09 enero 2011

AGENDA

CONCIERTOS PARA UN MALNACIDO 2011.

Citas del primer trimestre.

Aquí está el 2011. Cumpliendo todas las amenazas. Prohibido fumar en lugares cerrados. Fuera cheque bebé. Fuera ayudas al desempleo. Fuera desgravaciones para vivienda. Subida de energías y carburantes. Endurecimiento de la jornada laboral. Posibles nuevos recortes salariales. Pero nuestros políticos aún se permiten la broma de debatir una nueva ley que, presuntamente, garantizará la libertad y los derechos civiles de todos los españoles. ¿Qué tomadura de pelo es ésta?. Pues sí, el 2011 se avecina duro, y a estas alturas soy incapaz siquiera de imaginar cuánto. Mejor explotar las cosas que aún (de momento) nos dejan hacer, y echar un vistazo a los conciertos que tendremos próximamente en nuestra geografía. Que no me extrañaría que algún día alguien dijera que el rock es machista, insostenible o nocivo para la salud.

Aunque las fechas postnavideñas son dadas a confirmar muchas giras, he aquí un avance para todos los gustos.

FEEDER – Madrid. Caracol. 27 enero.
Barcelona. Bikini. 28 enero.
Bilbao. Kafe Antzokia. 29 enero.

JOANNA NEWSOM + ALASDAIR ROBERTS – Barcelona. Palau de la Música. 20 enero.
Vigo. Centro Caixa Nova. 22 enero.
Madrid. Teatro Lara. 27 enero.

THIN LIZZY + SUPERSUCKERS – Madrid. Joy Eslava. 28 enero.
Baracaldo. Rock Star. 29 enero.
Barcelona. Apolo. 30 enero.

GOODSPEED! YOU BLACK EMPEROR – Barcelona. Apolo. 29 enero.
Madrid. La Riviera. 31 enero.

HEAVY TRASH – Barcelona. La (2). 1 febrero.
Madrid. El Sol. 3 febrero.

BAND OF HORSES – Madrid. Heineken. 8 febrero. (AGOTADAS: maldita sea)
Barcelona. Apolo. 9 febrero.

JUNIP (en la foto) + WOOD PIGEON – Bilbao. Azkena. 9 febrero.
Madrid. Teatro Lara. 10 febrero.
Barcelona. Razzmatazz. 11 febrero.

HURTS – Barcelona. Apolo. 12 febrero.
Madrid. Joy Eslava. 13 febrero.

MARK KOZELEK – Madrid. Teatro Lara. 15 febrero.

HERCULES AND LOVE AFFAIR – Madrid. Joy Eslava. 17 febrero.
Barcelona. Bikini. 19 febrero.

WIRE – Madrid. Moby Dick. 17 febrero.
Barcelona. La (2). 18 febrero.

DEAN WAREHAM (plays GALAXIE 500) – Madrid. Teatro Lara. 24 febrero.

LES SAVY FAV – Madrid. Rock Kitchen. 4 marzo.
Barcelona. Bikini. 5 marzo.

JOAN AS POLICE WOMAN – Barcelona. Apolo. 9 marzo.
Valencia. El Loco. 10 marzo.
Madrid. Joy Eslava. 11 marzo.

WHITE LIES – Barcelona. Apolo. 15 marzo.
Madrid. Heineken. 16 marzo.

THE GO! TEAM – Valencia. Mirror. 30 marzo.
Madrid. Joy Eslava. 31 marzo.
Barcelona. Razzmatazz. 1 abril.

Por su parte, el grueso de los festivales gordos también ha empezado a mover ficha desde muy tempranas fechas. He aquí algunas de las confirmaciones anunciadas por los dos gordos entre gordos.

PRIMAVERA SOUND 2011: Animal Collective, Ariel Pink´s Haunted Graffitti, Belle and Sebastian, Broadcast, Comet Gain, Emeralds, Fleet Foxes, Gang Gang Dance, Grinderman, Half Japanese, John Cale & Band, Julian Lynch, Mercury Rev, Mogwai, Papas Fritas, Pulp, Salem, Suicide, Swans, The Fiery Furnaces, The Flaming Lips, The National, The Walkmen, Twin Shadow, etc.

FIB 2011: Arcade Fire, Arctic Monkeys, Beirut, Elbow, Friendly Fires, Portishead, Primal Scream, The Strokes, etc.

Seguiremos informando. Si nos dejan.

07 enero 2011

CANCIONERO

STEALERS WHEEL. Stuck In The Middle.

El año 2011 nos ha recibido con la noticia de una pérdida irreversible: la del escocés Gerry Rafferty, autor (en este caso, co-autor junto a Joe Egan) de canciones tan notables como este clásico entre clásicos. Stealers Wheel fue una de las bandas de militancia de este brillante compositor de la década de los setenta, y su álbum “Stealers Wheel” (73) uno de esos discos injustamente escondidos entre las sombras de otras referencias mucho más comerciales y pomposas. Brindemos un homenaje póstumo recuperando esta gema. Una letra que podría expresar el sentimiento de una noche cualquiera en cualquiera de nuestros bares (autocráticamente liberados de humo).

STUCK IN THE MIDDLE

Well I don't know why I came here tonight
I got the feeling that something ain't right
I'm so scared in case I fall off my chair
And I'm wondering how I'll get down the stairs
Clowns to the left of me, jokers to the right
Here I am, stuck in the middle with you.

Yes I'm stuck in the middle with you
And I'm wondering what it is I should do
It's so hard to keep the smile from my face
Losing control, yeah I'm all over the place
Clowns to the left of me, jokers to the right
Here I am, stuck in the middle with you.

Well you started out with nothing
And you're proud that you're a self-made man
And your friends they all come crawlin'
Slap you on the back and say 'Please, please.'

Trying to make some sense of it all
But I can see that it makes no sense at all
Is it cool to go to sleep on the floor
Well I don't think I can take anymore
Clowns to the left of me, jokers to the right
Here I am, stuck in the middle with you.

05 enero 2011

REPORTAJES

2010: DESPEDIDA Y CIERRE.

Recapitulando los discos del año (parte 2).

Y aquí está la segunda parte de los discos que en 2010 pasaron por nuestras orejas. Alguno se queda en el aire, pero el tiempo y las ganas no dan para más. Se recuerda: esto no es una lista con lo mejor del año, de esas que han aflorado en las últimas semanas como setas tras un día lluvioso. Solo es una forma de concentración y archivo. La oportunidad de revisar la música atrapada en los últimos doce meses. Simplemente eso.

BAND OF HORSES. Infinite Arms.
Vuelta a las andadas. Como ya hicieran con “Everything All The Time” (2006) y “Cease To Begin” (2007), la banda de Seattle realiza otra brillante maniobra en su manejo del prisma de los tiempos. Otro disco de inspiración setentera pero perfectamente encuadrado en el presente. Generoso en canciones nuevas pero familiares, sencillas pero intensas, concretas pero evocadoras, todas ellas bien conducidas por la calurosa voz de Bren Bridwell. Agrada su parte más íntima y bucólica (“Factory”, “Infinite Arms”, “Evening Kitchen”), pero también la más indie y suntuosa (“Laredo”, “Dilly”, “Nortwest Apartment”). Un disco que no pasará a la historia ni copará ninguna lista, pero al que merece la pena dedicar una escucha más.

