26 septiembre 2006

CONCIERTOS

MANTA RAY. Toledo. Paseo de Recaredo. 23-9-2006.

Todo el mundo contra la pared.

¿Por qué siempre que veo tocar a Manta Ray lo hacen en familia?. Es como una maldición. Allá donde estén ellos y al mismo tiempo esté yo, un desierto alrededor, un aplauso débil que sabe a poco. Injusticias del destino. Pero la máquina engrasa, trabaja y aplasta ante cualquier adversidad. No hay margen de error. Apuesta segura. Su nivel hace tiempo que superó la media, ahora roza la matrícula de honor. La gente por ahí fuera ya se ha enterado. Pero aquí se ve que todavía no…

Y en sus conciertos siempre hay alguna sorpresa. El detalle esta vez fue colocar a Xabel Vegas y su batería en la vanguardia, al borde del escenario, como parte de una línea de cuatro imbatible. Estrategia logística y al ataque. La electricidad, el humo denso y la luz (ahora aparecen, ahora se esconden) crean un panorama de texturas infalibles que transforman cada canción en una oda al enigma. “Por Qué Evadirse a Otros Mundos Aún Más Pequeños” ya se ha convertido en su himno de bienvenida, aunque el “todo el mundo contra la pared” sonara algo chusco por culpa de los micrófonos malditos. Y mientras alguien (el propio Vegas y ¿quién más?) intentaba resolver los conflictos técnicos, Nacho Álvarez informaba de forma poco inteligible (y con sorna, supongo) sobre el congreso de juventudes “peperas” en la capital imperial.

Pequeño caos inicial que se diluía como aspirina efervescente en el furor de “Todo Puede Cambiar” y “Qué Niño Soy”, el ritmo crepuscular de “El Despertar” y “Take a Look” y la siniestra coral a cuatro voces de “Don´t Push Me”. Y cuando todo está rodando llega la hora de ambientar: “Rosa Parks” recuperaba el espectro de calma, siempre tensa, de una banda que, en vivo, construye sus piezas ladrillo a ladrillo. Virtuosismo de vena jazz. De quitar el hipo.

La parte final volvía al motín ruidoso con “O.F. King” (un clásico siempre presente y cada vez más apabullante), “No Tropieces” y “Mi Dios Mentira”, antecedidas por una “No Avant-Garde (Elektroniks)” que había estallado en bomba de la noche, con Vegas probando su equilibrio sobre los bombos y Álvarez cediendo su bajo a los entregados en primera fila. También hicieron un bis; y esta vez no fue “I Fought the Law”, sino la evocadora “La Vida Continua (Zu Gabe)”, que desempolvaron, vistieron y maquillaron suave e interminablemente para la ocasión. Una ocasión que, claro, no pasará a la historia, pero que ya forma parte del álbum de emociones y conmociones de unos cuantos. Grandes entre los grandes (de aquí, de allá y de todas partes).

12 septiembre 2006

AGENDA

PLANNING DE OTOÑO.

Consejos para superar el síndrome post.

Post-vacaciones. Post-verano. Post-festivales. ¿Y ahora qué?. Pues ahora toca ponerse pilas nuevas, abrigarse y diseñar la planificación estratégica de los próximos meses. Bienvenido el otoño. Se acabaron los sudores, los carteles de “cerrado hasta tal día” y los aires acondicionados en bares y oficinas. ¿Y se acabó la música?. ¡¡NO!!. Ahí van cinco consejitos para superar presuntas crisis...

1º Sigamos recordando lo vivido este verano. Recordemos ese FIB glorioso con los que estuvieron y sigámoslo contando a los que no, asumiendo el riesgo de que nos repudien por plastas.

2º Recaudemos con usura experiencias ajenas (ese Paredes de Coura, ese Azkena Rock…) y pongamos a la venta el pellejo jurando no perdernos eventos similares el próximo año.

3º Hagamos nuevos planes. Echemos un vistazo a la oferta y gastémonos la pasta. Mogwai, Calexico, Ben Harper… el que sea.

4º Esperemos pacientes a que los sueños se hagan realidad. Nuevos discos, más giras. El sueño de ver a Beck teloneando a Radiohead.

5º Continuemos llenándonos la cabeza de música, música, más música, hasta que reviente. Los discos que nos perdimos por el camino, los que van a salir del horno. Los que te dice uno o te presta el otro.

SOBREVIVIREMOS.

El verano se acaba con dos tripulantes menos en el barco. Syd Barrett y Arthur Lee dijeron adiós.

Y el otoño empieza con los últimos eventos coleantes, como el Ebrovisión (21, 22 y 23 de septiembre) en Miranda de Ebro (Burgos): Ocean Colour Scene, The Posies, Los Coronas, El Columpio Asesino, Sexy Sadie… además de buena gente y exquisita morcilla. El paraíso. Más modestamente y en Toledo, el Festival Línea 1 (23 de septiembre) reune a Zoo, Nueva Vulcano y Manta Ray frente a la majestuosa muralla imperial.

Para el que esté harto de aire libre, las salas ya empiezan a echar humo:

VETIVER- 14 septiembre. Azkena. Bilbao.
15 septiembre. Vademecum. Vigo.
19 septiembre. Moby Dick. Madrid.
20 septiembre. Centre Municipal de Cultura. Castellón.
21 septiembre. Sidecar. Barcelona.

LIARS- 23 septiembre. Azkena. Bilbao.
27 septiembre. Playa Club. La Coruña.
28 septiembre. Moby Dick. Madrid.
29 septiembre. Casa del Loco. Zaragoza.
30 septiembre. Camelot. Santa Pola (Alicante)

THE BROKEN FAMILY BAND- 26 septiembre. El Sol. Madrid.
27 septiembre. Café Antzokia. Bilbao.
28 septiembre. Teatro Lloseta. Mallorca.
29 septiembre. Sidecar. Barcelona.
30 septiembre. Loco Club. Valencia.

DOMINIQUE A- 26 septiembre. Café Antzokia. Bilbao.
27 septiembre. El Sol. Madrid.
30 septiembre. Apolo. Barcelona.

MOGWAI- 30 septiembre. Teatro Principal. Barcelona.
1 octubre. La Riviera. Madrid.

BEN HARPER & THE INNOCENT CRIMINALS- 5 octubre. Palacio Deportes. Madrid.
6 octubre. Palau. Barcelona.

PHOENIX- 14 octubre. Bikini. Barcelona.
15 octubre. Heineken. Madrid.

CALEXICO- 21 octubre. La Riviera. Madrid.
22 octubre. La Paloma. Barcelona.

MUSE- 27 octubre. Palacio Deportes. Madrid.
28 octubre. Olimpic de Badalona.

Lo dicho. SOBREVIVIREMOS.

06 septiembre 2006

DISCOS

EL COLUMPIO ASESINO. De Mi Sangre a Tus Cuchillas.

De columpio nada, de asesino mucho.

Aunque el disco lleva ya algunos meses rulando y ellos ídem por los escenarios de medio país, se merecen un homenaje. Atrás quedaron las novatadas y el Proyecto Demo conquistado por goleada. El columpio ya es mayor. “De Mi Sangre a Tus Cuchillas” (2006) es su puesta en la órbita de los que tienen más pelotas que nadie. Y pese a que el nombre no les ayuda nada, su música (palabra maldita: eclecticismo) y su actitud (punky hasta el galillo) los convierte en rara avis de la fauna autóctona. Flashes de Bauhaus (“Edad Legal”), Pixies (“El Regreso del Evangelista”), Alaska y los Pegamoides (“Lucas 44-48”), Slowdive (“No Llores Más”) y The Velvet Underground (“Pacífico”) con fino ungüento de electrónica febril. Sus letras irreverentes y/o tórridas completan un juego de malabares ultrasónicos en el que todo se confunde. Y los títulos de algunas canciones revientan la boca con solo pronunciarlos (“La Perra del Hortelano”, “Sintetizadores sobre Motos y Guitarras”). Sin método, sin ley y sin pudor. Pero con un par.

29 agosto 2006

DISCOS

NEIL YOUNG. Living with War.

La política de la verdad.

“Estoy viviendo con guerra en el corazón cada día”. Siempre ha habido voces gritando fuerte contra la opresión y el capricho del poder, y en los últimos tiempos esas voces se multiplican. Voces que llegan de los USA. Voces que no pueden callar una realidad camino de convertirse en tópico. ¿Por qué será?. Y todos están igualmente legitimados para la queja. Pero es innegable que hay voces que suenan más creíbles que otras. Quizá por la forma, o por el fondo. La voz de Neil Young es la voz del mensajero coherente, el que habla desde la experiencia de muchas amenazas, guerras, post-guerras, amnistías y condenas vividas. “Living with War” (2006): manifiesto pacifista.

Esa voz no está sola. En canciones como “After the Garden”, “Living with War” y “Let´s Impeach the President” se pertrecha entre coros que arropan y afirman el discurso. Un mensaje que transcurre entre la inaceptabilidad de las mentiras (“don´t need no more lies”) y el dolor de la consecuencia (“thousands of bodies in the ground brought home in boxes to a trumpet´s sound”). Una oda llena de resentimiento hacia acciones vergonzosas y personajes concretos (“let´s impeach the president for lying and misleading our country to the war”), pero también preñada de supremas esperanzas (“and when the night falls, I pray for peace”). Todo ejemplificado y resumido en una canción, “Lookin´for a Leader”: “AMERICA is beautiful but she has an ugly side”.


Aparte de preceptos y conceptos, cerrando los ojos al significado de las palabras o simulando no saber inglés, “Living with War” vuelve a mostrar la tradicional (y legendaria) faceta de un músico que es quien es y está donde está por méritos incuestionables. Guitarras puras, melodías de polvo y asfalto. Alguna trompeta. Sin aditivos ni colorantes. Canciones trazadas por los impulsos de un corazón que se resiste a relajar su ritmo. Himnos lapidarios que dan de comer a todos. A los que le rinden tributo en sus largas noches de insomnio. A los que estábamos cerca de su universo pero no dentro. Un episodio más en la saga de triunfos y conquistas de un grande entre grandes. La verdad como argumento. El rock como estandarte. A sus pies, abuelo.

21 agosto 2006

RETROSPECTIVAS

EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN. Silence Is Sexy.

Muros de Berlín.

En el nefasto aniversario del levantamiento del monstruo que separó a la humanidad (memoria humana de la estupidez humana), la corriente desemboca de nuevo en la ciudad de Berlín. Otro muro. Otra historia. Estructuras pesadas, cimientos torpes. Lejos ya de la guerra que empezó con el Geniale Dilettanten, herramientas y máquinas, la voluntad de un tirano, ruido de escombros. ¿Reconstrucción o destrucción masiva del sonido?.

