05 mayo 2008

REPORTAJES


JOY DIVISION: SINTONÍA NEGRA.

El icono inmortal.

Nunca es tarde para hablar de Joy Division. Ríos de tinta corren sobre el icono de Manchester a propósito de casi todo: del aniversario del fallecimiento de Ian Curtis, de la reedición de su discografía, del estreno del largometraje de Anton Corbijn o de la influencia subliminal del cuarteto en un amplio espectro de músicos actuales. Este reportaje no es un ejercicio de reincidencia, ni un pecado de ausencia de imaginación. Hablar de Joy Division deviene finalmente en una necesidad orgánica, pues esas canciones han vuelto a aparecer en un momento inesperado, oscuro y genialmente oportuno.

La música de Joy Division es la música de la angustia, el desastre y los interrogantes. Pero contrariamente, también es el elixir de la solución. Cuando todo parece perdido el cuerpo pide una dosis de “Unknown Pleasures” (79) con las luces apagadas. Es su disco más siniestro, el comienzo de una carrera de confesiones lúgubres pero sensatas, de un sonido quebrado e inconfundible. Suenan “Disorder”, “Insight”, “She´s Lost Control” o “Shadowplay”, y la atmósfera se tiñe de negro en cuestión de segundos.

A continuación llega “Closer” (80), algo más inocuo en cuanto a toxicidad sonora, pero con declaraciones brutales como “Atrocity Exhibition”, “Passover” o “A Means to an End”, y con un barniz de delicadeza muy agradecida en “The Eternal” y “Decades”. Eso es todo en cuanto a una colección de largos. Luego están los singles y las rarezas, y el bien hecho por “Still” (81) y “Substance” (88) refundiendo episodios individuales con mayor o menor acierto. De ellos salen la brillantez de “Dead Souls”, el romanticismo de “Atmosphere”, la intensidad de “No Love Lost”, el movimiento sísmico de “Komakino” y cómo no, las celebérrimas “Love Will Tear Us Apart” y "Transmission". Todas van fluyendo por el altavoz, como en un desfile militar, y mientras pasan las ideas se aclaran. Tony Wilson comparaba a Joy Division con el punk en los siguientes términos: el punk decía “jódete”, pero ellos dicen “estoy jodido”. No hay vergüenza en reconocer que a menudo lo estamos, que el mundo no gira a la misma velocidad que nosotros, que la sensación de vacío nos supera pese a tener las manos llenas, y que la metáfora y la reflexión son más sabias que la ira. Así lo entendía Ian Curtis, sin ahondar en cuestiones existenciales, sin afirmar que era un angelito, sin defender su autoimpuesta condición de mártir. Él y sus circunstancias alumbraron un mito en lo musical y en lo literario, casi tan tridimensional como el de Kurt Cobain, dejando marca en generaciones sucesivas. Y ese influjo seguirá perpetrando nuevos homenajes, nuevas copias, nuevos documentos, nuevas versiones y un sinfín de apologías. Porque el icono resurge periódicamente y siempre con la misma fuerza. Porque cansarse de escucharlo es imposible y a nadie le importa la condena de una bien ganada eternidad.

Diez temas para el alivio y la evasión:

- Dead Souls.
- Transmission.
- A Means to An End.
- Passover.
- Insight.
- She´s Lost Control.
- Heart and Soul.
- The Eternal.
- Komakino.
- These days.

Foto: allmusic.com

www.neworderonline.com
www.joydiv.org
www.joydivisionmovie.co.uk

01 mayo 2008

AGENDA

MAYO: FESTIVALES A GO-GÓ.

Arranca la primavera-verano más musical de la historia.

Ya lo he dicho bastantes veces: el maremágnum de festivales me supera. No puedo controlarlos todos, ni seguirlos ni procesarlos. Esfuerzo investigador cero: solo presto atención a los de siempre y a los más publicitados. En mayo llegan algunos de los buenos y cito solo tres:

SOUTH POP FESTIVAL. Sevilla. 1, 2 y 3 de mayo.
Cartel: Barry Adamson, José González, The High Llamas, A Hawk and A Hacksaw, Mobiil, Nisei, Souvenir, La Casa Azul, etc.

FESTIVAL INTERNACIONAL ACCIÓN ARTÍSTICA. Murcia. 2 y 3 de mayo.
Cartel: James, Rufus Wainwright, The Chemical Brothers, Kaiser Chiefs, Digitalism, Jeff Mills, The Pinker Tones, etc.

PRIMAVERA SOUND. Barcelona. 29, 30 y 31 de mayo.
Cartel: Portishead, Rufus Wainwright, Tindersticks, Public Enemy, Devastations, The Sonics, Cat Power, Devo, Bill Callahan, Dinosaur JR, Animal Collective, Sebadoh, etc.

Aparte de festivales, los artistas también giran por sí solos:

ADAM GREEN. 4 mayo. Barcelona. Razzmatazz.
5 mayo. Madrid. Heineken.

EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN. 5 mayo. Málaga. Teatro Cervantes.
6 mayo. Barcelona. Apolo.

JAMES. 6 mayo. Barcelona. Razzmatazz.
8 mayo. Madrid. La Riviera.

MORCHEEBA. 23 mayo. Barcelona. Espacio Movistar.
24 mayo. Madrid. Heineken.

XIU XIU. 23 mayo. Barcelona. Apolo.
24 mayo. Madrid. Neu!.

MGMT. 30 mayo. Madrid. Heineken.

Y lo que se avecina: el Daydream de Radiohead, el FIB, el hermano madrileño del FIB, el Summercase, el Bilbao BBK Live, Bob Dylan recorriendo el país como Labordeta, el espeluznante Rock in Rio. Que Dios nos coja confesados.

26 abril 2008

DISCOS

TINDERSTICKS. The Hungry Saw.

El síndrome de Estocolmo.

A los lectores intrigados: este blog se llama “Curtains” en homenaje a esa gran obra de los Tindersticks; era la música que sonaba sin parar en el momento crucial de poner en marcha el pasatiempo. Y aclarado el asunto, cabe hablar de la nueva etapa de los de Nottingham, reducidos a trío tras la deserción de Hinchliffe, Macaulay y Colwill. Después de meterse en algún que otro charco con “Waiting for the Moon” (2003) y de irregulares aventuras solistas, Stuart Staples, David Boulter y Neil Fraser han decidido desafiar al olvido, y he aquí el resultado. Lejos de un retorno grandilocuente, “The Hungry Saw” (2008) es un paso silencioso, como si las suelas se hubieran desgastado tras pisar con tanto brío en el pasado. Por momentos se repiten; “The Flicker of a Little Girl”, “The Hungry Saw” y “Boobar” tienen su inequívoco alter ego en algún rincón de la discografía anterior. Una novedad: no hay voz femenina que haga sombra a la de Staples en todo el disco. Una recuperación: los instrumentales, con tres joyas de corte europeo como “Intro”, “E Type” y “The Organist Entertains”. Pese a la modestia con que reaparecen y a la relajación innovadora, aún tienen la capacidad innata de acomplejar, como ocurre en “Yesterday Tomorrows”, “All the Love” y “The Turns We Took”. Y ni que decir tiene que su concierto en el Primavera Sound 2008 será un rito de obligatorio cumplimiento. Sin el violín de Dickon nada es lo mismo, pero el caballero de la triste voz y figura siempre contará con el beneplácito de una servidora. Otro caso del clásico síndrome de Estocolmo.

www.tindersticks.co.uk

13 abril 2008

DISCOS

THE BRIAN JONESTOWN MASSACRE. My Bloody Underground.

Baja fidelidad, alta fidelidad.

Acontecimientos casuales recientemente solapados: la visión algo a destiempo del documental “Dig!!!” y este nuevo disco de The Brian Jonestown Massacre. La película de marras ofrece el retrato pormenorizado de Anton Newcombe y desvela las claves del submundo desordenado y retro que se esconde en cada uno de sus discos. Una banda fluctuante, levitante sobre la sombra de un tipo genial, caótico y antisistema, capaz de elevar a la máxima potencia el prototipo de la estupidez y la degradación humana. ¿Un hippy contemporáneo?. ¿Una oveja descarriada?. ¿Un obseso compulsivo?. Si Anton Newcombe y The Brian Jonestown Massacre sobreviven, está probado que los milagros existen.

