03 septiembre 2007

REPORTAJES


DIRTY THREE: EL VIOLÍN DE LOS INFIERNOS.

Soy débil. Todo se remonta a aquel último de mayo en el Forum de Barcelona. Ese violín me dejó herida de muerte, aunque apenas me percaté en caliente, solo después, pasados los días, en casa, en frío. Yo los respetaba, los admiraba, aunque siempre habían sido una banda para ocasiones contadas, para no empacharse, para degustar en pequeños bocados. Aquel día supuso un viraje brusco, el cambio de rumbo hacia una obsesión, otra más en mi larga carrera. Warren Ellis ya no es solo el violinista de Nick Cave; es la mano que mece la cuna, el guardián entre el centeno, y se me aparece cada noche en sueños, amenazándome en broma con su arco maldito. Los discos de los tres sucios se han convertido poco a poco en el pan de cada día, o mejor, en esa droga de la que no puedes prescindir aún a sabiendas de que acabará contigo.

No son unos cualesquiera. Afortunadamente, nunca han sido protagonistas. Ni lo serán. Son demasiado inteligentes para eso. Su música es demasiado inteligente para eso. Su música suena a archipiélagos fríos y remotos, a olas estrellándose contra las rocas, a pozos oscuros en los que apenas se adivina el fondo. Su música despierta sensaciones diferentes según el estado de ánimo o la amplitud y luminosidad de los espacios; tan pronto te alerta de un peligro inminente, como te quita el aire hasta la más extrema claustrofobia, o te balancea como una nana hasta que te duermes. A veces cimbrea el alma suavemente, otras tienes que pararla para no arrojarte al precipicio. Normal; es música creada por alguien que asegura haber sido visitado varias veces por el espíritu del mismísimo Beethoven.

Música que no necesita palabras, que deja sin palabras, la palabra estorba. Ese violín de los infiernos ha creado un lenguaje nuevo que, como los cantos de las sirenas, hay que aprender a descifrar. Ese violín eléctrico, sobrenatural y anárquico, que susurra versos codificados, cuando no termina aullando, llorando o gritando moribundo, poniendo el corazón en el puño. Ese violín que se rebela salvaje, cabalgando entre percusiones volátiles y escurridizos acordes de guitarra. Ese violín que a veces deja de serlo, reencarnándose en bongo, flauta o mandolina, alimentando el juego del despiste.


Más de diez años de trabajo y autofidelidad dan lugar a una obra sólida y personalísima con múltiples ingredientes que se ligan creando un todo puro Dirty Three: rock sinfónico, free-jazz, country-western, clásica, aires celtas, humos mántricos y otras músicas del mundo. Cuando el término post-rock empezó a ponerse de moda, ellos ya habían ido y habían vuelto por sus caminos. Esa obra está representada en siete álbumes a cual mejor: el primitivo “Sad & Dangerous” (95), el enigmático “Dirty Three” (95), el turbulento “Horse Stories” (96), el evocador “Ocean Songs” (98), el romántico “Whatever You Love, You Are” (2000), el descendente “She Has No Strings Apollo” (2003) y el variopinto “Cinder” (2005). Una discografía a la que hay que enfrentarse con infinita paciencia. Escasas canciones (y solo en “Cinder”) bajan de los tres minutos, muchas llegan a los seis y algunas sobrepasan los diez. “Deep Waters” (incluida en “Ocean Songs”) bate el récord con 16 minutos y medio. Su listado de referencias se completa con diversas composiciones para el cine y un EP compartido con un grupo que encaja con ellos como anillo al dedo: Low. Y se avecina un jugoso DVD para inmortalizar su vertiginoso directo.

No hay un solo momento en todos esos álbumes que no merezca la pena, pero ahí va una selección personal de los mejores, los que dejan verdaderas cicatrices:

- “Alice Wading” de “She Has No Strings Apollo”.
- “Authentic Celestial Music” de “Ocean Songs”.
- “Great Waves” de “Cinder”.
- “Ever Since” de “Cinder”.
- “Flutter” de “Cinder”.
- “Hope” de “Horse Stories”.
- “Horse” de “Horse Stories”.
- “I Offered It Up to the Stars and the Night Sky” de “Whatever You Love, You Are”
- “Indian Love Song” de “Dirty Three”.
- “Kim´s Dirt” de “Sad & Dangerous” y “Dirty Three”.
- “The Last Night” de “Dirty Three”.
- “Long Way to Go with No Punch” de “She Has No Strings Apollo”.
- “Lullabye for Christie” de “Whatever You Love, You Are”
- “Red” de “Horse Stories”.
- “The Restless Waves” de “Ocean Songs”.
- “Some Summers They Drop Like Flys” de “Whatever You Love, You Are”.
- “You Were a Bum Dream” de “Sad & Dangerous”.










Soy débil. Reconozco mi absoluta predilección por los músicos polifacéticos, los que siempre están barruntando, los que aparecen en los créditos de otros, poniendo sus aptitudes y dones al servicio de la Humanidad. Warren Ellis es un tipo de los que caen en gracia. No solo por su envidiable curriculum (formar parte de los Bad Seeds y Grinderman ya es un sobrado motivo de envidia), también por su peculiar forma de tocar el instrumento madre (de espaldas, siempre de espaldas), sus desvaríos filosóficos y su entrañable chifladura. A su lado está Jim White; nombrarlo mejor batería del mundo quizá sea excesivo, aunque se cuenta entre los tres o cuatro mejores sin duda. Su sagrada presencia en Dirty Three se compagina con proyectos como The Tren Brothers y un abanico mareante de colaboraciones: desde Smog a PJ Harvey, pasando por Bonnie “Prince” Billy, Cat Power o Nina Nastasia. Y luego está Mick Turner, el que no hace casi ruido, un todoterreno de las artes, gestor del sello discográfico de la banda (Anchor & Hope, bonito nombre) e ilustrador de todas sus portadas desde “Dirty Three”. Tres sucios, tres reyes magos. Bienvenidos al club de los favoritos.

www.anchorandhope.com

01 septiembre 2007

AGENDA

AGENDA DE SEPTIEMBRE

El principio del fin de la sequía.

Siempre pasa lo mismo. Como no te apuntes a algún festival, el verano musical se hace más largo que un día sin pan. Por suerte ya empieza a haber movimiento; comienzan a anunciarse interesantes giras, como la de Bruce Springsteen (esta vez sí, con la E-Street Band) o la de Wilco (en la foto; siempre serán bien recibidos).

El mes ha arrancado con la celebración del Azkena Rock Festival de Vitoria, cuyo cartel completo ha costado más que un parto de trillizos. La edición del suspense. Al final, una oferta medianamente decente, pero ¿dónde están Grinderman?. Alguien vendió la piel del oso antes de cazarlo, y esas cosas cuestan caras. Por eso muchos estamos aquí y no allí, pese al brutal reclamo de Giant Sand y Heavy Trash.

Otro festival recomendable en septiembre es el Ebrovisión (Miranda de Ebro, días 20, 21 y 22), que se va haciendo grande poco a poco, incorporando cada vez más artistas internacionales. Este año The Charlatans, The Robocop Krauss y Rinôçérôse. Y como siempre en Barcelona para las fiestas de la Mercedes, el BAM, que definitivamente ha dejado de apostar por los grandes nombres a favor de un cartel presidido por la variedad y la serie B (recomendable informe de 15 años de BAM en la Rock de Lux de este mes; el documento idóneo para contrastar la tendencia apuntada) .

El verano, aparte de aburrimiento, nos ha dejado también malas noticias en forma de pérdida. Lee Hazlewood, influencia sagrada para la música actual, dijo adiós. También Tony Wilson, fundador del sello Factory Records y pulmón de acero de la movida mancuniana en los 80. Y también Hilly Kristal, fundador del mítico club neoyorquino CBGB, cuna del punk y la contracultura, y espacio inseparable de nombres como Ramones, Patti Smith, Television, Talking Heads, Blondie o The Heartbreakers. Unos que vienen y otros que se van.

Foto: fiberfib.com


25 agosto 2007

DISCOS

INTERPOL. Our Love to Admire.

Batalla contra la sombra.

