24 febrero 2011

DISCOS

THE CAVE SINGERS. No Witch.

Tierra y fuego.

Para los que todavía no lo sepan (que deben ser pocos), The Cave Singers es el proyecto fundado en 2007 por Derek Fudesco, otrora bajista de los extintos Pretty Girls Make Graves. La formación de Seattle lanza en estas fechas su tercer disco, un “No Witch” (2011, Jagjaguwar) que, por si quedaban dudas, los confirma como distinguidos inquilinos en el Olimpo de la nueva americana. Una obra que sigue la estela temática de los anteriores “Invitation Songs” (2007) y “Welcome Joy” (2009) pero alcanza un peldaño más: en ella cortan más madera, rugen con más fuerza y hacen más callo.

Argumentar que este trabajo los convierte en intocables no es una barbaridad. Deslumbrante de principio a fin, recoge los frutos maduros de la tierra fértil, explotando en fragorosas llamaradas apenas arrancan cortes como “Black Leaf” o “No Prosecution If We Bail”. Un majestuoso tratado de country alternativo con radiaciones bluegrass, R&B o gospel. Incluso el pop más transparente se cuela entre las nubes de polvo para modelar maravillas como “Clever Creatures” y hasta Led Zeppelin asoman las narices en las inquietantes “Falls” y “Faze Wave”.

El método es bien simple a la par que efectivo: brillantes secuencias de guitarra sostienen las canciones como columnas vertebrales, unidas al resto de la materia por la inconfundible voz de fumador-recién-levantado de Pete Quirk. A partir de ahí todo es condimentar, y caramba, qué bien condimentan estos tipos. Con violines llenan de magia “Gifts and The Raft” y “Distant Sures”, con una sección de vientos dan un aire dixie a “Swim Club”, con tablas y cascabeles llenan de exótico humo “Outer Realms”, con una melódica calzan “Haller Lake” logrando el perfecto equilibrio, y con una armónica labran los campos vírgenes de “Haystacks”. En un ejercicio único de adaptación de la música de raíces al presente, The Cave Singers alcanzan con este impecable disco su particular El Dorado.

www.thecavesingers.com

Léelo también en: MY FEET IN FLAMES

22 febrero 2011

CANCIONERO

MANFRED MANN. Pretty Flamingo.

Desde Londres, Manfred Mann fueron imprescindibles para entender la filosofía de la música en los primeros 60. Representaron el prototipo de banda cuidadosa de su imagen y su música, tanto la propia como las composiciones ajenas que eligieron para versionar. También fueron representantes de ese elenco de grupos que tomaron el blues como punto de referencia (como The Animals o The Rolling Stones) para luego desarrollar una evolución coherente. La historia de Manfred Mann se divide en dos etapas: la primera, con Paul Jones como vocalista-armonicista, puro soul y R&B en ebullición; la segunda, con Mike D´Abo al frente, más apegada al pop y los ritmos cadenciosos. De comienzos de esta segunda etapa data esta “Pretty Flamingo”, original de Mark Barkan, una de sus canciones más exitosas (número 1 en UK en el 66). Cierto es que la primera etapa fue la mejor, pero el bello flamenco tiende un puente de plata entre ambos periplos. Un gran tema pese a su cursi y manido mensaje. Para saber más cosas sobre Manfred Mann, podéis daros una vuelta por el reportaje al respecto en MY FEET IN FLAMES.

PRETTY FLAMINGO

On our block all of the guys call her flamingo
Cause her hair glows like the sun
And her eyes can light the sky
When she moves she walks so fine like a flamingo
Crimson dress that clings so tight
She's out of reach and out of sight

When she walks by she brightens up the neighbourhood
Oh every guy would make her his if he just couldIf she just would

Some sweet day I'll make her mine, pretty flamingo
Then every guy will envy me
Cause paradise is where I'll be
Pretty flamingo, pretty flamingo

Some day I´ll make her mine,
Yes I will, yes I will, make her mine

19 febrero 2011

DISCOS

PJ HARVEY. Let England Shake.

Dios salve a la Reina.

Que cada nuevo disco de PJ Harvey supone una aventura -más intensa y emocionante cuanto más tiempo transcurre entre el anuncio y el hecho- comienza a convertirse en axioma. Aquí vuelve la doncella camaleónica, la mujer de las mil caras y recursos sin fin, con cosas nuevas bajo el brazo. Si “White Chalk” (2007) hacía correr ríos de tinta, este “Let England Shake” (2010) posee todos los ingredientes para dar igualmente que hablar. Así pues, preparen su arsenal de teorías y adjetivos, afinen sus plumas. Damas y caballeros, una nueva PJ entra en escena.

Solo con escuchar la apertura queda de manifiesto que no estamos ante la bestia parda de “Rid of Me” (93), ni ante el misterioso espectro de “Is This Desire?” (98) ni ante la sexy fustigadora de “Stories from The City, Stories from The Sea” (2000). Tampoco estamos ante la dama victoriana del mencionado “White Chalk” pues, en contra de algunos pronósticos, este álbum solo hereda los atributos intimistas de aquel de forma esporádica. Estamos ante una Polly dúctil y juguetona, que fluctúa entre el rol de maestra y el de pipiola, explotando y dominando la escala de agudos sin despeinarse, clamando por un país en llamas.

Grabado en el escenario más romántico posible (una iglesia decimonónica de su Dorset natal) y con el apoyo y supervisión de los habituales John Parish, Mick Harvey y Flood, este trabajo aporta muchos y ricos nuevos matices en la trayectoria de su autora, empezando por una instrumentación que incorpora como elementos estelares el autoarpa y el saxo. Seduce desde el primer acorde de esa “Let England Shake” que, en clave desenfadada y a golpe de marimba, mete el dedo en la llaga sangrante de la patria. Un viaje monumental y efímero (apenas 40 minutos) a través de la luz y las sombras, testificando sobre una pugna constante entre el pasado y el futuro, entre la vieja y la nueva Polly Jean. “The Last Living Rose”, “In The Dark Places” o “Bitter Branches”, con la guitarra eléctrica como ítem fundamental, siguen emitiendo ondas que resultan familiares. Sin embargo “England”, “Written On The Forehead” y “The Glorious Land” revelan un encomiable empeño descubridor de estructuras y matices, integrando sampleados de música árabe o africana, y hasta un Séptimo de Caballería encajado al milímetro. Pero este disco es mucho más: es también una lucha entre el optimismo y el desgarro, entre el ánimo popular (“The Colour of The Earth”) y el lamento solitario (“Hanging In The Wire”). La extensa “All And Everyone” es un canto al examen de conciencia del mundo, y la soberbia “The Words That Maketh Murder” una oda a la exuberancia pop.

Y así, “Let England Shake” discurre en un auténtico festival para los sentidos. Es una flecha en pleno pecho, una vorágine que te engulle. Es hipnótico, mágico, político y profético. Es rock, pop, shoegaze, folk, ambient, noise, todo a la vez y nada en concreto. Es otra obra maestra, el enésimo acierto de una artista en estado de iluminación perpetua. Un hijo de los dioses flotando en el limbo, recogiendo todas las gotas rebeldes de la música de los tiempos.

www.pjharvey.net

17 febrero 2011

DESCUBRIENDO A...

THE PHENOMENAL HANDCLAP BAND

Este descubrimiento se lo debo a uno de los mejores rastreadores de discos de la blogosfera. Imposible resistirse a indagar tras leer las palabras funky, soul y psicodelia en su (acertadísima, como todas) revisión sobre este combo neoyorquino. Un proyecto comunal fundado en la Gran Manzana por Daniel Collás y Sean Marquand, al que ha asomado la jeta gente tan diversa como Jon Spencer, Bart Davenport, Jaleel Bunton (TV on the Radio) o Aurelio Valle (Calla).

