10 noviembre 2012

CONCIERTOS

CALEXICO + BLIND PILOT. Madrid. Teatro Kapital. 9-11-2012.
 
Precintados recintos varios para la celebración de eventos en Madrid, yo votaría sin duda para que también clausuraran el Teatro Kapital. Incómodo y con una acústica inexplicablemente mala (y camareras que intentan timarte), no fue precisamente el mejor lugar para que Calexico retornaran a su querida España. Eso sí, lo llenaron, aunque quizá un pelín demasiado más de lo humanamente soportable. Y digo yo que los de Tucson estarían bien. Digo yo, porque de todos ellos vi a pocos y mira que son; solo a Joey Burns durante más de la mitad del show, por el escaso hueco entre el cabezón de uno y el brazo del otro. Lo cual no es poco, ya que Pepe Sonrisas sigue tan carismático, feliz y amoroso como siempre. Me chivan y veo haciendo malabarismos cervicales que hay bajista y teclista nuevos, que Volker Zander y Paul Niehaus ya no están. Pero cuando empieza esa grandiosa “Epic”, con el riff de guitarra que me lleva matando la semana entera, siento ganas de taparme los oídos. Debería ser pecado que una banda como ésta, tan llena de efectivos y detalles, pudiera sonar mal. Pues sí. Mal no, fatal. A continuación, “Across The Wire” me hace empezar a sospechar que mi gozo de nuevo en un pozo, que no veré a la banda de country and western, la banda de rock sureño o la banda de jazz, sino que volveremos, amigos, a ver a la banda de la verbena de las fiestas de San Roque.
 
Pues así es y no tiene solución. Cuando vienen a España se crecen y no se les escapa ni una. Ni una de las populacheras vaya. Qué van a hacer, si la gente se vuelve tontita al son de “Roka”, “Inspiración”, “Victor Jara´s Hands” o “Corona”. Pero yo quisiera que algún día se cansaran de “Across The Wire”, “Minas de Cobre”, “Crystal Frontier” o el “Güero-Desaparecido”, o se dieran cuenta de que  “Alone Again Or” no es suya sino de Love. Y no estaría mal que algún día cogieran (por ejemplo) “Sonic Wind”, “Ballad of Cable Hogue”, “Fade”, “The Ride Pt. 2”, “All Systems Red”, “The News About William”, “Red Blooms” o “Man Made Lake” y las pusieran en el lugar de otras, de todas las anteriormente dichas. O que, rizando el rizo, se atrevieran con cosas como “Old Man Waltz”, “Pepita” o “Crumble”. Aunque tampoco estaría mal que hicieran un Calexico performing “Feast of Wire” (2003), porque es cuando suenan “Sunken Waltz” o “Black Heart” cuando me vengo arriba y se me ponen los pelillos como escarpias. En fin, los sueños, sueños son. Y Calexico, Calexico son. Vistos una vez, vistos todas. Eso sí, vuelvo a decir lo mismo de otras veces: véndales los ojos y átales una mano a la espalda, que seguirán tocando como los ángeles. Esto me lleva a acordarme del gran maestro Convertino, que supongo que estaría, aunque allí no sonaba su batería, sino más bien una lata. Verle no le vi ni el pelo. Y esto es lo que más me jode de toda la velada con diferencia.
 

28 octubre 2012

CANCIONERO

THE BOBBY FULLER FOUR. I Fought The Law.

Mientras decido de una vez qué hago con el telón, si dejo que continue la función o lo dejo caer y hasta luego, la música sigue rondando, intentando  convencerme para que no arroje la toalla. Y últimamente “I Fought The Law” suena por todas partes. Una canción patrimonio de la Humanidad que bien merece un homenaje. Desde que naciera en manos de Sonny Curtis (miembro de los Crickets) en 1958, la rueda ha dado cien vueltas para ofrecernos muchas versiones. Quizá una de las más amables fue la que popularizaron The Bobby Fuller Four en 1966. Una forma muy sutil de cantar “robbing people with a six gun” como si tal cosa. Ese estribillo tan pegadizo sigue estando de moda (“I fought the law and the law won”) aunque muchos desearíamos poder reescribirlo algún día (“I fought the law and I won”) como ya hicieran The Dead Kennedys en los 70.
 
