29 septiembre 2012

REPORTAJES

IRLANDA: MÚSICA EN CADA ESQUINA

Recién regresados de la tierra de los duendecillos y la Guinness, no cabe duda: Irlanda es un país especial. No solo por sus bellos paisajes, por sus pueblos coloridos y pintorescos, por lo entrañable de sus gentes, por su buen humor (pese a estar intervenidos) y por su buen comer y beber. Irlanda es un país eminentemente musical. Los irlandeses llevan música en las venas. De cada tres habitantes uno es músico, y el que no lo es lo intenta. Porque vayas donde vayas, hagas lo que hagas, siempre hay una canción sonando cerca. Ya sea un grupo en el cogollo de Dublín, un bluesman en un callejón, un tenor cantando a pelo en pleno centro comercial, un combo de música tradicional en un pub o una arpista en los acantilados de Moher. En irlanda hay música en vivo por todas partes. Pero allá donde no la hay, algún paisano con cultura y buen gusto se encarga de enchufar el hilo. Y así, puedes comer escuchando los mejores éxitos del blues en el Vaughan´s de la remota Clifden, o disfrutar de Trees en el O´Donnabhain´s de Kinvara, oir el mítico “Fisherman´s Blues” de Mike Scott mientras los músicos del pub de turno descansan, cenar viendo videos de Marvin Gaye, The Marvellettes, Blondie, Happy Mondays, Supergrass o Pulp en la Vintage TV o recordar los grandes éxitos pop británicos de todos los tiempos mientras atacas una hamburguesa en Burger King. En Irlanda oyes música por todas partes: en plena calle, en los bistros y pubs, en los aseos públicos, en el bed & breakfast y hasta en las iglesias. Y vas como un perrillo, siguiendo el rastro de esa música, buscando de dónde viene y adonde va, pensando que cuando vuelvas a casa España se habrá convertido en Irlanda y el sueño se habrá hecho realidad.

Experiencias musicales irlandesas las ha habido a puñados y en todos los rincones del país. Desde esos australianos llamados The Wishing Well con sus amplis a todo trapo, convocando en Grafton Street a una amplia multitud.


O como los vivarachos Rackhouse Pilfer, naturales de la entrañable Sligo, cuyo mapa turístico solo incluye nombres de pubs. En McGarrigle´s aterrizamos y allí nos deleitamos con la magia bluegrass de estos chavales (son seis, pero solo conocimos a cuatro), capaces de honrar a Hank Williams y de dar la vuelta hacia el género country a clásicos como “I Want To Break Free” y “I Fought The Law”.


Tampoco estuvieron mal los solitarios, como los músicos residentes del Bachelor Inn de Dublín los viernes y sábados, desnudando con apenas una acústica “Another Brick in The Wall”, “Sit Down” o “The Whole of The Moon”, entre muchas otras. También los había de dos en dos, como el simpático dúo guitarra-bajo en el Tatler Jack de Killarney intercalando la plenitud de la música irlandesa (no faltaron “Whiskey in The Jar”, “Molly Malone”, “Dirty Old Town” y “No Never No More”) con éxitos de siempre como “The Boxer” (Simon & Garfunkel).


O como la pareja de guitarristas que en el The King´s Head de Galway bordaba cosas tan dispares como “Victoria” (The Kinks), “Heart of Gold” y “Rockin´In The Free World” (Neil Young), “Losing My Religion” (REM), "Layla" (Eric Clapton) o una inédita versión bossa nova de “Message in a Bottle” (The Police).

Pero los que la liaron parda fueron Broken Spokes en el Andrew Ryan de Kilkenny, un garito que enamora, un museo del rock con inquilinos eminentes en sus paredes (Jimi Hendrix, The Doors, The Waterboys, Neil Young, etc). Es de lo más reconfortante ver a una banda de auténticos veteranos de guerra tocando gratis y en familia, y si esa banda de amables maduritos virtuosos se dedica a repasar todos los estándares de country, blues, rock´n´roll, surf y americana, esto es el acabose del deleite. Por poner un ejemplo, “Up On Cripple Creek” fue como gozar a los mismísimos The Band en los morros. Y si todo esto lo riegas con exquisitas y no precisamente escasas burbujas cerveceras, acabas creyendo que Dios existe.   