My Bloody Underground” (2008) es un nuevo corte de mangas al mundillo de las discográficas, el hi-fi y la MTV. Un compendio de composiciones disonantes y repetitivas, de bajísima calidad sonora pero altísimo regusto a clásico. Vuelven a aparecer los mantras (“Droping Bombs on the Whitehouse”, “Who´s Fucking Pissed in my Well”), la distorsión shoegazing (“Who Cares Why”, “Auto-Matic-Faggot for the People”), las rayaduras clínicas (“Ljosmyndir”, “Black Hole Symphony”) y sobre todo, el loco amor por el rock de los setenta en toda vertiente (“Infinate Wisdom Tooth/My Last Night in Bed with You”, “Yeah-Yeah”, “Golden Frost”). Entre Ravi Shankar, los Rolling y la Velvet, el tsunami se come el monte. Los que de verdad saben de música ya hablan de fetiche, de pieza de museo, de monstruo independiente, y elevan a Newcombe al estatus de nuevo anti-héroe americano. Un desorden existencial y mental de lo más fructífero.

www.brianjonestownmassacre.com

11 abril 2008

AGENDA

AGENDA TARDIA DE ABRIL

El adiós de una gran banda.

Aunque con retraso sobre la fecha habitual de posteo, aquí está la agenda de conciertos de abril. Pero antes, el eco de una triste noticia: el adiós de Manta Ray. La foto del mes iba a ser la de Nick Cave & the Bad Seeds (la gran gira del mes), pero es justo recordar a los que han sido el orgullo de la música nacional en los últimos años. José Luis García, Nacho Álvarez, Xabel Vegas y Frank Rudow rompen la paradoja del momento y se van, en medio de la marea actual de regresos descontrolados. Por suerte no es a casa a cruzarse de brazos. Merecen con creces no ser olvidados.

Hoy, día 11 de abril, hay tres conciertos destacados: THE HIVES, en Bilbao, Santana 27; THE KILLS, en Madrid, Heineken; IAN BROWN, en Madrid, Joy Eslava.

Otros conciertos del mes:

MICAH P. HINSON- 12 abril. Sevilla. Sala Q.
14 abril. Madrid. Heineken.
16 abril. Bilbao. Rock Star.
17 abril. Durango. Plateurena.
19 abril. Santiago de Compostela. Capitol.
20 abril. Vigo. La Fábrica de Chocolate.
23 abril. Valencia. Heineken Greenspace.

ZOOT WOMAN- 17 abril. Madrid. Heineken.
18 abril. Barcelona. Be Cool.
19 abril. Santa Pola (Alicante). Camelot.

BLACK LIPS- 18 abril. Barcelona. La (2).
19 abril. Madrid. Sala Caracol.
23 abril. Vigo. La Fábrica de Chocolate.

EEF BARZELAY- 23 abril. Huesca. Centro Cultural del Matadero.
26 abril. Palma de Mallorca. Teatro Lloseta.
27 abril. Madrid. La Caja de Música.
29 abril. Cádiz. Aulario La Bomba.
30 abril. Huelva. Cantero Cuadrado.

NICK CAVE & THE BAD SEEDS- 24 abril. San Sebastián. Polideportivo Anoeta.
25 abril. Badalona. Pabellón Olímpico.

THE GUTTER TWINS- 26 abril. Barcelona. Razzmatazz.
27 abril. Madrid. Heineken.
28 abril. Bilbao. Café Antzokia.

Foto: allmusic.com

01 abril 2008

DISCOS

BAUHAUS. Go Away White.

Vida en las tinieblas.

Ya ha llovido desde “Burning from the Inside” (83); un cuarto de siglo sin grabar un solo largo de estudio. Otros que se apuntan al carro del revival. Peter Murphy nunca estuvo muerto, solo su encarnación icónica de Bela Lugosi. “Go Away White” (2008) los devuelve al candelero; una nueva resurrección tras la fugaz del 98 y la circunstancial del 2005. ¿Tenemos Bauhaus para rato?. Ojalá. Resulta gratificante escuchar renacimientos como éste. Reptando entre las sombras, su sonido no difiere un pelo del añejo. Lacerante y confabulador hasta el ecuador, sombrío y críptico a partir de ahí, “Go Away White” es un magnífico decálogo del arte gótico, rebosante de momentos emocionalmente intensos. Poderío hercúleo que germina a raudales en “Endless Summer of the Damned”, “Adrenalin” o “International Bullet Proof Talent”. Atmósfera siniestra y disipadora en “Saved”, “Mirror Remains” o la escalofriante “The Dog´s a Vapour”, cuyos últimos dos minutos merecen oración aparte. Sin ambages ni trampas, Bauhaus han vuelto haciendo ni más ni menos que lo que saben (o sabían). Y eso ya es más que mucho.

www.bauhausmusik.com

25 marzo 2008

DISCOS


AMERICAN MUSIC CLUB. The Golden Age.

Nuevas historias desde California.

Aunque nieguen y renieguen pertenecer al mundo de la americana, American Music Club siempre ha sido uno de los grupos que mejor responden a su nombre. El club original ya no está al completo: Dan Pearson y Tim Mooney causaron baja después de “Love Songs for Patriots” (2004), pero tienen sustitutos. Y siempre al mando, el admirable Mark Eitzel. Ya era hora de cederle unas honrosas y merecidas líneas. “The Golden Age” (2008) lo ha puesto en bandeja, porque es de lo mejorcito en el haber del músico de San Francisco (reunido o en solitario) en años. Fiel a su idiosincrasia, la de contar hermosas historias a través de melodías balsámicas, Eitzel y compañía se lanzan a la aventura de grabar en sesión directa. Y cantan bingo. Los trece nuevos temas saben a gloria, siguiendo la onda de coherencia y estilo de siempre. “All My Love” es la canción de amor perfecta. “Decibels and the Little Pills” cuenta una tristísima historia de perdición nocturna con la mayor delicadeza. “All the Lost Souls Welcome You to San Francisco” y “The Grand Duchess of San Francisco” vuelven a poner en el centro del mapa a su ciudad natal. “I Know that´s Not Really You” mira a ritmo de vals hacia otras fronteras. “The Stars” enamora con su colosal y rotundo estribillo. “Windows of the World” y “On my Way” petrifican con sus desenlaces nebulosos, llenos de un ruido que para nada desentona. Nuevas caras, nuevas almas, nuevos mundos. El mismo hombre que una vez dijo no envidiar a Bob Dylan, sino a Howe Gelb. En plenitud.

www.american-music-club.com

21 marzo 2008

DISCOS

NICK CAVE AND THE BAD SEEDS. Dig, Lazarus, Dig!!!.

La máquina suma y sigue.


Se han escrito ya tantas revisiones de este álbum que todo parece estar dicho. Esta no será la verdadera ni la definitiva, pero es obligatoria. Hablar de Nick Cave siempre impone y la sensación a la hora de hacerlo es como de reo en el patíbulo. "Dig, Lazarus, Dig!!!" (2008) es el re-nuevo testamento, último episodio de una apasionante biblia escrita en casi veinticinco años de fructífera carrera. Posiblemente no es la mejor obra del australiano, pero hay algo que llama la atención en ella: que no suena como todas las demás, esto es, a tormento. Se trata de una caricatura de personajes caídos de la nada a un infierno de luces de neón, más recitada que cantada, con múltiples referencias al mejor rock de las últimas décadas y un sonido devastador. Cercano al ardor de Grinderman en algunos cortes ("Night of the Lotus Eaters" parece sacada del disco-trituradora), no se olvida de la clásica balada de etiqueta ("Moonland", "Hold on to Yourself", "Jesus of the Moon"). Pero lo mejor es la colección de temas salvajes y callejeros que empieza con "Dig, Lazarus, Dig!!!" y termina con "Midnight Man"; entre medias, "Today´s Lesson", "Albert Goes West", "We Call Upon the Author" y "Lie Down Here (And Be My Girl)" vuelven a dar en el blanco, mostrando la cara más canalla del prolífico semillero y espoleando a los muertos. Si el mandamás es una fábrica de chorrear ideas las veinticuatro horas, los Bad Seeds siguen comiéndole protagonismo por derecho propio. Las claves de este disco: 1) el órgano volcánico de James Johnston, Jerry Lee Lewis de la nueva era; 2) el mano a mano de Thomas Wydler y Jim Sclavunos rubricando todo tipo de ritmos; 3) las ambiciosas texturas creadas por Warren Ellis con chismes varios (mandocaster, loops, flautas, palmas, de todo), apartando definitivamente la exclusividad del violín. La producción vuelve a correr a cargo de Nick Launay y cualquier parecido con "Henry´s Dream" (92) es pura coincidencia. Ni cuando se relajan les sale un disco malo. Suman y siguen.


www.nickcaveandthebadseeds.com

18 marzo 2008

CONCIERTOS

PATRICK WATSON. Madrid. Moby Dick. 15-3-2008.