Y es que “I Fought The Law” es una canción pionera, políticamente incorrecta para su época, ¿una de las semillas del punk?. Posiblemente. The Clash no dudaron en hacerla suya. Y como ellos, decenas de artistas han intentado adaptarla a sus estilos, vista desde el lado más rebelde por los mismísimos Clash, los Kennedys, los Stray Cats, Stiff Little Fingers o Green Day, desde el lado country por Hank Williams Jr., Waylon Jennings o The Nitty Gritty Dirt Band, o desde un suave lado rock por Roy Orbison o Tom Petty. Canción que cala hasta en los huesitos patrios, pues creo recordar habérsela oído tocar en vivo a Manta Ray y los Corizonas como mínimo. Sin olvidar la última versión gozada en directo de los Rackhouse Pilfer. Pues eso: canción de todos y para todos. A ver quién es el guapo que se la quita de la mollera.
 
I FOUGHT THE LAW

Breaking rocks in the hot sun
I fought the law and the law won
I fought the law and the law won
I needed money cause I had none
I fought the law and the law won
I fought the law and the law won

I miss my baby and I feel so bad
I guess my race is run
Well she's the best girl that I've ever had
I fought the law and the law won
I fought the law and the law won

Robbing people with a six gun
I fought the law and the law won
I fought the law and the law won

I miss my baby and the good fun
I fought the law and the law won
I fought the law and the law won

I miss my baby and I feel so bad
I guess my race is run
Well she's the best girl that I've ever had
I fought the law and the law won
I fought the law and the law won

27 octubre 2012

DISCOS

CULT OF YOUTH. Love Will Prevail.

El fantasma de Ian Curtis.

Bingo. Cult of Youth han conseguido dar en el clavo. A estas alturas es complicado encontrar un estilo definitorio, lograr un sonido que sea genuino aunque no original. Ellos lo tienen. Tienen esa virtud de saber a ellos mismos, de ser inmediatamente reconocibles sin necesidad de una indagación profunda. Buena parte de culpa la tiene la voz de Sean Ragon, y seguramente no soy la única oyente que ve al fantasma de Ian Curtis cabalgando cuando canta este señor. Sí, esa es la voz de ultratumba del mancuniano, mensajera de una oscuridad que Cult of Youth abrazan con delirio, inyectándola a esa mixtura de folk, post-punk y metal que es su incandescente música. Aunque también puede que escuches en sueños a Lloyd Cole, Adam Ant, Mick Jagger o Peter Garrett, pues “Love Will Prevail” (2012) es una nebulosa de sensaciones con ancla en el pasado.

Al igual que su antecesor -el excelso y recalcitrante “Cult of Youth” (2011)- el regreso de los neoyorquinos es otra montaña rusa llena de fuerza y congestión, un viaje adrenalínico que tan pronto te lleva a un tiroteo en el Far West como a un desfile gótico en el cementerio. Una colección solemne de diez temas, con la pasión acústica y crescendos de “Man and Man´s Ruin”, “Prince of Peace”, “To Lay With The Wolves” o “It Took a Lifetime”, la agitación trepidante de “Golden Age”, el lamento ardiente de “Garden of Delights”, los arabescos de “A New Way (Version)” y el jolgorio de taberna de la minúscula “Path of Total Freedom”. Sin olvidar el descaro post-punk del que presumen dos de las mejores, la sibilina “New Old Ways” y la claustrofóbica “The Gateway”, canciones por las que hubieran matado Peter Murphy o Robert Smith. Con este excelente disco Cult of Youth avanzan posiciones. De noveles a avalados, de buenos a buenísimos, de promesa a realidad.

23 octubre 2012

DISCOS

GRIZZLY BEAR. Shields.

La fuerza perversa de la corriente.

