reuniones emotivas, grupos que volaron por los aires, recompuestos para la ocasión. Tal es el caso de The Jayhawks, que regresan con todas sus piezas: teloneros de lujo para Neil Young. Igualmente ocurre con Throwing Muses, icono de la escena bostoniana en los noventa, en barbecho intermitente y regenerados para debutar en nuestro país, parece ser que con Tanya Donelly. A Certain Ratio se subieron hace poco al autobús del revival, sin ánimo de vivir de las rentas y con nuevo trabajo (“Mind Made Up”); si abarcarán toda su historia o solo una parte es un misterio que convierte a su concierto en sorpresa. Y en el caso de The Vaselines y Th´Faith Healers, nunca se consiguió tanto con tan poco: sus materiales ochenteros son reliquias mínimas, pero tan excitantes que bien valen una misa.

GRANDES CABALLEROS: Es obvio que las damas pierden en número en esta edición del Primavera Sound, aunque algunas son de armas tomar: Natasha Khan, Marnie Stern, Alela Diane, Elisa Ambrogio o las Vivian Girls. Entre los caballeros, Andrew Bird, Jarvis Cocker, Joe Henry y Jeremy Jay anuncian el despliegue de sus variopintos encantos y talentos sobre los escenarios. También llaman la atención el regreso de Jason Lytle en solitario (alguna de Grandaddy se aceptaría de buenísimo grado), la refrescante extravagancia de Chad VanGaalen, la letanía folk de The Tallest Man on Earth (el Dylan sueco, según las lenguas) y la sinceridad a flor de piel del veterano y solvente Damien Jurado.

MADE IN SPAIN: La oferta de grupos nacionales en el cartel cada vez es más modesta, pero altamente selectiva. Tokyo Sex Destruction, Los Punsetes, Extraperlo, Rosvita, La Bien Querida, Veracruz, The Secret Society, Cuzo, Klaus & Kinski o Joe Crepúsculo y los Destructores compondrán una muestra de la música intramuros. Algo pírrica, sí, pero digna.

RAROS, RAROS, RAROS: Liars, Deerhunter o Gang Gang Dance ya son duchos en la materia de horrorizar o encantar con propuestas muy personales y nada fáciles. A su vera se desarrollan nuevas bandas que darán que hablar, cuyos discos perfilan formatos imposibles de adaptar al directo: habrá que ver qué son capaces de hacer Women (el todo vale), Wavves (la melodía enterrada en ruido), Wooden Shijps (la psicodelia elevada al cubo) o Mahjongg (puro surrealismo, sin más).

BAILAD, MALDITOS: La electrónica tampoco podía faltar en esta edición. A los consagrados nombres de Aphex Twin, Squarepusher o Simian Mobile Disco, se unen interesantes propuestas como las de Ebony Bones, Lemonade, The Bug, Skatebärd o el pirado Dan Deacon. Eso sí, habrá que ver cómo están los cuerpos a ciertas horas.

EL PUNTO DEL AÑO: En casi todas las ediciones, el festival programa algún grupo y/o artista que despista, difiere o simplemente globaliza. Ya ocurrió en el pasado con Lluis Llach, Enrique Morente o Motörhead. Este año la figura disonante es Michael Nyman, que junto a la Michael Nyman Band convertirá el Auditori en un escenario de otra galaxia, en otra dimensión y para todos los públicos. Ojo al dato: el señor Nyman es mucho más que el hombre que compuso la banda sonora de “El Piano”.

EL FUTURO EN POTENCIA: El Primavera Sound (con ayuda de Pitchfork.com, cómo no) se ha llevado este año al bote algunas de las bandas noveles más prometedoras de la escena actual. Recomendaciones: el noise descarado de los chinos Carsick Cars, las bocanadas de ruido de Crystal Antlers, el pop grandilocuente de Shearwater, el rock oscurantista de Crystal Stilts, la psicodelia viajera de Sleepy Sun y el folk amigable de Plants & Animals y Bowerbirds. Los cuatro últimos estarán también actuando en el Parque Joan Miró, al abrigo de los árboles, el sábado y el domingo.

Esto es lo que hay. Demasiado para tan poco tiempo. Por supuesto, habrá que seleccionar, alimentarse bien y dejarse la piel en tres días de música non stop. Esto no va a ser como el SOS.

www.primaverasound.com


11 mayo 2009

DISCOS

ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3. Goodnight Oslo.

