15 enero 2010

CONCIERTOS

DOMINIQUE A. Madrid. Neu! Club. 14-1-2010.

Dominique R de Rock.

Comienzo del año de música en directo. Qué mejor que estrenarse con un clásico de los escenarios españoles y de las excursiones musicales a la capital. Aplicándose unas croquetas de pinta suculenta en el bar vecino, momentos antes del concierto, Dominique parecía cansado y despistado. Sobre las tablas de la Neu! era otra cosa: ese monstruo de directo que ataca a la presa sin tregua. Con caras nuevas en la formación y la inconmensurable aportación de Thomas Poli como “chico para todo”, el calvo de oro dejó verter todos sus fluidos rock con “La Musique/La Matiére” (2009) como vistoso telón de fondo. Y es que hay que tener la valentía de un soldado para sacar a pasear el material nuevo con tanta seguridad, con tanto aplomo y distinción, mostrándolo como si fuera una alhaja recién comprada. Viviendo con intensidad el presente, las nuevas canciones fueron el 80%, renovando con frescura la algidez de cada encuentro. Y aunque hubo un honorable hueco para piezas habituales (“Le Commerce de l´Eau”, “Antonia”, “Pour la Peau”, “Le Twenty-Two Bar”, “Le Courage des Oiseaux”) y rescates inéditos (“En Secret”, “Le Métier de Faussaire”), la emoción se concentró en descubrir las posibilidades de las recién nacidas. Posibilidades que se antojaron infinitas, a la vista de cómo sonaron “Les Garçons Perdus”, “Hasta que el Cuerpo Aguante” (en la que el autor pidió perdón por su herejía lingüistica), “Bel Animal” o “Nanortalik”, vomitadas con fruición, o del nuevo enfoque atmosférico para “La Musique” y “L´Entretemps”. Eléctrico y pasional en lo instrumental, afinado y macerado en lo lírico, Dominique volvió a dejar constancia de una supremacía que dejó de ser un secreto a voces hace tiempo. Por algo la sala volvió a estar al completo, rebosante de interés y devoción casi sectaria. Puntualmente, solo se puede reprochar su tozudo empeño en ahorrarse la demandada “L´Horizon” (el disco homónimo ni apareció, aparcado en un garaje subterráneo imaginario), quizá su más inmensa composición, mejorando lo presente. Globalmente, sin alardes ni efectos especiales, sin un ápice de soberbia, el francés sigue epatando. Hasta la próxima.

www.commentcertainsvivent.com


11 enero 2010

AGENDA

MÚSICA CONTRA LA CONGELACIÓN.

Adiós a un grande.

El año 2010 nos ha recibido con la confirmación de una triste noticia: el adiós de Vic Chesnutt (foto). Un artista que siempre despertó empatía por vaya usted a saber qué. Un artista envuelto por un haz de luz tenue y misteriosa. Un artista acreedor de todos los respetos. Como carta de despedida nos dejó “At the Cut” y el directo “Skitter on Take-Off”. Como herencia inolvidable nos deja joyas del calado de “Drunk” (93), “Is the Actor Happy?” (95), “Silver Lake” (2003) o “Ghetto Bells” (2005). Si nos oyes desde donde sea: gracias, Vic.

Sí, el gélido, humedo y crudísimo invierno está haciendo estragos en cuerpos y mentes. Pero qué mejor que aplicarse una buena capa de música para combatir los carámbanos y la tiritera. Enero y febrero aparecen repletos de interesantes giras. Y como los festivales ya no son cosa exclusiva del estío, ahí llega el deslumbrante Tanned Tin, y otro año más sin catarlo por razones varias. A continuación, una selección de propuestas a las que acudir si la nieve no lo impide.

DOMINIQUE A- 13 enero. Zaragoza. Café Hispano.
14 enero. Madrid. Neu! Club.
15 enero. Bilbao. Azkena.
16 enero. La Coruña. Teatro Colón.
18 enero. Sevilla. Teatro Alameda.
19 enero. Cádiz. Aulario La Bomba.
20 enero. Granada. Centro Cultural Caja Granada.
21 enero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
23 enero. Barcelona. Apolo.

AIR- 17 enero. Madrid. La Riviera.
19 enero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.

GRAND ARCHIVES- 21 enero. Madrid. Moby Dick.
22 enero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
23 enero. Valencia. Matisse.
24 enero. Barcelona. La (2).

GIANT SAND- 21 enero. Santander. Teatro Casyc.
22 enero. Zaragoza. La Casa del Loco.
25 enero. Madrid. Moby Dick.
26 enero. Barcelona. Apolo.
29 enero. Lloseta (Mallorca). Teatro.
30 enero. Granada. Centro Cultural Caja Granada.

CRACKER- 22 enero. Barcelona. La (2).
23 enero. Murcia. 12 & Medio.
26 enero. Madrid. El Sol.
27 enero. Bilbao. Café Antzokia.
28 enero. Gijón. Casino.
29 enero. Santander. Centro Cultural Caja Cantabria.
30 enero. Santiago de Compostela. Capitol.

TANNED TIN. Castellón. 28, 29 y 30 enero. Giant Sand, The Wave Pictures, Aidan Moffat & The Best Ofs, David Thomas Broughton, Dean & Britta, The Third Eye Foundation, L´Altra.

ARCTIC MONKEYS- 5 febrero. Madrid. Palacio Vistalegre.
6 febrero. Barcelona. Sant Jordi Club.