Ay, el título del álbum da mala espina… “Antics” (2004) ya nos dejó en territorio neutral y lejos quedan los tiempos en los que, desconocedores de su pose y aspecto, alucinábamos con “Turn on the Bright Lights” (2002), las guitarras nos hipnotizaban y la voz de Paul Banks abría túneles gigantescos hacia la cueva de Joy Division. Debemos demasiado a aquel debú. Por eso hay que darles otra oportunidad. Primera escucha: mayor preocupación por conservar el peinado intacto y la chaqueta sin arrugas que por innovar. Suenan demasiado de libro, y se empeñan en refugiarse en una habitación sin ventanas abiertas a estímulos, regurgitando el mismo recurso y la misma idea hasta el aburrimiento. Solo “All Fired Up” merece la pena. Segunda escucha: bueno, no está tan mal. Al menos superan a sus símiles coetáneos (dígase Editors, por ejemplo) en algo más de dos cabezas. “Pioneer to the Falls” es un arranque decente y solemne y “Lighthouse” un cierre atrevido y valiente. Se adivina una melódica, un piano, cosas nuevas. Aunque algunos episodios merecen ir directos a la papelera de reciclaje, como “The Heinrich Maneuver” (¿quién tuvo la nefasta idea de escogerla como primer single?), “Pace is the Trick” o “Who Do You Think?”. Y “All Fired Up” sigue siendo la mejor. Tercera escucha: finalmente, es correcto, aunque no pluscuamperfecto. Crea una extraña empatía, tejiendo redes invisibles que atrapan la indiferencia y la moldean a su antojo. Deben ser esas guitarras tan (como dicen los listos y los que viven de esto) “shoegazer”. “Mammoth” y “Rest my Chemistry” ingresan definitivamente en el club de las buenas. Pero ninguna desbanca a la número uno: “All Fired Up”. Pese a mantener el tipo, la sombra del primero es demasiado alargada y demasiado negra. “Turn on the Bright Lights” forever.

www.interpolnyc.com

26 julio 2007

REPORTAJES

CRÓNICA DE UNA DESERTORA.

Recuerdos de ocho FIBs inolvidables.

El pasado fin de semana tuvo lugar la decimotercera edición del Festival Internacional de Benicasim, mi sacrosanto lugar de vacaciones en los últimos ocho años. Y por H o por B, mi cabeza dijo hace meses “no vayas” y yo le hice caso. Decisión irrevocable e irreversible. Como soy un poco kamikaze tuve que encender Radio 3 para ver qué estaba pasando por allí, y el jueves me topé de orejas con un Iggy estelar, el viernes con unos Jeff Tweedy & Cia. breves pero inmensos, el domingo con unos Hives divertidillos. Y mi corazón habló y dijo “¿por qué no has ido, tonta del culo?”. Fue el calentón de un momento melómano crítico, porque hay que ser consecuente con las decisiones y la mía tenía su fundamento. Pero lo peor es el lunes postrero, ese en el que empiezas a encontrarte gente que asocia miméticamente tu cara al festival y te bombardea con la pregunta del millón: “¿qué tal en Benicasim?”. Y tienes que confesar la verdad. BRRRR!.

La madurez, aparte de tener sus ventajas, nos convierte en maniáticos, exquisitos y sabihondos. Y renunciar al FIB en su edición trece no ha sido por superstición, sino por las tres cosas anteriores y algunas más. Decidí tozudamente que renunciaba por un choque mortal con un cartel débil y falto de imaginación. ¿Y quién dice que ese cartel no me hubiera parecido la bomba ocho años atrás?. ¿No me fascinaban Blur y Suede en 1999?. ¿No son Arctic Monkeys y Muse los equivalentes (salvando distancias) actuales?. Lavo mi conciencia: reconozco que sin el FIB no sería la persona que soy, que ese festival cumplió muchos de mis sueños, que allí he pasado los mejores momentos de mi vida. Sí, ya no es lo que era. Pero una parte de la menda sigue estando por allí. Esta es la lista de todos los conciertos vividos en estos ocho años.

1999: Arab Strap, Australian Blonde, Automatics, Baked Beans, Bis, Black Box Recorder, Blur, The Charlatans, The Chemical Brothers, Cinerama, Dark Star, The Delgados, dEUS, Dominique A, Gigolo Aunts, Hefner, Jon Spencer Blues Explosion, Kaplan, The Libs, Marine Research, Massive Attack, Mercury Rev, Ocean Colour Scene, Parade, Patrullero Mancuso, Rinoçerose, Salako, Snowpony, Sr. Chinarro, Stereophonics, Suede, Travis.

2000: Australian Blonde & Steve Wynn, Autour de Lucie, Babybird, Bentley Rhythm Ace, Dakota Suite, Doves, Digital 21, Elastica, Embrace, Flow, Gus Gus, The Happy Losers, Ian Brown, The Jacquelines, Jay-Jay Johanson, Jean Louis Murat, Johnny Marr & the Healers, Lambchop, Michel Houellebeq, Migala, Mina, Mojave 3, Morcheeba, Nada Surf, Nosoträsh, Oasis, Perry Blake, Placebo, Polak, Primal Scream, Richard Ashcroft, Sexy Sadie, Six by Seven, Stereo Total.

2001: Ash, Belle and Sebastian, Big Star, Bondage, Clinic, Death Cub for Cutie, The Divine Comedy, Élena, Elevator Suite, Experience, Fang, The Flaming Lips, Françoiz Breut, For Stars, Goldfrapp, James, Lowgold, Manic Street Preachers, Mercury Rev, Mogwai, Orbital, Orlando, Piano Magic, PJ Harvey, The Posies, Pulp, Red House Painters, Satellites, Sidonie, Sneaker Pimps, Tahiti 80.

2002: Belle and Sebastian, The Beta Band, El Diablo en el Ojo, Jack, Mercromina, Paul Weller, Primal Scream, Radiohead, Rinoçerose, Super Furry Animals, The Tea Servants.

2003: Beck, Camera Obscura, The Coral, Death in Vegas, Jet Lag, JJ72, Lou Ann, The Raveonettes, Schwarz.

2004: Ash, Camping, The Charlatans, The Dandy Warhols, Fangoria, Felix Da Housecat, Franz Ferdinand, Girls in Hawaii, Kings of Leon, Kraftwerk, Lou Reed, Patrick Wolf, Pet Shop Boys, Los Planetas, Primal Scream, Scissor Sisters, Spiritualized, Teenage Fanclub, Tim Booth, Tindersticks, Wire, Zoot Woman.

2005: !!!, Basement Jaxx, The Cure, Devendra Banhart, Diefenbach, Dinosaur Jr, Doves, Hot Hot Heat, Joseph Arthur, Kaiser Chiefs, Kasabian, The Kills, Kings of Convenience, Ladytron, LCD Soundsystem, Mäximo Park, Mouse on Mars, Nick Cave & the Bad Seeds, Oasis, The Polyphonic Spree, Radio 4, Tarwater, The Tears, Underworld, The Wedding Present, Yo la Tengo, The Zephyrs.

2006: 12Twelve, Calla, Depeche Mode, dEUS, Dyonisos, Dominique A, Editors, Howe Gelb + Sno Angel, Humbert Humbert, Madness, Manta Ray, Morrisey, Nada Surf, The Organ, Pixies, Placebo, Poni Hoax, Rufus Wainwright, Scissor Sisters, The Strokes, Teitur, Tom Verlaine, The Walkmen, Yann Tiersen.

¿Volverán las oscuras golondrinas en Benicasim sus tiendas a posar?. No contestemos. Dejémos el interrogante.

Foto:
www.fiberfib.com

23 julio 2007

CONCIERTOS

BJÖRK. Madrid. Las Ventas. 18-7-2007.

Eleva tu bandera.

El universo björkiano estaba en dulce letargo, y las espinitas de algunos permanecían clavadas en silencio, esperando el remedio que las extirpara para siempre. “Volta” ha sido el golpe de suerte, la campana anunciadora del despertar, la excusa para echar la vista atrás y resucitar la antigua admiración por el hada saltarina de los sueños polares. Lejos de excentricidades y rarezas, su nuevo (y quizá peor) disco ha servido para hacerla aterrizar en España y saldar una deuda contraída hace mucho tiempo.