“The Phenomenal Handclap Band” (2009) es su primer y único largo. Y cuando digo largo, significa largo. Más de 60 minutos de collage sonoro, con el funk, el acid jazz, el disco, la psicodelia y el rock progresivo como plantillas de trabajo. Como mezclar en una batidora a Sly & The Family Stone, The James Taylor Quartet, The United States of America y los propios TV on the Radio. Canciones como “I Been Born Again”, “Tears” y “The Circle Is Broken” son chicha fresca para cualquier depredador de clásicos. Y aún obviando a los clásicos, plato fino para cuaquiera que tenga la mente abierta y un mínimo de buen gusto.

www.phenomenalhandclapband.com

15 febrero 2011

CANCIONERO

ECHO & THE BUNNYMEN. The Cutter.

Alguien me ha echado una maldición: penarás y sudarás sangre hasta que consigas ver en directo a Echo & The Bunnymen. Y eso que se prodigan lo suyo por estos lares. Por enfermedad, por sobreaforo, por coincidencias horarias o por cancelaciones. Y este año en el Primavera Sound tampoco podrá ser. Lo dicho: maldición. Pero siempre nos quedará “The Cutter”. Exótica, inmortal, poderosa, épica. ¿Cuántas veces nos hemos desgañitado repitiendo eso de “am I the happy loss, will I still recoil”?. Cientos. Podría elegir puñados de canciones de Ian McCulloch y Will Sergeant pero me quedo con esta. Indudable. La canción que nunca falla en una recopilación ochentera. La canción que nunca falla en una DJ session casera. La canción por la que no pasa el tiempo. La canción que hace no grande sino gigante “Porcupine” (83).

THE CUTTER

Who's on the seventh floor brewing alternatives
What's in the bottom drawer waiting for things to give
Spare us the cutter spare us the cutter
Couldn't cut the mustard

Conquering myself until I see another hurdle approaching
Say we can, say we will, not just another drop in the ocean

Come to the free for all with cellotpe and knives
Some of them six feet tall we will escape our lives
Spare us the cutter spare us the cutter
Couldn't cut the mustard

Conquering myself until I see another hurdle approaching
Say we can, say we will, not just another drop in the ocean

Am I the happy loss
Will I still recoil
When the skin is lost
Am I the worthy cross
Will I still be soiled
When the dirt is off

Watch the fingers close when the hands are cold

www.bunnymen.com

14 febrero 2011

DISCOS

MOGWAI. Hardcore Will Never Die, But You Will.

La revolución silenciosa.

Ahora que tan de moda está hablar de revoluciones, los escoceses vuelven a montar un nuevo piquete en su revolución constante y silenciosa. Porque sí, ellos iniciaron una revolución en tiempos en los que la melodía y la palabra fácil eran el pan de cada día, forzando la invención de un vocablo (post-rock) que ya se ha convertido en un clásico de la real academia de la música. Fueron los tiempos en que las guitarras se revelaron como armas para crear ruido y, a la vez, auténtica belleza. Porque como en las revoluciones de claveles o terciopelo, Mogwai no emplean su arsenal para la destrucción. Su música, a veces rota a veces nítida, tan pronto lisérgica como guerrera, sigue suscitando las mismas emociones que antaño. Y en una carrera de largo recorrido que ya abarca 15 años y 7 álbumes (aparte EPs y bandas sonoras), los de Glasgow siguen conservando su nombre, ese respetable nombre ganado a base de trabajo y sin ademán heroico.

“Hardcore Will Never Die, But You Will” (2011) es un eslabón lógico dentro de la cadena. Los teclados vuelven a ponerse al lado de las guitarras (esterilidad vs suciedad). Los experimentos vuelven a asomar la frente, como en “Mexican Grand Prix” (recordando las artes de Air) o “George Square Thatcher Death Party” (el vocoder no ha muerto). Los míticos Mogwai de “Young Team” (97) o “Come On Die Young” (99) se reencarnan sutilmente en “Death Rays” o “Too Raging To Cheers”. La electricidad más musculosa y virulenta se desata en “San Pedro”, única afirmación verdaderamente hardcore de todo el disco, logrando un efecto gemelo al de “Glasgow Mega Snake”. Y cierto es que no es el mejor disco de su historia, pero siguen poseyendo un mérito muy concreto: el de conseguir agarrar y mantener el interés rumiando la misma idea durante más de cinco minutos. Ahí están los asombrosos superpoderes de “White Noise”, “Rano Pano” o “You´re Lionel Richie”, tres joyas deslumbrantes a las que apetece echar el lazo en vivo. Porque habrá que verlos en el Primavera Sound, ¿no?.

www.mogwai.co.uk

10 febrero 2011

DESCUBRIENDO A...

VILLAGERS

Voy en el coche y suena una canción. Su nombre: “The Pact (I´ll Be Your Fever)”. Su autor/autores: Villagers. Decido seguir la pista. Y el rastro me lleva a Conor J. O´Brien (no confundir con Conor Oberst), un jovencísimo irlandés muy ducho en el arte del “do it yourself”. Me empapo hasta las trancas de “Becoming A Jackal” (2010), su primer largo tras el EP de presentación “Hollow Kind” (2009). Desde la humildad de su sencillez el disco seduce, ilumina como un foco cegador, anestesia los sentidos en clave de pop, folk y soul. Con canciones tan penetrantes y turbadoras como “I Saw The Dead” o “Pieces”, llamadas para la gloria pero tímidamente recluidas en trincheras.

Después me entero de la verdad. De que Villagers se han convertido en la enésima esperanza británica haciendo un tipo de música tradicionalmente desdeñado. De que han sido nominados al Mercury Prize. De que han sido fichados por el sello discográfico de moda. De que al oligopolio cultural se le llena la boca hablando del tema y bla, bla, bla. Pues bien, todo me da igual. Porque la magia que brota en cada nota y la poesía que irradia cada palabra son mucho más poderosas que lo que opine, afirme o sugiera cualquier cazador de presas fáciles. Para mí Villagers seguirá siendo ese jovenzuelo que una noche se acercó a mi oido y me contó cómo es el mundo, usando exactamente mi mismo lenguaje.

www.myspace.com/wearevillagers

09 febrero 2011

DISCOS

DESTROYER. Kaputt.

La hora de la nostalgia.

Vale, otro que se apunta al carro. Dan Bejar también se arroja a los brazos de la nostalgia, agregándose a la moda del cambio de tercio. Por si no tuviéramos bastante con el irresistible debú de Twin Shadow, toma otra taza de años ochenta, de revival synth pop y ecos románticos. Pasado por la lavadora, secado al sol y bruñido con esmero. El chamán ya no se llama Bob Dylan, el oráculo cambia de color y señala hacia Roxy Music, Aztec Camera, Lloyd Cole o incluso Pet Shop Boys. Y dicho todo lo anterior, ¿para qué decir más?. No hay más vuelta de hoja: música engalanada de seda, terciopelo y satén.

Sintetizadores, cajas de ritmo, oboes, saxos y sensuales corales femeninas se convierten en amigos de un Bejar al que desconocíamos un glamour tan exuberante. Glamour que se manifiesta hasta en una voz de nuevo uso, cercana a las de Paddy McAloon o Bernard Sumner. “Chinatown”, “Kaputt” o “Song for America” resucitan con nuevo aliento un género inventado y reinventado, y en “Poor In Love” asoman ecos de los James más legendarios. Sin embargo, tanta perfección aturde con el paso de los minutos, haciendo de la constancia un valor en este caso a la baja. La embarullada y excesivamente arty “Bay of Pigs” pone fin a un disco con demasiados pocos defectos. Y es que a veces algún que otro defecto se agradece.

www.destroyersongs.com

02 febrero 2011

DESCUBRIENDO A...