BROKEN SOCIAL SCENE. Forgiveness Rock Record.
Tras largo tiempo enfrascados en proyectos personales de diferente atractivo, Kevin Drew, Brendan Canning y compañía se reunían de nuevo para traernos este “Forgiveness Rock Record” (2010). No nos engañemos: solo es un disco de rock en momentos puntuales. Otra demostración de estilismo sónico, atmósferas sobrecargadas, batiburrillo de instrumentos y mezcolanza de géneros. Comienza fuerte (“World Sick”, “Texico Bitches” o “Forced to Love” son tremendas) para sumirse en una depresión profunda, con salvedades como la deliciosamente triste “Sweetest Kill”, el hercúleo instrumental “Meet Me In The Basement” o la rockerísima “Water in Hell”.

DR. DOG. Shame, Shame.
A Dr. Dog los conocimos de boca de Jeff Tweedy: el líder de Wilco confesaba tenerlos entre sus bandas favoritas. Y escuchando su música la cosa cuadra: notables similitudes con Wilco en su vertiente más country, evidente en cortes como “Station”, “Someday” o “Jackie Wants a Black Eye”. Y no son precisamente estos los mejores temas del disco; el honor se lo llevan “Shadow People”, “Unbearable Why” o “Shame, Shame”. Álbum lúcido y divertido en su conjunto, atestado de momentos risueños y saltarines. Los de Philadelphia no son solo un nombre más dentro de la retahíla de nuevos grupos con sonido americano. Pueden abrazar otras formas (blues, easy listening, pop), transformándose en lo que quieran. Incluso en The Beach Boys.

EFTERKLANG. Magic Chairs.
Por curiosidad o por piedad, por el incesante cacareo mediático a su favor o quizá por su relación con Peter Broderick y su hermana Heather, dedicar atención a estos daneses se convertía en tarea obligada en 2010. Normal que ciertos sectores de opinión los enaltezcan con tanto ahínco, pues “Magic Chairs” (2010) se cuelga todas las etiquetas de moda: afro indie, nu folk, math rock y un poco de electro. Y aunque envolver el pastel con pianos y violines sea a priori una idea pelotuda, al final el tic modernista doblega la solemnidad de un frenesí clásico que solo está de paso. Un propósito arriesgado y puede que original, pero sin dirección. Demasiado de todo y mucho de nada.

GIANT SAND. Blurry Blue Mountain.
Howe Gelb es otro de esos tipos que hacen de la música su sustento cotidiano. Dos discos en un año: tras la mundanal colaboración con Raimundo Amador y su “band of gypsies” en “Alegría” (2010), llegaba este nuevo trabajo (¿y van..) de Giant Sand. Sin salirse de sus marcas, Gelb vuelve a refinar las líneas del blues, el jazz y el country and western. Y siempre fiel a ese sonido hueco e inconfundible, fabricado a base de contrabajo, escobillas y guitarras punteadas con la agilidad de un mago. Su excelencia alcanza momentos de película en “Monk´s Mountain”, “Ride The Rail”, “Better Man Than Me” o la explosiva “Thin Line Man”. Un disco enorme. Para escuchar tumbado en el sofá, con el sombrero de ala ancha sobre la cabeza.

JOHN GRANT. Queen of Denmark.
¿No es un crimen haber descubierto tan tarde lo bien que canta este tipo?. Que ya lo hacía de maravilla al frente de los pastorales The Czards. “Queen of Denmark” (2010), además de su estreno en solitario, es un salvoconducto vital, el testimonio de la liberación encontrada tras haberlas pasado canutas. Una muestra de pop gallardo y acrisolado, con pequeños flashes operísticos, rapsódicos y vodevilescos, grabado al amparo de sus amigos (¿y salvadores?) Midlake. Difícil resistirse a la cegadora luz que emana de “TC And Honeybear”, “Marz” o “Chicken Bones”. Por no hablar de la conmoción que supone la elegíaca “Queen of Denmark” al final del disco. Una noble forma de expulsar demonios.

LAURA MARLING. I Speak Because I Can.

La jovencísima Laura Marling, igual que su colega Johnny Flynn, pertenece a una nueva casta de músicos británicos: hornada de veinteañeros borrachos del sonido americano. Detrás de un título tan fulminante se esconde una colección de diez canciones valiosísimas, 100% pureza folk. Instrumentos acústicos de cuerda acompañan una voz femenina que convence al más pintado, con letras que merecen una profunda reflexión. La corpulencia de la inicial “Devil´s Spoke” se diluye a continuación en temas mucho más ligeros, aunque a “Rambling Man”, “Alpha Shallows” y “Darkness Descends” tampoco les falta enjundia. Como Joni Mitchell o Judy Collins en su día. O como Alela Diane o las hermanas Söderberg (First Aid Kit) en la actualidad.

MASSIVE ATTACK. Heligoland.
Qué duro e interminable ha sido el parto de este disco. Tras siete años de espera Robert del Naja y Daddy G presentan su nuevo álbum en medio de opiniones encontradas. “Heligoland” (2010) es un auténtico desfile de celebridades, pero totalmente aséptico. A las aportaciones habituales de Horace Andy y Martina Topley-Bird se unen las de Tunde Adebimpe (TV On The Radio), Hope Sandoval, Guy Garvey (Elbow) o Damon Albarn. Ni por esas. Solo “Pray for Rain” y “Girl I Love You” mantienen algo de la esencia e identidad de los Massive Attack que nos conquistaron años ha. Aunque la era del trip hop pasó, era difícil pero no imposible: Portishead lo consiguieron.

PETER BRODERICK. How They Are.
La primera toma de contacto con el prolífico y virtuoso Peter Broderick no ha podido ser más anecdótica a la par que espeluznante. Disco de tránsito y grabación casera, “How They Are” (2010) no necesita más de siete movimientos para convencer. Conjugando sus facetas popular y académica con incuestionable acierto, Broderick regala misterios a capella (“Sideline”), pasajes de folk intimista (“Guilt´s Tune”, “Hello to Nils”) y solos pianísticos que ponen la carne de gallina (“Human Eyeballs on Toast”, “When I´m Gone”, “Pulling The Rain”). Si Nick Drake levantara la cabeza, lo adoptaría. Pequeña gran obra. Pequeño gran músico.

PHOSPHORESCENT. Here´s To Taking It Easy.
Y aquí tenemos a otro músico fascinado por lo añejo. Bajo el influjo de Gram Parsons o The Band, Matthew Houck ha alumbrado un inmaculado tratado de country rock contemporáneo. Un disco con sabor a campos de maíz, a brisa sureña y camisas de franela, que disipa cualquier duda genérica en su contundente obertura, “It´s Hard To Be Humble (When You´re From Alabama)”. Canciones que, sin excentricidad ni heroicidad impostadas, exhortan una pureza y sencillez en hora bajas. Como ejemplos notables, “Nothing Was Stolen (Love Me Foolishly)” y “I Don´t Care If There´s Cursing” merecen un monumento en el corazón de Nashville, con permiso del hipnótico y embriagador mantra de “Hej, Me I´m Light”. Superior.