Estandartes inertes, un tropel de ángeles fluorescentes con casacas y vientos, instrumentos cuaternarios e instrumentos de la nueva era y un escenario más parecido a Troya que al País de las Maravillas. Y ella, mitad mariposa mitad tuareg, con pies que no son pies, sino muelles que la lanzan al cielo de las estrellas. Porque es una de ellas, y sigue brillando pese a todo. Lo mejor de su trayectoria desfiló entre burladeros y tendidos (¡que la música derrumbe todos los cosos del mundo!), con algunas excepciones (se olvidó de “Venus as a Boy”, “Isobel”, “Human Behaviour”, “Violently Happy”, pero es que todo no puede ser). “Earth Intruders” abrió manando fuego, dejando paso a “Hunter”, “Hidden Place” o “Pagan Poetry”, en ejercicios continuos de pureza y ambición vocal que cristalizaron en “Immature”, “Joga” y una emocionantísima “Wanderlust” que lo gana todo en directo. “Aeroplane” fue su exiguo homenaje a “Debut” (casi quince años de sus primeros pasitos post-Sugarcubes, el tiempo vuela). “Army of Me” (momento estelar) nos devolvió a la Björk guerrera e iracunda, y “I Miss You” a la folclórica y risueña. El punto y aparte (después habría únicamente dos bises) derivó en una especie de rave hambrienta con “Hyper-Ballad” y “Pluto”. Y en medio de todo, esa perla llamada “Bachelorette”, esperada con fervor, favorita de la mayoría, una canción de bandera. Nunca mejor mencionadas las banderas: “Rise your flag, higher, higher” fue el grito de batalla y “Declare Independence” el recién compuesto himno de rebeliones anti-sistema, dardo envenenado a la cabeza de déspotas y engañabobos. Utopías, utopías. La canción acaba y todo sigue igual. Bueno, no todo: ya no hay deudas ni espinitas.

www.bjork.com

18 julio 2007

CONCIERTOS

SUMMERCASE 2007

Desembarco en Boadilla.

El Summercase empezó siendo el pariente de verano del Wintercase, y después de la segunda edición ya se pueden extraer serias conclusiones: que se presume un festival con vocación de permanencia, que se coloca por delante de su hermano invernal y que se convierte en una competencia cruda para el FIB. El mayor inconveniente de la sucursal madrileña es, sin duda, el emplazamiento. El recinto de Boadilla del Monte, amén de estar en el quinto carajo, es un patatal insalubre en el que se muerde polvo a espuertas y se acaba con los pies del revés. Aún así, lo que se preveía como una nueva odisea en el espacio no resultó tan trágico, pues los autobuses gratuitos de la organización funcionaron fetén (aunque alguien tendrá que explicar por qué se suspendió a última hora el servicio destino Moncloa). Se agradece: la amplitud de las terminales O y E, las pantallas para no perder ripio y el buen sonido de los conciertos en general. Se critica: los precios, porque cobrar tres euros por una botella de agua de 50 cl. es un atraco a mano armada (y sin tapón, oiga).

Y ahora la música. Como siempre tocó hacer descartes, algunos premeditados, otros sobre la marcha. Por coincidencia: Soulsavers con Mark Lanegan, My Brightest Diamond, OMD, Electrelane y The Whitest Boy Alive. Por masificación: Jarvis Cocker. Por agotamiento: The Chemical Brothers. Demostrado: la calidad de un festival no depende del cartel que se anuncia, sino de la criba que uno hace. En resumen…

THE HOURS: El negro me priva; automáticamente me transporta a Joy Division, a Bauhaus, a The Cure. Y aunque los tiros no van por ahí, sino más bien hacia Radiohead, The Smiths o Coldplay, que vistieran de negro riguroso pudo contribuir a que me gustaran más. Qué cosas. No han inventado la penicilina, pero “Narcissus Road” y “Back When You Were Good” son resultonas y “Murder or Suicide” se sale. Media horilla de lo más agradable.


BADLY DRAWN BOY: El arranque con “Born in the UK” hizo prever un concierto enérgico, pero agua. Se dan casos en que un puñado de buenas canciones y una gran banda no bastan. A Damon Gough le sucede. Es como si el fuego ardiera flojo y nadie se atreviera a echar más madera. Así que al final lo único que queda es el típico debate: ¿no se estará asando con esa chupa y ese gorro?.


JAMES: La reunificación de los de Manchester ha sido la gran noticia del año. Los motivos de su ida y venida no importan, porque nos han hecho pasar momentos tan gratos que poderlos revivir es un regalo. Y qué momento el del viernes 13… Los primeros acordes de “Born of Frustration” vaticinaron lo que se sabía (aluvión de himnos), y aunque empezaron algo congelados no defraudaron. Con esas canciones, ¿cómo van a defraudar?. Han escrito historia, y nos la releyeron con “Tomorrow”, “Sit Down”, “Out to Get You”, “Ring the Bells”, “Say Something”, “Getting Away with It”, “Laid”, “Sometimes”, “She´s a Star” y la inesperada (y espeluznante) “Play Dead”. No estaban muertos, estaban de parranda, porque las dos nuevas son buenísimas. Y Tim Booth, pese a estar más apagado, sigue siendo un entrañable caballero-histrión. Lo siente en sus carnes y nos lo contagia. Pues eso, conciertazo. Y como proclamaba una pancarta en primera fila: GRUPAZO.

DJ SHADOW: Un DJ a las diez de la noche es poco menos que una aberración. Pero claro, el Shadow es algo más que DJ. Esa amalgama de etno-rock con guitarras wah-wah, techno oscuro y hip hop, más las proyecciones truculentas que la adornan, crearon un ambiente perfecto para atizarse el bocadillo de rigor. Poco movimiento (salvo cuando coló el “Be There” de UNKLE con Ian Brown), pero es que a esas horas el cuerpo pide otras cosas.


THE JESUS AND MARY CHAIN: Lo mejor de los regresos es que algunos son como celebraciones, comunión de banda mítica y fans de antaño, sucesión de grandes éxitos chapurreados a coro. Yo nunca fui muy fan, pero acabé creyéndome una de ellos. Y canturreé (vaya si lo hice) “Head On”, “Sidewalking”, “Some Candy Talking”, “Just Like Honey”, “Blues from a Gun” y “Cracking Up”. No son la alegría de la huerta, ni falta que les hace. Empezaron sonando fatal pero cumplieron con lo previsto: tocar bien (espectacular Loz Colbert con las baquetas y las maracas) y demostrar que las bandas empeñadas en copiarlos no les llegan a la suela del zapato. Y ese final con “Reverence” fue como subir al cielo y encontrarte al mismísimo diablo en la puerta.

AIR: Para captar el matiz del espectáculo de los galos hay que irse lejos, perderse entre la gente, abandonarse solo y huir de las interferencias. Solamente así se consigue quedar atrapado en las redes de su magia, y sentir que vuelas por ese cielo nocturno que es el escenario. Pasaron bastante de “Pocket Symphony” y abordaron lo más granado de “Talkie Walkie” (“Venus”, “Run”, “Cherry Blossom Girl”), “10.000Hz Legend” (“Radian”, “People in the City”, “Don´t Be Light”) y “Moon Safari” (“Remember”, “Kelly Watch the Stars”, “Sexy Boy”), además del clásico cinematográfico “Playground Love”. Y fue un punto averiguar que detrás de esa voz angelical no hay una fémina, sino el propio Jean-Benoît Dunckel. Lo que se descubre en los directos…

!!!: Insuperables. No fallan. Son un ente intocable, una jodida apisonadora, una máquina de vomitar ritmos y espasmos. Salieron sin contemplaciones, encadenando “Myth Takes”, “All My Heroes Are Weirdos”, “Dear Can” y “Must Be the Moon”. Pasaporte para una hora y pico de incontinencia colectiva. Las danzas aeróbicas de Nic Offer son como un ritual, aunque esta vez la voz negra (protagonista absoluta en “A New Name” y “Yadnus”) le dejó respirar un poco (si es que acaso este tío respira). Offer es el que hace las gracias, pero ojito con el resto: Andreoni a las guitarras, el bajo apocalíptico, los aporreos salvajes (por cierto, ¿dónde estaba John Pugh?). Con “Me and Giuliani Down by the Schoolyard” y “Heart of Hearts” agotaron todo el oxígeno y terminaron de reducir la terminal S a puro escombro. Posiblemente, lo mejor del festival.

