09 enero 2012

REPORTAJES

REVISIÓN 2011 (PARTE 2)

Los discos que se quedaron fuera.

ADAM COHEN. Like A Man.

Este sí que tiene que ver con Leonard, y mucho. El hijo del ilustrísimo ha tardado siete años en alumbrar una nueva referencia en solitario. “Like A Man” no tiene nada del otro mundo; es folk de andar por casa, mucha guitarra acústica condimentada con pellizcos de teclado y coros femeninos. Un poco de Nick Drake por acá, otro poco de Paul Simon por allá. Un disco sin riesgo ni sorpresas, con aroma a clásico, portador de todos los tópicos habidos y por haber sobre el amor en sus letras. Porque está claro que es un disco de amor, quizá demasiado infantil y edulcorado. Aunque también es un disco inocente, aceptable e incapaz de agredir a nadie. A los que se hagan la gran pregunta: no, Adam no sigue para nada los pasos de su progenitor.

BON IVER. Bon Iver.

Difícil lo tenía Justin Vernon después del loado y considerado debú con “For Emma, Forever Ago” (2007). Así que, para no estrellarse, decide girar y emprender un nuevo rumbo. Un rumbo parecido al elegido por Sam Beam (Iron & Wine). Un álbum en el que las líneas del folk se diluyen, sumergiéndose en atmósferas cargadas y ambiciosas, no exentas de una belleza que hay trabajarse a base de oído. La inicial “Perth” ya es toda una sorpresa, un acercamiento al post-rock de un tipo del que jamás habríamos esperando semejante cosa. Sin embargo, los mejores momentos son aquellos que, pese a verse amenazados constantemente por el diente de la vanguardia, consiguen conservar su esencia elemental: como las preciosas “Holocene”, “Michicant” y “Wash”. Y todo esto le vale una nominación a los Grammy, toma ya. Valiente entuerto en el que te han metido, amigo.

DOLOREAN. The Unfazed.

Dolorean son esa banda americana como tantas otras, como South San Gabriel, Richmond Fontaine, The Magnolia Electric Co., Lambchop o Pernice Brothers. Bandas que, influidas por la tradición sureña de su país, permanecen bajo la agradable sombra de un árbol sin hacer más ruido del necesario. Pero a veces esas bandas pueden ofrecerte una canción que cambia tu perspectiva para siempre. Ya pasó con otras y ahora pasa con ellos. Pasa con “Thinskinned”, “Hard Working Dogs”, “Fools Gold Ring” y “These Slopes Gave Me Hope”, canciones incluidas en el cuatro LP de los de Portland, aparentemente inofensivas pero de profundo calado espiritual. Es el canto del pájaro, cosecha en un campo fértil, historia y sabiduría. Es americana sin trampa ni cartón: pan de hace tres días para los duros de mollera, manjar exquisito para los amantes de lo justo y necesario.

FEIST. Metals.

Bravo por Leslie Feist. Cuando el éxito llama a la puerta principal, ella se escapa por la de servicio. Eso demuestra tener mucha personalidad. Tanta como tiene su nueva entrega, un reclamo para paladares exquisitos y una venganza contra la radiofórmula. En “Metals” la canadiense se arroja a los brazos del folk, el jazz, el soul y el country, aunque tampoco está mal disfrazarse de PJ Harvey, a la que emula a la perfección sin pretenderlo en las intrigantes “The Bad In Each Other”, “A Commotion” y “Undiscovered First”. La otra cara de la moneda son cortes intimistas, trémulos y elegantes que acarician como la seda. No hay nada menos comercial ni más hermoso que “Graveyard”, “Caught A Long Wind”, “The Circle Married The Line”, “Anti-Pioneer”, “Cicadas and Gulls” o “Comfort Me”. Disco enorme y nueva etapa.

JEFFREY LEWIS. A Turn In The Dream-Songs.

Jeffrey Lewis se merece justicia. Ya es hora de prestarle atención, de ponerlo en el sitio que le corresponde. Él pertenece a una casta muy especial, esa casta de músicos económicos y agridulces que con cuatro instrumentos, mucha imaginación y sinceridad consiguen ganarse las simpatías del oyente más minimalista y sensible. “A Turn In The Dream-Songs” es una buena razón, un gran salto hacia delante. Basta con escuchar la primera canción, “To Go And Return”, con esos deliciosos puntos de mandolina, violín y saxo, para sucumbir a la necesidad: inmejorable comienzo para un álbum lleno de familiaridad, de mensajes extraños y a la vez entrañables. A esta ceremonia se apunta todo quisqui: miembros de The Wave Pictures, The Vaselines, Au Revoir Simone o Dr. Dog colaboran en una obra simpática y hogareña, donde el folk (¿o mejor anti-folk?), el country y el pop conviven en grata armonía. Ahora o nunca.

JOE HENRY. Reverie.

La música le debe mucho a este hombre. Él es un eslabón perfecto entre culturas, mundos y generaciones. Su forma de exhumar a los genios del jazz y el blues, aquellos hombres y mujeres que sudaron tinta en clubes de mala muerte, ejemplifica el tópico de la inmortalidad. Bienvenidos seáis, Billie Holiday, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald o Robert Johnson, a este banquete sin recato. “Reverie” es la continuación lógica tras los exquisitos “Civilians” (2007) y “Blood from Stars” (2009). El cuñado de Madonna no tiene nada nuevo que ofrecer, pues es concienzudo con su credo. ¿Y quién mejor que él es capaz de unificar blues, jazz y country en un objeto de una sola pieza?. “Odetta”, “Grand Street”, “Deathbed Version” y “Eyes Out of You” encabezan su ristra de invocaciones, resultando difícilmente superables. La deuda del hoy con el ayer queda bastante clara.

MICK HARVEY. Sketches from The Book of Dead.

Una reputación inmaculada avala al ex-Bad Seeds. Aparte de sus labores generosas para otros (gran aportación la suya a “Let England Shake” de PJ Harvey, uno de los mejores discos del recién cerrado año), el australiano guarda una buena tanda de cartas en la manga. Cartas que va lanzando al tapete poco a poco; cuatro años han pasado desde su último “Two of Diamonds” (2007). Este quizá no sea su mejor trabajo, pero sí el más ambicioso. Un disco dedicado íntegramente a ese ceñudo amigo que nos espera al final del camino: la muerte. Intimista y reflexivo en general, hace sucumbir en sus momentos más ásperos: como esas “October Boy”, “Frankie T & Frankie C” o “Famoust Last Words” que nos hacen recordar irremediablemente la gran banda a la cual perteneció, a la vera de ese genio del que una vez fue fiel escudero.