Lamentablemente volvemos a estar en casa y el sueño se ha desvanecido. España no es Irlanda y eso es un hecho: aquí no hay pubs auténticos ni saludos por la calle, no hay sonrisas sino mala leche generalizada, no hay música por ninguna parte. La diferencia cualitativa es tan enorme que da lástima. Pero viviremos del aprendizaje y los recuerdos, que en los tiempos que corren son una buena agarradera. Los irlandeses nos han dado una gran lección de cultura, amabilidad y optimismo, y es preciso reconocérselo.


12 septiembre 2012

CANCIONERO

THIN LIZZY. Whisky in The Jar.

Irlanda es la tierra del verde. Es la tierra de los duendes, de montañas y bahías, de la lluvia en los tejados de paja, de violines y arpas. La tierra de Michael Collins, del hombre tranquilo y de Molly Malone. Es tierra de santos y de beodos. Es la tierra de Oscar Wilde, Jonathan Swift, Bram Stoker, James Joyce, Samuel Beckett y W.B. Yeats. Es tierra de Guinness, Murphys, Kilkennys, Jamesons y Paddys. Es la cuna de U2, de los Dubliners y los Chieftains, de Rory Gallaguer y de un trozo de los Pogues. Y también es la tierra de Thin Lizzy. Y como buenos irlandeses no podían obviar el hervor de su sangre, apropiándose de esta cancioncilla tradicional legendaria que habla del sur, de las montañas de Kerry y Cork, de una ingrata Molly y de una cruda venganza. Grabada como single en 1972, la versión de los Lizzy puede contarse como una de las mejores y más loadas, sobre todo gracias a unos riffs de guitarra que ya han pasado a los anales de la música rock y de las academias de guitarra eléctrica. Pero no fueron los únicos que sucumbieron a la belleza de la leyenda irlandesa: The Dubliners, Grateful Dead, U2, Pulp, Gary Moore, Simple Minds, Belle & Sebastian o Metallica también realizaron sus propias versiones del tema.

Pues bien, allá vamos, a descubrir la leyenda con nuestros propios ojos y atraparla entre los dedos. Pues claro que habrá jarras de whiskey. Y sobre todo cerveza. Y Thin Lizzy no faltarán a la cita. Amén.

WHISKEY IN THE JAR

As I was going' over the Cork and Kerry mountains
I saw Captain Farrell and his money he was counting
I first produced my pistol and I then produced my rapier
I said stand or deliver or the devil he may take ya

Musha ring dum a do dum a da
Whack for my daddy-o,
Whack for my daddy-o
There's whiskey in the jar-o

I took all of his money and it was a pretty penny
I took all of his money and I brought it home to Molly
She swore that she loved me never would she leave me
But the devil take that woman for you know she tricked me easy

Being drunk and weary I went to Molly´s chamber
Takin´ my Molly with me and I never knew the danger
For about six or maybe seven in walked Captain Farrell
I jumped up, fired off my pistols and I shot him with both barrels

Now some men like the fishin´ and some men like the fowlin',
And some men like the hear, the cannon ball a roarin'.
Me? I like sleepin' especially in my Molly's chamber
But here I am in prison, here I am with ball and chain, yeah.


07 septiembre 2012

DESCUBRIENDO A...

THIEVING IRONS

Bajo el sobrenombre de Thieving Irons se esconde un tipo llamado Nate Martínez, ex -componente del minoritario grupo Pela, y miembro ocasional de otra banda que sí está de boca de bastantes: The National. Su proyecto llega a nuestros oídos a través de su segundo álbum, “Behold, This Dreamer!” (2012), después de un “This Midnight Hum” (2010) sin demasiada repercusión.

Merece la pena dedicar unos minutos a la música concebida por este hombre. Quizá no tenga nada de insólita o novedosa, pero bien vale para pasar un rato de paz, sin sobresaltos ni zozobras, cosa que en estos tiempos se valora inmensamente. “Behold, This Dreamer!” es un disco cómodo y sereno en su totalidad, incluso en sus momentos más luminosos y descarados, como los efectivos singles “So Long” y “Poison”. También es un álbum evolutivo y sorprendente. Comienza con sabor a antigüedad, pop-rock de tupidas atmósferas con guitarras saturadas y secciones rítmicas potentísimas, como si aplicáramos una capa de barniz ochentero a East River Pipe. Pero a partir de cierto momento la concepción cambia, se abren amplios caminos hacia el paraíso folk y emergen joyas pastorales y reflexivas como “Block Island Blues”, “Letters to Catherine” o la extraordinaria “Venus”, con ese desenlace rozando el free jazz. Canciones éstas que podrían atribuirse sin problema a ese compositor magnífico llamado Cass McCombs, al que Martínez parece arrimarse sin querer, y no solo porque ambos tengan voces casi calcadas. Solo por estos primorosos minutos postreros el disco ya merece muchísimo la pena. Además de que el resto tampoco está nada, nada mal.  