THE HIDDEN CAMERAS: ¿Cómo pueden enganchar tanto siendo tan petardos?. Quizá porque tienen temas geniales que no se estancan en ritmos o melodías recurrentes, sino que, como serpentinas, apuntan acá y allá sin objetivo fijo. “Hump from Bending”, “Awoo”, “Day Is Dawning”, “Learning the Lie” y “Death of a Tune” fueron las mejorcitas. Dieron la nota, pero sin pasarse, disfrazados de “caperucitas negras”. Eso sí, el bailarín de marras que apareció en “Boys of Melody” podía haberse quedado tranquilamente en su casa. Divertido.

EDITORS: Se dice sobre ellos que son la mejor banda británica sobre un escenario, y desde luego, mal no lo hacen. Mucho más centrados que en el pasado FIB, sonaron contundentes y convencieron, aunque su repertorio ya no de más de sí y Tom Smith se crea demasiado el rol de heredero de Ian Curtis. “Bones” y “An End Has a Start” mantienen un nivel digno, pero el resto de novedades (especialmente la de piano épico) son bastante peñazo. Mejor quedarse con “All Sparks” y “Munich”.

GUILLEMOTS: De trámite obligatorio para hacerse hueco en la carpa a enorme revelación del festival. Pasábamos por allí porque no queríamos perdernos a la Polly, y nos encontramos a un Fyfe Dangerfield encaramado a un piano que echaba humo, a lo Jerry Lee Lewis, rematando “Through the Window Pane”. Después vinieron “Made Up Love Song #43”, “Trains to Brazil” o la monumental “Sao Paolo”, con el combo (guitarra, contrabajo, saxo, clarinete y batería demoledora) sudando la gota gorda. Canciones discretas que en directo se convierten en monstruos. Es la diferencia entre los buenos y los malos.

PJ HARVEY: División de opiniones. Para algunos, un camelo. Para otros, una joya. Embutida en un imposible atuendo rococó, Polly desnudó sus facetas menos comunes: la valiente, la suicida y la humana. Valiente porque luchó sola contra la tormenta. Suicida porque, de nuevo, rebuscó en el cofre de los temas inesperados. Humana porque al fin habló, bromeó, interactuó. Las futuras canciones tuvieron su protagonismo, pero al piano se difuminaron inaudibles. Mejor con la guitarra, sí señor. Eléctrica es la auténtica reina, y “Oh My Lover”, “Send His Love to Me”, “Angelene”, “Dress”, “Big Exit”, “Horses in My Dreams” o “Rid of Me” coparon los momentos más emocionantes de un recital entre la nostalgia y la tragedia, entre la gloria y el abismo, entre el sí y el no.

THE FLAMING LIPS: El arsenal siempre es el mismo, pero nunca lo usan igual. La aparición de Wayne Coyne rulando en la burbuja gigante fue la apoteosis, hubo menos confetti y globos pero más efectos láser, la monja solo cantó de refilón, reaparecieron el gong y la paloma de “Waiting for a Superman”, y el resultado fue el de siempre: un espectáculo inenarrable, mágico, surrealista. Y no solo es circo, es que además tienen buenas canciones. Con “Pompeii Am Götterdämmerung” y “The W.A.N.D.” se rompieron todos los moldes del rock. Y aunque nunca acaben de sonar perfectos y la plática de Coyne se convierta en pelín cansina a ratos, el que se aburra con ellos es que no tiene sangre en las venas.

ARCADE FIRE: Los de Montreal van camino de convertirse en un fenómeno de estadio tipo U2. Y no sé si eso es bueno o malo. En su concierto fallaron algunas cosas. Lo principal, el volumen. “No Cars Go”, su mejor canción, sonó a eco montañés. Y no digamos a lo que sonó “Haiti”. Y “Neon Bible” será el disco del año y tal y cual, pero a la gente le pellizcan más las de “Funeral”. No hay color; las tres “Neighborhood”, “Rebellion (Lies)” y “Wake Up” propagan subidones que ni “Intervention” ni “(Antichrist Television Blues)”. Son una panda de multiinstrumentistas superdotados, alumnos de sobresaliente en la escuela campestre del rock, pero deberían insistir más en explotar su valía como músicos y dejarse de pompas y envoltorios.

LCD SOUNDSYSTEM: !!! y LCD son las dos columnas que sostienen la nueva cultura del baile (esa en la que la máquina cede de nuevo el trono al hombre), y en este festival ha quedado más claro que el agua. Recogiendo el testigo de sus paisanos neoyorquinos, los de James Murphy consiguieron sacar a los guarnecidos de las trincheras y reventar los restos. Desde “Us Vs Them” hasta la delirante “Yeah”, pasando por “Daft Punk Is Playing at My House”, “North American Scum”, “Time to Get Away”, “All My Friends”, “Get Innocuous”, “Movement” y una “Tribulations” que volvió majareta al respetable. Pura dinamita. De postre, “New York I Love You”, obsequio cortesía de un Murphy que tan pronto emula a James Brown como a Frank Sinatra. Va sobrado.

Visiones accidentales y/o casuales:
  • How I Became the Bomb: no hay nada peor que ser de Nashville y querer sonar londinense. Horrorosos.
  • The Sunday Drivers: tocan muy bien pero aburren a las ovejas.
  • Jarvis Cocker: su club de fans sigue activo; no cabía un alfiler.
  • Ratatat: funky, metal, dub, melenas al aire…brutales.
  • The Chemical Brothers: “Hey Boy Hey Girl” siempre será su himno.
  • Fionn Regan: el concierto más corto en la historia de los festivales (¿20 minutos?).
  • Bromheads Jacket: mucho ruido y pocas nueces.

Crónica dedicada a las “buenismas”: Rous, Mary Jo, Clara y Llanos.

07 julio 2007

CONCIERTOS

TV ON THE RADIO. Madrid. Joy Eslava. 4-7-2007.

Prueba de fuego.

Suscribo lo que decía un tipo a la salida del concierto: “Me tenía que haber gustado más”. Y es que podía haber sido mejor. Sobre todo si el marco hubiera sido otro, porque la dichosa Joy engulle el sonido hasta la crispación (eso por no hablar de los recovecos laberínticos y el escrutinio malrollero de los seguratas). También hubiéramos salido más contentos si la cosa hubiera prosperado algo más, porque hora y cuarto escasa ante un aforo atestado y desatado deriva en sensación de racanería. Borrones aparte, hay que reconocer que los de Brooklyn tienen el mismo poderío en vivo que entre mesas de pistas. Tunde Adebimpe pone la carnaza y el espectáculo (con su privilegiada voz y su artillería de pedales), Kyle Malone la ironía (impasible pero cachonda), Jaleel Bunton y ese accidental bajista (más blanco que la sal, por cierto) la sobriedad en los ritmos y David Sitek un poco de burrería de todo punto necesaria. El resultado es una transfusión vibrante, impactante, a ratos esquizofrénica. Empezaron retrospectivos, con “Young Liars”, “The Wrong Way” y “Dreams”, calentando motores para el posterior desparrame, que prendió con una “Wolf Like Me” demoledora, y se extendió en la colosal concatenación de “I Was a Lover”, “Blues from Down Here”, “Dirtywhirl” y “Wash the Day Away”. Y prácticamente ahí se detuvo la locomotora, pese a lo que llegaría después: una curiosa rotación instrumental en “Bomb Yourself”, una masacre tribal en “Let the Devil In” y un jolgorio apoteósico en “Staring at the Sun”. Son buenos, imaginativos y completos, pero les falta algo indescifrable para terminar de rubricar sus superpoderes.


Teloneros, esos grandes olvidados: la sueca Sarah Assbring (El Perro del Mar) abriendo el telón, ingresando en el club de los músicos sin miedo a la soledad y la desatención con matrícula cum laude.


02 julio 2007

AGENDA

JULIO: De flor en flor.