Oh, fatal mainstream que con tus falsos encantos seduces a los puros. Oh, malvada corriente que con tu fuerza hercúlea engulles a los débiles. Algo le estás haciendo a Grizzly Bear, lo cual no me parece nada bien, teniendo en cuenta que estamos ante una de las bandas más sensacionales de los últimos tiempos. Cuidado, que te estás pasando. “Shields” (2012) es el disco más flojo  de los de Brooklyn, y precisamente porque tú, maldita sea, te has colado por medio, metiendo en su equipaje recursos del montón. Y sí, puede que estos nuevos Grizzly Bear estén muy bien para el oyente indie medio, para el moderniki estándar o el consumidor compulsivo de itunes. Pero no son los Grizzly Bear de ensueño, artesanos y barrocos, capaces de moldear canciones mágicas y épicas, impredecibles y llenas de curvas, extrañas y tiernamente apetecibles. “Shields” confirma las sospechas que avanzaban algunos cortes de “Veckatimest” (2009), cuando aquello solo parecía un experimento de púberes rebeldes: ahora el oso busca otra fórmula, la llegada masiva a oídos poco exigentes, el acercamiento a ese sonido amable y fácilmente digerible que aportan cientos de miles de bandas absolutamente irrelevantes hoy por hoy. Basta escuchar “Speaking In Rounds” o “Yet Again” para sospecharlo, y después “A Simple Answer”, “Gun-Shy” y “Half Gate” para confirmarlo. Claro está que las aptitudes innegables de estos chicos les hacen aportar un nivel varias pulgadas por encima de la media hasta en la peor de las canciones (“Gun-Shy” resulta particularmente incómoda), pero se echa de menos a los especialísimos Grizzly Bear de “Horn of Plenty” (2004) y “Yellow House” (200), aunque temas nuevos como “The Hunt”, “What´s Wrong” y las grandiosas “Sleeping Ute” y “Sun In Your Eyes” aún sigan rememorando su faceta más inspirada y virtuosa. A lo mejor todavía hay esperanza para ellos y esto solo es un juego o un despiste. Ojalá.

20 octubre 2012

DISCOS

CALEXICO. Algiers.

Hola, Nueva Orleans

Como muchos otros músicos que aparecen regularmente por estos mundos, Calexico son imprescindibles. Existe una simpatía férrea y natural hacia ellos, y por ello su regreso (en disco y en vivo, cita ineludible el próximo 9 de noviembre) se acoge con los brazos bien abiertos. “Algiers” (2012) es su séptimo álbum de estudio y distribución masiva, una excelente segunda parte para “Carried to Dust” (2008), después de leyendas como “The Black Light” (98), “Hot Rail” (2000) o “Feast of Wire” (2003), de cambios de paso como “Garden Ruin” (2006) y de cientos de rarezas y platos caseros para comensales afortunados. 

Llamado así en homenaje a uno de los barrios de Nueva Orleans, ciudad donde el disco ha sido íntegramente grabado, “Algiers” vuelve a poner en valor la mayor y más fascinante virtud de los de Tucson: su facilidad para la fusión. Un arte de resquicios abiertos, que cada vez admite menos limitaciones. Nadie sabe hacer mejor lo de unir cumbias y rancheras con pop, rock, americana, country-folk, jazz, surf, pasajes psicodélicos o progresivos en un amplio e inagotable abanico de melodramas y westerns sonoros que a veces deslumbran, otras despistan, otras simplemente vuelan como pájaros tratando de alcanzar el sol. Y es ese don irrefutable lo que planea sobre esta colección, celebración de la alegría de un mundo global (que no globalizado o globalista), descubrimiento de otras formas de cultura y expresión. El arte de la fusión ya es un hecho tan consolidado que las doce canciones se agrupan en un conjunto que, pese a su riqueza y multitud, suena homogéneo, relajado y de una pieza.

Capaces como son de crear temas legendarios, Joey Burns y John Convertino nos regalan otros cuantos en esta ocasión, como “Epic”, “Maybe on Monday”, “Para”, “Hush” o la curiosísima “Sinner In The Sea”, una suerte de mezcla de ron cubano, tablas de surf y The Doors. No echarás de menos la introspección folk (“Fortune Teller”, “Better and Better”), ni las voces de Jairo y Jacobo (“No Te Vayas”), ni las trompetas, ni ese pedal steel que es como una marca de nacimiento. Es más de lo mismo pero siempre bueno. Es Calexico y punto.