DAN MICHAELSON & THE COASTGUARDS

He de reconocerlo: llevo dos semanas enamorada de una canción. Se llama “If Not For You” y la firma este tipo. La tengo en la cabeza todo el día, la pincho una y otra vez, la siento clavarse en mis huesos y apretujarme el corazón. En estos singulares tiempos musicales de usar y tirar, celebro con los brazos abiertos que algo me haya tocado el alma de esta forma. Y ahora, hablemos de él, o de ellos, porque se lo han ganado.

Dan Michaelson puede que sea más conocido como vocalista y guitarrista de los londinenses Absentée. Y este es su personalísimo y abrumador proyecto paralelo. Una aventura que no afronta solo, sino con el apoyo de músicos de otras bandas geográficamente hermanas como The Magic Numbers, The Rumble Strips o The Broken Family Band. Y ahora me pregunto: ¿qué está pasando en la Gran Bretaña?. Últimamente no hago más que encontrarme músicos que, bajo la bandera sagrada de la Union Jack, dirigen sus miradas más allá del horizonte. Significativo.

Con dos discos bajo el brazo -“Saltwater” (2009) y “Shakes” (2010)- Dan Michaelson & The Coastguards se impregnan de reminiscencias country. Vale, otra dosis de country folk para el cuerpo. No hay nada mejor para atemperar los nervios. Escuchando a este hombre de voz cavernosa es imposible no acordarse de tantos otros. De Kurt Wagner cuando oigo “Something Awful/Dancing” o “Forever”. De Howe Gelb cuando suenan “Oh, Hetty” o “The Wait Is Over”. De Bill Callahan cuando lo hacen “Bust” o la susodicha “If Not For You”. Gracias, bendita canción, por mostrarme un camino más agradable y darme una mínima esperanza. Y gracias, Fede, por descubrirme el pastel.

www.danmichaelsonandthecoastguards.co.uk

01 febrero 2011

DISCOS

GANG OF FOUR. Content.

Segunda juventud.

Cuando en 2005 Gang of Four anunciaron su regreso –diez años después-, los estudiosos y puristas se volvieron locos. Desde entonces los de Leeds han sudado lo suyo sobre escenarios de medio mundo, pero viviendo de las rentas. Los capitales de esas rentas (gloriosos zambombazos como “Damaged Goods”, “Not Great Men”, “He´d Send The Army” o “At Home He´s A Tourist”) se reagruparon en una misma cuenta, “Return The Gift” (2005). Pues bien, han tenido que pasar otras cuantas primaveras para conocerles nuevo material. Nueva formación, con Jon King y Andy Gill como supervivientes, y con Thomas McNeice y Mark Heaney tomando las riendas de una sección rítmica que en sus tiempos hizo historia. De sus manos nace este “Content” (2011), que ya no suena como lo hacían sus combativos argumentos antaño. Los Gang of Four de hoy consiguen un sonido que no los diferencia un ápice de sus bandas herederas, esas que todos conocemos y que les deben la vida. En este punto, reflexión: ¿era necesario este disco?. Debate abierto.

Aunque no sea un trabajo menor (pese a su desalentador comienzo con “She Said `You Made A Thing of Me´”), algo se echa en falta. Y está claro lo que es: aquellas líneas de bajo gamberras y contundentes que tiraban de espaldas. Solo en “You Don´t Have To Be Mad” alcanzan las entrañas, quedando superfluamente engullidas en el resto por las guitarras esquizoides de Gill. El oído goza de algunos momentos interesantes, como los acercamientos –probablemente involuntarios- a David Byrne en “I Can´t Forget Your Lonely Face” o “I Can See From Far Away”, o ese gesto a Kraftwerk y el post-rock –quizá también involuntario- en una “It Was Never Gonna Turn Out Too Good” radicalmente diferente a lo demás. Aunque lo mejor llega de la mano de “Who Am I?”, enérgico supertemazo de estribillo fácil que hace bullir la sangre en las venas. En conclusión: “Content” saca a Gang of Four del agujero oportunista, encauza su ansiedad creativa, les brinda una segunda juventud y satisface las demandas de los fans. Pero donde estén las rentas…

www.gangoffour.co.uk

29 enero 2011

RETROSPECTIVAS

JOHN CALE. Vintage Violence/Paris 1919.

Joyas de los setenta (7ª parte).

Hace unos meses, en una de sus sorprendentes tandas anunciadoras, el Primavera Sound revelaba para su próxima edición un acontecimiento especial: la presencia de John Cale, con banda y orquesta, interpretando su álbum “Paris 1919” (73). Ello llevó a fijar la mirada en este disco, malposeído y abandonado. Y no solo en él, sino en la discografía más temprana del galés, su afirmación como compositor e intérprete tras su fugaz pero determinante paso por The Velvet Underground. Y en esa tarea de revisión apareció, dejando una huella alentadora, otro disco: “Vintage Violence” (70). Y llegaba la duda: ¿retrospectiva de este o retrospectiva de aquel?. Duelo de balanza entre ambos, resuelto de la forma más diplomática: retrospectiva compartida y punto pelota.

Porque es difícil decantarse por uno u otro. Lo que le falta al uno lo posee el otro, aunque los dos estén sobrados de casi todo. Dos obras maestras, llenas de canciones legendarias, que nos acercan el lado más pop, sinfónico y amable de Cale. Su estreno en solitario con “Vintage Violence” (70) dibujaba a un músico sensible hasta el extremo, tan dotado para la canción popular como Randy Newman o John Lennon. Romanticismo y exquisitez suman fuerzas en una colección familiar y estimulante, con temas que, como “Amsterdam”, “Ghost Story” o “Big White Cloud”, llegan a romper el corazón. También se pueden encontrar pequeños toques country en temas como “Gideon´s Bible” o “Please”, y un caramelo pop adorable e irresistible llamado “Cleo”.

Por su parte, “Paris 1919” (73) posiblemente haya sido su disco de mayor reconocimiento, y quizá por ello el elegido para resucitar en los escenarios cuarenta años después. Producido con pulcritud extrema, envolvente en su textura aterciopelada, contenida y constante, lleno de referencias históricas y literarias. Un pulso elemental entre los dos bastiones de expresividad de su autor: el pop y las piezas clásicas. Comunión que se evidencia en las maravillosas “Hanky Panky Nohow”, “The Endless Plain of Fortune” y “Paris 1919”. Un disco que sirve de analgésica continuidad al primero, aunque entre ambos mediaran los académicos “Church of Antrax” (71) -en colaboración con Terry Riley- y “The Academy in Peril” (72).

El universo de John Cale se nutre de idas y venidas, experimentos revolucionarios, virajes sorprendentes, y siempre sin perder de vista la realidad de cada momento vivido. Sin duda, su obra merece una oportunidad. Y qué mejor forma de empezar que con estas dos joyas, subyugantes y antológicas.

www.john-cale.com

27 enero 2011

DISCOS

IRON & WINE. Kiss Each Other Clean.

Un viajero en casa ajena.

Para los que amábamos al Sam Beam campestre, modosito y melancólico, este disco supone un pequeño shock. O mejor, para no exagerar, una sorpresa. Porque aunque ya mirara hacia nuevos horizontes en aquel intachable “The Shepherd´s Dog” (2007), la transición no ha sido radical sino progresiva. Y la transfiguración se materializa completa en este “Kiss Each Other Clean” (2011), el colofón indeleble de un aperturismo hasta ahora latente pero no evidente. Un nuevo enfoque a su música, mundanal y aventurero hasta decir basta. Apuntes de funk, dub, jazz y sonidos africanos insertados por doquier en canciones que a veces se convierten en parajes sonoros insondables (“Monkeys Uptown” y “Rabbit Will Run” sirven como muestra).