MOON DUO. Mazes.

Hace poco hablábamos de Wooden Shjips. Pues bien, Moon Duo es el otro proyecto de Erik “Ripley” Johnson junto a su compañera Sanae Yamada. El mismo perro pero con distinto collar. Más loops, psicodelia, hipnosis y cuelgue colectivo. “Mazes” es su primera colección completa de canciones, y con ellas consiguen un efecto ya familiar. Teclados humeantes y repetitivos que se prolongan hasta el infinito, sobre los que cabalgan guitarras reverberantes, densas y azarosas. En “Seer” o “In The Sun” apenas se aprecia la diferencia entre un nombre y el otro, aunque aquí la voz de Johnson aparece más nítida, regresando de aquella galaxia tan lejana. Y aunque el manto psicodélico nunca desaparezca, también hay finos acercamiento al power pop, garage y punk en las infecciosas “Mazes”, “Fallout”, “When You Cut” o “Run Around”. Otro viaje de muchos kilómetros y gratis.

THE WAR ON DRUGS. Slave Ambient.

Y para acabar, ¿el mejor disco de 2011?. Con permiso de PJ Harvey, Jesse Sykes, Anna Calvi, The Cave Singers y Kurt Vile, por supuesto. Y hablando de Kurt Vile, mentira parece que ya no sea el socio de Adam Granduciel, pues “Slave Ambient” rebosa de su impronta por los cuatro costados. Si “Wagonwheel Blues” (2008) era magnífico, este incluso lo supera. Se sigue sintiendo la presencia de Bob Dylan y Bruce Springsteen, sumergidos en baños de feedback, sonidos clásicos que flotan dentro de una cápsula espacial. Un apretón de manos entre el rock primitivo y las nuevas tecnologías, con un meridiano ejemplo en la rotunda “Your Love Is Calling My Name”. He aquí una obra suprema, vigorosa y visionaria, que puede devorarse de un bocado y sabe a gloria. Como los bucles de “Best Night”, la digestiva “Brothers”, el piano generoso y armónica final de “I Was There”, los ritmos atávicos de “Come To The City”, los paisajes acústicos pintados en “It´s Your Destiny”, el frenesí épico de “Baby Missiles” o la frescura sin maquillaje de “Blackwater”. Prueba y compara. O mejor no compares, pues no hay nada semejante en la actualidad.

03 enero 2012

REPORTAJES

REVISIÓN 2011 (PARTE 1)

Los discos que se quedaron fuera.

Tras un 2011 algo atípico, lleno de hiatos y paréntesis, aquí está la recopilación habitual de discos para los que no hubo hueco en CURTAINS a lo largo del año. No perdamos las buenas costumbres.

BLACK JOE LEWIS & THE HONEYBEARS. Scandalous.

Todo el mundo habla de Eli “Paperboy” Reed, pero ¿qué pasa con Joe Lewis?. ¿Acaso no estamos ante un monstruo del soul y el rhythm and blues?. Ah claro, es que es negro, y que los negros hagan soul y rhythm and blues no tiene nada de extraordinario. Pero es que este tipo lo hace especialmente bien, sonando rabiosamente actual sin perder la esencia original. “Scandalous” es un catecismo absoluto del género, brillando sobremanera canciones como “I´m Gonna Leave You”, “She´s So Scandalous”, “Mustang Ranch” o “You Been Lying”. Este último tema cuenta con la inestimable colaboración de las brillantes voces gospel de The Relatives. Si James Brown y Wilson Pickett levantaran la cabeza, darían su visto bueno sin dudar.

CASS McCOMBS. Humor Risk.

En 2011 Cass McCombs se apunta al 2x1, que por algo estamos en crisis. Tras el profundo “Wit´s End”, vuelve a sorprendernos con otra referencia en tiempo récord. Mientras que en su primer disco del año se enfundaba el traje de los domingos, en este “Humor Risk” toca vestir casual. Cass engrasa los pistones y echa más carbón, mostrándose gratamente roquero en las espectaculares “Love Thine Enemy” y “Mystery Mail”. “The Living Word”, “To Every Man His Chimera” y “Meet Me at The Mannequin Gallery” vuelven a poner en valor su potencial como intérprete soul, y “Robin Egg Blue” y la extraordinaria “The Same Thing” (la mejor canción del año o casi) resucitan su alianza con el folk. Para cerrar, una pieza insólita, misteriosa y perturbadora llamada “Mariah” deja las puertas abiertas de par en par. América es suya y para él no hay fronteras.

DEATH CAB FOR CUTIE. Codes and Keys.

La banda de Ben Gibbard sigue en su sitio: en el punto medio, entre el todo y la nada, entre lo clásico y lo moderno, entre lo mediático y lo underground, en un cómodo y accesible purgatorio. Siguen esforzándose por lograr la canción de pop perfecta, y en su séptimo álbum están a un pelo de conseguirlo. Bastante cerca en “Home Is a Fire”, “Codes and Keys”, “Doors Unlocked And Open” y “St. Peter´s Cathedral”. Muy cerca, prácticamente rozándolo en la espectral y bellísima “Unobstructed Views”, con la que incluso ponen un pie en el Olimpo Radiohead. “Narrow Stairs” (2008) dejó el listón muy alto, pero siguen progresando adecuadamente.

DEUS. Keep You Close.

El antes y después de los belgas queda confirmado en este nuevo disco. El después del cambio en la tripulación ya es una realidad, y los dEUS de ahora no son los de “Suds and Soda”; ahora hay menos recovecos y más glamour. Aún así, las referencias no cambian: J.J. Cale, Captain Beefheart, Tom Waits e incluso Pink Floyd. “Keep You Close” se hace más amigable a cada escucha; ahora se atreven a añadir rellenos orquestales, presentes en la obertura homónima y en esa inquietante pieza final llamada “Easy”. También son capaces de acercarse al jazz y al soul, ponerse góticos o industriales, rubricando un sonido que ya va siendo marca de la casa. Y como ocurriera con “The Arquitect”, aquí también hay un anzuelo chispeante y muy bailable (“Constant Now”) al que pocos pececitos podrán resistirse.

MARISSA NADLER. Marissa Nadler.