Silence Is Sexy” (2000) conmemoraba a su manera veinte años de tortura eléctrica, evolución y colapso. Pero el guión había cambiado del todo desde “Kollaps” (81). Del cuero al algodón, del aceite al perfume, de la sierra a la pluma. Aquel muro de hormigón había caído, y las alambradas habían desaparecido para mostrar un paisaje lleno de vida circulando a cámara lenta, con amorosos ángeles como los de Wim Wenders guardando el alma de los supervivientes.

Alegoría del silencio. Y no como pura metáfora o dicho. En “Silence Is Sexy” (la canción) el silencio es tan importante como la armonía; silencio de segundos, espera. Paciencia, elemento indispensable para entender cada matiz. En “Sabrina”, “Heaven Is of Honey” y “Sonnenbarke” todo pasa lento, tempo mínimo, bajo oscuro. Suspense. La industria pesada no ha quebrado del todo; el magma metálico convierte “Zampano” en una danza de rayos catódicos y “Alles” en una cadena productora de sueños. Pero ahora el concepto es otro, el humo de las chimeneas y el aroma de las rosas se complementan para crear sinfonías de golpe y cuerda inauditamente bellas, como “Redukt” o “Total Eclipse of the Sun”. Y finalmente, “Die Befindlichkeit des Landes”. ¿Obra maestra del rock industrial?. Posiblemente obra maestra del rock sin más. Poesía escarbada entre las sombras del desastre. Pasaje lírico del gran momento, fin de la vergüenza, génesis de nueva libertad.

Paralelismos coincidentes. Un cielo de visiones inteligentes y estrategias indomables sobre Berlín. Einstürzende Neubauten: leyenda viva. Entre el todo y la nada. Entre el estruendo y el silencio. Entre el subterfugio y la verdad.

03 agosto 2006

CONCIERTOS


BENICASIM 2006

Violins and happy endings.

Sería maravilloso que existiera un festival en el que los mejores grupos tocaran en el mejor escenario. Un festival al que solo acudieran los que aman la música y en el que la gente atendiera a los conciertos con el respeto que es debido. Un festival multitudinario, pero no multisaturado, en el que no hubiera que penar para ir al baño entre actuación y actuación. Un festival con precios populares, zona de acampada apta para todos, sombras gigantescas, y en el que los vecinos de tienda respetaran sagradamente las únicas horas posibles de sueño. Sí, sería maravilloso contar con un festival así… Pero habrá que seguir soñando y conformarse con lo que ofrece el FIB en su nueva versión pro-anglosajona. Benicasim D´Or, ciudad británica de vacaciones. Esto es lo que hay.

Renunciando a enarbolar banderas de quejas y sugerencias que jamás serán escuchadas (¿se adquiere algún derecho por ocho años de antigüedad?), esta edición pasará a la historia por ser la más concurrida no solo en personas (y personajes), sino también en instrumentos de cuerda fátuos y mágicos que nos han hecho volar y casi llorar. Parte del mérito lo tiene el plausible proyecto Un-Pop Classik, que ha llevado a magníficas orquestas de cámara a desfilar por los escenarios junto a variados artistas europeos del rock. Una edición en la que, igualmente, no han triunfado los que salían en las quinielas mediáticas (exceptuemos a Depeche Mode), sino los que a menudo esperan a la sombra que el oficio y el tiempo les de la razón. Los franceses, Rufus Wainwright, dEUS y Manta Ray ya pueden presumir de haber sido los reyes (¿inesperados?) de la duodécima edición de un festival que a nosotros no nos la da con queso.

JUEVES

TEITUR: Como si de un tímido estudiante de escuela de pago se tratara, el danés Teitur (bonito nombre) reprodujo con éxito la lección escrita en los libros de fábulas. Historias sobre amor y sufrimiento, y unas ganas locas de cambiar el mundo (resucitando a Louis Armstrong, por ejemplo). Tan solo con unos básicos acordes de acústica o piano, canciones como “Great Balls of Fire”, “Thief About to Break In” y “You Get Me” ya suenan épicas y emocionantes. Y con el aderezo orquestal terminan de erizar los pelos aunque no sea el escenario ni el momento para la lírica. Un ascenso en toda regla a primera división.

TOM VERLAINE & JIMMY RIP: Inesperado. Con los ecos golfos de Television en el subconsciente, pocos esperábamos algo así. Dos sillas, dos hombres, dos guitarras eléctricas y cuatro manos de cirujano. Cloroformo y desinfectante en el ambiente, y un puñado de riffs, progresiones y distorsiones sublimes, estudiadas en su concepto pero improvisadas en el efecto. Es difícil seguir la trayectoria sonora de este genio del rock, y todavía más difícil identificar unas canciones desarticuladas y anestesiadas. Algunos dicen que sonó “Prove It” del “Marquee Moon”, y otros creyeron reconocer vagamente “The Day on You” en los inicios. Pero, ¿y qué más dá?. Lo que finalmente cuenta es que Verlaine y Rip dieron una lección de cómo tocar la guitarra con los ojos cerrados, firmando un set de alta escuela memorable.

HOWE GELB + SNO´ANGEL: El blues siempre ha sido la música elegante por excelencia, y Howe Gelb es la estampa de lo dicho. Con un traje que ni hecho a medida (en lo estético y en lo musical) y transportado en volandas por la tralla gospel de The Voices of Praise, hizo cotizar al alza su alabado y purísimo “Sno´Angel Like You”, sin renunciar al recuerdo de su antigua banda Giant Sand. Temas como “Love Knows (No Borders)”, “Paradise Here Abouts” y “But I Did Not” nos hicieron creer por momentos que nuestro cometido era agacharnos a recoger algodón. Y es que estos viajes en el tiempo y el espacio también enriquecen.

SCISSOR SISTERS: Nos quejamos de que el Festival de Eurovisión es una horterada, pero el trecho entre las lentejuelas y coreografías memas de estos cachondos y las aberraciones narradas por Uribarri es tan corto como el tramo Benicasim-Castellón (Querida Ana Matronix: Benicasim está en la Comunidad Valenciana, no en Cataluña. A ver si estudiamos geografía). El caso es que “Take Your Mamma Out”, “Tits on the Radio”, “Comfortably Numb” y “Filthy/Gorgeus” consiguen que uno se lo pase pipa si hay voluntad de divertirse. Y las canciones del próximo disco habrá que mamarlas un poco más para sacarles el jugo (vaya, ya se me ha pegado su jerga!).

VIERNES

DIONYSOS: Bárbara revelación. La apocalipsis de sus discos invitaba a saltarse la siesta, pero su directo superó las previsiones más optimistas. ¿Versión barroca de los Bad Seeds o versión aburguesada de Nirvana?. Como recién salidos de un psiquiátrico, azuzando con cólera cuerdas y percusiones, consiguieron vomitar (que no tocar) bolas de fuego de la talla de “Giant Jack” o “Le Retour de Bloody Betty”. Feroz. Y Mathias Melzeu (sí, un calco de Truffaut) es el frontman total, eléctrico, histriónico y suicida. Empezó alentando, sudando, contorsionándose y bailando break, y terminó por conquistar el territorio comanche de la orquesta para secuestrar y maltratar a su director. Y sin tener suficiente, al ritmo de “McEnroe´s Poetry” se sacó un billete de ida y vuelta hasta la torre de sonido en brazos de un auditorio loco y pasmado. Uno de esos momentos míticos FIB que se quedan grabados en la memoria para toda la vida.

12TWELVE: A los catalanes hay que reconocerles el mérito que conllevan los riesgos asumidos. Pero un concierto de free-jazz (pero muy, muy free) con la torrera de la tarde se convierte en una masa espesa imposible de masticar. Si todas fueran tan lineales y directas como “Profesor Alí” hubiéramos aguantado mucho más. Sin embargo, su misión queda muy lejos de la linealidad y más cerca de espirales y dodecaedros. Maestros en artes varias, pero según para qué momento.

THE WALKMEN: Después de la enésima patochada de Mr. Doherty, la salida a escena de los neoyorkinos sentó como un soplo de aire fresco (o como agua pulverizada en la jeta, la moda refrescante del verano fiber). Rock adusto y visceral bien tocado. Flirteando con los mejores cortes de sus tres álbumes, facturaron un concierto solvente en el que las reinas fueron “Little House of Savages” (muy al principio) y la apoteósica “The Rat” (casi al final). Y aunque Hamilton Leithauser se empeñe en formatear e innovar sus rudas entonaciones, hubiera estado bien escuchar “Danny´s at the Wedding” tal cual suena en el disco. No obstante, una banda extrema y personal como quedan pocas.

PIXIES: Y el negocio sigue… Lo que parecía un trueque temporal de recuerdos por dinero se ha convertido en un modus operandi que se alarga más de la cuenta. La primera vez entras en la rueda y hasta te luce. Pero si observas con criterio te das cuenta de que esta gente está por estar, toca por tocar y, como diría mi gran y sabia amiga, trabajan sin disfrutar. Vale, es cierto que el parón obligado por culpa de un montón de descerebrados reventó la magia y (seguramente) muchas canciones se quedaron en el tintero. También es cierto que temas como “Broken Face”, “Monkey Gone to Heaven”, “Where Is My Mind?”, “Hey”, “Debaser” y “Gigantic” son sentencias inapelables que han creado jurisprudencia en el mundo del rock. Pero es hora de plantearse si ha llegado el momento del definitivo adiós. Las sonrisas forzadas y las birras sin alcohol hacen del mito Pixies un espectro no creíble.

DOMINIQUE A: Otra vez pisando fuerte. Otra vez dejando huella. Rock que muta en poesía, ruido transformado en humo. Detonación de sentimientos (“Pour la Peau”, “Retour au Quartier Lointain”, “Antonia”), ternura sibilina (“Rouvrir”, “Le Reléve”, “Le Commerce de L´Eau”) y júbilo relativo (“Dans un Camion”, “La Pleureuse”). Secundado por su guitarrista de siempre (Olivier Mellano) y por instrumentos de viento, amigos que rellenan la burbuja de confusión y melancolía. Invitándote a viajar junto a él por un camino vedado que lleva al norte, al finisterre, al lugar desde el que se divisa el inalcanzable horizonte; “L´Horizon” fue la muestra final de que este hombre toca y canta con el alma. La confirmación de su valentía y la desnudez integral de su talento, paranormal e infinito. Chapeau.