www.thievingirons.com

05 septiembre 2012

REPORTAJES

EL APASIONANTE SONIDO MOTOWN

Repaso a la factoría de Detroit

Hace tiempo que ando curtiéndome en esto de la historia básica de la música, escuchando y, sobre todo, leyendo todo tipo de documentos que iluminan mis ansias de saber. Y quizá no fuera este el acontecimiento más álgido o culminante en el devenir de la música popular, no tanto como la eclosión del rock´n´roll o el boom de la música electrónica, pero está claro que un tipo llamado Berry Gordy consiguió algo muy singular: concebir una nueva forma de trabajar la música, particularmente la música negra, y ayudar a alumbrar un puñado de mitos que aún en estos días siguen entrando con facilidad por los oídos y por los ojos. Muchos han criticado la filosofía del sello Motown, tildándolo de “cadena de producción” y cuestionando sus métodos artificiales, a veces incluso más basados en la imagen que en el mensaje o la calidad de una u otra melodía. Y sin embargo, fundando la marca, ideando un nuevo estilo de trabajo y garantizando un sonido genuino, Berry Gordy alcanzó un hito en su época: lograr que el papel de los negros se ampliara más allá de la ejecución, alcanzando también el control de los mandos.

Motown Records, originariamente conocida como Tamla Records, fue fundada por Gordy en 1959, anticipándose al comienzo de una década, la de los 60, que sería su auténtica época dorada. Sería justo decir que el éxito arrollador de su facturación fue fruto de un mérito compartido por: a) el olfato para los negocios de Gordy, b) la calidad de los productores y compositores en plantilla (Smokey Robinson, Barrett Strong, Norman Whitfield, el trío Holland-Dozier-Holland) y c) el descomunal talento de sus intérpretes. A lo largo de la década la Motown y sus subsidiarias consiguieron incluir un tema entre los primeros puestos del Billboard en más de cien ocasiones, con números uno inolvidables, tanto en las listas de pop como en las más forales de rythm and blues.


Como en muchas otras corrientes de R&B, pop y soul de la época, el comúnmente llamado “sonido de Detroit” partía de una adaptación de los cantos gospel de iglesia a la música popular. Las voces eran algo sagrado, a su vez aderezadas por acompañamientos musicales ricos, armoniosos, exuberantes pero estrictamente calibrados. The Miracles fue el primer grupo que alcanzó el primer puesto en las listas de rythm and blues con “Shop Around” mientras que The Marvelettes lo harían en las de pop con “Please Mr. Postman”. Los grupos vocales masculinos y femeninos fueron el santo y seña de la Motown en la década de los 60, más que los intérpretes individuales. Grupos de chicos como The Miracles, The Temptations, The Isley Brothers, The Contours y The Four Tops, grupos de chicas como The Marvelettes, Martha & The Vandellas, The Velvelettes y The Supremes, grupos mixtos como Gladys Knight & The Pips y The Elgins. Entre los intérpretes individuales femeninos destacaron los éxitos cosechados por Mary Wells y Brenda Holloway; entre los masculinos se cuentan las aventuras en solitario de los hermanos Jimmy y David Ruffin, los pasos noveles de Marvin Gaye y el impactante debú de Stevie Wonder, directo al número uno con tan solo doce añitos.

