15 enero 2019

DISCOS


La música que sonó en 2018 (3ª y última parte)

COURTNEY BARNETT “Tell Me How You Really Feel”
Después del álbum despachado a medias con Kurt Vile, Courtney vuelve con su segundo largo, con el apoyo de las hermanas Kim y Kelly Deal y manejando los mismos estándares que en anteriores entregas: rock alternativo, country y música americana. Muy clásica en “Need a Little Time” o “Walkin´on Eggshells”, hipercorrecta en “City Looks Pretty” o “Charity”, pícara en “Help Your Self” o comedida en “Hopefulessness” y “Sunday Roast”. Pero quizá su mejor cara sea la más insolente, la más ruidosa, la más grunge; por eso las poderosas “Nameless, Faceless” y “I´m Not Your Mother, I´m Not Your Bitch” lucen como lo más impactante de un trabajo sin peros que valgan.

DR. DOG “Critical Equation”
A estas alturas de la película, Dr. Dog son capaces de dominar todos los palos. Y para muestra, un botón. Empiezan con un reggae (“Listening In”), siguen con un poco de música disco (“Go Out Fighting”), continúan con pop melosito (“Buzzing in The Light”) para después caer en las redes del sonido Motown (“Virginia Please”). Seguidamente una balada psicodélica (“Critical Equation”), y luego algo de rock and roll clásico (“True Love”) empalmando con una dosis de rock setentero (“Heart Killer”). Para postre todavía queda una pieza onírica a lo Mercury Rev (“Night”), un flash de blues-rock (“Under The Wheels”) y, por último, otra cuota de ritmos jamaicanos (“Coming Out of The Darkness”). Un disco la mar de entretenido.

KURT VILE “Bottle It In”
Prolífico hasta el tuétano, el de Filadelfia no descansa. Tras su ya mentada colaboración con Courtney el año pasado, en este ha llegado una nueva entrega en solitario. Superando el nivel de sus predecesores, “Bottle It In” vuelve a las exhibiciones guitarrísticas, el fraseo perezoso y los aires de rock sempiterno. Pero ¿por qué no ir siempre al grano? Cuando lo hace es capaz de brindar canciones fascinantes (“Loading Zones”, “Yeah Bones”, “One Trick Ponies”, “Come Again”, la exótica “Cold Was The Wind”). Su empeño recurrente en estirar algunos temas como chicles (“Bassackawards”, “Check Baby”, “Bottle It In”) hace que un buen tema se transforme en cantinela agotadora. La sorpresa de este disco la aporta la maravillosa versión “Rolling With The Flow”, que alumbra al Kurt Vile más melódico que jamás hayamos conocido.

JEFF TWEEDY “Warm”
Tras su intentona como Tweedy a secas y las versiones acústicas de Wilco en  Together At Last” (2017), podría decirse que este es el primer trabajo oficial de Jeff Tweedy en solitario. Fabricado desde la libertad que te da ser dueño de tu propio estudio y sello discográfico, también es un producto familiar, con la compañía de sus hijos Spencer y Sammy, y de buenos amigos y compañeros como Glenn Kotche. Un disco de country-folk minimalista, donde únicamente “From Far Away” y “The Red Brick” se ven envueltas en densos ambientes más allá de los elementos instrumentales básicos. Especialmente gustosas resultan “Don´t Forget”, “Let´s Go Rain”, “I Know What It´s Like”, y sobre todo, “Some Birds”, una canción especial digna de los mejores Wilco.