09 octubre 2012

RETROSPECTIVAS

ERIC BURDON & THE ANIMALS. The Twain Shall Meet.

Joyas de los 60.

The Animals es sinónimo de blues. O al menos los Animals que todo el mundo conoce, los de los primeros sesenta, los abanderados de la invasión británica, los de “The House of The Rising Song”. Pero hay unos Animals no tan laureados, menos conocidos e igualmente apasionantes, si no más. Eric Burdon, el jóven blanco de Newcastle que quería ser negro. Leyenda son sus peregrinaciones a los Estados Unidos sureños en busca del mojo. Y aunque su banda de brillantes generadores de versiones blues no se prolongó durante mucho tiempo, él supo que había otros caminos que explorar.

Así intentó hacer reconvirtiendo el grupo después de una espantada casi general. Bajo el nombre de Eric Burdon & The Animals comenzaba una nueva etapa acorde con el vuelco de los tiempos. Porque a finales de 1966 el mundo convulsionaba, las ideas hervían, el pacifismo y el hedonismo cobraban una intensidad desconocida, y la música mudaba su antigua piel para mostrar una cara mucho más arriesgada. Burdon supo captar la señal con flagrante inteligencia, y de su fino periscopio surge “The Twain Shall Meet” (67), su gran obra psicodélica. Un álbum sublime que reúne la crémè de los sonidos más envolventes y fantásticos de la época, así como una retahíla de reflexiones propias del mejor sociólogo. Su apertura con “Monterey” es grandiosa, una canción insuperable compuesta para ese Monterey Pop Festival, punto de partida del “verano del amor” y citado en todas partes como “el primer festival de rock de todos los tiempos”. Allí estuvo Burdon presentando el tema para la ocasión, con su cálido homenaje poético-musical a Jefferson Airplane, The Who, Jimi Hendrix, The Byrds, las exóticas presencias de Ravi Shankar y Hugh Masekela, incluso la sombra oculta de Brian Jones (nota: leer los versos del tema al final). En “Monterey” se puede palpar la voltereta en el sonido adoptado por los nuevos Animals. Un sonido lleno de vida y color: metales, secciones de cuerda, sitares, tablas, flautas traveseras, clavicémbalos y hasta gaitas escocesas. “The Twain Shall Meet” es una visión cáustica del espíritu de los 60. Y si no, ahí está la aplaudida y fácilmente entonable “Sky Pilot”, una crítica exacerbada al sinsentido de Vietnam. Otras canciones también reflejan estados mentales de desasosiego, como “Closer to The Truth”, penúltimo rescoldo del fervor de Burdon por el blues; la claustrofóbica “Just The Though”, con ese ambiente miasmático que lo emparenta con The Velvet Underground; o la crudísima “No Self Pity”, con toneladas de asfixia psicotrópica fluyendo en cada acorde. 

El conjunto lo completan la amable tonada pop “Orange and Red Beams”, la semi-versión “We Love You Lil” con sus excitantes seis minutos de guitarra sucia palpitante, y otro himno hippy por antonomasia, la alucinógena “All Is One”, que deja correr un poco el aire por su mensaje fraternal aportando una liviana esperanza entre tanta calamidad. Si en su anterior discografía los Animals honraban con enorme pulcritud el legado de los grandes bluesmen, “The Twain Shall Meet” podría ser el disco de la autodeterminación. Una reivindicación del potencial creativo por encima de las caprichosas y superficiales estrategias discográficas, que cortaban las alas de sus artistas para crear un producto estrictamente calculado y fácilmente vendible.


Extracto de “Monterey”

The Byrds and the Airplane did fly
 
Ravi Shankar´s music made me cry

The Who exploded into violent light

Hugh Masekela´s music was black as night

The Greatful Dead blew everybody´s mind

Jimi Hendrix, baby believe me, set the world on fire

His Majesty Prince Jones smiled as he moved among the crowd

IF YOU WANNA FIND THE TRUTH IN LIFE, DON´T PASS THE MUSIC BY



 

02 octubre 2012

DISCOS

POOR MOON. Poor Moon.

Fleet Foxes divido entre tres y mas dos.