STROKES: Ya era hora de que aparecieran por el FIB y justificaran la fe ciega que el universo tiene en ellos. Universo entero optimizando metros cuadrados desordenadamente. Y en directo suenan harto potentes, con un Julian Casablancas militarizado en el atuendo y en las poses contra micro. Claro que, aunque intenten esconder las bagatelas de “First Impressions of Earth” entre joyas del calibre de “NY City Cops”, “Someday”, “Last Nite” o “Hard to Explain”, no cuela. Las canciones malas siguen siendo malas y las buenas siguen siendo buenas. A las cabriolas y canturreos de los fans me remito.

MANTA RAY: “Sois muy fieles” decía José Luis a los pocos que allí estábamos. Lo somos, claro que sí. Porque una banda como vosotros se merece reverencia y pérdida de sueño. Embajadores de un país que os ignora en otro que os acuna con los brazos de una madre (poned el nombre que queráis a ambos países). “Todo el mundo contra la pared” fue el comienzo del tropel de electricidad que fluye de las torres que habéis levantado con vuestras propias manos. Torres a las que nos encaramamos de un salto mientras sonaban “Qué niño soy”, “No tropieces”, “El despertar” o “Take a Look”. Y desde allí nos asomábamos al cenagal de nuestros dioses mentira, con la visión de privilegio de las alturas, coreando “no more brains elektronics” y riéndonos de la ignorancia de la gente. Hilos de metal y sangre sujetando nuestros pies: “Don´t Push Me”. Y al fin “O.F. King”, el catalizador, la chispa generadora de ese halo de luz que aún brilla en nuestro interior, en mis huesos, en mi cabeza. Ejército de almas que funcionan como máquinas. Orgullo nacional.

SÁBADO

THE ORGAN: Se nota bastante que estas chicas han bebido Joy Division y The Smiths desde la cuna. Sin embargo, y aunque nos priven los ochenta, hace falta algo más para terminar de cocinar el pastel. Por ejemplo, más sangre y energía, menos pose de apatía y tormento, y que la estupenda voz de Katie Sketch cobre el volumen y el protagonismo que merece. Salvando estos defectos, “Love, Love, Love” y “Brother” podrían llegar a ser las nuevas “Bigmouth Strikes Again” y “She´s Lost Control”, y no quedarse en simples melodías para pasar la tarde sin pena ni gloria.

CALLA: Empezaron recordando a los The Cure principiantes y terminaron emulando a los Mogwai más salvajes. Nada novedosos, pero efectivos en su papel de organizadores de circuítos turísticos por paisajes extremos y atmósferas remotas. “So Far, So What”, “It Dawned on Me” y “This Better Go As Planned” te llevan de paseo a donde les place. Y la guitarra (a todo gas) no tiene precio como hipnótico y relajante muscular. Pero lo más curioso es que el timbre afectado y trágico de Aurelio Valle sonaba idéntico al de José Luis García; quizá porque el espíritu de las torres de electricidad aún vagaba por las carpas un día después.

MORRISSEY: El viernes por la noche tuve un sueño: soñé que Mozz salía al Escenario Verde y se encontraba una explanada vacía y muerta, al tiempo que su super-ego se caía al suelo y las drogas de su organismo se evaporaban. Pero ay, ¿de qué vale ser romántico?. Asumiendo que hay causas imposibles y tragándome el orgullo revolucionario, allí estuve. Con reticencias pero cierto ánimo oculto de perdonar. Y aunque no se pueda decir que el de Manchester dio un mal concierto (se rodea de unos músicos espectaculares y su voz sigue siendo única), sí hay que decir que no supo escoger las canciones que hubieran terminado por rendirnos ante su supina arrogancia. Bueno, se acordó de los Smiths (cuatro perlas: “Panic”, “Girlfriend in a Coma”, “Still Ill” y “How Soon Is Now”) pero no fue suficiente. Porque se le olvidó lo más importante: sus grandes himnos. ¿Dónde están “Everyday Is Like Sunday”, “Alma Matters”, “Suedehead”?. Hacía falta mucho más que ponerse la bandera española de delantal para expiar los pecados. Que no somos tontos, tío. Pero claro, desde ese trono de semidiós la perspectiva es otra.

RUFUS WAINWRIGHT: En el día de su 33 cumpleaños (se llevó en el cuerpo “happy birthday”, velas y flores), el mesías gay por excelencia demostró que una voz como la suya sobra para triunfar. Si hubiera salido él solo, sin piano, sin guitarra, sin hermana, lo mismo habría dado (te lanzo una idea, Rufus: ¡una gira a capella!). Precioso. Ya desde el principio, “Grey Gardens” avisaba de emociones fuertes. Y éstas fueron crecieron como el bizcocho en el molde de la hermosura, alcanzando cotas míticas cuando Lucy Wainwright le acompañó en la gloriosa versión “Hallelullah” de Cohen. Pero hubo más instantes de belleza indescriptible: “California” (su mejor tema con la guitarra), “Cigarettes & Chocolate Milk” (felizmente coreada por un público a sus pies), “Gay Messiah” (apología obligatoria) o “Complainte de la Butte” (dedicada a la audiencia gala presente). Y el bis final con “Poses” fue el remate, la caricia de despedida, el beso de buenas noches de un pedazo de artista como la copa de un pino.

NADA SURF: Cuando no encuentras nada interesante en el cartel de una noche de sábado, Nada Surf son la alternativa aceptable. Aunque solo sea por potencia y bajista compatriota. Pero está claro que, cuanta más música escuchas, más pijotero se vuelve el dichoso oído, y canciones como las de “The Weight Is a Gift” saben a dieta baja en sal. Menos mal que el favorito “Popular” no se hizo esperar y sonó bien prontito. Pudimos canturrearla, recrearnos, recordar aquel video tan cutre con animadoras y desparramarnos después en la trajinada hierba del área de descanso pensando que son una buena banda de rock.

PONI HOAX: Y claro, deambular como alma en pena en busca de motivaciones tiene su premio: maravillosa casualidad, coincidencia mágica en el FIB Club. La contundente propuesta de los franceses (gabachos tenían que ser) succionó el aburrimiento de la noche y convirtió la indiferencia en gimnasia rítmica al amparo de los versos negros de un Laurent Bardainne empeñado en coger la posturita sobre micro y altavoz. Citan como influencias a Bowie, Sinatra, Sonic Youth, la Velvet y Chopin, pero en escena parecen más un compendio de Depeche Mode, Birthday Party y Einsturzende Neubauten. Canciones como “She Sells Anger”, “Budapest” y “She´s on the Radio” crean adicciones que ríete de la química. Qué gran descubrimiento. Qué auténtico sorpresón.

DOMINGO

HUMBERT HUMBERT: Aunque verlos a los dos solos en el escenario (sin más artillería que un micrófono y una guitarra) pueda oler a pantomima, Paco Alcázar y Miguel B. Núñez tienen toneladas de munición para convencer y divertir. Los espasmos y la personalísima voz de uno, y los rasgueos y contoneos del otro. Electro-punk subversivo y catatónico. Canciones fetén que entran por las venas y activan los circuítos del trance total. Cómo suenan en vivo “Can´t Tell the Difference”, “Strange Religion”, “Down-Off” o “Soul Weasel”. Y cómo pegan igualmente esas novedades que nos fueron regalando en pequeñas cucharadas. A menor pretensión, mayor efectividad. Unos fenómenos.

EDITORS: ¿Cómo saber si la banda que toca en un escenario es británica?. Pues poniendo en marcha el concentrómetro de guiris (lo bueno que tienen es que luego se piran y te dejan ver a artistas franceses, españoles o belgas a tus anchas). Total, que el Fiberfib.com abarrotado para recibir a una de las sensaciones de la temporada. Con el rollo Joy Division asumido en exceso, los de Birmingham hicieron fluir toda su potencia de vatios (y su mala leche, ¡qué cabreo porque no sonaban las guitarras!) con las rotundas “All Sparks”, “Bullets, “Blood” o “Munich”. Pero prescindieron de su faceta brumosa olvidándose de la genial “Camera” y elevando las revoluciones de unas “You Are Fading” y “Open Your Arms” que perdieron lo suyo. Lo que pudo ser tremendo exitazo se quedó en éxito a secas.

YANN TIERSEN: A los músicos como él habría que incluirlos en los libros y hacerles homenajes como a Mozart. Si alguien aún no se ha enterado de que el francés (dejémos ya de colgarle el sambenito Amelie) también es un rockero es que no vió este concierto o no ha leído sobre él. Pura electricidad. Esta vez solo se trajo las guitarras y el violín (y el toy piano, aunque lo usó bien poco), y decidió que le apetecía hacer ruido. Bendito ruido. Ruido críptico, solemne, místico. Ruido con las guitarras (“Les Bras de Mer”, “A Secret Place”, “La Terrasse”, “Kala”, “La Boulange”). Ruido con ese violín (¿o viola?) que es una prolongación más de su cuerpo desgarbado y enjuto (“Sur le Fil” y “La Crisé”, respiraciones en un puño). Incluso en la más pausada, “Monochrome”, se oía un ruido de no sé dónde (¿su corazón latiendo veleidoso o el mío latiendo de gusto?). Por no hablar de las montañas de ruido sobre ruido que construyen sus brillantes compañeros con las cuerdas, los bombos y las ondas Martenot. La versión ruidosa (toma, claro) de “La Valse d´Amelie” y el mano a mano con Marc Sens en “Macros Boules” certificaron su bautizo de gloria y la ovación más sentida, sincera y rotunda de todo el FIB. Maravilloso.

MADNESS: Mis fuentes me confirman que todo empezó con “One Step Beyond” (no llegamos a tiempo, estábamos loando al de antes). Qué mejor manera de resurgir. Dudas fuera, todo en su punto. Smash y Suggs, look de ligones playeros, comandando un combo orquestal que se mueve entre Bob Marley & the Wailers y el show de la cabra (qué guiño más fino a Manolo Escobar). Un carnaval, surrealista pero elegante, que fue creciendo más y más conforme iban sucediéndose todas las que nos suenan (“Shut Up”, “Grey Day”, “House of Fun”) y las que más nos molan (“Our House”, “It Must Be Love”). La niña de Smash cerró el espectáculo haciendo sus pinitos bailongos al ritmo de “Night Boat to Cairo”. Y al final comprendimos que todo lo que habíamos visto sobre ellos en la tele era verdad. Locos de atar.