Paraíso extraterrestre.

Ya fue mencionado en su día: “Close to Paradise” (2006-2007) ha sido uno de los discos revelación de los últimos tiempos. En un mondo sonoro en el que ya casi pocas cosas nuevas asombran, el canadiense ha decidido crear un universo paralelo con ventosas juguetonas que atrapan todo lo que se mueve cerca y huele a bueno. Por eso había que verlo en directo y confirmar in situ si es humano o marciano y cómo suenan esas canciones sobre un escenario. Oh, sorpresa. Es humano porque fuma, bebe Heineken, se parte de risa, se arrastra por los suelos para ubicarse, pide opinión a la audiencia y se funde con ella para cantar a pelo, pero hay algo marcianesco en su técnica vocal y ajuste de clavijas. Y Patrick Watson no es solo uno, es una banda de cuatro tíos bastante locos cuyo desfile de talento desemboca en un desparrame jazzístico-bluesero-noise desconcertante, con trazos de western, de reggae, de doo-woop. Una jam session como la copa de un pino. La música ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Así, “Weight of the World” y “Luscious Life” acaban en un improvisado frenesí ruidoso, “The Storm” se convierte de repente en himno tabernero interactivo y “Man Under the Sea” en un adorable y surreal numerito acústico de albañiles a pie de obra. Momentos como el de “just me, the fishes and the sea” cunden cantidad en los anales sentimentales. La pena es que se escurrieran del repertorio dos preciosidades como “Daydreamer” y “Sleeping Beauty”, aunque la excepcional “The Midnight Express” (con exhibición de Robbie Kuster en las marimbas) fue moneda de cambio de cotización altísima. Un show de sobresaliente, pleno de desinhibición y demostración de ideas, como no se veía desde Devendra Banhart. Que se sepa que son geniales. Y que siga corriéndose la voz.

www.patrickwatson.net

09 marzo 2008

CONCIERTOS

THE CURE. Madrid. Palacio de los Deportes. 6-3-2008.

Treinta años en tres horas.

Tras su espectacular exhibición en el FIB de 2005, empecé mi crónica de la siguiente forma: “Los años pasan. Solo los fuertes sobreviven. La naturaleza hace su selección. Y The Cure siguen adelante”. Una introducción que también vale para la ocasión. No nos engañemos: pocas bandas con treinta años a la chepa son capaces de mantenerse erguidas con tanta dignidad, dando conciertos tan intensos y reviviendo su historia entera sin enterramientos ni olvidos. The Cure entraron en el Guinness hace tiempo, pero no pasan de moda. Más que eso, siguen siendo una banda de “ahora”, y quizá por eso la media de edad en el Palacio de los Deportes estaba más cerca de la veintena que de la cuarentena. Un Palacio que tardó mucho en llenarse (los horarios laborables, los atascos), de modo que 65 Days of Static abrieron solo para un tercio escaso del aforo, que quedó deleitado por su tremebunda contundencia post-rockera en su primer viaje de negocios a nuestro país. Telonear a Robert Smith y compañía es un lujo, pero tiene su inconveniente: que ya nadie se acuerda de ti cuando el aluvión pasa y toca retirada.

No es que lo dudáramos, pero sí, al final fueron tres horas. Tres horitas de nada, volatilizadas en un suspiro de añejos recuerdos y vivencias. No faltó casi nada (y digo casi porque yo eché de menos “Fascination Street”, “Close to Me” y “High”, pero ¿qué derecho tengo a quejarme?) y también hubo un hueco para dos o tres novedades que no son para tirar cohetes pero se dejan escuchar. El arranque con “Plainsong” y “Prayers for Rain” fue de escalofrío. A partir de ahí, mutismo e hipnotismo (ni podía cantar de la emoción, lo juro), sucediéndose “A Strange Day”, “Alt. End”, “The Blood”, “Lovesong”, “From the Edge of the Deep Green Sea”, “Lullaby”, “Hot Hot Hot”, “Primary”, “Pictures of You”, “Friday I´m in Love”, “Never Enough”, etc. De la oscuridad a la luz y viceversa, en un abrir y cerrar de ojos. Y por cierto, sigue sin echarse en falta el teclado, porque Robert ya se encarga de poner el acorde esperado en el sitio indicado para que canciones como “Lullaby” (que se escuchó hasta en Albacete por obra y gracia de mi Nokia) brillen hasta dejarte cegato. (Y hablando de los dones de Robert Smith, qué espectacular voz en directo).

Los momentos de mayor locura (desde el primer palco se puede medir con absoluta precisión la temperatura de la marabunta) los desataron “Push”, “In Between Days” y “Just Like Heaven”, amén de los segundos bises, un homenaje ejemplar al “Boys Don´t Cry” (80). “Fire in Cairo”, la homónima (la más coreada de la noche, sin discusión) y “10:15 Saturday Night” arrasaron, desvestidas de su toque retro para adaptarse a los nuevos tiempos. Qué gran fiesta.

Pero volvamos de nuevo atrás, que se me olvida ese glorioso final pre-bises con “Wrong Number”, “One Hundred Years” y “Disintegration”. La primera, todo un sorpresón, sonó más rockera y menos electrónica. La segunda es ya de por sí apoteósica, pero las imágenes de horror y las luces rojo sangre hacen que dé verdadero pavor. La tercera ya es un clásico de punto y aparte, y siempre deja el alma en vilo y los pelos como escarpias. Apenas hubo tiempo para recuperarse del shock, y ahí estaban de nuevo para brindar el primer bis, homenaje a “Seventeen Seconds” (80), con una enigmática y acongojante “At Night” que luego dio paso a “M”, “Play for Today” (otro momentazo de jolgorio colectivo) y “A forest”. Enormes.

El tercer bis es anecdótico: “Why Can´t I Be You?” fue la despedida definitiva y la cobertura de cupo de esas tres horas tan bien invertidas, tan bien disfrutadas, tan jodidamente inolvidables. Sí, los años pasan, pero ellos están todavía en lo más alto. En el puto cielo.

www.thecure.com

27 febrero 2008

AGENDA

MARZO: MES DE THE CURE.

Y más noticias.

No hay duda: los reyes de la agenda del mes son The Cure (en la foto). Sus esperados conciertos en Madrid (día 6, Palacio de los Deportes) y Barcelona (día 11, Palau Sant Jordi) ya son una realidad palpable (¿cuántos meses hace que tengo la entrada en el cajón?). Una ocasión única para conocer sus nuevos temas y revivir las viejas glorias. También para comprobar si tocan las tres horas que prometen. Aparte de ellos, hay otras dos giras imperdibles en marzo:

PATRICK WATSON- 15 marzo. Madrid. Moby Dick.
16 marzo. Barcelona. Razzmatazz

PIANO MAGIC- 24 marzo. Murcia Auditorio y Centro de Congresos.
27 marzo. Madrid. Boite Live.
29 marzo. Barcelona. Apolo.