Hablábamos hace poco de jóvenes mujeres tocadas por los dedos de las hadas, y en la lista faltaba Marissa Nadler. Su quinto trabajo nos vuelve a traer melancolía a raudales y minimalismo antiséptico. El puro fluir de los sentimientos, bello y cristalino, agazapado en los recodos de cada acorde, con la figura de Hope Sandoval reflejada al otro lado del espejo. Los amantes de las formas folk más sencillas encontrarán aquí un álbum sin desperdicio, y celebrarán el poder sanador de temas como “The Sun Always Reminds Me of You”, “Baby I Will Leave You In The Morning”, “Wedding” o “Daisy, Where Did You Go?”.

OKKERVIL RIVER. I Am Very Far.

Comienza a sonar “The Valley” y pienso que han decidido tirar la casa por la ventana. Pero luego llega “Piratess” y pienso que se han vuelto locos. Por suerte “Rider” y “Lay of The Last Survivor” los devuelven a los parámetros tradicionales, y “White Shadow Waltz” lanza un destello de luz. Con “We Need A Myth” y “Hanging from A Hit” se me ocurre que, sin una razón concreta, prefiero a Shearwater. Pero “Show Yourself” y “Your Past Life as A Blast” confirman que pueden ofrecer grandes canciones, aunque a veces las desenfoquen en demasía. “Wake And Be Fine” me hace preguntarme por qué todos los grupos de ahora se empeñan en parecerse a otros. Y mientras me dejo envolver por el bello desenlace de “The Rise” (muy Fleet Foxes, por cierto) concluyo que posiblemente ya no vuelva a escuchar este disco nunca más. Al cajón y a otra cosa, mariposa.

SONNY & THE SUNSETS. Hit After Hit.

El inquieto y polifacético Sonny Smith no puede esconder sus referentes musicales. Canciones sacadas del álbum de recortes de los sesenta, polaroids de The Kinks, The Rascals, Manfred Mann o The Troggs. “Hit after Hit” es fiel a su nombre, pues cada tema es un acierto que despierta añoranzas y se pega a la ropa. Difícil deshacerse del aroma retro que desprenden las espectaculares “She Plays Yo Yo With My Mind” y “Teen Age Thugs” o los cuasi-instrumentales “The Bad Energy from L.A. Is Killing Me” y “Acres of Lust”. Y todo cubierto por un encantador manto de amateurismo, a baja fidelidad y con mínimos recursos. Buscando (y encontrando) en el baúl de los recuerdos.

THE DODOS. No Color.

Tras el pequeño traspiés que supuso “Time To Die” (2009), The Dodos volvían en 2011 con una posible revancha. ¿Levantando el vuelo?. Pues no del todo. “No Color” tiene algunos momentos apetecibles pero muchas grietas. “Black Night”, “Good” o la encantadora “Companions” (con guitarreo introductorio a lo Paco de Lucía) intentaban remontar, pero sin despegar muchos metros del suelo. Pese a todo, a estos chicos hay que darles un aplauso: por el esfuerzo físico que suponen esas torturas guitarriles y ritmos imposibles, por sonar tan originales, caníbales y primitivos. Portando su propia bandera, hablando un dialecto único y sin casarse con nadie. Bueno sí, en esta ocasión con Neko Case, invitada ilustre aunque un tanto infrautilizada.

THE FEELIES. Here Before.

Ha llovido mucho desde “Crazy Rhythms” (80). Tanto que casi no esperábamos degustar un nuevo largo de Glenn Mercer y compañía, pero aquí está. ¿Quién puede resistirse a otros cuantos minutos de gloria?. En este disco su sonido se vuelve mucho más estándar y comedido, pero siguen siendo alguien. “Here Before” transcurre sin sobresaltos, no epata pero tampoco incomoda, es ligero y homogéneo, de tarifa plana. Ninguna canción destaca sobre las demás, todas se ayudan, se complementan y guardan el debido respeto. “Way Down”, “Change Your Mind” y la velvetiana “On and On” asoman un pelín la frente entre tanta melodía perfecta y guitarra burbujeante. Tan difícil es hacer un disco bueno como uno tan inmensamente proporcionado. Un placer tenerlos aquí de nuevo.

THE LEISURE SOCIETY. Into The Murky Water.

“The Sleeper” (2009) presentaba a The Leisure Society como la nueva esperanza británica, otro de esos grupos de las islas capaces de hacer sombra a las bandas americanas noveles. Un disco que adolecía de exceso de edulcorante y falta de músculo. Exactamente lo mismo ocurre con su segundo trabajo, un quiero y no puedo flagrante, pese a comenzar con una asombrosa pieza de orfebrería instrumental (“Into The Murky Water”). Los adornos generosos de flautas y violines consiguen dar un toque de folclore agradecido a temas como “You Could Keep Me Talking” y “This Phantom Life”, pero mejor cuanto más serenos, lánguidos y a medio tiempo. “I Shall Forever Remain An Amateur” y “Just Like The Knife” sí que dan la talla, logrando captar el interés entrados ya los postres.

THURSTON MOORE. Demolished Thoughts.

Puede que haya crisis personal, profesional o matrimonial, pero ¿crisis creativa?. Nunca. Thurston ha sido siempre la dinamo de Sonic Youth y sus discos en solitario lo corroboran. Aquí aparece el Thurston más desnudo, pero el Thurston de siempre. ¿O no resultan familiares muchas de las estrofas de este disco íntimo y conmovedor?. ¿No parece que las hayamos oído antes, en cualquier disco de la banda?. Y nos da igual, porque ¿a quién no le apetece seguir oyendo a los reyes del noise, aunque sea desenchufados y reducidos a la cuarta parte?. “Demolished Thoughts” está construido a base de guitarra acústica y sección de cuerda. La combinación es gloriosa. Y de ella nacen canciones directas al cielo, como “Iluminine”, “Circulation”, “Blood Never Lies”, “Mina Loy” o “January”. Quizá no todo está perdido.

WIRE. Red Barked Tree.

Colin Newman y Graham Lewis saben más por viejos que por diablos. Tras 25 años de música (obviemos la sequía de los 90) y una docena de grabaciones, la mayor parte del territorio está explorada. Es por ello por lo que su último trabajo muestra un bouquet tan especial. Dos joyas para enmarcar (“Please Take” y “Red Barked Tree”) abren y cierran respectivamente un disco sofisticado, moderno y tentacular, directo y sin rodeos. Se muestran melódicos en esa pegajosa “Please Take”, “Adapt” y “Clay”, muy cercanos y discotequeros en “Bad Worn Thing”, pero no pierden su vena punk (“Now Was” y “A Flat Tent”) ni sus instintos pirómanos (“Two Minutes”, “Moreover”). Gasolina y muselina juntas otra vez.