Poor Moon es el reciente (y seguro que no último) proyecto de dos músicos todoterreno mayormente conocidos por su militancia en Fleet Foxes: Christian Wargo y Casey Wescott. Y ya sabéis, yo todo lo que tiene el sello de los de Seattle lo compro. Y además, si se hacen llamar como una gran canción de Canned Heat, lo compro con más motivo. Pero hablar solo de Wargo y Wescott sería injusto, pues en esta aventura se acompañan de la pareja de hermanos Ian y Peter Murray, miembros a su vez del grupo The Christmas Cards. Tras su EP de debú “Illusion” (2012) ahora llega la puesta de largo, un disco homónimo que bebe de las mismas fuentes de aguas cristalinas que la música compuesta por Robin Pecknold, aunque flirteando con otros géneros siempre enclavados en la década de los 60. Por ejemplo, es innegable que canciones como “Clouds Below”, “Same Way”, “Come Home” y la deliciosamente familiar “Birds” saben a Foxes un rato: folk pintoresco con armonías refinadas y sabor pastoral. Sin embargo, hacia la quinta canción este álbum de metraje accesible trae algunas sorpresas: aires spectorianos en “Waiting For”, psicodelia de incienso y menta en la extraordinaria “Heaven´s Door”, ecos de invasión británica en “Pulling Me Down” o ese experimento perpetrado en una extrañísima “Bucky Pony” con efluvios de Grateful Dead. Está claro que “Poor Moon” (2012) no es un álbum rompedor, seminal ni traumático; es una colección aceptable de canciones, un entretenimiento que, a priori y con todos los respetos, se antoja netamente inofensivo para el buen devenir del grupo estrella. Insisto: con todos los respetos.
 
 

29 septiembre 2012

REPORTAJES

IRLANDA: MÚSICA EN CADA ESQUINA

Recién regresados de la tierra de los duendecillos y la Guinness, no cabe duda: Irlanda es un país especial. No solo por sus bellos paisajes, por sus pueblos coloridos y pintorescos, por lo entrañable de sus gentes, por su buen humor (pese a estar intervenidos) y por su buen comer y beber. Irlanda es un país eminentemente musical. Los irlandeses llevan música en las venas. De cada tres habitantes uno es músico, y el que no lo es lo intenta. Porque vayas donde vayas, hagas lo que hagas, siempre hay una canción sonando cerca. Ya sea un grupo en el cogollo de Dublín, un bluesman en un callejón, un tenor cantando a pelo en pleno centro comercial, un combo de música tradicional en un pub o una arpista en los acantilados de Moher. En irlanda hay música en vivo por todas partes. Pero allá donde no la hay, algún paisano con cultura y buen gusto se encarga de enchufar el hilo. Y así, puedes comer escuchando los mejores éxitos del blues en el Vaughan´s de la remota Clifden, o disfrutar de Trees en el O´Donnabhain´s de Kinvara, oir el mítico “Fisherman´s Blues” de Mike Scott mientras los músicos del pub de turno descansan, cenar viendo videos de Marvin Gaye, The Marvellettes, Blondie, Happy Mondays, Supergrass o Pulp en la Vintage TV o recordar los grandes éxitos pop británicos de todos los tiempos mientras atacas una hamburguesa en Burger King. En Irlanda oyes música por todas partes: en plena calle, en los bistros y pubs, en los aseos públicos, en el bed & breakfast y hasta en las iglesias. Y vas como un perrillo, siguiendo el rastro de esa música, buscando de dónde viene y adonde va, pensando que cuando vuelvas a casa España se habrá convertido en Irlanda y el sueño se habrá hecho realidad.

Experiencias musicales irlandesas las ha habido a puñados y en todos los rincones del país. Desde esos australianos llamados The Wishing Well con sus amplis a todo trapo, convocando en Grafton Street a una amplia multitud.


O como los vivarachos Rackhouse Pilfer, naturales de la entrañable Sligo, cuyo mapa turístico solo incluye nombres de pubs. En McGarrigle´s aterrizamos y allí nos deleitamos con la magia bluegrass de estos chavales (son seis, pero solo conocimos a cuatro), capaces de honrar a Hank Williams y de dar la vuelta hacia el género country a clásicos como “I Want To Break Free” y “I Fought The Law”.