El folk se está echando una siesta, pero no ha muerto. Porque sigue quedando algo de aquel músico silvestre e introspectivo, sedimentos de otra época que florecen en “Tree By The River”, “Half Moon” o las bellísimas “Godless Brother In Love” y “Glad Man Singing”. Da igual, porque la opción a fin de cuentas es el cambio. Un cambio que no siempre resulta cómodo: a ratos apunta hacia una sudada victoria, a ratos se ahoga en el puro manierismo. Aún así, la paciencia y el empeño son dos buenos aliados. Para terminar de comprender este viaje, y poder seguir amándolo.

www.ironandwine.com

24 enero 2011

DESCUBRIENDO A...

LANGHORNE SLIM

Seguimos descubriendo grandes y poco conocidos talentos. En este caso, la oportunidad es para este treintañero de Pennsylvania, afincado en Brooklyn, nacido como Sean Scolnick y artísticamente bautizado al uso de los pioneros (Langhorne es el nombre de su ciudad natal). Su primera grabación (demos aparte) se remonta a 2004 (el EP “Electric Love Letter”). Después llegaron tres largos imponentes que lo han situado en boca de los medios especializados, en la agenda de eventos como los festivales de folk de Newport y Filadelfia, y que lo han llevado a girar con monstruos como Violent Femmes, Jeffrey Lewis, Josh Ritter o Drive-By Truckers.

Bebedor insaciable de sonidos con raíces y deudor de un amplio elenco de clásicos, su música se mueve sin miedo por territorios sagrados: alt country, blues y americana. Canciones que no entienden de artificios o experimentos, construidas con aire, fuego y agua. Sin complicaciones y al grano: muchas apenas rebasan los tres minutos, con textos que no pretenden trascender la historia de las letras. Claro y directo, puro y simple. Americano hasta las trancas y muy, muy recomendable.

www.langhorneslim.com

18 enero 2011

DISCOS

TAPES´N´TAPES. Outside.

Eficacia y eficiencia.

Alegrémonos, hermanos, porque quizá haya una luz al final de ese túnel llamado año nuevo. Llámalo luz, llámalo música. Los próximos meses se avecinan cargados de lanzamientos cuanto menos ilusionantes. Vamos con la primera alegría del 2011. Tras aquel interesante “The Loon” (2006) y un pasable “Walk It Off” (2008), Tapes´n´Tapes han vuelto haciendo básicamente lo que saben: seguir abriendo las ventanas del post-punk, metiéndose en el disfraz de Wire, Pixies, Television o Violent Femmes con un gusto exquisito. A la sombra de otros compañeros generacionales mucho más loados y mediáticos, los de Minneapolis pueden caminar con la cabeza alta: han vuelto a subirse al tren de la canción certera. Absorbiendo sonidos influyentes como esponjas, en este “Outside” (2011) aglutinan una colección de temas variopinta y coherente a la vez. Ritmos tropicales (“One In The World”), esencias de pop agridulce (“SWM”, “Midnight Long”), caricias a la Motown (“People You Know”), flashes psicodélicos (“Outro”) y hasta un entrañable experimento electrónico (“On And On”). Todo ello respetando su postulado rock, sin renegar de las enseñanzas del padrino Black Francis, perfectamente aprehendidas y vertidas en las absorbentes “Freak Out” (acertado single) y “Hiddee Ho”. Un disco que cumple sus objetivos con perfecta administración de los recursos. Lección de economía.

www.tapesntapes.com

17 enero 2011

DESCUBRIENDO A...

THE BLACK SWANS

Nunca subestimes el poder de un simple clic. Así se hicieron carne The Black Swans, fruto de un cliqueo accidental y equivocado. Bendito error. De repente empezó a sonar “Language Tenor” y algo se removió dentro: imágenes de paisajes nevados creadas de la nada para engordar la curiosidad.

Los cisnes negros vienen de Columbus (Ohio) y no son nuevos. Debutaban allá por 2004, aunque han sido sus dos últimos largos los que han sonado entre las sábanas y la oscuridad en estos días: el bucólico “Change” (2007) y el sobrenatural “Words Are Stupid” (2010). Folk, country y slowcore. Sus influencias confesadas (Townes Van Zandt, Tim Hardin, Bert Jansch o Warren Zevon) casan con un estilo que los sitúa a la vera de Tindersticks. Hasta la voz de Jerry DeCicca se asemeja (salvando las distancias) a la del gran Stuart Staples. No alcanzan la superlatividad de los de Nottingham, pero la buscan. Igualmente elegantes aunque mucho más siniestros.

El mencionado Jerry DeCicca perdía tristemente en 2008 a su compañero fundador y violinista, Noel Sayre. Así, “Words Are Stupid” (menos violines, más crudeza sonora) se antoja el anuncio de una nueva temporada, que tendrá su próximo episodio probablemente en este 2011, bajo el título “Don´t Blame The Stars”. Porque como decía Churchill, esto no es el principio del final, solo el fin del principio.

www.theblackswans.com

11 enero 2011

RETROSPECTIVAS

SYD BARRETT. Barrett.

Joyas de los setenta (6ª parte).

Hace un par de meses se conmemoraba el cuarenta aniversario de la publicación de este disco. Con celebraciones de todo calibre, sobre todo en el Reino Unido. Eso demuestra la notoria influencia que la figura de Roger Keith Barrett dejó en su efímero paso por la vida pública. ¿Qué artista es merecedor de tanto agasajo y recordatorio con una obra tan minúscula y concentrada?. También pasó con Ian Curtis o Nick Drake, por poner otros ejemplos. Desde luego, existen los mitos. Y Syd Barrett lo es. Pink Floyd nunca fueron lo mismo tras su deserción forzosa. Ni mejores ni peores, solamente diferentes. “The Piper at The Gates of Dawn” (67) muestra a unos Pink Floyd que no volvieron a repetirse en toda su trayectoria. Y en este “Barrett” (70), grabado en los míticos estudios Abbey Road, se inmortaliza el potencial de un compositor grandioso, indestructible y vulnerable a la vez.

Más centrado y menos experimental que su anterior y muy cercano en el tiempo “The Madcap Laughs” (70), este disco recoge el no va más de un músico que dejó de serlo de repente. Canciones como “Baby Lemonade” y “Gigolo Aunt” muestran una claridad de ideas que se presuponía muerta, o al menos moribunda, en la mente etérea, convulsa y contaminada del genio. Otros temas, como “Rats”, “Maisie” o la acongojante “Wolfpack”, exhiben la excentricidad del Barrett explorador, el hombre engullido por el torbellino químico, refugiado en oscuridad y ahogado en soledad. Confusas sensaciones que él sentía, y que se encargaba de transmitir con su quebradiza voz, recitando sobre un finísimo hilo a punto de romperse.

Y esa es la impresión que causa este disco: temor, inseguridad, mortalidad. El caos como peligro inminente. La duda como animal de compañía. Nubes y claros. La noche y el día. El sí y el no. Algunas veces no cuesta nada comprender a la gente como Barrett. Por suerte o por desgracia, hay Syd Barretts por todas partes. Aunque no todos son capaces de enfocar su colapso hacia los territorios del arte, como hizo el de Cambridge. De su sufrimiento (quizá autoinfligido) nació una obra que emociona, que duele. Obra magnífica y regia, donde las luces y las sombras conviven en un sueño a punto de desvanecerse.

www.sydbarrett.com

10 enero 2011

DESCUBRIENDO A...

NO AND THE MAYBES

Para empezar el año con energía renovada, qué mejor idea que estrenar una nueva sección para el blog, demasiado estancado en el sota, caballo y rey de siempre. En este apartado iremos mencionando a aquellos artistas (noveles y no tan noveles) que se vayan colando en nuestra vida (musical) dándole un mínimo sentido. Son todos aquellos grupos con los que uno se encuentra por una cibercasualidad, ojo clínico festivalero, caprichos del Spotify, recomendaciones de amigos blogueros y otras fuentes de sabiduría.