YELLOWBIRDS. The Color.

Tras el pseudónimo Yellowbirds se esconde un tipo llamado Sam Cohen que nada tiene que ver con Leonard. Y detrás de una portada tan extravagante descansa su primer álbum como tal, tras el proyecto Apollo Sunshine y otros trabajos mercenarios. “The Color” es un compendio de folk, psicodelia, soul y musical americano donde los ecos de Frank Sinatra se mezclan con los de The Byrds en el aire sin apenas molestarse. La producción se inspira en preceptos spectorianos, con capas y capas de sonido que se acumulan a veces sin dejar respiro. Es quizá su mayor defecto: canciones bonitas pero excesivamente acolchadas, recargadas hasta una rimbombancia sin mesura. Y es una pena, porque despojado de polvo y paja podría hacerle sombra al mismísimo Cass McCombs.

Continuará….

22 diciembre 2011

DESCUBRIENDO A...

J. TILLMAN

Que quede claro: Joshua Tillman fue cocinero antes que fraile. O para entendernos: fue autor de sus propias canciones antes que fleet fox. Aunque sus primeros pinitos tuvieran más que ver con el post-rock (como cofundador del proyecto Saxon Shore junto a su hermano Zach), el folk es su auténtica biblia y el country y el blues sus libros de salmos. Un músico de vasta cultura y selectos gustos. Y así de revelador y encantador es el cartel del festival de sus sueños que circula por Youtube: Nick Drake (performing “Pink Moon”), John Lee Hooker, Maurice Ravel, Neil Young (performing “Tonight´s The Night”), Lightnin´Hopkins, Phosphorescent, Trees, The Band, D´Angelo, Ali Farka Touré y Nirvana. Un festival que, por supuesto, sería gratis. Vivamos de nuestra imaginación y nuestras ilusiones para no morir de pena.

El talento de J. Tillman floreció al abrigo de otra de las voces más íntimas y sinceras de la escena de Seattle: Damien Jurado. Y en la onda de su mecenas circulan sus creaciones. Siete álbumes desde 2004, todo un dechado de fertilidad. Para Tillman no existen las prisas ni las galas. Canciones que desafían el transcurso del tiempo: tempos mínimos, arreglos frugales y eficientes, y sobre todo, unos textos bellísimos y una voz que regala calidez y sosiego a manos llenas. Música no apta para impacientes, estresados o hiperactivos. Música para la tregua y el respiro.

Esta sólida trayectoria comienza con los autoproducidos “I Will Return” (2005) y “Long May You Run, J.Tillman” (2006) y va creciendo hasta “Singing Ax” (2010). Entre medias hay todo un mundo de odas a la gentileza y la debilidad del ser humano, invocaciones y espejismos, susurros que se cuelan por las grietas de las almas desgarradas y que animan a un profundo examen de conciencia. En su discurso y sus formas asoma la cabeza de aquel que abandera su quimérico festival, el Nick Drake minimalista de “Pink Moon”. Sí, Josh Tillman podría ser un nuevo Nick Drake, más pastoril, hirsuto y sonriente, pero igualmente capaz de tocar la fibra del vecino. De sus discos todos valen, pero los hay especiales. Como “Minor Works” (2006), donde lo acústico se vuelve eléctrico por arte de magia. O como “Cancer and Delirium” (2007), gestado en noches parisinas de soledad pero más cercano a cualquier rincón de Tennessee que a la ciudad de las luces (el banjo, ese banjo). O como el variopinto “Vacilando Territory Blues” (2009), sede de los únicos momentos de ruido y explosión que el músico cuenta en su haber (“Steel On Steel”, “New Imperial Grand Blues”). O como el delicioso “Year In The Kingdom” (2009), casa de acogida para el instrumento excelencia del folk tradicional, el dulcimer. ¿Que por dónde empezar?. Pues por ejemplo por “Milk White Air”, “With Wolves”, “Darling Night”, “Ribbons of Glass”, “Crosswinds”, “Earthly Bodies”, “There Is No Good In Me”, “Firstborn” o “Diamondback”. Cualquiera es perfecta para una primera cita con el hombre tranquilo.



19 diciembre 2011

RETROSPECTIVAS

PHISH. A Picture of Nectar.

Joyas de los 90.

No solo de clásicos muy viejos vive el hombre. También el pasado no tan lejano o el presente de antes de ahora están llenos de grandes obras maestras a las que rendir tributo. Una de ellas es esta, álbum espectacular para una formación peculiar. La entera discografía de Phish resulta de todo punto apasionante. Podrían haber sido los fantásticos “Rift” (93), “Billy Breathes” (97) o “Farmhouse” (2000), pero el elegido es este “A Picture of Nectar” (92) por diversas y estudiadas razones. En primer lugar, porque aglutina de manera excelente el más numeroso índice de estilos explorados por la banda. En segundo lugar, porque en él se concentran algunos de los más brillantes solos de los que tanto gustaban en especial Trey Anastasio y Page McConnell, pequeños geniecillos de mentes explosivas y dedos elásticos. En tercer lugar, fue el primer disco de Phish que se coló por los hambrientos resquicios auditivos de la menda hace ya muchos años (gracias por tu obsesión compartida, Paco Pérez Bryant). Total, que cualquier motivo vale para escoger este disco y cualquier razón es buena para honrar a un grupo tan sobresaliente.

Mientras que a este lado del charco Phish no dejaron de ser un capricho para inquietos y ratas de vinilo, en Estados Unidos llegaron a convertirse en un fenómeno sin precedentes, una banda de verdadero culto, alimentada por el boca a boca, por excentricidades creadoras de leyenda urbana y demostraciones de virtuosismo vertiginoso en vivo. Puede decirse que Trey Anastasio, Jon Fishman, Mike Gordon y Page McConnell han sido únicos en muchos aspectos: derrochando imaginación, saltándose las normas a la torera, jugando al engaño y al despiste. Un soplo de aire fresco que acabó atrapando a las masas. Pero no solo son acróbatas, telepredicadores, maestros de ceremonias o gurús en celo. Ante todo son músicos, grandes músicos con un arte especial para crear, ejecutar, improvisar y reinventarse constantemente. Sus frondosísismas jam sessions son la leyenda que los padres americanos les cuentan a sus hijos antes de dormir. Porque solo una banda entre un millón es capaz de recolectar y hervir en el mismo recipiente tal cantidad de influencias. Y solo una banda entre un millón es capaz de montar un Circo del Sol en pleno escenario, disfrazarse de manera convincente de The Velvet Underground, The Beatles o Pink Floyd o retar al respetable a una partida interactiva de ajedrez.