El mes grande del verano musical entra cargado de festivales y visitas míticas. Con tiempo y dinero a espuertas podrían programarse una vacaciones mortales que empezarían en Madrid y terminarían en San Sebastián, pasando por Huesca o Sevilla. (A fe cierta que muchos lo harán). Se propone el siguiente tour...

TV ON THE RADIO (4 julio, Madrid): El alabado “Return to Cookie Mountain” (2006) se pone a prueba en directo. Los de Brooklyn llegan a nuestro país con la aureola de banda colocada y ganadora, cosa que podrán (o no) confirmar en la Joy Eslava (también en Barcelona un día antes). Si Trent Reznor y Peter Murphy los escogieron como secundarios será por algo. Habrá que verlo y escucharlo con nuestros propios ojos y oídos.

MONEGROS DESERT FESTIVAL (7 julio, Huesca): Como cada año, la gran fiesta del verano techno está servida. Y como siempre, los reyes de géneros varios se dan cita en el crudo desierto oscense para honrar a su manera a San Fermín. Desde Underworld hasta Asian Dub Foundation, pasando por Svën Vath, Richie Hawtin, Autechre, Dave Clarke, DJ Hell, Umek o Mulero. Vamos, la cuadrilla habitual.

SUMMERCASE (13 y 14 de julio, Boadilla del Monte y Barcelona): Cabezas de cartel de lujo (PJ Harvey, James, The Jesus & Mary Chain, Arcade Fire, The Flaming Lips), presencias que prometen (Soulsavers ft. Mark Lanegan, My Brightest Diamond, The Whitest Boy Alive) y mucho relleno infumable o simplemente pasable. Será un festival decente solo si las coincidencias horarias no lo impiden.

BJÖRK (13 en Bilbao, 15 en Segovia, 18 en Madrid): Guste más o guste menos, el caché de la islandesa va ligado a espectáculo indescriptible. “Volta” (2007) no es su mejor trabajo, pero con una veintena de músicos, magia audiovisual y el timbre de su voz única puede haber embrujo, y del gordo.

FIB (del 19 al 22 de julio): Benicasim ya no vende música, eso está claro. El cartel más mediocre de la historia se salda con otro lleno hasta la bandera. Será otro éxito para la organización, otra semana inolvidable de sol y borrachera para cientos, pero la que suscribe se raja definitivamente tras ocho años de fidelidad y perdones. Con nostalgia, pero sin arrepentimiento.

NOCTURAMA (miércoles y jueves de julio, Sevilla): El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo acoge esta singular muestra de amor platónico entre la música y la imagen, con invitados tan selectos como Piano Magic, Final Fantasy, Friends of Dean Martinez o Darren Hayman. Viva el buen gusto.

FESTIVAL DE JAZZ DE SAN SEBASTIÁN (del 24 al 29 de julio): La palabra jazz ha dejado de ser un atributo estilístico para convertirse en una puerta abierta al más allá. La lista de nombres insignes en esta edición no tiene fin: Elvis Costello, Pat Metheny, Allen Toussaint, Chick Corea, Sly & the Family Stone, Van der Graaf Generator, Skatalites, Wayne Shorter, Bryan Ferry, Matthew Herbert, Madeleine Peyroux, Horace Andy... Historia y música con mayúsculas.

Foto: Peter Van Hatten
www.allmusic.com

24 junio 2007

DISCOS

MICK HARVEY. Two of Diamonds.

Certificado de calidad.

La marca Bad Seeds es garantía de calidad. Por eso el interés se desata allá donde aparezca el nombre de alguno, ya sea en empresas personales (Dirty Three, Gallon Drunk, The Blackeyed Susans, The Triffids, Einstürzende Neubauten), componendas sectoriales (Grinderman) o aventuras solitarias como la de Mick Harvey. Claro que lo de solitario no es del todo cierto, pues Thomas Wydler y James Johnston siguen pronunciándose del lado del co-fundador de la horda trajeada. La música sin todos ellos no sería lo mismo.

“Two of Diamonds” (2007) es, al igual que el magnífico “One Man´s Treasure” (2005), un homenaje a esas canciones que nos rondan la cabeza, que empiezan siendo de otros pero que acabamos adoptando por afinidad. El australiano hace digno el arte de la versión, y el día que le dé por ponerse a componer al cien por cien puede arder Troya, pues “Blue Arrows” y “Little Star” (los dos únicos cortes con su firma) brillan con luz propia entre créditos tan acertados como “Slow-Motion-Movie-Star” (PJ Harvey), “Here I Am” (Emmylou Harris), “Photograph” (The Saints), “Everything Is Fixed” (David McComb), “Sad Dark Eyes” (The Loved Ones) o la curiosa “Out of Time Man” (Mano Negra). Y debe ser de los pocos largos sellados por todo lo alto: “Home Is Far from Here”, recuperación de los finiquitados Crime & The City Solution, es el premio merecido por no darle a “stop” antes de tiempo. Historias de otros contadas por la distinguida voz de la experiencia. Una voz que por fin puede hablar alto y claro.

www.mickharvey.com

22 junio 2007

DISCOS

PIANO MAGIC. Part Monster.

Cruzadas.

Glenn Johnson es un currante nato que gira en movimiento continuo de rotación sobre su eje. Este nuevo trabajo no cambia el rumbo de la historia, pero afianza su proyecto faro como una banda sotobosque de culto, de fidelidad casi masónica. “Part Monster” (2007) tiene un predominante sabor a dark wave, a turbios ochenta, a unos The Cure con los que se roza de espaldas en “The Last Engineer”, “The King Cannot Be Found” o “Saints Preserve Us”. Pero también hay un cromo caballeresco (“Soldier Song”) que retrotrae a “Artists´Rifles” (2000), atmósferas tupidas (“Englands Always Better”) como las del venerado “Low Birth Weight” (99), melodías para columpiarse sobre el vacío (“Cities & Factories”) y un hueco definitivo para “Great Escapes”, el eterno tema sin nombre, fijo en su último lustro de conciertos. Constantemente presentes aunque nunca favoritos, un disco de Piano Magic siempre será bienvenido.

www.piano-magic.co.uk

18 junio 2007

CONCIERTOS

DOMINIQUE A. Madrid. Heineken. 8-6-2007.

Otra vez.

Enésima visita del galo a nuestro país, y enésima vez que me arrastra con la fuerza de un imán. De nuevo tengo que hablar de él, y ya no sé ni qué decir. Todo está dicho y redicho ya, y me arriesgo a repetirme como un loro. Así que agudicemos el ingenio y hagamos una crónica alternativa. ¿Qué tal hablar del público que acude a sus conciertos?. Gente de toda clase y edad. Los hay que van solos y se colocan en un rincón, como con vergüenza, pero con una cara de emoción contenida que no pueden disimular. Hay parejas, y normalmente a la chica le suele gustar más que al chico, ¿por qué será?. Hay mucha gente con gafas, unos con verdadera pinta de intelectuales, otros simplemente con aire de cultureta moderno. Pero también hay matrimonios respetables, chavalería con rastas y afros, y hasta me pareció ver algún “oscuro” pertrechado en las primeras filas. Viva la variedad. Lo bueno es que todos (al menos en Madrid) sabemos delante de quien estamos, y el respeto es general, como sagrado, y la temperatura sube, las ovaciones cada vez se extienden más y el francés siempre se despide entre vítores de torero.

Hablemos también de sus espectaculares y hacendosos músicos. Daniel Pabouef y Jérôme Benssoussan son dos bestias de escenario. El primero con el saxo y el oboe, el segundo alternando baquetas, percusiones y vientos. Dando color, fuerza o misterio a cada canción según requiera. David Euverte (¿por qué me suena tanto su cara?, ¿de qué lo conozco?) se encarga de piano, teclado, efectos marcianos. Y Olivier Mellano (tan tímido como de costumbre) es el encargado de las cortinas eléctricas. Dominique en solitario tiene argumentos suficientes para convencer a un universo entero. Pero hay que reconocer que, junto a este Equipo A, sus canciones salen disparadas como balas de cañón, conquistando por la fuerza.