La primera reseña es para los daneses No And The Maybes, un grupo de Copenhague formado en 2007 por Mikkel Bagge Lange (voz, teclados, percusión), Anders Wiedemann (voz, guitarra) y Troels Tarp (voz, guitarra). Su primer y homónimo álbum fue el último disco escuchado en 2010 (sí, exactamente el 31 de diciembre a las 12 del mediodía), por obra y gracia de los admirables mundos de Fede. Música simpática, libérrima y de cómoda escucha, con un ensamblaje perfecto entre electro pop y psicodelia de los sesenta. Soleados como The Beach Boys, histriónicos como Devo o recalcitrantes como Blur. Una propuesta refrescante e iconoclasta, abanderada por grandes himnos juveniles como “Monday” y “Petra Petrified”.

www.noandthemaybes.com

09 enero 2011

AGENDA

CONCIERTOS PARA UN MALNACIDO 2011.

Citas del primer trimestre.

Aquí está el 2011. Cumpliendo todas las amenazas. Prohibido fumar en lugares cerrados. Fuera cheque bebé. Fuera ayudas al desempleo. Fuera desgravaciones para vivienda. Subida de energías y carburantes. Endurecimiento de la jornada laboral. Posibles nuevos recortes salariales. Pero nuestros políticos aún se permiten la broma de debatir una nueva ley que, presuntamente, garantizará la libertad y los derechos civiles de todos los españoles. ¿Qué tomadura de pelo es ésta?. Pues sí, el 2011 se avecina duro, y a estas alturas soy incapaz siquiera de imaginar cuánto. Mejor explotar las cosas que aún (de momento) nos dejan hacer, y echar un vistazo a los conciertos que tendremos próximamente en nuestra geografía. Que no me extrañaría que algún día alguien dijera que el rock es machista, insostenible o nocivo para la salud.

Aunque las fechas postnavideñas son dadas a confirmar muchas giras, he aquí un avance para todos los gustos.

FEEDER – Madrid. Caracol. 27 enero.
Barcelona. Bikini. 28 enero.
Bilbao. Kafe Antzokia. 29 enero.

JOANNA NEWSOM + ALASDAIR ROBERTS – Barcelona. Palau de la Música. 20 enero.
Vigo. Centro Caixa Nova. 22 enero.
Madrid. Teatro Lara. 27 enero.

THIN LIZZY + SUPERSUCKERS – Madrid. Joy Eslava. 28 enero.
Baracaldo. Rock Star. 29 enero.
Barcelona. Apolo. 30 enero.

GOODSPEED! YOU BLACK EMPEROR – Barcelona. Apolo. 29 enero.
Madrid. La Riviera. 31 enero.

HEAVY TRASH – Barcelona. La (2). 1 febrero.
Madrid. El Sol. 3 febrero.

BAND OF HORSES – Madrid. Heineken. 8 febrero. (AGOTADAS: maldita sea)
Barcelona. Apolo. 9 febrero.

JUNIP (en la foto) + WOOD PIGEON – Bilbao. Azkena. 9 febrero.
Madrid. Teatro Lara. 10 febrero.
Barcelona. Razzmatazz. 11 febrero.

HURTS – Barcelona. Apolo. 12 febrero.
Madrid. Joy Eslava. 13 febrero.

MARK KOZELEK – Madrid. Teatro Lara. 15 febrero.

HERCULES AND LOVE AFFAIR – Madrid. Joy Eslava. 17 febrero.
Barcelona. Bikini. 19 febrero.

WIRE – Madrid. Moby Dick. 17 febrero.
Barcelona. La (2). 18 febrero.

DEAN WAREHAM (plays GALAXIE 500) – Madrid. Teatro Lara. 24 febrero.

LES SAVY FAV – Madrid. Rock Kitchen. 4 marzo.
Barcelona. Bikini. 5 marzo.

JOAN AS POLICE WOMAN – Barcelona. Apolo. 9 marzo.
Valencia. El Loco. 10 marzo.
Madrid. Joy Eslava. 11 marzo.

WHITE LIES – Barcelona. Apolo. 15 marzo.
Madrid. Heineken. 16 marzo.

THE GO! TEAM – Valencia. Mirror. 30 marzo.
Madrid. Joy Eslava. 31 marzo.
Barcelona. Razzmatazz. 1 abril.

Por su parte, el grueso de los festivales gordos también ha empezado a mover ficha desde muy tempranas fechas. He aquí algunas de las confirmaciones anunciadas por los dos gordos entre gordos.

PRIMAVERA SOUND 2011: Animal Collective, Ariel Pink´s Haunted Graffitti, Belle and Sebastian, Broadcast, Comet Gain, Emeralds, Fleet Foxes, Gang Gang Dance, Grinderman, Half Japanese, John Cale & Band, Julian Lynch, Mercury Rev, Mogwai, Papas Fritas, Pulp, Salem, Suicide, Swans, The Fiery Furnaces, The Flaming Lips, The National, The Walkmen, Twin Shadow, etc.

FIB 2011: Arcade Fire, Arctic Monkeys, Beirut, Elbow, Friendly Fires, Portishead, Primal Scream, The Strokes, etc.

Seguiremos informando. Si nos dejan.

07 enero 2011

CANCIONERO

STEALERS WHEEL. Stuck In The Middle.

El año 2011 nos ha recibido con la noticia de una pérdida irreversible: la del escocés Gerry Rafferty, autor (en este caso, co-autor junto a Joe Egan) de canciones tan notables como este clásico entre clásicos. Stealers Wheel fue una de las bandas de militancia de este brillante compositor de la década de los setenta, y su álbum “Stealers Wheel” (73) uno de esos discos injustamente escondidos entre las sombras de otras referencias mucho más comerciales y pomposas. Brindemos un homenaje póstumo recuperando esta gema. Una letra que podría expresar el sentimiento de una noche cualquiera en cualquiera de nuestros bares (autocráticamente liberados de humo).

STUCK IN THE MIDDLE

Well I don't know why I came here tonight
I got the feeling that something ain't right
I'm so scared in case I fall off my chair
And I'm wondering how I'll get down the stairs
Clowns to the left of me, jokers to the right
Here I am, stuck in the middle with you.

Yes I'm stuck in the middle with you
And I'm wondering what it is I should do
It's so hard to keep the smile from my face
Losing control, yeah I'm all over the place
Clowns to the left of me, jokers to the right
Here I am, stuck in the middle with you.

Well you started out with nothing
And you're proud that you're a self-made man
And your friends they all come crawlin'
Slap you on the back and say 'Please, please.'

Trying to make some sense of it all
But I can see that it makes no sense at all
Is it cool to go to sleep on the floor
Well I don't think I can take anymore
Clowns to the left of me, jokers to the right
Here I am, stuck in the middle with you.

05 enero 2011

REPORTAJES

2010: DESPEDIDA Y CIERRE.

Recapitulando los discos del año (parte 2).

Y aquí está la segunda parte de los discos que en 2010 pasaron por nuestras orejas. Alguno se queda en el aire, pero el tiempo y las ganas no dan para más. Se recuerda: esto no es una lista con lo mejor del año, de esas que han aflorado en las últimas semanas como setas tras un día lluvioso. Solo es una forma de concentración y archivo. La oportunidad de revisar la música atrapada en los últimos doce meses. Simplemente eso.

BAND OF HORSES. Infinite Arms.
Vuelta a las andadas. Como ya hicieran con “Everything All The Time” (2006) y “Cease To Begin” (2007), la banda de Seattle realiza otra brillante maniobra en su manejo del prisma de los tiempos. Otro disco de inspiración setentera pero perfectamente encuadrado en el presente. Generoso en canciones nuevas pero familiares, sencillas pero intensas, concretas pero evocadoras, todas ellas bien conducidas por la calurosa voz de Bren Bridwell. Agrada su parte más íntima y bucólica (“Factory”, “Infinite Arms”, “Evening Kitchen”), pero también la más indie y suntuosa (“Laredo”, “Dilly”, “Nortwest Apartment”). Un disco que no pasará a la historia ni copará ninguna lista, pero al que merece la pena dedicar una escucha más.