Rock and roll, jazz, country, blues, músicas latinas, easy listening, R&B, funk y un sinfín de estilos más forman el gran angular de Phish. “A Picture of Nectar” contiene enormes demostraciones instrumentales, como las que se condensan dentro de las gigantescas “Llama”, “Guelah Papyrus” o “Tweezer”, amén de sutiles pinceladas jazzísticas (“Eliza”, “Magilla”). También cuenta con una esmerada ración de bluegrass (“Poor Heart”) y otra de rock auténtico y canalla (“Chalk Dust Torture”). Por descontado, los ritmos funkys no pueden faltar a la cita, presentes en “Cavern” y la referida “Tweezer”. Y los sonidos latinos hacen subir la temperatura de “Stash”, “The Landlady” o “The Mango Song”, rememorando las hazañas del buen amigo Santana. Luego hay cosas más difíciles de encuadrar, como la curiosa “Glide”, que tan pronto arrastra a terrenos country como invoca el poder de los grupos vocales de los 50.

En resumen, cada disco de Phish es un mundo y este lo recorre de punto a punto cardinal, de continente a continente, sin dejar ni un solo rincón por peinar. La banda ha tenido varios intentos de separación volviendo siempre al redil. La esperanza de verlos en directo sigue intacta; ¿tocaremos con los dedos algún día esa leyenda?. Una curiosidad: en Bonnaroo 2009 compartieron letras grandes de cartel con el mismísimo Bruce Springsteen. Y una banda que se juega los cuartos con el Boss es cosa muy, pero que muy seria.



17 diciembre 2011

DISCOS

WOODEN SHJIPS. West.

Apología de la costa oeste.

Señoras y señores, he aquí la mejor portada del año. Sí, el Golden Gate en todo su esplendor, símbolo absoluto del oeste. No del salvaje oeste, sino del psicodélico y hippie oeste. Porque vamos a hablar de psicodelia, por supuesto. En el caso de Wooden Shjips no hay vuelta de hoja. O psicodelia o psicodelia. Bueno, también un poco de rock espacial (Sonic Boom se encarga de darle brillo) y algo de krautrock entre ceja y ceja. No hace falta liarse a tomar sustancias para ver entre las sombras las siluetas de The Doors, The Velvet Underground, Silver Apples, 13th Floor Elevators o Soft Machine. El disco en sí ya es toda una sustancia, un excitante viaje a la velocidad de la luz. Guitarras reverberando, distorsión, pedales de todos los tamaños, Hammonds enajenados y ritmos cabalgantes. Es lo mismo que ya hicieran en “Wooden Shjips” (2007) y “Dos” (2009), pero lo mismo da. Estos tipos, con el barbudo Erik Ripley Johnson a la cabeza, tienen la receta narcotizante única y genuina.

“West” (2011) es una oriunda apología (en efecto, son de Frisco), un autómata que arranca al primer segundo y no cede hasta el final. “Black Smoke Rise” despierta la sensualidad y la adicción, y cuando ya estás enganchándote “Crossing” te hipnotiza como un péndulo oscilante, dejando que “Lazy Bones” te lance cuesta abajo a su ritmo de locomotora frenética. Con la voluntad a su merced llega “Home”, y Neil Young se encarna ante los ojos envuelto en humo y burbujas. Pero “Flight” retorna el oído a la senda familiar, con sus curvas e inflexiones recurrentes de canciones pasadas. Quedan “Looking Out”, para dar el gran salto y sucumbir a un guateque ácido sin tregua, y “Rising”, para alimentarse de distorsiones hasta reventar. Siete, solo siete canciones, y gracias. Más sería muerte por sobredosis.



15 diciembre 2011

CANCIONERO

ELLIOTT SMITH. Ballad of Big Nothing.

La historia de este hombre es una de las más tristes y estremecedoras de nuestra generación. Otro ejemplo de catástrofe existencial derivada de infancia difícil y adicciones peligrosas. La pérdida de Kurt Cobain causó el estrépito ensordecedor de una apisonadora; la de Elliott Smith no fue tan ruidosa, aunque también se cumpliera la amarga tradición de elevarlo a mito post mortem, como ocurre casi siempre en estos casos. Releer las circunstancias de su vida y muerte sigue poniendo los pelos de punta. Y lo mismo ocurre con sus letras, sucintas expresiones de abandono, rebeldía, dolor y alegorías químicas.

“Ballad of Big Nothing” es una de las grandes canciones del músico nacido en Omaha y asentado en Oregón. Una canción que trata de expulsar en cierto modo la rabia contenida. La guitarra acústica es, como en casi todas las composiciones de Smith, el instrumento que guía y a la vez aporta fuerza. Porque Elliott Smith consiguió algo que muy pocos han logrado hasta la fecha: dominar el idioma del grunge sin necesidad de gritar, sonar muy grunge sin necesidad de electrificarse. La canción reside en su aplaudido álbum “Either/ Or” (97), título tomado a préstamo de la célebre obra filosófica de Kierkegaard. Dicha obra se preguntaba por conceptos tan universales como la angustia, el amor, el miedo, la existencia o la religión, mismas preguntas que machacaban el cerebro del músico en vida. “Either/ Or” viene a significar “o esto o lo otro”. Está claro que Elliott eligió lo otro.

BALLAD OF BIG NOTHING

Throwing candy out to the crowd, dragging down the main
The helpless little thing with the dirty mouth who's always got something to say
You're sitting around at home now waiting for your brother to call
I saw him down in the alley, having had enough of it all

Said you can do what you want to whenever you want to
You can do what you want to, there's no one to stop you

All spit and spite, you're up all night and down every day
A tired man with only hours to go just waiting to be taken away
Getting into the back of a car for candy from some stranger
Watching the parade with pinpoint eyes full of smoldering anger

You can do what you want to whenever you want to

You can do what you want to, there's no one to stop you
Now you can do what you want to whenever you want to
Do what you want to whenever you want to
Do what you want to whenever you want to though it doesn't mean a thing
Big nothing


12 diciembre 2011

DISCOS

MEGAFAUN. Megafaun.

Valientes americanos.