Solo, con banda, en salas pequeñas, grandes festivales… Sea como sea, un concierto jamás se parece a otro. Algunas nunca fallan, como “Pour la Peau” y “Antonia”, pero ¿acaso no suenan de modo diferente en cada ocasión?. Siempre hay sorpresas, siempre. La más sonada esta vez fue la nueva versión de “La Mémoire Neuve”, más musculosa y acelerada que nunca. También se agradecieron temas que no suelen prodigarse, como la emotiva “Antaimoro” o la renovada “L´Amour”. Y lo dicho, como cada acorde suena distinto según el día, canciones que pasaban desapercibidas acaban volviéndote del revés, como “Bowling”. Así que ya no hace falta argumentar más la evidencia: es buenísimo, genial, un reinventor, un bárbaro guitarrista e intérprete, un compositor impecable, un artista de los de peligro de extinción.

www.commentcertainsvivent.com

12 junio 2007

CONCIERTOS

PRIMAVERA SOUND 2007 (2ª PARTE)

Tres días de música en imágenes.


HERMAN DÜNE: Toma de contacto.


DIRTY THREE: Sucios y celestiales.


MELVINS: La saeta de los oscuros.


SLINT: Silencio, misterio y arañas.


BILLY BRAGG: Té con tertulia y pastas.


BARRY ADAMSON: La crème de la crème.


GIRLS AGAINST BOYS: El baúl de los recuerdos.


LOW: Experiencia religiosa.


SHANNON WRIGHT: Fuego en las venas.

THE DURUTTI COLUMN: El iluminado Viny.


PATTI SMITH: Patti has the power.


¡¡Millón de gracias por tus fotos, JR!!.


(¿Por qué no hicimos ninguna a The White Stripes, Sonic Youth y Wilco?)

09 junio 2007

CONCIERTOS

PRIMAVERA SOUND 2007
(1ª PARTE)

Tres días de música en palabras.

La apuesta segura del año vuelve a cuajar. Gastamos los cuartos al rojo y las ganancias han sido sustanciosas. Ganancias en forma de emociones, ésas que no caducan, no se pierden, no se gastan. La edición 2007 del Primavera Sound ha vuelto a ser un éxito. De crítica, como siempre. De público, más que nunca. Mayor afluencia (con diferencia) que otras veces, con especial mención al sector foráneo, que ya no solo viaja en etapa estival. La lectura puede realizarse en dos sentidos: ¿el festival cobra la dimensión que merecía o va camino de convertirse en un nuevo FIB?. Ojalá sea lo primero…

Organización, pros y contras. Los pros: mejor infraestructura para los escenarios menores, el moderado aumento de puestos de comida y venta de tickets, las nuevas pantallas en el escenario Rock de Lux y la realización visual de algunos conciertos. Los contras: sacar el acceso al Auditori fuera del recinto, la incómoda pulserita, el choque sónico frontal entre el Rock de Lux y el CD Drome, el transporte, el cambio de actuaciones sin tiempo de reacción (Battles) y, nuevamente, la escasez de baños. Aún así, nota media sobrada.

Las renuncias más o menos dolorosas de este año: Comets on Fire, Brightblack Morning Light, Black Mountain, Spiritualized, Robyn Hitchcock & the Venus 3 y Battles.

Pese a todo, acertamos en la elección. Y ésta es la crónica, resumida todo lo posible.

HERMAN DÜNE: Apenas fueron cuatro temas (culpables: las colas de entrada), suficientes para comprobar que en directo David-Ivar deja de ser el trovador medieval de “Giant” para convertirse en un cantautor de rock al más puro estilo clásico. El Estrella Damm es monstruoso para él y su pequeña banda, pero los hay que saben mantener el tipo. “Take Him Back to New York City” (rayos, qué buena) ayudó a entrar en calor. Arranque digno y sin sobresaltos.

DIRTY THREE: Dicen que los locos confunden la belleza y el caos. Y como Warren Ellis está demente perdido (bien clarito lo dejó), “Ocean Songs” es la mezcla exacta de ambas cosas. El virtuosismo experimental es duro, pero éste toca la fibra. Sin trampa ni cartón; solo humo y música. Y si gusto da escuchar (“The Restless Waves” y “Authentic Celestial Music” cortan literalmente la respiración) más gusto da mirar. Sí, Ellis es un animal, pero lo de Jim White con las baquetas no tiene nombre. Qué espectáculo.

MELVINS: El año pasado fueron Motorhëad; esta vez les tocaba a ellos. La facción dura del festival se pegó un atracón con el derroche bruto de esa obra (maestra para unos, incomprensible para otros) llamada “Houdini”. Conste que en lo suyo son solventes y los dos espectaculares bateristas desparraman fuego como quieren. Pero son un grupo para fans del género. Y los no fans acaban sufriéndolos horrores.

SLINT: Slint, banda de culto. “Spiderland”, disco de culto. El culto demanda recogimiento. Hágase el silencio, y el silencio se hizo. Exacto y milimétrico. Fue como escucharlo visualizando la película de autor que siempre inspiró. En vivo el escalofrío se multiplica, el dolor se oculta entre luces que acechan a los actores, confunden, convierten “Don, Aman” en una oración tétrica o “Good Morning, Captain” en la noria de la muerte. Impuntuales, pero enormes y generosos (regalaron epílogo).

THE SMASHING PUMPKINS: Cuando la credibilidad y las ideas se agotan no hay más solución que adornarse y explotar las rentas del pasado. Es lo que ha hecho Billy Corgan. La pomposidad faraónica como envoltorio (excesiva, cargante, irrisoria) y el rescate de los clásicos más obvios. No obstante “Today”, “Zero”, “Bullet with Butterfly Wings”, “Cherub Rock”, “Tonight, Tonight” o “Disarm” merecen más que un “Zeitgeist” que no dice absolutamente nada. Pero para hacer tan poco ruido (o tanto pero malo) no son necesarias tantas nueces. Pasando página.

THE WHITE STRIPES: Ésto es rock´n´roll. El dúo de parentesco misterioso no necesita artificios, compañía ni más colores para imprimir un recordatorio de cómo empezó todo. Cierto es que el ochenta por ciento del bacalao lo corta el frenético Jack White. Pura sangre de las seis cuerdas, gurú del berreo y la distorsión, experto del arranque brusco y la parada seca, portento entre portentos. Momentos memorables a puñados: “Hotel Yorba”, “I Think I Smell a Rat”, “My Doorbell”, “I Just Don´t Know What to Do with Myself”, “Black Math”, “Seven Nation Army” y no sé cuántas más. No da tiempo a asimilar un torbellino de esa dimensión.

BILLY BRAGG: Guitarra eléctrica, taza de té, y micro abierto para explayarse. El Auditori como su casa. Entre tema y tema mucha labia, historias sobre reencarnaciones (¿Johnny Class?), lucha de causas, órdagos irónicos (The White Stripes, Deep Purple, The Carpenters..) y un sondeo popular a mano alzada para elegir entre Bob Dylan y Elvis Presley. Un cruce de recital, mitin y monólogo de humor, en el que (tristemente) el hermano malquerido fue la música. Aún así, cientos de voces coreando “A New England” dejan poso. Y por cierto, ganó Dylan.

BARRY ADAMSON: Valió la pena asegurar la entrada previo pago de dos euros; el aquelarre de este genio (calaveras incluidas) y de su veteranísima banda casi de jazz no tiene precio. No son modernos, no son cool, pero se comen el escenario. “My Friend the Fly” se convirtió en un cuento de terror, “Jazz Devil” en un fotograma de “The Jazz Singer” de Crosland, “Le Matin des Noire” en una danza macabra, “Deja Voodoo” en un aullido de gloria y “Officer Bentley” en un ejercicio libre de estilos y velocidades. Todo por arte de magia. Magia negra, claro.