SUFJAN STEVENS. The Age of Adz.
La cosa ha quedado clara: Sufjan es un artista sin reglas. Sus intenciones faraónicas de levantar la gran pirámide devienen en un disco de resultado incómodo, un malhadado roce con los Radiohead de “Kid A”, el Beck de “Odelay” o las pintorescas nanas de Owen Pallett. Y es que puede que lo de cortar y pegar, loopear y samplear no sea lo suyo. Con sus anteriores entregas quedó claro que lo suyo es el folk, aunque ahora se empeñe en emponzoñarlo con experimentos visionarios. En un río tan revuelto es difícil pescar: solo hay género fresco en “Futile Devices” y “Vesuvius”. El resto es un reto solo apto para muy aventureros.

THE BESNARD LAKES. The Besnard Lakes Are The Roaring Night.
La espectacularidad con que comienza este disco (las dos partes de “Like The Ocean, Like The Innocence”) alimenta el sueño de la gran obra progresiva de este siglo, siguiendo la estela venerable de Yes o Pink Floyd. Pero la ilusión decae a la mitad de “Chicago Train” y se esfuma definitivamente en “Albatross”. Un quiero y no puedo, pese a la elaborada producción y la originalidad vocal de Jace Lasek y Olga Goreas. Mucho mejor aquel “The Besnard Lakes Are The Dark House” (2007), menos bombástico pero más audible. Aún así, han conseguido hilvanar un hito, posiblemente la canción del año: “And This Is What We Call Progress” es abrasiva, aplastante y adictiva hasta decir basta.

THE FALL. Your Future Our Clutter.
Es evidente que a estas alturas The Fall ya tienen poco que ofrecer. Y sin embargo, Mark E. Smith se resiste a arrojar la toalla. Hace bien. Porque aunque sus discos (contados por decenas) contengan repeticiones de actos ya vividos, siempre está esa canción que arranca los motores, conecta los circuitos y pone la materia en órbita. “O.F.Y.C. Showcase”, “Mexico Wax Solvent”, “Hot Cake” o “Chino” parecen concebidas para resucitar a los muertos; son el núcleo duro de un álbum modesto dentro de su potestad, pero lleno de energía punkarra y combativa. Algo muy necesario en estos jodidos tiempos de conformismo.

THE NATIONAL. High Violet.
Paso a paso, haciendo solo el ruido necesario, The National se han ganado un nombre en la escena del rock indie actual. “Alligator” (2005) y “The Boxer” (2007) ya apuntaban que lo suyo es acercar la oscuridad al oído de cualquiera. En su último trabajo consiguen consolidar su personal muro de sonido, latente en temas como “Terrible Love” o “Little Faith”. La hierática voz de Matt Berninger aporta todavía más negrura a canciones con vocación de resucitar la new wave; “Anyone´s Ghost”, “Afraid of Everyone” o “Conversation 16” están a las puertas de conseguirlo. Y atención a los ritmos de batería que sostienen muchos de los cortes, especialmente rutilantes en “Lemonworld” y la mencionada “Afraid of Everyone”. Nada que objetar.

THE VASELINES. Sex With An X.
Que Eugene Kelly y Frances McKee están estupendos ya quedó claro en el Primavera Sound 2009. Solo les faltaba volver a la senda creativa y engordar ese legado, escaso pero efervescente, que los ha convertido en una banda de culto. Llegó el momento. Y qué momento tan ideal: su nuevo disco rebosa ironía, salud e inspiración. Rebosa letras traviesas sobre el amor, la religión, la vejez y los clichés sociales. Rebosa energía power pop y melodías guitarreras febriles. Rebosa estribillos contagiosos. “Ruined”, “The Devil´s Inside Me”, “Overweight But Over You”, “Poison Pen” o “Whitechapel” quedan a la altura de sus mejores éxitos, aquellos que encandilaron a Kurt Cobain. Que la rueda siga girando.

TWIN SHADOW. Forget.
Tras el alias Twin Shadow se esconde la figura de George Lewis Jr., un dominicano afincado en Brooklyn con la cabeza en los años ochenta. Su debú, producido por Chris Taylor (Grizzly Bear), es un sucinto y ejemplar homenaje al synth-pop, con canciones que, como “Tyrant Destroyer”, “Yellow Balloon” o “Slow”, embrujan y enganchan. Un disco que salva las fechas de caducidad con elegancia, haciéndole acreedor de comparaciones que sonrojarían a cualquiera. La sombra de David Bowie es alargadísima en la apetitosa “When We´re Dancing”, pero no la única: Depeche Mode, The Human League, David Byrne, Roxy Music o Ultravox también pululan por ahí. Una alegría para nostálgicos.

27 diciembre 2010

REPORTAJES

2010: DESPEDIDA Y CIERRE.

Recapitulando los discos del año (parte 1).

Como todos los años por estas fechas, aquí llega el pertinente trabajito de Navidad. Un minucioso ensayo que incorpora la revisión, previa audición compulsiva, de aquellos discos editados en 2010 que no tuvieron un hueco en el apartado correspondiente. En líneas generales, el 2010 no ha sido un año muy boyante. Pocos discos deslumbrantes, cuantiosas decepciones, algunos resbalones. ¿O quizá unas exigencias que crecen de manera exponencial?. ¿O quizá que cada vez hay menos sangre en las venas?. Pese a todo, es una pena pasar de largo. El sombrío y cataclísmico 2010 pide a gritos un final decente. Así que allá vamos.

!!!. Strange Weather, Isn´t It?.
Las múltiples y significativas bajas de los últimos tiempos han hecho mella en el combo de Sacramento. De su jefatura como reinventores del rock bailable ya no quedan ni las raspas. Los síntomas de agotamiento se hacen alarmantes en este álbum, vacío, lineal y con mínimos momentos de gloria. Solo el estribillo de “The Most Certain Sure” y los guiños funky de “Jamie, My Intentions Are Bass” salvan de la quema una entrega condenada al montón de los prescindibles. ¿Dónde están las fabulosas sombras de Can y Liquid Liquid?. Aniquiladas, parece.


ARCADE FIRE. The Suburbs.
A muchos kilómetros del notable “Neon Bible” (2007) y a años luz del espectacular “Funeral” (2004), el disco a priori más laureado del año es un movimiento sin fuelle. Y no precisamente por cantidad: dieciséis cortes se agradecen, cuando lo común hoy por hoy es plantarse en nueve. Pese a todo, aquí falta algo: la pegada de antaño, el punch irrefutable, el viejo desorden. Ha habido un trueque entre su personalidad más felina y el vicio de la perfección. El resultado es mediocre, anquilosado, lleno de obviedades y con un incómodo tufillo a pop comercial. Si no fuera por la exquisita “The Suburbs” y el latigazo punkarra de “Month of May”, ni valdría la pena el esfuerzo de unas líneas.

AVI BUFFALO. Avi Buffalo.
Han sido uno de los descubrimientos del año. Por marcarse un gran debú, aunque el sobresaliente del principio se deslice por una suave pendiente hasta un notable final. Por ese pop de encaje de bolillo con contoneos hacia el folk, la americana o el rock atmosférico. Y no son canadienses, pese a acercarse bastante a la tipología de sonidos de aquel país. Maravillas como “Truth Sets In”, “Coaxed” o “One Last” ya valen el disco entero. Igual de brillantes son haciendo espirales con las melodías como pintando estribillos tan accesibles como el de “What´s In It For?”. Mentira parece que sean tan jóvenes. El dulce porvenir.