DINOSAUR JR.- 10 febrero. Madrid. Heineken.
11 febrero. Barcelona. Apolo.

RICHARD HAWLEY- 12 febrero. Murcia. Auditorio Victor Villegas.
13 febrero. Madrid. Heineken.
16 febrero. Barcelona. Bikini.

THE FIERY FURNACES- 22 febrero. Barcelona. Razzmatazz.
23 febrero. Madrid. Moby Dick.
24 febrero. Valencia. Wah Wah.

PIANO MAGIC- 18 febrero. Vigo. Mondo.
19 febrero. Bilbao. Azkena.
21 febrero. Lérida. Café Teatre.
24 febrero. Madrid. Círculo Bellas Artes.
25 febrero. Granada. El Tren.
26 febrero. Valencia. Matisse.
27 febrero. Elche. Sala Cultural La Llotja.

THE SWELL SEASON + JOSH RITTER- 27 febrero. Barcelona. Apolo.
28 febrero. Madrid. Heineken.

Foto: Danny Clinch (allmusic.com)

09 enero 2010

REPORTAJES

CIERRE 2009: DISCOS OLVIDADOS.

El año del folk.

Echando un vistazo a los discos guardados en la mochila de 2009, se llega a una conclusión evidente: que el oído se hace más viejo a la vez que uno crece. Que las vanguardias y los experimentos cada vez impresionan menos. Que las cosas saben mejor al paladar cuanto más sencillas. Que no hace falta ser un músico moderno para ser un buen músico. Y reincidiendo en lo dicho en aquel artículo de 11 de septiembre a propósito del álbum de Bowerbirds: que volvemos a lo primitivo, al big bang, al principio de todo. Como siempre, en 2009 hubo cantidad de discos estimables (otros no tanto) que no cupieron en el espacio ni en el tiempo. Merecedores algunos de una nueva escucha, hay que recuperarlos, reseñarlos, hacerles un pequeño hueco. Igual que pasa la vida, así pasa la música. Igual que guardamos las fotos y recuerdos de la vida, guardemos las fotos y recuerdos de la música. Porque al fin y al cabo la música es la banda sonora de la vida. Porque al fin y al cabo la música es la vida.

AIR. Love 2.
Los franceses empezaron siendo un juego estimulante para la mente y el oído. Con el tiempo el juego ha perdido interés: las reglas ya están claras, los trucos se conocen y se gana la partida con demasiada facilidad. Pese a ello, Air siguen sonando a Air, y “Love 2” atestigua ese sonido con copyright propio. “Be a Bee”, “Missing the Light of the Day” y “Tropical Disease” forman una excitante burbuja en la que encerrarse un rato, nivel solo recuperado con la llegada de “Eat My Beat”. Incidiendo más en la instrumentación y vagueando en tareas líricas, la moraleja vuelve a ser la misma: agradables pero inofensivos.

ALELA DIANE. To Be Still.
Como Joan Baez en los 60, Alela tiene el poder: el poder de hipnotizar con esa voz preñada de hermosura y profundidad; con esos versos evocadores, poesía de categoría; con esa pureza innata, increíblemente madurada en veinte y pocos años de nada. “To Be Still” es de esos álbumes que se quedan tatuados en la piel con cada escucha; de esos que acompañan, que acunan, que planchan las arrugas de la mente. Melodías con olor a mueble viejo, vestidas con violines, banjos y pedal steel. “White As Diamonds”, “To Be Still”, “The Alder Trees”, “My Brambles” y “The Ocean”, difícilmente superables, son todo un remanente de dignidad para una artista atemporal y adimensional, coronada con este disco como diosa del Olimpo folk.

BENJAMIN BIOLAY. La Superbe.
Disco tras disco (ya van seis), el galo se va abonando al más difícil todavía. “La Superbe” podría entenderse como un ejercicio supino de soberbia, si no fuera porque él mismo lo desmiente con sinceridad: 23 canciones llenas de ampulosidad y, a ratos, extravagancia. Todo surge de la casualidad, sin premeditación. En tan amplia exposición vuelve a caber de todo: pop, chanson, jazz, hip-hop, easy-listening, electro y algo de soul, recetas cocinadas a fuego lento, con muchos ingredientes, con orquestas y sintetizadores dándose la mano en inédita armonía. Hay momentos especiales (“Août”, “Miss Catastrophe”, “Sans Viser Personne”, “Prenons Le Large”, “Lyon Presque´île”), pero a veces la calidad es mejor que la cantidad. Contra la opinión general.

CASS McCOMBS. Catacombs.
Tras el estimable “Dropping the Writ” (2007), el esquivo Cass se confirma como un nuevo y pequeño Robyn Hitchcock en esta entrega. Un fascinante viaje temático con parada en áreas de descanso fabulosas: Elvis Presley, Buddy Holly, The Everly Brothers, John Lennon, James Taylor o Arlo Guthrie. Todo transcurre a cámara lenta y bajo una brisa de carretera. Los puentes exhibicionistas de “Dreams-Come-True-Girl” y “Harmonia” sumergen los sentidos en acuosos flash-back. Los compases embriagadores de “Don´t Vote” y “Lionkiller Got Married” marcan el ritmo del pulso en la yugular. Otro clásico moderno que sumar a la legión.