Tampoco estuvieron mal los solitarios, como los músicos residentes del Bachelor Inn de Dublín los viernes y sábados, desnudando con apenas una acústica “Another Brick in The Wall”, “Sit Down” o “The Whole of The Moon”, entre muchas otras. También los había de dos en dos, como el simpático dúo guitarra-bajo en el Tatler Jack de Killarney intercalando la plenitud de la música irlandesa (no faltaron “Whiskey in The Jar”, “Molly Malone”, “Dirty Old Town” y “No Never No More”) con éxitos de siempre como “The Boxer” (Simon & Garfunkel).


O como la pareja de guitarristas que en el The King´s Head de Galway bordaba cosas tan dispares como “Victoria” (The Kinks), “Heart of Gold” y “Rockin´In The Free World” (Neil Young), “Losing My Religion” (REM), "Layla" (Eric Clapton) o una inédita versión bossa nova de “Message in a Bottle” (The Police).

Pero los que la liaron parda fueron Broken Spokes en el Andrew Ryan de Kilkenny, un garito que enamora, un museo del rock con inquilinos eminentes en sus paredes (Jimi Hendrix, The Doors, The Waterboys, Neil Young, etc). Es de lo más reconfortante ver a una banda de auténticos veteranos de guerra tocando gratis y en familia, y si esa banda de amables maduritos virtuosos se dedica a repasar todos los estándares de country, blues, rock´n´roll, surf y americana, esto es el acabose del deleite. Por poner un ejemplo, “Up On Cripple Creek” fue como gozar a los mismísimos The Band en los morros. Y si todo esto lo riegas con exquisitas y no precisamente escasas burbujas cerveceras, acabas creyendo que Dios existe.   


Lamentablemente volvemos a estar en casa y el sueño se ha desvanecido. España no es Irlanda y eso es un hecho: aquí no hay pubs auténticos ni saludos por la calle, no hay sonrisas sino mala leche generalizada, no hay música por ninguna parte. La diferencia cualitativa es tan enorme que da lástima. Pero viviremos del aprendizaje y los recuerdos, que en los tiempos que corren son una buena agarradera. Los irlandeses nos han dado una gran lección de cultura, amabilidad y optimismo, y es preciso reconocérselo.


12 septiembre 2012

CANCIONERO

THIN LIZZY. Whisky in The Jar.

Irlanda es la tierra del verde. Es la tierra de los duendes, de montañas y bahías, de la lluvia en los tejados de paja, de violines y arpas. La tierra de Michael Collins, del hombre tranquilo y de Molly Malone. Es tierra de santos y de beodos. Es la tierra de Oscar Wilde, Jonathan Swift, Bram Stoker, James Joyce, Samuel Beckett y W.B. Yeats. Es tierra de Guinness, Murphys, Kilkennys, Jamesons y Paddys. Es la cuna de U2, de los Dubliners y los Chieftains, de Rory Gallaguer y de un trozo de los Pogues. Y también es la tierra de Thin Lizzy. Y como buenos irlandeses no podían obviar el hervor de su sangre, apropiándose de esta cancioncilla tradicional legendaria que habla del sur, de las montañas de Kerry y Cork, de una ingrata Molly y de una cruda venganza. Grabada como single en 1972, la versión de los Lizzy puede contarse como una de las mejores y más loadas, sobre todo gracias a unos riffs de guitarra que ya han pasado a los anales de la música rock y de las academias de guitarra eléctrica. Pero no fueron los únicos que sucumbieron a la belleza de la leyenda irlandesa: The Dubliners, Grateful Dead, U2, Pulp, Gary Moore, Simple Minds, Belle & Sebastian o Metallica también realizaron sus propias versiones del tema.

Pues bien, allá vamos, a descubrir la leyenda con nuestros propios ojos y atraparla entre los dedos. Pues claro que habrá jarras de whiskey. Y sobre todo cerveza. Y Thin Lizzy no faltarán a la cita. Amén.