DEPECHE MODE: Miedo antes del concierto. Miedo a que las tremendas canciones que me han acompañado desde la infancia se perdieran en un agujero de folclore baratero. Pero no. Quizá es que no tuve la visibilidad debida. Mejor. Porque así pude volver a saborear los clásicos entre sombras: “A Question of Time”, “Walking in My Shoes”, “Stripped”, “In Your Room”, “I Feel You”, “World in my Eyes”, “Behind the Wheel”… Como una rueda que empezó girando despacio y cogió velocidad poco a poco. Y cuando llegaron las ansiadas “Personal Jesus” y “Enjoy the Silence” ya íbamos a toda pastilla por las autopistas del cielo. Todo apasionante, todo en su justa medida. Sin abusar de atrezzos faraónicos ni fuegos artificiales. Los exabruptos de Gahan y las gélidas baladas de Gore medidos con cuentagotas. Especial pero simple. Simple pero espectacular. En el adiós tocaron la que faltaba para completar el círculo histórico: “Never Let Me Down” se convirtió en una ola de brazos al aire, comunión de sentimientos, chorreo de felicidad. Y ese saludo final, los cinco abrazados a pie de escenario, mostrando su gratitud (fingida o sincera, no importa) fue un detalle de humildad y señorío que los deja en un pedestal. Reconciliación absoluta. Retorno a la fe.

PLACEBO: Un concierto de pros y contras. Los pros: han alcanzado el estátus de banda total. Ya son cinco, supuran profesionalidad, tocan como virtuosos y Molko ha ganado peso, ciencia y credibilidad. Los contras: básicamente, el repertorio. “Meds” no es tan bueno como para empezar con seis o siete. “Black Eyed” (la mejor de la noche) en medio de todas ellas no tiene ningún sentido. Y cuando todos esperábamos que hicieran un excitante quiebro hacia “Bruise Pristine”, “Nancy Boy”, “Pure Morning” o “Taste in Men”, se les ocurre irse por los cerros de sosadas como “Every You, Every Me”, “Special Needs”, “The Bitter End” o “Special K”. Eso por no mentar el destrozo de “36 Degrees”, reventándola (y “amariconándola”, según algunos) de lamentable cursilería. Tampoco satisface que acaben con una versión de Kate Bush que solo controlan unos pocos. Total, que al final el momento más disfrutable resultó, vaya por dios, un tema de “Meds”: “One of a Kind”. Lo dicho, pros y contras.

DEUS: Renuncio definitivamente a la d minúscula. DEUS en mayúsculas de oro. La banda belga más bizarra de todos los tiempos ha resucitado al son de cánticos celestiales y trompetas. Y vaya tres fichajes se ha sacado de la manga Tom Barman: Pawlowski, Gevaert y Misseghers hacen que el ente funcione como un reloj suizo (sin olvidarnos del perenne violinista-teclista-percusionista-equilibrista Janzoons, prodigio de coordinación). El comienzo con el intro macabro de “Theme from Turnpike” presagiaba mucha leña ardiendo, y así fue. Como pirómanos desalmados quemaron el bosque entero a base de electricidad animal y rítmicas perversas. Clavaron lo clásico: el fraseo diabólico en la mentada “Turnpike”, el subidón final de “Instant Street”, el triple salto mortal rock-funky-disco de “Fell Off the Floor, Man”, los latigazos de violín psicótico de “Suds & Soda” y la magia de “Little Arithmetics”. Sacaron petróleo de las nuevas: “Sun Ra”, “What We Talk About”, “Nothing Really Ends” (ay Tom, cómo te gusta, hay que tocarla como sea, eh?), “If You Don´t Get What You Want” y “Bad Timing”. Justo lo que queríamos. Y el brutal extra al grito colectivo “thank you for the roses, for the roses” fue la guinda perfecta para finiquitar cuatro días de música non-stop. Grandiosos. Y es que claro, llamándose DIOS...

LA IMAGEN DEL FIB: Mathias Melzeu recorriendo estilo libre la piscina olímpica del Fiberfib.com



Crónica especialmente dedicada a Carmen de España, Mª Carmen y Emiliano: por vuestra compañía, risas y padecimientos conjuntos y el mogollón de ideas que me disteis. (Y también a JR: espero que el año que viene no te lo tenga que contar).


www.fiberfib.com


18 julio 2006

AGENDA

NOS VAMOS A BENICASIM.

Al fin llegó. Duodécima (doceava, que dirían algunos) edición del FIB, precedida por histórico sold out. ¿Quién dijo miedo?. Mañana empieza una nueva osadía veraniega de sufrimientos varios y conciertos muchos. Y entre tanto nombre y horario fatídico, ya empieza a coger forma lo que se dice un planning intencional. Sí, lo más comentado es la flojera del cartel del Fibstart del jueves, pero ¡ojo!, Teitur tienen canciones de una belleza arrasadora, y Tom Verlaine (ex -Television) y Howe Gelb (ex –Giant Sand) vienen con dos discos magistrales bajo el brazo. Ni falta hace decir que el desparrame con Scissors Sisters está asegurado.

El viernes empiezan los cálculos infinitesimales y comeduras de tarro para lograr ver a Echo & the Bunnymen, Dominique A y The Strokes. Difícil, claro. Pero puestos a hacer descartes, siempre y en todo caso se salva el francés. Otras cosas fijas para esta jornada son The Walkmen, Colder y Pixies. Y me voy a dar el excéntrico lujazo de asistir a dos conciertos nacionales en un día (récord!): 12Twelve (recién descubiertos de modo tardío) y Manta Ray (sí o sí). La incorporación de última hora a esta nebulosa de sensaciones viene también de la France, y se llama Dionysos.

Sábado complicado. Quiero perderme a Morrissey, hacerle el vacío, pagarle románticamente con la misma moneda, pero la alternativa es tan poco satisfactoria… Me temo que habrá que verlo. Eso sí, sin prisas, sin agobios, asistiendo al último acorde del concierto de Calla y parando en alguna caseta para repostar. Pero la tarde empieza mucho antes, con Matt Elliott y The Organ. Y después, la rueda del azar. ¿Lou Barlow?. ¿Mojave 3?. ¿Nada Surf?. El único inamovible es Rufus. Y el resto, lo que pida el cuerpo.

Y para el domingo no hay dudas, todo planificado al milímetro: Humbert Humbert, Editors, Yann Tiersen, Madness, Depeche Mode, Placebo, dEUS y The Rakes. Un auténtico festín que podría condimentarse con un poquito de Art Brut y una sobredosis de electrónica para cerrar otra epopeya fiberiana.

Allí estaremos a partir de mañana. Y todo lo contaremos con veracidad, pero con absoluta y total subjetividad. Faltaría más..

25 junio 2006

REPORTAJES



MATTHEW STREET: EL SIMBOLO DE UNA CIUDAD.

Fab Four Culture.

Hace unas semanas tuve la ocasión de darme un paseo por el corazón de Liverpool. Ciudad extraña, anquilosada, oscuramente estática y curiosamente desierta. Jamás la imaginé así. Pero entre sus muros de hormigón, sus zanjas y sus lugares malolientes, se puede respirar un cierto aire a historia, a diversión. Todo empieza en Matthew Street, la calle por excelencia. Un callejón bohemio, estrecho y recóndito convertido en símbolo de una ciudad. Un centro de negocios para avispados y de regocijo para melómanos. La entrada al callejón da la bienvenida al “birthplace of The Beatles” con total cordialidad. Y cientos de farolillos se encienden cada noche para convertir el espacio en una fiesta de recuerdos y homenajes, tratando de que el mito nunca se apague.


Sin duda, Matthew Street y alrededores es lugar de confluencia de la juventud liverpooliana. Agradables tabernas (como The Grapes, espacio muy frecuentado por Lennon y compañía, según versiones) y sofisticados pubs (algunos con aspecto de clausura, como The Tube) carecen del ambiente de los jueves nocturnos que conocemos, pero siempre hay alguien tomándose una pinta o tarareando una canción. Y atravesando la calle, finalmente te encuentras en el enclave deseado. Un icono mod en forma de estatua (que no se parece a ninguno de los cuatro Beatles) flanquea la entrada a The Cavern Pub, el garito que creemos estar buscando. Pero un curioso señor que ha detectado nuestro acento mediterráneo decide practicar su español con nosotros, y amabilísimamente nos explica que el sitio que hay que visitar está en otra parte, justo en la esquina de enfrente: The Cavern Club, con sus letras de neón y su imponente agenda de conciertos programados para las noches sucesivas en la puerta. El hombre nos cuenta que allí fue donde empezó todo, que hay que bajar unas escaleras pronunciadas hasta llegar al corazón de la beatlemanía, que muchos grupos de la zona hacen sus pinitos sobre sus míticas tablas, y que pedir una consumición en el bar nos costará bastante caro si osamos hacerlo. Pero lo que no nos cuenta es que The Cavern Club no es más que una réplica (bastante exacta y algo más salubre) del inmundo antro en el que cuatro muchachos con flequillo empezaban a hacer ruido a finales de los cincuenta. Dicen que en la reconstrucción se emplearon más de 10.000 ladrillos de la estructura original, pero saber estas cosas tampoco consuela mucho. Sin embargo, dejemos volar la imaginación…
Y decidimos entrar. Aunque en la puerta se anuncian las tarifas de cada sesión de conciertos, allí nadie nos cobra entrada. Bajamos las escaleras claustrofóbicas hasta el final, y ya estamos dentro, frente al escenario (a la copia) tantas veces visto en documentos, videos y postales. Un reducidísimo chuchitril de arcos y bóvedas lleno de mesas en las que se intercambian risas, cervezas y pasión por la música. En escena, unos rockeros incipientes cerrando su actuación con una versión de “Don´t Let Me Down” muy apropiada (y seguro que absolutamente premeditada). Hay que sacar una instantánea para inmortalizar el momento. Y enseguida un guiri de una mesa vecina se levanta como un resorte y se nos ofrece como fotógrafo, alentado por el alcohol, la música y las ganas de hacer amigos.

Pero la caverna no acaba ahí. A la derecha, más allá de la barra del bar y del rincón de la memorabilia, junto a la cabina de teléfono roja, hay otra puerta minúscula con una indicación: “Room 2”. De repente la puerta se abre, y de dentro mana ruido de guitarras punk. Hay otro espacio, y otro concierto. Pero el fornido tío que custodia la sala tiene el símbolo de la libra grabado a fuego en el bíceps; así que decidimos no explorar más, disfrutar de lo que tenemos a mano y bebernos algo.

Y tiene su gracia llegar hasta el corazón del Reino Unido y los subsuelos de Liverpool para luego pedirte media pinta de San Miguel. Pero así es la vida. Con todos los respetos, vivan las rubias (nota: a fin de cuentas no fue tan caro, solo una libra y algunos peniques).