THE FALL (desde “Sparta F.C.”): Pues menos mal que a Mark E. Smith lo dejan tirado sus músicos cada dos por tres, porque los siguientes siempre ponen en mantillas a los anteriores. El coche zumbando otra vez a toda leche. Motores a plena revolución. Arrasadores, penetrantes, contundentes y malolientes. Cuanto más viejo más chulo. “My Door Is Never”, “Mountain Energy”, “The Wright Stuff” (la bella canta hasta que la bestia le dice basta), “Blindness” y el trallazo final “Reformation!” cicatrizaron la herida abierta hace tres años en el Pueblo Español. Faltó un bis, pero cualquiera les tose…

BEIRUT: David contra Goliat, o Zach Condon contra las macromagnitudes. “Brandenburg”, “Elephant Gun”, “The Canals of Our City” o “Postcards from Italy” son canciones preciosas. Su cuadrilla maleable de trompetas, tubas, acordeones, violines, ukeleles, banjos y panderetas hace lo que puede. Él mismo le pone interés, empeño y candor. Pero todo se le queda grande. Su música es original y prometedora, pero aún está verde como la lechuga. Tiempo al tiempo.

GIRLS AGAINST BOYS: No están en su momento, pero el repertorio fue para darles un beso en los morros. “Venus Luxure Nº 1 Baby”, “Cruise Yourself” y “House of GVSB” resucitados sobre la tumba de un radiocassette que quemaron hace tiempo. Y no importa que los dos bajos no acabaran de estallar ni que los juegos a dos voces descuartizaran “Bassation” y “Disco Six Six Six”. Faltan Janney y Temple, y éso se nota. Pero la garganta de Scott McCloud sigue haciendo pupa y diez años de espera son muchos. Sangre, sudor y casi lágrimas.

LOW (desde “Sunflowers”): Son carne de auditorio, ésa es la verdad. Pero su música subyuga más allá de lugares y momentos. Alan golpea la guitarra, Mimi acaricia los tambores, ambos susurran y acabas hipnotizado. Y el borracho que tienes al lado se convierte en mudo e invisible. Magia potagia. “Belarus”, “Amazing Grace”, “Violent Past”, “Murderer”… los pelos de punta. Frente a tantísima belleza no hay distracción que valga. Únicos.

BUILT TO SPILL: Costó empezar a causa de innumerables jugarretas de la técnica. Cuando arrancaron parecía que ya no había ganas. Pero hacer lo justo les vale el reconocimiento como una banda de rock auténtica y superdotada. Las canciones empiezan y parece que no acaban. Doug Martsch se reencarna en el mismísimo Neil Young. “Goin´Against Your Mind” llega en el momento álgido. Y la noche acaba con regusto a alcohol, nicotina y electricidad.

SHANNON WRIGHT: Allá va un mundo interior. Tímida, cerrada a cal y canto, pero tan segura de sí misma que asusta. Así es ella. Al piano o a la guitarra, la Cat Power más torturada sale al encuentro del Dominique A más retorcido. El idilio con las teclas es dulce y triste a la vez, y de él nacen maravillas como “Idle Hands” y “Defy this Love”. El que la ata a la eléctrica es sexy, agrietado y tormentoso, y de él se escapan esquirlas como “Don´t You Doubt Me”. Una artista soberbia.

JONATHAN RICHMAN: “A qué venimos si no a fracasar”. Comienzo y final del show más festivo y surrealista de la edición. Atrás quedó el legado de The Modern Lovers. Ahora Richman es una especie de payaso descarado y entrañable, cercano y agridulce, que improvisa en castellano, inglés, francés o italiano historietas (viejas o nuevas) sobre lo dura que es la vida y lo perro que es el amor. Éso sí, sin perder la sonrisa y las ganas de brincar. Tan desconcertante como minúsculo. Y el Auditori en pie, reventando eufórico. Algo tendrá.

THE DURUTTI COLUMN: Vini Reilly, la oveja negra de Factory Records, sobrevive con absoluta dignidad. Su guitarra habla otro idioma y dibuja surcos que se expanden por el aire. Claro que con un acompañamiento así (el bajo y la batería de Bruce Mitchell, de altísima escuela), es normal que los paisajes se puedan tocar con las manos. El repertorio fue tan confuso (salvo “Sketch for Summer”, qué delicia) como sobrecogedor. En la trilogía final añadieron cuarto miembro (dios, cómo canta esa mujer) y aporreando tambores sellaron un concierto de los que dejan huella.

PATTI SMITH: Tres hurras por ella. El reloj mete la marcha atrás y a mitad de “Privilege (Set Me Free)” ya estamos en un nuevo Woodstock. Himnos como “Free Money”, “Pissing in a River”, “Because the Night”, “Gloria” y “Rock´n´Roll Nigger” remueven las olvidadizas conciencias. Pero también aparecen Jimi Hendrix, The Rolling Stones, George Harrison, The Doors y Nirvana. ¿Es un nuevo Woodstock o no?. Su voz sigue impoluta, su rabia en ebullición y sus ganas de cambiar el mundo inagotables. La gran dama del rock nos dio a todos una lección: que la música es compromiso, aprendizaje y perseverancia. Que no se nos olvide.

THE GOOD, THE BAD AND THE QUEEN: Lo de Damon Albarn no tiene arreglo. Ni codeándose con personajes de la talla de Paul Simonon, ni disfrazándose de Fred Astaire con frac y sombrero de copa. El invento cae al vacío sin red desde el momento en que se levanta del piano, y acaba rebozándose en la más densa porquería cuando se alía con el hip hop. Y éso que el disco era casi bueno…

SONIC YOUTH: Ya lo escribí hace dos años tras verlos en el mismo marco: unos de los pilares del rock contemporáneo es suyo. Así que su misión era volver a sentar cátedra. Diecinueve años después “Daydream Nation” suena como si hubiera salido de la tostadora ayer y ellos disfrutan tocándolo como si fuera el estreno. “Daydream Nation”… y “Rather Ripped”. Porque la sorpresa fue mayúscula al verlos aparecer de nuevo para marcarse cuatro del último, con “Incinerate” y “Reena” espectaculares, acompañados de un nuevo bajista que ya no es Jim O´Rourke y con una Kim Gordon que cada día se deja llevar más por el demonio. ¿Acaso quedan dudas de su grandeza?.

GRIZZLY BEAR: Lluvia de estrellas. No sólo deconstruyen el folk en sus canciones; en vivo las acarician con una varita y el resultado son otras canciones que no tienen nada que ver y siguen sonando de ensueño. El juego de las adivinanzas empezó con “Easier”, siguió con “Lullabye”, “Little Brother” y “Colorado” y terminó con “Fix It”. Mr. MTV y Mr. Beirut ensuciaron la increíble “On a Neck, On a Split” con su criminal cameo, pero el oso es fuerte, se mantiene erguido, es el rey del bosque. Un buen motivo para decirle a Jeff Tweedy que se espere.

WILCO (desde “I Am Trying to Break Your Heart”): Un cuarto de actuación inaudible y congelada, motivo para no darles el diez aunque la culpa sea de otros. Por suerte se arregló. Cuando los músicos son buenos y el repertorio excelente, todo tiene solución. Músicos: oficio, técnica, nervio. Nels Cline (también tocó con Patti Smith) y Glenn Kotche dan vértigo y la voz de Tweedy encandila. La orquesta rockarmónica de Chicago. Repertorio: “Handshake Drugs”, “A Shot in the Arm”, “Via Chicago”, “Impossible Germany”, “Sky Blue Sky”, “Shake It Off”, “War on War”, “Jesus Etc.”, “Walken”, “I´m the Man Who Loves You”, “Hummingbird”, “Spiders”. Un bis: “I´m a Wheel”. ¿Qué más decir?. Son grandes y merecen pasillo de campeones.

Dedicatoria de rigor: a mis dos compañeros debutantes.

26 mayo 2007

AGENDA

JUGANDO A LOS FESTIVALES: Yo también quiero organizar el mío.

Hace un par de semanas se publicaba en Metrópolis un completo dossier sobre los festivales veraniegos en nuestro país. Nada menos que 68. ¿¿68??. Increíble. Atrás quedan los tiempos en los que seguíamos los festivales foráneos por Radio 3, reconcomidos de envidia, soñando con desembarcar en Glastonbury o Reading y ponernos de barro hasta las rodillas. Casi sin darnos cuenta, los sueños se han hecho realidad… Aunque la variedad de festivales es saludable, es justo reconocer que el número de eventos serios, coherentes y con vocación de perdurar puede contarse con los dedos de una mano. Hoy en día todo alcalde y/o concejal de festejos quiere su tajada.