CARIBOU. Swim.
Daniel Victor Snaith ya flirteaba discretamente con la electrónica en sus anteriores trabajos, pero en este “Swim” (2010) se desposa con ella definitivamente. Encajado en muchos de los top de fin de año por sorpresa, no pasa de ser un tratado más que correcto de música de baile. Canciones como “Odessa”, “Sun” o “Found Out” llevan colgada la vitola de joyas del género, pero hay otras que solidifican en el oído como el cemento. El bizarrismo y la inquietud desplegados en “The Milk of Human Kindness” (2005) o “Andorra” (2007) han abdicado, cediendo el trono a otro clon de Royksopp o Hot Chip.

DEERHUNTER. Halcyon Digest.
La capacidad de creación de Bradford Cox está alcanzando ya cotas que asustan. Y con su proyecto madre ha vuelto a dar certeramente en la diana. El espectacular comienzo con la lisérgica “Earthquake” apunta al cielo. Y en el mismo queda situado el que quizá es su disco más cohesionado, sesentero y, haciendo honor al título, digestivo. Como siempre, hay canciones que no admiten réplica: “Revival”, “Desire Lines”, “Helicopter” y “Coronado” serían las estrellas de este nuevo firmamento. Y después de un atracón bendito llega el postre con la delicatessen “He Would Have Laughed”, dejando el cuerpo mucho más que satisfecho. Sin rival.

JEREMY JAY. Splash.
Por tercer año consecutivo y gracias a su fertilidad, Jeremy vuelve a aparecer en el resumen de discos del año. Más liviano que sus antecesores, aunque de sonido más nítido y guitarrero, “Splash” (2010) vuelve a contonearse por los bulevares del pop de los ochenta y la new wave. La escasez de recursos es de nuevo el santo y seña, y Morrisey y Jonathan Richman sus honorables mentores. “Just Dial My Number”, “It Happened Before Our Time” y “Splash” vierten su jugo, pero no deja de ser la misma cantinela. Ideas que en su día nacieron como buenas pero que no son eternas. Un disco que empieza insuflando grandes esperanzas y acaba con el motor a medio gas.

JOHNNY FLYNN. Been Listening.
Sin duda, uno de los discos del año. Poeta, actor y cantautor, el londinense alcanza en su segundo trabajo una madurez insultante. Canciones que beben del country, del R&B, de la música irlandesa, que evocan a Paul Simon (“Kentucky Pill”), a Johnny Cash (“Agnes”, “The Prizefighter and The Heiress”), a The Pogues (“Sweet William, pt 2”) o a Tom Waits (“Howl”). Ukeleles, pianos, vientos y violines adornan unas canciones mágicas, con la extraordinaria lírica y la voz de Flynn levantándose poderosas, amenazantes e invencibles. Y los dúos con Laura Marling (“The Water”, “Amazon Love”) son pura miel en los labios. Rotundo y soberbio trabajo.

JULIAN LYNCH. Mare.
He aquí otro alquimista del sonido. Comparado con creadores de su generación como Noah Lennox o Sufjan Stevens, son más bien los insondables universos de Jim O´Rourke o Bark Psychosis los que expelen el hálito sobre este trabajo. Para el músico de Nueva Jersey todo vale: folk por acá, drones por allá, ritmos étnicos por acullá, un pellizco de electrónica, una pizca de jazz. Arriesgadísima propuesta donde la palabra no pinta nada, solo la textura, alcanzando cotas cenitales en “Just Enough” o “Ruth, My Sister”. Una defensa estoica de la indefinición y el collage. Disco de arte y ensayo para mentes sin fronteras.

LCD SOUNDSYSTEM. This Is Happiness.
Dicen que este quizá sea el álbum despedida de James Murphy como LCD Soundsystem. Si ello se confirma, a sus espaldas queda una radiante trilogía basada en el arte del pastiche. “This Is Happening” (2010) podría ser el honroso epitafio a una vida de fusión de estilos y homenaje a ídolos, pues pocos han conseguido reunir el dance y el rock en una misma cosa con tanta brillantez. Y si esto es un supuesto adiós, ¿para qué cambiar los argumentos?. Murphy aniquila el factor sorpresa para ofrecer más de lo mismo. Canciones que, como “Drunk Girls”, levantan sospechas de plagios ajenos o que, como “I Can Change” o “Pow Pow”, refrescan la memoria de los viejos éxitos propios.

MAIKA MAKOVSKI. Maika Makovski.
Oportunidad nacional. Que no es oro foráneo todo lo que reluce, y a veces nuestras puertas se abren para dejar entrar la luz. La producción de John Parish es todo un regalo, un lujo al alcance de pocos. Las comparaciones con PJ Harvey (por relaciones) o Patti Smith (por alusiones) quizá pesen a la mallorquina, pero son inevitables. Sus acercamientos al weird folk (“Friends”), el pop (“City Life”) o el country (“The Bastard and The Tramp”) son toda una delicia, pero la Maika más grande es la que hace ruido. Como el ruido de “Lava Love”, “Ruled by Mars” o “No Blood”, haciendo arder los oídos. Nada que envidiar a sus (presuntas) maestras.

MENOMENA. Mines.
Con las expectativas cotizando por las nubes, los de Portland ponían en la calle la continuación de aquel majestuoso “Friend and Foe” (2007) haciéndose de rogar. Pequeña decepción. Su nueva entrega no alcanza ni de refilón la contundencia de sus anteriores trabajos, y el remonte que se atisba a partir de la categórica “Bote” no es más que un mero espejismo. En “Taos” o “Lunchmeat” aparecen sombras de aquellos Menomena minuciosos y tangenciales, pero los Menomena de hoy son más soft, más predecibles y menos sorprendentes. Pena, penita, pena.

NEIL YOUNG. Le Noise.
El abuelo regresa a las andadas. Ha vuelto a hacer lo que le ha dado la gana. Que no es otra cosa que un disco a su manera: un micro, un amplificador y una guitarra. Así nace su trabajo más desnudo, crudo y frugal, posiblemente su obra shoegaze. Obra que a muy pocos ha convencido pero que no busca excusas. De la música de Young siempre se pueden sacar restos de petróleo, aunque el pozo no rebose. “Walk With Me”, “Someone´s Gonna Rescue You” o “Angry World” son grandes, aunque podrían ser gigantes con un respaldo completo. Las acústicas “Love and War” y “Peaceful Valley Boulevard” no incomodan, pues son la misma voz de la historia. Riesgos asumidos en época de vacas flacas. Pura valentía.

SHEARWATER. The Golden Archipielago.
Para muchos, el otro grupo de Jonathan Meiburg (ex Okkervil River) no es más que un sucedáneo barato de Radiohead. Pero qué va, hombre: “The Golden Archipielago” es un viaje temático de lo más entretenido. Sonido épico, inmaculado y perfectamente calibrado para un disco que se mueve entre el folk, el rock fronterizo, el rock gótico, la música de cámara o el ambient. Canciones que van de lo íntimo a lo intenso, escaparate perfecto para el lucimiento vocal del protagonista. Lo mejor: el puntillo arenoso a lo Calexico de “Landscape at Speed” y el vahído frenético a lo Nick Cave de “Corridors”. Y de Radiohead, solo un rastro minúsculo en la postrera “Missing Islands”.