Finiquitados los maravillosos 60, Gordy decide mudarse a Los Angeles, con vistas a ampliar horizontes hacia otras artes. La compañía entera se traslada y comienza una nueva era, no tan fructífera y todopoderosa como la anterior, pero con artistas de indudable renombre pasando a engrosar las filas de la fábrica de hits más potente del planeta hasta la fecha. Así, entre los 70 y los 80 salen de la madre Motown éxitos flagrantes de Edwyn Starr, Diana Ross, The Commodores, Lionel Richie y The Jackson Five. Sin embargo, la empresa de Gordy nunca llegó a alcanzar los niveles de impacto generados en la década de los 60. Existen decenas de canciones de la Motown en todas las recopilaciones relevantes de música de esa época. Una muy buena la componen los tres volúmenes de “The Best Sixties Álbum In the World… Ever!” (95), dentro de la cual se pueden encontrar hasta 15 éxitos del sello. Pero si lo que queréis es Motown 100% anotad esta otra: “Hitsville USA: The Motown Singles Collection” (92-93), con un volumen dedicado enteramente a los 60 y otro a los éxitos de los 70-80. Si esto es demasiado para empezar, ahí va una  recopilación sutil y muy personal de los mejores temas tejidos bajo el rugido de los motores.

1.     “Money (That´s What I Want)” de Barrett Strong
2.     “Please Mr. Postman” de The Marvelettes
3.     “Do You Love Me” de The Contours
4.     “Fingertips, Part 2” de Stevie Wonder
5.     “Dancing in The Street” de Martha & The Vandellas
6.     “Shotgun” de Junior Walker & The All Stars
7.     “Nowhere to Run” de Martha & The Vandellas
8.     “I Can´t Help Myself” de The Four Tops
9.     “It´s The Same Old Song” de The Four Tops
10. “Uptight (Everything´s Alright)” de Stevie Wonder
11. “What Becomes of The Brokenhearted” de Jimmy Ruffin
12. “Reach Out (I´ll Be There)” de The Four Tops
13. “(I Know) I´m Losing You” de The Temptations
14. “Ain´t No Mountain High Enough” de Marvin Gaye & Tammi Terrell
15. “Get Ready” de Rare Earth
16. “War” de Edwyn Starr
17. “It´s a Shame” de The Spinners
18. “Stoned Love” de The Supremes
19. “What´s Going On” de Marvin Gaye
20. “Never Can Say Goodbye” de The Jackson Five

 

30 agosto 2012

DISCOS

SMOKE FAIRIES. Blood Speaks.

Ahora o nunca.

Muchos son los que andan vendiendo a estas dos mujeres de Sussex, Inglaterra, como la última promesa folk. Eso demuestra que los hay que se creen a pie juntillas la etiqueta sin probar antes el producto. Porque en la música de Katherine Blamire y Jessica Davis, aparte de un lado folk druídico bastante evidente, se entremezclan numerosos estilos, épocas y escenarios. Es más, su segundo disco podría estar más cerca del rock que de otra cosa. Y en todo caso, si fuera folk, sería folk muy, muy eléctrico. “Blood Speaks” (2012) es una auténtica maravilla. En él se pueden oler los campos de su tierra madre, pero también el polvo acumulado en habitaciones cerradas. Desde el rock a la música celta, pasando por el shoegaze o la new wave, todo ordenado, serio y comedido, con guitarras dibujando paisajes evanescentes y unas voces de lo más bondadosas. Sombras de Cocteau Twins, Cranes, Fleetwood Mac o Steelye Span se ciernen a lo largo de la escucha, incluso hay algo del lado oscuro de PJ Harvey y Chan Marshall. “The Three of Us” y “Take Me Down When You Go” son dos canciones totalmente redondas. Fácil es sucumbir a la atmósfera escapista de “Awake”, la marcha fúnebre de “Blood Speaks” (donde también aparece otra sombra, la de Björk) o el ritmo de desfile militar de “Version of The Future”. No menos impactante resulta el canto de las meigas en “Daylight” o la intensidad que alcanzan “Feel It Coming Near” y “Hideaway” en ciertos momentos. Para cerrar, la hermosa “Film Reel” hereda los sonidos tristes e hipnóticos de las guitarras de Vini Reilly y Felt. Un disco merecedor de un gran aplauso. Si con él estas mujeres no triunfan es que, definitivamente, no existe justicia en este mundo.

28 agosto 2012

DESCUBRIENDO A...

BOY & BEAR

Tiene gracia la cantidad de músicos que portan en su nombre la palabra “oso”. Empecemos a enumerar a ver cuántos salen: Bear in Heaven, Grizzly Bear, Panda Bear, Message to Bears, Minus The Bear, Bearsuit, Bear Cub, Polar Bear, The Bears, Bear Hands, The 2 Bears, Golden Bear, Giant Bear, Deer Bear, Old Bear Mountain, Small Mountain Bear, Black Bear, Cowboy Indian Bear, Bear & Moose, Bear Lake, Bear Driver, Bear Country… Alucinante. Y además, la banda que nos ocupa: los australianos Boy & Bear.