Febrero es el mes más corto del año (aunque con un día de regalo en 2008), pero ha dado para escribir una enciclopedia de proclamas. Es lo que hay: se acerca la temporada de festivales, y como en España ya nos gustan más que a un mono un plátano, pues crecen como champiñones. Esto ya es un rollo macabeo; que si multiabonos, que si el festival fulanito se lleva a tal artista para fastidiar a menganito, que si te contrato y me firmas una cláusula de veto para acudir a otros eventos… Me duele la cabeza, pero a alguno habrá que ir. Aunque siempre quedarán las salas pequeñas, esas en las que un concierto es otra cosa, y sin tanta gilipollez. Resumir las noticias que van llegando es difícil; intentémoslo de manera no objetiva.

Noticias buenas:

1º) Que los Tindersticks vayan al Primavera Sound; este blog no se llama “Curtains” por casualidad.

2º) Que James regresen en abril; el 29 en Barcelona y el 30 en Madrid.

3º) Que Nick Cave & the Bad Seeds presenten “Dig, Lazarus, Dig!” (próxima revisión en este espacio) en Europa y se acuerden de nuestro país.

Noticias malas:

1º) Que Nick Cave & the Bad Seeds presenten “Dig, Lazarus, Dig!” en Europa, se acuerden de nuestro país pero no se acuerden de Madrid.

2º) Que Einstürzende Neubauten hagan lo propio en mayo y tampoco se acuerden de Madrid.

3º) Que ya haya comenzado el principio del fin del canal Fly Music, uno de los contadísimos reclamos para no tirar el televisor a la basura.

Noticias curiosas:

1º) La inclusión de Public Enemy en el cartel del Primavera Sound para tocar íntegramente “It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back”.

2º) El fichaje de Leonard Cohen para el FIB Heineken, escenario muy dudoso para una reaparición tan solemne.

3º) El doblete de REM en dos festivales fuera de quiniela: el Bilbao BBK y el nuevo Doctor Loft 05:00.

Foto: allmusic.com

19 febrero 2008

DISCOS

BLACK MOUNTAIN. In the Future.

Sobre la marcha.

23:00 horas, penoso lunes, el día se acaba sin éxito, con dudas y un poco de ira. Me niego a que el 18 de febrero termine así. Me enchufo el mp3 a las orejas y pongo a todo volumen “In the Future” (2008). Y lo que va pasando por la cabeza mientras suena son cosas como éstas:

El mundo está lleno de nostálgicos que hacen de su esencia un oficio. Y a algunos les sale bastante bien: The Brian Jonestown Massacre, Brightblack Morning Light o The Coral se me ocurren como ejemplos inmediatos. Y ahora Black Mountain. Son de Vancouver, canadienses. ¿Qué tiene el agua en Canadá?. Hace poco leí un artículo sobre la ebullición musical en Suecia (indiscutible); Canadá se merece también un episodio aparte. Buen material para un posible reportaje. Estos tipos han debido oir bastante a Led Zeppelin, Black Sabbath o Ten Years After (más ejemplos inmediatos),y si fuera lo contrario me resisto a creerlo. Claro que “Evil Ways” me suena a iguana de Detroit y “Wild Wind” a camaleón vestido de Ziggy Stardust. “Tyrants” y “Bright Lights” son largas de la leche (ocho y dieciséis minutos respectivamente), pero están tan llenas de contenido y tan bien hiladas que ni siquiera me entero de que el tiempo existe.
Es una pena que la voz de Amber Webber no sea explotada con más ganas; “Queens Will Play” y “Night Walks” me estremecen y me acuerdo de dos mujeres a las que admiro: Chan Marshall y Patti Smith. De mayor quiero ser hippy: “Wucan” sería la banda sonora que elegiría para teletransportarme. Es curioso y contradictorio que esto se llame “In the Future”; debería llamarse “In the Past”. “Black Mountain” (2005) era excelente; “In the Future” aumenta el ratio de cohesión y también el de calidad. Y a propósito, qué maravilla de portada.

Ahí quedan las ideas; ni siquiera me molesto en ordenarlas. Al fin y al cabo, el día tampoco fue tan malo.

www.blackmountainarmy.com

www.myspace.com/blackmountain

09 febrero 2008

RETROSPECTIVAS


SUGAR. Copper Blue / File Under: Easy Listening.

La canción 10.

La reciente publicación de “District Line” (2008), retorno de Bob Mould en solitario, ha llevado a rescatar del baúl de los recuerdos su ocupación de los 90: Sugar. Increíbles recuerdos, claro: la transición universitaria, una época de cambio mental y despertares en la que la sensibilidad musical empezó a florecer y las referencias en cartera a acrecentarse. En este punto me atrevo a homenajear a Francisco y Pepelu: todo fue gracias a ellos, a su generosidad y sapiencia (¿por dónde andáis, chicos?). Este proyecto, reafirmación en primera persona de Bob Mould (tras su estimable aportación a Hüsker Dü) en compañía de David Barbe y Malcolm Travis, fue un paréntesis en el tiempo del rock, tan intenso como breve. Apenas dos LPs, un EP y una colección de caras B que dejaron su huella particular. A “Copper Blue” (92) se le puede hacer un monumento en la plaza de cualquier pueblo. La New Musical Express (que a menudo la caga pero a veces acierta) ya lo ensalzó como álbum del año de Cobi y Curro. Razón no les faltaba, pues el disco es una inmensa oda a la canción perfecta. El arranque es fulgurante, con cuatro pesos pesados como “The Act We Act”, “A Good Idea”, “Changes” y “Helpless”. El ritmo es frenético e imparable, las guitarras se entretejen en marañas colosales y la voz de Mould se desdobla en mensajes repetitivos que se incrustan en el cerebro. Algunos temas van creciendo como la espuma (la mencionada “Changes” o “The Slim”) alcanzando cotas épicas. En otros emerge una mayor sensibilidad pop, como en la risueña “If I Can´t Change Your Mind” (todo un hit) o en la espléndida “Hoover Dam”, convertida en su canción más elaborada por obra y gracia de teclados y violines.

Y tan grande fue “Copper Blue” que tuvo un apéndice dignísimo en el EP “Beaster” (93), saco de temazos sin cabida en el debú. No hace falta refrescar el oído ni la memoria: la inquietante “Judas Cradle” y la hipnótica “Come Around” siguen vivas en la discoteca neuronal.

File Under: Easy Listening” (94) es menos impactante, pero no está exento de interés. Y precisamente contiene una de las mejores (por no decir la mejor, la redonda, la absoluta) canciones del trío: “Panama City Motel”. “Gift”, “What You Want It to Be” o “Gee Angel” mantienen esa fuerza imbatible del primer disco, pero “Believe What You´re Saying” denota agotamiento y “Explode and Make Up” huele a presunta despedida. En esta entrega David Barbe puso su grano de arena con un tema de cosecha e interpretación propia (“Company Book”), pero al poco decidió rendirse, convirtiendo lo presunto en firme.

La ofrenda de Sugar es solo un párrafo de pocas líneas en la enciclopedia del rock americano. Una herencia minúscula pero intachable. Un recuerdo fugaz pero imborrable. Por cierto, “District Line” también es bueno con ganas.

www.granarymusic.com

05 febrero 2008

DISCOS

THE MAGNETIC FIELDS. Distortion.

La cafetera y el poeta.

La vuelta de Stephin Merritt a la actualidad musical se produce a bombo y platillo. La ecuménica colección de 69 canciones de amor (mentado incansablemente como su disco cénit) se hizo demasiado cuesta arriba, pero este “Distortion” (2008) nace provisto de una ligereza apetecible: solo trece canciones rondando los tres minutos cada una. ¿Para qué enredarse más?. Pocos artistas reconocen el hecho de haberse inspirado en (o copiado de) una obra ajena; a Merritt le duele ya la boca de decir que su referente se llama “Psychocandy” (85). Y ese prurito de sonar como The Jesus & Mary Chain (o Love & Rockets, o Suicide) lo ha arrastrado a sacarse el carné del club de amigos del feedback repetitivo, una forma de hacer fácil lo difícil (la creación) y difícil lo fácil (la escucha). De estas influencias y premisas nace un disco que nada tiene de especial en los tiempos que corren, pero que pinta saludable con poca atención que se le preste. Y la peor pesadilla de Phil Spector se convierte en realidad: el abotargante muro sónico se derrumba machacado por unas melodías (The Beach Boys, Cole Porter, Scott Walker y la Motown) que resuenan frescas pese al papel de estraza que las envuelve. Si el disco modelo de los hermanos Reid rechinaba (según palabras del propio Merritt) como una cafetera con ritmo, con éste no surge el acto reflejo de llevarse los dedos índice a los oídos. ¿Objetivo incumplido?. No. Más bien el triunfo de la sensibilidad del poeta.

www.houseoftomorrow.com

01 febrero 2008

DISCOS


IRON & WINE. The Shepherd´s Dog.