Tras haber entrado por la puerta grande en la lista de descubrimientos consumados en 2011, Megafaun regresan a portada con su tercer trabajo, cuarto si contamos el curioso EP “Heretofore” (2010). Para su nueva entrega los de Carolina del Norte vuelven a demostrar que no son una banda de country-folk al uso, calzándose sus mejores zapatos para lograr el más amplio recorrido. Sí, no pueden negarlo, son de los USA, las barras y estrellas les salen por las orejas en temas como “Real Slow”, “Resurrection” o “Everything”, geniales celebraciones del orgullo americano. Sin embargo, sigue habiendo algo más allá, muchos metros de la raíz a la copa. Cosas tan raras como “These Words” o “Serene Return” son impropias del decoro y el purismo yanqui, lo que demuestra el culo inquieto de estos tipos, ajenos a las críticas crematorias y decididos a poner color y serpentinas al monte Rushmore. “Megafaun” (2011), para qué molestarse en buscar un título, goza de la virtud de la amplitud y la variedad, la mejor arma para evaporar el aburrimiento. Y así tanto valen los experimentos antes comentados como una buena tonada pop (“Second Friend”), un lingotazo de blues fantasmagórico (“Scorned”), ocho minutos y medio de exuberancia progresiva (“Get Right”) o un instrumental con tintes dixieland y calipso (“Isadora”). Abiertos de par en par cual bella flor en primavera.



10 diciembre 2011

DESCUBRIENDO A...

FAUN FABLES

Bajo el onírico nombre de Faun Fables se reencarna una mujer que debió vivir otra vida en otra época. Su nombre es Dawn McCarthy y viene del más allá musical, de los campos vírgenes, de la era del peyote, con un símbolo de la paz colgado del cuello. El proyecto gravita en torno a ella, aunque cada vez es más notorio el papel de Nils Frykdal, tanto en la composición como en sus espectáculos. Y es que Faun Fables no es solo música: es un concepto de arte integral, sonidos, poesía, imagen e interpretación. Es una nube que surca el cielo dejando una lluvia que a veces reconforta y otras inquieta.

Musicalmente el agua mana de fuentes como las canciones tradicionales de los Apalaches, el folk de Fairport Convention, The Incredible String Band o The Pentagle, el rock intensivo de Jefferson Airplane o Shocking Blue y las elegías teatrales de Édit Piaf o Juliette Gréco. La espléndida voz de la señorita McCarthy ayuda bastante a rescatar los mitos; una voz que en ocasiones recuerda a la de otra mujer de talento sublime y temperamento añejo: Jesse Sykes. El resultado es el reflejo de sus influencias: sonidos vetustos, otra resurrección, otro flash-back por obra y gracia de la máquina del tiempo. Y este es de verdad: coloca un disco de Faun Fables entre los mejores de los 60 y nadie notará la diferencia.

Con “Light of A Vaster Dark” (2010) la banda (o dúo o mujer) logra casi la perfección. Un absoluto e inspiradísimo disco conceptual dedicado a las cuatro estaciones, aunque nada tenga que ver con Vivaldi. Atrás en el tiempo quedan “The Transit Rider” (2006), concebido como banda sonora para performance en vivo, el flamígero “Family Álbum” (2004) con su espectacular versión de “Eternal” (Brigitte Fontaine), el asfixiante “Mother Twilight” (2004) y el amateur “Early Song” (99). Baste decir que todos estos discos se grabaron para Drag City, ese sabio y juicioso sello capaz de acoger en sus brazos a gente como Will Oldham, Six Organs of Admittance, Bill Callahan, Silver Jews, The Red Krayola, Loose Fur o Espers.



08 diciembre 2011

RETROSPECTIVAS

THE SOUND. Jeopardy.

Joyas de los 80.

Volamos a los singulares y excitantes ochenta para agasajar a una banda merecedora pero postergada. La historia de The Sound es otra de esas lastimosas historias de injusticia y negro destino. Una banda condenada en su época al ostracismo, a lavar los platos de los banquetes de otros. Sí, funcionaron junto a nombres que nos suenan mucho más, como Joy Division, Echo & The Bunnymen, The Psychedelic Furs o The Chameleons, formando parte del ilustre elenco de huéspedes del post-punk, dando vida a un sonido patentado al que muchos echan mano de vez en cuando y hoy por hoy, cuando las ideas escasean y todo se vuelve un poco más borroso.

La historia de The Sound es la historia de una banda navegando en la sombra. Y sin embargo este “Jeopardy” (80), su nada desdeñable debú, resucita la eterna pregunta sin respuesta: ¿por qué unos sí y otros no?. ¿Por qué unos bebieron las mieles y otros las vieron pasar de lejos?. ¿Qué tenía que envidiar este disco a otros muchos grabados entre 1979 y 1982?. Canciones como “I Can´t Escape Myself”, “Hour of Need”, “Jeopardy” o “Night Versus Day” muestran todos los deberes del post-punk perfectamente hechos: oscuridad, lamentos juveniles, reflexión, rabia contenida, sintetizadores, guitarras sucias, bajos llenos de dolor. Temas irresistibles como “Words Fail Me”, “Heyday” o “Unwritten Law” no hubieran pasado desapercibidos en manos de otros, y aún hoy seguiríamos mentándolos como símbolos hereditarios. Los analistas de turno no dirían “ha vuelto la era Joy Division” sino “ha vuelto la era The Sound”. Y no se escribirían novelas ni se harían películas sobre Ian Curtis, sino sobre la figura de Adrian Borland, otro outsider, otro enfermo incomprendido al que la vida también se le hizo un insalvable monte cuesta arriba. A cada cual lo suyo (el amor a Joy Division es incuestionable, que conste), y a The Sound lo que se merecen: un aplauso, un boca a boca, una oportunidad aunque sea tarde.


06 diciembre 2011

REPORTAJES

OFF FESTIVAL 2011. 5,6 y 7 AGOSTO (KATOWICE)

Descubriendo nuevos festivales.

El pasado mes de agosto unos amigos estuvieron de festival por la fría Polonia. Aquí quedan sus generosas y trabajadas impresiones. Nunca es tarde si la dicha es buena.

A pesar de la lluvia.