BROKEN SOCIAL SCENE. Forgiveness Rock Record.
Tras largo tiempo enfrascados en proyectos personales de diferente atractivo, Kevin Drew, Brendan Canning y compañía se reunían de nuevo para traernos este “Forgiveness Rock Record” (2010). No nos engañemos: solo es un disco de rock en momentos puntuales. Otra demostración de estilismo sónico, atmósferas sobrecargadas, batiburrillo de instrumentos y mezcolanza de géneros. Comienza fuerte (“World Sick”, “Texico Bitches” o “Forced to Love” son tremendas) para sumirse en una depresión profunda, con salvedades como la deliciosamente triste “Sweetest Kill”, el hercúleo instrumental “Meet Me In The Basement” o la rockerísima “Water in Hell”.

DR. DOG. Shame, Shame.
A Dr. Dog los conocimos de boca de Jeff Tweedy: el líder de Wilco confesaba tenerlos entre sus bandas favoritas. Y escuchando su música la cosa cuadra: notables similitudes con Wilco en su vertiente más country, evidente en cortes como “Station”, “Someday” o “Jackie Wants a Black Eye”. Y no son precisamente estos los mejores temas del disco; el honor se lo llevan “Shadow People”, “Unbearable Why” o “Shame, Shame”. Álbum lúcido y divertido en su conjunto, atestado de momentos risueños y saltarines. Los de Philadelphia no son solo un nombre más dentro de la retahíla de nuevos grupos con sonido americano. Pueden abrazar otras formas (blues, easy listening, pop), transformándose en lo que quieran. Incluso en The Beach Boys.

EFTERKLANG. Magic Chairs.
Por curiosidad o por piedad, por el incesante cacareo mediático a su favor o quizá por su relación con Peter Broderick y su hermana Heather, dedicar atención a estos daneses se convertía en tarea obligada en 2010. Normal que ciertos sectores de opinión los enaltezcan con tanto ahínco, pues “Magic Chairs” (2010) se cuelga todas las etiquetas de moda: afro indie, nu folk, math rock y un poco de electro. Y aunque envolver el pastel con pianos y violines sea a priori una idea pelotuda, al final el tic modernista doblega la solemnidad de un frenesí clásico que solo está de paso. Un propósito arriesgado y puede que original, pero sin dirección. Demasiado de todo y mucho de nada.

GIANT SAND. Blurry Blue Mountain.
Howe Gelb es otro de esos tipos que hacen de la música su sustento cotidiano. Dos discos en un año: tras la mundanal colaboración con Raimundo Amador y su “band of gypsies” en “Alegría” (2010), llegaba este nuevo trabajo (¿y van..) de Giant Sand. Sin salirse de sus marcas, Gelb vuelve a refinar las líneas del blues, el jazz y el country and western. Y siempre fiel a ese sonido hueco e inconfundible, fabricado a base de contrabajo, escobillas y guitarras punteadas con la agilidad de un mago. Su excelencia alcanza momentos de película en “Monk´s Mountain”, “Ride The Rail”, “Better Man Than Me” o la explosiva “Thin Line Man”. Un disco enorme. Para escuchar tumbado en el sofá, con el sombrero de ala ancha sobre la cabeza.

JOHN GRANT. Queen of Denmark.
¿No es un crimen haber descubierto tan tarde lo bien que canta este tipo?. Que ya lo hacía de maravilla al frente de los pastorales The Czards. “Queen of Denmark” (2010), además de su estreno en solitario, es un salvoconducto vital, el testimonio de la liberación encontrada tras haberlas pasado canutas. Una muestra de pop gallardo y acrisolado, con pequeños flashes operísticos, rapsódicos y vodevilescos, grabado al amparo de sus amigos (¿y salvadores?) Midlake. Difícil resistirse a la cegadora luz que emana de “TC And Honeybear”, “Marz” o “Chicken Bones”. Por no hablar de la conmoción que supone la elegíaca “Queen of Denmark” al final del disco. Una noble forma de expulsar demonios.

LAURA MARLING. I Speak Because I Can.

La jovencísima Laura Marling, igual que su colega Johnny Flynn, pertenece a una nueva casta de músicos británicos: hornada de veinteañeros borrachos del sonido americano. Detrás de un título tan fulminante se esconde una colección de diez canciones valiosísimas, 100% pureza folk. Instrumentos acústicos de cuerda acompañan una voz femenina que convence al más pintado, con letras que merecen una profunda reflexión. La corpulencia de la inicial “Devil´s Spoke” se diluye a continuación en temas mucho más ligeros, aunque a “Rambling Man”, “Alpha Shallows” y “Darkness Descends” tampoco les falta enjundia. Como Joni Mitchell o Judy Collins en su día. O como Alela Diane o las hermanas Söderberg (First Aid Kit) en la actualidad.

MASSIVE ATTACK. Heligoland.
Qué duro e interminable ha sido el parto de este disco. Tras siete años de espera Robert del Naja y Daddy G presentan su nuevo álbum en medio de opiniones encontradas. “Heligoland” (2010) es un auténtico desfile de celebridades, pero totalmente aséptico. A las aportaciones habituales de Horace Andy y Martina Topley-Bird se unen las de Tunde Adebimpe (TV On The Radio), Hope Sandoval, Guy Garvey (Elbow) o Damon Albarn. Ni por esas. Solo “Pray for Rain” y “Girl I Love You” mantienen algo de la esencia e identidad de los Massive Attack que nos conquistaron años ha. Aunque la era del trip hop pasó, era difícil pero no imposible: Portishead lo consiguieron.

PETER BRODERICK. How They Are.
La primera toma de contacto con el prolífico y virtuoso Peter Broderick no ha podido ser más anecdótica a la par que espeluznante. Disco de tránsito y grabación casera, “How They Are” (2010) no necesita más de siete movimientos para convencer. Conjugando sus facetas popular y académica con incuestionable acierto, Broderick regala misterios a capella (“Sideline”), pasajes de folk intimista (“Guilt´s Tune”, “Hello to Nils”) y solos pianísticos que ponen la carne de gallina (“Human Eyeballs on Toast”, “When I´m Gone”, “Pulling The Rain”). Si Nick Drake levantara la cabeza, lo adoptaría. Pequeña gran obra. Pequeño gran músico.

PHOSPHORESCENT. Here´s To Taking It Easy.
Y aquí tenemos a otro músico fascinado por lo añejo. Bajo el influjo de Gram Parsons o The Band, Matthew Houck ha alumbrado un inmaculado tratado de country rock contemporáneo. Un disco con sabor a campos de maíz, a brisa sureña y camisas de franela, que disipa cualquier duda genérica en su contundente obertura, “It´s Hard To Be Humble (When You´re From Alabama)”. Canciones que, sin excentricidad ni heroicidad impostadas, exhortan una pureza y sencillez en hora bajas. Como ejemplos notables, “Nothing Was Stolen (Love Me Foolishly)” y “I Don´t Care If There´s Cursing” merecen un monumento en el corazón de Nashville, con permiso del hipnótico y embriagador mantra de “Hej, Me I´m Light”. Superior.

SUFJAN STEVENS. The Age of Adz.
La cosa ha quedado clara: Sufjan es un artista sin reglas. Sus intenciones faraónicas de levantar la gran pirámide devienen en un disco de resultado incómodo, un malhadado roce con los Radiohead de “Kid A”, el Beck de “Odelay” o las pintorescas nanas de Owen Pallett. Y es que puede que lo de cortar y pegar, loopear y samplear no sea lo suyo. Con sus anteriores entregas quedó claro que lo suyo es el folk, aunque ahora se empeñe en emponzoñarlo con experimentos visionarios. En un río tan revuelto es difícil pescar: solo hay género fresco en “Futile Devices” y “Vesuvius”. El resto es un reto solo apto para muy aventureros.