El grupo en cuestión lo forman Dave Hosking (guitarra y voz), Killian Gavin (guitarra y voz), Jacob Tarasenko (bajo) y los hermanos Tim y Jon Hart (percusión, mandolina, teclados y banjo entre los dos). Su andadura comienza en 2009 con el típico modus operandi de banda novel: publicación de batería de singles como toque de prueba. Ello deriva en un primer y hasta la fecha único largo, “Moonfire” (2011), álbum grabado en Nashville bajo los auspicios del ínclito productor Joe Chicarelli. ¿Y qué aportan de interesante Boy & Bear?. Pues de momento un futuro prometedor. Su sonido es limpio, sus canciones apuntan maneras, pero quizá deberían limar imprecisiones y decantarse entre el pop-rock épico o el rusti-folk, entre parecerse a Death Cab for Cutie o a Fleet Foxes. Hablando de los Foxes, una curiosidad muy curiosa: la voz de Hosking es idéntica a la de Robyn Pecknold. “Moonfire” refleja esa vertiente de banda en busca de su camino, con algunas excepcionales canciones que animan a alimentar la fe, como “Lordy May”, “Part Time Believer”, “Golden Jubilee”, “The Village” o esa bocanada de aire montés que es “House & Farm”.

24 agosto 2012

RETROSPECTIVAS

THE FREE SPIRITS. Out of Sight and Sound.

Joyas de los 60.

El verano marca la pauta: a falta de novedades, clasicazos para el body. Y este clásico elegido en pleno horror canicular es para chuparse los dedos. Nacidos en la Gran Manzana, The Free Spirits fueron una estrella fugaz pero muy eficaz. Un único trabajo basta para confirmarlos como lo que posiblemente fueron (pioneros) y como lo que realmente son (banda de culto). Porque Larry Coryell y sus compañeros venían del pantanoso mundo del jazz, y eso se nota. En “Out of Sight and Sound” (67) estos inteligentes músicos se apuntan una hazaña peculiar: lograr que géneros como R&B, jazz, soul, folk y rock psicodélico se agrupen formando un sólido y consistente equipo, dando lugar a canciones que, como “Don´t Look Now”, “Cosmic Daddy Dancer”, “Bad News Cat” o “Early Morning Fear”, suponen toda una revolución musical.

Y es que su currículum jazzista queda en evidencia desde el primer minuto. El saxofón de Jim Pepper se convierte en el gran anfitrión en al menos ocho de los doce cortes (trece si contamos el bonus añadido “I Feel a Song”) del álbum, trazando acompañamientos melódicos impactantes o arrancándose en solos suicidas. También optan por ese afable instrumento que es la flauta travesera en sutilísimas piezas folk como “Girl In The Mountain” y “Storm” o en la abiertamente psicodélica “I´m Gonna Be Free”, donde protagoniza un excitante mano a mano con el sitar.  Y ese es el toque de distinción de unos The Free Spirits muy cercanos a los mitos Beatles, Kinks, Beach Boys o Byrds en cuanto a calidad, lejanos en cuanto a eco. Lo de banda de culto está más que contrastado, pues muchos artístas de la época declararon su admiración por este disco, el gran Jimi por ejemplo. Un disco vibrante e ilimitado, una joya mayúscula de los sesenta.

www.coryelljazz.com

19 agosto 2012

DISCOS

LANGHORNE SLIM & THE LAW. The Way We Move.

El gran invocador.

Sean Scolnick, alias Langhorne Slim, es un invocador de tomo y lomo. Su música parece el resultado de un presunto aquelarre: mitos, panoramas y sonidos de la tradición bien conservada de su país que se congregan a sus pies para inspirar tanto a él como al consumidor de sus canciones. “The Way We Move” (2012) es su cuarto disco, y como en todos las anteriores vuelve a aparecer el duende del Sur, el Sur con mayúscula, el Sur confederado, el Sur que empieza más o menos por Kansas o Missouri y se extiende hacia abajo y quizá un poquito hacia el este. Aunque este chico sea del lado unionista, de Pennsylvania y residente en Nueva York.