TIM ROBBINS & THE ROGUES GALLERY BAND. Tim Robbins & The Rogues Gallery Band.
Sería injusto tildar la nueva incursión de Tim Robbins en el arte de la canción como oportunista. La ley de la casta y su pasado aficionado lo avalan. Su primer trabajo oficial, bajo la batuta amiga de Hal Willner, clava las raíces en el suelo de sus orígenes: la América profunda y la Irlanda dicharachera dándose un apretón de manos. Hay ráfagas de blues (“Time to Kill”) y sal de taberna (“You´re My Dare” y “Queen of Dreams”), pero el denominador común son las baladas y el reposo de larga duración. En esta aventura apasionante de nuevos vientos y carretera el californiano no está solo: lo acompañan Roger Eno, Kate St. John, David Coulter, Rory McFarlane y la dulce voz de Joan Wasser.

THE CORAL. Butterfly House.
De los muchos palos a los que apuntaban en sus primeros pasitos, ya no hay dudas sobre el posicionamiento definitivo de los de Liverpool: rock psicodélico, soleada California, finales de los sesenta. Darían el pego junto a Crosby, Stills & Nash, Love, Strawberry Alarm Clock o Quicksilver Messenger Service en una fiesta de la época. El desenlace galáctico de “Butterfly House”, la calidez de “Falling All Around You”, el magistral estribillo de “1000 Years” y el riff electrizante de “North Parade” resaltan en negrita, pero el disco es irresistible de principio a fin. Confirmados como maestrillos contemporáneos de lo retro.


Y este es el fin de la primera parte. La semana que viene, más.

15 diciembre 2010

CANCIONERO

THE BYRDS. Eight Miles High.

Si hubiera que elegir un álbum de entre la discografía entera de The Byrds, ese sería sin duda “Fifth Dimension” (66). Por su exuberancia y su carácter pionero. Muchos lo han catalogado como punto seminal de la psicodelia. Dentro del mismo se colaba “Eight Miles High”, grabada previamente como single, último testimonio de Gene Clark como miembro de la banda. La melodía respira entre guitarras retorcidas y asfixiantes: magia potagia. Una canción asombrosa, objeto de acalorados reproches en la época. Todo por sus connotaciones políticamente incorrectas, presunta apología de las drogas. Lean y opinen.

EIGHT MILES HIGH

Eight miles high and when you touch down
You’ll find that it’s stranger than known
Signs in the street that say where you’re going
Are somewhere just being their own

Nowhere is there warmth to be found
Among those afraid of losing their ground
Rain gray town known for it’s sound
In places small faces unbound

Round the squares huddled in storms
Some laughing some just shapeless forms
Sidewalk scenes and black limousines
Some living some standing alone

www.byrds.com

11 diciembre 2010

CONCIERTOS

WOVEN HAND + 7 SEAS DUET. Madrid. Caracol. 9-12-2010.

Apocalipsis now.

Todavía aguantan los ecos de la anterior visita de Woven Hand a la capital madrileña. Su paso por El Sol como parte de la oferta del Primavera Club 2008 hizo tanta sangre, fue tan fogoso y breve que dejó con ganas de mucho más. Pues bien, esta era la ocasión. Y está claro que de ellos no puede esperarse un concierto convencional. Como poco convencionales fueron los teloneros, los griegos 7 Seas Duet, que trajeron a la civilización melodías del Mar Negro y los Cárpatos cocinadas a base de instrumentos tradicionales. Un soplo de aire, de agua y de sol contra vicios y complejidades. Una música desconocida pero terriblemente honesta, aunque muchos confiesen no entenderla. Una apertura muy apropiada para otra música que bebe de las fuentes vivas de la madre naturaleza.

Y lo primero que hay que decir de Woven Hand es que en directo nada tienen que ver con sus grabaciones. Es como si rociaran con gasolina las canciones y les prendieran fuego. Su reciente invitación como banda telonera de Tool empieza a cobrar lógica. Lo segundo que habría que decir es que David Eugene Edwards es un monstruo escénico. Si su papel de poseso es real o fingido no queda claro, ni siquiera importa. Pocos músicos logran transmitir a la audiencia tal cantidad de sensaciones, de miedos, de dudas. Alguien decía a mitad del show “este tío tiene algo que me impide mirar a los demás”. Y es cierto. Aunque los demás sean un complemento intachable, sobre todo Pascal Humbert al bajo y Ordy Garrison a las percusiones, el trance de Edwards es digno de fotografía de portada: sus bocanadas de rabia a doble micro, sus saetas oscuras y declamaciones místicas, sus espasmos terroríficos sobre el taburete y la escenificación teatral de su gran verdad, de los misterios redentores y purificadores de su música.

El notable “The Threshing Floor” (2010) era la excusa de esta gira y como tal lució en la primera parte, tras la potentísima apertura con “Not One Stone”. Un comienzo que ya avanzaba corrimientos de tierras. Y así llegaron “Sinking Hands”, “The Threshing Floor”, “Raise Her Hands” y “A Holy Measure”, despojadas de sus capas de polvo y enfundadas en puro cuero. “His Rest” brilló de manera especial, sin perder su magia espectral pero con las tuercas apretadas gracias al poder de la batería. Y cuando parecía que iba a sonar al completo, ahí se paraban las novedades para devolver la vista atrás, rescatando “The Speaking Hands”, “Tin Finger”, el arpegio absoluto de mandolina de “Kingdom of Ice”, “Whistling Girl” o el brutal hallelujah de “Winter Shaker”. Todo adornado con cameos circunstanciales de los griegos y con intros y puentes que, entre tema y tema, hicieron cabalgar por el desierto de Utah, orar y levitar. Una experiencia íntegra, bestial y apocalíptica. Después solo queda exclamar amén.

www.wovenhand.com

08 diciembre 2010

DISCOS

A JIGSAW. Like The Wolf.

Portugal existe.

La tele es para muchos el electrodoméstico imprescindible. Para otros no deja de ser un objeto casi inservible encima de un mueble. Pero a veces el uso de la tele confiere alguna que otra enseñanza digna de paréntesis. Y conocer a un grupo tan minoritario y atípico como A Jigsaw gracias a la caja tonta es otra curiosidad, otra anécdota de una existencia plagada de casualidades. Vienen de Coimbra, del tan cercano pero tan desconocido (al menos en lo musical) país siamés. Y aunque su primera grabación se remonte a 2004, es su más reciente trabajo la muesca que señala el lanzamiento hacia el fortuito éxito. Un disco publicado el año pasado y reeditado en 2010 con cuatro cortes añadidos.

Fascinados por los sonidos del folk y el blues, “Like The Wolf” (2009/2010) retrata la temática con una perfección severa. Canciones que saben a la América más profunda, pero también más distinguida gracias a la poderosa instrumentación. Banjo, ukelele, violín, cajones, arpa y armonio son solo algunos de los ítems en la cartera de este trío (en ocasiones cuarteto) virtuoso. Buena parte de su sobriedad viene dada por la voz de Joâo Rui, comparada a menudo con la de Stuart Staples. Y es que el espíritu de Tindersticks se aparece puntualmente, fluyendo en temas como el que da título al álbum. Que no es el único espíritu que se da una vuelta por la fiesta: también lo hacen el de Howlin´ Wolf, Tom Waits, Mississipi John Hurt o Giant Sand, entre muchos otros.