A la mañana siguiente regresamos a Matthew Street, para descubrirla a la luz del día y respirar por última vez sus aires celebérrimos. Una buena ocasión de plantarse frente a la fachada de The Cavern Pub (junto al amigo mod) y descubrir todos los nombres inmortalizados en sus ladrillos. Nombres que están porque sí: The Who, Jimi Hendrix, The Stooges, The Animals, Wilson Picket, The Jam. Otros nombres patrióticos más recientes: Embrace, Travis. Y otros que nos resulta muy curioso leer: Family, Manta Ray. Y en el corazón de este emocionante santuario del rock, los nombres de los cuatro (Paul, Ringo, John y George), incluso del quinto y el sexto (Stu y Pete).

Matthew Street: la cuna de los fab four. Y el rincón más interesante de una ciudad que parece languidecer. Algunos dirían que prefieren Anfield Road; pero yo me quedo con este viaje apasionante por la historia. Sí, a lo mejor no es más que una parafernalia de marketing agudo, una estrategia de explotación de minas agotadas o un parche contra la falta de imaginación. Pero ojalá todas las ciudades del mundo construyeran su propio museo dedicado al rock and roll. Muchos nos haríamos turistas de profesión.



20 junio 2006

RETROSPECTIVAS

BECK. Odelay.

Aniversario de un disco que cambió las perspectivas.

Vaya, parece que fue ayer cuando escuchábamos “Devil´s Haircut” en el bar de Juan… Y parece que fue anoche cuando me acerqué a su cabina y le pregunté: “Oye Juan, ¿de quién es esta canción?”. “¡De Beck!”. Y al día siguiente me dediqué a recorrer todas las tiendas de discos de la ciudad y no paré hasta comprar “Odelay” (96). Una de las mejores adquisiciones de todos los tiempos.

Este año se cumple una década de su publicación, y es justo dedicarle una nueva escucha y un nuevo análisis. Porque desde la experiencia puramente personal, “Odelay” supuso un toque de atención y un cambio de perspectiva total sobre la música. Sus canciones nos enseñaron en su día que no todo era pop, que había muchos otros universos por explorar. Y la mente comenzó a abrirse, a tomar gusto por otras cosas, quizá más puras, quizá más clásicas, el folk de Bob Dylan, las fábricas de Detroit, el Blue Note… Caminos hasta entonces inexcrutados.

Después de diez años y de sus mil vueltas en el reproductor, “Odelay” sigue sorprendiendo, revelando un nuevo detalle, sonido o efecto en cada canción. Y es que solo una mente privilegiada y caótica como la del “güero” de California podía parir algo semejante, mezclando en una coctelera gigante pasado, presente y ¿por qué no?, futuro. Y ¿cómo es posible que la intersección de estilos tan aparentemente inconexos dé como resultado algo tan fresco y delirante?. Pues posiblemente porque no es matemática ni forzada, sino simplemente sensorial.

Resulta divertido escuchar cada corte y jugar a adivinar lo que lleva dentro. “Devil´s Haircut”, “The New Pollution”, “Novacane” y “Diskobox”, construídas a base de golpes de rock, progresiones jazz, ritmos funkys. “Sissyneck”, pongamos los mismos ingredientes, sustituyendo el rock por un suave toque folky. “Hotwax”, dinamita de country y hip hop. “Derelict”, arrebato de ritmos tribales, música satánica y humo de sitar. “Where It´s At”, joyita jazzy con homenaje a los gurús del scratch. “High 5 (Rock the Catskills)”, paranoia que conecta la bossa-nova con Public Enemy. “Readymade”, provemos qué tal le sienta al folk una pizca de electrónica, kraut y noise. Incluso las canciones aparentemente más sencillas (“Lord Only Knows”, “Jack-Ass”, “Ramshackle” y la punky “Minus”) tienen varias capas como las cebollas. Un condumio nutritivo y sin desperdicio.

Y quizá buena parte del colorismo y ligereza del disco bien se deba al uso reiterado de los samples (loados por algunos, criticados por otros). Referencias como “Out of Sight” de James Brown (en “Devil´s Haircut"), “It´s All Over Now, Baby Blue” de Dylan (en “Jack-Ass”), “Needle to the Groove” de Mantronix (en “Where It´s At”) o “Desafinado” de los Bossa Nova All Stars (en “Readymade”). Verdad impepinable: el que utiliza la música de otros es porque conoce la música de otros.

Odelay” bautizó a Beck Hansen como un iluminado. Y aunque a día de hoy aún no haya conseguido algo de un nivel similar, hay dos cosas que lo redimen. La primera: que este disco es muy difícilmente superable. La segunda: que no ha cambiado, sigue dándole al coco y haciendo lo que le dá la gana. Es lo que tiene haber vivido en todas partes y haber tenido amigos de todas clases. Feliz aniversario para el disco. Feliz perseverancia para el “loser”.


www.beck.com

12 junio 2006

CONCIERTOS

PRIMAVERA SOUND 2006

El año de los pequeños grandes nombres.

De nuevo en todo el centro de la diana. Y esta vez sin alardeos nominales y sin dardos mediáticos. El Primavera Sound vuelve a triunfar, asumiendo unos riesgos que se aplauden y se agradecen. Esto sí que es alternativo. La oferta artística, se entiende. Porque los precios no lo han sido para nada. Aunque después de vivir tres intensos días en el limbo, ignorando por completo las tristes noticias sobre la folclórica en cuestión, ¿quién se acuerda de los capitales invertidos?. La música es la salvación. Y la salvación tiene un precio.

Lo malo es que todo festival conlleva renunciar a cosas, por la coincidencia, el cansancio o la logística. Y en este caso, esas cosas se llaman The Appleseed Cast, Animal Collective, Lambchop, Jens Lekman o Isobel Campbell. Claro que el regocijo de lo vivido borra por completo el lamento por lo imposible. Y lo vivido fue tanto y tan variopinto como lo que sigue.

JUEVES

SOUTHERN ARTS SOCIETY: Está bastante bien empezar un festival con un concierto como éste, sofisticado y tranquilo, para ir entrando en ambiente con un balanceo suavecito. Andy Jarman puso la nota justa de glamour en un marco de normalidades absolutas, y en castellano aceptable fue presentado “St. Petersburg”, “Throw the Window”, “That Time Is Gone”, “100 Tongues” (la voz femenina la destrozó), “Turbulent Heart” (pues sí, la interpreta igual de bien que Glenn Johnson) y “Midday Sun”. Canciones sin vuelta de tuerca, agradables y sanas, capaces incluso de animar a los férreos y madrugadores seguidores de Motörhead.

THE DRONES: La música de los australianos es como un camino lleno de piedras: incómoda, sinuosa, dura de atravesar, y… ¿lleva a alguna parte?. Posiblemente sí, a algún destino tan soberbio como difícil de alcanzar. En el momento que sonaba “Shark Fin Blues” veía claro que llegaría a él. Hacia los acordes intermedios de “Sitting on the Edge of the Bed Crying” sudaba y arrastraba la lengua, pero mi obsesión seguía intacta. Y en “Locust” empecé a ser consciente de la debilidad y la impotencia, y decidí aparcar los retos imposibles para simplemente admirar a Gareth y su heroica y cruda forma de romper riscos con la garganta. Salvaje.

THE NO NECK BLUES BAND: A cualquier cosa se le llama música. Si ser moderno y entendido significa reconocer que encuentras interesantes propuestas como ésta, lo siento, pero soy carca e ignorante. Como divertimento para poner en práctica con amigos en la cocina de tu casa no está mal, pero llamarlo concierto es demasiado. Performance en todo caso. Se puede experimentar con el “chin” que hace un platillo al estrellarse en el suelo, o el “ras” de las bolsas de basura industriales al separarse del rollo. Pero si esos sonidos no encajan en una sucesión de armonías (académica definición de música) o no provocan ni una mera reacción química en el organismo (dígase seguir el ritmo con el pie o dar palmas), se reducen únicamente a la categoría de ruido fofo. La mayoría del público entendió así todo lo que estoy diciendo, porque abandonaba el Danzka CD Drome en estampida. La curiosidad tiene un límite.

BABYSHAMBLES: Está claro que ser un nota vende, porque Pete Doherty ha conseguido que se hable de él más que de todos los otros artistas del festival juntos. La noticia del concierto, en efecto, es el pedal del treinta y cuatro del susodicho, capaz por sí solo de destrozar un puñado de canciones que en manos de profesionales serían excelentes (especialmente “Pipedown” y “La Belle et la Bête”). Pero a éste no le importa quedar en entredicho, porque sabe de sobra que todos están pendientes de sus eses y traspiés, y que hacer volar botes de cerveza se le dá mucho mejor que cantar. Así que cada cual explota su punto fuerte. Triste, pero real.

YO LA TENGO: La leyenda del antihéroe de Hoboken vuelve. Y otra gloriosa página queda escrita en el libro de las austeridades del rock. Ya no necesitan justificación para improvisar a su antojo; reconocidos y aceptados tal y como son, pueden permitirse el lujo de dar cualquier clase de concierto. Y esta vez decidieron hacernos un regalo, en forma de nuevas canciones que verán la luz en septiembre, y que siguen manteniendo el nivel del que rara vez descienden: sobresaliente. Junto a esas nuevas perlas de calma mística y distorsión, éxitos que nunca fallan, como “Little Eyes”, “Stockholm Syndrome”, “Tom Courtenay” y una extendida y aclamada “I Heard You Looking”. Ayer y hoy, mañana y siempre. Únicos en el universo. 100 % auténticos.

VIERNES

YEAH YEAH YEAHS: Hay bandas que ganan puntos en directo, y es su caso. El magnetismo de Karen-O (mitad diva, mitad pantera) sobre el escenario se lleva a la gente de calle, y bastaron “Fancy” y “Black Tongue” para certificarlo. Un sonido contundente, y un chorro de voz que emana fuego. Buenos.

MICK HARVEY: No hay nada peor que lidiar un concierto que empieza a tempranas horas de la tarde con un sonido horroroso. Es como si te dieran una buena bofetada y amenazaran con amargarte el día. Pero la fe mueve montañas, y los grandes de la música merecen paciencia y pleitesía. Así que, aunque en “Hank Williams Said It Best” y “Come into my Sleep” no se escuchara ni la voz, ni el teclado de James Johnston ni la batería, mereció la pena esperar un poco para poder disfrutar más tarde de la elegancia y emotividad de peritas en dulce como “The River”, “Man Without a Home”, “Come on Spring” o “First St. Blues”. Un repertorio centrado en “One Man´s Treasure”, coronado con homenaje a Serge Gainsbourg. Bonito viaje por las carreteras del blues y el folk de la mano de un simpático tipo que dejó de ser mala semilla por un día.