Grupos como Piano Magic, British Sea Power, Iron & Wine, Clinic, Wire, Spiritualized, The Flaming Lips o Tindersticks son algunos de los que ya han pasado por este joven festival, que se lleva celebrando desde el año 2006 en tierras polacas (desde 2010 en la ciudad de Katowice). Situado en una zona verde rodeada de lagos y prados, conocida como Three Ponds Valley, podríamos asemejarlo por su tamaño y afluencia de público a los primeros FIB, aquellos en los que ver un concierto en un lugar privilegiado no era un suplicio. También nos recordó un poco a Paredes de Coura, por el entorno en el que se sitúa, y por el tipo de gente y ambiente que nos encontramos (y precio, 50 €!). El Festival alberga cuatro escenarios, Scena mBank (principal), Scena Leśna (segundo en capacidad), Trójkowa Scena Prezydencji (carpa dedicada principalmente a música electrónica) y Scena Eksperymentalna T-Mobile Music (pequeña carpa para otras músicas). Estos se sitúan alrededor de una pequeña zona central dedicada a comida y bebida (salchichas y cerveza principalmente, claro) y tiendas variadas. Lo peculiar de esta zona, y primera vez que nos lo encontramos, es la no posibilidad de sacar ni comida y ni bebida de ella. De este modo, no puedes disfrutar de los conciertos acompañado de una simple cerveza (por cierto, única bebida alcohólica a la venta), y si te la pides, a veces te toca bebértela deprisa y corriendo. Algo extraño, pero todo es cuestión de adaptarse. A favor ya encontramos otras cosas.

En general, el festival se vive de manera bastante diferente a como ocurre en los festivales españoles. Todo es muy tranquilo, pausado. A veces algo frío. Pero ellos son así. España es cachondeo, drogas, avalanchas, locura y calor. Polonia es tranquilidad, cerveza, orden, limpieza, respeto y frío, incluso en agosto. Dos maneras de vivir y de disfrutar de la música.

DÍA 5.

La primera toma de contacto con el festival llegó a cargo de MESHUGGAH, en el escenario Scena Leśna. Metal competente y contundente para abrir boca y recordarnos que por estos lares el metal es muy apreciado y no hay problema para hacerle un hueco en el festival. De hecho la respuesta del público lo rubrica. Uno de los conciertos con mayor afluencia en dicho escenario.

THE JON SPENCER BLUES EXPLOSION (Scena Leśna): Ya han pasado muchos años (FIB 99) desde la única vez que pudimos disfrutar del trío encabezado por el peculiar Jon Spencer. Otro por el cual parecen que no pasan los años, manteniendo la energía de un adolescente. Trío hecho por y para el directo, ya me sorprendieron con su brutal espectáculo en el FIB. A día de hoy, siguen mostrándonos las virguerías que se pueden llegar a hacer con dos guitarras y una batería. Repasaron lo más importante de su repertorio, entre ellas, “Sweat”, “Bellbottoms”, “Afro” y “Chicken Dog”. Únicos y sin tregua.

De aquí, nos dirigimos al primer concierto en el escenario principal, Scena mBank (patrocinio omnipresente el de este banco en todo el festival) con muchas expectativas que luego no fueron tantas para unos MOGWAI avalados por su “Hardcore Will Never Die, But You Will”. No fue ni mucho menos el concierto del festival. Tardaron demasiado en conseguir un buen sonido y en aparecer las grandes canciones. Aún así pudimos disfrutar de una gran “2 Rights Make 1 Wrong”. Con “Mexican Gran Prix” abandonamos el concierto en busca de Low. Posiblemente nos perdiéramos lo mejor.

De vuelta a Scena Leśna con LOW. Nunca fallan, y esta ocasión no iba a ser menos. Primera vez que los vemos en versión cuarteto y creo que es un acierto. Alan y compañía siguen siendo una debilidad. Su guitarra y voz, junto con la de Mimi Parker son una auténtica maravilla. Desde clásicas como “Monkey” a nuevas como “Nothing But Heart”, “Try to Sleep” o “See You Everything”. Para finalizar, “Murderer”, con un gran respeto por parte de los presentes. A la cama con los pelos de punta.

DÍA 6.

Segundo día, en el que los protagonistas fueron Gang of Four y Primal Scream. Nos arrepentimos de no llegar antes a Xiu Xiu y malgastar nuestro tiempo con Destroyer. Una lástima perdernos Blonde Redhead.

GANG OF FOUR (Mbank): A la par de Wire o The Fall, con sus principales componentes sobrepasando los 50 años, el grupo de Jon King y Andy Gill sigue en forma y sin pasar de moda, y con una energía envidiable para esas edades. A veces hipnóticos, a veces agresivos, siguen teniendo un gran directo. Ya nos dejaron un fantástico sabor de boca en 2006, justo antes de la llegada de los nuevos componentes, Thomas McNeice y Mark Heaney, los cuales han encajado perfectamente en la maquinaria. “Not Great Men” (con bailes convulsivos de Jon), ”Ether”, “A Fruitfly in The Beehive” (de lo mejor de su último disco), “Anthrax” (fantástica la guitarra de Andy Gill y sus continuos acoples), “What We All Want” o “To Hell With Poverty” fueron parte del repertorio.

DESTROYER (Scena Leśna): Poco que decir del grupo liderado por Dan Bejar, al que pudimos presenciar durante algunos temas pero sin mucho éxito. No llegamos a conectar con sus canciones, un tanto sencillas. Rodeado de músicos muy jóvenes, con muy buenas intenciones, pero poco efectivos en el directo, preferimos acercarnos a ver algo de XIU XIU. Casi al final de lo que parece que pudo ser un gran concierto en Scena Eksperymentalna T-Mobile Music, el dueto tenía encandilado al respetable. Solo pudimos disfrutar de un par de temas, suficientes para arrepentirnos de no haber llegado antes.

PRIMAL SCREAM (Mbank): Supongo que no volveremos a encontrarnos con la oportunidad de disfrutar de un grupo de la talla de Primal Scream a poco metros de la primera fila en un escenario “gran formato” sin sufrir ningún tipo de empujón o inclemencia por parte de los asistentes. Aprovechamos la ocasión y sentimos el calor e hipnotismo de su gran “Scremadelica”. Unos Primal Scream más rockeros y psicodélicos, aunque algo menos contundentes que en ocasiones anteriores. Una cosa es “Scremadelica” y otra “Xtrmntr”. Y aquí tocaba centrarse en el primero de ellos, mas algún escarceo a “Give Out But Don't Give Up” y “Riot City Blues”. Lo dicho, esta vez tocaba más rock y menos electrónica. Comenzaron con “Movin' On Up”, Bobby al frente con sus inseparables maracas. Fantástica para abrir boca con un sonido perfecto desde las primeras notas. Le siguieron entre otras "Don’t Fight It, Feel It”, donde la cantante que hace las voces (desconozco su nombre), cogió el protagonismo del escenario con gran energía y aportó un toque diferente. Con “Higher Than The Sun” llegaron los Primal Scream más psicodélicos, musical y visualmente, y para mí, uno de los momentos de la noche. Con “Loaded” volvió la energía, con un Gillespie que intentaba con sus extraños bailes motivar a un público excesivamente frío, y con “Come Together” la culminación. En los bises, “Country Girl”, “Jailbird” y “Rocks” fueron perfectas para un gran cierre. Siempre a gran altura.