WHISKEY IN THE JAR

As I was going' over the Cork and Kerry mountains
I saw Captain Farrell and his money he was counting
I first produced my pistol and I then produced my rapier
I said stand or deliver or the devil he may take ya

Musha ring dum a do dum a da
Whack for my daddy-o,
Whack for my daddy-o
There's whiskey in the jar-o

I took all of his money and it was a pretty penny
I took all of his money and I brought it home to Molly
She swore that she loved me never would she leave me
But the devil take that woman for you know she tricked me easy

Being drunk and weary I went to Molly´s chamber
Takin´ my Molly with me and I never knew the danger
For about six or maybe seven in walked Captain Farrell
I jumped up, fired off my pistols and I shot him with both barrels

Now some men like the fishin´ and some men like the fowlin',
And some men like the hear, the cannon ball a roarin'.
Me? I like sleepin' especially in my Molly's chamber
But here I am in prison, here I am with ball and chain, yeah.


07 septiembre 2012

DESCUBRIENDO A...

THIEVING IRONS

Bajo el sobrenombre de Thieving Irons se esconde un tipo llamado Nate Martínez, ex -componente del minoritario grupo Pela, y miembro ocasional de otra banda que sí está de boca de bastantes: The National. Su proyecto llega a nuestros oídos a través de su segundo álbum, “Behold, This Dreamer!” (2012), después de un “This Midnight Hum” (2010) sin demasiada repercusión.

Merece la pena dedicar unos minutos a la música concebida por este hombre. Quizá no tenga nada de insólita o novedosa, pero bien vale para pasar un rato de paz, sin sobresaltos ni zozobras, cosa que en estos tiempos se valora inmensamente. “Behold, This Dreamer!” es un disco cómodo y sereno en su totalidad, incluso en sus momentos más luminosos y descarados, como los efectivos singles “So Long” y “Poison”. También es un álbum evolutivo y sorprendente. Comienza con sabor a antigüedad, pop-rock de tupidas atmósferas con guitarras saturadas y secciones rítmicas potentísimas, como si aplicáramos una capa de barniz ochentero a East River Pipe. Pero a partir de cierto momento la concepción cambia, se abren amplios caminos hacia el paraíso folk y emergen joyas pastorales y reflexivas como “Block Island Blues”, “Letters to Catherine” o la extraordinaria “Venus”, con ese desenlace rozando el free jazz. Canciones éstas que podrían atribuirse sin problema a ese compositor magnífico llamado Cass McCombs, al que Martínez parece arrimarse sin querer, y no solo porque ambos tengan voces casi calcadas. Solo por estos primorosos minutos postreros el disco ya merece muchísimo la pena. Además de que el resto tampoco está nada, nada mal.  

www.thievingirons.com

05 septiembre 2012

REPORTAJES

EL APASIONANTE SONIDO MOTOWN

Repaso a la factoría de Detroit

Hace tiempo que ando curtiéndome en esto de la historia básica de la música, escuchando y, sobre todo, leyendo todo tipo de documentos que iluminan mis ansias de saber. Y quizá no fuera este el acontecimiento más álgido o culminante en el devenir de la música popular, no tanto como la eclosión del rock´n´roll o el boom de la música electrónica, pero está claro que un tipo llamado Berry Gordy consiguió algo muy singular: concebir una nueva forma de trabajar la música, particularmente la música negra, y ayudar a alumbrar un puñado de mitos que aún en estos días siguen entrando con facilidad por los oídos y por los ojos. Muchos han criticado la filosofía del sello Motown, tildándolo de “cadena de producción” y cuestionando sus métodos artificiales, a veces incluso más basados en la imagen que en el mensaje o la calidad de una u otra melodía. Y sin embargo, fundando la marca, ideando un nuevo estilo de trabajo y garantizando un sonido genuino, Berry Gordy alcanzó un hito en su época: lograr que el papel de los negros se ampliara más allá de la ejecución, alcanzando también el control de los mandos.