Pequeño gran héroe.

Hay discos que llegan tarde (no demasiado), que entran por los oídos, la piel y el corazón. "The Shepherd´s Dog" (2007) hace tanta mella que dejarlo pasar sería un sacrilegio. El bueno de Sam Beam siempre ha compuesto grandes canciones; esta vez, sus días dorados de inspiración cristalizan en doce cortes tan bellos y abrumadores que tumban. Avanzando página, el disco supone un riesgo más allá de la rústica pretérita, como una mudanza del campo a la gran ciudad. Superproducido y arreglado con exquisitez maestra, las guitarras y banjos viajan en compañía de bongos, sitares y teclados con la esperanza de encontrar una vida mejor. Y la encuentran en el punto de la creación en que el country-folk hace esquina con otras músicas. La alegre "Pagan Angel and a Borrowed Car" anima a afrontar el resto con ganas locas. "White Tooth Man" está impregnada de psicodelia. El sabor latino de "Lovesong of the Buzzard" o "Innocent Bones", la ruptura rockera de "The Devil Never Sleeps" o el punto reggae de "Wolves (Song of the Shepherd´s Dog)" son también bazas inéditas, bien jugadas por el barbudo de Florida. Y la increíble "Carousel", con ese inconfundible olor a incienso, es de esas canciones inmaculadas que glorifican el arte y al artista. Un artista erigido en nuevo héroe americano, capaz de alcanzar la más absoluta exuberancia sin perder la modestia. Es lo que tiene arrimarse tanto a Burns y Convertino.

25 enero 2008

AGENDA

FEBRERO Y LO QUE VENDRÁ DESPUÉS.

Promesas y conjeturas para 2008.

La noria sigue girando. La música sigue sonando. He aquí otro largo año musical por delante. ¿Qué pasará en 2008?. Pues por lo que se rumorea, de todo. Sucederá que habrá un montón de lanzamientos de los de aúpa (Tindersticks, Nick Cave & the Bad Seeds, Spiritualized, The Cure, REM…) y algunos ya estamos relamiéndonos. Sucederá que el imperio Sinnamon seguirá expandiéndose con sus tropas mediático-publicitarias: no contento con declarar abiertamente la guerra al FIB (lo de que coincidan en días no es nada sano), ahora amenaza seriamente al Primavera Sound, sacándose de la manga un tal Daydream Festival en fechas peligrosamente cercanas, sito en el Forum y que anuncia a bombo y platillo a Radiohead. ¡¡El Primavera no se toca!!. Portishead (en la foto), Six Organs of Admittance, Shipping News, Scout Niblett, Deerhunter, Les Savy Fav, The Felice Brothers… y este año no me espero a abril para comprar el abono. Fe ciega, que se llama. ¿Por dónde iba?.. Ah, sí, lo que sucederá en 2008. Puede suceder que se sigan reencontrando viejos amigos (o enemigos): Roxy Music prometen formalmente disco y gira, My Bloody Valentine se suben al carro de los ganchos festivaleros, lo de Led Zeppelin en Londres parece que no quedará en una mera reunión puntual de antiguos alumnos y el nuevo circo de los Sex Pistols ya es una lamentable realidad. Hasta el ilustre Leonard Cohen se pone las espuelas y coge el caballo. Por no hablar de Bob Dylan, que suma, sigue y visitará nuestro país en una extensa gira veraniega. Estamos condenados al revival. “I wanna see a revival”, que diría Mark Lanegan

Estos son algunos conciertos de febrero:

THE SADIES. 4 febrero. Puerto de Santa María. Teatro Municipal.
5 febrero. Algeciras. Salón de Actos Politécnica.
6 febrero. Huelva. Cantero Cuadrado.
7 febrero. Madrid. Sala Dink.
8 febrero. Zaragoza. Casa del Loco.
9 febrero. Santander. Tropicana.

THE CHARLATANS. 5 febrero. Madrid. Joy Eslava.
6 febrero. Barcelona. Bikini.

THE GODFATHERS. 6 febrero. Barcelona. Apolo.
7 febrero. Valencia. Mirror.
8 febrero. Madrid. Heineken.
9 febrero. Bilbao. Antzokia.

THE MISSION. 8 febrero. Barcelona. Bikini.
9 febrero. Madrid. Heineken.
11 febrero. Valencia. Heineken Greenspace.

NADA SURF. 14 febrero. Madrid. Heineken.
15 febrero. Vigo. Sala A!.
16 febrero. Bilbao. Antzokia.

STEVE EARLE+ALLISON MOORER. 13 febrero. Madrid. Joy Eslava.
16 febrero. Barcelona. Bikini.

THE RAVEONETTES. 17 febrero. Madrid. Heineken.
18 febrero. Barcelona. Apolo.

AMERICAN MUSIC CLUB. 20 febrero. Gijón. Acapulco.
21 febrero. Madrid. Caracol.
22 febrero. Bilbao. Antzokia.
23 febrero. Barcelona. Bikini.

GIRLS AGAINST BOYS. 21 febrero. Barcelona. Be Cool.
22 febrero. Murcia. 12 & Medio.
23 febrero. Madrid. Gruta 77.

MICHAEL GIRA. 22 febrero. Barcelona. Apolo.

THE MEKONS. 27 febrero. Barcelona. Apolo.
29 febrero. Madrid. Gruta 77.
1 marzo. Murcia. 12 & Medio.

THE MARS VOLTA. 29 febrero. Madrid. La Riviera.
1 marzo. Barcelona. Razzmatazz.

Y esto solo es el principio.

Foto:
www.portishead.cn

07 enero 2008

REPORTAJES

ADIÓS 2007: EPÍLOGO Y RESUMEN.

Un hueco para los discos olvidados.

2007 llegó a su fin. Otro año de exilio, entre dos tierras, sin pena ni gloria. Por suerte, tampoco ha faltado la música. A mejor disco del año (opiniones unívocas, sin voto ni consulta) postularon con fuerza Grinderman, Bill Callahan, Low y recientemente Radiohead. Mejor canción es misión imposible; demasiadas para sopesar, aunque instantáneamente resurgen dos con mucho jugo: “Atlas” (Battles) y “No Pussy Blues” (Grinderman). De directos, los hubo abundantes, sin vencedores ni vencidos, pues a menudo los que más huella dejan no son precisamente los mejores. Y también salieron del archivo muchos clásicos (Leonard Cohen, David Bowie, The Who, Led Zeppelin, la ELO, Simon & Garfunkel, Brian Wilson, Spacemen 3, etc), sin tiempo para una justa retrospectiva. Lo comentado y redicho en el blog durante el año no representa ni la cuarta parte de todos los proyectos, ideas y propósitos creados por las neuronas. Hubo muchos discos que ocuparon minutos, horas y días, fabricando palabras que nunca fueron escritas. Es hora de solucionarlo y evitar que el año viejo muera definitivamente, incompleto.

BATTLES. Mirrored.
Desde luego, “Atlas” ya vale por todo el disco: el puntiagudo bajo y las voces de Papá Pitufo la convirtieron en la canción más rara y trepidante del año. “Race In” y “Tonto” también merecen varias escuchas y un aplauso. Pero el resto se atraganta como un polvorón sin masticar. Como si Tortoise de repente se hubieran vuelto locos y punkis.
La canción: “Atlas”.