Viviendo con lo puesto.

Podría ser un disco de los actuales REM sin Michael Stipe ni Mike Mills; los tres venusinos no son otros que Peter Buck, Scott McCaughey y Bill Rieflin. Pero su rol como acompañantes del gran Robyn Hitchcock está perfectamente encuadrado. Y aunque en muchos casos las guitarras de Buck se manifiesten inequívocamente reconocibles, quedan por contrato al servicio del compositor. Un compositor de pluma fina, bebedor de influencias remotas, amigo de antiguallas sónicas. Este “Goodnight Oslo” (2009) parece perpetrado por una alianza judeo-masónica con los mitos del pop, el soul y el country de los 50 y los 60; o si no, escúchense “What You Is”, “Saturday Groovers”, “Up to Our Necks” o “TLC”. También hay símiles más cercanos en el tiempo; “Your Head Here” recuerda a los mejores The Go-Betweens, “I´m Falling” a los peores James. Pero ante todo, hay destellos de gran lucidez plasmada en modestas joyas contemporáneas, como “Hurry for the Sky”, “16 Years”, “Intricate Things” o la temporizada “Goodnight Oslo”, radiante cierre para un decálogo que no inventa nada, pero que vuelve a revelar la autenticidad y buen gusto de su autor y la experta audacia de sus colaterales. Como hizo “Olé Tarántula!” (2006) en su día.

www.robynhitchcock.com

10 mayo 2009

DISCOS

PJ HARVEY & JOHN PARISH. A Woman A Man Walked By.

La sinergia positiva.

Después del accidentado episodio vivido en el SOS 4.8 murciano, es hora de hacer justicia a un gran disco y a una de las parejas más fieles y mejor avenidas del rock. También es justo que John Parish aparezca con letras grandes en los créditos, pues desde tiempos remotos ha sido un puntal intachable en la carrera de su gran amiga Polly. Juntos vuelven a marcarse un fifty-fifty: Parish compuso los temas, Harvey los adorna con letras que se columpian entre lo tierno y lo visceral, lo poético y lo trágico. El resultado es un baño de gloria para ambos y retrotrae a la PJ de hace algunos años, a las inferencias eléctricas de, por ejemplo, “Stories from the City, Stories from the Sea” (2000). La canción que abre el disco no deja dudas: “Black Hearted Love” es toda intensidad y pulcritud, con un desenlace monstruoso (“I´d like to take you to a place I know, my black hearted” dice ella con convencimiento). A partir de ahí, el espíritu está predispuesto y preparado para lo que venga. Canciones para todos los gustos: asimétricas, sísmicas y profundas. Polly Jean muestra todas y cada una de sus caras en ellas: la de rockera sexy en la propia “Black Hearted Love”, la de esquizofrénica en “Sixteen, Fifteen, Fourteen”, la de perruna punky en “Pig Will Not”, la de criatura celestial en “Leaving California” o la de gran dama victoriana en “Passionless, Pointless”. Los experimentos también son bienvenidos, evidenciando la amplitud de recursos de la pareja artística. “The Chair” abre una sima cerca de la mitad del disco, con disonancias y atrezzo digital a lo Radiohead. La curiosa “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go” se desarrolla en dos actos, viajando de una turbulencia pro-Nick Cave a un agradable facilismo lounge. Y qué decir de la garganta de nuestra protagonista: aquí se marca un catálogo vocal de aúpa, con todo tipo de falsetes, timbres nasales, pláticas, susurros y alaridos.

Trece años después de aquel “Dance Hall at Louse Point” (96), he aquí un nuevo testimonio de la sinergia positiva: uno más uno no es dos, sino mucho más.

www.pjharvey.net


07 mayo 2009

CONCIERTOS


ESTRELLA LEVANTE SOS 4.8

Diario del tropecentésimo festival.