Motown Records, originariamente conocida como Tamla Records, fue fundada por Gordy en 1959, anticipándose al comienzo de una década, la de los 60, que sería su auténtica época dorada. Sería justo decir que el éxito arrollador de su facturación fue fruto de un mérito compartido por: a) el olfato para los negocios de Gordy, b) la calidad de los productores y compositores en plantilla (Smokey Robinson, Barrett Strong, Norman Whitfield, el trío Holland-Dozier-Holland) y c) el descomunal talento de sus intérpretes. A lo largo de la década la Motown y sus subsidiarias consiguieron incluir un tema entre los primeros puestos del Billboard en más de cien ocasiones, con números uno inolvidables, tanto en las listas de pop como en las más forales de rythm and blues.


Como en muchas otras corrientes de R&B, pop y soul de la época, el comúnmente llamado “sonido de Detroit” partía de una adaptación de los cantos gospel de iglesia a la música popular. Las voces eran algo sagrado, a su vez aderezadas por acompañamientos musicales ricos, armoniosos, exuberantes pero estrictamente calibrados. The Miracles fue el primer grupo que alcanzó el primer puesto en las listas de rythm and blues con “Shop Around” mientras que The Marvelettes lo harían en las de pop con “Please Mr. Postman”. Los grupos vocales masculinos y femeninos fueron el santo y seña de la Motown en la década de los 60, más que los intérpretes individuales. Grupos de chicos como The Miracles, The Temptations, The Isley Brothers, The Contours y The Four Tops, grupos de chicas como The Marvelettes, Martha & The Vandellas, The Velvelettes y The Supremes, grupos mixtos como Gladys Knight & The Pips y The Elgins. Entre los intérpretes individuales femeninos destacaron los éxitos cosechados por Mary Wells y Brenda Holloway; entre los masculinos se cuentan las aventuras en solitario de los hermanos Jimmy y David Ruffin, los pasos noveles de Marvin Gaye y el impactante debú de Stevie Wonder, directo al número uno con tan solo doce añitos.

Finiquitados los maravillosos 60, Gordy decide mudarse a Los Angeles, con vistas a ampliar horizontes hacia otras artes. La compañía entera se traslada y comienza una nueva era, no tan fructífera y todopoderosa como la anterior, pero con artistas de indudable renombre pasando a engrosar las filas de la fábrica de hits más potente del planeta hasta la fecha. Así, entre los 70 y los 80 salen de la madre Motown éxitos flagrantes de Edwyn Starr, Diana Ross, The Commodores, Lionel Richie y The Jackson Five. Sin embargo, la empresa de Gordy nunca llegó a alcanzar los niveles de impacto generados en la década de los 60. Existen decenas de canciones de la Motown en todas las recopilaciones relevantes de música de esa época. Una muy buena la componen los tres volúmenes de “The Best Sixties Álbum In the World… Ever!” (95), dentro de la cual se pueden encontrar hasta 15 éxitos del sello. Pero si lo que queréis es Motown 100% anotad esta otra: “Hitsville USA: The Motown Singles Collection” (92-93), con un volumen dedicado enteramente a los 60 y otro a los éxitos de los 70-80. Si esto es demasiado para empezar, ahí va una  recopilación sutil y muy personal de los mejores temas tejidos bajo el rugido de los motores.

1.     “Money (That´s What I Want)” de Barrett Strong
2.     “Please Mr. Postman” de The Marvelettes
3.     “Do You Love Me” de The Contours
4.     “Fingertips, Part 2” de Stevie Wonder
5.     “Dancing in The Street” de Martha & The Vandellas
6.     “Shotgun” de Junior Walker & The All Stars
7.     “Nowhere to Run” de Martha & The Vandellas
8.     “I Can´t Help Myself” de The Four Tops
9.     “It´s The Same Old Song” de The Four Tops
10. “Uptight (Everything´s Alright)” de Stevie Wonder
11. “What Becomes of The Brokenhearted” de Jimmy Ruffin
12. “Reach Out (I´ll Be There)” de The Four Tops
13. “(I Know) I´m Losing You” de The Temptations
14. “Ain´t No Mountain High Enough” de Marvin Gaye & Tammi Terrell
15. “Get Ready” de Rare Earth
16. “War” de Edwyn Starr
17. “It´s a Shame” de The Spinners
18. “Stoned Love” de The Supremes
19. “What´s Going On” de Marvin Gaye
20. “Never Can Say Goodbye” de The Jackson Five