DRIVE- BY TRUCKERS: Criados en las tierras secas de Alabama (buena propaganda hicieron de su patria chica), no se les puede negar que son correctos y muy buenos en su estilo. Rock and roll de raíces al más puro estilo Neil Young. Lo mejor, el trío de guitarras (Hood, Isbell y Cooley), dándose el relevo de canción en canción. Disfrutables.

KILLING JOKE: En el año de la bestia, Killing Joke resurgen de los miasmas del infierno. La brutalidad de “Hosannas from the Basements of Hell” hacía prever un directo terrorífico. Y así fue, o al menos así empezó, con una irrupción a escena de las que hacen época. Muchos kilowatios, y un Jaz Coleman (¿engendro mutante o clown?) con su alarido gutural intacto. Un festín para goticorros.

RICHARD HAWLEY: Deberían proliferar más los conciertos de esta guisa en los festivales. Tanta elegancia, tanta cordialidad, la cercanía de canciones que teletransportan a los años 50, a los duelos sublimes de punta y tacón de Ginger y Fred. Tan Costello en su aspecto, tan Sinatra en su voz. El Harry Potter de las melodías. No llegamos hasta el final (por culpa de otra voz que nos esperaba), pero “Cole´s Corner” y “The Ocean” nos obsequiaron con dos de los paréntesis más emotivos, dulces y reconfortantes de todito el fin de semana. Para morirse del más puro gusto.

STUART A. STAPLES: Sueño cumplido. La que voz que no falla, que mata. Profunda, tremebunda, expandiéndose entre los muros de terciopelo, golpeando el corazón. “Can you hear your heart beating?”. Pues claro. Stuart A. (de Ashton) Staples junto a los casi-Tindersticks (Dave Boulter y Neil Fraser lo secundan en su aventura solitaria). Merece la pena sufrir todo el día (¿entraré al Auditori o no entraré?) para finalmente descubir lo que esconde “Leaving Songs”: exquisitas “Old Friends”, “Witch Way the Wind” y “Already Gone”. Pero me sigo quedando con “People Fall Down”, “She Don´t Have to Be Good to Me” y “Say Something Now”. Y por encima de todo, me quedo para siempre con “Marseille´s Sunshine”. El diapasón y la penumbra la convirtieron en el momento litúrgico de la noche. Escalofríos. Muchos escalofríos. Merece la pena un viaje tan largo para sentirlos. Merece la pena abandonarlo todo para que este hombre tímido y discreto te cuente esas cosas frente a frente. Aunque apenas hable, aunque apenas mire. Debe ser verdad lo de que, después de tantas batallas, le sigue dando vergüenza enfrentarse a los que lo admiran.

SLEATER- KINNEY: Después del protagonismo y los elogios cosechados en los últimos tiempos había casi una obligación moral de verlas. Pero el acogimiento inicial se fue tornando en sopor, y hasta en irritación supina conforme iba avanzando su amalgama deforme de guitarrazos y berridos. Sólo “Jumpers” merece una mención generosa por ser la única digerible, comedida y con algún sentido. Sí, las mujeres rockeras al poder. Pero yo a éstas no las entiendo.

THE FLAMING LIPS: Pistolas de serpentinas, cañones de humo y confetti, enormes manos de gomaespuma, marioneta-monja cantarina, globos gigantes, alienígenas, Superman, Capitán América, Santa Clauses, el esqueleto humano, la guitarra de doble mástil, el megáfono cósmico, la antorcha giratoria…. ¿Y qué más?. Ah, sí, canciones, canciones tan risueñas y divertidas como “Race for the Prize”, “Free Radicals”, “Yoshimi Battles the Pink Robots” (las dos partes, 1 y 2), “Vein of Stars”, “The Yeah Yeah Yeah Song”, “The W.A.N.D.” o “Do You Realize?”. Un Wayne Coyne en exceso locuaz (y enamorado de Barcelona, por cierto) pero tiernamente entrañable, que disfruta como un niño con sus juguetes de Reyes, contagiando su entusiasmo y recordándonos la época en que éramos inocentes fans de Barrio Sésamo sin preocupaciones ni maldad. Un bis reivindicativo con guiño a Black Sabbath y la cosa termina con sonrisas que durarán toda la noche, algunos días, y ojalá que toda la vida. Mágicos.

THE ROBOCOP KRAUS: Estaba crudo mantener el tono después del desparrame de felicidad de los Flaming, pero los espídicos alemanes consiguieron que la fiesta y el ánimo no decayeran, erigiéndose en grata sorpresa. Y es que Thomas Lang no tardó ni dos canciones en arrojarse a los brazos de un público efervescente. A ver quién es el guapo que se resiste a “After Laughter Come Tears”, “Small Houses Odd Cars”, “You Don´t Have to Shout”, “In Fact You´re Just Fiction” y “A Man´s Not a Bird”, temas que refunden el dance y el post-punk ochentero con garbo. Nada innovadores, pero puñeteramente contagiosos. La tremenda “All the Good Men” cerró el show dejándonos huérfanos de marcha en el momento más calentito de la velada. Pero qué bien se duerme después de algo así.

SÁBADO

THE DEADLY SNAKES: Mantuvieron a una gran masa atada y bien atada a las curvas del CD Drome, gracias a sus explosivas mezclas blues-jazz-rock y a un repertorio sin concesiones a la siesta. “Gore Veil” se reveló como el himno indie de la tarde. Y aunque la cosa se ponía algo pastosa en ciertos momentos, el frenético desenlace con “The Banquet” vale por todo el concierto, con las panderetas y los voluntarios multiplicándose sobre el escenario como panes y peces. Antológico.

DEERHOOF: Otros que triunfaron. Ahora como trío, los de San Francisco demostraron que emular a Sonic Youth y a Pizzicato Five al tiempo es tan simple como freir un huevo. Perfecta sincronización eléctrica en un show que comenzó con grandes temas como “Wrong Time Capsule” y “Twin Killers”, y derivó hacia rollos más experimentales. Glorioso el momento en que “Spirit Ditties of No Tone” sucedía a “Spy on You”. Las coreografías y la voz (un poco débil en vivo, eso sí) de Satomi despiertan simpatías. Y es que uno se llega a preguntar qué pinta esta pequeñísima y singular japonesita junto a dos rubiazos estilo nórdico que le sacan tres cabezas. El caso es que la estampa, aunque inusual, funciona. Y su música también. Bingo.

THE BRIAN JONESTOWN MASSACRE: Algunos habíamos apostado por que éste sería un gran concierto, y no nos equivocamos. Amantes de los desarrollos largos en directo, consiguieron convertir canciones como “Vacuum Boots” y “Servo” en viajes excitantes al ritmo de guitarras hipnóticas y luces alucinógenas. Pseudopsicodelia. Eso sí, se lo tomaron con tranquilidad, porque aparte de salir cuarto de hora tarde, tampoco escatimaron a la hora de ensalzar el botellón en cada pausa. Y ese extraño frontman con pandereta que se han buscado pinta poco o nada, pero hay que ver lo que te ries.

VIOLENT FEMMES: Yo que pensaba que ya no iba a verlos nunca, y sí, los he visto. Y me he canturreado todos sus grandes hits con orgullo. Y como yo, cientos de personas que éramos mocosos cuando Gano, Richie y DeLorenzo empezaban a hacer ruido en el mundo underground. Vaya setlist, señores. Empezaron revolviendo en su álbum mítico (sí, el de la niña en la ventana), del que sacaron “Prove my Love”, “Promise”, “Blister in the Sun”, “Kiss Off” y “Add It Up”. Después desempolvaron sus galas tex-mex (“Country Death Song” y “Jesus Walking in the Water”). Y finalmente decidieron reclutar amigos (Ken Stringfellow de The Posies y Big Star, entre ellos) para marcarse temazos como “Black Girls” y “American Music”. Y todo en un climax de felicidad insuperable, porque ellos son la prueba de que el buen rollo y la energía no tiene arrugas, canas ni edad. Toreros.

STEREOLAB: Son como la caja roja de Nestlé: abres y todo tiene una pinta tan sabrosa que no sabes qué coger. Esas canciones son perfectas, pero es que puestas en directo suenan bárbaras. Potente sorpresa. Costó un pelín entrar, por culpa de esas puñeteras luces violáceo turbio que no dejan ver lo que está pasando en el escenario Rock de Lux a menudo (sucedió lo mismo con Richard Hawley). Pero al final de “Eye of the Volcano” ya estábamos casi dentro, y cuando empezaba “Interlock” ya no había marcha atrás. De cabeza por el terraplén de doña Laetitia, elegantísima e imponente, dando caña al trombón de varas y cantando como solo ella sabe y puede. “Excursions into Oh, A-Oh” reventó el globo de cientos de cabezas y manos en la más loca apoteósis. Y ¿qué decir del fin de fiesta de la mano de “Miss Modular” y “Cibeles´Reverie”?. Pues que fue como montarse en la jodida máquina del tiempo, volar entre buenísmos recuerdos y regresar al presente exhausto, con fiebre, pero feliz de la leche. Qué subidón.

MOGWAI: Presentación patriótico-deportiva: eco de Champions, bandera escocesa, equipación del Celtic. Detalles innecesariamente populistas si no fuera porque su música al final no admite frivolidades ni gilipolleces. Es seria. Son serios. Sentir que el ruido te rompe el hígado y los tímpanos al mismo tiempo que los pelos se te ponen como escarpias es una cosa muy seria. “Friend of the Night”, “Travel is Dangerous”, “Ratts of the Capital”, “Hunted by a Freak” y “Helicon 1” volatilizaron el ambiente hasta reducirlo a humo. Porque esta clase de ruido está controlado, estudiado, y acaba convirtiéndose en una letanía que te atrapa y te saca toda la rabia y la poesía que llevas dentro. Que toquen todas tus canciones favoritas influye claramente en el sentido de una crónica; seamos más parciales que nunca, pues: de lo mejorcito del festival.

THE ROGERS SISTERS: Supieron a poco, pero más por lo alto que había dejado el listón la noche que por su propia culpa. Empezaron fuertes con “Sooner or Later” (tan fuertes que Miyuki se accidentó, obligándose a tocar el bajo a pulso durante diez minutos), pero se perdieron en una irregularidad solo remediada por el gancho de algunos temas (“Money Matters”, “Why Won´t You” o la postrera “Your Littlest World”). Y aunque Jennifer se empeñaba una y otra vez en retransmitir las jugadas, ¿se habrá enterado de que apenas se le escuchó en todo el concierto?. Pobrecilla.
Crónica dedicada a Llanos, compañera de fatigas barcelonesas. ¡Bienvenida al mundo alternativo!.