CONDO FUCKS. Fuckbook.
Condo Fucks son como Spinal Tap: existen pero no existen. En realidad no es más que la penúltima broma de tres viejos coleguillas: Ira, Georgia y James. Atracón de lo-fi de andar por casa, epopeya garajera grabada del tirón y sobre la marcha. El resultado es tan embarazoso para el oído como mágico para los pies. The Small Faces, The Troggs, Richard Hell, The Flamin´ Groovies o Slade ponen sus armas en manos de los civiles, y “What´cha Gonna Do About It”, “With a Girl Like You”, “The Kid with the Replaceable Head”, “Dog Meat” o “Gudbuy T´Jane” se revelan hechas a la medida de ellos. O ellos a la medida de ellas. Otro puñado de versiones y otra extravagancia friki que añadir a su currículo.

DAYNA KURTZ. American Standard.
Nunca un disco respondió a su título con tanta fidelidad; estamos ante un auténtico estándar americano, un suculento banquete para los hijos del delta, para los amantes del blues. Nunca del todo bien ponderada, Dayna es actualmente la voz femenina de América. De la América profunda, de la América pionera. Esa intensa voz, que cada vez teletransporta más a Nina Simone, se hace preclara y única en “You Fine Girl”, sin apenas acompañamiento. De blues tan conmovedores como “Billboard for Jesus” o “Hanging with my Boy” (versión de Sonny Burguess) que opinen los entendidos. El broche lo pone la mejor, “Election Day”, con festivos vientos de Nueva Orleans (allí mismo se grabó), dejando un sabor de boca intenso y el reconocimiento para otro monstruo en la sombra.

ELVIS PERKINS IN DEARLAND. Doomsday EP.
Sin premeditación ni alevosía, nunca hubo lugar para un Ep en este blog. Es hora de cambiar las tornas: éste lo merece. Lo a priori imposible se ha hecho realidad: la historia entera de la música americana concentrada en apenas 20 minutos. Entre las dos versiones de “Doomsday” (la versión verbenera y su concepción soul original), todo un mundo de posibilidades. Rock reminiscente, folk fantasmal, gospel y country, con indudable sabor a taberna, a baja fidelidad y a improvisación. Cosechando en tierras propias y rescatando salvas ancestrales, reconstruyendo, restaurando y revisando como diestros anticuarios para la ocasión. Y qué ocasión. Otro punto para el talentoso Elvis y su magnífica dixie band.

JEREMY JAY. Slow Dance.
Dejando a un lado el rol de crooner, el bueno de Jeremy se pasa a animador sociocultural en este demoledor segundo round. Disco vírico donde los haya, con “Gallup” y sus aromas a Joy Division en medio de un western como colmo contagioso. Los sintetizadores toman el poder, impregnando descaradamente el ambiente de años 80. Aunque también es posible viajar algunas décadas más atrás, como sucede en “Winter Wonder” o “Slow Dance 2”. Increíble alcanzar un nivel tan estratosférico con esa economía de recursos. Lo que se dice un músico con las ideas claras.

KINGS OF CONVENIENCE. Declaration of Dependence.
Con discos como éste, Erlend Oye y Eirik Glambek Boe se van ganado a pulso la etiqueta de Simon & Garfunkel contemporáneos. Es lo de siempre: pop acústico con suaves pinceladas de jazz y bossa-nova, sin aditivos ni conservantes, sin apenas ruido y sin una percusión que echarse al oído. Pese a la simpleza, es difícil resistirse a la intimidad folk de “24 to 25” o “Power of Not Knowing” o mantener la inercia mientras “Boat Behind” y “Rule My World” te soplan en la cara. El abrazo de sus bonitas voces contribuye a proteger la balsa de aceite, aunque el mensaje sea a ratos demasiado naif.

KURT VILE. Childish Prodigy.
Es lo que tienen los festivales: que gracias a ellos, por casualidad o curiosidad, acabas sucumbiendo a pelotazos como éste. El intrépido Kurt Vile, en su debú para Matador, firma un trabajo deslumbrante, revelándose como ladrón de guante blanco de credenciales ajenas. Recortes de The Velvet Underground, Tom Petty, Frank Zappa, Crazy Horse o Bob Dylan, llevados a su terreno y amalgamados en una experiencia de rock, blues, psicodelia y folk que no deja indiferente. Canciones brumosas y aerostáticas (“Freak Train”), de insultante soltura místico-acústica (“Overnite Religion”, “Blackberry Song”) o con fuerte sabor a clásico (“Hunchback”, “Amplifier”), con beats casuales, saxos y armónicas desenfocadas para borrar los límites y dibujar marcas de sangre. Tan bueno o casi mejor que su centro de actividades sociales, The War on Drugs.

NEIL YOUNG. Fork in the Road.
Como en sus mejores tiempos (los de “Ragged Glory” o “Rust Never Sleeps”, por ejemplo), el abuelo desenfunda la eléctrica, empuña, apunta y dispara una fogatina espeluznante. Imparte incontestables lecciones de rock´n´roll en “When Worlds Collide”, “Johnny Magic” y “Fork in the Road”. Muestra sin pudor sus tatuajes de blues en “Get Behind the Wheel” y “Hit the Road”. Despliega su poderoso arsenal melódico en “Just Singing a Song” y “Off the Road”. Todo bajo el mensaje subliminal de la sostenibilidad, esa cosa de la que todo el mundo habla pero que nadie se cree. Aunque cuando Neil abre la boca, es imposible no responder amén. No hay quien le tosa.