THE BESNARD LAKES. The Besnard Lakes Are The Roaring Night.
La espectacularidad con que comienza este disco (las dos partes de “Like The Ocean, Like The Innocence”) alimenta el sueño de la gran obra progresiva de este siglo, siguiendo la estela venerable de Yes o Pink Floyd. Pero la ilusión decae a la mitad de “Chicago Train” y se esfuma definitivamente en “Albatross”. Un quiero y no puedo, pese a la elaborada producción y la originalidad vocal de Jace Lasek y Olga Goreas. Mucho mejor aquel “The Besnard Lakes Are The Dark House” (2007), menos bombástico pero más audible. Aún así, han conseguido hilvanar un hito, posiblemente la canción del año: “And This Is What We Call Progress” es abrasiva, aplastante y adictiva hasta decir basta.

THE FALL. Your Future Our Clutter.
Es evidente que a estas alturas The Fall ya tienen poco que ofrecer. Y sin embargo, Mark E. Smith se resiste a arrojar la toalla. Hace bien. Porque aunque sus discos (contados por decenas) contengan repeticiones de actos ya vividos, siempre está esa canción que arranca los motores, conecta los circuitos y pone la materia en órbita. “O.F.Y.C. Showcase”, “Mexico Wax Solvent”, “Hot Cake” o “Chino” parecen concebidas para resucitar a los muertos; son el núcleo duro de un álbum modesto dentro de su potestad, pero lleno de energía punkarra y combativa. Algo muy necesario en estos jodidos tiempos de conformismo.

THE NATIONAL. High Violet.
Paso a paso, haciendo solo el ruido necesario, The National se han ganado un nombre en la escena del rock indie actual. “Alligator” (2005) y “The Boxer” (2007) ya apuntaban que lo suyo es acercar la oscuridad al oído de cualquiera. En su último trabajo consiguen consolidar su personal muro de sonido, latente en temas como “Terrible Love” o “Little Faith”. La hierática voz de Matt Berninger aporta todavía más negrura a canciones con vocación de resucitar la new wave; “Anyone´s Ghost”, “Afraid of Everyone” o “Conversation 16” están a las puertas de conseguirlo. Y atención a los ritmos de batería que sostienen muchos de los cortes, especialmente rutilantes en “Lemonworld” y la mencionada “Afraid of Everyone”. Nada que objetar.

THE VASELINES. Sex With An X.
Que Eugene Kelly y Frances McKee están estupendos ya quedó claro en el Primavera Sound 2009. Solo les faltaba volver a la senda creativa y engordar ese legado, escaso pero efervescente, que los ha convertido en una banda de culto. Llegó el momento. Y qué momento tan ideal: su nuevo disco rebosa ironía, salud e inspiración. Rebosa letras traviesas sobre el amor, la religión, la vejez y los clichés sociales. Rebosa energía power pop y melodías guitarreras febriles. Rebosa estribillos contagiosos. “Ruined”, “The Devil´s Inside Me”, “Overweight But Over You”, “Poison Pen” o “Whitechapel” quedan a la altura de sus mejores éxitos, aquellos que encandilaron a Kurt Cobain. Que la rueda siga girando.

TWIN SHADOW. Forget.
Tras el alias Twin Shadow se esconde la figura de George Lewis Jr., un dominicano afincado en Brooklyn con la cabeza en los años ochenta. Su debú, producido por Chris Taylor (Grizzly Bear), es un sucinto y ejemplar homenaje al synth-pop, con canciones que, como “Tyrant Destroyer”, “Yellow Balloon” o “Slow”, embrujan y enganchan. Un disco que salva las fechas de caducidad con elegancia, haciéndole acreedor de comparaciones que sonrojarían a cualquiera. La sombra de David Bowie es alargadísima en la apetitosa “When We´re Dancing”, pero no la única: Depeche Mode, The Human League, David Byrne, Roxy Music o Ultravox también pululan por ahí. Una alegría para nostálgicos.

27 diciembre 2010

REPORTAJES

2010: DESPEDIDA Y CIERRE.

Recapitulando los discos del año (parte 1).

Como todos los años por estas fechas, aquí llega el pertinente trabajito de Navidad. Un minucioso ensayo que incorpora la revisión, previa audición compulsiva, de aquellos discos editados en 2010 que no tuvieron un hueco en el apartado correspondiente. En líneas generales, el 2010 no ha sido un año muy boyante. Pocos discos deslumbrantes, cuantiosas decepciones, algunos resbalones. ¿O quizá unas exigencias que crecen de manera exponencial?. ¿O quizá que cada vez hay menos sangre en las venas?. Pese a todo, es una pena pasar de largo. El sombrío y cataclísmico 2010 pide a gritos un final decente. Así que allá vamos.

!!!. Strange Weather, Isn´t It?.
Las múltiples y significativas bajas de los últimos tiempos han hecho mella en el combo de Sacramento. De su jefatura como reinventores del rock bailable ya no quedan ni las raspas. Los síntomas de agotamiento se hacen alarmantes en este álbum, vacío, lineal y con mínimos momentos de gloria. Solo el estribillo de “The Most Certain Sure” y los guiños funky de “Jamie, My Intentions Are Bass” salvan de la quema una entrega condenada al montón de los prescindibles. ¿Dónde están las fabulosas sombras de Can y Liquid Liquid?. Aniquiladas, parece.


ARCADE FIRE. The Suburbs.
A muchos kilómetros del notable “Neon Bible” (2007) y a años luz del espectacular “Funeral” (2004), el disco a priori más laureado del año es un movimiento sin fuelle. Y no precisamente por cantidad: dieciséis cortes se agradecen, cuando lo común hoy por hoy es plantarse en nueve. Pese a todo, aquí falta algo: la pegada de antaño, el punch irrefutable, el viejo desorden. Ha habido un trueque entre su personalidad más felina y el vicio de la perfección. El resultado es mediocre, anquilosado, lleno de obviedades y con un incómodo tufillo a pop comercial. Si no fuera por la exquisita “The Suburbs” y el latigazo punkarra de “Month of May”, ni valdría la pena el esfuerzo de unas líneas.

AVI BUFFALO. Avi Buffalo.
Han sido uno de los descubrimientos del año. Por marcarse un gran debú, aunque el sobresaliente del principio se deslice por una suave pendiente hasta un notable final. Por ese pop de encaje de bolillo con contoneos hacia el folk, la americana o el rock atmosférico. Y no son canadienses, pese a acercarse bastante a la tipología de sonidos de aquel país. Maravillas como “Truth Sets In”, “Coaxed” o “One Last” ya valen el disco entero. Igual de brillantes son haciendo espirales con las melodías como pintando estribillos tan accesibles como el de “What´s In It For?”. Mentira parece que sean tan jóvenes. El dulce porvenir.

CARIBOU. Swim.
Daniel Victor Snaith ya flirteaba discretamente con la electrónica en sus anteriores trabajos, pero en este “Swim” (2010) se desposa con ella definitivamente. Encajado en muchos de los top de fin de año por sorpresa, no pasa de ser un tratado más que correcto de música de baile. Canciones como “Odessa”, “Sun” o “Found Out” llevan colgada la vitola de joyas del género, pero hay otras que solidifican en el oído como el cemento. El bizarrismo y la inquietud desplegados en “The Milk of Human Kindness” (2005) o “Andorra” (2007) han abdicado, cediendo el trono a otro clon de Royksopp o Hot Chip.