09 mayo 2006

DISCOS

THE FLAMING LIPS. At War With the Mystics.

Rock and roll en el país de las maravillas.

Confetti, globos, palomas de la paz, marionetas, humo fluorescente… El mundo de The Flaming Lips está lleno de imágenes. A veces son reales, las que crean en sus teatrales representaciones. Y otras veces son solo imágenes que surgen de manera gratuíta e irremediable cuando uno navega por los océanos de excentricidad de su música. Y como de costumbre, en “At War With the Mystics” (2006) lo excéntrico puede llegar a ser sencillo y maravilloso. Únicamente hay que dejarse llevar por la corriente de las melodías, la psicodelia y los colores de canciones tan bellas como “The Sound of Failure”, “My Cosmic Autumn Rebellion”, “Vein of Stars”, “Mr. Ambulance Driver” o “Pompeii Am Göterdämmerung”. Solo hay que acercar el oído, y las múltiples piezas que componen “It Overtakes Me” y “The Yeah Yeah Yeah Song” se encajan solas, como Capillas Sixtinas imposibles de abarcar al completo con los ojos pero sí de imaginar como un total. Así es este disco, una obra llena de pequeños matices pensados y repensados. Un libro preñado de palabras que se convierten en sonidos, y de sonidos que se convierten en visiones de mundos infantiles y ridículos en los que, no obstante, es factible encontrar vibraciones de auténtica felicidad. Enhorabuena y gracias, Mr. Coyne.

www.flaminglips.com


RETROSPECTIVAS

THE MODERN LOVERS. The Modern Lovers.

La sombra reluciente de la Velvet.

Duraron poco juntos, pero valió por uno de los álbumes de la historia. “The Modern Lovers” (76): fetiche de eruditos musicales, espejo de nostálgicos y apasionados, puerta trasera del universo Warhol. Empiezas a escucharlo, y en el revoltoso subconsciente aparece una pancarta con letras enormes que reza: The Velvet Underground. El efecto es inmediato en canciones como “Roadrunner”, “Old World”, “Pablo Picasso”, “Modern World” o “Someone I Care About”. Aunque hay una singular diferencia de principios, evidente al poner frente a frente “I´m Straight” y el “Heroine” de Reed y Cale. Pero el disco se expande hacia muchos otros símbolos de referencia. Hacia Dylan, por la despistada forma de cantar de Jonathan Richman. Hacia Dire Straits por la madurez de algunas melodías, como “Dignified and Old”. Hacia las locas velocidades del punk, especialmente en la estupenda “She Cracked” y sus frenéticas guitarras. Incluso “Government Center” cierra la obra con una sutil alusión a pioneros como Chuck Berry o Little Richard.

Se evaporaron antes de recoger el fruto cosechado con este disco, pero algunos siguieron sembrando en las fértiles haciendas de terratenientes como Rick Ocasek o David Byrne. Y Richman siguió y sigue moviéndose entre recuerdos, historietas y amigos, proclamando el orgullo y la grandeza de ser de Massachusetts.

AGENDA

NOTICIAS GRATAS, NOMBRES PROPIOS Y EVENTOS A LA VUELTA DE LA ESQUINA.

Aire libre. En estas fechas en las que el termómetro empieza a subir desenfrenadamente, el cuerpo va pidiendo música en directo bajo las estrellas. Y es por ello por lo que no dejamos de pensar en los festivales, ésos que en los venideros meses cubrirán aproximadamente el 80% de nuestras adicciones musicales anuales.

El que ya empieza a consumarse es el Primavera Sound, en una edición 2006 a priori extraña, carente de nombres contundentes, pero que encierra mucha materia digna de indagar y descubrir. El 1, 2 y 3 de junio en el Parque del Fórum en Barcelona. Y habrá que estar muy listos para no perderse a Stuart Staples y Lambchop en el Auditori; el nuevo sistema de reserva de entradas que ha ideado la organización no parece del todo resolutivo.

En el otro ojo está el FIB Heineken, la innegable madre del cordero de los festivales indies. Demasiada tentación para dejarla pasar sin probar un poquito. Demasiada tradición para romper el ritual de todas las vacaciones. Dominique A, The Walkmen, Rufus Wainwright y Manta Ray reclaman a voz en grito una nueva escapada a la Costa del Azahar.

Y otro de los festivales camino de convertirse en grande de España es el Azkena Rock de Vitoria. Con la confirmación de los regenerados Pearl Jam (en la foto; el grunge no ha muerto) y la rumorología que se extiende en los foros como la pólvora, la edición promete. 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre en el Recinto Mendizabala de la capital alavesa.

Pero antes, una pequeña mención al multidisciplinar Sónar y algunos de los nombres que desfilarán por Barcelona entre los días 15, 16 y 17 de junio: Liars, Nightmares on Wax, Dave Clark, Miss Kittin, Isoleé, Tiga y el ya habitual tándem de los Ricardos (Hawtin & Villalobos).

En el apartado de conciertos individuales, mayo y junio tienen visitantes de lujo:

CLEARLAKE- 11 de mayo. Barcelona. Nasti.
12 de mayo. Madrid. Moby Dick.

BUDAPEST- 11 de mayo. Madrid. Moby Dick.
12 de mayo. Barcelona. Razzmatazz.

THE PRESIDENTS OF THE USA- 15 de mayo. Barcelona. Bikini.
16 de mayo. Madrid. Caracol.

YANN TIERSEN- 18 de mayo. Bilbao. Santana 27.

MARTHA WAINWRIGHT- 20 de mayo. Barcelona. Sidecar.
21 de mayo. Madrid. Moby Dick.

ALICE IN CHAINS- 27 de mayo. Granada. Industrial Copera.
30 de mayo. Bilbao. Santana 27.

THE BELLRAYS- 29 de mayo. Barcelona. Nasti.
30 de mayo. Madrid. Sala El Sol.

LOU REED- 4 de junio. Madrid. Palacio de Congresos.

De la gira de los Rolling Stones no hay que decir nada porque ya está todo dicho. Y Arctic Monkeys también se dan una vuelta por aquí, pero el aforo está agotado tanto el 16 de mayo en Barna como el 17 en Madrid, y con agrandamiento de locales incluídos. Lo que hacen las modas…

27 abril 2006

REPORTAJES

SONIC YOUTH: EQUIPO DE GALÁCTICOS.

Historia reciente a través de las imagénes.

Ruido. Un muro de granito que se cae en pedazos. Un cohete de la NASA que despega hacia el espacio. Un sueño recurrente que tiene banda sonora. Y ese sonsonete que acompaña siempre es una guitarra desgajada y caótica que se mueve en extrañas formas similares a la de la cadena del ADN. Sonic Youth. Un nombre propio que ha movido a varias generaciones, y que apunta hacia un futuro indefinido.

Corporate Ghost” (2004) es un fantástico DVD que recorre un pedazo de la historia de la banda en imágenes, desde “Goo” (90) hasta “Murray Street” (2002). Y también es una excusa perfecta para decir algo en voz alta sobre ellos.

Claros, coherentes, irónicos y salvajes. Un poco de todo. Espacios urbanos, salas de ensayo, glamurosos y esperpénticos decorados. La imagen evoluciona con el tiempo, desde las camisas de cuadros, pelos largos y efervescencia juvenil de la era del grunge hasta las faldas y la poesía surrealista de más adelante. “Dirty Boots”, “Cinderella´s Big Score” y “100 %” son muestras de lo primero, reflejando el devaneo de jóvenes que buscan su refugio fetiche en los bares y en la calle, encontrando en ellos solo problemas. “Little Trouble Girl” encarna lo segundo; la luz, el contraste, la ternura del pequeño extraterrestre que alucina dentro de la civilización que acaba de descubrir, las dos Kim (Gordon y Deal) es un mano a mano glorioso. Ésa es una de las muchas colaboraciones que hay en sus clips, casi siempre plagados de apariciones estelares. Como la de Kathleen Hanna, empeñada en molestarlos en un ataque espídico en “Bull in the Heather”; la de Chloe Sevigny, icono de una nueva forma de entender la moda en “Sugar Kane”; o unas caseras y pensativas Sleater-Kinney en “Nevermind (What Was in Anyway)”.

Y luego están los homenajes, como el rendido a la magnífica Joan Crawford en “Mildred Pierce”, o esa versión llena de lujo y etiqueta del precioso “Superstar” de los Carpenters, con la sorpresa que conlleva ver a Thurston y a Ranaldo dentro de negros y elegantes esmoquins.

No son actores. Eso está claro. Pero aunque su vigor interpretativo no sea de alta escuela, hay algo en su forma de moverse y mirar a cámara, que convierte la solemnidad en cierta burla maquiavélica. Y si no, basta con observar los movimientos de Kim Gordon en “Kool Thing”, o seguir la tierna historia de fugitivos huyendo en coche por las calles de ¿Las Vegas? que se narra en “Disappearer”. Muy sutiles, pero siempre queriendo decir algo. Y hasta su video más crítico, “Youth Against Fascism” tiene algo de cinismo, más que nada por la fatigante velocidad con que se superponen todos los símbolos del horror que ha parido la humanidad desde que el mundo es mundo.

Nunca antes la música estuvo tan unida a las imágenes. Y en algunos casos el cauce que lleva de lo uno a lo otro es realmente misterioso. O si no, ¿por qué “Hoarfrost” es inequívocamente equivalente a ver pasar los árboles nevados a través de un cristal empañado?. Así era escuchando. Y así es cuando miramos.

Y para no olvidarnos de su punto fuerte, “The Diamond Sea” recopila en formato multipantalla los momentos más gloriosos de sus directos, ésos en los que la melodía se confunde en caos, las guitarras se retuercen moribundas y el ruido se convierte en hipnosis. Galácticos.


www.sonicyouth.com


13 abril 2006

DISCOS

CALEXICO. Garden Ruin.

Manual de minimalismo.

Hay carátulas que animan a escuchar ciertos discos. Es lo que sucede con éste precisamente. Poesía en clave plástica. Calexico involucionan y se alejan del riesgo, la experimentación y los matices. Y “Garden Ruin” (2006) nace como un álbum desnudo, simple y primitivo. Es el fruto del aprendizaje; absorber como una esponja las enseñanzas indirectas de los compañeros de profesión (Wilco, Iron & Wine, Sufjan Stevens, Amparanoia). Demostración de humildad. Y aunque se echen de menos los paisajes polvorientos y los cambios de registro de aquel magnífico “Feast of Wire” (2003), tampoco sienta mal llegar a “Panic Open String” y descubrir su infantil fragilidad. O encontrarse bien avanzado el disco con una frontera invisible entre la chanson francesa y las raíces mejicanas (“Nom de Plume”). Y como la pureza es una de las virtudes del rock, “Letter to Bowie Knife”, “Deep Down” y “All Systems Red” muestran el poder ruidoso de Burns y Convertino, sutilmente guardado hasta la fecha. Es “All Systems Red” la canción que tiene la clave, la que invita a entrar de nuevo en el jardín. Un jardín malsano que es la casa en la que habito yo, el cuervo.