PATRICK WATSON. Wooden Arms.
“Close to Paradise” (2007) era tan rematadamente bueno que hacer algo similar se antojaba difícil y hacer algo mejor una utopía. Al contrario que aquel, este no es un disco de canciones, más bien de conceptos, de instantes que se atrapan con un cazamariposas al vuelo: las bizarras percusiones de “Tracy´s Waters”, el piano de “Wooden Arms”, las guitarras de “Traveling Salesman”, los pizzicatos de “Where The Wild Things Are”… El canadiense se confirma como un bicho raro, un intrincado cerebrito, absorbiendo de todo y plasmándolo con doblez. Ello hace de su música una apasionante aventura, aunque a veces peque de complicación innecesaria.

PIANO MAGIC. Ovations.
De aquellos paisajes bucólicos y fantasmagóricos de antaño ya no hay rastro. De aquella liturgia que ponía los pelos de punta solo asoma un pequeño esbozo en “A Fond Farewell” y “Exit”. Paulatina y sutilmente, Glen Johnson se ha canteado hacia otros mundos; en concreto, hacia la new wave y el synth-pop de los 80. “The Blue Hour” o “The Faint Horizon” no dejan lugar a dudas. También se permite la licencia de investigar en otras culturas, como se desprende de la arabesca “March of the Atheists”. Y como siempre, ahí está esa canción de bandera, sublime (“You Never Loved This City”), que por sí sola vale todo un disco. Aunque se echa de menos a los Piano Magic del pasado, “Ovations” gana puntos con la perseverancia. No los tiremos todavía a la basura.

PORT O´BRIEN. Threadbare.
La tragedia es el germen del arte. En este caso, la tragedia personal de Cambria Goodwin en pleno periodo de gestación pudo influir en el resultado final de un álbum que pone a los californianos en la cresta de la ola de las bandas folk-rock de su generación. Un atracón de misterio y melancolía, solo abortado por ese cortocircuito power-pop llamado “Leap Year”. Sombríos nubarrones se ciernen en temas como “High Without the Hope”, “Tree Bones” o “Threadbare” (canta Cambria), mientras el sol aparece en “Oslo Campfire”, “Sour Milk/Salt Water” o “Love Me Through” (canta Van). Y la majestuosa “My Will Is Good”, con su imponente redoble, se postula como una de las canciones del año.

THE CAVE SINGERS. Welcome Joy.
El nuevo proyecto de Derek Fudesco nada tiene que ver con los musculosos y escindidos Pretty Girls Make Graves. Aquí lo que prima es el folk, el rock y el country en dosis bien medidas. El equilibrio es matemático en este magnífico “Welcome Joy”. 10 temas con auténtico sabor americano. Desde una muestra folk tan exquisita como “Summer Light”, el excitante punteo de “Leap” y sus vibrantes solos de armónica, la electrizante “At the Cut” con aires de MC5 y compañía o los ecos psicodélicos de la enigmática “Shrine”. Eso es solo el principio; para descubrir el resto solo hay que dejarse llevar. Gran descubrimiento. Gran álbum.

THE SWELL SEASON. Strict Joy.
The Swell Season ya no es el proyecto oportunista de dos amigos para dar sonido a las imágenes: es una auténtica realidad. Glen Hansard y Markéta Irglova forman banda, una banda excelente en directo (vienen en febrero, al loro), con canciones excelentes. En “Strict Joy” no falta la balada romántica marca de la casa (“In These Arms”, “Two Tongues”), pero el registro se expande en variadas direcciones como el soul (“Low Rising”) o el hippy-folk (“Love That Conquers”). Markéta restalla como protagonista absoluta en “Fantasy Man” y “I Have Loved You Wrong”, y sombras del alter ego de Hansard (The Frames) se ciernen en las extraordinarias “The Rain” y “High Horses”.

WOODEN SHIJPS. Dos.
Sí, es lo que tienen los festivales. Ellos fueron otro descubrimiento festivalero en 2009. En este pseudo-Ep disfrazado de larga duración (largas, larguísimas son “Down by the Sea” o “Fallin´”), el cuarteto de San Francisco da un nuevo paso en su lento caminar. La idea es simple y cabezona: machacar el movimiento hasta la saciedad. Ritmos repetitivos, rugosos tapices eléctricos, reverbs a tope y mucho groove. Un viaje al galope que atrapa como un imán y conecta el esqueleto a la corriente. Psicodelia a la vieja usanza.


También pasaron por los oídos de este blog en 2009:

A.A.BONDY “When The Devil´s Loose”; A CERTAIN RATIO “Mind Made Up”; ALASDAIR ROBERTS “Spoils”; ANDREW BIRD “Noble Beast”; ANTONY & THE JOHNSONS “The Crying Light”; BAT FOR LASHES “Two Suns”; BONNIE “PRINCE” BILLY “Beware”; CRYSTAL ANTLERS “Tentacles”; DAVID BYRNE & BRIAN ENO “Everything That Happens Will Happen Today”; DEVENDRA BANHART “What We Will Be”; GOMEZ “A New Tide”; JARVIS COCKER “Further Complications”; JASON LYTLE “Your Truly, The Commuter”; MAGIK MARKERS “Balf Quarry”; MOLINA & JOHNSON “Molina & Johnson”; MOUNT EERIE “Wind´s Poem”; TARA JANE O´NEIL “A Ways Away”; THE ANTLERS “Hospice”; THE BATS “The Guilty Office”; THE BLACK HEART PROCESSION “Six”; THE DRONES “Havilah”; THE RAVEONETTES “In and Out of Control”; THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES “Communion”; THE WHITEST BOY ALIVE “Rules”; VIC CHESNUTT “At the Cut”.

