20 junio 2006

RETROSPECTIVAS

BECK. Odelay.

Aniversario de un disco que cambió las perspectivas.

Vaya, parece que fue ayer cuando escuchábamos “Devil´s Haircut” en el bar de Juan… Y parece que fue anoche cuando me acerqué a su cabina y le pregunté: “Oye Juan, ¿de quién es esta canción?”. “¡De Beck!”. Y al día siguiente me dediqué a recorrer todas las tiendas de discos de la ciudad y no paré hasta comprar “Odelay” (96). Una de las mejores adquisiciones de todos los tiempos.

Este año se cumple una década de su publicación, y es justo dedicarle una nueva escucha y un nuevo análisis. Porque desde la experiencia puramente personal, “Odelay” supuso un toque de atención y un cambio de perspectiva total sobre la música. Sus canciones nos enseñaron en su día que no todo era pop, que había muchos otros universos por explorar. Y la mente comenzó a abrirse, a tomar gusto por otras cosas, quizá más puras, quizá más clásicas, el folk de Bob Dylan, las fábricas de Detroit, el Blue Note… Caminos hasta entonces inexcrutados.

Después de diez años y de sus mil vueltas en el reproductor, “Odelay” sigue sorprendiendo, revelando un nuevo detalle, sonido o efecto en cada canción. Y es que solo una mente privilegiada y caótica como la del “güero” de California podía parir algo semejante, mezclando en una coctelera gigante pasado, presente y ¿por qué no?, futuro. Y ¿cómo es posible que la intersección de estilos tan aparentemente inconexos dé como resultado algo tan fresco y delirante?. Pues posiblemente porque no es matemática ni forzada, sino simplemente sensorial.

Resulta divertido escuchar cada corte y jugar a adivinar lo que lleva dentro. “Devil´s Haircut”, “The New Pollution”, “Novacane” y “Diskobox”, construídas a base de golpes de rock, progresiones jazz, ritmos funkys. “Sissyneck”, pongamos los mismos ingredientes, sustituyendo el rock por un suave toque folky. “Hotwax”, dinamita de country y hip hop. “Derelict”, arrebato de ritmos tribales, música satánica y humo de sitar. “Where It´s At”, joyita jazzy con homenaje a los gurús del scratch. “High 5 (Rock the Catskills)”, paranoia que conecta la bossa-nova con Public Enemy. “Readymade”, provemos qué tal le sienta al folk una pizca de electrónica, kraut y noise. Incluso las canciones aparentemente más sencillas (“Lord Only Knows”, “Jack-Ass”, “Ramshackle” y la punky “Minus”) tienen varias capas como las cebollas. Un condumio nutritivo y sin desperdicio.

Y quizá buena parte del colorismo y ligereza del disco bien se deba al uso reiterado de los samples (loados por algunos, criticados por otros). Referencias como “Out of Sight” de James Brown (en “Devil´s Haircut"), “It´s All Over Now, Baby Blue” de Dylan (en “Jack-Ass”), “Needle to the Groove” de Mantronix (en “Where It´s At”) o “Desafinado” de los Bossa Nova All Stars (en “Readymade”). Verdad impepinable: el que utiliza la música de otros es porque conoce la música de otros.

Odelay” bautizó a Beck Hansen como un iluminado. Y aunque a día de hoy aún no haya conseguido algo de un nivel similar, hay dos cosas que lo redimen. La primera: que este disco es muy difícilmente superable. La segunda: que no ha cambiado, sigue dándole al coco y haciendo lo que le dá la gana. Es lo que tiene haber vivido en todas partes y haber tenido amigos de todas clases. Feliz aniversario para el disco. Feliz perseverancia para el “loser”.


www.beck.com

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