BEIRUT. The Flying Club Cup.
Trombones, trompetas, acordeones y ukeleles siguen siendo la materia prima esencial, pero una orquesta y un piano a tiempo dan a la música de Zach Condon un punto de holgura senior. Creciendo, aprendiendo y mejorando. Afrancesado en la temática y los títulos (París es mucho), igualmente cerca de un convite zíngaro o un desfile tirolés. Nuevos aires para el underground.
La canción: “A Sunday Smile”.


BENJAMIN BIOLAY. Trash Ye-Yé.
Ni por asomo es su mejor álbum, pero gana con la reincidencia y en él se adivina un nuevo amigo imaginario: los 80. La clave está en los arreglos (voces angelicales, violines, samplers..), que sitúan cada canción un paso más allá de su recorrido. “La Chambre d´Amis”, “Laisse Aboyer les Chiens” o “Cactus Concerto ” confirman su indiscutible pole position en la parrilla de grandes chansonniers (con permiso del calvo, por supuesto).
La canción: “Qu´est-ce que ça peut faire”.

BOBBY CONN. King for a Day.
Del punch de “Rise Up!” (98) ya no quedan ni las raspas. Pero ahí sigue, buscando su lugar en el mundo. Esta vez le ha dado por la magalomanía de estadio, el heavy rancio, el power pop, el Sargento Pepper, Michael Jackson y Marvin Gaye, salpicando de momentos aceptables y otros muy triviales una rapsodia más elitista que bohemia. Menudo bicho.
La canción: “(I´m Through With) My Ego”.


THE CHEMICAL BROTHERS. We Are the Night.
Ellos son la noche: no es un farol, es la pura realidad. Cuando parecía que no tenían nada más que ofrecer, Rowlands y Simons contraatacan con su obra más adictiva y simpática en años. Basta enchufarse “Saturate”, “Do It Again”, “Das Spiegel” o “The Salmon Dance” para no parar de bailar. Como en sus mejores tiempos.
La canción: “Das Spiegel”.


DEERHUNTER. Cryptograms.
Aplastantes en directo, desconcertantes en disco. Hipnótico, metafísico y alucinógeno, raramente secuenciado y fuera de catálogo. Incomoda, vuelve del revés y, finalmente, convence. Es fácil viajar a las antípodas de lo material a su costa, especialmente al son de “Octet” o “White Ink”.
La canción: “Hazel St.”.


THE EARLIES. The Enemy Chorus.
Un intercambio transatlántico de ideas y pistas dio lugar a esta oda al hedonismo. Como en un buen cajón de sastre, puedes encontrar de todo: electrónica, folk, soul, psicodelia, krautrock, cortes cinematográficos. Las piezas están seleccionadas al detalle, medidas al milímetro y combinadas a la perfección. El resultado es un puzzle lleno de colores que no se ven, pero se oyen. Una experiencia sensorial.
La canción: “Breaking Point”.

EINSTÜRZENDE NEUBAUTEN. Alles Wieder Offen.
Asesorado y parcialmente sostenido por los fans a través de internet, he aquí otra obra maestra de los berlineses. Comienza con un piano anunciador del fin del mundo y termina con una guitarra española. Marciales y metálicos (“Weil, Weil, Weil”, “Von Wegen”) o elegantes y melódicos (“Nagorny Karabach”), se mueven sobre el hilo sin perder jamás el equilibrio. Otra condecoración más a su personalidad arrolladora.
La canción: “Susej”.

ELECTRELANE. No Shouts, No Calls.
Lo reconozco: no daba un duro por ellas. Este álbum me devuelve la moneda de la indiferencia en forma de furia distinguida, con brillantes desarrollos instrumentales, guitarras que se clavan en las sienes y un gusto exquisito por la oscuridad. Solo falta redondear esa débil faceta vocal para llegar a ser perfectas.
La canción: “Five”.



JOSEPH ARTHUR. Let´s Just Be.
Sello propio es sinónimo de explosión. Sin perder su excelencia creativa, el de Ohio se desmelena, bromea, improvisa, explora registros impensables, juega a la canción interminable (“Lonely Astronaut”, 20 minutos de nada) y se reencarna en Jagger o Bowie respetando fielmente su acento Dylan. Y da a luz un disco visceral, desordenado y casero que se sale. Musicazo.
La canción: “Spacemen”.

PATRICK WATSON. Close to Paradise.
El gran descubrimiento del año. Ponlo a todo volumen, concéntrate en él y atraviesa el espejo: ya estás dentro del paraíso. Folk con atrezzos circenses, con mucho sabor clásico y con más detalles que un “todo a cien” chino. Y esa voz no es la de Jeff Buckley, pero cualquiera diría que ha resucitado. Colmado de premios en Canadá, y con razón.
La canción: “Daydreamer”.



THE POLYPHONIC SPREE. The Fragile Army.
Cuanto más oscuro está y más frío hace, más se agradece escucharlos. La banda más numerosa del planeta ha vuelto con las mismas: rollo mesiánico pelín agridulce en doce nuevas secciones con varios actos. Todas alicatadas hasta el techo con coros multitudinarios y millones de instrumentos. Algunas son sintonía para musicales de Broadway, otras solo para fiestas bastardas. Hay vida más allá de Arcade Fire.
La canción: “Overblow your Nest”.


RICHARD SWIFT. Dressed Up for the Letdown.
Se descolgó de Wilco en la gira española sin saber por qué (qué disgusto), pero nos dejó esta joya de recuerdo. Un retrato americano de ilusiones rotas e ironías, con melodías perfectas en las que resuenan Elvis Costello, Randy Newman o Bob Dylan, y con títulos tan sugerentes como “las canciones de la libertad nacional”, “vestido para la desilusión” o “la balada de tú sabes quién”.
La canción: “Artist & Repertoire”.


THE SHINS. Wincing the Night Away.
Con este trabajo han firmado su puesta de largo. Canciones bien vestidas y perfumadas de pop mayúsculo, que echan el freno antes de aproximarse al precipicio del estereotipo y la blandenguería. Y cuando quieren ponerse oníricos a lo Mercury Rev (“Black Wave”), también les sale bien. Menuda clase tienen, los jodíos.
La canción: “Phantom Limb”.

THE STOOGES. The Weirdness.
Ya lo dijo Black Francis: “¿No os gusta el disco?. Os jodéis, están en su derecho de cargarse su propio legado”. Tampoco es para tanto, porque el disco mola. Al menos tienen huevos para ir más allá que otros que viven de las rentas y no se divierten ni la mitad. Y “Free and Freaky”, “Idea of Fun” o “I´m Fried” podían suceder dignamente a “I Wanna Be Your Dog” como himno iguanesco. Larga vida a Iggy Rock.
La canción: “The Weirdness”.


THURSTON MOORE. Trees Outside the Academy.
Básicamente Sonic Youth con una capa de barniz. El respetado Thurston apuesta esta vez por colgarse la acústica, dejando la electricidad en manos de J Mascis (Dios los crea y ellos se juntan). También apuesta por un violín que encaja de perlas y por concretar, dando vacaciones a las habituales contorsiones y distorsiones. Básicamente un gran álbum. Tratándose de quien se trata, un axioma.
La canción: “Off Work”.


VIC CHESNUTT. North Star Deserter.
La leyenda del rock cuenta que es un iluminado. La leyenda del rock es sabia. Hoy decide acompañarse por un ejército de ruidistas experimentales (Goodspeed! You Black Emperor, Fugazi, A Silver Mt Zion) y de ahí surge su disco más lúgubre e inquietante. Las texturas eléctricas y orquestales quedan allá, en el horizonte, en segundo plano, sin ensombrecer el talento del poeta de la desdicha, la eminencia del country-rock más digno y sincero.
La canción: “Splendid”.

THE WHITE STRIPES. Icky Thump.
Cuando un disco tan esperado ve la luz, la costumbre suele ser besarlo o despellejarlo, sin medias tintas. Eso ocurrió este año con el último invento de Jack y Meg, uno de los más completos y variopintos de su trayectoria. Tienen gracia poniéndose celtarras (“Prickly Thorn, But Sweetly Worn”) o fandangueros (“Conquest”), pero su punto fuerte sigue siendo el aullido y el chirrido. Mejores cuanto más burros.
La canción: “Little Cream Soda”.