DÍA 7.

Los peores presagios se cumplieron, y la amenaza de lluvia se hizo realidad para el día más completo del festival. Aún así, no fue impedimento para que presenciásemos grandes conciertos. Uno de ellos fue LIARS (Mbank) (sacrificamos muy a nuestro pesar a Anna Calvi por coincidencia en horarios), a los que por causa de la dichosa lluvia, no pudimos disfrutar en su totalidad del bestial directo de estos músicos tan peculiares. “I Can Still See an Outside World” y “The Other Side of Mr. Heart Attack” fueron la pausa. “Plaster Casts of Everything”, “Be Quiet Mr. Heart Attack” y “Broken Witch” la locura y el caos. Otros que ganan mucho en el cara a cara.

Aprovechando la proximidad del Scena Eksperymentalna T-Mobile Music al escenario principal donde actuarían Deus, aprovechamos para echar un vistazo a ONEIDA. Solo dio tiempo a “The Adversary” con las dos baterías en pleno rendimiento. La carpa a reventar. Menos es nada. Deus llamaba.

DEUS (Mbank): Fue el concierto del festival. La lluvia, en algunos momentos torrencial, no nos privó de los belgas, y dotó de carácter épico a algunas de sus mejores canciones y al concierto en general. Supongo que estuvo en más de una ocasión a punto de suspenderse, con un Klaas Janzoons que ya no sabía qué hacer para proteger los teclados. Finalmente, nos les quedó más remedio que arriesgar, viendo como el público aguantaba de manera heroica. Como en el concierto de Primal Scream, nos sentimos privilegiados de poder disfrutar tan cerca de este gran espectáculo, de nuevo, con un gran sonido de principio a fin. “Slow” para calentar y “Sun Ra” para echar a rodar definitivamente. “The Architect”, “Constant Now” de su último disco “Keep You Close”, y los grandes momentos con “Instant Street”, “Bad Timing” (la lluvia sin dar tregua) o “Favourite Game”, fueron algunos de los temas que sonaron. Acabamos calados, pero mereció la pena por tan grandioso espectáculo.

Buscando refugio lo antes posible de nuevo en Scena Eksperymentalna T-Mobile Music nos encontramos con KONONO N.1. Sonidos africanos dando un poco de calor a la fría noche con una gran aceptación por parte del público polaco.

PUBLIC IMAGE LTD.: Otra ración de post-punk. Llegó la hora de John Lydon, para mí Johnny Rotten, y la lluvia nos dejó un respiro (según Rotten, gracias a ellos). Apenas conocía al cuarteto y no espera mucho, conociendo el talante de su cantante, pero me sorprendieron en varios momentos. Mucho más sólidos de lo esperado. La contundente voz de Rotten (curioso lo del atril para la lectura de las letras), junto con la fantástica labor de Keith Levene, fueron suficientes argumentos para convencernos. “(This Is Not A) Love Song”, todo un clásico para comenzar. “Home”, “Albatross”, y una fantástica “Warrior”, grabada en la memoria como uno de los grandes momentos del festival. Para el final, “Rise” y para cerrar definitivamente, “Open Up”. Lo dicho, mejor de lo esperado. Esto se acaba.

SEBADOH: Con un escenario semivacío, observamos a Lou Barlow y compañía sentados pacientemente en el escenario esperando la hora. Es el momento, el trío se encamina, y comienza con tranquilidad: “On Fire”. De momento, Lou a la guitarra y voz, y Jason al bajo. Bob, siempre a la batería. “Ocean”, y con “Magnet’s Coil” (una de las favoritas, de tantas) aparecen los Sebadoh más potentes. Toca cambio: Lou coge el bajo y Jason ahora es guitarra y voz. Prefiero este formato. Lou le saca un sonido al bajo realmente especial y pesado. “Rebound”, “Skull” (otra de esas), y con “Careful” el frío y la lluvia nos hacen abandonar definitivamente, pero con un gran sabor de boca.

Lo dicho, a pesar de la lluvia.


Sentimos no haber contado contigo. Esperemos no fallar a la próxima.

JR



04 diciembre 2011

DISCOS

LAURA MARLING. A Creature I Don´t Know.
 
La herencia de Joni Mitchell.
 
A esta jovencita inglesa, amante de Bob Dylan y Neil Young, la conocimos por casualidad. Gracias a su amistad y colaboración con otro joven talento de las islas: Johnny Flynn. Fue a través de “I Speak Bacause I Can” (2010), un disco magistral, impropio de una casi niña, maduro como un roble. Ahora nos llegan nuevas canciones, recogidas en este “A Creature I Don´t Know” (2011), donde Marling sigue mostrando las formas sutiles, adultas y proporcionadas de una singer-songwriter con galones. Basta escuchar “The Muse”, una apertura enormemente consistente y juguetona con el jazz, para volver a descubrirse ante una voz que de nuevo evoca a la excelente Joni Mitchell. Hay muchas en su línea, mujeres con estilo e inspiración, brillantes intérpretes que van en serio, que se aferran al pasado plantando los pies con brío en el presente, y ahí está ella, la pequeña Laura, entrando en el club de las voces del futuro, junto a Eileen Jewel, Dayna Kurtz, Dawn Landes, Laura Veirs, Alela Diane o Basia Bulat, entre otras. Amy Winehouse era musicalmente extraordinaria, pero no la única.
 
Sin embargo y en comparación con su antecesor, “A Creature I Don´t Know” no mantiene un nivel constante. Mientras la mencionada “The Muse”, “Don´t Ask Me Why”, “The Beast” y “All My Rage” son bienvenidas al mundo una y otra vez, el disco se atranca en formatos manidos y falta de tensión en momentos puntuales. Aún así la música y la poderosa voz de esta mujer superan la media, animando a izar las velas y emprender otro apasionante viaje atrás en el tiempo. Van unos cuantos, por cierto. Y los que quedan.