Jueves 30 de abril: Uff, qué pereza, mañana de festival. Sí, es la primera vez que me apunto a un festival por inercia, sin dedicación ni estudio previo. Pero no está la cosa ahora mismo para hacer ascos a nada. Y si la cuestión es pasar un buen rato con los amigos, poco importa que el cartel sea de lo más discretillo. Y de paso echaremos unas oraciones a Santa Polly, San Jason y San Matthew. Aunque la incertidumbre me corroe: ¿podremos acceder a los conciertos del auditorio?. Si de lo poco poquísimo que me interesa no puedo ver ni la mitad, ¿habré invertido bien el tiempo y el dinero?. El dinero puede que sí: 35 euros por un festival de dos días es un precio mucho más que justo y ejemplar. Pero se supone que ese precio debería servir para acceder a un evento en su conjunto; lo de organizar sesiones de aforo restringido ya empieza a cabrearme (y no soy la única). Sí, muy bonito lo de los auditorios, un marco incomparable, sonido inmaculado, bla, bla, bla… pero que me informen antes de sacar la entrada de cuales son mis derechos y obligaciones. Puede que los artistas exijan más de la cuenta o que los organizadores consideren de lo más cool este tipo de inventos, pero el que paga es el que manda, y el que manda dice MÚSICA PARA TODOS.

Viernes 1 de mayo: Un viajecito a Murcia de lo más placentero. Primera parada, la sede del festival. A hacer cola y rezar, porque PJ Harvey y John Parish lo valen. Poco antes de las 2 de la tarde, aguacero descomunal. Gente empapada hasta los huesos y la taquilla que no abre. Y cuando abre la fila no avanza. Porque (primer y grave defecto organizativo) solo hay una ventanilla para repartir pases y canjear pulseras. Y así, nos dan las uvas. Y nos dieron, qué duda cabe, pero al menos tenemos la puta entrada del auditorio. Misión cumplida (o eso creímos). A casita a comer.

De regreso al recinto de La Fica con la hora un poco justa, por culpa de contingencias varias. Y en la entrada al festival, caos. Información nula, accesos no señalizados, a chupar otro desastre de cola y el concierto del día a punto de empezar. Por fin dentro y con todo en regla, la puerta del auditorio se cierra ante nuestras narices. “Aforo completo” dice un segurata. ¿¿Cómo??. La gente se enciende. “No, con el concierto ya empezado no se puede entrar” apunta otro. La gente se sigue encendiendo. Empieza a sonar “Black Hearted Love”, la pantalla gigante habilitada en el SOS Club ya arroja imágenes del show. Minutos de incredulidad, crispación y protesta, lo nunca visto. Las penalidades que hemos pasado para esto… Al final accedemos, pero con un mosqueo supino y la mitad del concierto en la basura. Y aunque Polly Jean lo está dando todo (“Taut”, “Leaving California”, “Pig Will Not”, “A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All the Little Children Go”, “April”, “Cracks in the Canvas”), exhibiendo sus superdotados recursos vocales al amparo de una increíble banda comandada por el elegante Parish, el sabor es agridulce. La sensación es de “vaya mierda de festival”.

Salimos del auditorio, intentemos arreglar la cosa. Demos una vuelta, busquemos música en directo, metámonos en el ambiente y relajémonos. Optamos por las suecas Those Dancing Days: espesas como el alquitrán. Nos vamos a ver qué hace Duffy: fláccida y gelatinosa. Esto no hay quien lo arregle. ¿Quizá The Prodigy?. Porque está claro que Pete Doherty no va a ser. Incomprensiblemente, Babyshambles gustan más cuantos más son los cargos penales y peor son las canciones. Enhorabuena, Pete: has clavado dos punteos difíciles y parece que esta vez te sabes la letra. En tu estado comatoso, poco más se te puede pedir.

The Prodigy son el segundo plato fuerte del (flojo) día. Pero tampoco arreglan nada. Tras diez años sin dedicarles ni un minuto, “Breathe”, “Firestarter” y “Smack My Bitch Up” (la mejor, sin duda) intentan volver a florecer, pero se chuchurren en un conjunto saturado, lineal, exento de sorpresas, donde las luces siempre son rojas y azules y todo suena igual. Otros para los que su momento ya pasó. Vámonos a dormir, que por hoy ya está bien de penar.

Sábado, 2 de mayo: Hoy es un día extraño. Mientras todos tienen en su cabeza el Madrid-Barça, yo solo tengo en la mía al hombre del espacio. A la porra The Matthew Herbert Big Band, hemos convenido por consenso después de la odisea de ayer. Pero lo que son las cosas, entramos al recinto y comprobamos que las puertas del auditorio están abiertas y desiertas, y que un colega reparte tickets y nos invita a entrar. Pues, p´adentro se ha dicho. Ahí está el loco Herbert, haciendo sus típicas y encantadoras locuras; pasando por la batidora los sonidos de la Big Band (la banda de jazz más gamberra y locuela de la historia), creando un magma que lo cubre todo, entre lo retro y lo vanguardista, con enorme imaginación y sentido del humor. Espectáculo bizarro e impagable. Antes de que acabe (y con gran dolor de corazón) hay que abandonar; pre-calentamiento para flotar en el espacio.