09 diciembre 2007

DISCOS

RADIOHEAD. In Rainbows.

Potencial disco del año.

Estamos a punto de decir adiós a 2007. Puede que esta sea la última crítica discográfica. Puede que este sea el mejor disco del año. Cuando parecía que se habían derretido como los glaciares de la Patagonia, el quinteto de Oxford ha vuelto para firmar su séptima obra maestra. Se han escrito ríos de tinta a propósito de su difusión en red (¿cuánto pagarías por él?). Se abre un nuevo camino para el futuro de la música. ¿Y quién se atreverá a seguirlo?.

In Rainbows” (2007), aparte medios y formatos, es un lingote de oro de muchos quilates. Por la espera (eterna) y por el resultado (magnífico), sienta como un buen masaje. Se acabaron las pataletas electrónicas y los precipicios existenciales, aunque la oscuridad sigue impregnando muchas de las canciones en una fina membrana de decepción. Todo fluye más sereno (solo “Bodysnatchers” repliega la tranquilidad y pisa el acelerador). Todo parece más sencillo, aunque los desarrollos sean a menudo impredecibles. Capas y capas de guitarras afónicas, ritmos jazzy, aderezos sintetizados y ocasionales arreglos de cuerda que envuelven y aíslan del exterior, encerrando el cuerpo medio inerte en una cápsula a prueba de balas. “15 Step”, “Weird Fishes/Arpeggi”, “All I Need”, “House of Cards” y “Videotape” valen tanto que no hay bolsillo ni voluntad que las financie. Definitivamente, el disco del año.

Thom Yorke y los suyos no han hecho otra cosa que resucitar esperanzas. El éxito pretérito y masivo es también el éxito extraño, pues no hay evolución creativa más anti-mercado que la suya. Con “In Rainbows” se abre la puerta del futuro, interconectando puertos y desafiando leyes. Todo lo bueno que les pueda pasar a partir de ahora es absolutamente merecido y está plenamente justificado.

www.inrainbows.com

www.radiohead.com

25 noviembre 2007

REPORTAJES


BLANCAS BICICLETAS (JOE BOYD)

La música también se lee.

“Lo único mejor que la música es hablar de música”. Es la frase que encabeza el prólogo de la edición española de “Blancas Bicicletas. Creando Música en los 60”. Una frase que encierra la respuesta a un dilema que muchos nos planteamos cada día: ¿por qué escribo sobre música?, ¿realmente me compensa?, ¿qué gano con ello?, ¿qué aporta a mi vida?. Tener la posibilidad de comunicar al mundo anónimo las impresiones que no puedes compartir a diario con seres de carne y hueso es tan creativo como reconfortante. No da beneficios tangibles, pero sí alegrías, la satisfacción de un sentimiento perfectamente expresado, de un comentario ocasional.

Hay muchas formas y medios de escribir sobre música. Y a veces leerla es igual de interesante que escucharla. Es lo que ocurre con este libro; una fotografía de los años dorados del cambio. Sin estricto orden cronológico pero con gran delicadeza, Joe Boyd retrata una década vertiginosa, la de los sesenta (aunque según el propio autor, los sesenta empezaron en 1956 y acabaron en 1973) que marcó el comienzo de un camino en lo que a música se refiere. Y no hay nada mejor que conocer la historia de la mano de alguien que estuvo dentro de ella, y más que eso, que fue uno de los actores principales del reparto. Boyd fue descubridor de talentos, propulsor del antro hippy londinense por excelencia (el UFO), páter de Witchseason Productions, amigo, consejero o guardaespaldas de grandes personajes de la época, y acabó trabajando en Hollywood como creador de bandas sonoras y cineasta. La vida narrada por Boyd en “Blancas Bicicletas” es tan fascinante como un cuento de hadas. De hadas con guitarras, caftanes, pantalones de campana y hierba en los bolsillos, claro está.

Leerse este libro es toda una aventura salpicada de nombres célebres (desde músicos a productores, pasando por empresarios, periodistas y otros frikis de la época), anécdotas entrañables (especial la de Joni Mitchell atrapada en plena redada nocturna, o el encontronazo con Bob Dylan en casa de Mary Vangi), apuntes técnicos (impagable el de cómo la tecnología ha eliminado la magia del factor acústica en las grabaciones) y sobre todo, un análisis soterrado y agridulce de cómo los sueños de aquellos días se quedaron en eso, solo sueños.

Es imposible ordenar y comentar las mil y una ideas del libro es unos cuantos párrafos, pero éstas sean quizá las historias más trascendentes, interesantes y reveladoras para un lector enamorado de la música.

NEWPORT FOLK FESTIVAL 65: Los millones de festivales actuales deben bastante a acontecimientos como este, un evento en el que se daban cita “folkies urbanos con contratos discográficos, hillbillies de los Apalaches que apenas habían salido de sus valles, una avanzadilla de grupos de ´músicas del mundo´ veinte años antes de su tiempo y artistas profesionales de blues, gospel y country que raramente actuaban ante audiencias de clase media”. Cualquier parecido con un festival del siglo XXI es pura coincidencia. Todo el mundo recuerda aquel domingo de abril del 65 como “el día del sacrilegio de Dylan”. Se ha elucubrado y fantaseado mucho sobre el tema, sobre lo que ocurrió en el escenario y las reacciones aledañas. Joe Boyd pone los puntos sobre las íes, desterrando para siempre engaños y mitos, y contando la verdad. No es cierto que Peter Seeger intentara boicotear la actuación en un ataque de ira; lo que hizo fue huir cariacontecido y despavorido hacia el parking del recinto. La mayoría de la gente no estaba preparada para tanto ruido. Transcribiendo: “Era algo que hoy damos por hecho, pero totalmente nuevo entonces: letras no lineales, una actitud total de desprecio por la expectación y los valores establecidos, acompañado todo ello de una ululante guitarra de blues y una potente sección rítmica, ejecutado por chicos jóvenes a volumen ensordecedor. Los Beatles todavía cantaban canciones de amor en 1965, mientras que los Stones tocaban una especie de pop sexy de raíces blues. Esto era distinto. Esto era el nacimiento del rock”. Sin más comentarios.

THE INCREDIBLE STRING BAND: Junto a Fairport Convention y Nick Drake, los escoceses fueron el mayor foco de satisfacciones (y de quebraderos de cabeza también) de Joe Boyd. El propio Joe define su primer encuentro con ellos de manera muy expresiva: “críos y drogas por todas partes, camisas y blusas floreadas, capas de terciopelo, pañuelos de seda y zuecos, todo imbuído del aroma del pachulí”. Al dúo inicial formado por Clive Palmer y Robin Williamson se fueron sumando posteriormente personajes que alteraron el rumbo del barco, en lo musical-escénico y en lo personal. Mike Heron asumió el brazo de almirante; Rose Simpson aprendió a tocar el bajo sobre la marcha y con una efectividad de pasmo; y Licorice se convirtió en un muñeco decorativo indispensable. De comuna psicodélica pasaron a reclutas de la cienciología, y sus maneras cambiaron radicalmente. El propio Boyd decidió indagar desde dentro en los misterios de la religión de moda, pero sus conclusiones (diplomáticas, eso sí) matan cualquier atisbo de interés (cienciología=negocio). “Blancas Bicicletas” despeja una duda crucial mantenida durante mucho tiempo: ¿por qué la Incredible String Band no aparece en la película sobre Woodstock?. Cuestiones meteorológicas, logísticas y del destino impidieron que el grupo alcanzara su gloria. Y Boyd se lamenta, y de qué manera, sobre ello.