Y es que, aunque a las primeras de cambio puedan parecerse a trescientos grupos más (el indie folk está de moda), A Jigsaw son artesanos de su propio sonido. Sería una pena despedir el año sin haber probado el sugerente sabor de “Red Pony”, “Leap of Ignorance” o “My Blood”. Como dato adicional y puente entre culturas, la voz de la norteamericana Becky Lee Walters se une al conjunto en “His Secret” y “Return to Me”. Como deberes para todos, habría que verlos en directo cuando la oportunidad vuelva a presentarse. En el pasado Monkey Week ya dejaron muchas bocas abiertas. De momento podemos contentarnos con la colección de videos “On the Run” (ojo a la versión de “London Calling”) mostrada en su fabuloso blog personal.

http://ajigsawmusic.blogspot.com

24 noviembre 2010

RETROSPECTIVAS

JONI MITCHELL. Blue.

Joyas de los setenta (5ª parte).

Cuando se habla de Joni Mitchell, una imagen de archivo histórico me viene siempre a la cabeza: la de sus súplicas de calma y respeto desde el escenario en el festival de la Isla de Wight. Corría 1970, empezaba una década. Eran los tiempos dorados del folk, de los cantautores conductores de conciencias. Y de artistas que, como ella, se atrevían a declarar sus sensaciones y emociones más profundas, depositándolas sobre el desordenado lecho del mundo en forma de canción.

Cuando se habla de folk, como estilo o como símbolo, “Blue” (71) siempre aparece en las menciones. Un álbum que ha llegado a ser icónico con el tiempo. Una decena de historias interiores que desfilan desnudas, aún así esplendorosas. A Joni nunca le hizo falta ornato y parapeto: solo su voz, una guitarra, su pluma veloz y original. Esa voz divina y no terrena, el dominio insultante de los tonos, las notas de cristal sostenidas en el aire. Y el destello titilante de las seis cuerdas, brillando, oscilando, acelerando, en un modelo de composición que no es típico, ni matemático, ni sencillo. Y aunque a la rubia canadiense siempre se la dibuje sola, sentada, abrazando la cálida madera de su compañera del alma, en este disco destacan por encima de todo los temas edificados al piano. Esa poética y melancólica “My Old Man”, la suave caricia de terciopelo de “Blue”, el embrujo navideño de “River”. Cosa que no hace peores “All I Want” y “Little Green”. Ni tampoco “Carey”, con su tam-tam de frescura africana; o “California”, con su pedal steel de polvo en el camino.

Las tres últimas veces que escuché este disco lo hice en ambientes que le dieron una dimensión etérea: tumbada en la hierba, contemplando las hojas de los árboles en el ocaso de una tarde veraniega; conduciendo de noche por una carretera solitaria; tumbada al abrigo de una manta, con la única luz de una vela. Blue significa azul: el color del cielo, del mar y, casualmente, de este blog. Blue también significa tristeza.

www.jonimitchell.com

21 noviembre 2010

CONCIERTOS

THE PAINS OF BEING PURE AT HEART. Toledo. Círculo de Arte. 19-11-2010.

Calimocho time.

Aviso a los fans acérrimos del grupo de Brooklyn para que no lean esta crónica: puede herir sensibilidades. En boca de todos en el último año y pico, la repercusión mediática y de público de The Pains of Being Pure at Heart se antoja mucho hueso para tan poco perro. Al menos después de asistir a su concierto en Toledo. Su álbum de debú, sin desentrañar primicias sonoras, tenía sus momentos, canciones pegadizas y un regusto ocasional a años ochenta y a Yo la Tengo. La conclusión tras escucharlos fue de hype como un tren de mercancías. La conclusión tras verlos sobre el escenario es que un buen promotor vale más que mil talentos.

Vale, de acuerdo que es difícil que un concierto suene perfecto en el Círculo de Arte. Pero ¿se puede llegar a sonar peor?. Ni grupos nacionales, semiprofesionales o amateurs han sonado tan nefastos en el mismo local. Saturación de bajos, acoples, instrumentos descompensados (¿para qué sirven las pruebas de sonido y los técnicos de mesa?) y el vano esfuerzo de un Kip Berman que no nació para ser cantante, o de una Peggy Wang-East que acabó en funciones decorativas, con su voz y su teclado ahogados en el ruido. Ni sus mejores canciones (“Stay Alive”, “This Love Is Fucking Right”) se salvaron de una quema inevitable. Sólo “Contender” en la apertura de los bises, por ligereza de elementos, obtuvo un aprobado ramplón.

Camuflada en las primeras filas para buscar una foto decente, una se percata de que a los incondicionales les importa un pimiento que estén haciendo el ridículo: se saben las canciones, canturrean, saltan y levantan las manos como si estuvieran asistiendo al show de su vida. Es una buena forma de compasión. O más bien una muestra de insensibilidad. O la autoafirmación de una modernidad que hay que defender a cualquier precio. Sobre gustos no hay nada escrito pero, en lo musical como en muchos otros aspectos, este país tiende a moverse al ritmo de las modas. Y en ese afán por ser supermodernos y socialmente considerados, nos olvidamos de prestar atención a lo que de verdad merece ser tomado en serio.

Y así, un grupo campeón en expectación y favoritismo se limita a tocar cuarenta minutos (más otros pocos de bis) en un estricto sota, caballo y rey, y a golpe de calimocho en el gaznate. Algo muy pobre. De acuerdo que solo tienen un disco más un single, y el repertorio no da para más. Pero me vienen a la mente ahora otras bandas que, con materiales tanto o más reducidos, rebuscaron en el baúl de los recuerdos para extender sus minutajes, regalando un poco de improvisación, empatía, algo más de magia y de pasión. Cosas básicas que todo buen grupo de rock debería tener. Cosas que The Pains of Being Pure at Heart todavía no tienen. La diferencia entre el calimocho y un buen crianza.

www.thepainsofbeingpureatheart.com

Léelo también en:
myfeetinflames.wordpress.com

19 noviembre 2010

CANCIONERO

AMERICA. A Horse With No Name.

De vuelta a los setenta, me permito recomendar una de las mejores canciones de todos los tiempos. “A Horse With No Name”, quizá el mayor éxito en la carrera de America, es la canción absoluta. Guitarras envolventes, enormes percusiones, brillante puente de fingerpicking. Un canto a la naturaleza, versos perfectos, el encandilador juego de armonías de Dewey Bunnell, Dan Peek y Gerry Beckley. Y ese estribillo para canturrear sin tener que saber una puñetera palabra de inglés.

La canción se publicó en 1972, justo a continuación de su primer largo “America” (71). Y obtuvo tanto éxito que obligó a la reedición de dicho disco, ocupando un lugar de honor (el quinto) dentro del mismo. Y lo catapultó a los cielos. Cuestión de buen gusto.

A HORSE WITH NO NAME

On the first part of the journey,
I was looking at all the life.
There were plants and birds and rocks and things,
There was sand and hills and rings.
The first thing I met was a fly with a buzz,
And the sky with no clouds.
The heat was hot and the ground was dry,
But the air was full of sound.