06 enero 2010

REPORTAJES

CIERRE 2009: LO MEJOR DEL AÑO.

En el agujero negro de las listas.

Por cuarto año consecutivo, es hora de hacer balance. Balance de un año que se ha marchado como todos: volando y dejando otro puñado de música en los circuitos. La moda de las listas es ya una cruz inevitable por estas fechas, y es un agujero negro. Te succiona, te centrifuga y te expide al exterior con dolor de cabeza, como la Puerta del Sol en Madrid. Nadie puede escaparse; ni siquiera los más avezados detractores de la numerología y el resumen. De la tortuosa experiencia en el agujero han salido tres recopilaciones de lo mejor de 2009 para este blog. Dispuestos aleatoriamente, dejemos que el orden lo disponga el azar (o el lector).

LOS 15 MEJORES DISCOS DEL AÑO

ELVIS PERKINS IN DEARLAND “Elvis Perkins in Dearland”

DOMINIQUE A “La Musique et La Matiére”

ALELA DIANE “To Be Still”

BOWERBIRDS “Upper Air”

THE FLAMING LIPS “Embryonic”

SONIC YOUTH “The Eternal”

NEIL YOUNG “Fork in the Road”

ANIMAL COLLECTIVE “Merriweather Post Pavillion”

GRIZZLY BEAR “Veckatimest”

JEREMY JAY “Slow Dance”

CASS McCOMBS “Catacombs”

PORT O´BRIEN “Threadbare”

KURT VILE “Childish Prodigy”

BILL CALLAHAN “Sometimes I Wish We Were an Eagle”

PJ HARVEY & JOHN PARISH “A Woman A Man Walked By”

LAS 25 MEJORES CANCIONES DEL AÑO

“Shampoo” de ELVIS PERKINS IN DEARLAND
“Black Hearted Love” de PJ HARVEY & JOHN PARISH
“Bull Black Nova” de WILCO
“My Will Is Good” de PORT O´BRIEN
“Gallup” de JEREMY JAY
“Lionkiller Got Married” de CASS MACCOMBS
“Watching the Planets” de THE FLAMING LIPS
“Ghost Life” de BOWERBIRDS
“Immortels” de DOMINIQUE A
“The Alder Trees” de ALELA DIANE
“Mind Made Up” de A CERTAIN RATIO
“In the Flowers” de ANIMAL COLLECTIVE
“Hum” de CLEM SNIDE
“Here to Fall” de YO LA TENGO
“You Never Loved This City” de PIANO MAGIC
“Southern Point” de GRIZZLY BEAR
“Leap” de THE CAVE SINGERS
“Stars of Leo” de M. WARD
“Just Singing a Song” de NEIL YOUNG
“16 Years” de ROBYN HITCHCOCK & THE VENUS 3
“Walkin Blue” de SONIC YOUTH
“The Rain” de THE SWELL SEASON
“All Thoughts Are Prey to Some Beast” de BILL CALLAHAN
“This Is a Business” de THE DODOS
“Freak Train” de KURT VILE

LOS 5 MEJORES CONCIERTOS DEL AÑO

NEIL YOUNG (Barcelona. Primavera Sound 2009)
LEONARD COHEN (Madrid. Palacio de los Deportes)
ELVIS PERKINS IN DEARLAND (Madrid. Heineken)
YO LA TENGO (Barcelona. Primavera Sound 2009)
RETRIBUTION GOSPEL CHOIR (Madrid. Primavera Club 2009)

En los próximos días, el broche final a 2009 con la tradicional reseña de los discos olvidados.

16 diciembre 2009

CONCIERTOS

PRIMAVERA CLUB MADRID 2009

Gran hermano.

Por segundo año consecutivo el Primavera Club desembocaba en Madrid. Y por segundo año la capital se llenaba de buena música en unas fechas en las que el top lo copan los insufribles villancicos, poniendo en bandeja un desfogue alternativo a todas esas cosas que acostumbra a hacer el madrileño (y el turista) cuando asoma diciembre. Qué bueno es tener donde elegir. Pero qué traicionera es la dispersión. El popurrí de salas y horarios en esta edición ha marcado distancias insalvables, obligando a empollarse un mapa imaginario, poner en marcha un cronómetro virtual y renunciar a ciertos placeres. Aún así, no hay mucho que oponer. Que la marca Primavera acerque al centro peninsular su ingenio y buen gusto artístico es toda una bendición, y como tal se agradece. Y es que estos festivales hermanos, versión primaveral y otoñal, gozan de un sabor especial: el sabor de la cercanía y la intimidad, de sentirte parte del pastel, de ver a tus ídolos frente a frente, a tu lado y sobre la tierra. Y gracias a ello suceden cosas muy curiosas: como intercambiar saludos con Devendra, hacer de brújula de Tobias Nathaniel, casi ser arrollado por un presuroso Alan Sparhawk o compartir la cola del baño con la bajista de Cass McCombs. Y por supuesto, lo más personalísimo y modernísimo de la especie en Madrid y España estaba allí presente (Christina Rosenvinge incluida). Estas son las impresiones de una sospechosa habitual que tomó foto mental en perspectiva.