El UFO: Montado inicialmente sobre los restos del decadente Blarney Club, el club UFO fue el santuario de los hippies de Londres y alrededores allá por el 67. Fue mucho más que una sala para conciertos. Era un espacio abierto a todo tipo de actividades (¿legales?, ¿ilegales?), donde se daban la mano músicos, revolucionarios, performers y todo hijo de vecino con necesidad de abstraerse del mundo exterior. Hasta Yoko Ono escogió a los actores de “Bottoms” entre el público del local. Como dice Boyd: “La gente se tragaba cualquier cosa”; conciertos de música rock, psicodélica, jazz de vanguardia, largometrajes de Kurosawa o Warhol, números de baile, luminotecnia. Lo que fuera con tal de alcanzar la gran evasión. De lo meramente musical, la lista de asiduos al escenario del UFO entre diciembre del 66 y septiembre del 67 estaba encabezada por unos Pink Floyd en plena ebullición. Junto a ellos, Soft Machine, Arthur Brown, The Social Deviants, Procol Harum, The Move, Tomorrow, The Knack, Pretty Things o Fairport Convention. El libro contiene la alucinante lista de programaciones diarias durante ese periodo.

PINK FLOYD: Joe Boyd define su música como la música de fondo del underground entre el 66 y el 67. Pese a descubrirlos y apostar por ellos, convirtiéndolos en cabeza de cartel casi continua del UFO, su trabajo común fue efímero (un par de singles). Según el propio Boyd: “el éxito de Pink Floyd es difícil de analizar o explicar; lo que trajeron de Cambridge era de cosecha propia, y el Londres de 1967 fue el primero en enamorarse de ello”. Rock ambiguo en conexión divina con la psicodelia, aderezado con luces en movimiento. El nombre de Pink Floyd siempre estará ligado (por los siglos de los siglos) al de Syd Barrett, pese a que la aportación de éste al proyecto fuera igualmente minúscula. Joe Boyd lo afirma: “Es posible que Syd sea el más famoso individuo de los Floyd, pero sus canciones han sido escuchadas solo por una pequeña fracción de los millones que han comprado discos de Pink Floyd”. El deterioro psico-químico llevó a Barrett a abandonar, y ahí empezó un nuevo episodio para la banda.

FAIRPORT CONVENTION: Al contrario que con los Floyd, el matrimonio con Fairport Convention fue sólido y duradero. En el lado opuesto de la Incredible String Band, Boyd define a los incipientes Fairport como “un grupo de chicos bien educados que se tomaban el rock and roll como si fuera una tesis doctoral”. La banda tiene un antes y un después, con punto de inflexión en el fatal accidente que, recién acabado “Unhalfbricking”, segó la vida de Martin Ramble. En ese antes y en el después, Richard Thompson es el faro guía, un guitarrista superdotado cuya forma de tocar evoca, todo según Boyd, “el sonido ininterrumpido de los gaiteros escoceses y la melodía del cantante, ecos de las guitarras de Barney Kessell y James Burton y el piano de Jerry Lee Lewis”. La otra gran pieza del rompecabezas es Sandy Denny. Boyd apostó por ella como voz del grupo desde el primer momento, dudando de que su personalidad no engullera al resto de la banda. El experimento funcionó durante algunas grabaciones, pero la ambición compositiva de Denny era demasiado fuerte y sus ansias de emancipación ilimitadas. La historia de Joe Boyd y Fairport Convention es una entrañable historia de admiración, fidelidad y amistad. Toda una lección.

NICK DRAKE: Existen muchas teorías y fábulas sobre él. La de Boyd es la definitiva, la creíble del todo, pues compartieron horas, juegos y discos. En sus descripciones sobre la figura de Drake, Joe Boyd no aporta nada que ya no se supiera: introspección, inseguridad, timidez. Lo espeluznante es el relato de cómo la letra de “Fruitree” (“seguro en tu lugar bajo tierra, entonces sabrán lo valioso que eras”) cobró sentido con el tiempo, después de la tragedia, creando sentimientos de culpabilidad por no prestar auxilio a alguien que lo pedía discretamente. En la aparente simplicidad de las canciones se escondía un Nick Drake revolucionario y virtuoso que sorprendía a todos, que enamoraba a todos. Lo dicen los que lo vieron tocar, los que sintieron sus acordes y estudiaron sus textos. Unanimidad absoluta. Su música despertó tantas expectativas que el mundo entero se volcó en ella (incluido el difícil John Cale), trabajando por y para ella, pero olvidando lo más importante: a la persona del músico. “Pink Moon” fue la solución drástica; solo guitarra y voz; la última (y quizá única) vez que Nick Drake hizo realidad un verdadero deseo. Ya lo decía “Fruitree”. Y ya lo dice Joe Boyd: “La música de Nick no fue banda sonora de los recuerdos de sus padres, por eso los oyentes modernos pueden hacerla suya”.

ADDENDA (LAS IMÁGENES): Además de muchos y variados relatos, “Blancas Bicicletas” contiene en sus páginas centrales una colección de fotos en blanco y negro que ponen cara a los protagonistas y dan veracidad a las descripciones. Bob Dylan aparece seguro de sí mismo en plena carretera a Woodstock en el 65. The Move posan con sus locas indumentarias y sus aires trascendentales. Dylan, Joan Baez, Peter, Paul & Mary, The Freedom Singers, Pete Seeger y Theodore Bikel interpretan “We Shall Overcome” cogidos de la mano en Newport 63. Nick Drake se asoma al abismo de un piano, elegante y dubitativo en el 68. La Incredible String Band (acompañada por el propio Boyd) sonríe a cámara en el 69. Fairport Convention ensayan para “Liege and Lief”, con Richard Thompson en el epicentro y Sandy Denny distraída y ausentada.

Blancas Bicicletas. Creando música en los 60” está editado por Global Rhythm Press, traducido por Ignacio Juliá y es una auténtica maravilla.

16 noviembre 2007

CONCIERTOS

WILCO. Madrid. La Riviera. 9-11-2007.

Wilco-Machine.

He visto muchos conciertos en mi vida. He visto muchas bandas sobre los escenarios. Pero he visto pocas como Wilco. Y eso que por circunstancias me perdí sus dos actuaciones más memorables en España: la del Primavera Sound 2004 (por subnormal) y la de Madrid en 2005 (las infaustas oposiciones). Aprovechando un argot detestable pero muy descriptivo, los de Chicago juegan en la Champions, son un equipo compacto y sin fisuras que ataca como los brasileños y defiende como los italianos, pasando por encima de cualquier hipotético rival. No hay quien los pare. Están en su momento cumbre. Y hay que ver lo que se divierten, y lo que divierten a un grueso de seguidores que va creciendo con cada disco y cada visita. Con tanta entrega y calor, es normal que Jeff Tweedy acabe enamorado hasta las trancas de nuestro país (¿y quién no?).

Ya lo aprecié en Barcelona, y ya lo escribí antes: son una maquinaria infalible, una especie de orquesta que sabe hacer del rock clásico algo cercano, palpable y moderno sin mancillar sus raíces. Lo de Nels Cline no tiene nombre; de sus tropecientas guitarras y sus extraños pedales y aparatos de efectos (amén de sus dedos de Jimi Hendrix caucásico) brotan chorros de petróleo. Y sigo impactada sin remedio por Glenn Kotche y su batería arquitectónica. Jeff Tweedy, aparte de portador del brazalete de capitán, se revela como un portento con las seis cuerdas; sus guitarras juguetean con las de Nels Cline y Pat Sansone (increíble exhibición en “Impossible Germany”), sin que ninguna se meriende a la otra. El resultado es una revisión al alza de las canciones, mucho más jugosas que en grabación; se nota especialmente en las de “Sky Blue Sky”, con mención a “Walken”, todo un torbellino en directo. Otras como “War on War”, “I Am Trying to Break Your Heart”, “A Shot in the Arm”, “Late Greats” o “Heavy Metal Drummer” son perfectas por definición, pero incluso también saben mejorarlas. Y qué forma (pura psicodelia) de finiquitar “Handshake Drugs”, con brumas electrostáticas. O qué forma de introducir “I´m the Man Who Loves You”, con apelación al cántico masivo y suspense. Dos momentos para detenerse: 1) “On and On and On”, emocionante, con ese piano incandescente y Tweedy cantando como en su puñetera vida; 2) “Spiders”, grande, subidones de mareo; tras ella los segundos bises (prácticamente un homenaje al lejano “Being There”) ya casi no vienen a cuento.

Entrada: 30 euros. Alojamiento: otros 30. Viaje: 4,40. Un concierto de Wilco no tienen precio. Para todo lo demás…

www.wilcoworld.com