LAURA VEIRS “The Lookout”
Cinco años ha tardado Laura Veirs en entregar nuevo material, y tras la primera escucha solo cabe una palabra: aleluya. Su décimo álbum es una exquisitez de folk con preciosos arreglos perpetrados al alimón con Tucker Martine, productor y consorte. Alguien dijo que ella es el alter ego femenino de Damien Jurado; pues bien, por textura y riqueza conceptual, este disco es una gran oportunidad comparativa entre ambos. Sensibilidad e inspiración se dan la mano para alumbrar canciones tan, tan cautivadoras como “Seven Falls”, “Mountains of The Moon”, “Heavy Petals”, “The Meadow”, “The Canyon” o “When It Grows”. Eso por citar algunas, pues todos y cada uno de los cortes merecen un firme aplauso. Normal que Sufjan Stevens y Jim James no quieran perdérselo, apuntándose a la celebración de “Watch Fire”.

M. WARD “What a Wonderful Industry”
Si hay un clásico contemporáneo entre los clásicos, ese es Matt Ward. A clásico suena todo lo que toca, y este nuevo disco de irónico título no podía ser menos. Y qué disco, señoras y señores. Maestro del sonido arcaico, aquí de nuevo vuelven a retumbar los ecos legendarios del mejor blues, folk y rock de la Historia, incluidos pequeños guiños a The Rolling Stones (“Miracle Man”), Neil Young (“El Rancho”, “War & Peace”), Electric Prunes (“Sit Around The House”) o The Shadows (“Return To Neptune´s Net”). Pero no es apología todo lo que reluce, pues el de Portland también es capaz de dar algún que otro pasito hacia la modernidad, como ocurre con la sofisticada “Shark”. Qué callado se lo tenía; nadie esperaba este disco (surgió de la noche a la mañana sin previa anunciación) y nadie debería sentirse insatisfecho.

PARQUET COURTS “Wide Awake!”
Magnífico el álbum que se han sacado de la manga estos tipos en 2018, una muestra impepinable de madurez y solera. Ya no hay que esperar solo episodios de punk fustigador, sino todo un crisol de sonidos con sorprendentes (y muy logrados) acercamientos al rap, al funk o al pop. Siguen siendo enormes en su lado alborotador (categóricas suenan “Total Football”, “Almost Had to Start a Fight/In and Out of Patience”, “Normalization” o “NYC Observation”), pero ahora también son capaces de ralentizar el ritmo para entregar cosas tan brillantes como “Mardi Gras Beads”, “Freebird 2”, “Back to Earth” o “Death Will Bring Change”. Y al loro con el tema titular, esa vírica “Wide Awake!”, un jubileo funky al que Sly Stone daría sin duda su visto bueno. Disco de cinco estrellas.

THE DODOS “Certainty Waves”
Se puede decir que a estas alturas The Dodos saben llevar como nadie al extremo la concepción de eso que algunos llaman math rock. Es cierto que a veces su música suena a pura matemática. Sus temerarios ritmos y cambios de velocidad hacen de sus canciones un juego de malabares. Malabarística al cien por cien es “SW5”, por poner un ejemplo ilustrativo. Han ganado coraje y potencia (cada vez más electricidad) y ello se hace patente en cortes como la titánica “Forum”. Son mejores y más simpáticos cuando siguen, o al menos intentan seguir un hilo melódico (“Coughing”, “Center of”), pero insondables cuando se enredan en excéntricas cacofonías (“If”, “Ono Fashion”).

VILLAGERS “The Art of Pretending to Swim”
Becoming a Jackal” (2010), no nos cansaremos de decirlo, fue una maravilla de disco. A partir de entonces los trabajos de Connor O´Brien se han caracterizado por la intermitencia, canciones de tránsito entre las que siempre era posible encontrar dos o tres joyas superlativas. Lo mismo ocurre en esta entrega, en la que queda claro que el dublinés tiende a decantarse más por el nuevo soul que por el folk de sus inicios. Las joyas en este caso son “Again”, una apertura apoteósica con comedidos arreglos electrónicos; “Long Time Waiting”, brillante gracias a su aire acid jazz, su esqueleto pianístico y su acompañamiento de metales; y “Ada”, seis largos e intensos minutos de atmósfera cinematográfica y espacial.

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