TED LEO & THE PHARMACISTS (Neu!. Jueves): Ted Leo puede que sea el novio perfecto para los amantes del punk-rock. Para los no tan aficionados al género la propuesta aburre. Repleto de tópicos manidos, su concierto fue una taladradora en las sienes, con algún momento vibrante echado a la basura ipso-facto con un cambio de ritmo impertinente. No hubo tregua contra el ruido y la gente se divirtió, pero había cosas más interesantes que abordar. Como el que vino después.


CASS McCOMBS (Neu!. Jueves): Y el de después era el tímido y fotosensible Cass McCombs. Fiel a su bautismo como revelación con sabor a clásico no defraudó, exhibiendo abiertamente sus tres dones. Primero: esa voz de mil recursos, personal e intransferible. Segundo: esos dedos de artesano, capaces de modelar los acordes más cálidos en su Stratocaster. Tercero: la mutabilidad de un repertorio que abruma. “Don´t Vote” rezumó elegancia, “Dream-Come-True-Girl” reverdeció aquellos maravillosos cincuenta y el doblete leonino (la nervuda “Lionkiller” y la ceremonial “Lionkiller Got Married”) lo apostillaron como el geniecillo que es. Solo le falta creérselo y perder el miedo.

LITTLE JOY (Círculo de Bellas Artes. Jueves): A la “banda favorita del mundo” de Devendra Banhart (lo dice él, no yo) no le hacen justicia sus grabaciones. En vivo suenan a otra cosa, a pura fiesta, a los mejores años sesenta. Y es que con dos bajos y dos guitarras bien se puede. Aunque su concierto se pilló en el desenlace (el metro es rápido, pero no hace milagros), dejaron una sensación brillante, con el Strokes Fabrizio Moretti engullido por la gracia del resto de la banda y Rodrigo Amarante emplazado a la siguiente sesión como parte de los Grogs.

DEVENDRA BANHART & THE GROGS (Círculo de Bellas Artes. Jueves): Una de las grandes cosas de Devendra es lo feliz que es. O al menos lo feliz que parece. Su actitud hilarante y positiva se contagia. Pero aquel primer Devendra hippy y asilvestrado pasó a mejor vida; ahora es el timón de un barco llamado rock´n´roll, en el que viajan su eterno amigo Noah (grandioso guitarrista) o Gregorio, ese baterista salvaje con vozarrón de impresión. Y aunque hubo tiempo para un poco de funky (“Baby”), un poco de folk (“Mama Wolf”), un poco de disco (“16th & Valencia Roxy Music”) y un poco de reggae (“Foolin’”), el titular general del show reza como la misma nave: rock´n´roll. Las vomitonas a lo Black Sabbath y Led Zeppelin que se marcaron en “Diamante” y “Rats” todavía zumban en los oídos.

PORT O´BRIEN (Círculo de Bellas Artes. Jueves): Los californianos aterrizaron en Madrid en formato cuarteto, para pena de los que ansiaban escuchar la voz de Cambria. Y para los que tienden a compararlos con Arcade Fire, ahí va un desmentido: el único parecido entre ambas bandas es el peinado de sus frontmen. Tienen canciones de nivel (“Stuck on a Boat”, “Oslo Campfire” y “My Will Is Good” deslumbraron), pero pierden chicha en el medio tiempo. Claro que el apoteósico desenlace borró de un plumazo el resto del concierto: “I Woke Up Today” convertida en una auténtica rave folky, con el escenario a reventar de invitados anónimos. Momentazo.

THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES (Joy Eslava. Viernes): Los suecos son pura apología de los setenta en pleno siglo XXI. Nadie como ellos para resucitar los clichés de otras épocas, para limpiar el polvo a los tics de The Who, The Stooges, Kiss o Led Zeppelin. Su limitado set se basó mayormente en el reciente “Communion”, con una “Second Life Replay” convertida en el cénit épico de la velada. Del pasado solo recuperaron dos, pero qué dos: “Bigtime” y “Sister Surround”. A veces pecan de excesiva megalomanía, pero está claro que sus vitaminados shows consiguen lo que se proponen: divertir. No hace falta más que seguir el juego al enorme Ebbott y a sus dos descacharrantes guitarristas.


SR. CHINARRO (Círculo de Bellas Artes. Viernes): El señor Antonio Luque, o como dice un amigo con gracia, “er Bill Callaján andalusí”, es ya toda una institución en la historia de nuestro indie. Por este motivo, un concierto como este, de autohomenaje y retrospectiva celebérrima, queda que ni pintado. Con el solemne acompañamiento de batería, bajo y violoncello fueron cobrando forma todas las añejas: “Desilusión”, “Sal de la Tarta”, “Informe para un Barco Vikingo”, “El Libro Gordo de Peut-Etre”, “El Trébol de 3 k”, “Quiromántico”, “El Idilio” o “Santa Teresa”. Y la historia se pudo palpar en una hora de surrealismo hecho canción, donde no faltaron anécdotas y chascarrillos. Que Antonio, detrás de esas nuevas y pobladas barbas, también estuvo de lo más sembrado como entertainer. Hasta amagó riffeando el “Lionkiller” de Cass McCombs.

THE BLACK HEART PROCESSION (Círculo de Bellas Artes. Viernes): Toma 1. Los californianos no juegan a ganar; por eso quizá dejaron en el tintero algunas de sus más valiosas composiciones para dar cancha a un nuevo trabajo (“Six”) que se aleja de la gloria para abrazar el trámite, con “Wasteland”, “All My Steps”, “Drugs”, “Heaven and Hell” o “Suicide” como puntos remarcables de un set teñido de la solemnidad esperada. Su calidad es indiscutible, la voz de Pall Jenkins insuperable y la nueva sección rítmica de diez. Pero faltaron los clásicos, salvando una “Tropics of Love” que marcó la diferencia.