I've been through the desert on a horse with no name,
It felt good to be out of the rain.
In the desert you can remember your name,
'Cause there ain't no one for to give you no pain.
La, la, la la la la, la la la, la, la
La, la, la la la la, la la la, la, la

After two days, in the desert sun,
My skin began to turn red.
After three days, in the desert fun,
I was looking at a river bed.
And the story it told of a river that flowed,
Made me sad to think it was dead.

After nine days, I let the horse run free,
'Cause the desert had turned to sea.
There were plants and birds and rocks and things,
There was sand and hills and rings.
The ocean is a desert with its life underground,
And a perfect disguise above.
Under the cities lies, a heart made of ground,
But the humans will give no love.

17 noviembre 2010

DISCOS

THE JON SPENCER BLUES EXPLOSION. Dirty Shirt Rock´n´Roll: The First Ten Years.

Rock desde las vísceras.

Pelín atrás en el tiempo queda ya la publicación de “Dirty Shirt Rock´n´Roll: The First Ten Years” (2010), álbum recopilatorio que sirve como excusa perfecta para recordar el blues grasiento y físico de The Jon Spencer Blues Explosion. Publicado en marzo, pero aterrizando en nuestros brazos justo ahora, este disco marca un hito histórico en Curtains: la primera revisión sobre un disco de grandes éxitos. Y es que los discos recopilatorios a menudo huelen a mercadotecnia. Sin embargo, no obviaremos su utilidad como catálogo de primer contacto para principiantes o centrado resumen para revisores.

En un momento en el que la banda que elevó a su frontman a la categoría de bestia entre las bestias del rock parece encontrarse en barbecho, esta recopilación revive su década prodigiosa. Prácticamente su entera vida; solo queda al margen aquel “Damage” (2004) que despistó con la firma de The Blues Explosion a secas. Un fiel testimonio de la contundencia de un trío que copirratizó el casi malévolo redireccionamiento del blues hacia garajes mugrosos, tachuelas, escaras y alcohol de quemar. Tachados por los puristas de clowns irrespetuosos con la música del delta, Jon Spencer, Judah Bauer y Russell Simins nunca fueron del todo comprendidos, pese a sus alianzas ocasionales con grandes del género de mirada abierta (R.L. Burnside por ejemplo). Y es que su música no es solo blues. Sí, Muddy Waters está presente, pero también lo están Elvis Presley, X, The New York Dolls, The Rolling Stones, The Cramps o Funkadelic.

Y aquí se mezclan todas juntas aquellas canciones que los convirtieron en referente (amado u odiado) en los noventa. Sin cronología y sin pauta. La audición de los 22 cortes del tirón vuelve a causar el efecto voraz y febril que despertaban sus discos o sus directos en otros días. Atracón de guitarras polisaturadas, bramidos, ritmos salvajes, virajes esquizofrénicos: la savia del rock´n´roll. No faltan los riffs potentes y adictivos de “Chicken Dog” y “Wail”, las cadencias funky de “Buscemi”, “Let Me Alone So I Can Rock Again”, “Afro”, “Flavour” o “Fuck Shit Up” (ésta en su más orgánica versión en vivo), la suite ratonera “Bellbottoms”, la supersexy “Talk About The Blues”, el desquiciado punk de “History of Sex” o “Water Main”, el impresionismo rock de los instrumentales “Train #2” o “Greyhound” ni el hipotético purismo del blues en “Love Ain´t On The Run” o “Shake ´Em On Down”. Y por supuesto, tampoco falta el perfil sosegado de “Magical Colours” y la accesible “She Said”.

Ahora Jon Spencer se divierte junto a Matt Verta-Ray con un proyecto más ambiguo, aunque no exento de referencias blueseras: Heavy Trash. Mientras tanto, en este disco queda ejecutada la sentencia que una vez lo juzgó como rockero rompedor, escultor de sonidos y creador visceral: culpable.

www.thejonspencerbluesexplosion.com

14 noviembre 2010

CONCIERTOS

MARCUS DOO & THE SECRET FAMILY. Toledo. Pícaro. 12-11-2010.

Naciones unidas.

Toledo se mueve. ¿Ilusión o milagro?. Y nosotros nos movemos con ella. Marcus Doo & The Secret Family no es una banda al uso. Se trata de una agrupación de músicos de muy diversas nacionalidades, con cuartel general en Madrid y con un repertorio neonato pero de quitar el hipo. Los escoceses Marcus Doo (voz, guitarras, armónica) y David Sergeant (guitarras), la madrileña Rocío León (voz, guitarra), el norteamericano Greg Gobel (bajo) y el francés Fabrice Gamon (percusión) conforman un homenaje a las Naciones Unidas, una oda al entendimiento sin fronteras. Es lo que tiene la música. Son como cazadores de mariposas, tratando de atrapar lo mejor del ruido y del silencio. Amigos del pop y las músicas populares, pero también de las eléctricas punzantes, del embrujo de la distorsión. Así, sus curradas piezas pueden tanto evocar a Elliott Smith en un momento dado, como a The Carter Family en otro momento posterior, sin olvidarnos de Mogwai en los postres. Aunque a quien más pueden llegar a recordar es al grupo al que precisamente teloneaban en su última visita a España: The Swell Season. Chico con acústica peleona, candorosa chica de dulce voz, buenas melodías, canciones que suben y estallan, bajan y respiran. Un modesto clon que apunta maneras. En su haber ya tienen el reconocimiento como co-ganadores del Proyecto Demo 2010.

Acaban de publicar su primer trabajo, “The Magpie Returned The Ring” (2010), estupenda colección bautizada con éxito en la sala Pícaro. Concierto impoluto (el sonido no tanto) para escasos afortunados. Las bellísimas “1919” y “Remind Me” emocionaron con sus explosiones a dos voces. Muy divertido resultó su descarado acercamiento al country con “Made to Measure”. El silencio absoluto tapizó la sala en la interpretación de “El Principio”, mezcla de nana celta y fado con la voz de Rocío multiplicada por efecto de pedal manipulado a mano. Con la brutal “Solipsism” quedó claro que no hacen ascos al rock más oscuro. Para el final dejaron la magistral “Fallen Angel”, momento electricidad shoegazing y armónica de toma pan y moja. También hubo hueco para mini-recital poético de Marcus en paupérrimo castellano y oportuno homenaje al malogrado Mark Linkous (Sparklehorse) en forma de versión.

A veces no hay que irse muy lejos o esperar que los demás vengan de lejos para poder sucumbir al encanto de la música. Aquí, bien cerca, a nuestro alrededor, los jóvenes buscan su alimento, lo engullen y lo digieren. Y crecen, se hacen mayores, preparados para ofrecer al mundo lo que el mundo, o parte de él, de verdad espera. En resumen, que en casa también hay donde picar.

www.myspace.com/marcusdoo

Léelo también en: myfeetinflames.wordpress.com

13 noviembre 2010

DISCOS

JUNIP. Fields.

Folktrónica de libro.