DISCOS

DOMINIQUE A. L´Horizon.

Oui, Monsieur.

“Lo bueno es intentar conseguir algo, más que conseguirlo. Porque en cuanto lo tienes es el fin de todo”. Alguien que piensa de este modo desde luego tonto no es. El genio de Nantes mira hacia el horizonte sabiendo quien es y donde está. Es un músico que no se deja manipular. Está en un lugar recóndito pero accesible. “L´Horizon” (2006) se viste nuevamente de la frugalidad de sus últimos conciertos y sesiones, abandonando la ornamentación del anterior “Tout Sera Comme Avant” (2004). Y se agradece ese Dominique elemental y cercano. De nuevo ha realizado otra magistral demostración de sensibilidad y poesía, creado tres canciones (“L´Horizon”, “Antaimoro” y “Rue de Marais”) capaces de subyugar el ego. Y el resto, como el grueso de su personal y profundo legado musical, es demasiado para describirlo con palabras. “Rouvrir”,“Music-Hall” y "Par L´Ouest" se nutren de la oscuridad tormentosa de “Remué” (99), mientras que “Dans un Camion”, “Retour au Quartier Lointain” y “La Pleureuse” rezuman el optimismo de “Auguri” (2001). “La Reléve” rememora los cromos de vodevil de “La Mémoire Neuve” (95). Y cuando ya no queda un ápice de aliento, “Adieu, Alma” se arriesga a superar todo lo anterior, poniendo un broche épico a un disco que vuelve a hacer daño de puro gusto. Como todos los demás, vaya novedad. Le premier. Le chef. Le plus grand.

05 abril 2006

DISCOS

PLACEBO. Meds.

Prolongación en caída libre.

¿Por qué Placebo ya no me dicen nada?. Pero aún así, ¿por qué vuelvo a escuchar “Come Home”, “Nancy Boy” y “36 Degrees” y se me siguen poniendo los pelos de punta?. La pérdida de revoluciones es un hecho contrastado, y la homogeneidad de ideas y melodías (por no decir que todo suena igual) también. Así que “Meds” (2006) no es más que otro pequeño desengaño, aunque no del todo traumático. Al menos hay canciones que me recuerdan a otras que me encantaban, y éso me dá un respiro: “Meds” y “Drag”, por ejemplo. Al menos “One of a Kind” suena fresca y me remueve. Al menos “Space Monkey” tiene un par de fragmentos claustrofóbicos interesantes (mejor prescindir del estribillo). Al menos hay una canción realmente buenísima, “In the Cold Light of the Morning”, pero es la menos Placebo de toda la historia Placebo. Al menos están por ahí Alison Mosshart y Michael Stipe, pero ¿dónde?; sus colaboraciones son rácanas y casi imperceptibles. “Meds” vuelve a enfrentarme a una realidad vigente: mi grado de interés por los grupos es inversamente proporcional a su repercusión mediática. Por suerte hay toneladas de música en el universo.

03 abril 2006

AGENDA

EL LUCRATIVO NEGOCIO DE LOS FESTIVALES.

A estas alturas, hablar de acontecimientos lleva irremediablemente a hablar de festivales veraniegos. Y es que nos espera otro estío calentito de música en directo y tiendas de campaña. La oferta vuelve a ser variada y para todo gusto. Pero es cierto que a veces, en el ánimo de abrir esa oferta para incrementar la demanda, se cometen excentricidades flagrantes y desconcertantes. Basta echar un vistazo al Santander Summer Festival, a celebrar en junio, y ver un cartel en el que Primal Scream, Editors o Stereo MCs conviven con nombres como Him o Black Eyed Peas. La estrategia está clarísima.

Sin embargo, hay festivales pequeños que, dejando a un lado el mayor o menor interés que puedan despertar, mantienen su filosofía y programación con encomiable criterio. Es el caso del extremeño Contempopránea, que no te debes perder si eres un “popi” enamorado de los grupos made in Spain. La Buena Vida, Sr. Chinarro, Humbert Humbert, Clovis, Sidonie y Second son invitados de honor este año. Y en el evento anual de homenajes, uno muy sentido a los Surfin´Bichos coincidiendo con su nuevo amanecer. ¿Pericia o casualidad?.

También hay festivales que se resisten a morir aunque estén condenados a ello de antemano. Ejemplo claro: Festimad. Después del catastrófico desenlace del año pasado, la fórmula cambia radicalmente, reduciéndose a dos días (27 y 28 de mayo) en La Cubierta de Leganés. Y eso de que sea gratuíto a algunos sigue sin cuadrarnos del todo. ¿Un festival subvencionado a estas alturas?. Y con Alice in Chains.

El FIB sí que sigue fiel a la teoría económica, y los Pixies se convierten en los nuevos bonos del Estado Morán. El cambio de fechas puede ser un hándicap, pero algo hace pensar en una jugosa curva ascendente de beneficios. Claro que el mercado tiene siempre la última palabra. Y la competencia también juega, y se llama Summercase. Massive Attack, Belle and Sebastian, Super Furry Animals, Sigur Ros, Happy Mondays y Primal Scream son algunos de los nombres confirmados para los días 14 y 15 de julio en Barcelona y Madrid.

En fin, que mientras se sigue cocinando el estofado y para alegrar la espera, podemos irnos a ver a The Buzzcocks o The Sisters of Mercy, que se dan una vuelta por nuestro país en abril con estas fechas:

BUZZCOCKS- 5 abril. Parque de Piles. Gijón.
6 abril. El Sol. Madrid
7 abril. Cormorán. Valencia.
8 abril. La Casa del Loco. Zaragoza.
9 abril. Apolo. Barcelona.

SISTERS OF MERCY- 7 abril. La Riviera. Madrid.
8 abril. Razzmatazz. Barcelona.

Por petición popular y para los más duros:

FEAR FACTORY - 23 abril. La Riviera. Madrid.
27 abril. Razzmatazz. Barcelona.

Y para los admiradores de los incombustibles y únicos Manta Ray, los lugares que les quedan por visitar:


- 6 de abril, Zaragoza- Lain Entralgo
- 7 de abril, Pamplona - Totem
- 8 de abril, Bilbao - Bilboko Kafe Antzokia
- 11 de abril, San Sebastián- Gasteszena
- 20 de abril, Madrid - Heineken Arena
- 21 de abril, Logroño- Concept
- 22 de abril, Barcelona - Bikini
- 27 de abril, Santiago de Compostela - Capitol
- 29 de abril, Mallorca - Teatre de Lloseta

29 marzo 2006

REPORTAJES


EL REGRESO DE LOS DINOSAURIOS.

Los viejos rockeros… ¿nunca mueren?.

El conocimiento y la evolución de la música es un flujo hacia delante. O por lo menos así lo habíamos creído hasta ahora. Cada uno tiene su historia temporal. Todo depende del momento inicial o punto de partida. Cuando el punto de partida son los 90 hay dos sentidos dentro de la línea del eje director: un avance natural hacia lo nuevo y un retroceso coyuntural hacia lo antiguo. Ambos son igual de importantes.

El paso hacia delante es un remedio relativo contra el aburrimiento: consiste básicamente en ir comprobando lo que son capaces de hacer nuestros contemporáneos, controlar lo que se pone o no de moda y refrescar las ideas. El paso hacia atrás tiene otro sentido, el de querer saber más, el cuándo, el cómo y el por qué. Cuando el primer camino parece no llevar a ninguna parte, se aceleran las retrospectivas. Porque de los viejos grupos y canciones no se espera nada extraordinario.

¿En qué punto de la línea estamos ahora?. Difícil. Posiblemente en un punto grande y redondo donde se han juntado (que no mezclado) el antes y el después.

Desde hace unos años vivimos inmersos en un fenómeno de resurrección de viejas bandas que a veces resulta patético y otras veces muy plausible. Un hecho curioso convertido en pan de cada día. Al regreso de los que nunca llegaron a desaparecer del todo (The Cure, New Order, Depeche Mode o Echo & the Bunnymen) hay que añadir todos aquellos nombres que salen de la tumba vestidos de arrugas y experiencia. Y no solo mitos de los no tan lejanos 80, como The Wedding Present, Madness, The House of Love o Bauhaus (en la foto), sino viejas glorias de los 60 y los 70 que se resisten a ceder el cetro de su reinado imaginario, como Television, Eagles, Deep Purple, The Buzzcocks o The Who (en la otra foto).

La pregunta es si realmente toda esta parafernalia tiene sentido. Y la respuesta es bastante ambigua. Los que no tuvimos la ocasión de ver a estas bandas en directo en su época tendemos a frotarnos las manos cada vez que se anuncia un nuevo retorno, pero en la bolsa de caramelos hay algunos envenenados. A nadie se le olvida el lamentable espectáculo de Love con Arthur Lee hace unos años en Benicasim; después de aquel concierto muchos los rebautizaron como “Hate”. Aunque luego está el caso contrario de bandas renacidas que siguen descargando energía y conectando con melómanos que podrían ser sus hijos, y a veces sus nietos; caso de los Stooges, The Fall, Wire o Kraftwerk.

El por qué del regreso de estas bandas tampoco obedece a una teoría irrefutable. En algunos casos está claro (el de los Pixies, sin ir más lejos): la pela es la pela. Pero en otros…. ¿por aburrimiento?, ¿por nostalgia?, ¿por un brote epidémico de síndrome Peter Pan?. ¿O quizá sea para reivindicar la originalidad de los planteamientos y los sonidos que los músicos de ahora les están copiando?.

En cualquier caso, sigamos con más preguntas. ¿Qué sentido tiene una nueva gira de los Who sin Keith Moon y John Entwistle?. ¿O cómo se come una reunión de los Clash sin Joe Strummer?. ¿O qué gracia puede tener actualmente ver a los Happy Mondays?. Y si Pink Floyd realmente cumplen su promesa de volver, ¿lo harán con Syd Barrett?.

Puestos a participar del cotarro, pongámonos exigentes y expresemos un ferviente y caluroso deseo: que vuelvan también los Talking Heads!.