DEERHUNTER. Halcyon Digest.
La capacidad de creación de Bradford Cox está alcanzando ya cotas que asustan. Y con su proyecto madre ha vuelto a dar certeramente en la diana. El espectacular comienzo con la lisérgica “Earthquake” apunta al cielo. Y en el mismo queda situado el que quizá es su disco más cohesionado, sesentero y, haciendo honor al título, digestivo. Como siempre, hay canciones que no admiten réplica: “Revival”, “Desire Lines”, “Helicopter” y “Coronado” serían las estrellas de este nuevo firmamento. Y después de un atracón bendito llega el postre con la delicatessen “He Would Have Laughed”, dejando el cuerpo mucho más que satisfecho. Sin rival.

JEREMY JAY. Splash.
Por tercer año consecutivo y gracias a su fertilidad, Jeremy vuelve a aparecer en el resumen de discos del año. Más liviano que sus antecesores, aunque de sonido más nítido y guitarrero, “Splash” (2010) vuelve a contonearse por los bulevares del pop de los ochenta y la new wave. La escasez de recursos es de nuevo el santo y seña, y Morrisey y Jonathan Richman sus honorables mentores. “Just Dial My Number”, “It Happened Before Our Time” y “Splash” vierten su jugo, pero no deja de ser la misma cantinela. Ideas que en su día nacieron como buenas pero que no son eternas. Un disco que empieza insuflando grandes esperanzas y acaba con el motor a medio gas.

JOHNNY FLYNN. Been Listening.
Sin duda, uno de los discos del año. Poeta, actor y cantautor, el londinense alcanza en su segundo trabajo una madurez insultante. Canciones que beben del country, del R&B, de la música irlandesa, que evocan a Paul Simon (“Kentucky Pill”), a Johnny Cash (“Agnes”, “The Prizefighter and The Heiress”), a The Pogues (“Sweet William, pt 2”) o a Tom Waits (“Howl”). Ukeleles, pianos, vientos y violines adornan unas canciones mágicas, con la extraordinaria lírica y la voz de Flynn levantándose poderosas, amenazantes e invencibles. Y los dúos con Laura Marling (“The Water”, “Amazon Love”) son pura miel en los labios. Rotundo y soberbio trabajo.

JULIAN LYNCH. Mare.
He aquí otro alquimista del sonido. Comparado con creadores de su generación como Noah Lennox o Sufjan Stevens, son más bien los insondables universos de Jim O´Rourke o Bark Psychosis los que expelen el hálito sobre este trabajo. Para el músico de Nueva Jersey todo vale: folk por acá, drones por allá, ritmos étnicos por acullá, un pellizco de electrónica, una pizca de jazz. Arriesgadísima propuesta donde la palabra no pinta nada, solo la textura, alcanzando cotas cenitales en “Just Enough” o “Ruth, My Sister”. Una defensa estoica de la indefinición y el collage. Disco de arte y ensayo para mentes sin fronteras.

LCD SOUNDSYSTEM. This Is Happiness.
Dicen que este quizá sea el álbum despedida de James Murphy como LCD Soundsystem. Si ello se confirma, a sus espaldas queda una radiante trilogía basada en el arte del pastiche. “This Is Happening” (2010) podría ser el honroso epitafio a una vida de fusión de estilos y homenaje a ídolos, pues pocos han conseguido reunir el dance y el rock en una misma cosa con tanta brillantez. Y si esto es un supuesto adiós, ¿para qué cambiar los argumentos?. Murphy aniquila el factor sorpresa para ofrecer más de lo mismo. Canciones que, como “Drunk Girls”, levantan sospechas de plagios ajenos o que, como “I Can Change” o “Pow Pow”, refrescan la memoria de los viejos éxitos propios.

MAIKA MAKOVSKI. Maika Makovski.
Oportunidad nacional. Que no es oro foráneo todo lo que reluce, y a veces nuestras puertas se abren para dejar entrar la luz. La producción de John Parish es todo un regalo, un lujo al alcance de pocos. Las comparaciones con PJ Harvey (por relaciones) o Patti Smith (por alusiones) quizá pesen a la mallorquina, pero son inevitables. Sus acercamientos al weird folk (“Friends”), el pop (“City Life”) o el country (“The Bastard and The Tramp”) son toda una delicia, pero la Maika más grande es la que hace ruido. Como el ruido de “Lava Love”, “Ruled by Mars” o “No Blood”, haciendo arder los oídos. Nada que envidiar a sus (presuntas) maestras.

MENOMENA. Mines.
Con las expectativas cotizando por las nubes, los de Portland ponían en la calle la continuación de aquel majestuoso “Friend and Foe” (2007) haciéndose de rogar. Pequeña decepción. Su nueva entrega no alcanza ni de refilón la contundencia de sus anteriores trabajos, y el remonte que se atisba a partir de la categórica “Bote” no es más que un mero espejismo. En “Taos” o “Lunchmeat” aparecen sombras de aquellos Menomena minuciosos y tangenciales, pero los Menomena de hoy son más soft, más predecibles y menos sorprendentes. Pena, penita, pena.

NEIL YOUNG. Le Noise.
El abuelo regresa a las andadas. Ha vuelto a hacer lo que le ha dado la gana. Que no es otra cosa que un disco a su manera: un micro, un amplificador y una guitarra. Así nace su trabajo más desnudo, crudo y frugal, posiblemente su obra shoegaze. Obra que a muy pocos ha convencido pero que no busca excusas. De la música de Young siempre se pueden sacar restos de petróleo, aunque el pozo no rebose. “Walk With Me”, “Someone´s Gonna Rescue You” o “Angry World” son grandes, aunque podrían ser gigantes con un respaldo completo. Las acústicas “Love and War” y “Peaceful Valley Boulevard” no incomodan, pues son la misma voz de la historia. Riesgos asumidos en época de vacas flacas. Pura valentía.

SHEARWATER. The Golden Archipielago.
Para muchos, el otro grupo de Jonathan Meiburg (ex Okkervil River) no es más que un sucedáneo barato de Radiohead. Pero qué va, hombre: “The Golden Archipielago” es un viaje temático de lo más entretenido. Sonido épico, inmaculado y perfectamente calibrado para un disco que se mueve entre el folk, el rock fronterizo, el rock gótico, la música de cámara o el ambient. Canciones que van de lo íntimo a lo intenso, escaparate perfecto para el lucimiento vocal del protagonista. Lo mejor: el puntillo arenoso a lo Calexico de “Landscape at Speed” y el vahído frenético a lo Nick Cave de “Corridors”. Y de Radiohead, solo un rastro minúsculo en la postrera “Missing Islands”.

TIM ROBBINS & THE ROGUES GALLERY BAND. Tim Robbins & The Rogues Gallery Band.
Sería injusto tildar la nueva incursión de Tim Robbins en el arte de la canción como oportunista. La ley de la casta y su pasado aficionado lo avalan. Su primer trabajo oficial, bajo la batuta amiga de Hal Willner, clava las raíces en el suelo de sus orígenes: la América profunda y la Irlanda dicharachera dándose un apretón de manos. Hay ráfagas de blues (“Time to Kill”) y sal de taberna (“You´re My Dare” y “Queen of Dreams”), pero el denominador común son las baladas y el reposo de larga duración. En esta aventura apasionante de nuevos vientos y carretera el californiano no está solo: lo acompañan Roger Eno, Kate St. John, David Coulter, Rory McFarlane y la dulce voz de Joan Wasser.

THE CORAL. Butterfly House.
De los muchos palos a los que apuntaban en sus primeros pasitos, ya no hay dudas sobre el posicionamiento definitivo de los de Liverpool: rock psicodélico, soleada California, finales de los sesenta. Darían el pego junto a Crosby, Stills & Nash, Love, Strawberry Alarm Clock o Quicksilver Messenger Service en una fiesta de la época. El desenlace galáctico de “Butterfly House”, la calidez de “Falling All Around You”, el magistral estribillo de “1000 Years” y el riff electrizante de “North Parade” resaltan en negrita, pero el disco es irresistible de principio a fin. Confirmados como maestrillos contemporáneos de lo retro.


Y este es el fin de la primera parte. La semana que viene, más.