Ahora que está muy de moda que los solistas se agrupen y los miembros de los grupos revelen sus inquietudes en solitario, el respetable José González ha decidido unirse a la primera promoción. Aprovechando la sinergia de sus excelentes trabajos en solitario, el sueco-argentino decide resucitar el proyecto que desde hace tiempo lo asocia con Elías Araya y Tobias Winterkorn, para explorar sonidos de una nueva dimensión. La forma de las canciones de Junip es algo diferente (súmenle teclados, percusión y bases electrónicas a su folk de altos vuelos) pero el fondo es más o menos similar. Canciones que no dejan de saber a merienda de campo, iluminadas y vanguardistas pero sin perder un nimbo de sanadora intimidad. Y precisamente a esa intimidad contribuye de manera especial la voz del propio González, tibia y familiar como pocas.

En “Fields” (2010) hay buenos materiales, enormes melodías y menos complicaciones de lo que en un principio pudiera parecer. La fórmula, orgánica pese a los flashes electro, funciona a las mil maravillas en “Always” o “It´s Alright”, temas en los que es fácil quedar atrapado durante días. El dinamismo rítmico de “Howl” o las expansiones casi trance de “Without You” y “Tide” protagonizan más momentos fulgurantes de un trabajo disfrutable indistintamente por los amantes de Bob Dylan o Portishead. Y por supuesto, los admiradores de “Veneer” (2003) e “In Our Nature” (2007) tampoco quedarán insatisfechos, estando el sello del autor tan rotundamente impreso en cada nota. Agradecido disco, agradable sensación.

www.junip.net

09 noviembre 2010

DISCOS

YANN TIERSEN. Dust Lane.

Amélie pasó a la historia.

Ya ha llovido desde la penúltima entrega de Yann Tiersen, aquel “Les Retrouvailles” (2005). Eso sin contar con los inéditos contenidos en su recopilación en vivo “On Tour” (2006). Y tras tanto tiempo sin dedicarle minutos aparece “Dust Lane” (2010), y la sensación es de sorpresa, de novedad. Sabe a otra cosa, a nuevas músicas, a un artista diferente. Diferente hasta en el concepto, ahora más anglosajón, adoptando el inglés como idioma preferente. Elementos típicos habituales no faltan: violín, piano, sonidos de juguete. Pero este nuevo trabajo deja al descubierto que el francés se ha dejado llevar por su lado más ruidoso, ese que sacaba con tanto tino en directo dejando atónitos y despistados a los fanáticos de las bandas sonoras. Así, ahora se deja embaucar por el pop catedralicio y el rock (¿o mejor post-rock?), mostrándose un músico más metódico y también más moderno. Del Tiersen puro de antaño solo asoma una pequeña brizna en el intro de “Dust Lane” (con acústica, piano, acordeón y xilofón) y el punto final de “Dark Stuff” (ese violín devastador). Lo demás es un nudo de atmósferas, un disco de una pieza lleno de capas y texturas (y de electricidad), donde “Palestine” y “Fuck Me” son escogidas para promocionar algo tan difícil de vender en cualquier mercado. La primera es pura contundencia, pese a su simplicidad y repetición. La segunda es pura calidez, pese a su provocativo título. Como curiosidad adicional, el francés no ha buscado intérpretes de relumbrón (nutridas corales aparte) para colorear sus temas, decidiendo que él mismo puede y se merece ejercer. Y a ratos es capaz de hacerlo como el mismísimo Leonard Cohen (“Chapter Nineteen”). En definitiva, “Dust Lane” no es el mejor trabajo de su carrera, pero sí quizá la pala que entierre de una vez el estigma de Amélie.

www.yanntiersen.fr

07 noviembre 2010

CONCIERTOS

LOS CORONAS + ARIZONA BABY. Toledo. Círculo de Arte. 6-11-2010.

Noche vaquera.

Como buen sustitutivo para un Twoday Festival cancelado vergonzosamente in extremis, la gira conjunta de Los Coronas y Arizona Baby tocaba suelo toledano. Ver a madrileños y vallisoletanos en lugar de pisar Madrid y Valladolid. No es lo mismo pero compensa. “Dos bandas y un destino” es el nombre que se han sacado de la manga para poner en los escenarios un proyecto común, iniciado para dar cancha al gustillo por las covers. Y de versiones y guiños históricos se nutrió buena parte del repertorio. Desde Enio Morricone hasta Bobby Fuller, pasando por Neil Young, Johnny Cash, Elvis, Pink Floyd, Black Sabbath, The Dead Kennedys y hasta Los Brincos.

De vaqueros de campo con camisa y sombrero de cowboy los primeros a vaqueros de ciudad con sobrero de copa, naipe y chaleco los segundos. La estética western (proyecciones incluidas) no es más que el condimento justo para un show en el que las dos bandas, lejos de exhibirse estancas, comparten un protagonismo fifty fifty sobre las tablas. Y fueron los números globales los que sorprendieron de verdad, competición de virtuosos (Javier Vacas al bajo, Fernando Pardo, David Krahe y Rubén Marrón a las seis cuerdas, Roberto Lozano y Marcos Úbeda a las baquetas, el ucraniano Evgeni Riechkalov a la trompeta) tocados por la varita de los ancestros, con un Javier Vielba desmelenado en su rol de maestro de ceremonias. Se atrevieron con todo: con recreaciones fidedignas de “Everybody Knows This Is Nowhere” de Neil Young o “Runaway” de Del Shannon, revisiones incendiarias de “Supernaut” de Black Sabbath o “Too Drunk To Fuck” de The Dead Kennedys, una “Wish You Were Here” de Pink Floyd llena de músculo, boleros en castellano y el clásico “I Fought The Law” para cerrar la noche con puntería de pistolero.

Pero también hubo tiempo de gloria exclusiva. El trío pucelano se estrenó con la suya, pescando los mejores cortes del magistral “Second To None” (2009), disco descubierto tarde pero degustado con fruición. “The Truth” (el señor Marrón sentando cátedra con un intro de velocidad descabellada), “Ouch!”, la muy Calexico “A Tale of The West” o “Dirge” hicieron las delicias de los que amamos con pasión, por primera vez en mucho tiempo, un disco más que excelente de una banda compatriota. La descompensación técnica provocó las quejas y disculpas de un Javi Vielba hiper-locuaz, y el set se hizo corto pese a rescatar también andanzas primogénitas (“Everything”). Y por cierto, tampoco se escapó la fenomenal e intratable “Shiralee”, compartida en octeto en los bises como si fuera un clasicazo más.

Los Coronas (Fernando Pardo dixit) ya están en cuarto de la escuela de rock. Es decir, entre los buenos. Con poco o nada ya que demostrar y tras años fieles a un formato que, más que encasillarlos, los convierte en maestros de referencia, demostraron que se puede llegar al respetable sin recitar un solo verso. “Jinetes Radiactivos” y “Big Wave Riders” (ambas de su último “El Baile Final de Los Locos y Los Cuerdos”) causaron estragos, y hasta se atrevieron con pinceladas de garage extremo, reggaeton y un órdago tronchante al “Flamenco” de Los Brincos. Sin peros y sin mancha. Solo cabe lamentar que prescindieran del particular homenaje a Fernando Fernán Gómez, ese grito de guerra que todos esperábamos repetir a pulmón partido: “¡A la mierda!”.

Dos bandas y un destino. Destino concretado en un homenaje entrañable al buen rock and roll, a los clásicos populares, a la diversidad y a la diversión. Dos bandas que se han visto las caras por casualidad para dejarnos un regalo de película. Que lo que el destino ha unido no lo separe el hombre.

www.loscoronas.com