“The Way We Move” suena, sabe y huele a tabaco de liar, a tabernas con suelos llenos de serrín, a litros de cerveza y whiskey, a caballos con las crines al viento, a granjeros celebrando la bondad de la cosecha, a caminos llenos de polvo y árboles sin hojas, a tablas de lavar en el río y a botas de puntera y tacón. Suena, sabe y huele a Hank Williams, a Bob Dylan, a Waylon Jennings, a Willy Nelson y hasta a Elvis. Suena, sabe y huele a country-americana con posos de otros bastiones de tan rica cultura (soul, rockabilly, jazz). Interesante en sus pasajes más profundos (“On The Attack”, “Song for Sid”, “Coffee Cups”, “Past Lives”), notable en los más risueños (“Just a Dream”, “Wild Soul”) y sobresaliente en los manifiestamente festivos (“The Way We Move”, “Found My Heart”, “Great Divide”, “Two Crooked Hearts”). Tranquilo, no te cansarás, pues muchas canciones rondan apenas los dos minutos, acabando de repente y dejándote con esa deliciosa gotita de miel en los labios. Solo hay que sacar la lengua, relamerse bien y disfrutar un poco más de tan inmenso placer.

16 agosto 2012

RETROSPECTIVAS

CROSBY, STILLS & NASH. CSN.

Joyas de los 70.

El 19 de abril de 2009 posteaba una retrospectiva sobre “Crosby, Stills & Nash” (69) y me quedaba bien a gusto aireando las delicias de este trío. Tres años y pico más tarde el amor perdura. El mismo amor profesado hacia Crosby-Nash o Crosby-Stills-Nash-Young, aunque quizá un poquito más fogoso. Será magia, o como dicen por ahí química, pero cuando estas tres voces se alían algo sucede en el universo. “CNS” (77) es otro disco delicioso, absolutamente digestivo, lleno de amabilidad. Ya no estamos en los 60, han llegado los 70 y el cambio de década se nota en las estructuras, instrumentos empleados ocasionalmente y sonidos de una producción que los tres protagonistas comparten con The Albert Brothers. Especialmente se nota este nuevo sonido en canciones como “Just A Song Before I Go” o las exquisitas “Dark Star” y “Run from Tears”, o en el festín a ritmo de bossa nova de “Fair Game”. También hay mucho piano, sí señor, co-protagonista en las bellísimas “Shadow Captain” y “Cold Rain”, y también en la absolutamente grandiosa y onírica “Cathedral”. Los 60 se resisten a desaparecer del todo en forma de guitarras acústicas que tejen el esqueleto de “See The Changes” o “In My Dreams”. Pero claro, lo que destaca como siempre son esas armonías que me pirran sin remedio. Que no debe de ser fácil lograrlas. Que cantar en agudo mientras oyes como otro canta en grave debe de ser igual de difícil que tocar el bajo mientras otro toca la guitarra. Pero ahí están ellos, únicos en su arte, encantadores especialistas en lo suyo, emocionando hasta el último día. Porque asombra ver cómo estos tipos siguen en la brecha, girando y protestando por ahí, juntos o por partes, dándolo todo por la música. Unos auténticos gigantes.

04 agosto 2012

CANCIONERO

THE LOVIN´ SPOONFUL. Summer In The City.

“Summer In The City” quizá sea uno de los temas más versionados de la historia. Desde B.B. King hasta The Stranglers, muchos sucumbieron a la melodía y el ritmo malabarístico de esta canción sensacional. Contenida en el espléndido “Hums of The Lovin´Spoonful” (66), su existir se debe a la inspiración de Steve Boone y el hermanísimo de John, Mark Sebastian. Una de las mejores canciones de la banda de Nueva York, ganando por la mano incluso a la dulzarrona “Do You Believe In Magic?”. The Lovin´Spoonful fueron unos maestrillos engarzando estilos, casando con tino el pop con el blues, el pop con el country o el pop con lo que fuera. Sin embargo, “Summer In The City” no es ni pop ni blues ni folk, está al margen de etiquetas y en el límite de los géneros, es solo una señora canción y punto. Muy apropiada para los días que corren y especialmente dedicada a todos aquellos que este verano no podrán salir de la jungla de asfalto y cristal.