KURT VILE & THE VIOLATORS (Wurlitzer Ballroom. Viernes): La sala de la calle de las Tres Cruces es toda una cruz para aquellos que quieran ver un concierto en condiciones decentes. Espacio hiperlimitado, caótico sonido y como tengas que ir al baño ya puedes rezar. Pero quizá ese es el ambiente que pega a este melenudo Kurt Vile y sus amigos, una especie de Velvet Underground tejana con soplidos de un Bob Dylan extenuado, una pandilla de frikis de instituto con fuego en las venas y chiribitas en la cabeza. Su propuesta es altamente satisfactoria, arriesgada y muy doctoral. Experimentación y rock con tintes clásicos y perspectivas de futuro. Sobresaliente para el tipo de las gafas y sus impagables solos de saxo y armónica.

TARA JANE O´NEIL (Joy Eslava. Sábado): A veces no hace falta demasiado para que la música acampe en los corazones, se cuele por las grietas de la mente y paralice los sentidos. Simplemente una guitarra, un ritmo latente, unas tímidas luces, una voz de cristal. Tara Jane dio en la Joy una de esas lecciones minimalistas e introspectivas que no se olvidan. Blandió con orgullo la espada de la honestidad, con su hoja brillando indulgente en maravillas como “Howl”. Y cuando parecía que la dama era invisible, de cartón piedra o un espejismo, emergió para repartir panderetas y cascabeles, y nos hizo cómplices de una “Dig In” interminable y mágica. Impresionante.

THE BLACK HEART PROCESSION (Joy Eslava. Sábado): Toma 2. Otro escenario, otra hora, otro sombrero para Jenkins. Pero exactamente el mismo set. Y el despistado Tobias sigue enfundado en su anorak. Mejor sensación que en el Círculo de Bellas Artes, mejor sonido (al fin pudo percibirse el eco de su artefacto estrella: la sierra y el arco). Pero exactamente el mismo set. “Release My Heart”, “Square Heart” y “Tropics of Love” volvieron a dar esa vidilla agonizante entre los surcos espesos del malévolo “Six”. Y Pall abrió su corazón al público (mucho más numeroso y agradecido que un día antes), con toda suerte de comentarios personales sobre vicios varios. Tobias Nathaniel (piano, teclado, percusión, guitarra) y Matt Resovich (percusión, teclado, violín, voces) ratificaron que tanto valen para planchar un huevo como para freír una camisa. Y aunque son una banda superlativa, la ausencia de cambios en el repertorio impidió la apertura de la puerta grande.

THE PASTELS (Círculo de Bellas Artes. Sábado): Para muchos (los grandes fans, haberlos haylos), la reunión de los escoceses era uno de los acontecimientos de este Primavera. A mí nunca me convencieron. Decidí darles esta oportunidad por James McNew (Yo La Tengo), que un día dijo tenerlos entre sus bandas favoritas de todos los tiempos. Y es que a veces Yo La Tengo se ponen muy Pastels. Pero no hay color. Porque la voz de Stephen no es la de Ira, ni la de Katrina es la de Georgia. Sonaron mal, muy mal (trompeta y flauta inexistentes) y a ratos troquelaron el ambiente de tedio incontenible. Solo les salvó ese penúltimo ramalazo post-punk, que resucitó a Ian Curtis con un chasquido de dedos.

RETRIBUTION GOSPEL CHOIR (Círculo de Bellas Artes. Sábado): Comenzaron con corbata y mocasín y terminaron a pecho descubierto. El nuevo proyecto de Alan Sparhawk junto a Steve Garrington (bajo) y Eric Pollard (batería) nada tiene que ver con Low, aunque de algunas de sus canciones se nutra el repertorio (brutales “Breaker” y “Take Your Time”), alicatándolas de electricidad y animalismo. Su propuesta se adentra en un terreno pantanoso entre el emo, el grunge y el hard rock, sin concesiones al respiro, sin tregua vital. Una intensa hora para quitarse espinas adolescentes, de redención y exorcismo, de posible sanación para un Sparhawk al que nunca debieron dar de alta en el hospital. A ratos causaba verdadero miedo, mordiendo las cuerdas de su Gibson y declamando como un enviado del diablo. La fórmula es simple como el mecanismo de un chupete, pero de una intensidad legendaria. Por algo fueron los más aclamados del festival y los únicos con honor de bis.


www.primaveraclub.com

29 noviembre 2009

DISCOS

THE DODOS. Time to Die.

A la caza del animal.