Spiritualized son la razón de que yo esté aquí, así que hay que entregarse en cuerpo y alma. Gracias, obsesión futbolera: escenario Estrella Levante semi-desierto y Jason entero para mí. Su música (sobre todo en directo) me hace levitar; esta vez no podía ser menos. Solo hay que dejarse llevar por las olas, ese tempo contenido que desemboca en furiosa marea sin inflexión notable, con continuidad. Ejemplo claro de lo dicho son las grandiosas “Shine a Light” o “Take Your Time”. Un repertorio de chuparse los dedos, con las habituales de Spacemen 3 (“Walking with Jesus” y “Take Me to the Other Side”), con cera eléctrica (“You Lie You Cheat” y “Cheapster”), con la emotiva “Soul on Fire” (mucho mejor en vivo y en bruto), con un impactante sorpresón añejo (“Lay Back in the Sun”, comienzo de la levitación) y con los dos inmensos himnos de la navegación galáctica (“I Think I´m in Love” y “Come Together”). Y de postre, cinco minutos de mutilación sónica, ruido y furia, desbarajuste y llamaradas, J Spaceman estrellando el mástil de la guitarra contra el micrófono, los pies a varios centímetros ya del suelo… El jodido está vivito y coleando.

Tras el aterrizaje, dos reflexiones consecutivas: 1) Obligatorios en el Primavera Sound. 2) Hay que recuperarse del trance. La segunda reflexión me lleva a pasar de Russian Red, de Keane, de Second y de todo lo sonable, a apoltronarme en un puf en la currada zona chill-out del SOS Club, y a ver pasar la vida festivalera por delante. Y de repente me doy cuenta de que es el primer festival (y llevo tropecientos) en el que no voy corriendo de un escenario a otro con el ansia, en el que ni siquiera miro el planning del día, en el que me importa un bledo quien esté tocando acá y allá. Un festival desde el otro lado. El espacio SOS Club se convierte en un paraíso singular, con su coqueto mobiliario, la música de los DJs griegos y el efecto narcoléptico del agua en movimiento. Y entre ganduleo, fotos y risas, llega la hora de Underworld.

Con permiso de los hermanos químicos, Underworld son a la música electrónica lo que Plácido Domingo a la ópera. Todavía arrastro las secuelas del impacto sufrido en Benicasim hace cuatro años. Pero qué cracks, vuelven a superarse. Los tubos aerostáticos se inflan y comienza el desenfreno. Karl Hyde se ha dejado pelo, se ha engalanado con una chaqueta de lentejuelas que echa chispas, se vuelve del revés bailando en una hiperactividad más contagiosa que el virus de la gripe A. Esto sí que es una pandemia de alerta 5; cuerpos que botan, brazos que se elevan, pies que se pisan. Y no faltan las buenísimas: “Cowgirl”, “King of Snake”, “Born Slippy”, “Two Months Off”... Requetetemazos. Y los tubos desaparecen, y aparecen luces mutantes, y las luces viran en imágenes, y de no se sabe donde surgen globos gigantescos que vuelan sobre nuestras cabezas. Y todas las fiestas vividas, habidas y por haber se quedan en mantillas: ésta es la madre de todas las fiestas. Así que es normal que después nadie quiera irse a dormir, hay que seguir. Con los 2 Many DJs o con Matthew Herbert DJ, lo mismo da. Al final, por cortesía, hay que abrazar la sesión de Herbert, que en su afán de pinchadiscos airea las mismas maneras tecnócratas que en su faceta de músico. Un gran alquimista del sonido, que tampoco hace ascos al tribalismo, a la música disco petarda o al propio James Brown (gran fin de sesión).

Adiós a otro festival. Un festival inaugurado con desastre y finiquitado con buen sabor de boca. Aunque me quedo con la duda de qué pinta la idea de sostenibilidad en un mundo de organismos hasta el culo, comida basura, despilfarro energético, contaminación acústica y montañas de residuos en el suelo.

Crónica dedicada a toda la ONG.

A Carmen: gracias por las fotos.