SUMMER IN THE CITY

Hot town, summer in the city
Back of my neck getting dirty and gritty
Been down, isn't it a pity
Doesn't seem to be a shadow in the city

All around, people looking half dead
Walking on the sidewalk, hotter than a match head

But at night it's a different world
Go out and find a girl
Come-on come-on and dance all night
Despite the heat it'll be alright

And babe, don't you know it's a pity
That the days can't be like the nights
In the summer, in the city
In the summer, in the city

Cool town, evening in the city
Dressing so fine and looking so pretty
Cool cat, looking for a kitty
Gonna look in every corner of the city
Till I'm wheezing like a bus stop
Running up the stairs, gonna meet you on the rooftop

But at night it's a different world
Go out and find a girl
Come-on come-on and dance all night
Despite the heat it'll be alright

And babe, don't you know it's a pity
That the days can't be like the nights
In the summer, in the city
In the summer, in the city

01 agosto 2012

DESCUBRIENDO A...

THE JUNIPERS

Como unos pequeños Byrds. Como unos mini Beatles. Así son The Junipers. Otra banda de indie folk más, pero mamma mía qué banda. Vienen de Leicester y ya pueden presumir de dos discos rutilantes, deliciosos y exquisitamente producidos. “Cut Your Key” (2008) es el deslumbrante debú con el que todo novato sueña: en él se palpan las influencias de esas grandes bandas de pop y folk psicodélico de los sesenta, las dos mentadas y alguna cosa más, como el influjo colateral de The Everly Brothers en algún que otro suspiro. “Paint The Ground” (2012) es su reciente novedad, quizá no tan sesgado hacia el pasado y más centrado en las hechuras de las bandas de folk actuales, léase Fleet Foxes. Ambos gozan de un sonido envolvente y único, mayormente por esa variedad de instrumentos empleados, desde la clásica guitarra electro-acústica al sitar, el arpa o la balalaika.

La formación actual la componen Robyn Gibson, Ash Sheldon, Pete Gough, Joe Wiltshire y Ben Marshall. En su música no encontrarás impostura ni letra pequeña, trampa ni cartón, solo la pureza irresistible de melodías que en muchos casos están cerca de la perfección. Como “Out My Pocket”, “Callooh Callay”, “Song That Fades Away”, “Dandelion Man”, “Phoebus Filled The Town” o “They Lived Up In The Valley”; canciones que te enamoran como simpáticas sonrisas e inocentes caricias. Pura delicia.  



26 julio 2012

DISCOS

GIANT GIANT SAND. Tucson: A Country Rock Opera.

Más cerca de la frontera que nunca.

Mientras ando investigando los créditos de este disco, plagado de voces familiares y colaboraciones mil, comienzo a componer una crítica para la que necesito acumular muchas palabras. Lo de Giant Giant parecía un error de imprenta, pero no: es que la banda del idolatrado Howe Gelb ha crecido, en número e intenciones. Lo de “A Country Rock Opera” parecía una broma de las típicas del de Arizona, pero no: es que este trabajo es una verdadera ópera country-rock, sea lo que sea eso. El concepto es el siguiente: tipo que está hasta los huevos de su vida, agarra una bicicleta y se lanza a explorar el desierto. Muy inspirador; motivos sobrados tengo para hacer lo mismo, aunque montar en bici no sé muy bien y desierto por aquí cerca no hay ninguno. Es el argumento que mueve el disco entero, a partir del cual van surgiendo canciones que desprenden un inusual aroma optimista, una alegría de vivir que se acepta en estos días como la promesa de un mesías. Necesitamos esperanza. Y eso es lo que Howe Gelb nos da. Siempre enfundándose en una piel llena de costras, pero con capota bien articulada para recibir un aire necesario y sanador.

