MOGWAI: EL FUEGO MALO Y EL OÍDO ESTRESADO
No, no os creáis que me he despistado y se me pasó que Mogwai estrenaban nuevo disco el 24 de enero. Qué va. De hecho, el álbum ya estaba comprado dos meses antes de su lanzamiento, así como entradas para asistir a su puesta de largo en sendas fechas en Hamburgo y Berlín. Pero se escribió tanto sobre él en aquellos días que más palabras sobraban. Y se siguen escribiendo cosas un mes después, mayormente en términos admirativos. No es para menos. Los de Glasgow han vuelto a cantar bingo. Era difícil igualar una obra como “As The Love Continues” (2021), incluso llegar a un nuevo top en los charts. Pero ya los conocemos: ellos jamás miran hacia atrás, solo hacia adelante, y las gestas son solo anecdóticas y coyunturales. Esta vez alcanzaron el número cinco, que tampoco está nada mal. Pero eso no es lo que cuenta; lo verdaderamente crucial es que “The Bad Fire” (2025) es otro disco enorme. No hace falta hablar más del nombre, de lo que significa el volcán ni de las crudas circunstancias personales que acompañaron en su creación. Tampoco hace falta insistir en que produce John Congleton por primera vez, ni en que Luke Sutherland (el sexto fantástico) vuelve a marcarse colaboración. Vayamos al contenido, a la chicha, que a fin de cuentas es lo que importa.
Habíamos conocido previamente tres sencillos, en esas dosis de adelanto con las que les gusta inaugurar para poner los dientes largos al personal. Y las sensaciones eran nebulosas; algunos levantaban la ceja al encontrarse tres temas con presencias vocales, más cercanos al canon pop que al maremágnum eléctrico tradicional. Solo era una jugarreta, que en eso también son duchos y genuinos. “The Bad Fire” definitivamente no es un álbum pop, sino un poco de todo a la vez, como si los Mogwai de todos los tiempos se hubieran dado la mano en un compendio de diez cortes. Se puede escuchar a los Mogwai de crescendo y muro sónico en “Hi Chaos” y en “If You Find This World Bad, You Should See Some of The Others” (qué título); a los experimentales y polirrítmicos en “God Gets You Back”; a los de pop canturreable en “Fanzine Made of Flesh”; a los robóticos (vocoder mediante) en “Lion Rumpus”; a los digital-rock en “What Kind of Mix Is This?” o a los de banda sonora en “Pale Vegan Hip Pain” o “Fact Boy”. Y luego hay dos temas que abren una nueva puerta, dos florituras que demuestran que, después de treinta años, aún son capaces de sorprender al oyente asiduo, fanático y adivinador. Una es “18 Volcanos”, que los refleja en el espejo del shoegaze de una forma elegantísima. Otra es “Hammer Room”, el bombón del disco, una sorpresa que bebe de la electrónica juguetona de los 70, aparcando la solemnidad que siempre los caracterizó para mostrar su cara más infantil y rutilante.
Todas las críticas leídas de este álbum hasta ahora son positivas. ¿Por qué será? Y claro, después de escuchar ese precioso vinilo verde (también lo hay en translúcido, negro, amarillo, rojo; cómo cuidan las ediciones, como buenos coleccionistas que son) surge la curiosidad de cómo sonarán esas nuevas canciones en directo. Así que nos vamos hasta Alemania para comprobarlo. En el pequeño Grosse Freiheit 36 de Hamburgo la cosa quema demasiado y los decibelios se vuelven veneno. Desde el primer balcón del Admiralspalast de Berlín se hace más llevadero, pero sigue doliendo un poquito. ¿Se les ha ido la cabeza? ¿Han subido el nivel de los Fender y los Orange del 11 al 12? ¿Han vuelto a los tiempos en los que abrían grietas en los suelos y espantaban a los cuervos? Bueno, nadie me ha sabido responder a esta pregunta, salvo mi otorrino (indirectamente). Se llama “síndrome del oído estresado”. De repente no puedes tolerar los sonidos (ni con tapones), no hablemos ya de un concierto de rock de pico de 120 dB. Así que, ojo: los shows de Mogwai están contraindicados para situaciones de estrés lacerante. Lo cual no impide el elogio hacia su archiconocida rotundidad en escena y su don para ofrecer exactamente el repertorio que no esperas. En Hamburgo rescataron “Ithica 27 o 9”, “Auto Rock” y “May Nothing But Happiness Come Through Your Door” contra todo pronóstico. En Berlín volvieron sobre “Friend of The Night” y “Cody”, y arrasaron con “My Father, My King”. Y por cierto: las nuevas canciones las clavan como si llevaran veinte años tocándolas. El único reparo quizá sea ese nuevo diseño visual con tubos de neón al estilo Pigalle en el que no se les termina de ver (mejor los simples focos giratorios). Ahora hay que curarse los oídos, los nervios y la mente, y poder disfrutarlos de nuevo (próximamente en Madrid) con la intensidad y el gozo de siempre.
SET BERLÍN (ADMIRALSPALAST, 11-2-2025): “Hi Chaos”, “Kids Will Be Skeletons”, “If
You Find THis World Bad, You Should See Some of THe Others”, “Friend of The
Night”, “Cody”, “Ritchie Sacramento”, “What Kind of Mix Is This?”, “2 Rights
Make 1 Wrong”, “Fanzine Made of Flesh”, “Hammer Room”, “Lion Rumpus”, “We´re No
Here”// “My Father, My King”.