Que The Dodos fueron una de las sensaciones de año pasado, está claro. Que son como los primos hermanos de Animal Collective, también es cierto. Que este “Time to Die” (2009) no supera a su antecesor, el aclamado “Visiter” (2008), es otra verdad como un piano. Vayamos por partes. Los discos de este dúo, ahora transformado en trío, son frescos y penetrantes, pero su verdadero carné de identidad es un directo vertiginoso y epatante, como demostraron en el pasado Primavera Club. Mucho tienen que ver con el colectivo de moda de Baltimore, en el concepto y las formas: melodías inmaculadas, ritmos imposibles, virajes inesperados y un punto de locura juvenil. Aunque The Dodos suenan mucho más nítidos y enfocados, permitiendo el discernimiento de cada instrumento (no utilizan demasiados) con clarividencia absoluta. A veces adolecen de una semejanza exagerada, con tufillo a copieteo: pongan en el reproductor “Two Medicines”, nueve de cada diez oyentes reconocerán erróneamente a Panda Bear y compañía. Si su anterior LP mostraba un abanico interminable de posibilidades, “Time to Die” prescinde de los sugerentes retales de dos minutos de aquel, yendo al grano de la canción bien construida y quizá demasiado indagada. Tras la frenética “This Is a Business” pierde fuelle como un sprinter en alta montaña, solo recuperado en los brotes finales de “A Time to Die”. Pese a todo, se cuentan momentos disfrutables (“Small Deaths” y “Fables” son una delicia) y se presta a la práctica de un deporte de alto riesgo: el de seguir las baquetas erráticas y revolucionarias de ese asombroso portento llamado Logan Kroeber.

www.dodosmusic.net


28 noviembre 2009

DISCOS

THE FLAMING LIPS. Embryonic.

Orfebrería progresiva.

Se dice, se comenta, se rumorea que el próximo proyecto de The Flaming Lips será una revisión completa de “Dark Side of the Moon” de Pink Floyd. Pues mira por donde, todo encaja. Porque los de Oklahoma, resurgiendo de sus presuntas cenizas, se han sacado de la manga toda una sinfonía progresiva, su gran ópera rock. Sorprendiendo a propios y extraños y superando los síntomas de agotamiento, “Embryonic” (2009) los despierta del letargo, erupcionando en los oídos como un volcán, borrando de un plumazo la fantasía y el dibujo animado. Empieza muy Silver Apples, virando después al universo Pink Floyd para acabar sabiendo a Led Zeppelin. Y sin ser un disco (o mejor dicho, doble disco) de canciones, abre y cierra con dos de sus temas más sublimes, rotundos y pegadizos en años: “Convinced of the Hex” y “Watching the Planets”. No, no es un disco de canciones: es un todo, una sucesión de movimientos estudiados y ensamblados donde no sobra casi nada, solo el incómodo punto y coma de “Virgo Self-Esteem Broadcast”. Capas y capas de sonido donde todo tiene su espacio: bajos saturados, pedales wah-wah, arpas, samplers, orquestas enlatadas y artillería electrónica para dar y tomar. Pura obra de orfebrería. Dicen las crónicas que Wayne Coyne, Steven Drozd y Michael Ivins han firmado su mejor disco desde el mítico “The Soft Bullletin” (99). Opinión irrefutable y suscrita desde ya.

www.flaminglips.com


22 noviembre 2009

DISCOS

DOMINIQUE A. La Musique/La Matière.

Gigante infinito.

Aquí está. Otra vez. El bueno de Dominique ha vuelto. Nunca se marchó del todo. Estuvo en la cabeza, rondando con su calva presencia, con sus emotivas franco-historias, en la boca cada vez que se trataba de hablar de la música favorita. Se ha dicho en cientos de ocasiones: el galo es el perfecto sucesor de mitos como Brel o Gainsbourg. Es su mensajero en nuestra era. Pero tiene una personalidad propia, un saber estar, un saber componer, un poder de adaptación que ni los añejos mantuvieron del todo ni los noveles pueden igualar. Dominique es único. Y lo vuelve a demostrar.

Más difícil todavía. Si “L´horizon” (2006) ponía el listón en el Olimpo, aquí la jugada se desdobla, en dos volúmenes relacionados pero independientes. “La Musique” es el disco, “La Matière” es el extra. Pero inspeccionando meticulosamente, la materia gana por la mano a la música, aunque ambos deben comprenderse como el todo de un genio ilimitado. En este doble trabajo el genio muestra todas sus bazas, sus atrevimientos, sus mil y un recursos. Y todo en un solo movimiento, en un grandioso compendio que recoge las travesuras infantiles de “La Fossete” (92), la encarnizada batalla de “Remué” (99) o la poesía intrínseca de “Auguri” (2001). Se adivinan cajas de ritmos, efectos ProTools, cacharros de juguete, sonidos cocinados en 32 pistas de soledad, empleados para iluminar poses elegantes (“Le Sens”, “Les Garçons Perdus”, “Valparaiso”, “Il Ne Dansera Qu´avec Elle”), burbujas asfixiantes (“Qui-est tu?”, “Bel Animal”), latigazos de hardcore al estilo del paisano Michel Cloup (“Je Suis Parti Avec Toi”, “Hotel Congress”, “La Verité”), exquisitos montajes de indietrónica (“L´entretemps”, “Rendez-vous Avec La Matiére”) o piezas de synth-pop rescatadas del olvido ochentero (“La Musique”, “Seul le Chien”). Y eso no es todo: el gigante Dominique también puede sacar de su productiva chistera un tango (“La Fin d´un Monde”), una nana country (“Fatigué”), una cinematográfica balada folk (“Barbara de Kalvalid”) o un poco de folclore gitano con saludo en castellano (“Hasta Que el Cuerpo Aguante”). “La Musique/La Matière” (2009) anuncian en titulares la infinita calidad de un maestro y la inagotable capacidad de un músico conspicuo y mágico. También la tremenda generosidad de un hombre que, en tiempos de escasez, es capaz de dar dos tazas en lugar de solo una.

www.commentcertainsvivent.com