“Tucson: A Country Rock Opera” (2012) no es moco de pavo: es una hora y pico de música, 19 canciones que prueban de nuevo la fertilidad y generosidad del bueno de Gelb. Por ello, hay que tomárselo con calma, como dice mi amigo Nikochan desde su isla. Y así, con la calma que merece el genio imperfecto que nos ocupa, la ópera se va haciendo dueña y señora del verano poco a poco. Y mira tú por dónde, aquí se aprecian unos Giant Sand (perdón, Giant Giant) más cercanos a la frontera que nunca, y para muestra botones como “Detained”, “Undiscovered Country”, “The Sun Belongs To You”, “Slag Heap” o “Hard Morning in a Soft Blur”. Trompetas, acordeones, contrabajo, pedal steel, un pelín de orquesta acá y allá me hacen acordarme de sus alumnos Burns y Convertino, que también andan con nuevo disco entre manos. Aunque la ópera tiene absolutamente de todo, country con sabor a vals en “Wind Blown Waltz”, country-rock con ritmos trotones en “Lost Love”, “Thing Like That” o “We Don´t Play Tonight”, azucarillos de soul como “Plane of Existence” y “Out of the Blue”, hermosas incursiones en el jazz en “Ready or Not” y “Not The End of The World”, blues en lo-fi a lo Tom Waits en “Mostly Wrong” y “New River”, una preciosa delicatessen de piano épico que se llama “Love Comes Over You” e incluso una cumbia (“Cariñito”) para cortarse las venas. Todo eso sin olvidar ese espléndido rock and roll entre saguaros que es “Forever and A Day”, y su frase reina: “good luck suckers, I´m on my way”. Ganas me dan de cantársela a algunos para mandarlos a la mierda con estilo. Posiblemente lo haga dentro de no mucho. De momento sigo a lo mío, con mi ópera, la elocuente, ambiciosa y brillante obra de un músico cada vez más grande (perdón, gigante gigante).

20 julio 2012

RETROSPECTIVAS

ART. Supernatural Fairy Tales.

Joyas de los 60.

La retrospectiva que nos ocupa pertenece a un disco excelso. Un disco que quizá pasara desapercibido en los sesenta, sin el eco de otras míticas grabaciones, escondido bajo las piedras como el tesoro de un corsario.  Estamos en 1967, quizá el año más prolífico de la historia junto a 1969. Y este espectacular trabajo lo firma una banda camaleónica de la que quizá pocos hayan oído hablar (yo no lo había hecho hasta que me los reveló el Hombre Polilla). Art dieron sus primeros pasos entre el 63 y el 66 siendo The V.I.P´s; después de este álbum y tras reclutar nuevos integrantes pasaban a rebautizarse como Spooky Tooth, funcionando intermitentemente hasta ya entrado nuestro siglo y grabando ocho álbumes que suponen un excitante trabajo de investigación para el futuro.

Pues bien, la historia de Art es efímera, pero el dato puro no es exacto. “Supernatural Fairy Tales” (67) fue concebido por Mike Harrison (voz, teclados), Luke Grosvenor (guitarra), Michael Kellie (percusiones) y Greg Ridley (bajo, guitarra), únicos supervivientes del gran combo conocido como The V.I.P´s y columna vertical de los ulteriores Spooky Tooth. Y vaya, repito que estamos ante un álbum sorprendente, magnífico y poderoso, lleno de rock psicodélico exultante y rhythm and blues muy británico. A la altura de los mejores del ranking: tan buenos como Cream en “Room With A View” y “Supernatural Fairy Tales”, como Frank Zappa en “I Think I´m Going Weird”, como The Incredible String Band en “Flying Anchors”, como The Kinks en “Talkin´To Myself”, como Donovan en “Love Is Real”, como 13th Floor Elevators en “Rome Take Away Three” o como The Electric Prunes en “Alive or Dead”. Capaces de recrear con enorme tacto las canciones de otros, como esa rotunda “Come On Up” de The Young Rascals, o el clásico “For What It´s Worth” de Buffalo Springfield, aquí llamado “What´s That Sound”. Y también dispuestos a sumarse a la moda exploradora y adentrarse en los terrenos pantanosos de la música étnica, como afirma “African Thing”. Pues eso, este disco se cuela por méritos propios en el cajón de los imprescindibles del 67, junto a los sagrados “Sargent Pepper”, “Surrealistic Pillow”, “Electric Music for Mind and Body”, “Between The Buttons”, “Forever Changes”, “Disraeli Gears”, “The Piper at The Gates of Dawn”, “The Doors”, “The Velvet Underground & Nico”, “Sunshine Superman”, “I Had Too Much to Dream (Last Night)” o “Are You Experienced?”. Ahora recuerdo que a algunos de ellos ya los cité en este blog hace tiempo y que muchos han tenido su retrospectiva particular. Eso significa que la llama sigue encendida.