Así que sería estúpido ponerse a enumerar aquí los 68 festivales, entre otras cosas porque la mayoría (sinceridad ante todo) nos importan un bledo. Concretamente de los que se celebran en junio solo mencionaremos dos: el Primavera Sound (31 mayo, 1 y 2 junio) y el Sónar (14, 15 y 16 junio). Qué casualidad que ambos sean en Barcelona…

Y como yo también quiero mi propio festival, voy a organizar uno imaginario. El emplazamiento no lo tengo aún muy claro, pero la condición necesaria es que el paisaje sea verde. Elegir un nombre también es difícil; el listón está muy alto, porque perlitas como Pepe World, Indyspensable o Pulpop no se superan por la cara. Pongámosle Festival Internacional de la Música que Nos Gusta, sin más. Formato de tres días, sería lo ideal. Y no demasiados escenarios, dos, a lo sumo tres. En el escenario principal: Sonic Youth, Yo la Tengo, Bauhaus, The Cure, Einstürzende Neubauten, Wilco, James, Giant Sand, Neil Young, Beck, PJ Harvey y Nick Cave. En el segundo escenario: Lambchop, Calexico, Smog, Arcade Fire, Liars, TV on the Radio, !!!, Mark Lanegan, The Black Heart Procession, Vic Chesnutt, Mogwai, Low y Akron/Family. Y el tercer escenario para la electrónica, y la programación se la encargaremos a los expertos. Los sueños, sueños son…

Volvamos a la realidad. En junio hay cuatro cositas muy interesantes a las que prestar atención:

ANDREW BIRD- 2 junio. Madrid. Sala Mynt.

DOMINIQUE A- 5 junio. Gijón. Intersecciones.
6 junio. Barcelona. Apolo.
7 junio. Zaragoza. Oasis.
8 junio. Madrid. Heineken.
9 junio. Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia.

DEAN & BRITTA- 6 junio. Barcelona. Sala Zac.
9 junio. Madrid. Galileo Galilei.

WOVENHAND- 9 junio. Madrid. Moby Dick.
10 junio. Barcelona. La (2).

Sí, no me equivoco, el gran Dominique (en la foto) vuelve. Por si a alguien le supo a poco su gira solitaria de septiembre, ahora regresa apoyado en su increíble banda. ¿Me podré resistir?...

Foto:
www.le-hiboo.com

22 mayo 2007

DISCOS

BILL CALLAHAN. Woke on a Whaleheart.

Me llamo Bill.

Por si alguien no lo sabe todavía, Bill Callahan es Smog o viceversa. En una entrevista no muy lejana hablaba de evolución, de la acción contra la pasividad, de emprender vuelo aún a riesgo de perder las plumas en el intento. Pues bien, llega la aplicación práctica de sus sabias teorías. El álbum más entrañable y resplandeciente del año comparte origen con la bruma densa, atosigante y áspera de la docena de obras que este insigne poeta ha ido sembrando con regularidad en las vastas fincas del rock independiente americano. Una sorpresa. “Woke on a Whaleheart” (2007) tiene vida y color; no solo por la portada, intrigante y loco collage expresionista, sino por la música que contiene. Callahan en su más inspirado (y optimista) estado de creación, jugando con las palabras y las formas, añadiendo agua al barro para modelar maravillas aptas (sí, no es coña) para todos los públicos. A “Diamond Dancer” me remito.

En su primer trabajo sin alias, el de Maryland se autoafirma y sale de la cueva para mostrar una nueva lectura de sus pensamientos, sin perderse, seguro y digno, con la brújula en el bolsillo. Donde antes sonaba dolor ahora suena alegría (la exquisita producción tiene mucho que ver), propagándose cual plaga, inundando el corazón, enamorando. “From the Rivers to the Oceans”, “Sycamore” y “Day” irradian luz a borbotones, cautivan, obligan a claudicar y arrodillarse a los pies de todo un maestro. Un maestro llamado Bill. Aire puro. Punto y aparte para la nube tóxica.

13 mayo 2007

DISCOS

WILCO. Sky Blue Sky.

Caminante, no hay camino.

Ya lo decía Machado. Los que esperábamos una continuación apoteósica de “Yankee Hotel Foxtrot” (2002) y “A Ghost Is Born” (2004) nos hemos quedado a dos velas. El título del álbum ya lo auguraba extrañamente: el camino lógico desaparece, las aguas se estancan en un remanso de paz y Wilco descienden de las hojas hasta la raíz. Y Jeff Tweedy respira hondo, mira al cielo (azul) y da las gracias por vivir. Análisis global, análisis parcial. En su totalidad, “Sky Blue Sky” (2007) podría ser el disco mediano que toda banda de peso está condenada a hacer en su carrera. Sin demasiadas sorpresas, correcto y diplomático, prisionero de los cánones del country-rock más tradicional, resbaladizo y comatoso. Pero fragmentado tiene cosas realmente buenas. “Impossible Germany”, “Side with the Seeds” y “Shake It Off” ganan enteros escucha tras escucha. Con “Either Way” y “On and On and On” no hace falta ni siquiera insistir; de cabeza al baúl de las favoritas, a codearse con “War on War”, “Company in my Back”, “Muzzles of Bees”, “Poor Places”, “A Shot in the Arm”, etcétera. En fin, paciencia y misericodia. Pese a todo, siguen siendo Wilco.

www.wilcoworld.net

11 mayo 2007

CONCIERTOS

HOWE GELB + ´SNO ANGEL. Madrid. Heineken. 7-5-2007.

Y el viaje continua…

Hace algunos meses que regresé de aquella excursión mía por los desiertos abruptos de Arizona. Con los pies quemados, el aliento débil y la conciencia tranquila me recosté en la fresca hierba del mundo real para urdir nuevas escalas y aventuras, aceptando mi predestinación no muy tardía a un nuevo encuentro con el caballero del sombrero, el sacerdote de los cactus y las sombras, el autor de la historia americana más fascinante jamás contada. Y ese encuentro se ha producido un lunes de primavera. La primera vez fue casualidad. La segunda fue incitación. Y esta vez ha sido por una flecha de fuego indicando la única dirección posible.

En esta ocasión no había arena, rodadas de patrol ni huellas de coyote. La cita era en el bullicioso corazón de una ciudad implacable en la que el tiempo es oro, con miles de personas que corren, me esquivan, me desconocen y ni me miran, ignorando a dónde voy y con quién me voy a reunir. El gran Howe Gelb aparece, curando una impaciente espera, con ese sombrero de siempre que luego se lleva el viento. Pero no estamos solos. A mí me acompañan muchos que, como yo, han seguido la flecha. Y él se ha traído a sus amigos: a Fred Guignion con sus impecables guitarras y su slide; a Andrew McCormack a la batería; a Fernando Vacas en el bajo; y a cinco de sus adorables angelitos negros de Ottawa.

Todo el mundo lo conoce, debe ser. Y el respeto (ganado a pulso, y no en dos días) se convierte en un silencio que abruma hasta al propio maestro de ceremonia, que no sabe qué hacer o decir para romperlo, agradecerlo o rellenarlo. Mejor ahorrar saliva, coger el piano o una guitarra (o ambos) y contar lo que verdaderamente importa, con esa voz convincente, grave, serena, llena de sabiduría, que relata en mate esperando que su divina coral ponga el brillo. “Love Knows (No Borders)”, “But I Did Not”, “Paradise Here Abouts”, “Worried Spirits”, “The Farm”, “Nail in the Sky”, “Robes of Bible Black”, “That´s How Things Get Done”, “Howlin´a Gale”, esa enternecedora “Neon Filler”, esa misteriosa “Chore of Enchantment”, ese mordisco voraz a la grandiosa “Immigrant Song” de Led Zeppelin, todas y algunas más. Lejos de la frontera pero sin olvidarla. Lejos de los ausentes (Rainer) pero siempre con ellos en el corazón. Y vale errar, dudar, inventar, olvidar y cambiar de estrategia sobre la marcha. Dichosos los músicos genuinos, impredecibles y honestos, porque de ellos es el reino de los cielos.

www.howegelb.com
www.giantsand.com